sábado, marzo 11, 2006

Yo no sueño el sueño


















Yo no sueño el sueño,
el sueño es la realidad
que tú sueñas, amor
y me haces soñar.
Rolando Gabrielli2006

viernes, marzo 10, 2006

¿De qué Huye la Sombra?

¿De qué huye la sombra,
si no tiene nombre
y su cuerpo se ama asimismo?
Rolando Gabrielli©2006

miércoles, marzo 08, 2006

NO HAY DENVER SIN DENVER


Denver es un cristal
ciego en la memoria.
Denver, qué digo,
montaña de hilos nevados.
Denver respira, digo, tus pasos,
son mis largas horas.
No hay Denver sin Denver.
Rolando Gabrielli©2006

EL BLOG EN LAS ULTIMAS NOTICIAS DE CHILE

http://rolandogabrielli.blogspot.com Domingo 5 de marzo de 2006

"La historia de Rolando Gabrielli, el autor de este blog, tiene un antes y un después a partir del 11 de septiembre de 1973. Un antes normal, el de un periodista joven que trabajaba en su país. Y un después nuboso, el de un periodista joven, errante por el mundo y que terminó anclando en Panamá. En su bitácora, Gabrielli, nacido en 1947 y titulado en la Universidad de Chile, refleja su vida de escritor y poeta. Su sitio es como un cofre transparente en la que su obra está guardada, pero al mismo tiempo a disposición de los ojos de todos". Las Últimas Noticias de Chile.
LOS BLOGS, PEQUEÑOS DIARIOS GLOBALES
Los blogs o bitácoras son objeto de atención de expertos en medios de comunicación social y marketing a nivel internacional. Representan un sentir de millones de personas y enlazados en la red suman más. Surgieron, como todo, de la incomodidad y de un malestar por la información fraccionada, irregular, atomizada, falsa, marginal, que hacían los medios impresos y oficiales de la realidad. Todo lo demás es ficción. Hoy los blogs son tomados en cuenta en algunos medios y también por las empresas publicitarias. Suman millones y cada día un enjambre de nuevos bloggers crecen en la red sin frontera. No todo lo brilla en los blogs es oro o sirve para mejorar la información actual. El ego, la falta de conocimiento, improvisación, ausencia de creatividad, superficialidad, entre otras cosas, le impide a algunos hacer aportes al mundo de la información. Junto con los blogs, ha surgido también una manía por filosofar acerca de esta nueva e impactante herramienta de llegar a las personas común y corrientes y a los grandes medios, siempre y cuando estos abran los ojos. Algunas empresas han comenzado a dedicar horas y dinero a investigar la tendencia de los blogs. Eso no es nuevo. Existe un nicho para los blogs en el mercado. De hecho ya están actuando. En este sitio comentamos sobre literatura, arte, cine, periodismo, arquitectura, poesía y la marcha del mundo, con textos de época. Nada de lo que esté ocurriendo en el planeta puede ser ajeno a un blog y a un comunicador verdadero, con principios. El periodismo está cambiando en sus formas de presentacón con el uso de las nuevas tecnologías e instrumentos digitales, pero la creatividad, libertad, la verdad, nunca pasarán de moda en esta profesión. En esta oportunidad quiero referirme al circulado tabloide de Chile, Las Ultimas Noticias, un matutino de la cadena de El Mercurio, quien se ha hecho eco de mi blog y ha escrito la siguiente nota impresa y en Internet el pasado domingo 5 de marzo. Rolando Gabrielli©2006

lunes, marzo 06, 2006

DETRÁS DEL REFLEJO

DEL ROJO


Del rojo,
púrpura bermejo,
rojizo carminoso
escarlata,
rojinegro cielo,
tus dos labios rosas.
Rolando Gabrielli©2006

domingo, marzo 05, 2006

¿HOLLYWOOD SUEÑA POR TODOS NOSOTROS?

