lunes, noviembre 28, 2005

FERLINGHETTI ESTÁ VIVO EN SAN FRANCISCO

Sobreviviente de la generación beat de Ginsberg, Kerouac, Burrouhgs

Rolando Gabrielli©

Qué horror, qué placer, Lawrence Ferlinghetti está vivo en San Francisco y Joaquín Vergara, periodista chileno, que llegó antes que el tranvía a la mítica ciudad, no sólo no lo conoce, sino hace oídos sordos a mi súplica que lo ubique para conversar algunas cosas sobre poesía, de su ciudad, Kerouac, Ginsberg, los beatnik, el mundo que es una margarita en un racimo de bombas subterráneas. La poesía se deshoja con una granada en la mano y en la otra no sabemos que verso se está cocinando. Ferlinghetti sabe que se está cocinando.

Al diablo me digo, qué saben los periodistas de poesía, y me pongo a buscar en mi vieja biblioteca alguna huella de Ferlinghetti y recuerdo que un marica de teatro, panameño, me robó Aullido (Howl) de Allen Ginsberg, otro santón carismático de San Francisco, el padre espiritual del Flower Power y del Hippismo. Aún siento los aullidos de ese libro perdido. No lo he vuelto a comprar, el griego vende a unos precios horrorosos, y hace creer que es un duende quien marca y remarca los nuevos valores que les asigna de noche a los poemarios para hundirnos en la oscuridad de la palabra escrita.

Ginsberg gimió el primer borrador de Aullido, vomitó sus versos, los expulsó de sus vísceras, en un recital, una noche mítica del 55 en la Galería Six, el día del reencantamiento del público y la poesía en San Francisco. "La mente es la belleza de la forma", decía Ginsberg. Un chillido rítmico supurante de la sociedad y sus comparsas, subterráneos sonidos, vociferantes formas, se instala en la cátedra de la desolación, un camino de presagios, lo que viene.

Ahí está Ezra Pound con su gusanillo atornillado a la garganta del poema, con sus cantos y ecos mayores, desde Lorca a Whitman, Blake, y más. Ginsberg, además de ser un gran poeta que marcó el rumbo a la poesía en Estados Unidos en el siglo XX, fue un luchador social incansable, un detonante silencioso, ruidos, solitario, de las grandes masas subterráneas, un espíritu generoso de época, alguien especial, abierto, desprendido, solidario, amigo de sus amigos, y supo compartir el catre, la vida todo, con sus compañeros de juego. Una leyenda más allá de las fronteras de Estados Unidos, vaciado de su propio Espíritu Santo. Ángel y Demonio, arrastró la estrella fugaz descolgada de un balcón en San Francisco. Desnudo ante su espejo trizado avanza por Denver, Colorado, sin fronteras, en las rocas rojas bajo las montañas de un sol rojo, en Colorado, espacio mítico de los beat. Y en Aullido dice, proclama la sociedad contaminada de dolor, muerte, subterránea, agónica, enfrentada al establecimiento... y habla también de quienes viajaron a Denver, murieron en Denver, que volvían a Denver; que velaron por Denver y meditaron y andaban solos en Denver y finalmente se fueron lejos para averiguar el tiempo, y ahora Denver extraña a sus héroes.

Si Ferlinghetti lee esta nota, sabrá de que estoy hablando. Busco una vieja antología de poesía norteamericana de tapas gruesas, blanca, editada por Ernesto Cardenal. Este es el proceso, puesta en escena, atmósfera para entrar en Ferlinghetti, comunicarme con la memoria, y rodar por un San Francisco que no conozco. Me acompaña un señalizador mágico de libros que me envió mi amor con un tranvía ascendiendo por las calles que llevan al cielo en Fan Francisco y detrás la Bahía. Unas nubes delgadas, esponjosas, de algodón empañan el cielo azul de San Francisco, pero no se borra.

Hace muchos años me imagino, adivino la ciudad, viajo insomne, asciendo por sus calles, en algún bar me detengo, toco la madera del mesón, miro a mí alrededor, un cielo azul me espera para inaugurar el día con una buena cerveza y caminar las calles sin tiempo.

San Francisco, California, es tierra gemela con Valparaíso, Viña del Mar, la costa central de Chile, ambas tienen la misma geografía, la falla geológica, telúrica, el mar, las calles empinadas. Frutas de un mismo paraíso, ambas ciudades son secretas canciones de marineros, nostálgicas bahías bohemias, sus cerros imitan las escaleras al cielo, pero son terrenas, frutas de un mismo árbol, la poesía. Puertos del Pacífico, ciudades hermanas en el lenguaje telúrico de la tierra, balcones de asombro. Ventanas que miran más allá del mar, sin límites los ojos de la ciudad que sabe ser íntima, personal, callada, auténtica. Portal a Oriente de Estados Unidos, le llama Rudyard Kipling a San Francisco, y serena indiferencia al destino, guardiana de dos continentes, le dice Bret Harte y Shapiro, el último rincón de los bohemios. Es en ese escenario que aparece Ferlinguetthi en 1950, ciudad de jazz, poesía, bohemia pura, de calles plateadas por la luna, con su inconfundible habla coloquial. Ginsberg, Kerouac, James Harmon, Gregory Corso, Philip Walen, Michael McLure, Robert Creeley y Gary Snyder.

No nos vayamos fuera de la línea del tranvía, hacia una ascensión equivocada, que no sea otra que la palabra en el poema. Ferlinghetti ya está instalado con los santones de San Francisco, el movimiento Beat, la nueva poesía contaminada con la vida, sin adornos, destemplada, y se apoya en Pound: "el objeto en su naturalidad es siempre el símbolo adecuado". Pound decía que la poesía es el lenguaje cargado de intencionalidad, y los poetas beats, jugaron esa carta con Ginsberg a la cabeza, abriéndole los sentidos a la palabra, al poema, al máximo, en caliente y tiempo real. Un grito, un aullido, un estallido. Los beat nacían en 1958, según el Time. En los 70, fundaría Ginsberg con Anne Walden en Boulder, Colorado, una escuela alternativa para enseñar poesía y brindar oportunidades de trabajo a la gente joven. La llamó de Jack Kerouac School of Disembodied Poetics.

Detrás de ellos o delante, Burroughs, Ginsberg y Kerouac. Especialmente Kerouac que sostenía que había que escribir de acuerdo con las leyes del orgasmo, a toda prisa, hasta sentir calambre, con intensidad. Era el iluminado entre San Francisco y Denver, que llevó a decir a H. Muller, que quizás la prosa norteamericana no se recupere más después de Kerouac. Y más atrás, no del movimiento beat, sino de la inspiración de Ginsberg, Whitman y William Carlos Wlliam junto al ya comentado viejo Ezra. Ahí está el circuito más o menos cerrado, más o menos abierto, como debe ser.

Cuando Nicanor Parra estuvo en Estados Unidos a fines de lo sesenta, Ginsberg leyó un poema de él en inglés (máximo honor para un visitante), porque el poeta chileno había sido escogido como el poeta de una reunión internacional. Sin duda la poética de Parra está vinculada con ese movimiento, una poesía desgrasada, pero sacada de la calle, del subterráneo psicológico del individuo, del hollín de sus días. Cada poema en sus pisos de doble fondo, la máscara y la ironía, una corriente fría, electrizante, la palabra deshuesada, pero no invicta, si renovada, usada de una manera sin uso. Ginsberg ya había estado en Chile tres meses, y en una entrevista que es historia, el poeta chileno Jorge Teillier, lo describió así: Su aspecto varía entre el de predicador religioso, comerciante ambulante y guerrillero cubano: frondosa barba, melena, desaliñado atuendo y un equipaje consistente en un gran bolso de buhonero y una caja de cartón.

El estante me devuelve la mirada, busco, todo está cambiado desde que saqué a asolear los libros este verano, para quitarles la humedad tropical, el camino más corto para que se desintegre la palabra, con lo floja que está la verdad en estos tiempos. Blake, Michaux, Eliot, Diego, Cardenal, Kavafis, Cáceres, y van saliendo, pero la antología blanca, no hace la menor seña. Sigo con el texto.

Ferlinghetti es el sobreviviente de todo ese movimiento, una generación que Ginsberg dijo en Aullido, la vio morir, perderse en la droga, los talentos se volaban los sesos en las calles, con alcohol y fornicaciones sublimes. Dueño de la célebre librería y editorial City Lihgts de San Francisco.

En el recital que dio un viernes 13 del 2002, en México, dijo: "Soy un artista de los medios publicitarios... Soy el más avant de los avant... Soy el poeta que ha deshecho el idioma.... Yo pinto imágenes profundas... Le escribo canciones a la gente común... Estoy muy joven para morir". Eran sólo algunas de las ideas que mostraba Lawrence Ferlinghetti en su poema Poeta ciego, que él mismo leyó entre varios más" Y volvió a México a principios de este año y a sus 84 años, editó el libro La Noche mexicana.

Ferlinghetti creía en el trabajo poético, hacer el poema, laborar la palabra, y no quedarse en una primera intención como preconizaba Ginsberg: la total naturalidad del texto. Ferlinghetti es un hijo autorizado de la búsqueda, muy próximo al innovador constante, Ezra Pound, al corrector incorregible. Es una vos en medio de muchas voces, recoge los escombros del mundo y levanta sus edificaciones, Será una voz mestiza/ una voz políglota cantando/ tarde en la noche/ en las extendidas llanuras/ donde la desaparición de las luciérnagas/ señala el amanecer de una época.

Es un crítico de su tiempo, revaloriza el caos, un cronista, registra la atmósfera, las cosas Ha sido enviado, dicen sus versos, a describir la vida/ en el planeta tierra/ a contar las historias/ de qué Cuándo Dónde Cómo y Por qué. Poeta de la coyuntura, podríamos decir también, de los hechos, la actualidad factual, del presente porque cree en un mañana mejor, y desde su época beat Ferlinghetti se ha jugado esa carta del hoy, porque mañana puede ser demasiado tarde. Un poeta del presente inmediato pero con visión de futuro: 'Entonces ahora es el momento para que hablen/ Todos ustedes amantes de la libertad/ Todos ustedes amantes de perseguir la felicidad/ Todos ustedes amantes y dormidos/ Profundamente en sus sueños privados/ Ahora es la hora para que hablen/ Oh mayoría silenciosa/ Antes de que vengan por ustedes'.

