viernes, abril 25, 2014

Vuelve Banksy a la escena del crimen, como victima de un robo sin precedentes de su  impactante arte urbano, que se expresa en la  calle de manera espontánea, cotidiana y con un valor artístico indudable. Goloso el mercado neoliberal, como una gran rata, da un zarpazo a la obra indefensa de Banksy, sin su consentimiento, para exponerla en una subasta intitulada: «The Stealing Banksy» («El Banksy robado»). ¿A confesión de parte, relevo de pruebas? La muestra, es una antesala, de una subasta de la obra pública, ciudadana, patrimonio del espacio público.
El Street  Art Británico, tan apreciado por el público corriente que disfruta con perplejidad la belleza de un artista  inteligente, creativo y generoso, ha quedado vulgarmente en la calle, desnudo de protección y bajo el imperio del despojo, con larga historia en la Rubia Albión.
Banksy está molesto, avergonzado, ha repudiado públicamente este acto inmoral  contra el arte, el artista y la cultura. Este show no tiene nada que ver conmigo y me parece repugnante que cualquiera pueda retirar arte de las paredes sin permiso, ha expresado con  justa indignación.
 Los saqueadores del  Arte Urbano seleccionaron siete obras de Banksy, dos de ellas ilustran este texto. Rompieron la magia del lugar, el instante de libertad del artista que escogió un sitio único para el destino de su trabajo.
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Del epilogar
Toda historia  tiene un revés, como una moneda. Nadie sabe quien es Banksy. Solo las paredes  de Gran Bretaña, escenarios como  Nueva York, son los testigos de quien instala el arte callejero, las perfomances de este misterioso graffitero del siglo XXI. Para los màs perspicaces seguidores de Banksy, cuyos datos personales  no superan a un desconocido transformado en fantasma. Banksy quien sea, alegra las calles y alienta el mercado. De esto último se habla  hace mucho tiempo, que detrás de  este arte callejero se encuentra la industria. No es de extrañarse, aunque escribo esta nota sin pruebas. Los diarios internacionales, se hacen eco, una y otra vez,  de este rey midas que cada cierto tiempo estremece el mercado y acrecienta su leyenda. No sabemos de otro "Robin Hood o asaltante del Arte", en estos  tiempos donde el rey es el mercado.
 
Le reinstalación transitoria de Banksy en las galerías del mercado, en un oscuro sótano, para después ser subastada a la gente VIP, en una cifra nada despreciable de  unos 4 millones de euros,  demuestra la magnitud  del operativo artístico. Un  gran negocio es rescatar esta obra de la calle y después sacarla al mercado. Dicen que todo se realiza con la autorización dl dueño del inmueble. Es una acto casi  surrealista de recobro de una imagen expuesta al  deterioro y daño de algún transeúnte no convencido del arte que no está encerrado en un museo o galería. Los graffitis de Banksy tienen un tiempo de duración, al parecer, y después caen al mercado como un negocio que no tiene precedente en el arte callejero. Pareciera ser, para algunos, una gran movida, un artilugio del mercado. Qué sería de  algunos sin este dios que habita realmente entre nosotros y se apodera de nuestra voluntad. Oh, my god,/ dicen los más aventajados del mercado/adictos a su espiritualidad/ sonar de las monedas/  mercancías sin memoria/Sueñan con lo nuevo y desconocido/ tan pronto pueden /devoran el último inventario/el vestigio de la salvación.
Detrás del Banksy que  no conocemos, sólo sus obras expuestas al mundo cotidiano, deambulan no solo estos mercaderes, sino el propio FBI, que en una de las subastas en Miami, habría amenazado con intervenir para detener un proceso supuestamente ilegal  o no consentido por su autor. Nada de lo que ocurre es nuevo, se han retirado graffitis  desde Cisjordania a Liverpool, y todos han terminado en una operación de compra y venta.
Màs allá de los trucos de Banksy y de quienes desmontan sus obras y las subastan, está el Arte que  hace o se hace en nombre de Banksy. El graffitero apunta  a la sensibilidad y actualidad, a mover conciencias, a graficar el siglo XXI, allí, donde mora la (in)consciencia humana. Un lujo para estos tiempos sin tiempo. Un mundo que no toca fondo y patalea como un ahogado. Estamos paseando por un acantilado sin malla de protección.

