jueves, agosto 27, 2020

Inocentes vuelan

Inocentes vuelan,
 desprevenidas,
 a la medida de sus alas
 y al viento que las mece.
Es un  viaje,  
 cuerpos frágiles
sobre la ciudad
que habitamos en silencio,
ausentes, confinados,
sin alas.
Rolando Gabrielli©2020

domingo, agosto 23, 2020

La musa solo asì

La musa
no se presenta
físicamente.
Su presencia,
es tàcita
y su ausencia,
la confirma.
Rolando Gabrielli©2020

viernes, agosto 21, 2020

Nube errante

Nube errante,
somos
al pasar,
cielo arriba,
ascendiendo vamos,
pàjaros en bandadas,
àngeles no vemos
y todo el horizonte
ante nosotros.
¿Què podrían decir
las palabras?
Rolando Gabrielli©2020

martes, agosto 18, 2020

En el centenario de Bradbury

Solo pienso esta noche,
cuando las estrellas brillaban
para nosotros en el patio de la infancia,
contándolas sorpresivamente  un verano,
solo como ahora  bajo un cielo oscuro,
digo, si cruzara la noche un cometa,
ese sería el sorprendente Ray Bradbury,
cazador fantasioso de nuevos mundos,
 infatigable  soñador  del espacio infinito,
guiándonos en uno de sus  viajes.
Rolando Gabrielli©2020

sábado, agosto 15, 2020

Solo el silencio


Solo el silencio
conoce  mi monòlogo
y lo repite de memoria.
Estàs sola como yo,
en casa del silencio
y su obra maestra
somos nosotros,
convertidos en señal
a la distancia.
El màs mínimo gesto o pausa,
es una luz asombrosa.
Las palabras son a veces,
la voz interior,
que el silencio repite,
como si quisiera hablarnos.
Rolando Gabrielli©2020

jueves, agosto 06, 2020

La puerta abierta


Todos tenemos una mujer imaginaria,
alguien que existe y no està,
estuvo, està por venir y se fue
La luna es lo real en estos tiempos,
la poesía no debiera confundirse,
lo natural  ha pasado a ser sobrenatural
el mundo es nuestro mayor desconocido,
la mujer, un enigma que no deja de ser real,
pero enigma al fin y al cabo
en toda la extensión del cuerpo y la palabra
Si hablamos de amor, el enigma se agranda,
puede llegar a reducirse a nada,
simplemente desaparecer una madrugada,
si dejamos la puerta abierta.
Rolando Gabrielli©2020

domingo, agosto 02, 2020

Hacia dònde vamos

Hacia dònde vamos,
preguntò la paloma
a sus alas
y no hubo màs
Norte ni Sur,
solo espacio para el viento
y sus alas.
Rolando Gabrielli©2020

viernes, julio 31, 2020

Quedando solo

Y se fue quedando solo,
juntando las piedras
de un camino inexistente,
por andar si tuviera un destino.
Viajar en la luz de las palabras,
en sus silabas y sonidos,
cabalgar con sus sombras
ligeras, anónimas,
fue màs que un oficio,
la existencia, un compromiso.
Rolando Gabrielli©2020

domingo, julio 26, 2020

Eres la ùnica mujer

 


Eres la única mujer del pueblo
que te paseas con un poema,
escrito  para ti,
mientras dibujo de memoria
tu retrato y unos ojos
que no me  quitan la vista
 y solo pienso
en que pudieran estar
vièndome ahora,
y yo, viéndolos.
Rolando Gabrielli©2020

 
 


 

jueves, julio 23, 2020

Pude haber escrito

Pude haber escrito
ese poema y tú ser
la protagonista,
el àngel que inmortaliza
estas palabras
en una antología,
un milagro de la belleza
y el lenguaje.
La poesía es un enigma
y el azar no la puede explicar.
Damos vuelta,
con la razón y los cinco sentidos,
apenas.
Permanecemos, inevitablemente,
en un mismo planeta.
Rolando Gabrielli©2020

domingo, julio 19, 2020

Asì la realidad

Hay que estar loco, para estar loco
y aùn asi la realidad no improvisa
sus aciertos y desaciertos,
que en nosotros,
 se asemejan asì mismos,
sin  dejar de ser lo que son.
No juegas con las palabras, ni improvisas
con cada acto y si bien las màscaras
son un viejo recurso ancestral,
trucos que en ocasiones ocultan
rostros verdaderos como si lo fueran,
llegan a ser su propia representación.
Somos el teatro de una historia aterradora,
que a la luz de un dìa cualquiera asomò
en un mundo que ya nos parece real.
Rolando Gabrielli©2020

