viernes, febrero 10, 2006

Por Tú Nombre

GABRIELA SE LO CONTARÁ A ISABELLA


GABRIELA SE LO CONTARÁ A ISABELLA

Papá inventó la frase para seguir viviendo. Ahora me sorprendo escribiendo estos recuerdos y lo parecido de mi letra al abuelito Juan. Claro, cuando escribo como dibujando las palabras y pensamientos. Papá inventó la frase: La reunión de los reunidos. Éramos todos y nadie, sin estar, formábamos la nube familiar. Para intentar arreglar algunas cosas, la frase de papá. Hay cosas que no se dejan arreglar. Cosas que nacen desarregladas. Cosas que no tienen remedio. Una vez me dijo, Gabriela, la esperanza no es un error, y se fue sonriendo. Y no estoy haciendo un paréntesis, sino refiriéndome a lo que realmente sucede. La familia nuestra era una de esas cosas. Yo conocí a mi abuelito Juan cuando era pequeña, después de un largo viaje a casa de mi otro abuelito. Recuerdo sus manos cuidadas y su traje de un solo color con los zapatos, la corbata y casi su mirada. Pienso ahora en su orden y que por eso tenía una letra caligráfica. Estaba vestido de café, de pie a corbata con una perla blanca. ¿Qué dejamos al partir, me pregunto ahora? Supe, por mi papá, que el abuelo tenía mal genio. No estoy haciendo ninguna infidencia familiar, porque era algo que todos sabían. Él le dio unas palizas memorables a mi papá. Mi papá nunca me pegó, que yo recuerde. Las palizas enseñan a no olvidar al dueño de la mano o de la huasca. Y también al propietario de la nalga. Todo tiene un origen, hasta yo misma. No todo sale de una semillita, aunque mi mamá me dijo, que yo salí de allí. Ahora me río de esa semillita blanca. Peor, digo, ningún fruto se siembra solo. Las relaciones humanas tampoco. Mi otro abuelo, también era mal genio. Estallaba como una granada en la mano. Mi hermana heredó los combos de los dos. Yo no soy tampoco un ángel. Recuerdo una de las frases geniales de mi hermana en la puerta blanca del cuarto que compartíamos: “Aquí dentro de este cuarto, hay alguien que muerde”. Lo decía casi todo, digo yo ahora. Yo escribí también algunas cosas. “Se lava bien, el peinado del puerco espín”. “Nuestra mascota es Dalma: la vaca, la lunática”. Era una perra de manchitas negras y cuerpo blanco, una belleza absolutamente boba. La habíamos heredado de una amiga italiana, que decidió volver a su país y después decidió regresar. Le devolvimos entonces a Dalma. Ya había tenido ocho cachorritos. Tres nacieron con la belleza que la naturaleza dota a los escogidos. Uno, ciego, otro algo distraído, y la mayoría hermosos. No faltó el de ojos azules y todos con las machas limpias, nítidas de su madre. Patita, una de las hembras más hermosas de la camada, se “suicidó” al comer un químico para desmalezar. Ese día lloramos todos. El veneno fue fulminante. Estaba acostada mirando el cielorraso de la terraza. Días después, a mi papá se le escapó Hershey a la selva. Se internó en el bosque, que rodea un río, y Chocolate no apareció. Durante una hora se sintieron crujir los pasos de un hombre por el bosque. Nada más que eso. El río pasaba silencioso y los pasos crecían. Ni la sombra de Hershey. Se hizo denso el día para todos. Llegó la noche en silencio. De pronto sonó el teléfono. Una voz anónima: Tengo su perrita, venga a la estación terminal de los buses hacia Veraguas, la provincia con dos océanos. Lo de la geografía es mío. Fue mi papá y mamá y no encontraron el contacto. La noche se hizo más grande con la pérdida amarga de Hershey. Nos quedamos con Normalito, el tontito, que después regalamos a alguien que prometió cuidarlo con amor. Yo odié a mi papá, a la selva, el río, a los ladrones, al mundo, por lo de Hershey y por mucho tiempo. Mi hermana nunca se lo perdonó. Salió rayada a los abuelos. De común acuerdo dibujamos con mi hermana en la puerta del cuarto una casita con una cruz que decía: School. Éramos buenas alumnas, pero a nadie le gusta estar encerrada tanto tiempo en un lugar todos los días y a la misma hora para seguir hablando de lo mismo, y con preocupación. Somos salvajes, era una de mis frases favoritas, de guerra en la puerta. Mi papá en ese tiempo recogía unas hojas amarillas que volaban de los altos bosques del árbol al patio de la casa como pequeños aeroplanos silenciosos. Sentía que era un último suspiro antes de tocar tierra y convertirse en hoja seca, abono, paisaje. Supe después que recogía las amarillas que mantenían su aspecto impecable, como recién pintadas en el árbol y les ponía siempre el mismo nombre. Me enteré por una que tenía el nombre escrito con plumón azul sobre la cubierta. Es un secreto entre papá y yo. No diré el nombre. No era de ninguna de nosotras de la casa. Después me fue más fácil asociar su mirada cuando seguía el vuelo único en su instante de una mariposa amarilla con manchas asalmonadas bajo sus alas de avioneta en miniatura. Bajaba y se confundía con las hojas de su mismo color. Todo el silencio de la mañana se reunía en la expresión de sus ojos. La mariposa iba y venía. No sé por qué me recuerda a las luciérnagas que entraban a la casa oscura cuando la tarde comenzaba a despedirse con sus guantes de colores que iban cambiándose a los grises y negros definitivamente de la noche.
