sábado, febrero 25, 2006

Viaja detrás del Sol

PIEDRA

CAPOTE, PORSUPUESTO


Periodismo a sangre fría
La desinformación tiene escuela. En la falsedad de su espíritu, cohabita con los hechos y la verdad. Es una gran simuladora. Tiene pasta de la triunfadora, mueve su abanico como si el aire le perteneciera sólo a ella. Es una gran recicladora de hechos. Situaciones, información pasajera, y goza inaugurando escenarios que superan la imaginación y la ficción. Es la nueva realidad, la voz de los incautos, la patrona del deseo de muchos, administradora de causas perdidas, dueña viciosa de la ignorancia. Goebbels, voz, imagen, propaganda del nazismo, fue un maestro, padre de la desinformación: mentir, mentir, que algo queda. No el único, ni el último, sus discípulos informales y profesionales existen en todas partes del mundo. Desde seudorrepúblicas afiebradas en las sábanas de la corrupción hasta grandes voceros de los países más poderosos de la tierra. La mentira, la desinformación, es un capital, rinde tributos, afianza por un tiempo el poder y permite cumplir objetivos oscuros, fuera de la ley internacional o del propio país infractor. Es un respaldo al demonio del verbo que impulsa esos actos.
Requiere de un preparativo especial, único, y su condición es que se parezca lo más posible a la realidad. La desinformación es materia primera, no sólo un subproducto de los hechos, tiene fábrica propia, es más que la realidad, a veces, la realidad misma. Es una mecha que, una vez encendida, ya no se puede apagar. Se incuba en cuatro paredes, amasa en unas pocas mentes, adquiere forma, poder físico, verbo, potencialidad y se dispara en la confidencialidad del mediodía, y a esperar. Ya está en carrera. El receptor es el primero en creer en ella. La asimila y va regándose como el fuego en la yerba. Es la nueva realidad. Flamante, encapsulada, hecha a imagen y semejanza del deseo, de una política de Estado, una visión de conquista de lo real. La imagen digital con su eficaz repicar de campana global desde la sacristía a las catedrales, alcanzará el eco deseado del fabricante de la mentira. Y el mundo seguirá consumiendo esta sustancia pegajosa, maléfica, verdosa, biliar, pequeño engendro de un millón de cabezas, se anida como un chicle en la mente humana, en las instituciones que aprueban la verdad, en el gran carrusel de la palabra golondrina digital que no siempre hace verano.
La verdad, por humilde, acomplejada, falta de glamour, apoyo institucional, por ser tan incómodamente verdadera para los poderes fácticos, tarde o temprano termina por imponerse. Sale a la superficie como el iceberg, y van desenmascarándose las falsas sonrisas de las propias máscaras. Cae el telón, el viejo disfraz de la mentira, se descubre el uso artificioso de la gran utilería de la mentira. Los ejemplos son tan abundantes, que resultan ser una realidad paralela. La realidad tragada por la sombra, su verdadera esponja. Es una vitrina en cristal blindado la realidad, porque siempre se impone ante el dardo venenoso o la bala de plata que impulsa la mentira, el fraude, la trampa, el cuento. En algún minuto del día se deshace la nieve, el blanco se hace invisible, recobra todo el espacio natural sin tiempo, o quizás la realidad bajo la súbita nieve aparece y desaparece sin intermediarios.
Es una carrera de largo aliento, en el maratón mundial en que el mundo se mueve de Norte a Sur, Este a Oeste, sin brújula, sin un Norte definido ni un Sur satisfecho. Oriente y Occidente en una misma mecha y caldero. Mundo bizantino en estos tiempos. Tierra de nadie o de unos pocos. Se acuñan las frases, en el sentido de demolición, un pequeño dominó de fichas que caen y se superponen, sin ganadores. La mentira mediática sigue reinando desde la pantalla. Moldea a los jóvenes, a los sectores menos ilustrados e informados, a quienes no hacen un esfuerzo por traducir la realidad. Sin duda, el bombardeo y el tiempo dedicado al trabajo, para quienes lo tienen, no les permite, muchas veces, aproximarse a los problemas desde el fondo, viendo sus causas y consecuencias. Se está creando una deliciosa clase idiota, no pensante, monosilábica y tiernamente estúpida. No son palabras groseras, sino rigurosamente ciertas, ajustadas a una atmósfera de bobería en muchos hogares. La hipnosis del agujero negro iluminado que no deja ver el bosque, las candilejas permanecen en off, Carlitos bailando con su nostálgico paraguas, y un gran horizonte enfrente, como si un desierto se agrandara en el mediodía y nos comenzara a devorar como una aspiradora.
Los medios son también ese gran vacío, lo que se ignora, no se dice, calla, olvida a propósito. Se miente sobre la realidad y no precisamente en detalles, porque los asuntos de la guerra no son pecata minuta, y en esto, los más influyentes diarios de Estados Unidos, han cometido errores imperdonables por la gravedad de sus faltas. Inventar historias es uno de los actos más deleznables en la profesión de un periodista. No son los únicos, ni los primeros, ni los últimos, en hacerlo. Ganar lectores, influir, más bien torcer los acontecimientos, para ganar lectores, sintonía, audiencia y guiar el curso de la historia, de las batallas, las luchas políticas, la opinión pública nacional y mundial.La objetividad per se, inmaculada, no existe en periodismo. Pero la verdad, aunque deban usarse varios espejos, debe reflejarse en todo texto, nota, historia.