No seamos más superficiales que Hollywood, Hollywood es una invención de Hollywood. Hollywood son las letras blancas en ese feo pedazo de imitación de montaña de Los Ángeles. Las letras doradas viven en la fe de la imaginación de los actores y tienen forma de estatuillas manchadas de oro, barnizadas, que anualmente 50 escogidos se llevan para sus casas como el éxito más grande de sus vidas.
¿Hollywood tiene sueños o fantasías? ¿Hollywood es tan superficial como un sueño de pie o es una estrella dormida en el sueño de un relámpago? ¿Hollywood sueña por todos nosotros?
Hollywood puede ser una fábrica maravillosa de superficialidades, inventora de mitos, modas, una industria infatigable de reproducir, ficcionar la historia sin fin, la que vivimos diariamente, sucedió o imaginamos del futuro, para felicidad y terror de nosotros mismos. Una formidable caja de Pandora de efectos especiales. Hollywood puede acostumbrarnos a su realidad. Los oscares descienden de la rama del ego humano, una necesidad sospechosa de afianzar su propia actuación. No hay nada excepcional este año en el Kodak Theatre, a no ser que lo parta un rayo. Y podría venir de la montaña de Wyoming. Y Hollywood, no dejará de ser Hollywood.
¿No sería ilusionarnos con la realidad de Hollywood? Rolando Gabrielli©2006