Quizás esa generación beat podría definirse como la que asaltó el sueño americano, no le arrancó la cabellera, tal vez algunas plumas, pero sentó el precedente de la inconformidad del sistema, se desintegró con él, le prendió fuego e inauguró un nuevo espíritu para la poesía, la sociedad en rebeldía y terminó inmolándose físicamente más allá del poema. Generación que usó la jeringuilla abiertamente en los sótanos del alma y se paseó desnuda por las aceras de la vida norteamericana, no comulgó con Viet nam, amó la paz por sobre todas las lápidas de la vida y aún así subió al caballo de la muerte para alcanzar la victoria.

El poeta y editor de City Lights, es lo que nos queda d ela leyenda beat, y para él son estas líneas.

Una de las famosas frases de Ferlinghetti es : yo veo lo que ustedes no ven. Y fue lo que me ayudó a encontrar la vieja antología norteamericana, pero ya el texto estaba escrito.

Está en mis manos la edición Aguilar, pero no está tan blanca, el tiempo, los viajes, las bibliotecas, las manos, me dicen que nosotros, los de antes, ya no somos los mismos, y los libros tampoco.

El poeta como pescador
L. Ferlinghetti

A medida que envejezco
percibo que la vida
tiene la cola en la boca
y otros poetas y otros pintores
ya no encarnan para mí
ningún tipo de competencia
El cielo es el desafío
el cielo
que aún debe ser descifrado
ese alto cielo
ante el que caen agobiados
los astrónomos
con sus grandes orejas electrónicas
ese cielo
que nos susurra constante
los secretos finales del universo
el mismo que respira
hacia adentro hacia afuera
como si fuera el interior de una boca
del cosmos
el mismo cielo
que es el borde de la tierra
y del mar también
el cielo
de voces múltiples y ningún dios
rodeando un océano de sonido
que devuelve ecos
como las olas
que estallan en el murallón
Poemas enteros
diccionarios completos
enrollándose
en la explosión de un trueno
Cada atardecer un cuadro instantáneo
cada nube un libro de sombras
a través de las que vuelan salvajes
las vocales de los pájaros
que llorarán repentinamente
Ese firmamento para el pescador
está despejado
a pesar de las nubes oscuras
Él lo observa
lo estima por lo que es:
el espejo del mar
a punto de precipitarse sobre él
en su bote de madera
al filo del horizonte oscuro
Nosotros lo imaginamos como un poeta
siempre cara a cara con la vieja realidad
donde los pájaros nunca vuelan
antes de la tormenta
No lo dudes
él sabe lo que caerá desde las alturas
antes de que amanezca
él es su propio vigía
en su embarcación
atento al sonido del universo
dando cuenta de las visiones
de la tierra de lo viviente
con su voz poderosa


viernes, noviembre 25, 2005

Horizonte


Nunca dés la espalda al horizonte,
da un paso más allá,
que alguien te espera.


RG©2005

SUR


El Sur tiene tres letras,
la primera siempre te pertenece,
la última es mi inicial rota,
agua derramada en el confin
de una mano,
barco que a su puerto
no se debe.

Juntos armamos el Sur,
piel de una sola huella que
en tu memoria queda.
Sabe a mar, sabe a tiempo,
a yuyos, copihues lejos de casa.

El Sur tiene un camino sin escaleras,
un cielo tan alto, pequeño cuarto
en esta orilla del rìo,
la noche se reconoce estrella,
la úlima luz del Sur.


RG2005©

Cabellos largos de invierno


El bosque tiene el cabello largo
en este invierno de blanco,
y sus árboles morirán de pie,
mientras la nieve cultive nuestros sueños.


RG2005

La Nieve


¿Qué sueña la nieve que el sueño
pueda compensarle?

RG.2005©

La Máscara


Mírame detrás de la máscara,
mi voz es tu voz, la palabra irredenta.
Bota el As, el juego es otro,
pregúntale al espejo.
El rostro se repite y nunca es el mismo.

RG 2005©

Hamaca


¿A quién espera la hamaca,
sin tiempo, suspendida
en el sueño que teje?

LIBRO QUE NO HAS DE LEER, DÉJALO BEBER


Desde hace un tiempo, algunas personas me confiesan su orgullo de no ser lectores. Alguna vez leí en mí juventud hasta los poetas malditos. La vieja hazaña de la palabra aún en la memoria. Ahora, el vasto presente de la imagen, la nota banal cotidiana del diario sobre-vivir.
¿El humanismo ha muerto? Una interrogante tan fatalista que es equivalente a la estupidez de la imagen blanda, azucarada, tenebrosa de la TV. Es otro mundo indudablememente, en una oración rara permanente alejada de la realidad, anestésica de las flotantes neuronas que aún permanecen atentas a algun tipo de conocimiento.
La libertad, la democracia, la civilización, la ética, la solidaridad, el humanismo, son extraños pacientes de un manicomonio, en no pocas ocasiones.
¿Alguien apretó el botón equivocado y nos hizo descender al Infierno? ¿Una época incalificable? Un tiempo quizás golondrina. Tiempos anónimos, inclusive la propia muerte, asistente ad honorem de la Vida.
Difícil pintar el color de esta era, tiempo, ponerle música, someter a algún análisis a un punto de cuatro esquinas rabiosas, delirantes, en ocasiones realmente esquizofrénicas.
Quizás nada nuevo sobre el sol implacable de la realidad, la noche despierta en un taburete en Turquía.
Los astronautas o cosmonautas, surgieron mucho antes que los internautas, la gente viajera del ciberespacio. Dos mundos muy distintos, uno más lejano que otro. La imprenta mucho antes y la palabra no digamos mejor una fecha. Somos calendario Heráclito de un mismo río que navegamos toda nuestra existencia y volvemos a remontar siempre al mismo.
¿La gente escribe más que lee? Los Blog son una muestra del des-alme global. La gente deja hasta sus zapatillas en la Red, se desnuda y envía la ropa por correspondencia. Las Bitácoras del Yo, froidianas sobre el gran diván global. Hay de todo, sin duda, pero la fotografìa interior corre por el ciberespacio como miel sobre hojuelas.
Los ratones tocan la flauta de Hamelín y almuerzan el solitario queso del mediodía. No leen, ni tienen complejos de sabiondos, sólo proyectan su especie como ratas que son, sin tiempo y en todos los espacios posibles.
¿Dónde un alfiler para pinchar el mundo?
No para que explote, sino despierte.
Tú, caro Lector, eres mi aguja en el pajar...
RG©2005

La Luna



La luna es el espejo, el reflejo
de lo que no ve la piel

la noche blanca dormida
en la palma de mi mano
un lobo huelo su blanco sueño.

Rolando Gabrielli

Editorial


miércoles, noviembre 23, 2005

Red de redes


El hilo de la red es sueño,
la palabra costura de la palabra,
hilvan de tus ojos.
Toca la red y tendrás mis palabras.

RG2005©

Cuídate

EL EXHIBICIONISTA


La gráfica es muy elocuente a la simple observación: una mujer detrás de una vitrina modelando. Es en Londres, noviembre 23 del 2005. La fecha en presente. La mujer parece una contorsionista, su flexibilidad es asombrosa. Piernas de bailarina, entre el rojo y negro de su vestimenta. Lo particular es que se trata del lanzamiento del libro EXHIBIOTINIST. El mercado es el mercado, de eso ni hablar, amigo Lector.

RG 2005

El ángel de la Pavlova


Vuela el ángel de la Pavlova,
vuela la belleza de su mano,
todas las aves de Rusia,
siguen su vuelo.

RG2005

Árbol


Árbol, déjame ver el bosque,
quita tu rama de mi ojo...

RG2005©

Una pregunta


¿Y si no vuela
y es sólo tiempo detenido?


RG.2005©

No se caliente, no se queme y no se congele

La poesía es un hierro ardiente, una llamada que puede convertir en ceniza las palabras.Quema, sin duda, la palabra es fuego. Un poema arde por los cuatro costados, o no es poema. La poesía no es la antesala del infierno del poeta, sino un incendio de las palabras , ardiente en todas sus épocas. Sobrevive aún porque calienta, quema y sigue ardiendo.

La Novela, la prosa en cambio, ya es una nevera, el congelador cotidiano, nive sucia. Es un muro ciego, a veces, sin paradero. Un ataúd que no vuela. No es lo que quisieramos de este refrigerador lleno de palabras sin aventura y poesía. ¿Muchos caminos para una misma prosa?

Más interrogantes que un sueño. La novela es un proceso de larga autocontemplación. La biografìa más extensa de la memoria del futuro, de los viejos caminos del pasado, siempre en ese eterno presente de nostalgias.

La poesía y la novela existen a pesar de las comidas rápidas.

Rolando Gabrielli©2005

MIS AGRADECIMIENTOS, la Historia de mi BLOG


Los Blogs, Bitácoras, son de reciente data y nacieron como murciélagos benéficos que vuelan todas las distancias, con la semilla de la palabra.

Así los veo surgir cada día desde los lugares más diversos, cuartos, oficinas, sótanos, y pueblan el universo de luminosas voces únicas, íntimas, bsolutamente personales. Buscan el Otro, que son muchos, y surgieron para decir la verdad, atropellada por los Grandes Medios, por la mentira oficiosa, auqellos que cuentan falsas historias para un mundo que ha depositado su futuro en profetas de la banalidad.

Son millones los que quieren conocer, saber la verdad y comunicarla. Allí descansa la filosofía del Blog, que debe ser palabra nueva, ejemplar, digna, valiente, objetiva, transparente, legítima. El Blog debe tener alas, poesía la profundidad de un pozo lleno de luz, el sonido y la furia de las palabras. Ser un secreto a voces en el oído del internauta, cómplice ejemplar del ciberespacio.

El Blog pertenece a nuestro tiempo, época, hijo ejemplar de la red de redes.

Si no es un Bocatto di cardinale al amanecer o en las tardes, noches solitarias en algún rincón del planeta, es mejor olvidarlo. detrás de la palabra está un rostro y los sentimientos que las yemas de los dedos imprimen al teclado. Un Blog es para seguir soñando con la realidad de lo posible.

Vocación de misionero, Señor de la Palabra.

