martes, enero 30, 2007
La última noche del Lobo

El hombre es lobo del hombre. Qué frase más mortal para el propio lobo, que es una inocente criatura, una oveja al lado del hombre. Competidor por unos cuantos gramos de carne fresca con el máximo depredador bípedo de la tierra, ahora el lobo vuelve a ser ese temido lobo en los estados norteamericanos de Michigan, Minessota y Wisconsin. Se puede cazar libremente un lobo, algo que no ocurría hace tres décadas, porque se le había declarado especie en extinción.
¿Cuándo el hombre se declarará así mismo especie en extinción?
El próximo año, la medida incluirá a los estados de Idaho, Montana y Wyoming.
En lobo, en la década de los setenta estuvo al filo de su extinción en Estados Unidos. Medidas conservacionistas lograron rescatarlo y fueron tan eficaces para su sobrevivencia, que ha vuelto su caza.
¿Dentro del hombre siempre hay un lobo que lo acecha?
La pregunta es para usted amigo lector...Rolando Gabrielli©2007
domingo, enero 28, 2007
Ola de palabras chismosas y literarias

La literatura puede ser también una inmensa ola de chismes, la visión casi pornográfica, carnal de todo cuanto es objeto de comentario y crítica, el encantador arte de desmenuzar la vida, honra y muerte de los demás. Un viejo oficio, que no terminará nunca de acomodarse en este arte y parte del mundo literario. Esta crónica podría intitularse: Las filosas lenguas de Jorge Luis Borges y Bioy Casares. Pero se trata de dos grandes escritores argentinos que conversaron 1.663 páginas durante sus vidas amicales. Bioy, el más joven, hizo la recopilación y tituló el libro: Borges, un nombre más que suficiente para llamar la atención a nivel mundial. La editorial Destino, se encargó de circularlo, como si esas conversaciones no tuvieran otro destino.
Sabemos que María Kodama, la musa lazarillo de Borges, puso el grito en el cielo, y calificó el libro de infidencias y traiciones. Es mucho más que eso, aunque conozcamos que pijama usaba JLB al dormir y que opinaba de autores, libros, y de todo cuanto le llamara la atención. Así como cocinaba la palabra.
El volumen borgeano es un verdadero mamotreto, que podría usarse como una Biblia sobre JLB y su paso por este mundo. Contiene el placer, dolor, gusto, olores, la pasión, todo dentro de los propios autores-actores, que convivieron como hermanos por cuatro décadas de sus vidas.
Borges decía y apuntaba: 'Si el amor no sirve para la felicidad, nunca debe ser fuente de desdicha' Su madre, que vivió con él hasta su inmortal muerte, (pasó de los 90 años), sostenía que quien lo amara debería ser una persona muy abnegada, que lo vistiera, lavara, porque no saben cuan ciego es.
Anécdotas, literatura, alusiones de Bioy a Kodama, como una mujer extraña, muchas cosas para conocer a dos personajes de la literatura argentina. Todo sin pelos en la lengua. Borges dobló su propia esquina en silencio muchas veces. Hizo y rehizo sus pasos literarios. Se transformó en mito viviente de las calles de Buenos Aires. y las cruzó sin tiempo. Cuando partió a Asunción para cumplir el rito del matrimonio con María Kodama, sabía que estaba al filo de morir, pero también tenía la certeza, que no dejaría de ser Borges para nosotros, aunque siempre lo disimuló, legaba la responsabilidad de su vida, en el Otro Borges, el que lo suplantaba frente a la página en blanco. Se fue temiendo los espejos, como si los recibiera en estocadas fatales en las noches, y al cruzar el umbral de su última morada en Suiza, un espejo le aguardaba a la entrada. Él hizo que no lo vio, por respeto a la ceguera de algunos espejos, en persistir frente a nuestra imagen. La muerte era lo único visible en esos días. Dice Bioy, en sus diario borgiano, que hablaron por última vez por teléfono, y Borges lloró. Se despedía sin duda del reino de la vida y de la palabra.
Rolando Gabrielli©2007
El sol y la lágrima

El Sol le pidió un día a la lágrima que no se le aproximara porque podría apagarlo. La lágrima comprendió su error y se congeló frente a sus ojos. A partir de ese día, el verano sólo existe para esa lágrima. El invierno pasó a ser un invento de los corazones viejos, fríos. A partir de ese día, nadie sabe por qué razón, la noche comenzó a salir más libremente y a vivir en plenitud su oscuridad.Rolando Gabrielli
viernes, enero 26, 2007
Papel de hielo

Algunos días transcurren así, como hojas de hielo, impersonales, con sus capas blancas aparentemente imperceptibles de desdén. Es como interpretar una rótula fascinante, la presencia de su movimiento inmóvil, soñar con compartir el juego de sus visagras, la entrega de su desafiante silencio. Así los días entregan la impotencia de su majestuoso vacío, aniquilan las horas, salvan el compromiso de un calendario inútil. Las palabras parecieran dormir en el caballete de la memoria, sobrar en el paisaje, adentrarse más bien en ese espacio indefinido, asombrosamente cautivo de sí mismo. Prerrogativa de lo que no se ve, ausencia de lo que se siente, es un proceso de alardes solitarios, un desfile ordinario de palabras no dichas. Juego de espadas sin tocarse más que el aire que amenazan sus filos.
