sábado, marzo 25, 2023

Los ausentes siempre estuvimos


Chile, tan lejos de todo y  de todos,
nosotros, los ausentes siempre estuvimos,
fuimos una piedra en el camino.

El desierto, comienza el olvido,
tierra seca, vida muerta, vida viva,

y nada nos detuvo frente al abismo.
En fin, ese largo pasillo que somos,
guijarro de sal y algas negras de Chile,
geografía, costas rotas entre el mar
y la impasible, imperturbable, rotunda cordillera.
Chile es un camino infinito,
¿eso somos?, 
atravesados por sus ríos,
suspendidos por sus volcanes,
cenizas y nieves
en las más altas copas


de sus eternas nieves,

bañado por vastas

tormentosas aguas interminables,

profundas silenciosas fosas,

una montaña eternamente nevada.

Que nadie busque las llaves

para abrir sus puertas,

corredor de la vida y de la muerte

Rolando Gabrielli2023

miércoles, marzo 22, 2023

El cactus viaja

 El cactus viaja,

crece en la dirección

de su tiempo.

En el ávido mundo

en que habita y vive,

construye su propio paisaje.

No estaríamos faltando

a la realidad si dijéramos

que el olvido y la soledad

se rinden a la vigencia plena

de su silencio.

Rolando Gabrielli2023

lunes, marzo 20, 2023

La bolsa y la vida de Kafka

Llevo años durmiendo con los diarios de Kafka al lado de mi cama. (Max Brod debió ser el primero en en hojearlos y leerlos) No sé si he buscado inspiración o se trata de un desafío contracorriente, de una vida que viajaba con una brújula desconocida aún para él y en ese oficio errante de si mismo, se consumía, pero escribía grandes obras y algunas, aparentemente inconclusas. No parecía apurarle el presente y menos el porvenir. Estaba iluminado en su brillante oscuridad y reunía todos sus temores en sus sueños que probablemente sabía que no tendrían fin. Sus palabras se reunían para contradecirlo, no confabulaban, sino se subían a un tren interminable que él había construido para viajar y volver al mismo lugar que realmente no había abandonado: así mismo. Franz, aparentemente, se mantenía con un truco simple: hacernos creer que no sabíamos lo que él realmente quería.

Feliz remando por el Moldava

Yo no diría, escribo en primera persona, que a Franz no le interesaba la realidad, él la encarnaba, la vivía, escribía y reescribía y soñaba en sus continuos insomnios y tal vez se soñaba a sí mismo como si fuera otro. De esta manera  no se comprometía  con nada que alterara su realidad alterna  o lo que le aproximara a alguna versión que no hubiese imaginado. 

A veces creo o veo que en sus Diarios nos habla como si viviera en un nido de pájaros que no encuentran su lugar real. Viajan en bandadas sin fin, pero también permanecen inmóviles como si sus alas  coordinaran en dirección hacia ningún viento. El desencuentro, a veces, resulta ser el arte de la timidez, una suerte de refugio del yo, la humildad del ser que se protege a sí mismo y no quiere aventurar. Es como dar un paso al abismo sin autorización de las consecuencias que podría traer caer al infinito al revés. (Llevo algunas horas buscando en mi  biblioteca kafkiana los diarios de Franz, por alguna razón los retiré de mi cama, no porque los creyera una mala compañía, sino porque di paso a otros autores. Como el desorden ha sobrevivido a otros desplazamientos  sin ningún orden, desparecieron como por arte de magia. Pero siempre supuse que debían estar en la pieza, en algún lugar, pero ese sitio no pareciera tener un lugar fijo, es como el deambular de Kafka por un mismo lugar sin encontrarlo. Pues bien, a  altas horas de la madrugada atiné a un rincón donde guardo algunos libros especiales, cartas, papeles, fotos, una cierta intimidad limitada a pequeños objetos fetiches. Pues, les cuento, ahí estaban camuflados como esperándome de sorpresa. Les daré un vistazo.)

Kafka apareció junto a una tarjeta de Navidad del 2002 con la siguiente leyenda en inglés:¿Sigues buscando el regalo perfecto? Hay regalos que vienen del más allá y aparecen más acá, y éste tiene ambas coincidencias. Se trata de un secreto que guardaremos con Franz y alguien más que disfrutaba de  la literatura, la poesía y la vida. A veces el desorden tiene un orden perfecto. Todo depende como busquemos y donde. También  las ayudas externas y misteriosas conducen al sitio indicado. Franz parecía estar siempre en el lugar  im (preciso) que quería estar y no estar, era una especie de ambiguedad al cuadrado. Es difícil eludir ese obstáculo presentado de esa manera. Saltar los cuatro costados. Todo se resolvía quedándose en el centro de la nada. ¿Absurdo?, pero real.