Mi Blog surgió un 31 de octubre de este 2005, sin que el suscrito supiera de su previa existencia. De pronto en la Red, un aviso de nuestro querido amigo, inefable personaje del Sur, caballero andante de la red, el caro y entrañable Juan Contreras Bustos, que ya nos había sosprendido gratamente con la dedicación del no menos emblemático Taller huachaca PLAZA GABRIELLI.

Está alojado el portal en Curanipe, al Sur de Chile, frente a la costa, entre dos ríos. El viejo puerto de Curanipe donde se construían los Faluchos que embarcaban a los audaces conquistadores del oro de California. Cruzaban el gran mar hacia Estados Unidos, con el olor a la madera de los bosques ancestrales.

Mis agradecimientos personales a Juan de Dios y una página para cada uno de ustedes en este monólogo dialogante de la verdad. Suban a esta alfombra mágica de la palabra, abran bien los ojos y oídos, vamos a galopar más allá de la imaginacián, más acá de la verdad.

Rolando Gabrielli
21 de noviembre del 2005©


http://galeon.hispavista.com/sobrecuranipe/index.html

lunes, noviembre 21, 2005

Las palabras


Rolando Gabrielli

Las palabras suelen ser el sonido y la furia. Musicalidad de algunas,asperezas de otras, pero si son bien dichas tienen un eco propio al oído de quien las escucha.
Palabras diarias, sin nubes, ni sueños, no por repetidas, menos verdaderas.
Las palabras tienen un desafío y es con la página en blanco. Los impresos hoy, e indudablemente mañana, en el siglo digital ya iniciado, no tienen más alternativa que conmover con el conocimiento y las palabras.
La revolución sigue estando en la palabra, que es la que comunica con mayor sorpresa, capacidad y permanencia en el tiempo, profundidad inclusive en la razón.
La publicidad, que a veces es sólo imagen, está también impregnada en palabras y sólo ellas pueden traducirla, darle un significado a los mensajes, al marketing de cada día.
Se pueden iniciar con un ligero buenos días, matinal, abierto, con olor a tostadas y un barniz de mantequilla.
Las palabras tienen color como los días. El poeta enfant terrible, Arthur Rimbaud, bautizó a las vocales con un colorido singular, y sin ellas, no hay palabras.
Algunas son luminosas, como un día a pleno sol, estallan de felicidad, auguran buenos tiempos y van de boca en boca, sin que casi nadie las pronuncie, lejos de la nube que trae lluvia y el gris de la tempestad.
Yo me quedo con las que huelen a primavera, no traen un envase especial, zumban silenciosas o rompen cristales, pero son ellas mismas, nunca cambian de personalidad o parecer, francas a decir basta, ni aturden, ni se jactan de ser las más espléndidas.
Las hay negras y grises, locas viajeras, como salidas de un túnel, expulsadas por una locomotora a carbón, repletas de toxinas afiebran la propia lengua que las expulsa.Populares, novedosas, fundacionales, definitivas, que llegaron para quedarse, marcar con su significado un tiempo, una época imborrable.
La palabra Sputnik nos volvió la mirada hacia el cielo en una esquina de nuestra infancia, repleta de sueños y estrellas brillantes.
Jeans, vitaminas y cremallera, ocuparon un especial y largo tiempo en nuestras vidas y siguen siendo el pan de cada día este fin de siglo.
Palabras que no se las ha llevado el viento, sino han hecho ruido en el común de las gentes, como debe ser el lenguaje cuando está vivo y forma parte del corazón del pueblo.
Píldora es una palabra mágica que comenzó a inquietar a las madres con hijas adolescentes, pero la palabrita oblada vagaba de boca en boca para quedarse y dejarse usar con su presencia tácita y real, sobre la mesita de noche, en el botiquín, en la clásica cartera de una cita furtiva.
No me trago esa píldora o no me dores la píldora, frases alrededor de este símbolo girando con su propia aureola y significado.
El bikini nos despojó de todo rubor y fue un nuevo comienzo para los cuerpos moldeados con la mano de Miguel Angel Buonarotti, en las cálidas playas delCaribe o en la costa francesa, donde estuviera la fémina frente al mar.
La palabra Democracia—más de cal que de arena—un verdadero festín en este siglo que ha pretendido cobijarla como su varita mágica en medio de la tempestad política y la violencia larvaria, institucionalizada de la pobreza y del propio Estado.
Ella es cenicienta frente al mercado: ícono y deidad de nuestro tiempo.Se defiende como puede, a veces nos parece un gato de espalda; un sastre que no encuentra una aguja en el pajar; una espada de doble filo y unagolondrina que no se cansa de hacer verano.
Palabras, palabras que arrojan luces o inflaman el ambiente, verdaderos dardos o reconfortantes bálsamos, amigas de la transparencia, pérfidas,retóricas, perfumadas o malolientes, por algo respiran en nuestra garganta hasta brotar parcas o en cascadas.
Cortina de hierro y perestroika, tan opuestas y en un mismo lugar, brotadas para significar, dejar huella y volver el tiempo historia y memoria.
Estrés y tiempo libre, hijas de este siglo, divorciadas de la realidad y definitivamente presentes, Aterrizaje lunar, sólo una realidad hace algunas décadas.
Hoy archivada en el lenguaje cotidiano.Tarjeta de crédito se ha transformado en una palabra casi un miembro, un órgano, parte vital del diario vivir y sufrir del hombre de esta época llamada moderna.
Sin ella es como si hasta los sueños fallaran. Tiene la nociva consistencia del plástico y la duración que respalda nuestro esfuerzo, porque la magia está en equilibrar: cuanto ganas, tanto gastas.
Doping, sex, fax, van y vienen las palabras y no hay quien las contenga, ellas quieren significar, poner su granito de arena en la comunicación, participar, en una palabra, del diálogo diario.
Beat, hippie, single, ellas forman su propia generación, le dan forma y contenido a la existencia y se consagran en grandes titulares cada día.
Llegan a estremecer inclusive a la sociedad, a la que le imponen un sello, una especie de partida de nacimiento.
Internet, reina de su propia Babel, princesa única de lo instantáneo, Alicia pequeña en tus grandes maravillas, quieres estar en todas partes mi diosa, deja que Penélope teja tu hilo hacia nuevos laberintos y si en verdad vas a emprender un viaje, que sea a Itaca.
¿Quién no identifica hasta ahora a los hippies con las flores, el amor y la paz como estilo de vida de una generación y época?.
Palabras, paroles, words, lápidas sobre el enemigo, epitafios para la posteridad, sentencias de por vida, prisioneras del amor y la venganza, simples saludos, epistolares e íntimas, convertidas en decretos, reinas por los siglos de los siglos en las páginas de Heráclito, Shakespeare, Dante Alighieri, Joyce, Kafka, Hemingway, Martí, Eliot, Neruda, Villon, Cervantes,Vallejo, Rulfo, Borges y tantos otros que saben que las palabras nunca salen de vacaciones, siempre nos aguardan más allá del silencio.
Algunas están destinadas a derrotar el tiempo, si fuera preciso. Otras ya no existen y algunas ya van a nacer..Yo digo, la palabra amor, y debe sonar una campana.©2005

Campanario 13


Tañe el día,
poema cero,
templo recluso,
campana del alba.
Amanece,
nadie más nadie.
Sol, tañido
de mi memoria.

DOS
¿La campana idolatra
el sonido o conovoca
el silencio que tañe
el olvido?

TRES
Quien tenga las llaves
del campanario,
sabrá que el sonido
es hijo del silencio.

CUATRO
Tañe, verbo, tañe,
rótula, campana,
tañe, tañe, amor, soy tu eco.

CINCO
Campana, no oyes,
soy la aldea,
el eco de tu eco,
la memoria

SEIS
El camino tañe
el tañido
del cuerpo que recorre
la piedra.
el silencio no engaña.

SIETE
Repica tu nombre,
metal de mi río,
luz de opaca luz,
vos pequeña voz,
monólogo de dos lenguas,
garganta de mi campana,
sólo háblame.

OCHO
Una campana
es un pájaro herido
en su nido
y vuela.

NUEVE
Un campanario
repica la hora
del peregrino.
Amanecer del canto,
los pájaros vuelan,
sólo vuelan.

DIEZ
Una campana tañe,
tañe su secreto mensaje.

ONCE
El campanario
multilpica las palabras
que el silencio le niega.

DOCE
Una campana azul,
el mar, el mar,
roja, digo, tañe,
corazón el latido
de tus olas.

TRECE
Trece veces trece,
metal del alba.
Oh campana
de alas rojas,
tañe tu luz ciega,
pétalo de ojos secos,
panal silencioso.
Nadie tañe,
ni redoblo yo,
mis campanas,
sino es por nosotros.

Con amor,
Rolando
1 al 13 de noviembre del 2005

El bosque es rojo


El bosque es rojo y nace antes que el sol
la corteza y sus ramas sobre el cuerpo,
el tiempo que no las mide y los pasos
que el cazador calla.

RG 2005©

Dublín


Dublín es el reflejo de sus fachadas,
no de mis palabras, el río que las atraviesa,
ventanas que no repetirán tu nombre,
si ya sabes que se amanece
en cualquier parte.
Dublín es un deseo,
el cuerpo de una mujer desconocida,
la fachada, sólo estas palabras.RG©2005

La Palabra


La palabra es caverna,
la otra cara del sueño,
ala de un naufragio,
aventura, siempre,
más allá,
el otro lado del reflejo.

RG©2005

Mi Blog- palabras de Gabrielli al ciberespacio

UNA PALOMA NO ATRAVIESA


Una paloma no atraviesa la red,
es blanca de alas puras, vuelo real,
la palabra anida en estas angostas
mudas líneas circulares y vuela.

RG©2005

Sólo las Ramas


Detrás del cielo la luna es una ilusión
ciega abandonada al juego de la existencia.
La noche es sabia oscuridad
y deja brillar a la luna detrás
de unas simples ramas.

RG.©2005

SOBRE LA MONTAÑA


Sobre la montaña la luna
no es más alta ni oscura.
Tus ojos seguirán detrás,
de la montaña viéndome,
alumbrándome,
como luna nueva.

RG.

FUEGO QUE DEJAN


Llamas suponen los ojos,
el fuego que dejan,
ardientes flamas suspendidas.
Tú pasas, pero sé que estás ahí.