La reunión de los reunidos, era la frase mágica de mi papá. Él dormía en un cuarto sólo, rodeado de libros y de sus palabras. Era escritor y escribía suspendido por su solitario abecedario que ficcionaba en su propia realidad, porque sus escritos siempre me dieron la impresión, que eran tan reales como sus sueños. Los polos opuestos no se juntan. Le escuché decir, cuando entraba a su cuarto, que había convertido en su Aleph. Las orillas guardan sus distancias indefinidamente y la separación entre ambas, es el río que necesitamos para cruzar al otro lado, solía repetir. Yo intentaba encontrar algún sentido a las palabras y las cosas. El sentido está, uno lo descubre después, en que no tiene sentido preocuparse por encontrarlo. Mi papá nunca tuvo hijos favoritos, pero le guiñaba más el ojo mi hermana. Mi hermana tres años después que mi hermano mayor y 15 meses antes que yo. Mi hermano nació con atraso de fecha y mi hermana un día in-esperado. En un tercio de tres, yo, la última. 33.33333, esa era yo. Una familia se puede dividir en muchas partes, en ninguna, y en infinitas cada día. Alguien parte, alguien queda, alguien vuelve, alguien sigue su propio camino. Es un castillo de arena movediza y en el aire. Todo desde arriba pareciera estar mejor. No sé. Al menos da la impresión que los problemas se vuelan. En las alturas no todo tiene base para sostenerse. Pero suspenderse así mismo, es aún más difícil. El aire es casi todo el espacio posible, invisible, intangible, inamovible y aún más inclasificable, pero indispensable. Así las personas quedan instaladas en la memoria. Entran en un hueco blando algodonado y se estacionan. Yo sentía un ligero aleteo de alas y me imaginaba la ciudad vacía, desierta, pero no ausente. La ciudad en domingo es un bostezo. Un tigre dormido sobre un árbol que sólo él conoce o un cocodrilo atravesando su propio destino. Panamá camina al borde de la selva para ver correr el río y sentir las hojas bajo sus pies crujir como en otoño. El río estaba menos contaminado detrás de nuestra casa, que frente a la cervecería, poco más de dos kilómetros hacia el centro de la ciudad. Los desechos químicos lo está matando, se le siente toser, decía mi papá, y sus aguas viajan tuberculosas. Papá relacionaba sus días con el río. Escribió muchas cosas, poemas, sobre todo, porque el río recorría su tiempo y memoria, como un animal dulce, vivo, silencioso. El tiempo allí parecía no transcurrir. Todo pasaba, menos el tiempo. Un domingo de sol, sin lluvia, las paredes de un cuarto. La ventana, el cielorraso, yo, la TV, un libro, mis palabras, la casa, floto, floto, y espero el lunes. Sólo me separa la noche de la puerta de mi cuarto de la ciudad. La luna se acostará al finalizar la madrugada. Las estrellas se van apagando cuando pongo la cabeza sobre la almohada. Hay noches en que he encontrado a papá totalmente a oscuras siguiendo los trazos iluminados de una luciérnaga que gira en círculos. Le imagino, si cierro los ojos, como una pequeña hada con su batería fosforescente viajando por la noche. -Enciende la luz, me dice papá, y la magia desaparece con el bombillo eléctrico. Y el abanico que lleva el aire tibio entre sus aspas bajo el cielo raso. Cae el telón, digo. Los días de a uno y suman menos. Es una filosofía popular, de a uno, parecen ninguno. El tiempo de la adolescencia es largo, fastidioso, poco divertido. Un tiempo para sufrir y volver a equivocarse. Se arma y desarma el tiempo, y vuelve armar, y no sabemos que ocurrió. Noche, digo, donde las sombras son la otra oscuridad que nos acompaña doblemente. Los diluvios dominicales, sin Noé, competían con el arca de la soledad, días indescifrables, horas de silencio ganadas al aburrimiento. Yo me contaba historias, donde las ovejas se le perdían al pastor. Al final de la historia, una oveja siempre me sacaba la lengua. Pasaba como frente a una cámara, pero no desenfocada y lo que mejor recordaba, era su sonrisa de aquí estoy. Las personas también se pierden. No hay tantas cámaras para recuperar sus gestos. A mí me gustaba competir con los sueños y la realidad. La realidad con mucha frecuencia se pone del lado de la ficción. O ignora que todo lo repetido se hace inexacto.