domingo, julio 12, 2020

Què siglo


Què siglo nos ha tocado vivir
o mal morir a estas alturas,
en una  esquina se anuncia,
clama a los cielos, se espera,
y lo inesperado  podría estar
por llegar y no sabemos
si todo comienzo tiene
necesariamente un fin.
Rolando Gabrielli©2020

sábado, julio 11, 2020

La mariposa nocturna

La mariposa nocturna
es fiel a la oscuridad
y si a la luz asomaran
sus alas, ciega sería
la eternidad,
si no las dejara volar.
Nada es absoluto
y  todo tiene un final,
probablemente.
Rolando Gabrielli©2020

martes, julio 07, 2020

Quièn dirà

¿Quièn dirà
la última palabra,
si en un principio
fue el Verbo?
Solo pregunto,
solo pregunto.
Rolando Gabrielli©2020

lunes, julio 06, 2020

Tiempos difìciles

No fue fàcil, no ha sido fácil,
algún dìa cantaremos en las mañanas,
días  circulares, perturbadores,
el sol  tiende la mano y la locura
trabaja en sus horas  extras.
Me gusta repetirme al oído para despertarme
que esto es una  pesadilla y pasarà,  
tiempo agrio, mal momento.
Nos debemos una explicación a nosotros mismos,
al reflexionar  en soledad estos días,
mirarnos una y otra vez las manos vacìas,
nos preguntamos una  vez màs,
de què nos sirviò tener tantos pares de zapatos
para andar solo con dos pies,
calcetines,  corbatas para un solo cuello,
guantes para no infectarnos,
si dejábamos pasar las palabras,
nos veìamos al espejo  y a nadie màs
que nosotros mismos distantes,
alejados de la naturaleza y las cosas simples,
que nadie debiera olvidar jamàs.
No me pidas que te repita el sueño,
los he tenido mejores  y volveremos a ver
la luz infinita a la salida del túnel,
es una promesa, una nueva oportunidad.
Rolando Gabrielli©2020

viernes, julio 03, 2020

Distraìdo estoy


Distraído estoy en mi nido,
viendo las nubes pasar.
No hay silencio màs profundo
que comenzar a volar.
Rolando Gabrielli©2020

