La pequeña Gioconda,
la exultante Monalisa,
enigmática señora,
sonríe a placer
a la posteridad
y el mundo cruje,
traga clavos,
como una nuez abierta
por un taladro.
Amanecerá
y qué veremos.
La noche cae,
no hay certeza,
tal vez,
de nada,
se avecina la oscuridad.
Rolando Gabrielli2026
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