miércoles, abril 23, 2014

Un libro, un árbol

Un libro,
un árbol,
para seguir
RESPIRANDO.
Rolando Gabrielli©2014

jueves, abril 17, 2014

Los conjuros no son perfectos (Los Funerales del Papá Grande)



 
"Y cabe todo abril en una rosa"
GGM
 
Los conjuros no son perfectos. Ayer en la noche busqué en mi desordenada biblioteca un libro biográfico sobre Gabriel García Márquez. Algo íntimo, abrí algunas páginas al azar, revisé fotografías de ayer, anteayer, del presente más presente, del pasado, pasado y de lo que se podría proyectar hacia el futuro. Vi  de reojo en los estantes los clásicos que escribió y que le inmortalizaron, uno de los libros más emblemáticos de mi generación, la novela que irrumpió a finales de los sesenta  con su propia lámpara convirtiendo el hielo en fuego literario. No toqué una sola página,  dejé que la novela se sostuviera así misma con su propia imaginación  en las viejas tablas sobresalientes de la pared. Otros tomos quizás querían conspirar y me miraban  ansiosos para que los recogiera y revisitara. Creo que les guiñé un ojo.
En las últimas 48 horas había leído algunos mensajes de su familia, reveladores en si mismos, cargados de la víspera  inevitable. Una de esas palabras resumía todo: frágil.  En días pasados me encargué que se le pusiera frágil a unas láminas que se enviaban a un país centroamericano para que no se dañaran. Frágil siempre va en letras rojas y es un alto, cuidado, un llamado de atención. Frágil es todo lo que se puede romper.
Esta vez la palabra no iba a tener un contenido diferente. Su hermana Aída,  en Colombia, dio una alarma mayor cuando dijo que  debíamos estar preparados para aceptar la voluntad de Dios.  Uno quisiera que la gente fuera eterna y  no muriera. Todo lo demás, era realismo mágico.
Con  este presentimiento me acosté anoche y a estas horas que escribo, Gabriel García Márquez, -quien le había dicho a los periodistas al salir del hospital que se fueran a trabajar en vez de preocuparse por él-,   hoy es polvo enamorado que recorre su infancia  en Aracataca, el pueblo mágico que le regaló su destino y que  su  abuelo Nicolás le contaba, hacía vivir cada día, en cada rincón de sus calles e historia. Un pueblo en miniatura, mágico, con circo, gitanos, tiendas del Oeste, calles polvorosas, vendedores de chucherías, mercancías únicas y el cine del pueblo: la magia de las magias para un niño vivaz. Fueron siete años y le bastaron para toda una vida.
Dormí y soñé con mariposas amarillas  aquella noche y recordé un día que pasé por ese polvoso pueblo donde se encontraba la mítica finca bananera Macondo,  cuyo nombre inauguraría un nuevo mundo para la literatura en América Latina. Viajé a reencontrarme con mi generación, que mucho le debe  al autor de Cien años de soledad, El coronel no tiene quien le escriba, Los funerales de la Mamá Grande,  La hojarasca, El otoño del patriarca,  El amor en tiempos del cólera, El General en su laberinto.
Los últimos tramos de los sesenta, con La Mala hora incluida, tienen ese aire, la inconfundible atmósfera y sello de un parto genuino. América latina tenía carta de ciudadanía, pero seguía con sus deudas centenarias, la pobreza y abandono de su gente, las tiranías. El sabor agrio de una guayaba en descomposición.
El arquitecto y fabulador del universo macondiano se decidió  arrastrar por el mundo a todo un subcontinente mestizo con un relato que lo identificaba y pondría un sello imborrable a nuestra identidad. La palabra soledad ya tenía carne y hueso, un cuerpo visible, una historia real y mágica.
Chile no es Caribe, pero en mi tiempo la gente leía y soñaba  y emprendía aventuras con la palabra y vivía el realismo mágico a través de la literatura de Gabo. Aún no llegaba la fiebre digital ni la dictadura de la imagen y de la estupidez. Eran  otros tiempos, donde se soñaba bajo las estrellas o en algún cuarto de estudiante.
No fuimos diferentes ni indiferentes en nuestros años universitarios, tres grandes novelistas nos motivaban esos días con la fuerza de un huracán, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y Juan Rulfo.  Borges era una isla aparte.
Eduardo Marín, colombiano,  periodista, compañero de curso, oriundo del Quindío, recreaba en sus palabras  y de la Mamá Grande, los pasajes que para nosotros los chilenos superaban no solo la realidad, sino la ficción.  Acudía a un mapa de América latina y mostraba las agitadas zonas de la violencia colombiana, hace más de cuatro  largas décadas. Colombia  prolongaría su historia  violenta y GGM sería el cronista más aventajado de su época y de la vida convertida en un tsunami social para los millones de colombianos dispersos por el mundo y por su propia tierra sin un techo.