Nunca entendí bien que era hija de inmigrantes. Tal vez porque me sentía feliz. La felicidad no debiera hacer olvidar el origen de uno y de las cosas que recibe y pierde en la vida. La gente cuenta, dicen los políticos y después la olvidan, porque tal vez ya no conozcan de números fríos frente a los votos. La mala memoria es casi una virtud. Una cortina de agua terminaba borrándome los días en los días sin fin.
Papá miraba el tiempo como un calendario roto sin fondo. Días paralelos. Parecían turnarse, se bajaban del calendario, descansaban un rato y allí estaba otra vez a la noche sentados en sus sillas. Papá miraba el tiempo de otra manera, la gente, el país y los días caían estrujados por sudores de sueños frustrados. Escribía no sé cuantas cosas. Sus cuadernos, libretas, bitácoras, libros, formaban columnas sobre su cama y la luz de su lámpara era lo único visible, cuando no había luna llena. El ruido de las cigarras sostenido uniforme significaba otra monotonía dentro del paisaje. Las lluvias hacían crecer aún más la uniformidad del paisaje y el río crecía con los sentidos. Papá caminaba por el parque a un costado de la casa y yo le veía contar en secreto las estrellas, como si confiara en alguna de ellas. Me gustaban más sus caminatas en las mañanas con el sol brillando a intervalos. El rocío sobre la hierba y las flores en miniatura como alfombras subterráneas, convertían el parque rodeado por la selva, en un paisaje secreto bajo los pies para ser descubierto cuando alguien caminaba sobre el pasto desordenado.

