jueves, junio 12, 2008

Nube gitana

Baja, baja, nube de aire
y piel,
tocas, toca tierra
mi mano ardiente
cabello de luz y miel,
cuerpo de gitana

Sex&the city






Dicen las encuestas que se ha llevado el premio gordo de la taquilla en Nueva York, por sobre Indiana Jones, aunque ninguno de los dos filmes lograron interesarme francamente. Sexo en Nueva York o Sex and the city es francamente una lata y no tiene nada de divertida, como lo fue la tradicional serie en la TV. No se ve Nueva York, México es una pequeña postal caricatura y la gran metáfora es a la amistad, no al sexto ni al amor. Ese es el telón de fondo de esta acartonada película, que es más bien un muestreo de modas, vitrinas y esas cosas banales. No es divertida, es aburrida. Los personajes se ven algo rígidos, mucho menos espontáneos que los que conocíamos. Esto no es una crítica, es más bien una sensación de malestar. Soy de los que refiero darme contra la pantalla, a esperar que me cuenten. Y ese día enfilé por la vía Argentina como un bolido, cuando ya los pericos habían dejado de cotorrear sobre los árboles y crucé al cine. Ya estaba en la taquilla y luego sobre una butaca. Y aparecieron las cuatro amigas, que demostraron hasta el final un sentimiento de fidelidad. Es lo que queda, pienso, al final. (R.G)

miércoles, junio 11, 2008

Mujer, las distancias


Mujer, las distancias en el universo
son millones años luz, sabes,
y estudiando las galaxias lejanas
el universo se está acelerando,
latido de un conejo frente a la escopeta,
pequeños ojos del espanto una noche,
así se dispara el amor,
universo en expansión constante,
una callada explosión desde el primer día,
más distantes las galaxias,
más veloces viajan en relación inversa.
Materia oscura, extraña, el universo,
ni tan lejos que no vemos del todo
si existe el vacío aún en la oscuridad,
lo imaginamos y tal vez
no lleguemos a verlo.
Rolando Gabrielli©2008

lunes, junio 09, 2008

Bob Dylan, como una partitura




Bob Dylan no ha dejado al parecer la carretera por un sólo instante. Todo el tiempo del mundo para la distancia y el asfalto, la comunicación solitaria entre el viento y el silencio. Su música està registrada allì, donde el sol es parte del desierto y el amanecer una luz para un nuevo día. Ha vuelto con sus pinturas recogiendo esos viejos sueños anónimos, grandes, íntimos, públicos, desconocidos espacios, rostros apenas divisados.
Son bocetos, caminos que pueden llevar a un rostro o un sitio, el luegar que uno pasa y deja, pero recoge en un trazo, como en este caso, o palabras. Seguro que BD compartió ambos síntomas de esas atmósferas, letras de su música, espíritu de su ritmo y voz.
Este sábado presentará su muestra que ya está vendida, bajo el título The Drawn Blank en Londres en la galería Halcyon, lo que sus ojos vieron y sus manos ejecutan.
La pintura de este post muestra la influencia impresionista de Dylan. (Rolando Gabrielli©2008)