Años después, cuando me instalé a vivir en una de las sucursales de Macondo, comprendí que realidad y ficción eran una misma cosa, y aún no podía entender como un Noruego, Chino o Alemán, podían leer con tanta pasión Cien años de Soledad. Macondo era mucho menos ficticio que la realidad que ocupaba Aracataca en el mapa colombiano, hoy un pueblito de 32 mil habitantes más abandonados que la palabra abandono, allá en el Magdalena  colombiano. Me sigo preguntando algo más: ¿Nunca llegará el boom económico a Aracataca? Su hijo más ilustre puso a Colombia,  América latina y su narrativa, a esas calles desoladas en el mapa universal, describió como ninguno la tragedia  de un  pueblo que lucha por sobrevivir en medio de una desgarradora violencia que pareciera no tener fin.  Conservadores y liberales, liberales y conservadores, dueños del tiempo y de la verdad, el eterno turno de la tragedia.
Su muerte en México,  donde residía exiliado desde 1961,-con "ires y venires" por el mundo-  convocó a la gente humilde  a la casa del niño que fue y eclipsó el sol en Macondo, y los hijos de Aracataca comenzaron a encender velas blancas y a contemplar la vida llena de los recuerdos de la Casa fundacional, como si todos los personajes de Cien años de Soledad acudieran a una última cita con la vida y la muerte. (México, lo he dicho varias veces, es un fuerte imán para escritores y músicos extranjeros. Los más relevantes escritores colombianos  establecieron su residencia en el DF. Álvaro  Mutis, fue el primero en encabezar la lista de los famosos muertos en los últimos siete meses. La lista la integra el argentino Juan Gelman y el mexicano José Emilio Pacheco) 
Aracataca, nacida en las llamadas tierras de la Santísima  Trinidad, gobernadas hace siglos, por el rey de España, es empujada por el ocio, aburrimiento, el olvido de todos los gobiernos colombianos de los últimos dos siglos. Aracataca ya ha vivido  200 años de soledad y resistido a esa indolencia burocrática y a una impudicia  epopéyica al uso y abuso del verbo hacer, sin hacer nada. Es un pueblo tan latinoamericano como un aula de enseñanza para nuestros  gobiernos mediocres y rateros. La estirpe de alcaldes que se turnaban con proyectos faraónicos, demenciales, inútiles, pareciera no tener límites, ni fin, los pueblos han sido arrastrados por el laberinto de la postergación y desidia.  Un dato refleja la magnitud  de estas afirmaciones. La remodelación y construcción de la vieja casa de los abuelos de García Márquez se estimó a un coste de 40 millones de  pesos y su restauración terminó costando 200 millones de pesos.
Ahí nació, quien se calificaría como un inofensivo francotirador, y recorrería incansablemente América latina y Europa, para conspirar en favor de las causas progresistas de esta parte del mundo. Llegó a decir que no escribiría más hasta que cayera Pinochet, La Habana fue su segunda casa, visitó constantemente Panamá en vida de  Omar Torrijos por el tema del Canal y la guerra en  Centroamérica y siempre puso sus buenos oficios por la paz de Colombia. Su vida está llena de anécdotas, en estos días circulan profusamente desde Aracataca a Moscú, seguramente el mito y la leyenda las multiplicará como reguero de pólvora. Algunas suelen ser particularmente divertidas y significativas, como la que se relaciona con la firma del Tratado del Canal de Panamá en 1977. García Márquez y el inglés Graham Greene, eran invitados de honor de  Torrijos el día de la firma de los Tratados en Washington, pero no tenían visa para entrar a Estados Unidos. Su ingreso estaba prohibido. Las autoridades panameñas resolvieron el tema otorgándole pasaportes panameños, los nacionalizaron de un solo plumazo.
GGB  venía a Panamá desde sus días de indocumentado en México. Tomaba un vapor y cruzaba el Canal para cumplir con los requisitos de las severas leyes mexicanas y de inmediato retornaba a la legalidad azteca. En uno de sus últimos viajes, se quedó en el Hotel Bristol, en el área bancaria de  Panamá y salió a caminar por las calles aledañas. De pronto ingresó a la librería El Hombre de la Mancha, que publicitaba su obra con una réplica de un maniquí de cartón del tamaño del autor. Me contó un ex vendedor de la librería, que nadie le reconoció. Supongo que cumplió con uno de sus sueños, pasar desapercibido cuando la fama no le dejaba respirar.
El Gabo fue un "intelectual" de los que ya  no existen, comprometido con las causas vitales de su tiempo. Usó su prestigio para que América latina  se mirara  y reencontrara así misma. Fue un cronista y personaje de su tiempo. Un periodista de agallas, reportero nato, que defendió con lucidez e imaginación como pocos  una profesión sobresaturada por la tecnología, pasada de moda por la camaleónica realidad, invadida por la mentira y desprestigiada por puro gusto. Lo hizo de la única manera posible, con creatividad, talento, imaginación y honestidad. Y recordó que la Ética es como el zumbido al moscardón.