Truman Capote nos enseñó algo fundamental en A sangre fría: una buena nota requiere de investigación, paciencia, trabajo prolijo, de confrontación de datos, conocimiento a cabalidad de la historia basada en hechos reales, comprobados, inclusive las circunstancias, el perfil psicológico de sus protagonistas. Cinco años demoró en escribir ese reportaje literario escalofriante e inaugurar un nuevo periodismo. No se equivocó Capote, trazó un largo y seguro camino al periodismo moderno. Algunos medios reputados, muy influyentes en Estados Unidos y otros lugares del mundo, han olvidado las sabias enseñanzas de Capote. El periodismo trascendente, que rescata la historia y conmueve al lector, requiere de una sagrada dosis de poesía, lenguaje, toda la veracidad, como si quien leyera la nota estuviera frente a un espejo. Rolando Gabrielli©

viernes, febrero 24, 2006

OH, DÍAS

Cielos de sal y agua,
nadie los bendice,
oh estos malditos tiempos,
cuerpos que deambulan idiotas,
bajo un sol anestesiado,
rajan los vivos y descuajan a los muertos.
¿Cómo pueden morir frente a dos ríos
y en la cara del desierto?
Zumban las moscas,
cuervos de un mismo espejo,
merodean la pequeña gloria
en los dientes de la noche,
donde las puertas niegan
el paso a otras puertas.
Sangran las viejas cúpulas,
las encías del desierto.
Cordero borra la luz,
bala, bala desierto,
Dios está herido de muerte.
Rolando Gabrielli©2006

Yo no subo,
desciendo ciego,
iluminado,
en el crepuscular abismo,
de tu abismo.
Rolando Gbarielli©2006

jueves, febrero 23, 2006

FIONA

Fiona, querido, acústico, digital,
ya no serán mis manos,
te dejo por una buena causa,
red piano, rojo inmortal,
te recordaré en el desierto
de Nevada, no olvido
tus teclas, Fiona,
Londres, Las Vegas , Los Ángeles
o New York, quién, quién,
te llevará como una roja flor,
de la mano del ojal
al corazón, Fiona, Fiona,
no dejes de tocar,
no digas no,
no digas sí,
no digas nada,
sólo ve a tocar.
Rolando Gabrielli©2006

La ciudad te espera

La ciudad te espera
detenida en tu memoria,
viajera, la ciudad permanece,
todo lo demás es futuro.
Rolando Gabrielli©2006