R.G.

viernes, noviembre 18, 2005

¡NEW! pronto Campanario 13

Este lunes 21 de noviembre, en la suerte de la cábala, el Weblog de Rolando Gabrielli, presentará su poema CAMPANARIO 13, un homenaje al silencio, a la palabra secreta, lenguaje suspendido en su eco. Campanas que repican sus horas, poesía en el umbral secreto, lo no dicho, la ausencia de todo, en la única voz inexcusable del amor. Campana de un mismo campanario, el mudo estandarte de la palabra, el trío de sueños en el azar. Una aventura para cada internauta, la noche que repica en el lucero de nuestros días.
Tañe el día,
poema cero,
templo recluso,
campana del alba...

UNIVERSAL CAMARERA

Es redonda y blanca,
el sueño de la noche
suspendido en la nieve,
la luz que sobre el mar
arroja mucho antes de partir.

R.G.

Rojo amanecer en Denver




¿Quién camina por mí
en el rojo amanecer
de Denver, en Colorado?
Esos no son mis pasos,
pero me pertenecen.
Un día sabremos que el tiempo
no le pertenece al futuro,
ni al pasado, sino a estos pasos.

RG©2005

EL RITUAL DEL TÉ

Son las cinco de la tarde,
verde sapo, verde rana,
el ritual del té.
El Blog de Rolando paga,
en esta sagrada ceremonia,
de fábulas y realidades,
la palabra siempre gana.

R.G.

miércoles, noviembre 16, 2005

Ojos, palabras...


Este blog son tus ojos,
olvidado, odiado, querido lector,
es la hora de leer con el corazón,
juntar todas las palabras y lanzarlas al mar,
ellas regresarán cuando tú las vuelvas a leer.
Aquí te dejo unas cuantas que son mi río,
tu esperanza...
RG

Cocodrilo


¿El cocodrilo sueña con nosotros
o nosotros somos el cocodrilo?
Oh ciudad, quién viaja en tus aguas,
muchacha de noviembre,
lluviosa de pecados,
mírame, Diosa, mírame,
estoy en un pantano.


ROLANDO GABRIELLI

El Central Park no sueña


El Central Park no sueña
los edificos que aturden el paisaje.
Bajo sus colores, Oh Gran Manzana
te muerdo ciego en tu paraíso.
Manhattan es discípula del hierro,
de tu cara fría empastelada,
deseo y ternura,
no me confundas con tu poesía,
apiádate de la memoria
de este cansado viajero en tus postales.
Hago mis maletas en silencio
y alguien registra enguantado
sus malas intenciones, las mías tal vez.
Objetos peligrosos son tus brillantes ojos
y la piel que huele a bosque.
Me llaman y debo abandonar la ciudad,
un parlante me convence
que no hay lugares equivocados.
Dejo correr los pies,
la luz de tu cuerpo
y las sombras inmóviles
que regoge el atardecer.
Parto donde el viento
no llegue a Nueva York.
Me hacen señas que no olvidaré.
Veo escribir mi nombre
en una postal de otra ciudad.
Qué rápido pasa el tiempo
en Nueva York.
©2005

miércoles, noviembre 09, 2005

Otoño




Otoño no te vueles

hoja de viento
amarilla de aire y sol
déjate ver, déjate soñar,
vamos a volar paloma
juntos este Otoño...

R.G.

lunes, noviembre 07, 2005

PERRO DEL AMOR, LA MAGIA DE OLIVER WELDEN


Qué será de la vida del poeta Oliver Welden, que una tarde de la primavera nortina viajó hacia Estados Unidos, para confundirse con su propia historia y esfumarse, para nosotros, sus amigos, compañeros de viaje, en esta ruta de la diáspora silente disparada a los cuatro puntos cardinales, sin asco, sin piedad, ni medida, ni clemencia, como en el bolero peruano.
Tengo en mis manos su libro Perro del Amor, publicado en 1968, Premio Nacional Luis Tello, de la Sociedad de Escritores de Chile, y leo en él una poesía trascendentemente coloquial, humana, de aquello que se anida en la memoria y cuyo paisaje tuvo un costo para transformarse en experiencia.
Poesía de las cosas, objetos, de la vida diaria, de la palmada a lo cotidiano, sin ofuscaciones, con el matiz de la experiencia transfigurada, que es en buenas cuentas la poesía cuando es verdadera.
Welden nos regala poesía “de la buena” y la pongo sobre la mesa más de tres décadas después, porque nunca es tarde cuando la poesía nos pone a experimentar cosas nuevas por más viejas que éstas sean.
Poesía del siglo XXI, quizás, las vivencias de un poeta en el norte de Chile, entre desiertos y playas siempre en primavera, cálidas, como Arica, en la frontera. Sobre todo, cuando nos dice en
Advertencia:
Erase un hombre solo,
Demasiado solo;
Cuando sentado en el baño
Dejaba correr el agua
Para escuchar su sonido;
En su oficina de correos dialogaba
Con las cartas y en sueños
Visitaba a los destinatarios.
FallecióLa primavera recién pasada:
Al cajón le ajustaron las manillas por dentro
Para que esa mañana
Se condujera solo al cementerio.
Una advertencia válida, vigente, visionaria, porque este es un cambio de siglo donde el hombre conversa con la soledad universal de las computadoras en red o vagando por la tel (e)araña de la pantalla en un diálogo virtual y en off, sin el tú a tú con los olores y el paisaje que ve cada ojo disparado al azar.
Welden nos advierte en su epígrafe introductorio de su Perro del Amor , verso nerudiano, hacia donde va, con un epígrafe de Bachelard: ”La grandeza progresa en el mundo a medida que la intimidad se profundiza”.
Sabias, justas, hermosas palabras las de Bachelard y un llamado de alerta a las parejas, sobre la cual profundiza esta poesía de Oliver Welden, una y otra vez, como el péndulo oscilante del reloj que no se detiene.
Detalle, ironía, la pequeña gran pasión del uno y el otro, amor memorioso, instantáneo, fugaz, Welden trabaja con oficio su pequeña gran atmósfera sobre el misterio de la palabra y lo real. Veamos en “Me hubiera gustado quedarme aquí”.

Una canción de boda compuesta de aire inmóvil,
De tierra seca, para darte una nueva dimensión
De amor, deposito en un embudo de papel
Por la cerradura de la puerta de tu casa, mientras
Me vuelvo viejo regresando a mi polvo y a mi noche.
El poeta hace su oficio, no malgasta palabras, y las devuelve como un bumerán sobre el lector para que las encaje sobre un rompecabezas, donde su interpretación es muy personal e íntima.
Hacia ello nos convoca la poesía de Welden, sensual, íntima, coloquial con uno y el otro, trabada en su propia salsa, escurre de su único caldo posible, la relación personal, de la que nos hablara en su magnífico libro de igual nombre, Gonzalo Millán.
¿Por qué escribo de Oliver Welden si no sé dónde está y si aun existe?, podría preguntarse usted, querido lector, pero la respuesta resbala y no es cáscara de plátano: porque la poesía no pasa de moda cuando es verdadera y toca a arrebato las campanas de la vida íntima.
Él nos dice en Vaivenes:
Puede que haya pasado demasiado tiempo,
Más que el necesario,
Pero estimo necesario esperar todavía
el amaino de la resaca
Para amarrar mi cuerpo a la roca
Semisumergida,
Cerrar los ojos y abrir la boca
esperar, nuevamente,
A que suba del todo la marea.
Son tan solo 7 poemas en la primera parte “ Cadáver con fruta ”, seis en la segunda y bajo el título “De un tiempo a estas partes” y otros 11 que cierran el libro, con el enunciado de La manzana del gusano.
Perro del amor es un libro personal, el yo del autor, su pasado pesando en el presente inmediato, arrastrando la memoria con las vivencias del dolor, el gozo y con la ironía chilena que muestra los dientes sin que éstos se vean.
El amor inconcluso de la adolescencia y en cualquier época asoma en el texto Autobiografía , donde el desencuentro de la pareja es lo más real. Welden nos habla de la patética soledad, del amor y de la intimidad de la familia, esa especie de árbol genealógico del cual no podemos desprendernos, por un destino de pertenencia del cual no podemos escapar.
El poeta trabaja sus textos en torno a unas vivencias que pareciera se van heredando hasta llegar a él y la presencia de la paternidad dolida, cae “como tanto ídolo roto de esos años”.
Welden en su poema Las presas son , con sólo nueve versos, en un lenguaje coloquial, nos muestra a través del nacimiento de un pollo, nuestra similitud al nacer, signo de fragilidad ante el mundo, pero la anécdota poética va más allá, amparada por el humor cruel y del destino de la pobre ave, en que también suelen convertirse los humanos, con no poca frecuencia.
Se rompe el huevo y sale el pollo dando píos
De infinita imbecilidad, tambaleándose por el nido,
Hasta decidirse a decir mamá.
Mamá, dónde estás?. Tengo frío. Tengo hambre.
Y se fue bamboleando las plumas tiesas, buscándola.
Mamá, dónde estás?.
Alguien contó la historia al almuerzo.
Se rieron todos: se rieron mucho.
Me reí yo, con la cazuela en la boca y pregunté:
La mamá, dónde está?
Rolando Gabrielli
P.D.
El tiempo es como un serrucho corta los días, caen las estaciones y las hojas del calendario son hojas muertas, como si el otoño se repitiera. Los amigos son la memoria, el pasado que no cesa de hacerse presente, una muesca ligera del futuro por conocer. Las palabras son ese viento que sólo pasa y queda, las personas se llevan consigo sus trajes, el perfil de sus días, el humor, las propias vísceras. Welden Welden, una copia de su libro en los 70, la vieja edición Mimbre Tebaida, de Guillermo Deisler, que abre con dos corazones. El amor a boca de jarro como entrando a una duna sin fin en el desierto de la palabra agua. Así las personas desparecen, Chile país Missing. Para el azar también está Internet, ubicua zarina global, trotaconventos, celestina del alma y del alba, divina señora de todas las catedrales, espejito mágico del porvenir. Y así sucede, como ocurrió: un mensaje de Oliver Welden desde Estados Unidos. Recordado Rolando Gabrielli. Si estás ahí contáctame. Cariños. Oliver Welden. El desaparecido gozaba de Buena salud. A los minutos se puso al habla. El teléfono sigue siendo más personal, la voz. Y se vinieron 30 años de Chile, los amigos, los recuerdos, la voz apagada en el tiempo. El presente como una cascada. ¿Qué hacía yo en un Sótano? ¿Me autotorturaba siguiendo la tradición chilena? Los caminos de la poesía son tantos y tan variados, como de la vida. Welden está en Tennessee, la casa de Elvis Presley. Cuida ancianos y escribe. Tiene un nuevo libro para editar que viene camino a mi correo, me adelantó: Oscura palabra . Ya está más claro todo. Se calificó de ermitaño. Un libro mío ganó un primer premio en Chile con el nombre Luz del Ermitaño, que ahora se llama DE ESTOS Y OTROS SUEÑOS . Los sueños van y vienen, como las palabras oscuras de los ermitaños. Dos ermitaños se hablan por Internet. La magia de la tecnología. Pienso en Elvis Presley y en La mujer que yo adoro . Un disco que bailábamos a rabiar en los años rocanroleros. Dejábamos los pies, el sudor en el aire, las piernas volaban, la risa y la vida en un solo cuerpo. Le dije que mi apartado esta en El Dorado. No sé que imagino, el nombre tiene historia, es un mundo, universo propio. Yo tengo en mis manos la primera edición de Perro del Amor con sus seis Fe de erratas, en las páginas 17, 18, 19, 26, 41 y 44. Pero además es un libro especial, porque está encuadernado al revés. Quizás eso hizo aparecer a Welden, que comencé a leerlo como si estuviera bien compaginado. La magia está en todas partes. Feliz cumpleaños Internet.