Un día es su propio apetito, la voluntad de un ejercicio improvisado, casualidad también de un itinerario no siempre planificado, un tiempo para el azar. Las horas muertas se desplazan en sus propios ataúdes, algo se rompe entonces, como el hielo que se pica en la heladera, así suena el casco lento de la noche cuando alguien camina. Improvisación quizás del tiempo o de los pasos que buscan un incierto camino. El día carga su lastre de horas más lentas, vaciadas, al alba mezclan sus verdaderas pulsaciones, ese invariable síntoma de que todo puede ser y suceder.
¿Es invención de la escritura o del tiempo y sus circunstancias? En algún momento volará la jaula, su pájaro la espera.
Rolando Gabrielli©2007
jueves, enero 25, 2007
jueves, enero 18, 2007
EL TRAPECIO DE LA NOCHE
¿Por qué decidió morir de espalda de la noche?. No sabemos. ¿Un acto oscuro, puro humor negro? Difícil de traducir, como la naturaleza humana. Algo había de todo eso, dijeron. Las palabras tienen esa rara forma de desprenderse o reafirmarse en alguien, como si fuera un objeto. Yo miro desde afuera, guardando el respeto debido a mí mismo.Se dejó ir, como un vehículo destinado a un barranco, precedido de ese aire solemne a violetas, y también de esa condición anónima que impone la última despedida.
No era una decisión, más bien un deber cumplido. Una lealtad hasta cierto punto oscura, pero desafiante al agujero de la noche, que olvidó por completo al partir.Un libro que cerraba su última página como si en verdad existiera ese punto final.
En estas situaciones se descarta todo asomo de ilusión y sería ingenuo pensar que lo sintió, y el abandono tiene ese mérito de desapego casual, apropiado a las circunstancias. Se va en la orilla de un suave terciopelo, como si el tiempo doblara en la esquina equivocada y retrocediera un pasado irrecuperable. El asombro no es la palabra justa, porque se arrastran contenidos no siempre airosos, nunca certeros, doblemente difusos, para no definir un capital verbal quie siempre está por hacerse detrás de las propias palabras que creíamos haber encontrado.
Un cuerpo vivo es un tesoro natural. Leo una crónica en un lugar de la provincia. Es papel sobre mis ojos, tinta negra. Respira, el cuerpo, no el papel, habla, camina, siente, desea, ama. (Me toco una mano con la otra mano, para saber de quien hablamos). Un cuerpo si supera los dos pies, sigue la crónica, logra diferenciar entre los tropiezos necesarios que trae escrita cada vida ante cada piedra que encontraremos en el camino (no la misma), entonces podrá echar a andar. Un cuerpo que camina es otra cosa, busca un espacio, respira la suerte de sus pasos, ronda el deseo, un signo solitario que va abriendo otros paréntesis, sumando atardeceres violetas, la voluntad de un nuevo día.
Nada se ha resuelto. Es un comienzo, como un beso en un aeropuerto mientras la Bella se despide con sus grandes ojos volados entre la confusión de pasajeros que la empuja y las noches en que fue ovillo de un mismo hilo de seda. Se sopla el tiempo en una playa lejana, mar, mar, los ojos detrás de la tibia agua que los guían. Nadie se pierde en el paraíso perdido siendo extranjero. No hay papeles para la noche nómade, sino para la serpiente que permanece frente al sol, arrojada a su destino. El atardecer que habían vivido juntos se disparaba en el último clic de la retina, un reducto absolutamente íntimo, caprichosamente sensorial, hincapaz de no pertenecer a un escenario que ya no ofrecía más que un capítulo final, sin ser novela. ¿Pero quién puede encuadrar un final a su manera y seleccionar los cuadros que van y no? Se supone que el blanco y negro predomina. Aparecen figuras que reúnen sombras, lugares desconocidos, otra luz abre lo que no se puede ver, pero existe un marcado ambiente de ausencia y la sensación de que algo se está atrevesando sin saber qué se toca, comparable a la rara sensación que nos deja la despedida de alguien amado. ¿Mucho material para editar, o una ráfaga fugaz de sensaciones atropelladas que son secuencia por donde se les mire?