Sartini, la orquesta del Yo


Yo, Juan Sartini, de edad mediana, ligeramente escéptico (con razón),-así me defino, para empezar-, no creo en nada a primera vista, voy más bien al grano. No deambulo, es lo que quiero decir, voy a lo que voy. Busco aterrizar de una vez. Avioneta de un hangar conocido. Ni un centímetro a la ambigüedad. Prefiero usar el silencio, pero no dar paso a la duda. Corto rápido, engancho y sigo. Sartini, fírmalo. Simple, un mensaje claro. Como el cloroformo. Uno se va especializando, aunque resulta mejor si es espontáneo. Todo lo hago en primera persona. No sólo se va al baño de manera personal. O se hace el amor individualmente. Abrocharse los zapatos es otra operación solitaria y algo ridícula. El sueño es un acto de reciclaje de uno mismo en otro lugar y tiempo. Una manera de llegar a escenarios distintos y personas diferentes, reproducir la otra realidad. Un acto del yo sucesivo. Y así. La vida con intermediarios, no sólo es aburrida, sino un acto propio de comerciantes. Son infinitos los actos del yo, lo dice Sartini. En un jardín cubro la posibilidad del yo. El círculo, el reflejo vital de la luz sobre la flor, la espina y la tierra, una pequeña tijera maestra del orden natural de mis manos y sentidos. El verde yo, la humedad yo, sol yo, tierra yo.
El yo liviano, metálico
Me gusta hacer recomendaciones muy puntuales. Todas en primera persona. No olvides, Sartini, me reafirmo en el yo. Es muy aburrido acercarse con un preámbulo, una elipse verbal, mirar en el otear. Digo, como partir una conversación con un paréntesis. Un cine mudo entre dos. Ahí entro yo, Sartini, y desnudo la escena. Paños menores, una batita de nada debajo del aire sobre la leve frágil humanidad, etéreo espectro corporal. Una frase gancho, pero afirmativa. “Esto no es así” Deslumbrant. ¿Cómo será entonces?, se piensa del otro lado. No es truco plástico verbal, sino decisión. “Yo pienso que estás equivocado”. Por ahí rompo. La esencia del yo primero. Descontrol. Firma: Sartini. Sólo un débil por qué se escucha en el eco interior del otro lado. Y la segunda duda ya está abonada en el aire. Yo soy el control. Yo que no necesito mucho, me adueño de la atmósfera. Yo manejo algunas frases clisé para desarmar. Un intento subalterno para descarrilar el vagón. Es lo que llamo el fortín intermedio, esa defensa ligera, montada en la indecisión. Yo la derrumbo finalmente con un fresco” : no tienes razón, olvídalo”. Y después cambio de tema, que se sepa, este es Sartini. Después varío aún más difumo el tema como si nada. Ejerzo el yo, de liviano en liviano, a sólido, tumbando todo el aire, sin respirar, autónomo. Cambio de escenario, espero unos segundos, esos que no dan derecho a nada y remacho como en el tenis frente a la red. Pelota segura. Match Point. Digo: tú no sabes nada de la vida y agrego ligero de cuerpo, esponja, supremo en la indiferencia, déjalo por mi cuenta, olvídalo. Así voy acumulando frases como escombros, residuos, en la vía. Sobras, sombras, ojos de luz. Yo le digo de manera expedita, sin dudarlo, siquiera, esto no es como tú dices. Descoloco. Ni soñarlo. Presiono. Ni lo pienses. Simplemente, no. Me gusta verlos pestañear con cara de gagos, descifrando el interior de sus gargantas secas, trancadas. Hundidos en el gesto. Con el ademán del pataleo, tal vez, después de la soga. Ahogados. El hombre no avanza, se engarganta. Da gusto mantenerlo en el gorgogeo, placer de la parálisis. Es una satisfacción. Es muy diferente aún yo seco, metálico sin tropiezo, como el mío yo. Yo dudo de lo que dices. Yo te escucho, pero no te oigo. Yo lo doy por un hecho sin saber que me dirás. Yo no tomo en cuenta nada de lo que me dices, aunque fuera cierto. Yo lo doy por un hecho sin saber que me dirás. Yo si te creyera, me estaría engañando. Yo, sin saber lo que me vas a decir, ya sé de que podrías hablarme.