Un día hice el mismo recorrido que papá, cuando los empleados del municipio cortaban el pasto con sus máquinas eléctricas con ese hilo nylon que rebana la hierba y deja ese olor a pasto, grama le llaman aquí, que inunda lentamente los sentidos. Para que ir a respirar los carburadores, pienso. O subir en un ascensor hacia un cielo indefinido y quedar con la ciudad a los pies. Me detuve al centro del parque para ver la distancia, la imagen de la casa blanca detrás de los pinos, que la flanquean a lo largo de sus 32 metros. Dos paisajes claramente definidos cuando uno camina por el parque. La selva circundante y el pasto que crece en desorden, inundado de hojas que se acumulan, pequeños restos de troncos ligeros de árboles que se desprenden, la hojarasca del trópico. Las zapatillas tocan la tierra en esta atmósfera cálida, de cielo despejado, inmóvil en el azul, papá con su short rojo y azul, deja que el sol cubra su torso desnudo y no sé, me imagino la ciudad a esta hora. acelerada, frenética, neurótica, esquizo, violeta, despachada en la gasolina y la vibración de los motores. El mar y la selva la salvan, decía siempre papá. Le arrancan y absorben parte de las toxinas, los tumores de malas vibraciones que carga el estrés colectivo y ese ácido mortal que el cuerpo asimila y va degustando día a día hasta morirse. Lo veía a veces detenerse y recoger algo. Se llevaba la mano a la nariz con lo que arrancaba a la tierra y seguía caminado. Hay caminos en que uno se encuentra pequeñas flores, decía y en otro, grandes obstáculos. Frente a las pequeñas flores me detengo y las recojo. Les expreso mi alegría de verlas. Los caminos con obstáculos son los más perseverantes. No los ignores. Aprende a enfrentarlos como si después no existieran y se borraran o cayeran por su propio peso al depósito del olvido. Te aseguras primero de su tamaño y peso. De acuerdo con sus características, espesor, profundidad, volumen, vas desmontando el problema hasta lanzar la última hebra de su madeja para que no vuelva a rehacerse. Yo sé que no es una solución perfecta, pero ayuda a entender que no hay problema sin solución y si no la tiene en ese momento, que se joda. Debajo de sus zapatillas encontraba en las mañanas los colores vivos de la belleza en miniatura, las pequeñas flores amarillas, violetas, blancas unidas a pétalos y filamentos con sus frágiles coronas blancas de silencio. Navegaban a ras de tierra en silencio, el más completo y feliz anonimato. Sobre su escritorio dejaba el esplendor de esa inocencia, la rutina de sus sueños. Papá subía una pequeña loma y descendía, caminaba por los rastrojos húmedos que el bosque desechaba y subía una escalera, que después comprobé tenía 11 escalones y volvía a descender. Atravesaba los columpios, los juegos del parque, una luz que en verano es reconocible, aunque el trópico es transparencia aún cuando llueve tan intensamente frente al bosque, porque al poco tiempo vuelve un sentimiento de lo que fue. Se rehace el paisaje en el transcurso del tiempo, en el paso de su propia fragilidad. Papá seguía siendo el inconfundible río. La reunión de los reunidos, solía decir, convocar cada cierto tiempo, en un brumoso silencio de obispo. El día se iniciaba a veces como un puño silencioso. La garganta atravesada por su sapo. Es un lugar interesante, decía papá, la gente es común y corriente. Uno sobra en un paisaje exuberante, decía con una sonrisa que me olía a ironía, conociéndole. En octubre y noviembre, el tiempo pasaba inundado de lluvias y es cuando comencé a escribir estos recuerdos. El agua atravesaba las paredes del alma. Los ríos de la ciudad se llenaban de más agua y ruidos, el caudal de la temporada. Nadie atraviesa el tiempo, con más seguridad que el tiempo, dijo papá, como si la frase no tuviera importancia y a mí me pesa como una plancha de acero todavía. La gente se debatía en sus oficios, la diversión en todas las escalas del juego y el azar. La ciudad no era diferente a esa imagen, sino así misma. Gente caminando en un sueño, baúles, ventanas, puertas , espejos, agua, mucha agua, casas de madera podrida, gases, aceites, lodo grandes rascacielos y esa mala suerte que a veces se pega como un viejo chicle. Papá era un sobreviviente de una mala fecha. A veces caminaba de espaldas para ver el futuro. Es una cábala, decía. Lanza una moneda Gabriela y deja que se pierda en su circunferencia, en el vuelo de su otra mitad, y si en verdad sabes que eres su dueña, caerá en tus manos o volverá a aparecer en algún otro lugar. Cada vez que me acuerdo de su frase, lanzo una moneda y no sé cuantas he perdido. Sólo lo hago para recordarlo, ya saben.
Rolando Gabrielli©2006


Un paso estrecho, el eco en un caracol

Ciudad de Panamá

CIUDAD DE PANAMÁ

La ciudad crece en la palma de mi mano,
mapa de mis pasos, no me explico
si me pertenecen, si volverá otro verano,
y alguien frente a sus cristales ordenará el día,
el mantel blanco que el mar ondula,
la noche es mi mesa y el bar de rojas amapolas,
las copas que alza y alguien quiebra,
detrás del muro el silencio lo que viene.
La ciudad es extranjera,
a mis pasos, los que ella no cuenta
y yo ignoro porque no me pertenecen.
Rolando Gabrielli©2006

jueves, febrero 09, 2006

Poemas



Cinco poemas de Rolando Gabrielli©2006

POEMAS/POEMAS/POEMAS/POEMAS/POEMAS

TIEMPOS
El presente
es siempre presente,
ignora el pasado
y el futuro,
lo desconoce.
El hoy,
es la medida
tangible
de su tiempo.