La noche brilla como un papel celofán negro y permite el sueño. Ese casete automático que se dispara con video propio y nos deja esa peliculita que vivimos, pero no siempre recordamos.
La noche tiene una mirada para adivinar, signos, señales, sueños, un libreto para abrir en un cuarto y soñar con tu espalda desnuda. Ahí uno es el director y los cuadros van pasando con cierta necesaria morosidad, para sentir la textura y el placer del objeto deseado, la cosa sobre la cosa, suspender el aire en un sólo largo aliento y borrar el tiempo como si en verdad se pudiera o tuviera alguna importancia, porque lo que está pasa, es porque fue. Todo está siendo hasta llegar al futuro y convertirlo en presente, lo único que cambia es que lo que viene, tiene el encanto de la espera de lo desconocido, el imán pegajoso de la sorpresa y que convierte en corriente eléctrica ese paso hacia lo desconocido.
Dejar que la noche se convirtiera en su propia oscuridad. No caer en el desacierto frívolo de descifrar sus penetrantes ojeras de hembra sabia. Evitar la curiosidad de pulsarle las entrañas, donde más le duele y le produce el infantil goce y temor a una oscuridad que siempre debiera ser libre. No permitirle ser débil, sino más bien cómplice, si no más bien, oscura, como en verdad es de nacimiento, sino más bien dejar que la noche progrese en su silencio. No hay misión cumplida para un espejo que repite la misma imagen hasta que el vidrio se adelgaza y triza o deja de mirar con la misma franqueza de su juventud. Es el reflejo que a veces nos observa con mayor intimidad y pareciera no abandonarnos, como una segunda imagen retenida. Así la noche entrega también sus pequeños espacios, el encanto de su aparente impenetrable oscuridad.
Se había descolgado del trapecio, esa noche, de espaldas al público, por última vez, porque la mujer lo había traicionado y decidió entonces dejarse ir en un vuelo final, desprovisto del más mínimo temor, como si un cuchillo traspasara el aire y él siguiera envuelto en su antigua gloria inmortal y sostuviera los últimos centímetros, gramos del tiempo que le quedaba por gastar. Ella venía alegre de una cena y se había ido con otro, poco antes de la última función.
Rolando Gabrielli©2006
martes, enero 16, 2007

UN CAMIÓN DE LUCIÉRNAGAS
Rolando Gabrielli©2006
La larga cuncuna simpies partió de la Estación Dormida, una mañana de domingo, tibia, tropical, húmeda, feliz, por tratarse de estos tiempos difíciles. El maquinista, el Dragón Comodoro, tomó el control del volante del primer Macks rojo, apenas se apagó el humo de su café negro, una taza amarilla que solía usar en las mañanas antes de un viaje largo. Sonrió por última vez e hizo señas en señal de partida.
Miró por última vez hacia tras la larga hilera de camiones que completaban el cuerpo de la cuncuna que él lideraba entre las montañas y un vasto campo verde, donde se escondían secretamente las orquídeas. Encendió la emisora, y le entró una música vieja que comenzó a inundarle el corazón de nuevas sensaciones: Amor, espera, siempre vuelve la primavera/ Tú eres el motor de esta máquina de cuatro ruedas/ empújame que al cielo llegaremos/ juntos ya vamos volando, te lo aseguro,/ llegaremos en nubes de plata/ Amor, espera...Y así se fue tarareando cuando dio la orden de partir.
Hurra, gritaron todos los camioneros. Había una extraña, creciente felicidad en sus corazones. Una luz en sus rostros no fácil de describir. La cuncuna motorizada se puso en marcha por fin. Irían en círculos hasta llegar a la cima de un pueblito. Llevaban una carga secreta, única. Durante toda la noche los hijos del Dragón Comodoro y sus amigos habían estado recogiendo la mercancía.
Sólo un camión llevaba ese luminoso cargamento y todos los demás iban vacíos en señal de protección. El pueblo llevaba tres días sin luz en la cima y se estaba muriendo la gente de oscuridad. Había que vaciar un camión de luciérnagas, para que volvieran a vivir.
domingo, enero 14, 2007
UN BAR DE JUGOS LÁCTEOS

El otro día entré de noche a un Bar de Jugos Lácteos. Detrás de la barra se destacaban unas servilletas rojas, grandes botellas azules repletas de yogour y las sonrisas animadas de unas muchachas frescas con sus senos de medialuna. No cabía una oración en sus apretados cuerpos, esa manera de quienes se sabe no existe el tiempo y se puede llegar a viajar un instante al paraíso o al infierno. Adoradas criaturas que relegan a un segundo y tercer plano el inmobiliario, el escenario material que les rodea y ellas comparten con sus cuerpos gráciles.
Estaban ebrias de amor las meseras, robadas por la noche sus corazones, sus delantales olían a frambuesas y manzanas doradas por el viento del verano que se negaba a partir.