Es una exquisitez ver esos rostros descompuestos, avinagrados, amarillos. Plop, plop, plop, se escucha un apagado rechinar de dientes. Muelas, caen encías, paréntesis sin espaldas, saturados de aire viejo, vaciados. Para que me comprendan mejor, yo los veo venir, los dejo mejor dicho, acercarse, que se vayan enfocando, los aguanto, mido con la mirada y me dispongo con el yo como un alfiler frente a un globo y reviéntoles el día, como si llegara la primavera. La crisma se queda en el aire. Me gusta ese sonido. Lo siento. Me llega. No voy a mentirles. El pequeño estruendo, casi apagado fuelle, se me instala en un resoplido divertido. Yo le digo que es mejor no decir nada, callarse para empezar. No es original, ni novedoso, ni personal, pero prudente Es detenerse en medio de la calle y torear el viento. Un yo abierto y nos abrazamos al riesgo. Es dejar la espalda al viento y sus sombras. Un rumor de botellas que se soplan y crecen gordas, deformes, turnias, sonrojadas, tibias y enseñan sus caderas en las veredas bomboncitos azules, violetas, platinados. Yo corto esa volada con una clásica mirada de aire, quieta, inmóvil. Es lo que no viene, ni sucederá. Abstracto el tiempo como un reloj Cucú dañado. Hey, Sartini, ven a tocar tu orquesta del yo. Me parece estar escuchándoles. ¿Son débiles o qué, me pregunto? La orquesta del yo es personal. ¿No lo sabían? Aplaudan esa, les toca a ustedes. No estás diciendo nada nuevo, hey, soy Sartini. Música, pero celestial. Notas para enterrar la nieve de tus ojos. La musicalidad de las hojas que ningún árbol o calendario desprenden. Ese es Sartini también, apúntalo en la página en blanco inmaculada mía. Se va soltando la mano. La palabra en rodadera, cabalgando. No estás diciendo nada nuevo, agrego por las dudas, no vaya a ser que, una sorpresa. Pensamiento lineal. Como una goma. Mascullo, digiero, calculo. Parto de un principio. Yo conozco esas respuestas antes que las preguntas. Hay que obviar lo complicado. Cero explicación. Menos cero duda. Adelante, Sartini. El escenario es tuyo, cómetelo.
Sartini celestial, carnal, casual
Ojos sobre los ojos. La piel respira por ti. Eso no va conmigo, lanzo al aire una frase intocable, de utilería. Recíclala. Corto, me gusta cortar. Adivinen. No iré a la vendimia. Que quieren, es mi música. Esa la toco yo. Tal cual. Me importa un bledo que no se suban a mi escalera. No tiene peldaños para ti. Enróscate la frase en la oreja y asimílatela. ¿Ok?. Así, simple, resuelto. Lo que es directo, van con su papel de calco incluido. Es la orquesta del yo. Actúa en solitario. Todo en una sola voz. Sartini en redondo, vertical, una sola línea. Como lo pongan. Cuando, no. Cuadrado. Una sola esfera. Estudio mis salidas y entradas. Cero error. Sí, cumplo con mi palabra. Soy Juan Sartini, no importa donde nací, sino dónde volveré a nacer. Ahora ciudadano del mundo, perdido en mi propia orquesta del yo, en pleno concierto, eso sí, mezcla de dinosaurio y koala, dragón y oso perezoso, tigre y cóndor, siempre en vuelo. Con todo el desierto del mundo por delante. Sin abismos más que los aconsejables abismos de la orquesta del yo. Que se monten en sus chácharas, vocalizaciones de turno, sordinas de abogados, iletrados, y no dejen un sonido por fuera por sonar y para seguir sonando. Demonios, no escuchan, es la orquesta de Sartini. un sólo de sólo. Todo el pentagrama para el yo. No es prefacio, ni colofón, es todo el epitafio de Sartini. Vocación del yo, sobre vivencia, cero despliegue en el escenario, ni un gramo al aire, se devuelve la palabra bumerang con el peso del viento. Hay que saber como hacerlo. Es algo diferente. Muy distinto. No es el colorido, más bien la mixtura del verbo, los silencios acompañados de un gesto que no perdona y se exige en la definición, sobre la raya final, esa que guarda el tic tac del corazón. Uno atrapa la mariposa, el cuerpo en la mano y le roba por un momento el color y la luz luego la libera de nuevo en el sueño, donde el hueco de la mano construye su pequeño camino, la palabra. Sartini, soy yo, ¿alguna duda?. La frase y pregunta muletilla, no sólo aburren, desquician, sino abortan cualquier diálogo, y abonan en la silueta perfecta del yo de la orquesta de Sartini. Es una frase en su reinado, la belleza del ego, una institutriz de un efímero cetro de provincia. La palabra sigue con su cola de sal el rumbo del mar, al vela de la noche, su arena blanca que cae entre los dedos, las manos de Sartini, la isla domada en un antiguo ocaso. La tarde anaranjada, el sol fijo, aún pestañeando el tiempo que le queda, su reflejo en el horizonte infinito, la ciudad está clara, bañada en su luz. Sartini lo ve todo, presiente, es piel, dardo, sueño, el pensamiento reflejado en el alto cristal de la nada y su reflejo en la antesala de la futura sobre. La orquesta del yo a todo vapor, velas hinchadas por si los vientos no acompañan y siempre lo hacer. Al Sur, al Norte, la asimetría perfecta. Sartini construyendo una circunferencia al revez. No le teme a la tierra que siga girando y se la lleve mar.Y viene la orquestación ligera de un aire a otro aire, la palabra, resopla el verbo. En medio de la circunferencia, una verborrea calculada horada el círculo y lo traspasa en lo esencial. Se inunda el área restringida del aire, que es su vacío. El monólogo es la esencia de la orquesta del yo, Sartini se prepara en la solemnidad de la palabra sobre el frontón a medida que el silencio avanza. Se rebota una y otra vez, sonríe, la palabra viaja en su sombrero incógnito, único, salvajemente solitario. Sartini feliz, tocando la orquesta.
