viernes, octubre 19, 2007

La noche de JAZZ en el área del Canal de Panamá







La noche estaba tibia y enrumbamos hacia la antigua Zona del Canal, al Teatro Balboa, una antigua e imponente arquitectura de los años 20, aquella Belle Epoque. ¿Una noche de lujo para el jazz? ¿El jazz tiene una hora, un minuto, un segundo? ¿El jazz es ese inmenso silencio del alma? ¿Un grito que no sale, tal vez, un interminable aullido de la bestia insondable que cargamos amorosamente tierna, vacía, delirante, callada, viva? Sólo me interrogaba cuando las llantas mordían el asfalto al bordear la antigua Zona del Canal, con su noche tropical y la historia que se deprendió de esos límites con la ciudad de donde veníamos. Todo pasado vuelve de alguna manera y el presente es lo más vivo de un futuro incierto. La antigua cerca que dividía ambas ciudades ya no existe.
Pasada las 7 de la noche nos presentamos en la taquilla y dos alemanas nos recibieron amablemente. Llegamos más que a tiempo y nos fuimos a tomar un café en un establecimiento moderno del área canalera y a prepararnos para el concierto de jazz alemán contemporáneo del sorprendente y fantástico pianista Jens Thomas y su acompañante, el saxofonista Lauer. No sabíamos lo que nos esperaba, si duda. Éramos unos setenta desprendidos de las arterias de la ciudad, sin saber que nos encontraríamos allí o que seríamos parte de una noche milagrosa. El jazz no pide permiso, se instala, es, parte de si mismo y se comunica, se deja llevar, aprende de su propia improvisación, maneja nuestra única respiración posible, se ignora asimismo para rescatar los sentimientos, porque lo que aflora es la verdad íntima de sus notas inconfesables, personales, absolutamente intransferibles.
Fue la noche, después supimos, del piano mágico de Jens Thomas, un iluminado del teclado corporal, visceral, simplemente sublime. El temor de este espectador era que se volara con las teclas del Yamaha, fundiera en un sólo ritmo final y desapareciera. Pienso que un momento lo intentó, cuando se adentró al piano, para arrancarle todo, las vísceras, un infame silencio milenario que nos suspendía por instantes más largos que un tiempo por definir. El teclado se le desgranaba entre los dedos en una cascada de sonidos sin fin, que recogía con la nervadura crispada de sus dedos y escondía baja la manga. Lauer, a un par de metros, con su saxofón, no ignoraba la escena y también se internó en las concavidades del piano, en el otro extremo, y ya el jazz era el dueño absoluto de nuestros sentimientos y todas las almas fueron una esa noche en el Teatro Balboa. No crujió ninguna de las desvencijadas sillas y nadie despegó los ojos del escenario. La acústica, afortunadamente resistió los tiempos y se acopló al sonido de los instrumentos.
El jazz es agonía de la resurrección, siempre algo más allá, y se devuelve en sí mismo, introvierte el escenario que construye, desecha, rescata y sobre el que vuelve a transitar como si no lo conociera, porque se detiene para recrearlo. El jazz es palabra musical, se reescribe asi mismo, pero carece de libreto. No hay tiempo en la eternidad del jazz, solo silencio. Jaz, jas, jass, jasz o jascz, jazz... Palabras mágicas, en su ritmo secreto, lenguaje inconfundible. Música sin límites. Se instaló el silencio, habló el jazz. Panameños, alemanes, colombianos, chilenos, negros y blancos, gente Caribe, el idioma del jazz está en el corazón y la piel es su conductor. Noche espectacular en el espectáculo mudo del jazz. Música de ídolos caídos afortunadamente, grito que primero es silencio, porque vuelve a ser silencio, su único e irrepetible lenguaje.
Cuando llegamos en medio de la opacidad de las luces y un leve murmullo de gente reunida, el Yamaha negro estaba dormido con su mirada de elefante, quieto paquidermo sobre el escenario y la selva a unas pocas cuadras haciendo su trabajo. La ciudad marcaba su febril paso a los automóviles en todas las direcciones posibles, como si un loco soñara que dirigía el tránsito con todos los semáforos intermitentes a la hora pico. Se vaciaba un poco la ciudad hacia las afueras, los otros dormitorios de los capitalinos comenzaban a recibir un tráfico de hormigas. El jazz permite todos los olvidos, su paisaje verbal es estar allí en el sitio con la ausencia debida de otro lugar. Es mixtura de lo que fue, nunca ha sido, es y será, lo que viene, el libreto que tiene nada y todo escrito. Thomas y Lauer convertidos en los propios instrumentos del jazz, incorporados al piano y al saxofón, no había más espacio, un sólo cuerpo instrumental, las manos, las piernas, la boca, todo el cuerpo para el jazz. Música del espíritu corporal. Música del cuerpo espiritual. Espíritu del jazz, in-Definición del jazz, universo del jazz, África jazz, negritud del jazz, jazz blanco, mezclado, siempre jazz raíz de un nuevo jazz, revolución del jazz. Están los ángeles en el Teatro Balboa, con sus mágicas alas, voces, sonidos, y cargan esta pequeña nueva historia, atmósfera del jazz, también reímos, somos el otro escenario, el feed back, un intrumento, dos, una orquesta de 50 integrantes, el jazz somos todos nosotros ahora atravesados por la música, el jazz, jazz, jazz.
Así se retiro Jens Thomas, con su cuerpo al ritmo del jazz, de espalda ale scenario, como en una revista final. Pero tuvo que volver con Lauer, en un últi
mo fraseo con su público completamente entregado, y ya el final podía ser entonces la despedida, como debe ser. El jazz habló por todos nosotros...
A la salida, cerveza alemana, y conversamos con los músicos, fotos, y esa posibilidad extraordinaria de los escenarios con poco público que permiten el contacto con los protagonistas. Nos dieron sus direcciones, Y contaron una anécdota, que una docena de CD que traían se perdieron en el aeropuerto del DF. Así ocurre. Estábamos todos felices de estar ahí. La noche seguía estando tibia. Es el arte del trópico. Cruzamos la calle y subimos al automóvil, imantados por el jazz, nos adentramos nuevamente a la ciudad, la selva de asfalto, sí, créanmelo. Noche inolvidable.
Estas son algunas de sus piezas para que las conozcan nuestros lectores...
Pure Joy, Yellow circle, Rain, No matter what they say, Farewell, Keep your love, Elements, Gold lake, Getting Higher, Eatasy in blue y Every breth you lake
Rolando Gabrielli©2007