Las ventanas de vitreaux producían ese raro ambiente eclesial bañado por la tranquilidad y unas sombras no tenían parecer apuro, olían a chocolate, y se presentaban dulcemente oscuras en su contraste dibujado en el aire y en el reflejo sobre las paredes.
Casi todas las mesas estaban vacías: observé un detalle: Desayuno nocturno. Esta mesa no requiere de reloj, asomaba otro escrito con una letra infantil. Más allá, en una orilla de una cubierta: las fresas de noche son más rojas. La mesa más enigmática, esa que uno supone flotando como una estrella invisible, y la ve sóla, aislada, detrás de una esquina, arrojada casi al vacío, permanecía en verdad unos cuantos centímetros próxima al no estar. La imaginé con una pareja encantadora.
Ella, con unos ojos robados a la eternidad, cruzaba sus hermosas piernas blancas bañadas de una nieve tibia, y se instalaba sin tiempo, ni preocupaciones, en un desayuno que le agradaba de una manera que no podía describir, pero que reflejaba en su rostro de adolescente, aunque superaba por un margen razonable los 40 años. Él, miraba como un duende encantado el aire que los cruzaba y respiraban ambos, como si vinieran de lejos y tan cerca se encontraran y la escena estuviera descrita para la realidad y nostalgia. Llegué a imaginarla con una bata roja saliendo del baño, pero ese es otro relato y encuentro tal vez.
Sobre la mesa vacía decía simplemente: haga esquina con el desierto, su helado para esta noche no existe, imagínelo. A ella le encantaba el yogur, suponía, no se por qué haber compartido uno de esos desayunos frente al mar, iluminados por sus deseos y su manía de derrochar una gracia absolutamente descomplicada, empujada por su piel. Un espacio sólo para imaginar, un lugar donde quizás la cita imaginada ya había ocurrido, una mesita que volvería a repetirse seguramente en otro lugar con el mismo deseo de compartir. (tantas veecs uno se promete un desayuno con la mujer amada y no ocurre.) No es que sea amigo de los paréntesis, pero suelen ser neecsarios.
De alguna manera me llegaba el rumor al mar y eso me bastaba para sentirla verdaderamente.
La noche de afuera cumplía con todos los requisitos. Ese lugar oscuro, alto, ancho, que cae vertical y de todas formas, agrupado en todas las oscuridades posibles. Fría, inhóspita, solitaria, oscura, oscura, como debe ser la verdadera noche en una calle que no nos pertenece y ella misma se deconoce.
De adentro, la noche respira de otra manera, en la asfixia personal, la calma generalizada, late,e scupe identidad, y aspira el aire lento, nocturno de su propia noche.
Las sonrisas tomaban el color de los helados y casi se derretían y volvían a los labios rojos, anaranjados, chocolates, mentas, a marcar un brillo extraño, pero agradables de asociar a los mejores días de nuestra infancia.
Las luces de neón reflejaban en las ventanas esa luz fría del anochecer, que el neón sabe focalizar en los lugares que necesitan hacer un espacio a la claridad, al tiempo suave que entra por alguna rendija de la vida en algún momento.
Fue cuando en verdad sólo quería verte deslizando con tus largos dedos la persiana de un día cualquiera para adentrarnos a la vida como en verdad deseamos, sin límites, cerrando tus ojos frente a mí.
Rolando Gabrielli©2006
viernes, enero 12, 2007

Mi suicidio fue como un viaje a Nueva York. Una ciudad que no conocía. Pensé en tomarme un helado y entrar al paraíso. Estaba todo ocupado aparentemente. Yo mismo me declaré fuera de servicio. Había perdido mi caledoscopio en una playa del Caribe. Ahí estaban todas las ciudades y estrellas clasificadas en un almanaque irlandés.
Puse primero el pie izquierdo y fue un error que no estuve dispuesto a rectificar. Después explicaré por que, si lo recuerdo, porque lo primero que le solicitan a uno al entrar al paraíso, es que deposite la memoria en la caja del olvido.
Ahí está el borrador que tropieza con el pasado, lo más denso del presente y un futuro sin clasificar. Todo se hace en silencio como en los castillos en el aire y así también se clavan los alfileres en las almohadillas.
Vi un parque inmenso, que a la entrada ofrecía un menú visual para escoger colores. "Pinte el paraíso perdido antes de ingresar", un titular de los tabloides de la tarde hace 10 millones de años. Noticia vieja, noticia nueva. Prefería las ramas rojo terracota, porque hacían juego con unos shorts que usé en el Caribe, el primer paraíso donde quise suicidarme.