El idioma de la imaginación no tenía límites, GGMárquez se había instalado en el corazón aventurero del hombre, ese que nunca termina de soñar y vive en todos los pueblos del planeta.
Cuando viví  en Colombia, comprendí que  la literatura de GGMárquez era mucho más realista allí, que en cualquier otra parte del mundo. Lo fantástico resultaba ser lo cotidiano y lo asombroso,  la realidad. Se acercó tanto a Colombia,  que vivió para contarla, porque su biografía era también la historia de su país. Una narrativa llena de historias fantásticamente reales, experiencias, el espejo de su propia patria, como un río que aún no puede llegar  a la orilla. Pienso, sin embargo, que su amor y devoción por la poesía fue  algo providencial para el éxito de su narrativa. Él lo expresó a lo largo de su vida de una y mil maneras, su reconocimiento absoluto a una musa tenaz y esquiva, pero absolutamente imprescindible. Se inició escribiendo versos, como tantos otros narradores famosos, el siglo de oro español era una de sus mayores debilidades y la otra, Pablo Neruda, con quien conversó en diversas ocasiones sobre el misterio de la poesía. La aspiración que tenía el autor de Cien años de soledad, sobre su propia obra, era que el libro tuviera un valor poético más que narrativo. Mario Vargas Llosa , uno de  sus críticos más perspicaz y lúcido de su  novela total, como la califica,  dice que el colombiano devoto de la palabra, se convierte en esclavo de ella  y la sigue a donde se empeñe en conducirlo. Ha logrado GGM, dice Vargas Llosa, el milagro del arte, un poema, una sinfonía en el poblado espacio inmenso de la soledad de Macondo hecho libro.
En mi opinión, tengo la impresión que Cien años de soledad, es el esfuerzo poético, la construcción de  una novela bíblica, en el sentido real, cotidiano de la palabra.
La política y los círculos de poder fue una de sus grandes pasiones. El mundo noticioso no se perdía pisada de los pasos del Gabo  por los vericuetos de la política. Su amistad con Fidel Castro superó todos los récords de fidelidad  a La Habana.  Era un Caribe por los cuatro costados, nadie podría imaginarlo de otra manera. Un pequeño napoleoncito, decía su abuelo Nicolás.
Cuando ya sus cenizas reposen en México y Colombia, o en México (sería un gran homenaje a la paz si  regresaran a Aracataca cuando se haya firmado la paz en Colombia), volverán las oscuras golondrinas a cuestionar el personaje político. Esa es la historia de un escenario anunciado.
Me sorprende que un personaje de la trascendencia e impacto mundial, como lo fue y es GGM, no haya dejado un testamento donde pusiera orden y destino a algunas cosas esenciales, dónde quería pasar su eternidad, por ejemplo. Seguramente la heredera es Mercedes, la Mamá Grande, la del cabello de golondrina incierta. Nada se ha dicho, el hermetismo ha sido total. Nadie esperaba, ni quería  esta muerte anunciada. ¿Habrá dejado su última suerte en manos de  su mujer?, a quien poco se nombra y fue la gran organizadora de la vida de GGM, según cuentan sus hermanas. Después de todo, se crió en medio de mujeres, siempre les rindió culto y sus novelas, tienen también la visión femenina de un mundo machista. Fueron tan importantes, que nunca  les contradecía ni discutía, aplicaba el viejo adagio que solo era posible amarlas.