Del verbo copular
Sin afán, pero sin dejar de ser Sartini. Cada nota en su momento, sin tregua. A lo Sartini, que se sepa. Puntos y comas. Es como descodificar el cuerpo y el delito. Compartirlo consigo mismo. Apropiárselo en una esquina y llevarlo a casa, sin tiempo, o como si lo hubiera, pero nada importante. Hola Sartini, subiendo las escaleras. Yo hablo con quien quiero y me place y lo sigo, guío en la orquesta del yo. No lo dude nadie o no habría Sartini. Lo que ibas a decir, no tiene importancia. Sí soy Juan Sartini, nací en algún lugar. Se muestran los colmillos incisivos en el esmalte amarillento y ya son más que palabras, porque la encía está en juego. Todo el gesto facial. ¿Me entiendes?
Roja la encía retiene el verbo como una sandía. Jugoso artificio de la palabra. La clave está en enseñar los dientes. El mordido se siente en el aire. La garganta huye al lobo. Hasta el error tiene alguna exactitud. Verbo arena. Sartini en el campo de juego. Lanza en ristre: Edad Media. Caballero solitario. Saliendo del puente, a todo trote. Lo detiene el beso de una Dama. El aire, la lanza, el sueño, el castillo que deja, el templo hermoso de la bella. Sartini en la pradera con su estandarte, la palabra. Yo soy Sartini, quién me niega. Desafía. Corroe el verbo, golpea. El enemigo cae. Saltan las corazas, el aire es hierro maltrecho, cuerpos desolados, honor descompuesto. En la Edad Media se muere cada día en algún campo de batalla. La orquesta del yo de Sartini es eterna. Toca y mueve el pentagrama sobre los monasterios, entre las viejas tabernas, sopla sobre las incipientes catedrales, donde se esconde todo el miedo de Europa. El reflejo pálido de un vitreaux lo mueve a reflexión dentro del yo de Sartini. Deja la bestia caminar lentamente. Es todo el tiempo de la Edad Media. Los siglos que vienen Sartini los envuelve en futuro y arroja hacia adelante. Sigan, yo soy Sartini, tiene el camino ancho. Vayan. La Bella sube al anca de su caballo y le pide, llévame a casa, el verbo está por copular.
Todos los caminos conducen a Sartini. Una loba lo espera en las aguas mágicas de la Fontana de Trevi. Sí, ahí en la cittá eterna. Roma no estaba construida con los retazos inadvertidos del tiempo. Yo, Sartini, defino la silueta de la ciudad. Toco mi orquesta del yo. Todo lo demás pasa, gastado por repetido, sin convicción. Mi inventario es otro, pertenece a Sartini, el ombligo inconfesable de la historia. Un Quijote de cinco estrellas. Sartini, inventario en tránsito, saludaba. No permitía que la ensoñación sobre una supuesta Dulcinea del Toboso, aireara la escena en un lugar equivocado. La orquesta del yo es centro único, volcán, juego invicto, irrelevante, inrrevelable, irrenunciable secreto de uno. No más, Sartini. Imperdonable, inconfesable, insobornable, inconfundible, siempre es Sartini. Parezco escuchar: llévenle el globo rojo a sartini, JS, y no se lo vayan a pinchar. Había convicción ese gesto y recomendación. Silencio de mueca. J de Juan y S de Sartini. Enfatizaba, S A R T I N I. Deletreaba comiéndose las consonantes y vocales, apropiándose de su abecedario en la orquesta del yo, ahí, sublime. Los apellidos aquí se escriben como se pronuncian y asímismo se olvidan, falsifican, pierden importancia a no ser de las grandes familias, tres o cuatro. No hay origen, ni en las sábanas. Suenan al oído y por ahí mismo repican, caen un peldaño, dos alguien los pisa. Algún oído fino recoge y clasifica los nombres, en la aspiradora musical del yo, orquesta de Sartini. Los nombres extranjeros, porque todo lo es o casi, en algún momento, adquieren su propia literalidad, resonancia, y significado. Ya no serán los mismos y si caen en la escritura, dejan de ser. Safrini, Sanini, Sahim, Sampini, y todo esto sin la orquesta del yo, además. El oído juega a su propio resonar. Una traducción intraducible. Caracol de su laberinto. Sar sin Z, no viene de Rusia, ni tiene que ver con abedules sembrados en la nieve frente a los ojos chiquitos de Stalin. Los que Napoleón vio firmes, de pie, una y otra vez, frente a los cadáveres amontonados de sus tropas ante Moscú.