No funcionó, porque el mar me produce una profunda felicidad, tiene un atractivo irresistible, me rumora cosas que ya no volvería a escuchar jamás en silencio. La muerte necesita algo más que un ruido en el alma. La mar es mujer, porque es el origen de la vida y huele a esas magníficas selvas vírgenes penetradas por la humedad del tiempo.
No ví a Adán, ni Eva. Ya habían dejado el paraíso. Agua y más agua, así se me presentó el edificio de la mano. Alcancé a leer un aviso que decía: no entre aquí, perderá el paraíso. Revise siempre su espalda al dejar su antigua realidad.
Cavilé con mi sombra. Le revisé las costillas. No faltaba ninguna. Repetí la escena, pero con sombras ajenas que abundaban en el lugar.
¿De dónde habrá salido Adán? ¿De dónde habrá salido Eva?
Prefiero comerme una manzana.
Rolando Gabrielli©2007
ASÍ CONOCÍ A LA MISTRAL

Dormida en el sueño final y niña en las rondas de la escuela. Nacimiento y muerte, el origen de todas las cosas. Amo las cosas que nunca tuve, con aquellas que ya no tengo, dice el verso mistraliano. Desgarrada en el frágil cuerpo de su infancia violada, voló en la tierra precoz de sus días en la pubertad comprometida con sus enseñanzas y posterior juventud de juegos florales, la Mistral aún cabalga por sus valles y cordilleras y mares broncos. Déjenla llegar, déjenla partir, déjenla a la Mistral. Es viento su nombre, es polvo cada palabra que la ofendió, supo juntar la memoria de otros pueblos para descifrar el porvenir que aún nos entrega. R.G.
miércoles, enero 10, 2007
LA PANDORA MISTRALIANA

Doris Dana, es la Pandora mistraliana, la escritora norteamericana que veló física e intelectualmente por la poeta chilena y su patrimonio, en Nueva York, durante los últimos 10 años de su vida. Pacientemente clasificó su correspondencia, ordenó y editó el libro El Poema de Chile, muchos otros escritos y fue su verdadera confidente y albacea.
Ha muerto en Estados Unidos a los 86 años de edad hace un mes, pero nos hemos enterado en la víspera, hoy, de su deceso, cuando se conmemoran 50 años del fallecimiento de Gabriela Mistral.
Doris Dana, quien hablaba español y no lo escribía, rechazó la idea que fuera su secretaria,(aunque guardó sus secretos celosamente) y luchó incansablemente por resguardar el patrimonio y cumplir con el legado testamentario de la iluminada del Valle de Elqui, una maestra rural despreciada por una clase agraria, despótica, arribista, ignorante, que la obligó a errar por el mundo, auto desterrarse, primero dentro de Chile, y luego por Europa, América latina y Estados Unidos.
Dana, una mujer de alcurnia, con una tradición familiar vinculada a los grandes magnates del periodismo neoyorkino, culta, una especie de samaritana de las letras, supo entender el atribulado e indómito espíritu mistraliano.
Pocos escritores en América latina han cargado con un mito tan complejo como Gabriela Mistral, un “enigma” que nunca pudo resolverse en vida, una obra que si bien recibió el máximo lauro de las letras universales tempranamente en 1945, el Premio Nobel de Literatura, en Chile tuvo poca resonancia o ninguna su obra, almacenada en las rondas infantiles que repetíamos en las escuelas de Chile.
Pocos escritores en América latina han cargado con un mito tan complejo como Gabriela Mistral, un “enigma” que nunca pudo resolverse en vida, una obra que si bien recibió el máximo lauro de las letras universales tempranamente en 1945, el Premio Nobel de Literatura, en Chile tuvo poca resonancia o ninguna su obra, almacenada en las rondas infantiles que repetíamos en las escuelas de Chile.
Era la época en que pareciera que la poesía "era cosa masculina" en Chile y no se admitía que una provinciana, "loca", se peleara con la lengua con tanta fuerza y nos entregara el sonido de sus versos que aún resuenan en nuestra memoria. El pago de Chile fue recibido por la Mistral y Doris Dana. No se reconoció en Chile debidamente la labor de la abnegada y desinteresada Doris Dana, quien puso a buen recaudo la obra inédita de Gabriela Mistral.
La mayor parte de la obra póstuma mistraliana está en Chile, pero aún queda documentación, cartas, se habla de varios baúles en casa de Doris Dana. Antes de un mes sabremos que de inédito aún nos dejó Gabriela Mistral, una poeta que escribió una poesía de varios pisos sicológicos, popular, culta, americana, muy personal y referida a Chile y nuestra América.
No es fácil acomodarla en un sólo estante, agruparla en versos o sonetos, dejarla en unas cuantas estrofas escolares. Respirí Chile y la lengua de América en sus tradiciones, nunca se fue por el lado de las modas.
