El poema debe ser tan ambicioso como un río,
sin perder el curso audaz
de las palabras,
saber que no nos
bañaremos dos veces
en sus mismas aguas bajo
el torrentoso caudal
de lo que aún no nos
hemos dicho ni prometido.
A veces estamos perdidos
en el centro de las cosas,
parece que no avanzamos,
aunque todo es cada vez
más vertiginoso y en
ocasiones sin sentido.
Me llamas la atención que
me estoy haciendo viejo,
que busco dos o tres
veces las llaves donde
no las he dejado o me
refiero a algunos temas
con diferentes coartadas
como si el insomnio
pusiera pausa a los
sueños en una noche.
No especules más allá del
probable
sentido común de las
cosas,
la realidad no es
negociable, ni aún
en el mejor de los casos
en que podrías no tener
la razón.
El presente es
insoslayable,
agazapado en el universo
de las sorpresas, nunca
inmóvil,
me llama la atención todo
lo cotidiano,
casi repetitivo, una
escena con los mismos
personajes, historias que
no tienen fin,
ni sentido y menos una
certificada veracidad.
El día con sus aciertos y
desaciertos,
es cuanto tenemos, por ahora, camarada,
de las ruinas saldrá lo
construido,
cada forma encontrará su
contenido,
la luz resplandecerá en
las sombras,
si la oscuridad no llegara a convertirse
en la última luz de la humanidad.
Rolando Gabrielli2026