La piedra deja rodar la mano
Y el monólogo le rodaba las vísceras, a su eterna orquesta del yo, sin disfrás, ni , máscaras. La distancia crecía en el boomerang de un tiempo australiano, sin distancias, lejano por sólo serlo, arbitrario, de pampas, patagonias, nieves, montañas, grandes lagos y hielos. Hasta allí llega el paisaje, confín de sueños y de un mismo fin. Sartini no lanza la primera piedra, ni esconde la mano, la deja rodar en el camino. Libertad en la orquesta del yo, y absoluta. Firmelo, es Sartini. Made in Sartini. Sartini no se fríe en aceite como un pescado. La tarde se freía en un aceite avinagrado, era otra cosa. Paisaje reciclado. Sin la orquesta del yo, imposible. Un ambiente pagano, de cielorrasos eclesiales, carpas con aclamaciones, gritos, alabanzas, que el mismo cielo clasifica en sus aleluyas. JS, ante todo. Se interrogó en su suspenso del yo orquestado, en el vacío de la calle, recordó que ningún puente se concluía aún. Sin fin, ni principio, un extremo sin embolo. Ahí a tocar la orquesta del yo frente al mar, sin orillas, para no encontrarse con la equivocada. ¿Sartini es verano o invierno? ¿Qué importancia tiene para la orquesta del yo?, se doble interrogaba en la respuesta del yo. Se extendía la tarde, el día, y con ella Sartini sobre la azotea de un edificio más edificios, ese paisaje que se frena asimismo y dialoga com osi fueran hermanos de un mismo silencio. Dados cargados sobre el cemento empujados por unas cervezas frías brillantes al sol matinal. Cervezas exiliadas. Cervezas de la mano de la orquesta del yo, bien orquestadas. Los dedos sienten el frío de la lata, el sol se detiene un instante entre el sorbo que cae lento y lo que viene después sobre el rostro de la mañana picando entre las nubes que viajan en el ancho cielo. Sartini está en pleno concierto del yo, bajo los reflejos estelares del sol. Azar oblicuo, la vista muda de paisaje, y la orquesta del yo naufraga en solitario a sus propios ritmos, cadencias, sin artificio, natural, como el verano permite. Sartini melancólico sobre las azoteas, la ciudad a sus pies, intocable en el ruido ancestral. Es el otro espacio, de todos y de nadie. El crepuscular del día que viene. Un aire largo a la orquesta personal. No es de aquí solamente el paisaje, sino de allá y más acá. Son los viejos violines de Sartini. Il mio violino, en un sol que no termina de caer. Clave sol, mi sol favorito. La gran orquesta del yo en su máxima expresión de cuerdas. Se sienten leves las cicatrices como si viajaran dentro de un árbol. Es un nombre, lo sé,escrito mucho antes de nacer. ¿Son tus yemas o mis yemas?Tarde que tarde es cuando es tarde inevitable. El yo suma en su orquesta, las azoteas no impresionan a nadie, jardines de cemento, unas cuantas plantas y flores, soportan el vacío. Espacios, que a mí llegan. Se sientan a escuchar la orquesta del yo de Sartini en concierto. Las horas en su límite ciego. Alguien se lanza al vacío. Eso siento. Es verano, tres años después. El viento desprende unos pétalos. No estará sólo quien haya pensado lanzarse al vacío. En cualquier lugar del mundo. Un puente puede ser también el principio de unión con el más allá. Son pétalos color viento. No me he puesto a pensar en sus colores, sino verlos desprenderse de la azotea y lanzarse vacío. Un domingo puede ser. Día espléndido en un final de finales de semana. Es la gran orquesta del yo con su violín del yo, cerrado, apoyado en la mejilla del aire, pasos para otras cuerdas. Sartini es Sartini. Es su orquesta la que toca el yo más íntimo. Su globo soplado al aire sin estallar lento asciende. Es copa alzada, triunfo de la orquesta de Sartini, arriba. Se vio el manchón en el cemento- Una luz tenue sin reflejar más que el espanto. Un garabato y su significado. La crónica roja escribirá sobre el espanto su propio espanto. Yo dirìa con mi orquesta de Sartini, que por fin el cuerpo entró en comunión con su silencio. Un destino apresurado bajó de la azotea antes de tiempo. Súbito, irrevocable final. Elaboraría un mapa personal con todo su abecedario. Un pasaporte azul, dijeron los diarios, entre sus pertenencias. La crónica roja no cambiará el color de esta historia.
abril/mayo 2003/marzo 5, 6, 7 del 2006. Rolando Gabrielli©