Sufrió en carne propia, en la letra y en el espíritu, de una crítica esencialmente bastarda. El mito creció con la sombra de sus críticos. Le colgaron a su esbelta figura, la muerte de un empleado del ferrocarril durante todo el siglo XX, aunque ella, no tuvo que ver con ese suicidio por dolo, y no penas de amor.
La chismografía fue más lejos, cuando en el provinciano y pacato Chile dormía la siesta y se levantaban en las noches los patrones a violar las empleadas, la Mistral fue acusada de lesbiana, por el sólo hecho de no haberse casado. Con ese olfato de zorrillo pudoroso, la crítica olfateaba su propia podredumbre y pasaba lista a sus escritores favoritos con sus enaguas rojas y platinadas, en son de fiesta.
Primero se conoció su correspondencia secreta, algunas de las cartas de amor al poeta Manuel Magallanes Moure, y se encendió la luz de alto, porque había tal pasión, ternura y entrega de parte de la Mistral, en una gran prosa, que había que pensar dos veces para seguir endilgándole el mote de lesbiana. Aún así quedó en el ambiente la frase cuartelaria, el zumbido de la abeja eunuca de la crítica y del chismorreo de pasillo.
Pasaron años, hasta que Doris Dana, "su fiel escudero", reveló en Chile que su sobrino era realmente su hijo.
Así se derrumbaba uno de los episodios más denigrantes en la vida y obra de Gabriela Mistral.
Rolando Gabrielli©2007
domingo, enero 07, 2007
GABRIELA MISTRAL, Chile le debe una explicación


Chile le debe una explicación a la adelantada del Valle de Elqui, poeta que abrió un camino para la poesía del habla castellana, pero sobre todo, una Mujer que puso los puntos sobre las íes a una sociedad chata, pueril, machista, provinciana, autoritaria, vergonsozamente pacata, arbitraria y espejo de su propio desdén. La estupidez criolla de la clase dominante, le pasó la cuenta a la Mistral, de su propia ceguera y prejuicios medievales, inquisidores, patéticamente santurrones. Pocas veces he visto una crítica más miope, mezquina, gratuita, infundada, insana, sobre un escritor en el siglo XX, a pesar de su calidad literaria, reconocimientos universales, y cuya obra haya puesto además a un pequeño país desconocido y aislado, en la geografía global de la literatura, dentro del más hondo y auténtico americanismo.
Este 10 de enero, se conmemoran 50 años de la muerte de Gabriela Mistral, y afortunadamente su obra continúa revelándonos su transparente oscuridad, su poderoso verbo, la fuerza y sensibilidad de una Mujer de su tiempo y de otros, cuya mirada nos conmueve hoy día. Su poesía fue la visagra entre el modernismo y las vanguardias. En su época algunos llegaron a pensar que la poesía era cosa de hombres y la Mistral ya llamaba la atención sobre la mezcla de géneros literarios, contaminación de prosa y poesía y más. Algo que mucho después se hizo realidad.
Es conocida la infamia que la convirtió de una maestra rural afincada entre los cerros de Montegrande a la errante profesora que recorrió Chile enseñando hasta que llegó a La Patagonia. Poesía marcada por el duro desierto y gélidas tierras australes, sureñas, patagónicas, donde su obra se enfundó literalmente el traje de Chile, aunque se haya autodesterrado de por vida en Europa, América latina y Estados Unidos, finalmente donde murió.
Gabriela Mistral marcaría desde muy temprano en la historia de Chile, no sólo por su extraordinaria prosa y poesía un destino alto a las letras de su país, sino un camino de destierro, exilio, no buscado, a intelectuales, artistas y escritores chilenos después del golpe militar de 1973. Ella definió su escritura por encima de la crítica enana y chismosa: cuando viví en Chile escribí sobre la carne caliente del asunto, pero en mí autodestierro, en medio de un vaho de fantasmas. "La tierra de América y la gente mía se me han vuelto un cortejo melancólico pero muy fiel, que más que envolverme, me forra y me oprime y rara vez me deja ver el paisaje y la gente extranjeros", revelaba su escritura, en 1938, en un coloquio en Montevideo, con Alfonsina Storni y Juana de Ybarbourou.
Siempre rotunda la Mistral, auténtica, no usó caretas, ni máscaras de carnaval, ni maquillaje alguno, lo que nunca perdonó una sociedad acartonada, almidonada, posera, fruncida, simplemente fru frú. Peleó mucho con las palabras, lo reconoce en ese texto intitulado: "Como Escribo", le arrancó sonidos, alma, voces antiguas, secretas, caminos, paisajes al idioma no conocidos.
Nunca se fue por las ramas, privilegió el centro y la raiz de las cosas, lo sustancial de la vida y las gentes, se ahondó en sí misma, y pudo naufragarse, pero escribió, se debió al reino de la palabra.