LA PARED
La pared nunca
será puerta,
a no ser
que alguien
la derribe
.

UTOPÍA
La hiena
es mi Utopía,
debo reír
como ella,
para complacerla.


ÍDOLO OSCURO
Veleta es tu corazón,
se evapora
bajo tus pies, nada.
Yo me voy, sombra,
de boca profunda.
Soy tu ídolo oscuro,
respiro por la herida.


EPITAFIO
No mereces
ni un epigrama,
que Cardenal

escriba tu Epitafio.



miércoles, febrero 08, 2006

¿EL ULTIMO MENSAJE DEL PARAÍSO?
















¿EL ULTIMO MENSAJE DEL PARAÍSO?

Oh, Paraíso,
qué perdidos estamos,
¿si nos fuimos o nos echaron?
Una pregunta sin sentido.
Qué serpiente este mundo,
¿quién aprende por víbora ajena?
¿manzana o cascabel?
Todo lo destruido corre
por nuestra cuenta..
(R.G.)


En el país del tsunami, donde se borró la mano de Dios, todo es posible. Hasta encontrar el Edén o Paraíso, tantas veces perdido, olvidado y destruido. Un grupo de científicos norteamericanos, indonesios y australianos, han descubierto nuevas especies de animales, aves e insectos, en un lugar donde el hombre no había dejado huella. Es una ínfima pieza del gran mosaico planetario y aún así asombra al hombre, un depredador nato, el ser más fantasioso al mismo tiempo, de la tierra. La piedra en el camino que estorba a la que está al lado o la hace rodar hacia el despeñadero. Sé de qué hablan y por qué se asombran aún. Vivo al lado de la selva en plena ciudad, una urbe que quiere competir con el cielo, porque Manhattan ya existe.
Panamá en sus 75 mil kilómetros cuadrados, tiene más flora y fauna que Estados Unidos y Canadá juntos. Cada mañana me revolotean las mariposas amarillas de Aracataca de Gabriel García Márquez y en invierno veo llover a Isabel en Macondo. En un día se reunieron más aves en Panamá que en cualquier sitio del mundo.
Lo afortunado de este hallazgo, además de las maravillosas especies únicas encontradas, es que no se detectaron hallazgos de civilización humana. Sucede en tiempos en que las especies de animales y plantas se pierden por segundos en la tierra. Un hongo que ya ha atacado especies de batracios en Costa Rica, eliminándolas, se extiende por Panamá, poniendo en riesgo la encantadora, hermosa Rana Dorada, símbolo de la nacionalidad istmeña. Las ranas se resisten a morir, siguen respirando, como sapos, en fin, aunque algunas sean tan apreciadas para la cocina por sus ancas. Cuando llegué a Panamá, ya hace algún tiempo en el tiempo, me instalé en un barro residencial por casi una década, aún virgen, en pleno corazón de la húmeda, bullente, pequeña, colorida, marítima ciudad. Cada noche al ingresar al edificio, al abrir el portero eléctrico, me encontraba con un gran sapo o rana, saltando o destripado. El país de las ranas, me dije, y efectivamente así es. Existen de muchos colores y son muy codiciadas por los turistas.
En la montaña de Papua, al norte de Indonesia, los científicos conservacionistas (Conservación Internacional), hallaron una rana de menos de 14 milímetros, y tal vez la que algún día se convertirá en príncipe o princesa. La naturaleza son unos miles de millones de centímetros cuadrados, no infinitos. A ellos debemos restar todo lo construido por el hombre, sepultado, destruido, volado, dinamitado, herido de muerte. ¿Si el hombre no se conserva así mismo, podrá hacerlo con las demás especies?
Los medios internacionales han destacado las nuevas especies con júbilo, aves del paraíso, puerco espines y el canguro arbóreo, que es una de las estrellas de este hallazgo. Los botánicos del mundo están de fiesta, han surgido nuevas variedades de palmas, mariposas, plantas, aun por clasificar. Un regalo de la naturaleza en tiempos en que la tierra se queja por todas partes y ha comenzado a estallar como en Indonesia o la isla Sandwuich de Argentina.
Uno de los jefes del equipo, Bruce Beehler, reveló que descubrieron un pájaro que se alimenta de miel con una mancha naranja en la cara y lo más asombroso, ha sido la docilidad de las aves y animales frente a la presencia humana. ¿Una lección de comportamiento y confianza en su propio hábitat.? No ha sido un viaje a Marte o Júpiter, sino aquí, ante nuestras narices, en la tierra.
Rolando Gabrielli©2006

martes, febrero 07, 2006

Troya

CIEN DIAS DE BLOG







¿Sabías?

un Amor,
un Camino...