Kafka era divertido, cuenta  Max Brod, su amigo y salvador de su obra destinada al fuego según sus deseos, le gustaba la vida al aire libre, remar por el río Moldava, pero su decisión final, tras su angustiosa tuberculosis, inconclusas relaciones sentimentales, se reafirmó en una suerte de anonimato que ya había escogido para sí en los personajes de sus famosas novelas. Nos  dejaría, sin proponérselo quizás, su poderosa sombra kafkiana hasta nuestros días, haciendo los mismos recorridos solitarios por Praga, disfrutando de la capital checa, de la soledad y de su tiempo más distendido tal vez. Marcó a sus fieles  lectores con una indeleble K.

                                                                       ¿Kafka si no fuera Kafka?

Kafka no pareciera repetirse en su propio laberinto, camina con la pasión de quien va corriendo en una maratón interminable, donde no hay más competidores que él y aún así se propondría derrotarse a sí mismo. Kafka  en sus cartas amorosas de reescribía, una y otra vez con la originalidad de un ruiseñor que no puede parar de cantar: “si los personajes de mi novela se dan cuenta de tus celos, huirán de mí. Mí novela soy yo, yo soy mis cuentos…el escribir es lo que me mantiene vivo, lo que me hace aferrarme a la barca en la que tú estás de pie, le dice a Felice, lo que al principio pareciera un juego verbal, inclusive  con una gran dosis de humor, va adquiriendo un  dramatismo  singular y  quienes lo hayan vivido, tienen que concluir que a si fue. 

Qué sería de Kafka si no fuera Kafka, es casi su propio bumerang  sin retorno. Para escribir no solo necesita apartarse  como un ermitaño, porque eso no le basta, no sería suficiente, necesitaría estar como un muerto. Por lo visto siempre fue más allá de sí mismo, cualquier límite sería insuficiente, la idea era cuadrar una y otra vez el círculo que se superponía a otro interminable número de círculos. Su escritorio era su tumba y nadie podía sacarlo de allí, igual que a un muerto. Ahora que estoy  un poco alejado del bullicio sordo de los días, pienso que Kafka se inmoló en la palabra. Quiso que su obra  ardiera en el fuego, pero previamente él lo hizo. Esas noches de insomnio debieron tener esa intensidad de  sentir el fuego pero sin quemarse, un modo especial de felicidad y para ello hay que tener un coraje a la altura del sacrificio que es gozo a la vez, según él lo señala en sus cartas a Felice.

Las jaquecas y el insomnio le hacían vivir  "como una rata encerrada", son sus palabras. Kafka iba rumbo a su inevitable tuberculosis, su destino estaba marcado y ya iba entrando en su laberinto sin retorno, construido por el azar, tal vez. Los Diarios de K, sus cartas, son la luz oscura, diáfana de su vida, sentimientos voluntad, reunida en una sola palabra: amor a la literatura, a la vida, a su  mundo irrenunciable vocación a reescribirse como un papiro egipcio y permanecer en silencio por miles de años si fuera necesario. Kafka no era una obstinada, leal, fiel, metáfora de sí mismo y no estaba dispuesto a sostener el viento de la ilusión con sus palabras, aún si  ese gesto le fuera concedido. Pocos autores se han visto en  su propio espejo con tanta profundidad y honestidad, escribía como si fuera un acto confesionario. Pasaba sus palabras, vida, por rayos x. En medio de la tempestad, "me he vuelto más nervioso, más débil", se alentaba para superar el momento más difícil: "¿Desde hoy no dejar el Diario! ¡Escribir con regularidad.! ¡No rendirse!" Leer a Kafka es una lección de vida.

                                                             Kafka, inevitablemente era Kafka

En medio de tantas vicisitudes, dentro de su mundo kafkiano, construía una nueva literatura, forma de ver el mundo, su fantástica, inverosímil, real existencia, copiada a carbón, impresa en cada una de sus letras los momentos más inimaginables, detalles, observaciones introspectivas, Kafka naufragaba con su estilo tan personal en sus propias aguas, ya no eran las aguas  calmas de su juventud en el Moldava, como si el tiempo no existiera cuando se recostaba bajo el puente Carlos de Praga. Qué hermosa y misteriosa ciudad en sus callejuelas adoquinadas sintió los pasos presurosos, alegres, kafkianos de este checo que nos dejó en su lengua alemana un mundo por seguir descubriéndolo. Se reconocía en sus miedos, advertía en una carta a Milena desde el pueblo italiano de Merano, que la "Tierra (estaba) colmada de trampas" y "por eso tienes siempre ambos pies en el aire al mismo tiempo". "Eres judío, profetizaba, y "sabes lo que significa el miedo".

En estas cartas se desnuda una y otra vez, se asoma a sus abismos, empuja la tabla de salvación lejos de sí mismo El silencio, decía, era la única, manera de vivir, tanto para él como para Milena. Su tanque de oxígeno parecía estar agotándose a los 38 años. Eran sus señales más claras. Seguía afirmando que tenía miedo de todo. pero en todo esto, siento que había en él una valentía enorme al confesarlo. ¡A quién se lo ocurrió, exclamaba  con tanta actualidad a mi manera de ver las cosas en este siglo, que la gente puede mantener relaciones por correspondencia! Kafka era Kafka por donde lo mirásemos. En su atormentado presente, nos advertía del futuro .Así fue como soñó con el destino que correría su amada Milena, veinte años después de su muerte en un  sanatorio en las afueras de Viena. Dice que no se  explica por qué motivos fue , ella, presa de las llamas. La desdichada Milena Jesenska moría asfixiada por las cámaras de gas en el campo de concentración de Revensbruck. Fue el único campo de concentración nazi para mujeres. un 10 por ciento de ellas eran judías y ahí estaba Milena. Fue un campo de exterminio y experimentación para probar medicamentos.

