jueves, abril 14, 2022

El madero

 La perfección

no está en el madero,

ni en las manos del artesano

o en la construcción

 de su obra.

El atardecer es la hora

de la memoria

 y de lo que viene,

en la luz de la oscuridad.

Rolando Gabrielli 2022

miércoles, abril 13, 2022

Azul

Azul en el estricto orden de las mañanas,

amanece el color y sus semejanzas,

el día es su luz y matices, no sabemos más,

solo suposiciones, la composición en su estricto azar,

muda de un tiempo a otro y fija la excepción de su tono

en la mirada y lo que fluye es la certeza de lo que vendrá.

La mañana tiene su propia secuencia, respiración,

atmósfera, diría el poema, si alguien lo escribiera.

Rolando Gabrielli 2022

Viajero en tránsito

 ¿Hacia dónde vas, viajero?

La misma pregunta,

¿de dónde vienes?

Tránsito, tránsito,

hombre, de paso.

Rolando Gabrielli 2022

Llega un momento

Llega un momento

donde todo es muy simple,

es cuestión de ver,

tocar, sentir, respirar

el poema como si fuera,

el último, el primero,

el que leeremos

para fundar,

no olvidar,

la palabra.

Rolando Gabrielli 2022

martes, abril 12, 2022

Del carboncillo de mi mano

Del carboncillo de mi mano,
naces en la página en blanco,
trazas la imagen de tu imagen
al despertar cada mañana
y estás donde debieras estar.
Rolando Gabrielli 2022

Entrar en la historia


Entrar en la Historia,

hacer Historia,

pasa (r) a la Historia,

es  Historia.

Cuánta  historia,

 para el olvido

Rolando Gabrielli 2022

Mi amigo Woody

Mi amigo Woody,

que no ha filmado ninguna película,

ni es icono del celuloide,

no creo haya visto Manhattan, Annie Hall,

ni Hannah y sus hermanas,

en verdad vive en Los Ángeles,

ni sé si conoce New York

o tiene algún interés siquiera

en descubrir a ese pequeño judío

 de Brooklyn que encantó a mi generación,

con su metafísica y psicoanálisis,

comicidad existencial, la risa cotidiana,

el ego interior de la vida que no queremos ver,

todas las contradicciones freudianas

a la luz de sus monólogos, del cautivante

encanto del desacuerdo y sus derivados,

la suma de los absurdos esenciales, existenciales.

Su diván se paseaba ansioso por la pantalla

y nosotros disfrutábamos la terraza gris,

 la azotea en blanco y negro

 del romance en Manhattan.

Nuestro Woody tiene un raro aire

 del Allen inesperado, de mirada fugas,

sin compromiso con la realidad.

Nació en una ciudad

que el mapa del mundo ignora

 y pareciera haber olvidado

antes de existir en su pequeña geografía.

Woody, marchó al sur, volvió al centro

y ahora está en el norte, la tierra prometida

 del cine, Hollywood, donde su homónimo

 triunfó y siempre se sintió incómodo,

aún con el Oscar en la mano,

tres para ser precisos.

Llegó a llamarle banqueros criminales,

algo redundante, pero él no ha dejado

de ser un cómico, saxofonista, filoso libretista,

judío hipocondríaco, sin complejos, genial.

Su sello ha sido llevar a la pantalla

las relaciones neuróticas de la pareja humana,

con el fino humor de las contradicciones,

un psicólogo en las profundidades del ombligo,

ve la suerte más allá de la cintura cósmica

de todo ser humano que se siente una estrella

donde Hollywood las proyecta en el celuloide.

Rolando Gabrielli 2022