Rolando Gabrielli©2006

LOS PIES DE DIOS

Este inmenso Dios,
me empequeñece,
pienso sin pensar.

Digo, después,
si fue construido
con mis manos
y mi imaginación.
Dios existe
más allá
de estas palabras.

Rolando Gabrielli©2006

ES ELLA



















Es Ella,
de rodillas
Santa
entregada
a su promesa
.
Rolando Gabrielli©2006

Es Ella




Es Ella,
haciendo el camino.
Rolando Gabrielli©2006

lunes, febrero 06, 2006

Las Arpilleras de Violeta Parra

Violeta Parra, es nuestra Frida Kalho, ambas sufrientes en el arte de la vida, grandes en sus expresiones vivas, auténticas, valientes para su época y todos los tiempos. Violeta, chilena raizal, chilensis, y Frida, mexicana de toda la mexicanidad de México. Poco se dice de Violeta más allá de su canto, y se relega su condición de artista más integral, diversa, completa. Las arpilleras absolutamente originales, (el lado Naif de Violeta), nacieron un día en medio de la enfermedad. Comenzó a bordar un nuevo hilo en su vida, donde el dolor no tiene comienzo ni fin, y también la felicidad que ella buscó con desesperación y vivió. Las arpilleras surgieron sobre rústicas telas, confeccionadas con lana e hilo y mucho colorido, el amor de sus entrañas. Las vivencias de su vida. Gracias a la Vida naciste en Chile Violeta, país de humo y sueños, largo sangrante copihue. Nos diste tanto y aún más te pedimos clavados en tus sueños, la voz de tu camino, cántanos Violeta, cántanos a la vida, vieja amiga de cántaros nocturnos, greda insigne de mi patria. Oh, Violeta, estas viva esta mañana y siempre en la guitarra que alguien pulsa, cuerda invicta de todos nuestros silencios. Es el verano de tu despedida, pero yo sé que no te has ido. Cómo podría volar un pájaro, sino fuera para seguir volando... Siempre vuelves a los 17...
Rolando Gabrielli

GRACIAS A LA VIDA, SIGUES NACIENDO EN TU CANTO



VIOLETA SIGUE NACIENDO HERMANA
Rolando Gabrielli
Dónde, dónde naciste hija del maqui /alfarera de Chillán, cantora de la lengua popular /San Fabián, San Fabián, sí, de Alico,/lo dice Nicanor y todo el familión/Naciste en el corazón de Chile,/ Violeta Parra aunque digan San Carlos, Roble 531/,San Fabián de Alico en ruinas./Es mejor cantar que llorar/San Carlos o San Fabián/Chile es chico para tu guitarra/Violeta, Violeta sigue naciendo hermana.
CHILE entero quedó mudo cuando Violeta Parra se suicidó un verano de 1967.
El canto se fue ese fatídico 5 de febrero de la mano del viento y el humo, en la carpa de Violeta Parra. En La Reina, su carpa quedó viuda de su canto.
Yo recuerdo ese día, porque sentí quebrarse las guitarras y rodar los cántaros de su voz y música.
Violeta nos dejó en silencio y hasta el vino lloró ese día.
Nos dejó tanto y se fue con nada. Así era Violeta, sencilla, mujer de pueblo, alma genuina.
Recobró para Chile y América latina, el folclore disperso, diseminado por los campos del sur y de la geografía. Recopiló alrededor de tres mil canciones populares de Chile y logró el reconocimiento del folclore como arte.
Fue artesana de la greda, cerámica, pintora y tejió sus famosas arpilleras que la llevaron al Museo de Louvre.
Pero fue su canto la que la hizo popular en América Latina. El mensaje de sus canciones y su voz inculta, eminentemente de pueblo, su espíritu popular, lleno de alma, sentimiento, cautivadoramente humano.
Gracias a la vida es un himno en América latina, el profundo sello de Violeta Parra. Es la canción emblemática del siglo XX chileno.
Volver a los 17, Maldigo del alto cielo, 21 son los dolores, son tres de sus canciones más emblemáticas y que a menudo se escuchan en las más diversas latitudes.
Violeta fue una artista sin institución, ni padrinos, un producto genuino del pueblo, no para el consumismo, sino para la vida, la poesía, el amor.
Su voz fue mucho más que el lamento desgarrado de Chile, que la queja o contestación, la denuncia, el testimonio, la ausencia o la presencia de su tiempo, y yo la siento que no ha partido.
Viola, Violeta, esta mañana/ eres mi canto mudo/ la aurora de mi viento lejano/ la voz que siento tuya, señora del Sur./ Que nadie te borre en ausencia/ tu amada presencia/ Violeta de los mil amores/ Huella que la huella deja/ tu palabra nadie la aleja/ es cántaro que cantas/ y no terminas de cantar/ cantora sin igual./ Viola, Violeta hasta la muerte/ canta tu canto, hermana del dolor/ guijarro, sueño, pasión./ Ay Viola Violeta, Violeta corazón/ esta mañana eres mi canto mudo/ la aurora de mi viento lejano,/ Violeta de los mil amores. (R. Gabrielli)