 Hoy el mundo de la cultura, el pueblo de Colombia y de América latina, sus lectores, despiden al periodista, escritor y cineasta, al intelectual que abogó  incansablemente por las causas justas,  al forjador de periodistas, cineastas, al maestro, al Premio Nobel.

 Su partida física es un largo adiós, así lo reconoce  el planeta a este verdadero faraón popular  de la palabra.  Su entrañable amigo de toda una vida, Álvaro Mutis,  leía  sus originales  antes de editar.  Afirmó en una oportunidad, "que le cuesta mucho decir algo sensato de su obra".  No es poco decir.

Lo que si pareciera estar claro, es que ni García Márquez sabía que iba a morir el mismo día que Sor Juana Inés de la Cruz, hace 319 años, también en el DF.










Del Epilogar sin fin
El mundo, las primeras páginas de los diarios, Internet, los medios audiovisuales, no han dejado de comentar y escribir, pasar imágenes sobre la vida y la muerte de GGM, desde la víspera del viernes santos. Y estamos a 48 horas de su despedida oficial en México, en el emblemático Palacio de Bellas Artes, donde se realizará una ceremonia laica. El homenaje se extenderá por todo México. Colombia está de duelo y durante tres días la bandera estará a media asta. En  su pueblo natal, Aracataca, la bandera también estará a media asta por cinco días y todos sus habitantes  se han declarado en un duelo colectivo sin precedentes. El próximo miércoles, los colombianos leerán masivamente uno de los libros más populares del Gabo: El coronel no tiene quien le escriba. Gabriel García  Márquez se despide en medio del dolor de sus seres queridos y de quienes lo han querido y admirado. Lo hace en medio de un terremoto en México, de un gran estremecimiento de la tierra en distintos puntos del orbe, desde Chile a la Isla Papúa, ubicada  entre Asia y Oceanía.  Nunca pensó, seguramente, que en Colombia lo despedirían con el Réquiem de Mozart.
El mundo no es un vallenato, sino una coctelera, Gabo, tal y como lo dejaste.




 

miércoles, abril 16, 2014

LA SALVAJE ACTUALIDAD DE Banksy, (ataca)...

Banksy es la sombra en  la luz de la actualidad. Dicen que es él y no están seguros. Lo cierto es que se hizo presente en la elegante y rica ciudad inglesa de Cheltenham, con uno de sus  brillantes cuadros callejeros que ilustran una escena del feroz siglo XXI. Banksy sabe donde  le aprieta el zapato, cojea el mundo actual, visceral y líquido. Dibuja, pinta y recrea en un muro  más público que las antiguas cavernas, un escena recogida de las tantas denuncias de Snowden, sobre el espionaje, británico en esta ocasión,  porque allí está el conocido centro de escuchas inglés GCHQ, (conversaciones telefónicas y correos electrónicos de millones de ciudadanos).
Banksy apunta al corazón y ridiculiza los servicios secretos, con una imagen desfasada de los años cincuenta, en medio del furor de la vieja  Guerra Fría. Los  agentes están enfundados en una gabardina frente a una cabina telefónica con unos artefactos que  parecen médicos siniestros auscultando a un paciente. Estos viejos espías con cables, se muestran con sus sombreros y gafas oscuras, ya no asustan a nadie, en medio del más vasta y real espionaje global conocido en la historia de la humanidad.
Estos espías de Banksy, en una de las calles de la cuna del espionaje británico, están n el ABC del espionajes, haciendo su trabajo en la compañía de telecomunicaciones  BT de escuchar a la población.
Algunos dudan que el mural sea del grafittero Banksy, pero tiene toda su hechura, filosofía, impronta. Desde la belleza  e ingenio de sus  dibujos, el trasfondo de sus motivaciones, su salvaje actualidad y valentía en la denuncia.
Banksy se burla de todos, no sabemos quien es, se cree que nació en Yate en 1974, sus datos son meras especulaciones. Su vida es como una respuesta al Gran Hermano que está en todas partes.