Panamá quiere tocar el cielo

Panamá quiere tocar el cielo con los dedos de sus torres de 50, 80, 102 pisos, la más grande de América latina y que mirará al océano Pacífico, solemne e irreverente desde esta pequeña ciudad cosmopolita de poco más de un millón de habitantes, ubicada en el centro de las Américas. El Istmo, atravesado entre el Sur y el Norte, es una franja muy codiciada, un lugar de oportunidades reconocido por el ojo mágico de Carlos V de Alemania y I de España, hace más de cinco siglos. Si al emperador no se le ponía el sol en su imperio, no era cualquier observador frente a la posición geográfica privilegiada de esta bisagra de las Américas.
Simón Bolivar le asignò a Panamá un papel similar al Corinto griego, mientras que Francia intentó construir un canal y fue Estados Unidos, quien finalmente llevó a cabo esa empresa al vencer las enfermedades y la naturaleza. Panamá vuelve a ser centro de esta moneda viajera del mundo y experimenta un notable boom en la construcción de modernas y altas edificaciones, que han comenzado a modificar aún más la silueta de la ciudad. Crecen como hongos en esta pequeña Manhattan latina y son centro de atención de compradores de Estados Unidos, Europa, Asia y América latina. Es un comienzo en una ciudad que con 236 edificaciones altas, ostenta el récord en cuanto a esas edificaciones por centímetros cuadrados. Panamá se va alegre hacia el cielo de la mano de los arquitectos y de la demanda inmobiliaria en un sitio seguro, con mar, más barato de Estados Unidos, Europa y Asia, de área dólar, con clima tropical alejado de huracanes, tornados y terremotos. Un tiempo de excepción en un país que invertirá 10 mil millones de dólares en la ampliación de Canal y que fue escogido por Chile y Singapur para ser plataforma para la reexportación de sus porductos. El abanico es más amplio, porque el istmo cuenta con una vieja y rica historia comercial y de servicios martítimos, bancarios y la mayor Zona Libre de Comercio del hemisferio occidental. Singapur no alcanza a los 700 kilómetros cuadradados, tiene poca agua, no posee tierras cultivables, ni otras ciudades, pero es el puerto más grande del sudeste asiático y exporta 300 mil millones de dólares. Si bien comercializa unos 18 mil millones de dólares hacia Estados Unidos, comienza ahora a mirar a las Américas a través de Panamá. Es el país del futuro que ha cuadriculado los recursos en su territorio de bolsillo para el bienestar de sus habitantes. La arquitectura es sorprendente, vanguardista, aplicada a las condiciones climáticas y a la densidad de su población, que supera en unos 2 millones de habitantes a la de Panamá, que aún no alcanza los 3 millones. Fue una antigua base militar británica y hoy transitan diariamente 600 barcos por su puerto. Panamá llegó a tener decenas de bases militares norteamericanas en su territorio y 14 permanentes hasta el fin de los Tratados Torrijos-Carter. Tiene una de las principales vías de intercomunicación marítimo de América hacia Europa y Estados Unidos. Ha creado una enorme expectativa el paso que han dado comercialmente Panamá y Singapur dos pequeños gigantes marítimos estratégicamente ubicados en el mapa mundial y con experiencias en el manejo y transporte de mercaderías alrededor del mundo.
Panamá no mira en vano el cielo. Todas las religiones conviven pacíficamente en el territorio canalero y es fácil ver a judíos, hindúes, pakistaníes, musulmanes. Vestidos con sus trajes y atuendos típicos por las calles, entrar a sus templos. La mayoría es católica en Panamá, pero están a la vista las Sinagogas, Mezquitas, el Templo B`ahai de la India, y ahora ha comenzado a erigirse el mayor templo del país de la religión de los Mormones de Utah, en la ex zona de Canal a un coste de 12 millones de dólares. Los templos conviven en Panamá, y a veces comparten un mismo Dios . Hay más religiones, Hossana, Bautistas y seguidores de Buda. El Templo B´ahai está en una colina y domina la ciudad. Cuando se ilumina en la noche, su cúpula brilla como un diamante y en los atardeceres con la puesta de sol se transforma en una envidiable postal sacada de Las Mil y una Noches. ¿Dios está más cerca de Panamà? Dios es panameño, dicen los panameños, un país con mínimas tragedias naturales, sin conflictos políticos intestinales, que apuesta a la diversión, alegría, al día a día. El futuro en Panamá pareciera pensarlo dos veces antes de entrar por sus dos mares o aduanas. Todo es hoy. Mirar hacia atrás, ni para coger impulso, sostiene un sabio y reeptido dicho popular. veo pasar a mochileros y mochileras de Estados Unidos, Canadá y Europa, desprendidos de sus propios dáis, descomplicados por el Istmo, bajo un sol radiante, alejados de todo conflicto, penetrados por la magia de sus descubrimientos, bajo la sombra de la naturaleza y un sol canicular. Pantalones cortos, barbas, el aquí y ahora. Los más de 100 mil chinos, forman otro paisaje típico