Historia de Amor


HISTORIA DE AMOR

Dos son uno,
la misma voz,
un solo sueño,
dos cuerpos
que respiran
en un solo
cuerpo.

Rolando Gabrielli©2006

domingo, febrero 05, 2006

CRISTO YACENTE ABRIO LOS OJOS




CRISTO YACENTE ABRIO LOS OJOS


Dos imágenes impactantes y definitivas del Che. La fotografía de la izquierda fue tomada después de la que yace en camilla con los ojos cerrados y su rostro de Cristo, que dio la vuelta del mundo. El rostro de la izquierda tiene los ojos abiertos, porque el viento se los abrió, en el trayecto que hizo su cadáver en el helicóptero entre La Higuera y Valle Grande. Con serenidad en el rostro y convencimiento en sus ideas, recibió el Che una ráfaga de ametralladora, que le quitó la vida. Dispare, abría dicho, va a matar a un hombre. Nunca sobraron más las palabras, con semejante gesto.
Los lectores de este blog, agradecen a Clarin de Buenos Aires por presentar este testimonio gráfico inédito que permite armar los inistantes finales del Dr. Ernesto Guevara de la Serna. El Che nació en Rosario, Argentina, el 14 de junio de 1928. Sus restos fueron encontrados en 1997, treinta años después de su asesinato.
Rolando Gabrielli©2006

CHE, INSTANTES FINALES




















CHE, INSTANTES FINALES

Los ingleses, que llegaron a tener un imperio, sostienen que el Che Guevara, es el más grande icono latinoamericano de todos los tiempos. Cualquiera sea la imagen que tengamos del médico guerrillero argentino y opinión acerca de sus luchas, su coraje ha trascendido los límites de la historia y de las palabras.
Esta es una de sus fotos, cuando fue capturado en la selva boliviana en 1967 y trasladado a la escuelita de La Higuera, donde fue asesinado. Es tal vez su última mirada en vida y tiene sus manos atadas. Es una foto de un extraordinario valor historiográfico, como señala el diario Clarin de Argentina, quien la publica junto a otra serie de imágenes desconocidas sobre los instantes finales del Che.
Este testimonio y otros gráficos, que a continuación presentaremos, se deben al piloto, mayor Niño de Guzman, quien las tomó, durante un viaje en el helicópero que se dirigía desde Vallegrande hacia La Higuera, para transportar muertos y heridos en la batalla del Churo, según cuenta el escritor argentino Pacho O´Donell.
Hoy el Che es héroe, leyenda, mito y su imagen recorre el mundo.
Rolando Gabrielli©2005