Fotografías: Banksynews
Fotografías: Banksynews


 

martes, abril 15, 2014

La luna de abril es roja



 
La luna de abril es roja,
como tu boina
y flota en perfecto alineamiento,
pero solo tú  me eclipsas
en cualquier época
 del año.
Rolando Gabrielli♦©2014

domingo, abril 13, 2014

Valparaíso, quién te olvida



Valparaíso,
quién te olvida,
 no te conoce,
bruma de sangre y sal,
de tus cerros y laderas
nace tu gente y cuelga el amor,
todo el puerto todo el mar.
Dónde está el tiempo,
la suerte de tus cerros locos,
empinados hacia el cielo,
un viento que nos desconoce,
y el puerto arde en llamas
en un otoño ciego.
Rolando Gabrielli©2014

Oh, la memoria

Mi memoria es una farsa
en sí misma,
nebulosa pura,
disfruta con la página
en blanco
que me regatea
el poema
y me borra,
la memoria.
Va y viene,
de adentro hacia afuera.
Al final,
me desconoce.

viernes, abril 11, 2014

Este no es el lugar tal vez

Este no es el lugar tal vez
y no estoy en otro mundo,
ni  anterior al sitio de mi memoria,
quiero decir,
 estuve leyendo días atrás
sobre la ciudad fundada
que no veré concluida,
 ni recordaré con tristeza
sus viejos barrios derribados
o esos puentes ordinarios,
deprimentes que unen
 dos aceras inexistentes,
calles ciegas, muertas, confudidas.
La ciudad es un azar,
una herida,
la cicatriz de mis palabras
que pasan a cuchillo por sus calles

jueves, abril 10, 2014

Identidad

No he cambiado un ápice,
mi lengua, acento,
nacionalidad,
mi manera de vestir
y caminar.
Los mismos vicios,
 ver  pasar la vida,
el reflejo de un pozo,
la palabra,
un incesante río
hacia lo desconocido.
rolando gabrielli©2014

miércoles, abril 09, 2014

Al otro lado del muro

Al otro lado del muro,
irrumpir,
romper el límite,
traspasar
el cuerpo
sobre la empalizada,
escarabajo,
la vida y la muerte,
en un mismo circulo.
Rolando Gabrielli©2014

