A propósito de la
inmortalidad,
del cangrejo,
el hombre se
plantea superar al tiempo,
proyectarse al más
allá.
Ha intentado volar
en carnes vivas,
transitar de su
espacio vital,
alcanzar nuevas
marcas,
una obsesión
infinita buscar lo inalcanzable,
fantasear con el
frívolo artilugio de la inmortalidad.
Es un viejo juego
versus su destino,
el camino infinito
hacia el universo infinito,
al parecer, lo que
no se tiene ni alcanza a ver,
lo desconocido, es
lo más preciado,
dejar atrás la
caverna.
Son el repicar de
campanas
para un sol en el
brillante espacio
que muere en el
ocaso,
pero nos deslumbra
y convoca,
paso a paso, se
anuncia en su agonía,
va y viene en una
tierra desolada
de almas muertas,
cuerpos sepultados,
escondrijo de un
mundo deshumanizado.
Sus autores sacan
a bailar la muerte
en cualquier
esquina, a su paso,
los humanos son
tratados como en un insectario,
todo muere,
absolutamente,
de pies a cabeza
nada queda,
una apuesta
macabra de este siglo
imitar a la
muerte en todas sus dimensiones.
Hoy me entero, da
lo mismo el tiempo,
los tanques
avanzan casi con rigor romano,
precisos,
aplastantes van aplastando
todo lo que
obstaculiza su paso,
edificaciones,
gente, piedras sobre piedras,
felices avanzan
inmortales sobre la nada,
dejan un
desamparado paisaje,
pero la muerte
fiel, les acompaña.
A propósito de
inmortalidad,
el hombre se
plantea superar al tiempo,
de tantas maneras
se proyecta más allá
de su espacio
vital,
en el camino del
universo,
mientras la Tierra
se debate
en una anunciada
agonía,
que va y
viene con silencio esclavo
del hombre que se
niega a vivir en paz.
La muerte vive sin
esperanza de vida.
Rolando Gabrielli2026