lunes, octubre 31, 2005

Las víboras en el paraíso antiparriano




Rolando Gabrielli©

La entrevista kafkiana

La nubosidad gris sobre Santiago a medida que la tarde se recostaba sobre mi viejo reloj Tissot, presagiaba unas lluvias memorables, de esas que sobrepasan los paraguas, nos humedecen las entrañas, en los días fríos invernales, que parecen interminables ataúdes grises flotando en el aire. Pero la misión periodística era ineludible: entrevistar al antipoeta en su casa de La Reina, en las faldas de la Cordillera de los Andes, uno de los baluartes naturales de los chilenos, escogido por Nicanor Parra, como un refugio personal frente a la omnipresente poesía de la Cordillera de la Costa.

Me subí al micro como un fantasma londinense, un domingo, poco después de las 2.30 de la tarde, a esa hora en que las calles están desoladas y viven el feroz desamor del tiempo indefinido, camino a la casa de rústica madera del autor de Poemas y antipoemas, Obra Gruesa y de un pecado de juventud, como le llamó a su libro inaugural, Cancionero sin nombre (1937), de indiscutida influencia garcilorquiana. Sin embargo, los gérmenes de la antipoesía pareciera que ya tenían nombre, en ese Cancionero, tan olvidado por el propio autor, y que en su momento recibió aplausos y rechiflas. Largo viaje hacia las faldas de la cordillera, quizás un poco menos lento, por lo despejado de las avenidas dominicales, iba yo pensando en la antipoesía del antipoeta en este antimomento de la historia chilena, cuando el calendario marcaba el principio de los setenta, ya convulsionado y que ardería de punta a punta, como la milonga borgeana.

Ya Parra gozaba de las mieles del éxito y la controversia, e intentaba bajar del Olimpo al joven Neftalí Reyes Basoalto, empujando aun más al precipicio a Pablo De Rokha y codo a codo en la pelea con Gonzalo Rojas, quien le dedicaría unos versos lapidarios: “Antiparreando, remolineando/ que Kafka si, que Kafka no, /buena la cosa /roba-robando/ se va Cervantes/ entro yo. Publiquen grande lo que escribo/ que se oiga en USA y en Moscú/ Sabes que más, Rimabaud: ni tú. /Me arrastro, claro, pero arribo”

Parra, un nuevo vértigo

Tinta y sangre de la polémica chilena, esos versos no los he visto en ningún libro de Gonzalo Rojas, pero se dijeron en su momento y difundieron en la revista Punto Final.

En su poema Manifiesto, Parra fija posiciones y dice que esa es su última palabra: los poetas bajaron del Olimpo y agrega que la poesía es un artículo de primera necesidad. Condena a tres de los cuatro grandes, sólo se le escapa la Mistral. Sí, condenaba la poesía del pequeño dios (Huidobro), de la vaca sagrada (Neruda) y la del toro furioso (De Rokha). Años más tarde, este huaso chillañejo, que se le escapó a Lucifer cuando le echaba más leños al fuego infernal de la antipoesía, diría sobre Neruda, a Jorge Teillier, en una entrevista para Árbol de Letras: ”Admiración y respeto religioso por el hombre y por su obra”.

Reconocería que De Rokha es uno de los cuatro grandes de la poesía chilena del siglo XX. Y en un homenaje a Huidobro en su centenario, lo calificaría como su maestro. El troesma, como Teillier le llamaba a Gardel. Pero volvería a arremeter contra Neruda y De Rokha. “Qué sería de la poesía chilena sin este duende”, se pregunta Parra, y responde: “todos estaríamos escribiendo sonetos, odas elementales o gemidos”. Vuelve a poner sus picas en Flandes y le toca también a la Mistral. Nadie está vivo para contestar, ni el homenajeado, de quien Parra confiesa: “prácticamente lo aprendí todo de Huidobro. Gracias”, agradece, el discípulo tardío. Kafka, había dicho Parra en su oportunidad, es “mi maestro absoluto” Cuando llega Parra, debemos señalar, y reconocer, que la compleja, variada y personalísima poesía chilena, ya estaba instalada en el siglo XX y la cancha trazada con líneas gruesas.

Un sacristán que tañe a arrebato

El crítico Jaime Concha da cuenta de algunas cosas al respecto y se hace una pregunta interesante en 1973, al inicio de su ensayo Poesía chilena: ¿Qué significa que un pueblo pobre y subdesarrollado como Chile pueda darse el lujo de tener poetas? Concha recurre a la historia, y nos dice que por Homero, el autor de La Ilíada y La Odisea, sabemos de los griegos, de su existencia guerrera, de sus pasiones y sus crímenes Todo eso nos cantó el aeda ciego a través de la palabra, lo que sigue haciendo el poeta. Concha agrega más adelante en su ensayo, que la poesía chilena tiene algo de nuestra cordillera de los Andes. Hay grandes cumbres, volcanes formándose o en erupción, lagos y ensenadas, ríos e hilillos de aguas cristalinas. Además en su perfil geográfico y poético, explica, se debe señalar la existencia de un conjunto de anillos o de vértebras que van forjando el relieve de este paisaje poético.”Es un perfil colectivo, en que hebra a hebra, gota a gota, grano a grano, se va construyendo un gran volumen material que constituye el canto, el lenguaje de todo un pueblo” Concha, apunta directo sobre Parra, Cancionero sin Nombre, subraya, una obra que posee una singular coherencia poética. Su poesía, acota el crítico, “se potencia y se electriza con substancias populares”. Parra ha tenido tiempo para hacer su obra gruesa y substantiva y ponerse a paz y salvo con los ”monstruos” de la poesía chilena, a los cuales miró de reojo y tuvo sus pequeños rounds en la vida real, con excepción de Huidobro que nos abandonó antes que Nicanor se subiera a su propia montaña rusa.

La idea de un nuevo vértigo, le hizo poner en marcha la empresa de la antipoesía. El físico montaría a la poesía en su propia máquina voladora, su objetivo sería la tierra,- el primer, segundo y tercer piso-, el sótano de la psiquis humana, y con la obsesión del sacristán, cuando tañe a arrebato las ciegas campanas de la aldea, comenzaría a repicar, con autoridad vaticana.

Viva la Cordillera de los Andes

“Viva la Cordillera de los Andes, Muera la cordillera de la Costa, eran las ganas que tenía de gritar”, reconoce Parra en Versos de Salón, y yo iba hacia su incrustada casa cordillerana.

“La razón ni siquiera la sospecho”, abría el verso parriano en su segundo cuarteto, pero repetía los dos primeros con más fuerza. Hace cuarenta años que quería romper el horizonte, ir más allá de mis propias narices, pero no me atrevía, sigue confesando el ladino Nicanor. ¡Se terminaron las contemplaciones!, remachaba, para que no hubieran dudas, sobre el camino que esperaba recorrer, ya escogido, frente a la poesía nerudiana. Isla Negra, igual, cordillera de la Costa, la ecuación parriana perfecta.. Ahí estaba el mensaje. Parra le había encontrado un nombre definitivo al nuevo cancionero de su poesía, la antipoesía.

Con estas ideas iba en el micro camino a La Reina, la lluvia ya era un hecho natural, y el abrigo no impedía que se me calaran los huesos. Al descender de la resbalosa pisadera, sentí los primeros goterones, abrí el inútil paraguas y las emprendí cordillera arriba, entre el lodo y el agua, a casa del poeta, subiendo la loma de quien ya estaba en plena fama, con el Premio Nacional de Literatura bajo el brazo, en una batalla campal contra el presidente de la Sociedad de Escritores de Chile y todo lo que oliera a establecimiento. El hombre demolía lo que encontraba a su paso, y estaba en plena construcción de sus Artefactos.

Alicia y La Víbora, dos maravillas

Llegué empapado a las puertas de su casa. Toqué madera varias veces. Nadie abría. Hasta que de pronto, Nicanor, con medias de lana blanca y en un tono misterioso, confesional, dijo: entre, pase, y seguí con mi paraguas y pesado abrigo café, cerrado, de estrujar, hasta el cuarto donde se encontraba viendo televisión. En una pantallita en blanco y negro, alcancé a divisar algunos personajes conocidos. Parra, recostado en una dura cama-sofá, me dijo, es Alicia en el País de las Maravillas. Yo seguía con mi abrigo, el paraguas estilando en la mano, de pie, y a fuera un aguacero de esos que caen realmente del cielo y mojan sin respeto. Estábamos en la semipenumbra, donde todos los gatos son negros aparentemente.