lunes, abril 07, 2014

Gabriela sigue naciendo



A Gabriela Mistral la conocí desde la muerte. Mi madre me llevó esa mañana solemne del 10 de enero de 1957, al Salón de Honor de la Universidad de Chile, donde la velaban. Hicimos una larga fila  junto a decenas de miles de chilenos que le rendían homenaje a esta misteriosa mujer, que erró por el mundo arrastrando el esqueleto vivo de Chile. Todas las escuelas del país tenían en sus programas de estudios las rondas infantiles de la Mistral y algunas poesías célebres, como Piececitos de niño, que teníamos que aprender de memoria. Nadie de los que estábamos ahí, desconocíamos al personaje que había llegado embalsamado de Nueva York, donde residía, pero era un conocimiento superficial, ese de los manuales oficiales y de los malos críticos. Estaba por cumplir  11 años y las rimas rondaban mi cabeza y otros pájaros que no dejaban de volar. Mi madre pintaba, le gustaba el teatro, la historia, cocinaba como una diosa en el pequeño templo de nuestra casa y adoraba la poesía, el arte.  Años después estuve seguro que veía en mí a un poeta, algo que nunca se termina de ser. Ella era profesora y daba clases principalmente en  provincia.
( A Gabriela sólo pude verla dormida esa mañana en el país de la eternidad, con sus cristos vivos y en viaje a su Montegrande, en el interior del valle de Elqui, Norte chico. Allí volvió a  vivir todas las infancias y la niñez de su inmortalidad. Chile, que colinda con el mar y la cordillera de los Andes, también lo hace con la poseía de Gabriela Mistral) Ahí estaba el  esbelto cuerpo, la imponente figura en una caja de cristal, flotando en su propia atmósfera de reina indiscutida  del pobrerío andino y universal.
Las funerarias tienen un estilo mortal, esa suerte de momificación, donde las manos se cruzan, con anillos y guantes, además de un maquillaje que supera la realidad. El cuerpo intenta estar presente, pero eso ya no  es posible. Pienso, que habrá dicho Doris Dana, su secretaria, amiga y confidente, cuando la vio partir  por última vez de su casa de Long Island. Se cerraban 11 años de una relación con la poeta  más importante y trascendente de las Américas, quien en vida nos enseñó la punta del iceberg de una obra desgarradora, humanista, profundamente chilena, latinoamericana y universal.
Gabriela Mistral se erigió en el mundo poético chileno con la fuerza y energía telúrica del macizo andino, desde el mismo minuto en que ganó el Primer Premio de Los Juegos Florales de la poesía, en 1914, torneo con que la Universidad de Chile celebraba el advenimiento de la primavera. Esos  famosos Sonetos de la Muerte, que 40 años después Neruda diría que la magnitud de  estos breves poemas no han sido superadas en nuestro idioma, la perseguirían por el mundo adonde fuera. Una crítica chilena oficiosa, odiosa, desubicada, machista, pueblerina, envidiosa, troglodita, enana, no descansaría hasta obligarla a marcharse de  Chile. Toda esa historia, constituye  hoy una vergüenza de época. Todos sabemos ahora los frutos poéticos del largo periplo universal de Lucila Godoy Alcayaga, que nunca hubiera querido salir del valle de su infancia, donde todas iban a ser reinas. Caricaturizada, estigmatizada, humillada, los críticos y poetas como Borges, Huidobro, por citar los más conspicuos, la vieron como una escritora trasnochada, fuera del contexto de su época y de las vanguardias, a las cuales ella ignoró olímpicamente porque no tenían que ver  con el ser de su poesía. La Mistral no ponía atención a las vitrinas de su momento, indagaba en sí misma, su infancia, la niñez, país, entorno, América latina, sus indios, el lenguaje que venía de la Gea, le preocupaban las materias esenciales, sus propias e intimas voces, lo que le dictaban sus sueños, muertos, la vida que renacía en sus palabras. Balbuceaba dentro de si misma y corrigió hasta el final de sus días el poema que le dolía o ardía como una braza atravesada en la garganta. Factura mistraliana  es corregir hasta  borrar la huella anterior a la palabra y después sabríamos que ahí no se detenía en su búsqueda y "manía", porque volvía  sobre los poemas y los trasladaba corregidos entre sus libros y también incluía otros como si fueran los cuentos de Sherezade para salvar su propia vida y destino siempre precario, amenazado, incierto. "Esta ingenuidad un poco grotesca de corregir unos versos que andan en boca de tantos, me durará hasta el fin", escribió en 1945, al explicar  el mundo de su poesía dedicada a la infancia.
Gabriela Mistral nos dejó ver una parte de su obra y de su vida. ¿La sombra era más grande que el cuerpo? De alguna manera dejaba pistas, señales, como decía René Char sobre lo que debía ser un poeta. Así la Mistral vivió y murió en su dejo rural, su lengua arcaica, áspera, rocosa, de una ternura silenciosa y de broncos temblores.
Los estudiosos de su obra en el pasado, coinciden en destacar que Tala es la cumbre mistraliana
Generosa como pocos, perspicaz, tuvo palabras elogiosas y certeras para el Neruda embrionario, balbuceante de los años 20  o el Gonzalo Rojas de La miseria del hombre, cuyo primer libro recibió una crítica ácida de los sabiondos de la época. El tiempo demostró que no fue simple generosidad, sino también mucho olfato y conocimiento literario.
Amó en el dolor todo cuanto amó y vivió. Escribió desde la orilla del silencio

domingo, abril 06, 2014

La convicción de la rosa


La rosa,
 al mal tiempo,
pone buena cara.
Su convicción,
es ser rosa.
Rolando Gabrielli©2014

viernes, abril 04, 2014

El alba sostiene al alba



El alba   sostiene al alba,
Y la oscuridad busca la luz
en este piar de pájaros sin parar.
Las últimas horas de la oscuridad,
 Estas  pequeñas gargantas que  no cesan,
anuncian el día a la ciudad.



miércoles, abril 02, 2014

Ay, Chilito, ay


Ay, Chilito, ay,
tierra de largos crujientes  huesos   rotos,
mi  cuerpo asciende contigo esta oscura noche,
bajo los pies la tierra abre un camino y otro ,
por  donde respiran los abismos,
 las suspendidas  playas  vagan  entre tus rocas,
qué aire loco entra en la garganta

y quién empuja tus turbulentas aguas.