domingo, junio 08, 2008

La vida sigue siendo kafkiana









El mundo se sigue repitiendo en el universo literario kafkiano y Franz K., su cronista más veraz, ignora el poder fantástico y obsesivo que siguen generando los papeles que él ordenó quemar a su amigo y confidente Max Brod. El checo puso tal vez un anzuelo invisible a la tentación de Max y a los futuros peces kafkianos que siguen picando hasta el día de hoy, a 84 años de su fallecimiento. Nada se ha querido dejar por fuera del bisturí, con que los "especialistas" siguen diseccionando su obra, vida, amores, sueños, pasos, pensamientos, obsesiones, ideas, deseos, opiniones. Es difícil encontrar un escritor tan relativamente reciente, singular y eterno, con tantas biografías y altares de uno y otro tipo. Sospecho que Kafka escribió como un ejercicio de respiración diaria, algo inevitable, una segunda almohada, primer pulmón, y una vez comprobó su "fracaso" en la existencia que le negaba seguir viviendo y de paso sus frustrantes amores, creyó necesario quemar su obra inédita, borrar sus huellas y dejar sólo lo tentativo como una excusa insalvable.
Max Brod fue el primer conejillo de indias de los kafkólogos kafkianos que veían en él un terrible y cínico usurpador de un mandato y de una obra. Si M. B. fuera el autor de la kafkiana obra, estaríamos ante un talento singular, genial, por el ocultamiento en primer lugar del legítimo autor, y los textos, posteriormente. ¿Por qué Brod no nos dejó genialidades suscritas por él? ¿Era excesivamente (mo) honesto? ¿Quién inventó el laberinto kafkiano? ¿La realidad o la ficción? ¿El mundo sería menos kafkiano sin la obra de Kafka? ¿Su trabajo fue ponernos a Kafka al día?
Es que aún, en estos tiempos, tantos o más kafkianos que ayer o en el pasado, se ataca sin piedad a algunos biógrafos que conocieron a Kafka y se esgrimen nuevas tesis del autor checo y sus fantasmas.
Un nuevo, Kafka, Ficciones y mistificaciones (Emecé), del checo Josef Cermak, desbarata a un viejo biógrafo y amigo de K, Gustav Janouch. La disputa por el "verdadero Kafka", sus despojos, el que pudo ser o fue, superan en su interpretación la propia obra de Kafka. Quizás estas continuas especulaciones, manipulaciones, apropiaciones, manejos y disecciones de toda suerte y tipo, previnieron el subconsciente de Kafka, cuando ordenó quemar sus escritos. Tal vez el mundo iría a la deriva con otro nombre, pero K ya había editado en vida La Metamorfósis, (La transformación) La condena, y una serie de relatos importantes dentro de su obra. ¿El mundo estaba sentenciado a ser kafkiano?
Desde su muerte, los biógrafos y críticos no han dejado descansar un segundo la obra de Kafka, palabra por palabra, como si estuvieran escribiendo cada día una última página. Kafka describió en esencia lo que somos, una rutina inconclusa, ejercicio interminable, la espiral de cada día que sube y baja, y vació la metafísica de sus días insondables, con humor, toda la angustia del universo que cabía en el plato insomne de su literatura, lo desconocido. Asfixia pura asfixia, la del checo. Encerró las palabras en una esfera y la puso rodar en un círculo que él construía sin fin ni comienzo. No pareció preocuparle el futuro, menos la posteridad, el presente le desalojaba el tiempo que pudo tener a su disposición. El humor y los sueños son una constante de sus papeles literarios kafkianos.
Max Brod encendió el fuego d e una nueva literatura al no quemar los papeles de Kafka. No importa que las urracas sigan buscando en el laberinto kafkiano sus propias puertas sin salida.
Rolando Gabrielli©2008