GOOGLE, buscando la aguja en el pajar

GOOGLE, BUSCANDO LA AGUJA EN EL PAJAR

Internet se convirtió al poco tiempo de ser creada, en una Babel perdida en el ciberespacio. Una maquinaria loca, con millones de cabezas, entradas y salidas y todas las manos posibles tecleando y enviando información al mismo tiempo. Sólo un web master contratado por Dios, podría poner algún orden a este gigante reproductor, almacenador y difusor de los sentimientos de mil millones de personas en el mundo y de sus transacciones amorosas, comerciales y de todos los mensajes que circulen por la Red de redes.
El desorden duró hasta hace poco más de una década y no sabíamos que contenía Internet en sus bodegas metafísicas. Después del Big Bang de la explosión informativa no vino la calma, sino el caos organizado en la nada, porque Internet continuaba respirando, oxigenándose, creciendo vertiginosamente como un gigante lleno de palabras que se alimentaba de palabras y viajaba por el mundo con todas las palabras que se subían y difundían por su telaraña digital. Fluía como un gran río sin preocupación. La información ahí estaba, para circular y ser consultada. Esto último era una aguja en el pajar que un ciego buscaba afanosa y ciegamente.
Larry Page, norteamericano, y Sergey Brin, ruso, se reunieron en 1995, en un dormitorio de la Universidad de Stanford, Estados Unidos, y decidieron ver como ordenaban la red mediante un buscador que permitiera encontrar la información requerida y solicitada. Así nació Google Inc., que se transformaría hasta hoy en el mayor sitio de búsqueda de Internet. No se detuvo y en los últimos tres años, compró y sumó a su patrimonio, Pyra Labs, propietaria de Blogger, el mayor proveedor de blogs del mundo; Picasa, líder en álbumes fotográficos en línea y Keyhole, proveedor de mapas satelitales.
Google, que cuenta con casi 6 mil empleados, ha seguido creciendo, expandiéndose hacia otras áreas de la comunicación. La reciente compra de la firma radial Marc Broadcasting, puede representar su ingreso en el mercado de la radio satelital. Es un hecho que la empresa obtiene importantes ingresos publicitarios y así lo demuestra la fabulosa cifra de 12 mil millones de dólares, estimada este año para el rubro de buscadores de Internet. Y esta mágica empresa global continúa revolucionado con sus tecnologías avanzadas y apropiadas, como Google Transit , el tránsito vehicular de la ciudad. Sí, ahora será posible trazar la mejor ruta en una ciudad. Google Video, cambiará la forma de buscar contenidos multimedia con sólo un clic, mientras que Google Ride Finder, le ayudará a ubicar el taxi o limosina más próximo.
Google, cuyos fundadores cuentan con un capital de 16 mil millones de dólares, rastrea unos 8 mil millones de informaciones. Cifra nada despreciable dentro de la babel de Internet. Hay bastante basura en la Red, creo debemos señalarlo. No todo es información útil y mucho menos valiosa. Es imposible discriminar todo lo circula con frenesí cada segundo y aún más difícil pensar que las personas que utilizan la red son doctas, sabias, inteligentes y creativas. Pero es una información que se desconocía en gran medida antes que se creara Internet. Día a Día, segundo a segundo, se documenta y hace historia en Internet.
Algunos se preguntarán cuál es el origen este nombre que cuando lo pronunciamos en castellano, pareciera que hablamos alemán. Proviene del término matemático Google, que designa un 1 seguido por 100 ceros. Cuenta con oficinas en Canadá, Reino Unido, Alemania, Holanda, Dinamarca, Italia, Francia, España, Japón, Australia, India, Suecia y Suiza. La sede principal de Google, está ubicada en Mountain View, California (E.U.)
Google es un buscador mágico de muchos servicios para facilitar y hacer más grata la vida de una persona en la ciudad del siglo XXI, y que tenga Internet. Tiendas en línea (Froogle), películas, (Google Video Store) venta de vehículos, (Base) respuestas técnicas (Google Answers), noticias (News) y la información dentro del disco duro(Desktop) que uno suele perder con mucha facilidad. Hay más servicios en la caja de Pandora Google, y seguramente seguirán inventando otros. El correo gratuito más espacioso de Internet lo posee Google: Gmail, con capacidad de 2 Gigabytes. Maps, es uno de sus más impactantes aciertos y servicios, de reciente aparición y que muestra mapas satelitales con gran nivel de detalle. La mensajería instantánea es a través de Talk y los nuevos amigos on line los puede encontrar en Orkut. El blog y la publicación de sus trabajos, fotografías, las puede realizar a través de Blogger. Catalogs, para solicitar las comidas en línea. Rolando Gabrielli©2006