en Panamá. Son adoradores de los modernos y brillantes casinos refrigerados, tipo Las Vegas. Panamá tiene más casinos que Londres. El azar es algo más que un habitante en el país, forma parte del estado de la conciencia nacional. Chinos y panameños se la juegan todo el tiempo cada día de sus vidas. Los grandes salones refrigerados con sus titilantes y ruidosas maquinitas de monedas, el Black Jack, o la ruleta, parecieran competir a la hora de las oraciones. ¿Son templos de una distinta adoración? ¿Dios se la juega ante esas almas que levitan en el azar? ya están los planos para un nuevo casino en las proximidades del Hipódromo y a unas cuantas cuadras de uno de los cementerios de la ciudad. Es la ley del mercado. El cliente sabe a que lugar entrar.
La arquitectura es una de las activividades, combinación arte-técnica, más globalizadas y en una afiebrada revolución impulsada por los nuevos materiales y el diseño, como la apuesta de grandes capitales a la construcción de Iconos. Las grandes ciudades tienen sus iconos y siguen creando lugares espectaculares, únicos, atractivos para sus habitantes y visitantes. Fue Frank Ghery quien abrio esta nueva dimensión ala arquitectura con el diseño del exitoso museo vasco Guggenheim. Vivimos una época claramente marcada por estas edificaciones, verdaderos templos del magnetismo, adoración, contemplación, sitios para ser recorridos una y otra vez, instalados y fundados por el simple espectador. Panamà perdió su Icono en los planos hace algunos años. Se esfumó el proyecto más ambicioso: La Torre Generali. En una esquina de una de las principales avenidas de la capital se iba a levantar la majestuosa torre en la majestuosidad de su propia estampa y tiempo, ese silencio, instante único, que saben vivir e imponer las edificaciones con personalidad y que nacen para ser ellas mismas. Las torres bajan la vista para mirarse la estructura y sus vosceras. Sus ojos saben de otras alturas y su cuerpo arquitectónico, de los vientos, descifran en la soledad de sus largas noches como viajan las inmóviles estrellas a través de la luz. El cielorraso no les impide soñar más alto.
Son los dioses de titanio, acero, hierro, cristales, los que se erigen ante nuestros ojos en las grandes y pequeñas ciudades. Inmóviles, aparentemente, visitados, viejo rito cumplido en otros tiempos ante las pirámides, templos incas, aztecas, mayas, en las antiguas impensadas civilizaciones que adoraban la piedra, un monolito, sus propias cavernas. Son las nuevas carpas en el desierto de la conciencia humana, devociones de un mismo cielo inalcanzable, paisajes ancestrales recuperados en el futuro. Nos convocan cada día a un espectáculo y también a una razón estética cuando el arte conjuga la realidad deslumbrante en estos nuevos altares.
La construcción de edificios altos, hangares de sus propias alturas, es una epidemia global. Panamá sube unos escalones más en dirección hacia el cielo. Más que dobla la apuesta, en verdad. El Istmo es tránsito, paso, un camino, ya lo han dicho los cronistas de su tiempo y de otro, del nuestro, nosotros. Hombres, mercancìas, plantas, especies, a uno y otro lado. Tres ciudades en una y una cuarta construyéndose a paso de magia y dólares, tecnología en el litoral costero, cuya hermosa bahía espera ser saneada para dar paso a la nueva ciudad. La ciudad se seguirá soñando. Es uno de los proyectos humanos más interesantes, esenciales, necesarios, forma parte de la vida en sociedad.
Lo que ocurre en arquitectura en Panamá, es una tendencia mundial de las ciudades que tienen la oportun idad de desarrollar nuevos y modernos espacios. Confluyen en el Istmo varios proyectos de envergadura, lo que hace mayor las expectativas para una parte de la población. El Canal ya trajo una bonanza de impacto global durante el ancimiento de la república y esta podría ser una nueva expansión imortante. No sólo se construyen iconos en países ricos como Dubai, Estados Unidos, Japón, China, Australia, España, sino en Santiago de Chile y Panamá, como hemos dicho. En la capital chilena ya se puso la primera piedra de un mega proyecto de hoteles, torres, comercio y mall por un valor de 400 millones de dólares. El argentino César Pelli, que ha construido edificios emblemáticos en Estados Unidos y en el mundo, ha diseñado la torre de 57 pisos, la más alta de Chile, país de grandes y continuos terremotos.
La tendencia es una sóla: hacer más ciudad. La tecnología que se utilizará en Chile es la misma que se empleó para construir Las Petronas, en Kuala Lumpur, Malasia. Con esa tecnología se erigirá Planetarium, dos torres de 72 y 82 pisos, respectivamente, en Panamá. Los arquitectos son globales: Renzo Piano construye en Londres o Estados Unidos, Calatrava en Valencia o Nueva York, Pelli en Chicago o Chile, Ghery en España, Estados Unidos, y todos en el mundo. Existe un gran espacio global, sin duda, para hacer más ciudad. Rolando Gabrielli©2006