Cindy C. en Panamá












Descomplicada, absolutamente casual, montada en su geografía de diva, llegó con más de una hora de atraso al aniversario 160 de Omega, que se celebró en Panamá para toda América latina, en el hotel Miramar, un cinco estrellas frente al océano Pacífico, en la bahía de la capital istmeña, cuya cinta costera está en total ampliación. Aunque el tiempo supera al propio reloj Omega, Cindy C., sigue siendo su embajadora y promotora por más de una década, con el garbo que la marca requiere y el espléndido toque que la Top de Illinois impone en sus presentaciones. Mujer de pasarelas, grandes e íntimos espectáculos, largas piernas de caminos ignotos y de un empaque que revolucionó los años 90. Así pasó a mi lado, con toda su humanidad, iluminada y venía vestida, como se le ve en la foto que le tomé aquella noche en medio de decenas de flash y de las previas advertencias del presentador, que tuvo la poca gracia de prevenirnos para que no se hicieran preguntas "íntimas". Estábamos en un pequeño salón atiborrado de fotógrafos y periodistas de la farándula de Panamá, Argentina, Venezuela, Colombia y de corresponsalías extranjeras acreditadas en el Istmo, con Cindy C, el presidente de Omega y el representante en Panamá
Qué palabra más fuera de contexto y más alejada de la realidad de la intensamente intísima Cindy C., la Crawford, que hizo volar plumas y comentarios de todos los calibres en su época de oro, como la retratan las otras fotos, de musa top-top, desnuda sobre el caballete de la vida e inmersa en la profesión de Eva en el paraíso. Siempre fue descomplicada y dejaba ver sus formas de guitarra, más que de antiguo reloj de marca.
Así la vi esa noche, tibia, tropical, húmeda, aunque se exigía tanta formalidad, reglas, manejo de cura de provincia. Yo fui esa noche para cumplir con una vieja promesa que le hiciera hacea algunos años a la propia Cindy C., estampada en una valla en plena avenida España, en el corazón de ciudad de Panamá. Quienes conocen mi oficio y temperamento, habrán leído mis palabras y no dudarán de mi verticalidad. La palabra empeñada vale tanto como una mirada a los ojos, señal de compromiso sellado. Durante esa larga hora alargada por las palabras del presentador con un mar de recomendaciones, dejé flotar mis sentidos y recorrí cada uno de los espacios, saludé a un dueño de una emisora que no veía ni escuchaba hace años, me puse al día con el medio ambiente y no le dí más pensamiento a la espera que cumplía con su objetivo de hacer parpadear los inciertos fogonazos de las cámaras en una espera que va adquiriendo categoría de antesala. Todas las miradas estaban dirigidas hacia la única puerta del salon custodiada por un gorila de ocasión, espeso, algo malhumorado, pero silencioso, en estado de alerta, lanzando su olfato y gestos alrededor de su territorio. Y el presentador ante la prolongación de la espera, llenaba el espacio con nuevas ofertas sorprendentemente contradictorias con las primeras advertencias. Pueden lanzar los flash que deseen durante la entrevista y Cindy posará para ustedes en esa pared blanca, que dicho sea de paso estaba frente a mis ojos. La farándula se sintió complacida, respiró una honda satisfacción y dejó correr el click de las cámaras para ese gran momento y la espera adquiría entonces su valor agregado. ¿Qué era esa pared blanca sin la Cindy?, me pregunté. La diva se encontraba quizás en un último retoque del libreto y del cuerpo, ajustando las piezas de su propio reloj. Yo imaginaba los movimientos del Gran Salón, donde se realizaría una recepción como se merecía la Cindy C. y sus invitados, desde el gobierno al cuerpo diplomático. Los mozos acomodando las mesas y sillas, frente al gran cortinaje que cierra la noche y el mar panameño. Ese ruido singular de pasos sobre la alfombra y movimientos apresurados hasta el último toque. Manteles, servilletas y adornos florales. El agua está fría. Hombres y mjeres de negro, esperan y calculan los próximos movimientos.
La Diva no volvió ni posó freente a la blanca pared, como era de esperar. El tiempo Omega corría raudo por el Hotel de cinco estrellas. El tiempo no espera. Cindy C. exhibía su flamante Omega Constellation. Cuando se despidió sin abandonar su sonrisa, hizo el camino inverso hasta traspasar la puerta con el mismo paso cadencioso con el que llegó y como si toda su estructura fuera suspendida por sus largas piernas de antiguas torres medievales.
Resignados y compartiendo un coctail con champagne rosada, dimos por concluida la entrevista con Cindy C y sus 13 años de embajadora Omega. Pero por esas cosas que suelen ocurrir, una puerta equivocada nos la devolvió vestida de negro. Ya iba camino a su noche de gala. No más fotos alcancé a escuchar y su espalda fue lo último que divisé en medio de la gente, en el umbral del Gran Salón.
Para nosotros ya era historia.