el fuego quema a
la madera,
solo el viento libera
lo que ya no queda
y es imposible de superar.
Ha subido la marea
en el plácido Mediterráneo,
ni una lágrima más
queda en el paisaje
y el mar no sabe
explicar en su orilla ni altamar.
Pasa un burro con
una carreta destartalada
que conduce un
fantasma de rostro desolado.
El camino y las
ruinas están empedrados
de cadáveres sin
nombre
que algún día
saldrán a caminar.
El burro ignora
quién es y por qué
está vivo de la
mano de su amo
que la muerte le
ha dado en gracia,
un último viaje,
quizás,
aferrado a las
riendas de un destino
efímero, incierto,
inesperado.
El mar pertenece
al silencio,
su oleaje es lo
único vivo que queda,
al parecer, en el
paisaje.
Rolando Gabrielli2026

1 comentario:
Un poema que abre infinitos temas ! Hermoso!.
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