Poco antes de terminar el XXI, afortunadamente, llegó un redescubrimiento de Gabriela, y surgieron libros, ensayos, comentarios, una nueva mirada sobre su obra, al tiempo que fueron apareciendo nuevos escritos guardados en los secretos baúles mistralianos.
Editó en vida sólo cuatro libros entre 1922 y 1954: Desolación, Tala, Ternura y Lagar, obra que le valió el Premio Nobel de Literatura, en 1945. Su primer libro se edita en Nueva York y el segundo en Argentina. Ternura es editado en Madrid. Desde el dolor primario al ser americano, en un recorrido permanente por la naturaleza de las cosas y alma de Chile, Gabriela Mistral puso un nuevo acento a la poesía castellana. Privilegió una visión y voz femenina propia, distinta, trasgresora, que le valió una y otra vez, el "aislamiento". Sus lecturas, viajes, amistades con intelectuales como Bergson, T. Mann, Zweig, Curie, Mauriac, Neruda, entre otros, así como sus desempeños internacionales en los foros de la ONU en favor de la Mujer, derechos humanos y de las causas justas, la mantuvieron con oxígeno más allá de las capillas, de los envidiosos y de la pacatería chilena. La Mistral fue una mujer pública, de discursos, conferencias, dio la cara, algo que hoy los intelectuales rehuyen. Siempre participó con ideas, propuestas en foros, reuniones, universidades, con presidentes, líderes y nunca se mostró débil, disminuida o sin ideas.
Su defensa del indìgena fue una constante en ella, y su obra rescata en su lenguaje yarcaismos, el mundo maya, azteca, inca, las culturas precolombina, el sol y el maiz, los mitos. Mujer de la tierra y del espíritu, del pasado- presente y futuro.
Estos 50 años sin, con la nueva Mistral, la Gabriela de siempre, la Mistral mistraliana, nuestra querida Gabriela, la Gabrielísima del Valle de Elqui, debemos festejarlos en la Mujer "humilde y soleada" en el largo túnel de Chile, y dejar que su poesía nos llegue como un río silencioso para bañarnos una y mil veces. Ella dejó habitarse por Chile, como Neruda, Parra, Rojas y tantos otros poetas, de una manera abierta y secreta. Cargó Chile entre sus dolorosas y queridas nostalgias, la pasión definitiva de su paisaje, pero no olvidó a su gente egoísta, a quienes le hicieron daño. Siempre temió un retorno definitvo en vida a su tierra y lo postergó ahsta su muerte.
La conocí cuando llegó embalsamada a Chile, más solemne que nunca, ese verano santiaguino, en una larga fila para verla con mi madre, despedirnos de la insigne olvidada. Por primera vez estuvo maquillada. Su vida y obra estaban hecha, otros tal vez seguían creyendo en la presentación de manos y rostros de un primer día de clases. La Mistral ya había partido y regresaba a Chile por última vez. Probablemente nunca se fue. Pero fue México quien le hizo estatuas en vida y la reconoció en su justa medida y tiempo. Una Escuela se llamó Gabriela Mistral en tierra azteca ¿Chile reconoce a sus muertos? ¿Yo vi la última estatua, la primera de Chile? Ahora pienso en los maquilladores, el último pliegue de su almohada. Las manos sobre la amortajada de Chile. Gabriela viajando de Nueva York, sobre el rascacielo de un pájaro en vuelo, dormida en su última sombra, en el olvido del olvido. Pálida, de manos cruzada, como el gobierno de Chile. La Mistral en el adiós callado. Ahí el mito yacía, donde los hombres la pusieron.
Su gruesa caligrafía, porte de diosa distraida, calma provinciana, vocación de educadora y mujer comprometida con su época, la definieron siempre, más allá de todo comentario, más acá de las mezquindades que le tributaron sus gratuitos detractores.
Se le regateaba hasta la maternidad, su derecho al amor, porque el destino se impuso un pulso con la Mistral, y ella lentamente lo fue aceptando, mucho después que la pasión le ahogara casi por completo en el vacío.
Rolando Gabrielli©2007
EL DIOS TRISTE
Mirando la alameda de otoño lacerada,
la alameda profunda de vejez amarilla,
como cuando camino por la hierba segada
busco el rostro de Dios y palpo su mejilla.
Y en esta tarde lenta como una hebra de llanto
Y en esta tarde lenta como una hebra de llanto
por la alameda de oro y de rojez yo siento
un Dios de otoño, un Dios sin ardor y sin canto¡
y lo conozco triste, lleno de desaliento!
Y pienso que tal vez Aquel tremendo y fuerte
Señor, al que cantara de locura embriagada,
no existe, y que mi Padre que las mañanas vierte
tiene la mano laxa, la mejilla cansada.