jueves, julio 02, 2020

Efraìn Barquero, palabras pendientes


El poeta Efraín Barquero era uno de los  secretos  más importantes de la poesía chilena, silencioso, humilde, sencillo, profundo, auténtico, como una vasija de greda. En medio de la soledad, aislamiento, incertidumbre que produce el avance mortal del coronavirus en el mundo y en especial del continente americano, me entero de la triste noticia de su fallecimiento en Santiago de Chile. En mi último viaje a Chile, después de más de tres décadas, a una de las personas que busqué infructuosamente  fue a Efraín. Como todas mis búsquedas, fue una inútil incursión kafkiana por una ciudad donde nací y que desconozco, pero sobretodo a sus habitantes. Qué país tan extranjero, me dije una y otra vez, recorriendo sus calles, atravesando sus puentes, volviendo a algunos barrios, la Universidad, preguntando por esto y aquello, hasta identificarme con  los emblemáticos cerros  enclavados en su corazón, algunas estatuas absolutamente cordiales, siempre con el mismo humor y mirada sincera. Caminé por providencia, pregunté en la Sociedad de Escritores de Chile, donde pasamos un tiempo  fantástico con Barquero, Teillier, Deslano, el Chico Molina, Rolando Cárdenas y algún otro parroquiano en aquellas noches brillantes de poesía, en tiempos de carpediem. Por ese entonces, mediados de los sesenta, yo vivía en casa del poeta Waldo Rojas y en su inmensa, privilegiada, selecta biblioteca conocí los primeros libros de Barquero, La compañera, Los vientos del reino, que el propio Waldo elogió. Las noches y lecturas continuaron, se sumaba una eufórica  colorina, magnífica poeta, vinculada a Parra y a Jodorosky en su juventud, Estela  Díaz Barín.  Con Barquero  teníamos química, quería que me fuera a su casa en Lo Gallardo a escribir poesía, allá vivía con su compañera, que nunca conocí más que en el célebre poema. El poeta la tomó de rostros pobres, no sabe su nombre, le basta que sea joven laboriosa, sana, bella y como los árboles teje ella misma sus vestidos.
Si he de tener contigo un hijo/que éste llegue/cuando nuestra casa sea toda la tierra. Son versos de su libro La compañera, cuanta vigencia más de  setenta años después y cuanta contemporaneidad  para estos días de incertidumbre, de una tierra tan agredida, de inseguridad y de un futuro que no pareciera interesarse por lo que hace el hombre en y con el planeta. Libre albedrío, el más libre, a la estupidez, banalidad del mal, distòpica en el literal sentido de la palabra. Barquero, de origen campesino, como dice Neruda en el prólogo de su  primer libro La piedra del pueblo, 1954, trabajaba con las materias y elementos simples, cotidianos,  el reflejo de los días sobre  la mesa familiar donde compartía el pan y el vino, con esa naturalidad de lo esencial. Vivía como poeta, sentía la vida y la transformaba con sus palabras. Silencioso como los sueños o las huellas que dejan las aves cuando cruzan el amanecer en las montañas, en los caminos silenciosos del campo chileno. 
Integró la  excepcional Generación del 50, conformada por Miguel Arteche, Enrique Lihn, Jorge Teillier y Armando Uribe Arce, originales, esenciales, diversos, un capítulo extraordinario del silabario poético chileno del siglo XX y que concluye en la segunda década del siglo XXI con la reciente partida  de uno de sus prominentes miembros que cierra el círculo virtuoso. Una poesía honesta, podría llamarle en una espontánea reflexión frente a mi ordenador,  profundamente  transparente,  de arraigo  al Chile de adentro, el  cual siempre formó parte de sus raíces, aún en  el lejano oriente donde vivió y escribió  durante unos años, sin perder la chilenidad. No sufrió la transformación del veneciano Marco Polo que regresó de China, aún en harapos, con un aire mongol a los muelles venecianos, como relata la historia. Barquero, cuando lo conocí, vi una mirada  franca hacia la  verdad en búsqueda   ”del eterno presente”, como dijo más de alguna vez y él mismo se retrataba en su palabras. Lírico, lirico, lo que puedan decir los críticos, trabajaba con los materiales  sin artificio, humanizaba el lenguaje, la conversación cotidiana, la amistad y reflejaba la paz interior de su poesía. Hizo oídos sordos a la influencia de poderosos poetas, Neruda, Huidobro, Parra, y escuchó a su corazón y puso atención  a sus orígenes. Recuerdo  que en una antología que hizo Alfonso Calderón, en una entrevista escogió un poema de Gabriela Mistral, como su favorito,   Beber: Recuerdo gestos de criaturas /y son gestos de darme el agua. La Mistral bebe el agua del río Aconcagua, el poema describe la Mitla de México, pasa a Puerto Rico y regresa a su valle natal de sus niñeces con su madre y la infancia de esos recuerdos y primeras aguas. Barquero admiraba con admiración natural a la Mistral de tantas raíces, chilenizad y hondura patria.
En esa antología definió el acto de la creación como el único acto religioso que va quedando en el sentido religare, es decir, acercamiento entre los hombres. Volvemos a la vigencia y actualidad de esas palabras visionarias, con futuro. Fundar una nueva fe y esperanza, más allá del lenguaje, y no estaría de más, quizás, no solo se trata de palabras, sino de un pensamiento e ideas nuevas.
Barquero siempre se aproxima, hurga, en una experiencia vital, la tiene a la vista, en la memoria, vive el poema en una palabra silenciosa, más que íntima, comunica esa pertenencia al lugar y las cosas, comparte con el lector lo que en verdad comienza por conmoverle a él.   Su poesía hace un largo recorrido por su vida, escenarios, países,  su geografía íntima es la que una y otra vez retorna al centro de su poesía. Hubo tiempo y circunstancias para lo social, el amor, la metafísica, el exilio, pero siempre  retornaría al origen, a la memoria, a su ruta siempre inaplazable.
Estas palabras, escritas una noche en medio de la pandemia, esta peste que pareciera infinita con su diminuto protagonista, se las debía a Efraín, lo busqué afanosamente en Santiago, para agradecer su generosidad en un tiempo que no termina de parirse asimismo, por su  poesía, pasión  viva de la naturaleza de sus sentimientos, objeto de sus días, razón de un oficio que ejerció  con inusual amor.
Rolando Gabrielli©2020