Entre la lluvia y Alicia, comenzaron a llover verdaderos peñascos verbales sobre mi pequeña humanidad. ¡Qué hace aquí este degenerado, como lo dejaste entrar!, gritaba su mujer de ese entonces y madre de una de sus famosas hijas. Comencé por hacerme el sueco. No me di por aludido. Recordé el poema maravilloso de Nicanor: La víbora. En fin, dejé que las palabras se fueran al viento, como el pasto al rocío. Pero seguían cayendo los ladridos, como si la lluvia no fuera a parar. Epíteto, tras epíteto. Yo, incrustado en el piso, mojado, mirando, lo que el viento no se llevaba, ni de a vaina, digo ahora en buen panameño. De pronto, Nicanor, abandona su concentración frente a la maravillosa Alicia en el País de las maravillas, y me dice: compañero, quiero saberlo todo... se recogió en la cama y volvió sobre el filme, en medio de los gritos monocordes, únicos de la mujer, la cuarta, la quinta, la lotería mía en ese entonces. Yo, la había conocido en Osorno, en unos trabajos de verano, que dirigía, el colorín Jaime Ravinet.

Madame Parra

Aun tengo grabados sus desorbitados ojos azules, echando chispas por el cuarto húmedo de La Reina, yo, un simple reportero desaliñado por el mal tiempo y el pequeño temporal de la calle, que me había conducido al tornado dentro de la casa de Parra.

La mujer no abandonaba el monólogo, hasta que atiné a decirle, por qué no va afuera y ve si está lloviendo, lo que la volvió a sacar de las casillas. Parra ya miraba con unos grandes ojos de huevo frito. Alicia, se había ido por el espejo a la otra realidad, donde yo hubiese querido acompañarla en ese momento. Pensé en alguna escena de Charles Chaplin para abandonar mi propia escena, en la comicidad inexplicable del silencio y absurdo. Al menos contaba con el mágico paraguas.

La lógica se apoderó de la situación por fin y me indicó el camino de la puerta. Me despedí de Nicanor, sin bombos ni platillos. Regresé con las manos vacías a la Agencia de Noticias.. Me dije, al subir a la micro: Hemos inaugurado un nuevo capítulo de la antipoesía, totalmente kafkiano y muy propio de Ionesco, ambos personajes respetados y conocidos por Parra, y que hoy convirtieron las aventuras de Alicia, en una inocente salida al patio de la casa en búsqueda del conejo perdido, juego de muñecas, respecto del show de madame Parra.