Yo  no vivo y vivo en  el Norte Grande,

piedra por piedra construye mi memoria.

martes, abril 01, 2014

Callas, callas

 
 
Callas, callas,
por eso tal vez me gustas.
Ni ausente, ni lejana,
inexistente.
No me escuchas de lejos,
ni de cerca,
me has compartido
tu silencio,
alma mía,
Sin saberlo,
yo te escucho.

domingo, marzo 30, 2014

Un domingo





Un domingo puede ser tan simple como el viaje de un delfín por una ruta ya conocida.  Lanzar al mediodía unos raviolis al agua hervida  y sentir como se  cocinan en la calle los afiebrados automovilistas  circulando bajo las temperaturas de espanto de marzo. En la pantalla del televisor se repite el viejo filme El Príncipe de las mareas. No estoy poniendo atención a todo, más bien viendo, siendo parte de una atmósfera. Pero hay un par de frases que rondan mi cabeza. Los libretistas hacen su trabajo, a veces, no siempre. Deslizan palabras, sugieren, invocan imágenes, apelan a la memoria, todo un leguaje  no escrito. Ahí pareciera estar el mensaje. Las mareas  son todo, es el ciclo de la vida, dice más o menos el protagonista. Muchos hoy se van con la marea. A otros los marea el poder. Eso ya es harina de otro costal, que la luna pareciera no influir o quizás, sí. (Mi alma pasta como un cordero, el influjo de las mareas).

En el orden de las horas, el infierno pareciera  haber establecido sus puntos de apoyo.  Una  marea de fuego  recorre el trópico y nada se mueve, como su recibiera una orden la orquesta del Titanic. Los raviolis ascendieron a la superficie del agua hirviendo con la liviandad  de su masa, pequeños ángeles del mediodía. Muchachos, me dije, este es el minuto. ¿Ustedes que piensan, este es el día? Los pequeños protagonistas permanecieron inmóviles. Vaporosos, sin ningún gesto que les delatara, absolutamente discretos. Mi memoria sostenía otro mensaje complementario, que me trasladaba a la infancia. Llevo semanas sin encontrar en los supermercados queso parmesano rayado. ¿Deberé comprar un trozo entero? Recuerdo a mi padre y madre rayando el queso parmesano los domingos. Un ritual dominical. Eran otros tiempos. Siempre me detenía a ver un cuadro con una pintura del diario La Nación y unas tunas dibujadas sobre el papel periódico. El cuadro colgando de la pared del comedor. Los cuadros no tienen otra manera de hacerse presente que colgados. A veces cuando estaba solo me acercaba al cuadro para ver detenidamente el sorprendente realismo de la obra, porque daban ganas de tomar una de las tunas y comérsela. Me quedó  grabada la  fecha del diario: 1931. Era un domingo distinto, el de la infancia. Son más largos. Quedan encerrados y parecieran que nunca van a terminar. El día es como un tren, viaja para encontrar una estación. Es tan largo  Chile, como el olvido.


viernes, marzo 28, 2014

Aquí


Aquí estamos,
archivados,
en este pedazo roto de paisaje,
cielo y mar,
arriba y abajo,
la tierra para sepultar
al que ya no ve.
No es un espejo,
solo la realidad.
Rolando Gabrielli©2014

jueves, marzo 27, 2014

Sagradas escrituras

 
 Tu hilo conductor
me estremece,
electriza,
conduce inevitablemente,
hacia tus sagradas escrituras.
Rolando Gabrielli©2014

miércoles, marzo 26, 2014

Esperando

Esperando
que el mundo
de una última vuelta.
Algo va a suceder,
sube.
Rolando Gabrielli©2014

martes, marzo 25, 2014

A fojas cero


A fojas cero,
como en un principio,
sin verbo,
solo oscuridad,
big bang,
habrá que empezar,
nacer de nuevo.
Rolando Gabrielli©2014

lunes, marzo 24, 2014

Una estrella fugaz descendiendo


Sin ustedes no sería nada,
mucho, tampoco.
No figuro  en la guía telefónica,
menos en las  útiles páginas amarillas.
Les agradezco mi anonimato,
es una suerte en estos días
no formar parte de ningún circo,
 selecto club de  amigos
 de la buena y mala fortuna,
el as que no he pedido.
Dos muertes civiles para una sola vida,
 casi un estilo de muerte en  vida,
el mejor sello  para un fantasma errante,
arropado con sus propias  sábanas,
 sin papeles deambulando
por el mundo de la poesía,
sin papeles,  solo con palabras,
 voces  apenas percibidas
Es un acierto  todo esto,
mis queridos canallas,
cómo no devolverles la mano,
con estas palabras,
por este inmerecido sitial,
no podría estar más agradecido,
que una estrella fugaz
descendiendo  sobre la faz
de la tierra.
Rolando Gabrielli©2014