Se oye en su corazón un rumor de alameda
Se oye en su corazón un rumor de alameda
de otoño: el desgajarse de la suma tristeza.
Su mirada hacia mí como lágrima rueda
y esa mirada mustia me inclina la cabeza.
Y ensayo otra plegaria para este Dios doliente,
Y ensayo otra plegaria para este Dios doliente,
plegaria que del polvo del mundo no ha subido:
"Padre, nada te pido, pues te miro a la frente
y eres inmenso, ¡inmenso!, pero te hallas herido
LA EXTRANJERA
A Francis de Miomandre.
-“Habla con dejo de sus mares bárbaros,
A Francis de Miomandre.
-“Habla con dejo de sus mares bárbaros,
con no sé qué algas y no sé qué arenas;
reza oración a dios sin bulto y peso,
envejecida como si muriera.
Ese huerto nuestro que nos hizo extraño,
ha puesto cactus y zarpadas hierbas.
Alienta del resuello del desierto
y ha amado con pasión de que blanquea,
que nunca cuenta y que si nos contase
sería como el mapa de otra estrella.
Vivirá entre nosotros ochenta años,
pero siempre será como si llega,
hablando lengua que jadea y gime
y que le entienden sólo bestezuelas.
Y va a morirse en medio de nosotros,
en una noche en la que más padezca,
con sólo su destino por almohada,
de una muerte callada y extranjera
LA COPA
Yo he llevado una copa
Yo he llevado una copa
de una isla a otra isla
sin despertar el agua.
Si la vertía, una sed traicionaba;
por una gota, el don era caduco;
perdida toda, el dueño lloraría.
No saludé las ciudades;
No saludé las ciudades;
no dije elogio a su vuelo de torres,
no abrí los brazos en la gran Pirámide
ni fundé casa con corro de hijos.
Pero entregando la copa,
Pero entregando la copa,
yo dije con el sol nuevo sobre mi garganta:
-"Mis brazos ya son libres como nubes sin dueño
y mi cuello se mece en la colina,
de la invitación de los valles."
Mentira fue mi aleluya:
Mentira fue mi aleluya:
miradme.Yo tengo la vista caída a mis palmas;
camino lenta, sin diamante de agua;
callada voy, y no llevo tesoro,
¡y me tumba en el pecho y los pulsos
la sangre batida de angustia y de miedo!
PATAGONIA
A la Patagonia llaman
sus hijos la Madre Blanca.
Dicen que Dios no la quiso
por lo yerta y lo lejana,
y la noche que es su aurora
y su grito en la venteada
por el grito de su viento,
por su hierba arrodillada
y porque la puebla un río
de gentes aforesteradas.
Hablan demás los que nunca
Hablan demás los que nunca
tuvieron Madre tan blanca,
y nunca la verde Gea
fue así de angélica y blanca
ni así de sustentadora
y misteriosa y callada.
¡Qué Madre dulce te dieron,
Patagonia, la lejana!
Sólo sabida del Padre Polo Sur,
que te declara, que te hizo,
y que te mira de eterna
y mansa mirada.
Oye mentir a los tontos
Oye mentir a los tontos
y suelta tu carcajada.
Yo me la viví y la llevo
en potencias y en mirada.
-Cuenta, cuenta, mama mía
-Cuenta, cuenta, mama mía
¿es que era cosa tan rara?
Cuéntala aunque sea yerta
y del viento castigada.
Te voy a contar su hierba
Te voy a contar su hierba
que no se cansa ni acaba,
tendida como una madre
de cabellera soltada
y ondulando silenciosa,
aunque llena de palabras.
La brisa la regodea
y el loco viento la alza.
No hay niña como la hierba
en abajar bulto y hablas
cuando va llegando el puelche
como gente amotinada,
y silba y grita y aúlla,
vuelto solamente su alma.
lunes, enero 01, 2007
FELICIDADES, 2007!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!


CERO POESÍAUn mínimo común denominador,
el mundo celebra su decadencia
con grandes titulares,
cero poesía.
Se postea en la luminosa hora
de su catástrofe
y mezcla la tragedia,
su máscara,
con el nuevo año.
La muerte bautiza de silencio
una firme tempestad.
Un joven rumano muere apuñalado
en Alcalá de Henares
por defender la entrada
a una pista de patinaje.
Ya habían danzado
300 mil personas
bajo el silencio
de sus pequeñas alas.
El espanto arrastra
su larga cola de invierno,
la muerte se abraza así misma
y cría sus cuervos
cada día con ojos nuevos.
Una Temporada en el Infierno,
escribió el Vidente
y a todas luces vio.
La muerte no es una antigua metáfora,
sino una realidad palpable
se huele, respira, toca
como una cuerda tensa:
cero poesía.
Rolando Gabrielli©2007