Asilo contra la opresión

Cerrado el capítulo, seguí viendo, conversando, como si nada con Parra por los prados del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, una especie de “asilo contra la opresión” de la intelectualidad más radical del Chile de los setenta y mucho antes y hasta el 73. Allí se había instalado el profesor de Física a disparar a diestra y siniestra su antipoesía, convencido en la revolución permanente de la palabra, una especie de Trostki del lenguaje, francotirador conciente, con la clara misión del borrón y cuenta nueva en la poética chilena, primero, y latinoamericana, después, hasta estremecer la poesía hispanoamericana. Con su cuaderno de apuntes casaba el idioma que salía del vulgo, escribía con su gótica letra y ejercitaba sobre la poesía al aire libre en un toma y daca permanente, con el brillo del juglar, la sabiduría de un clásico griego y la calma contenida de un caballero inglés. Parra apuntaba tan alto como podía, para instalar su propio Olimpo en la tierra de la antipoesía. Cabeza fría, corazón caliente, decía el profesor de Mecánica Racional, en su famoso Manifiesto, con el cual intentaba agregarle la quinta pata al gato de la poesía chilena.
Para Parra, como Neruda, Huidobro, y la misma Mistral, por hablar de los principales mitos de la poesía chilena, sin excluir a De Rokha, protagonista indispensable del siglo XX, al igual que Gonzalo Rojas, más adelante Lihn y Teillier, el olvidado Alfonso Alcalde, Armando Uribe Arce, Oscar Hahn, Gonzalo Millán, Manuel Silva Acevedo, Omar Lara, la mujer y el amor, ocupan un lugar de privilegio en su poesía, vidas, actuaciones públicas y privadas. Cuenta, entre paréntesis, la leyenda, que una Mónica Silva devastó sentimentalmente al antipoeta, a la que dice que perdió de puro pajarón (tonto)
El amor es el gran tema en la poesía de todos los tiempos y el folletín clásico y universal, son los 20 Poemas de Amor y una canción desesperada, de Neruda. Los poetas chilenos no son la excepción y Parra, tampoco. Neruda, quizás el más devoto y pantagruélico en su obra, con los Cien Sonetos de Amor de y numerosos textos, como la Oda al amor, y tantos otros personalísimos, Tango del viudo, en Residencia en la tierra e infinidad de textos alusivos hasta el final de sus días.
Sun y el triángulo de las Bermudas
Los poetas no sólo escribían, sino que vivían el amor, verdadero desorden de los sentidos en no pocas ocasiones Parra incursionaba en el amor como en la antipoesía, de manera experimental, acuciosa, obsesiva, sistemática, y la realidad también se hacía poesía, palabra impresa. Quién eres tú repentina/ Doncella que te desplomas/ Como la araña que pende del pétalo de una rosa, se interroga en Canción, y agregaba: caes con el sol, esclava/ Dorada de la amapola/ Y lloras entre los brazos/ Del hombre que te deshoja.
Pero la historia detrás de la historia está en su poema La víbora, y de suma actualidad hoy que el autor de La cueca larga, Canciones rusas, Hojas de Parra, es nuevamente candidato al Nobel de Literatura, y una selección de su obra se traduce al sueco.
Es el folletín parriano, equivalente al famoso poema nerudiano Tango del viudo, La víbora, poema que se decía en su tiempo en Santiago, que le dedicaba a su ex mujer, una sueca, -intriga amorosa que hoy adquiere primerísima plana-, por tratarse de la reputada poeta sueca Sun Axelsson, quien convirtió la vida de Parra en un Triángulo de las Bermudas. Sun, además era la novia del traductor del antipoeta al sueco, Lasse Soderborg. Cuando Inga Palme, su mujer, también sueca, se enteró en Chile de la existencia de la jovencísima Sun, 24 años, arrasó con los muebles de la casa y se los llevó. Una carta fue el detonante.
Dicen que al regreso de Parra de Estocolmo, se vio colmado en el asombro, el día que la joven poeta escandinava laureada de amores parrianos, tocó a su puerta como el cartero, dispuesta a su to be continue affaire con el hamletiano personaje. De allí surgiría el texto de marras, La Víbora, porque su mujer Inga Palme, desató algo más que un temporal en la tasa del té del atardecer del bardo, que dice: Durante largos años estuve condenado a adorar a una mujer/ despreciable/ Sacrificarme por ella, sufrir humillaciones y burlas sin cuento,/Trabajar día y noche para alimentarla y vestirla,/Llevar a cabo algunos delitos, cometer algunas faltas/ A la luz de la luna realizar pequeños robos/ Falsificaciones de documentos comprometedores/ So pena de caer en descrédito ante sus ojos fascinantes/ En horas de comprensión solíamos concurrir a los parques/ Y retratarnos juntos manejando una lancha a motor/ O nos íbamos a un café danzante/ Donde nos entregábamos a un baile desenfrenado/ Que se prolongaba hasta altas horas de la madrugada.
Animal silvestre y humano
Nicanor, en su conquista sueca, había contado su película que estaba separado, que en fin, hasta que le llegó ese otro regalito de improviso, como que no quiere la cosa, -abran quincha, abran cancha-, la sueca nada de gélida entraba a la loca geografía en búsqueda del inefable iceberg antipoeta y mago en el arte de los triángulos amorosos.
Si bien el verso dice, que todo tiempo pasado fue mejor, hoy se especula en Santiago con la idea que Parra sufra una interferencia irreparable en su camino a Estocolmo, producto de ese amor en que él intentó hacerse el sueco, a pesar de la insistencia de Sun, quien le dedicó el poema Estación de la noche. La joven Sun, se encontró con un poeta indiferente, distante, a veces divertido y genial. Irritable, brusco y celoso, según sus palabras.. Axelsson cuenta además, que Parra la dejaba encerrada en la casa con llave, “parecía que había perdido la razón”. La persiguió para que no le dieran trabajo, y no le abandonara, dice la sueca. Dos famosos poetas le ayudaron a la escandinava para salir del laberinto parriano: Jorge Teillier y Pablo Neruda. Ella, traduciría al sueco a Neruda y “sería una aliada en su carrera al Nobel”, según relata un diario chileno. El antipoeta se defiende, y la califica de “animal silvestre y profundamente humano, pero poco fiable”
No todas las sábanas conducen a Estocolmo
Cuando Sun enfermó seriamente en Chile, Violeta Parra, intervino para hospitalizarla, porque Parra no creía en la enfermedad. El poeta dice ahora que ya está paz y salvo con la escandinava, aunque el affaire lo conoce todo Estocolmo y sus alrededores. Los suecos no entienden, como era de esperar, el humor parrriano, por lo que su candidatura está en capilla ardiente, además del introito kafkiano con la poeta Sun.
Seguía Nicanor la tradición tórrida nerudiana, el Capitán y sus versos anónimos en Capri o de Huidobro en su fuga en automóvil a Buenos Aires, con la raptada Ximena Amunátegui, un “animal de exportación”, de acuerdo con la leyenda muy apegada a la realidad. El poeta Altazor se abrió paso a balazos para cumplir su misión dictada por el corazón, a quien nunca le hizo concesiones.
Y de Pablo De Rokha el más fiel de los infieles poetas, que estremeció al Comité Central del Partido Comunista de Chile, cuando raptó a Magda Cazone, esposa de un dirigente internacional del Partido Comunista, que visitaba Chile, en 1937. El escándalo estremeció en ese entonces la propia Cordillera de los Andes. La quiteña Cazone tenía solo 20 años, en la flor de la poesía, y se llevaba por los cachos al huaso de Licantén, el mismísimo Pablo De Rokha, quien llegó a decir que había inventado el matrimonio.
Enrique Lafourcade encuentra, según él, un último amor en el Neruda del ocaso, y nada menos que con Alicia, una sobrina de su mujer Matilde. Nada comprobado, sólo parte de la leyenda del Vate de Isla Negra, que hizo del amor el oxígeno de su poesía y motivó tantas fantasías como realidades, las que aun perduran como cerezos en flor.
El amor, el amor
Sin amor, la poesía viaja en círculo, se muerde su propia cola. Lagarto de su propio pantano, no tiene mucho sentido, para el poeta, mirarse al espejo en off. Los poetas quieren sentir el lecho caliente, la humedad insondable, el fruto púber palpable del pozo de estrellas y algo más que las nostalgias amarillas del pasado.
A Parra, quizás bien le venga, como a otros en su momento, los memorables versos de Alfonso Alcalde: AQUELLOS/ que abandonaron sus ropas,/las inexplicables llaves de los hogares/ y borraron toda huella de vida/ ultimándose uno al otro/ acusándose de mutua fidelidad/ y blasfemaron sobre el único/ cadáver del amor. SEAN ENSALZADOS.
Parra nos sigue relatando en La Víbora, sus peripecias amorosas, que vivió prisionero del encanto de aquella mujer, la que se le presentaba en su oficina completamente desnuda, le separaba de sus amigos, le exigía perentoriamente que besara su boca, y relata que esa situación de patético absurdo, agregamos, se prolongó durante cinco años.
Y el absurdo parriano del amor en el desencuentro, se apodera del texto de la atmósfera, la bruma irónica del desencanto, la frivolidad aparente, el desasosiego continuo de su palabra. La antipoesía en movimiento, sumando el subconsciente, entrando en el archipiélago dorado de la última conciencia, derribando los peldaños para no alcanzar ninguna escalera, hacia un paisaje que se arma y desarma al ojo, con un Yo despojado de lirismo, objetivado al máximo, reducido a las fuerzas internas del propio poema.
La víbora le persigue por Santiago, viven juntos en un cuarto junto al cementerio, ella no le deja usar su propio cepillo de dientes, sin embargo, se recibe de abogado y le insta a que se asocien en un negocio para vivir el amor en un pequeño nido lejos del mundo. Parra, el poeta, despierta el sueño de la mujer y le dice en un tono de realismo real: Piensa que de un momento a otro mi verdadera mujer/ Puede dejarnos a todos en la miseria más espantosa. Una salida muy de nuestros tiempos. Corresponda La Víbora o no, a esos amores parrianos, es una historia.
Y sigue la historia en pleno siglo XXI, en el ocaso del poeta, con 91 años, a un paso del Olimpo sueco definitivo. Y se dice que es cuando surge la pequeña gran piedra en el zapato camino a Estocolmo, el precio de su tórrido amor sueco.
Una delicia de oro matutino, Neruda
En la primera edición de Poemas y antipoemas, solapa, Neruda escribió: ”Esta poesía es una delicia de oro matutino o un fruto consumado en las tinieblas”. Gabriela Mistral, siempre rotunda, adelantada, diría en 1937 con relación al libro Cancionero sin nombre: ”Estamos ante un poeta cuya fama se extenderá internacionalmente”. Parra tenía 23 años. Un pichón que no se asomaba al Olimpo, ni se codeaba con el pequeño Dios, ni enfrentaba al Amigo Piedra. Se silenció por 17 años. Perdió la voz o estaba buscando su propia voz. Emir Rodríguez Monegal, crítico uruguayo, dijo que Parra ha llegado a la originalidad poética por el método tan simple, tan difícil, de ser el mismo. Su poesía es anticonvencional en el sentido que no trata de ser “poesía”. El poeta y crítico chileno, Federico Schopf, uno de los primeros estudiosos de la antipoesía, concluyó que la obra de Parra constituye el último momento fundamental de la poética chilena.
Los grandes poetas norteamericanos lo traducen al inglés: William Carlos Williams, Ginsberg, Ferlinghetti, al sueco por Artur Lundqvist, como al francés, ruso, checo y portugués, entre otros idiomas.
La Cueca larga, dice Fernando Alegría, arranca de una raíz auténticamente popular, y por ende, universal.
Alone, el crítico de la época, lo calificó del “más pujante y sonriente, floral y festivo de los poetas nuevos...impetuoso, divertido, soñador de pronto y lejano, acróbata, imprevisible, inagotable, familiar, exquisito...el extraordinario Nicanor Parra,...a cuyo lado los demás se disuelven o huyen, graves, mínimos, inmóviles, presas de su compás...” y siguen los calificativos.
El crítico de recambio en El Mercurio, el sacerdote Ignacio Valente, siempre criticó positivamente la obra de Parra, y los amigos vieron un persistente intento por asociarlo a la cruz, lo que el antipoeta aun rechaza.
Flores y espinas en el jardín
Parra, alejado de “los metaforones de los años 30”, también huye de todo convencionalismo, forma y contenido “conocido”, es un cuervo que intenta sacarle los ojos a la poesía para volver a fecundarla, porque él nos dice que la ve con nuevos ojos.
Armando Uribe Arce, poeta, apunta sobre la obra de Parra, cuando dice: desde Residencia en la tierra, ningún otro poeta chileno había dado en la realidad común y ominosa. Esa es una clave en la poética parriana y un punto de arranque y la más elogiosa de las apreciaciones a su obra, aunque se recurra al fantasma de Neruda, el más real de los cuerpos de la poesía chilena.
Parra escribe, según el novelista Roberto Bolaños, como si al día siguiente fuera a ser electrocutado. ¿Sobreviviente de su propia autodestrucción? Conociendo a Parra, diría: a mí, que me registren. Bolaño deja entre los poetas del siglo XXI a Parra, Borges , Vallejo y Cernuda.
Después de estas rotundas afirmaciones, me gustaría conocer la poesía de Neruda, la Mistral, Huidobro y De Rokha.
Estas son las flores del bien, para la emergente en ese entonces antipoesía, pero no todo marchó miel sobre hojuelas para el hermano de Violeta Parra, cuya poesía De Rokha calificó de asco y que le inspiraba lástima.”Parra no es nada más que un snob plebeyo y populachero, no popular, un versificador en niveles abominables de oportunista...un pingajo del zapato de Vallejo, concluía su apreciación De Rokha, cuyos comentarios siempre estuvieron más cerca de la lápida, que de la obra.