miércoles, febrero 22, 2006

Gracias amigas, amigos

.
Queridas amigas, amigos: En esta fecha de natales deseo agradecer a quienes han enviado saludos a mí correo personal, y son más de los esperados. Dudé mucho en referirme a ello públicamente, porque se trata de una fecha íntima, solitaria, tan íntima, solitaria, repetida, que ella misma suele pasar desapercibida. Me encuentra una vez más el día de mis días, en Panamá, en pleno verano tropical ardiente de brisas y cielos despejados y de mar abierto en las pupilas. Escribiendo me llega el día, con un crucero de palabras y velas hacia el horizonte. Gracias queridos, que los dioses le multipliquen a ustedes tantos buenos y sinceros deseos. Siempre en dirección al Sur y a mi permítanme, mirar y sentir El Norte con sus nieves y silencios. Hondo pozo de pétalos, febrero y marzo/rojos
cálidos alumbrantes soles/Sur de un mismo Sur, viájame
lucero. De Buenos Aires, Santa Fe, Banfield, La Plata, Santiago, Osorno, Curinape, Curitiva, Brasil, La Patagonia, Panamá. Este texto de mi amiga Marcela que llegó antes de la fecha, resume vuestras palabras. RG
Mañana es tu cumpleaños Padre. Sì, una luna indica que ese dìa las coordenadas trazaron un cìrculo de materia y alma, la fàbrica de producir caìdas y alturas, el gran financiamiento de energìa psìquica a desplegarse en no sabemos que mapa. Apareciste tù, para añadir algo al mundo seguramente, para integrarte o desintegrarte en alas que ensayan tantas palabras. En la explosiòn de tanta gama salpican innumerables tonos en consonancia con un nombre que alguien eligiò para vos, te habràn soñado?, te habràn pensado màs allà de lo que pudiste ser?. Mañana es tu cumpleaños amigo, y sabemos que el universo no se detiene en estos festejos, sigue estrepitosamente recavando geològicas transformaciones donde el tiempo es el tirano y el hombre su esclavo, pero el semejante sì para, da un alerta, vibra con otra resonancia, necesita no pasar por alto esta alternancia, decide abrazar la calidad de este instante poniendo en juego las ilusiones de las que somos capaces. Y vos, pequeño olfateador de edenes arrasados fuiste quièn te diste el otro nombre, no aquèl que con amor recibiste sino el propio, aquèl sonido que te representa, el objeto que mejor se te compadece, el agua, la arena, las violetas chilenas de nubes y muertes, de revoluciones y amores, exilios y renaceres. Rolando Gabrielli, hacedor de las palabras, constructor de seres que hablan otras lenguas, insolente narrador de aguas abiertas. Mañana es tu cumpleños poeta, y te saludo desde mi orgullo argentino que amo y padezco. Marce

22 de febrero

Nace un día, un hombre,
puente de dos esquinas,
Norte y Sur, mis dos orillas,
febrero del 22,

la ciudad del río en el poema,
Santiago, perro de viento helado,
soldado del nuevo extremo,
ilumíname, como si hoy naciera.

Rolando Gabrielli©2006

lunes, febrero 20, 2006

Las fechas

CUMPLEAÑOS
El mejor de los días,
me dice tu ardiente boca,
ombligo de su loco río,
luna roja,
desayuno la noche.
El beso,
el cuerpo cae
en tu sombra,
húmeda, húmeda
. (R.G.)


Hay fechas que alguien inventó. El tiempo no podía irse con las manos vacías. Recoge horas, días, segundos, meses, años, la eternidad. El tiempo es nuestra primera y última, definitiva fecha.
Las fechas son exactas, irrepetibles, personales y también involucran a millones de personas. Todos llevamos un secreto calendario, ni una fecha más, incluida la nuestra.
Surgen de improviso y fundan un día, lo hacen historia, pasado perpetuo y lo proyectan. Nos convierten en un número y en otros que se van combinando casi por azar y en cada uno de esos días, convocan a los escogidos. Rito de los números, ceremonia de las fechas. La solemnidad secreta de la promesa en alguna fecha, derriba los grandes anuncios de los ceremoniales públicos, las fechas de los grandes escenarios que conmueven a las masas y a quienes las convocan. La fragilidad en la repetición de las fechas, es otra historia, un fragmento ruidoso de un porvenir no siempre compartido. De tanto ir la fecha, al fin es agua de algún cántaro.
Emperadores, dictadores, demócratas, personas humildes, gente simple de este mundo, adoran las fechas, se remiten a ellas, las conmemoran. Los calendarios son viejos indicios del tiempo, huellas solares de una luz misteriosa, vital y reverenciada.
Se nace con una fecha y se muere con otra. La última le queda a los vivos flotando en la memoria hasta que se transforman en la misma memoria de una nueva fecha. Las fechas heredan otras fechas, se cruzan, siempre encontrará un camino, un recodo, la ruta de su próxima conmemoración.
Son la insuperable alegría y tristeza del tiempo. Van y vienen. Arrastran nombres, sueños, pasado, inauguran tiempos, se abrazan a épocas muertas, a fracasos y éxitos. No son las mismas fechas para el triunfo que la derrota. Son la euforia de pequeños y grandes acontecimientos, y la lápida, la última fecha de cualquiera de nosotros. Dos fechas seguras, sólo dos, las mismas que pidió Jorge Luis Borges: nacimiento y muerte
.
Rolando Gabrielli©2006

Niños del añil

Niños cristalinos, dotados de una sensibilidad especial, con capacidades de curar enfermedades...Niños del añil son psíquicos. Los niños que encabezan el recuadro, se llaman Indigo, por sus aureola azul. Ambos viven en Estados Unidos, Lisa y Daniel, de 9 y 12 años de edad.