domingo, junio 28, 2020

No se reciben visitas

No se reciben visitas,
ni vendedores,
ni predicadores,
parientes,
ni amigos,
la casa es un lugar sagrado,
un templo.
Al traspasar el umbral,
no olvides,
hazlo descalzo,
los tiempos cambian,
no olvides.
Rolando Gabrielli©2020

sábado, junio 27, 2020

A ti te escribo


A ti te escribo,
espejo ciego.
No me ves,
son palabras.
Las imágenes
gastaron tus ojos,
pasaron,
vanidosamente,
pasaron
Rolando Gabrielli©2020

miércoles, junio 24, 2020

Jorge Teillier

Ochenta y cinco soles,
para este invierno, Jorge.
Què  juventud tu poesía,
los años pasan por Lautaro,
sombras de tu árbol,
memoria de tu presencia
en este aniversario,
hermano.
Rolando Gabrielli©2020

domingo, junio 21, 2020

Sè valiente

Sè valiente,
le dice el padre,
afuera hay
un largo camino,
una montaña
por escalar,
un mar
para navegar,
millones de personas.
Recuerda,
buscan un mismo puente
para cruzar.
Rolando Gabrielli©2020

sábado, junio 20, 2020

La casa habita en ti


La casa habita en ti,
asombrosamente vacía,
canta sílabas oscuras de noche
y el sol baila  sus naves
al mediodía.
Los jardines sin ninguna simetría
son su mejor secreto.
La casa es silenciosa,
no habla de sí misma
una lluvia intensa
lava sus memorias,
historias de árboles
con profundas raíces,
muros blancos  silenciosos.
La casa escucha voces de niños
jugando en el parque vecino.
No hay nada que las paredes
 no hayan visto   y  oído.
Los días tienen sus vacas  flacas,
secuencias, formas inevitables
de ser en la nada,
se han repetido mellizos,
el sueño ha vuelto a la noche,
un enemigo invisible
llama a ocupar las trincheras.    
                                                Rolando  Gabrielli©2020                                                                                                                                                                                                                                          

jueves, junio 18, 2020

Eternos en verdad


Eternos en verdad, un tiempo infinito,
adolescentes  frescos irreverentes,
un sol rodando al amanecer,
otra jornada brillante, heroica,
techos sobre el acero del horizonte,
páginas  lùcidas, escritas verticalmente,
a puño y letra sobre las horas,
voces encabalgando el poema,
sin mirar atrás ni volver a mirar,
solo los rostros guiando las palabras.
La memoria del verano
nos protegía del invierno,
el humo de las chimeneas
oscuro por los roncos  techos  de zinc,
unas pocas hojas  podridas
en las plazas, en las calles,
bajo la suela solemne de los pasos.
Una aventura real se explica asimisma.
Rolando Gabrielli©2020

miércoles, junio 17, 2020

Canciòn del dìa

Los muertos suman, suman,
hombre no te puedes desentender,
los cuerpos traen su afán cada dìa,
el trigo siempre será pan,
inconfesable el bien sobre el mal.
Se ha abierto una enorme herida
en la tierra, nadie sabe como
vamos a terminar y un nuevo camino
echarà  a andar esta accidentada vida.
Me haces falta con tu risa lejana,
la esperanza de convertir el dìa
en algo siempre especial.
Cada cosa, dices, en su lugar,
la raíz del árbol crecerà
por los dos cuando ya no estemos,
para seguir cortando nuevos frutos,
bajando las puestas de sol
con un paraguas  de color
en alguna playa  donde dejamos
nuestras huellas al pasar.
Rolando Gabrielli©2020

lunes, junio 15, 2020

Me quedè dormido
en la puerta de la casa
esperando que el sol
despejara el dìa
y una lluvia intensa
borrò el presente
de aquel dìa,
como si no hubiera
existido màs  que
mi sueño.
Rolando Gabrielli©2020

domingo, junio 14, 2020

No es el lugar


No es el lugar, no es,
para què una canción,
si no es, asì es,
ha de suceder
que existe un sol
 màs alla del horizonte,
un bosque y la arena,
sobre el mar un cielo limpio,
nada màs, nada.
Sì hay un lugar,
la noche viene y el sol
vuelve a caer,
sobre la gran espalda
del mar y una aventura
de nuevas páginas
escritas  y por escribir.
No es el lugar, no lo es,
y  tal vez,  eso no sea,
de ninguna manera
lo  màs importante.
Rolando Gabrielli©2020