jueves, octubre 18, 2007

Deborah, De aquí a la eternidad...


El beso que dejó sin aliento a una generación de espectadores, por toda la eternidad. La británica Deborah Kerr, nacida en Escocia, fue una de las diosas de Hollywood de los 50 y sabía besar no sólo para la pantalla. Acaba de morir a los 86 años, hizo más de 40 películas. Nos dejó esta dulce sensación de pertencia al mundo real.
Sus películas más recordadas y taquilleras: "Las minas del rey Salomón (1950), "Quo Vadis" (1951), "El prisionero de Zenda" (1952), "El rey y yo" (1956) o "La noche de la iguana" (1964).

miércoles, octubre 17, 2007

Picasso es Picasso






En Vigo y Coruña, España, se comenzaron a exhibir 42 obras no mostradas hasta ahora de Pablo Picasso. El diario El País, que da a conocer el suceso en portada, comenta que la muestra se presentará bajo el título: Picasso. Laboratorio de estilos. Es un Picasso íntimo, casi totalmente inédito, dentro de su evolución y en el trasfondo de su genialidad, se observa su perseverancia en el Picasso de siempre.
Es un artista del siglo XX, vivo en el XXI. (R.G.)

martes, octubre 16, 2007

Günther Grass



Günther Grass es un escritor comprometido con el siglo XX, un verdadero panzer de la literatura alemana, y en su cumpleaños número 80, el estado germano le rinde homenaje, como la principal figura de las letras de su país. Más allá de su pasado político, como miembro juvenil de la SS, Grass cuenta esta historia en su libro biográfico Pelando la Cebolla. La culpabilidad colectiva es uno de los temas de sus grandes e impactantes novelas, que recrean escenarios post Segunda Guerra Mundial y muestran una fachada interna y exterior de la propia Alemania. Una de sus novelas más conocidas, "El tambor de hojalata", obtuvo un Oscar en 1979 y partir de allí, Grass no ha dejado de estar en la primera línea de la literatura contemporánea. Dos décadas después, optendría el Premio Nobel de Literatura, por una obra que perdurrará en el tiempo, según la Academia Sueca. Grass documenta la tragedia alemana, es un escritor político, comprometido con su tiempo. Hamburgo, Gottinga, y Lübeck, son las ciudades donde será homenajeado en los próximos días. Grass es escritor, escultor, poeta, novelista y dramaturgo.
Ha denunciado recientemente que por miedo al terrorismo se forman Estados policiales.Durante años nos hemos esforzado por construir, por segunda vez, una democracia en Alemania, con desigual éxito pero que se ha ido fortaleciendo. En estos momentos la estamos desmantelando. Por un miedo histérico al terrorismo nos estamos convirtiendo más y más en un Estado policial, nos prestamos al juego de los terroristas, al debilitar lo que más odian los terroristas: el estado de derecho. Veo que se están descascarando ciertos logros políticos de la posguerra de los que en realidad podríamos estar muy orgullosos. Le estamos haciendo reverencia al terrorismo al restringir los derechos fundamentales”, avirtió.
Los alemanes homeneajarán al más alto nivel del estado a su artista más emblemático, cuando en un discurso del presidente, Horst Köhler, el 27 de octubre, se refiera al personaje y su obra.

Memoria, tu nombre




Escrito con tu nombre,
memoria,
estas ruinas
mi raro abecedario.
Rolando Gabrielli©2007

lunes, octubre 15, 2007

Naturaleza muerta






Esta especie, Charles,
con tantos dioses
se mira al abismo y sonríe.
Qué mal evolucionas,
ratón de laboratorio,
Conejillo de Indias.
La noche será más larga
si el sol se apaga.
Rolando Gabrielli©2007