Miguel Arteche, un conocido poeta chileno, católico, se interrogó: ¿Es folclore, es poesía?, ni lo uno ni lo otro, se respondió. Un mal paso para Nicanor Parra, sentenció. El padre capuchino Prudencio Salvatierra, se preguntó sobre la antipoesía: ¿Puede admitirse que se lance al público una obra como esa, sin pies ni cabeza, que destila veneno y podredumbre, demencia y satanismo?....No puedo dar ejemplos de la antipoesía de esas páginas, es demasiado cínica y demencial. Me han preguntado si este librito es inmoral. Yo diría que no; es demasiado sucio para ser inmoral. Un tarro de basura no es inmoral, por muchas vueltas que le demos para examinar su contenido.
Nadie es profeta en su tierra
Parra respondió: “Nadie es poeta en su tierra.” Chile es un país de poetas, indiscutiblemente. Dos de ellos candidatos a la presidencia de la república: Huidobro y Neruda. Dos premios nobeles: la Mistral y Neruda. Tres de ellos, conmocionaron en su tiempo a la nación con sus diatribas y gran poesía: Huidobro, De Rokha y Neruda. Dos de ellos, viajaron por el mundo como poetas, diplomáticos y dieron a conocer a Chile y un tercer, antes que todos, partió a París, a compartir la gran mesa de la poesía universal: la Mistral, Neruda y Huidobro, en su orden. Parra, no había nacido, literariamente hablando, y entraría al ruedo en 1954, y su objetivo sería la poesía del poeta que se encontraba en el Olimpo: Neruda. En todo esto, siempre un común denominador, Neruda y el fantasma real del impacto de sus Residencias en la Tierra. Neruda fue el que más lejos “fue” en política, senador y militante activo del partido comunista, amado por sus huestes y odiado por la recalcitrante derecha. Siempre estuvo el vate de Isla Negra en el ojo de la tormenta. Nunca olvidado por amigos y detractores. Hasta que llegó el tiempo de Parra, con su nueva poética y postura, y en el trasfondo de la trastienda, siempre Neruda.
El poeta de los Versos de Salón, irrumpió a su manera, no sólo con sus cañones llenos de antipoesía, sino con su presencia de hombre público, sin oficialismo, pero nada de lo que hacía podía ser indiferente para Chile, un país de poetas. Además acuñó unos versos memorables cuyo objetivo es barrer con los mitos poéticos chilenos desde la perspectiva de la antipoesía; los cuatro grandes poetas chilenos, son tres: Alonso de Ercilla y Zúñiga y Rubén Darío.
A su manera
Entró en escena, a su manera, como diría Frank Sinatra, pero con esa tradición del poeta que dice lo suyo, y va donde las papas queman. La antipoesía es hija también de la guerra fría. Se puede ser francotirador, pero sin olvidar que el bumerang existe y golpea donde menos se espera. El díscolo poeta, irreverente, rebelde, nuevo sacerdote, disparó sus letales textos y artefactos contra el pequeño burgués y el establecimiento. Desconcertó con sus artefactos: Cuba, sí /Yankis, también; Se vende Chile /tratar con Frei. Su viaje a Washington, que derivó en una invitación a la Casa Blanca a tomar té con la señora Nixon en pleno bombardeo a Vietnam, simplemente devastó al antipoeta. Hubo quienes le hicieron la ley del hielo en el Pedagógico de la Universidad de Chile y otros, le aislaron en diversos círculos de escritores y políticos. Fueron días, semanas, meses, efervescentes y negros en prosa para Nicanor Parra, en la cúspide poética chilena y allende las fronteras. Muchos comentaban sobre la idea del suicidio entorno a Parra, aunque un día Waldo Rojas, mucho después, claro, me dijo desde París: Parra nos va a enterrar a todos.
Treinta años después, el poeta diría, cero problema, y que sólo espera cruzar el río para encontrarse con su hermano Roberto, autor de las Cuecas Choras y seguramente Violeta. “Médico el ataúd lo cura todo”.
Ya había estado en Pekín y Moscú. Sí, el poeta del momento, se desplazaba en el ojo de la tormenta, en tiempos de verdadera olla de grillos en la política criolla, en el compromiso y los gustos literarios.
Se perdió el Polo Sur
América Latina también se polarizaba política y poéticamente. Ernesto Cardenal, una de las figuras visibles, con su exteriorismo, José Lezama Lima, como un dragón tocando la flauta barroca de Hamelín en el trópico de la Mayor de las Antillas, Neruda, siempre omnipresente, Paz, con sus visionarios ensayos críticos, Borges, el poeta conservador, clásico, cáustico, anarquista, defenestrador de virtudes y amante de los atardeceres lúdicos, siempre en primera línea. Ginsberg, aullando en el norte. Sin embargo, eran los novelistas los que se hacían sentir más, como García Márquez, Vargas Llosa, Sábato, Cortázar, Arguedas, Carlos Fuentes, Benedetti, y Roa Bastos, entre otros. La corte es más larga que los propios milagros. La globalización hoy, el mundo mediático, borró, barrió literalmente al intelectual público, de la plaza, y nos puso en video la imagen del absurdo, copiada, eso si, del mundo real, con locutores teledirigidos por la estupidez virtual de la mediocridad banal, exquisita discípula de la frivolidad. José Saramago es lo más parecido a esos sobrevivientes que aun no arrían su bandera. Los demás, no todos, en el top show de la farsa.
El mundo tenía dos polos y ahora uno. Se perdió el Polo Sur, ni nos dimos cuenta. ¿Se derritió por la capa de ozono, el efecto invernadero, porque se cayó el Muro de Berlín, fue el fin de la historia que se lo llevó al río, que se fizo el Polo Sur, dónde quedaron los burgalés de pro, qué se ficieron?
Parra nos había dicho hace más de 15 años, en su texto Tiempos modernos: Atravesamos unos tiempos calamitosos /imposible hablar sin incurrir en delito de contradicción/ imposible callar sin hacerse cómplice del Pentágono. Se sabe que no hay alternativa posible /todos los caminos conducen a Cuba/ pero el aire está sucio/ y respirar es un acto fallido...Todo contaminado de antemano, concluye el texto. Nada nuevo bajo el sol.
Había confrontación en tiempos de la guerra fría, posiciones y una cierta efervescencia intelectual, que en su minuto sorprendió a Parra en el Chile convulsionado y también en el de Pinochet, el más agitado de todos, con calaveras, incendios y un hermetismo poético de kafkianos contenidos, pero aunque hubiese extremos, que nunca se juntan, existía una mayor presencia de la poesía en la vida y en las cosas. Parra volvía a decir lo suyo en 1985 en Hojas de Parra: ENTONCES/ no se extrañen/ si me ven simultáneamente/ en dos ciudades distintas/ oyendo misa en una capilla del Kremlin/ o comiéndome un hot dog /en un aeropuerto de Nueva York/ en ambos casos soy exactamente el mismo/ aunque no lo parezca soy el mismo.
Vértigo y abismo, la poesía
José Lezama Lima, un animal tropical y barroco y clásico de gran instinto poético, muy alejado de Parra y la antipoesía, dijo a través de su personaje Oppiano Licario de su novela Paradiso: un poeta, como tal, es también su biografía, sus lecturas, sus comidas y su mundo familiar; es esa realidad sobrenatural que siente actuar dentro de él, que lo modifica a cada instante y que coexiste de una manera mágica con la realidad natural. Lezama Lima habría dicho alguna vez: cuando estoy claro escribo prosa, cuando oscuro, poesía. Sólo se llevaban cuatro años de diferencia, Lezama y Parra. Ambos, en las antípodas poéticas, les une sólo el asma. Curiosamente uno hace tomar lecciones de abismo, al lector, el caso de Lezama, y vértigo, Parra. Extremos de una misma cuerda, un cielo que se cae a pedazos a su manera en el corazón del lector. Parra aspirando los mortales residuos de los plátanos tropicales y Lezama con su asma en Trocadero, fumando puros, en una Habana nostálgica, dos asfixias para una poesía ya clásica, y aunque aceite y vinagre, yo las junto en mi alcuza para ser cocinando.
Es tan sólo un paréntesis, la antipoesía está hecha de otro barro o greda, es un viaje distinto en presente, sus propias toxinas trae y lleva, a veces en un pasaje de ida, sin retorno, o casi siempre, porque el poeta concluye abruptamente su mensaje, y nos deja en el mismísimo aire del aire, pero en tiempo real, solo a unos metros del limbo si no nos montamos bien en el patín.
El esqueleto fuera del closet
La antipoesía vino a sacar los esqueletos del closet, a reciclar con su propio lenguaje todos materiales, humanos y divinos, populares, especialmente, y se inserta en la gran tradición poética de Chile desde su propia perspectiva, desinflando el yo lírico, pero muy involucrado su protagonista a todo cuanto ocurre en las raíces de sus antecesores y en la estrategia de la confrontación, del aquí vengo yo. El poeta no es un artesano, ni hace empanadas, recordaba Parra a Benedetti en una entrevista publicada en Marcha en 1969. Puede haber iluminación y revelación, y ahí como que se nos quiere aproximar a Rimbaud, en la actitud, aunque su influencia no es francesa.
Parra, su autor, está retratado de pie a cabeza en la antipoesía, que pareciera ser más autobiográfica de lo que se cree, aunque el yo colectivo, y el todos somos el poema, es el que cuenta a la hora de la lectura, y el poeta pareciera estar trabajando con una magra materia llamada lenguaje que objetiva al máximo, al que pareciera previa puesta en circulación haberle hecho la autopsia.
La antipoesía es también un intento, experimento, acierto, creemos, logro, sin duda, una manera de poner ad valorem la propia poesía, con una serie de elementos que estaban allí o no necesariamente, pero que Parra incorpora siempre desde esta nueva perspectiva: la ironía, el humor, la paradoja, todas las contradicciones habidas y por haber, el paisaje verbal, humano, natural de Chile, porque hay mucha chilenidad en la obra de Parra, en la cual se topa con Neruda, De Rokha y la Mistral, cada uno dentro de su propia retórica y manera de apreciar lo chileno, asimilarlo, transformarlo y cantarlo en su obra.
El antipoeta es hombre de tradiciones y ha respetado a sus mayores más de lo que imaginamos, no le da la espalda al pasado, al origen de las cosas, a lo esencial, sabe de donde partir y tomar impulso, aunque después el velocípedo adquiera otras velocidades y rutas, que el propio autor ignora, pero que investiga y sobre todo, se arriesga a transitar sin saber del todo el paradero. En este carrusel de la antipoesía, hay menos anti de lo que muchas veces creemos. Es difícil desprenderse de toda la utilería del pasado, por más que inventemos la pólvora, que ya explotó en la milenaria China o la rueda, que viene rodando de tiempos inmemoriales sin detenerse.
Sepulturero de metaforones
La antipoesía echa todo en su saco, pero no roto, en la Caja de Parrandora, recicla los materiales, inhala desde el estiércol a la primavera, de nada se priva el poeta, su oficio: boxear con las sombras del mediodía, arrancarle espuma al verbo, sacar del cuidado intensivo a la “poesía tradicional”, Parra se siente un sepulturero de adjetivos y metáforas, porque si no dan vida, matan. Hombre de poca fe, pone toda su fe a la antipoesía. El profesor, hijo mayor de un profesor primario y de una modista de trastienda, le hace un test a la antipoesía, para distanciarse de sus pares y presentarse en su desnudo diván, sólo frente al diluvio azul del vals poético chileno. Embutido de ángel y bestia, respondió con la Cueca larga, en la mejor tradición popular. “No hay mujer que no tenga dice mi abuelo/ un lunar en la tierra /y otro en el cielo. Otro en el cielo, mi alma/ por un vistazo/ me pegara dos tiros/ y tres balazos.
Siguió los consejos de Huidobro, cuando dijo: ”un poeta debe decir aquellas cosas que nunca se dirían sin él”. Sólo por medio de la poesía, remataba Vicente Huidobro, el hombre resuelve sus desequilibrios, creando un equilibrio mágico o tal vez, un mayor desequilibrio. En eso ha andado Parra, al parecer. No hay paraíso, no se perdió, porque no existió para la antipoesía. Ni nostalgia, y poco se le ve en el pasado. En algunos momentos podemos atribuirle vínculos, golpes de dados, con las Residencias nerudianas, ese Neftalí Reyes Basoalto, tan presente en la poesía chilena, poemarios que inclusive elogiaba De Rokha, en la clandestinidad de su orgullo. No podemos matar al padre, sin llevar parte de su sangre, y en este río de la poesía, todos van a dar a la mar.
Médico, el ataúd lo cura todo
Parra nos responde a todos, desde su perspectiva, con El anti-Lázaro, el último poema de su libro Hojas de Parra, que editó en 1985, y que recoge la sal y la pimienta, el aceite y el vinagre, la ironía trascendente, la visión y los temas de la antipoesía, esa mirada por el ojo de la cerradura que puede dar con el culo del mundo, en cualquier instante, veamos:
Muerto no te levantes de la tumba /qué ganarías con resucitar/ una hazaña/ y después/ la rutina de siempre/ no te conviene viejo no te conviene/ el orgullo la sangre la avaricia/ la tiranía del deseo venéreo/ los dolores que causa la mujer/ el enigma del tiempo/ las arbitrariedades del espacio/ recapacita muerto/ que no recuerdas cómo era la cosa?/ a la menor dificultad explotabas/ en improperios a diestra y siniestra/ todo te molestaba /no resistías ya /ni la presencia de tu propia sombra/ mala memoria viejo ¡mala memoria!/ tu corazón era un montón de escombros/-estoy citado tus propios escritos-y de tu alma no quedaba nada/ a que volver entonces al infierno del Dante/¡para que se repita la comedia? qué divina comedia ni qué 8/4/voladores de luces-espejismos/ cebo para cazar lauchas golosas/ ese si que sería disparate/ eres feliz cadáver eres feliz/ en tu sepulcro no te falta nada /ríete de los peces de colores/ aló-aló me estás escuchando?/ quién no va a preferir/ el amor de la tierra/ a las caricias de una lóbrega prostituta/ nadie que esté en sus 5 sentidos/ salvo que tenga pacto con el diablo /sigue durmiendo hombre sigue durmiendo/ sin los aguijonazos de la duda/ amo y señor de tu propio ataúd/ en la quietud de la noche perfecta/ libre de pelo y paja /como si nunca hubieras estado despierto /no resucites por ningún motivo/ no tienes por qué ponerte nervioso/ como dijo el poeta/ tienes toda la muerte por delante.