domingo, febrero 19, 2006

Domingo


DOMINGO



La soledad es una palabra muy mal administrada. No son mis palabras. Funciona como un saco con sus extremos libres, abiertos, descosidos, sin ataduras. Para probar su eficacia, la consistencia que es real, tú echas unas migajas de pan en la boca de un saco colgado en el balcón de tu apartamento y la tela continuará en su ambiguo vacío. No se inmutará. Tragará en silencio infinito. Se siente el sorbo de la seca garganta. Esa es su condición natural, como la soledad. Estas palabras las leí en algún lado. No son mías. Transcribo. Sigo. Sólo queda aire en cada una de sus puntas, ni una sola conversación, algo más vacío, menos que un paréntesis, una pared blanca, pero pintada en el aire. Bueno, digamos, esa rara sensación que detrás del espejo están todas las imágenes y rostros posibles. Lo no visto, me asombra. Esta frase debió ser pensada por mí. Me fijaré en mí cuaderno de notas. Bueno, también esa es una sensación que detrás del espejo no hay nada. La imagen tal vez pasó desapercibida, sin ser vista. No todos los espejos tienen una buena retentiva. Hay espejos distraídos además. Espejos que se miran así mismo. Otros fisgonean que hay detrás de los rostros. Algunos no quieren ver más como se envejecen los otros. ”La bella se deja mirar, mientras mira la nada que pasa por la ventanilla, distante horizonte de cristal de roca, ajena y silente, flor de mi derrota”, dice Serrat. Sí, estas palabras no son mías tampoco. Buscar de alguna manera qué hay debajo del agua, no en el fondo, sino en esa pared intocable, intermedia que deja el líquido sólo a la imaginación.
Un domingo de verano para mí siempre fue un ejercicio de soledad. Me gustaba levantarme tarde para que el día no terminara de empezar o no sucediera. Ignorar un día no es lo mismo que botar un calendario. No soy el único que saco las cuentas de esta manera. Algo bien tonto, porque quedaba todo el día por delante. El domingo parecía taimarse con el tiempo. Lo detenía a su antojo. Si se viera al espejo, pensaba. Yo comenzaba por sacar las manos y ponerlas sobre las sábanas. No abría los ojos, porque era como saludar y reconocer el día. La mañana tibia, me ponía a pensar en otra cosa.
El día aún no se abría para mí. Cuando el día aparece en esas condiciones, es como guardar un bostezo. Una cuchara de silencio al mediodía al tragar la sopa, es parecida a un domingo. Comenzaba por reconocer que existía. La mano sobre la frente: era yo. El domingo podía esperar. Y qué paciencia tenía. Miraba alrededor y estaban los mismos objetos con lo que había dormido más de mil y una noches anteriores. Los volvía a reconocer en la pesadilla del domingo. Inmóviles, pero me pertenecían. Éramos dueños de nuestro propio y único espacio. Habitábamos el mismo cuarto. Ninguno de los dos habíamos elegido el lugar. El día está hirviendo. Y todo se pone más lento aún. Sientes que hay ojos por todos partes. Lenguas gritando: ¡levántate!. Son unas córneas mucho más viejas que las tuyas las que te acechan. Esas cortinas pesadas de telas gruesas, que filtran la luz que no quieres ver y la voz retrocede, se apaga. Uno siente el silencio de la afonía como cruza la sala y recorre la casa. Es un aullido lento que sólo tu oyes. Estas si son mis palabras. Las estoy reconociendo. Once, doce, una, la hora del almuerzo en el Sur. Tres horas como en una cámara lenta. ¿Qué hago? Báñate. Pon la mesa. Ordena tu cuarto. Se me cae el amor familiar al piso. No mojes el piso recién encerado cuando salgas del baño. Horas de interregno, espacio de la nada, uno desearía en ese instante que llegara una visita y uno no fuera más el centro de atención de nadie. Todo se ha puesto lento. El domingo cumple con eficacia. Miro el patio y no se mueve. La parra. Las paredes sobre las paredes. No hay un lugar más exacto que el no estar. Pienso en un mar negro que se traga todos los domingos.
Rolando Gabrielli©2003-2006

SI ME PERTENECE


Y me fundo en la ciudad
que ya no me pertenece,
piedra sin mano hacia el abismo,
río de aguas de un pasado detenido,
no hay un puerto fijo en la memoria,
la rosa ha roto sus espinas al alba,
la mano que sangra, sí me pertenece.
Rolando Gabrielli©2006