Kafka es la nocturnidad, la sombra sobre la sombra de la palabra  que él buscaba, la frase, la continuación de algún relato, la contemplación de esa oscuridad que recorre sus entrañas  y él permanece fiel al insomnio que todo lo rodea con el manto helado del alba. El tiempo, siempre implacable, y que tiene la gracia de lo absurdo, no le perdonó la vida. Un crítico de provincia, de apuro, lo calificaría de perdedor. Ese viejo, pobre truco de los contrarios, que en verdad lo pulveriza cualquiera de sus escritos, cartas, movimientos en la soledad del más pobre espejo. Volver a Kafka es un reencuentro con la pasión por escribir, es un ejercicio iniciático, no solo para un joven, sino para aquellos que llevamos décadas en el oficio, porque volvemos a entrar en la llama sagrada de la palabra. Es un recorrido fácil, Kafka no nos prepara para ser escritores, en medio de sus dificultades, sí nos alienta casi desde lo imposible. Su padre  lo quería abogado, Dr. en leyes, profesión que desempeñó desde el horror de su significado burocrático y aún así continuó su propio y accidentado camino frente a la página en blanco en las noches oscuras de su insomnio. Kafka es un personaje Total, así se ve así mismo, por dentro y por fuera, se asigna un todo, es un viaje completo alrededor de sí, inmóvil, se retrata, confiesa, se conoce, no simula, es un libro abierto, pero interminable  y van surgiendo las páginas nuevas cada día, como un árbol llenándose de hojas nuevas, inmortales, perennes, a sabiendas que vendrá el otoño y las irá perdiendo al viento que las esparce a capricho. En sus maravillosas cartas, encontramos a un ser absolutamente confesional, no rehúye ni de las comas para presentarse  tal cual él considera que es y que piensa segundo a segundo. Se va biografiando como un río en curso, inagotable. "Ahora no tengo a nadie más que al miedo...por qué no estás ya  aquí", le dice a Frau Milena, y piensa que podrían estar rodando, aferrado el uno al otro, a través de las noche. La literatura es vida en toda la extensión de la palabra.

Qué puedo decir, Kafka nunca dejó  de ser Kafka. Tal vez, no lo necesitó.

Rolando Gabrielli2023

sábado, marzo 18, 2023

Hola

 Hola,

¿te has preguntado

de dónde desciende

el simio?

Rolando Gabrielli2023

viernes, marzo 17, 2023

El verano de Van Gogh

 

En diciembre se detienen las últimas lluvias, solo algunas esporádicas  en enero, chubascos que producen  vergüenza a los inmensos, sostenidos torrenciales aguaceros tropicales durante  8 meses del año. Panamá, entre otras cosas, significa abundancia de peces, porque sus habitantes vivimos prácticamente en una pecera de cemento rodeada de mar, selva, humedad  y unas lluvias bíblicas, macondianas.

Es el país del agua, rodeado de dos mares, decenas de ríos, y un canal que se alimenta de agua los 365 días de año. Se ve más verde que en muchos lugares del mundo por las copiosas lluvias  y un solo que produce también un calor agobiante, una humedad constante donde  prosperan los hongos, cucarachas y comadrejas.

Su S dibujada  en un istmo entre las  Américas, uniéndolas, muestra su angostura y vinculación a los dos grandes océanos, el Pacífico y el Atlántico, y también el Caribe. Es como el cuerpo humano, tres cuartas partes de agua, así también la tierra, y después de todo sin agua no hay vida.

Una vez se detiene el diluvio panameño, se hace un poco de silencio, los cielos se despejan, el sol cae vertical y alumbra las mañanas y el atardecer se esconde detrás del mar, entonces ha llegado la estación seca.


Esta época se asocia a lo más parecido al verano en países con cuatro estaciones y la naturaleza también se expresa de manera particular y para cualquier observador el cambio de colores y la caída de las hojas de los árboles, esas interminables alfombras, convierten la estación también a la estación seca, en un Otoño. La brisa que remueve las hojas  y dispersa la hojarasca, ambientan estos meses tan  singulares, que nos regala la naturaleza tropical. La naturaleza tiene sus ciclos y colores, está viva como cualquier organismo y nos enseña sus secretos. Uno de ellos es la explosión de flores del Guayacán, con su amarillo intenso se muestra por distintos puntos de la ciudad y se hace inevitable no dedicarle algunos segundos de observación. Es un lujo a la vista en estos tiempos grises, opacos, sombríos. Siempre que los veo estallar en esta época del año, pienso en los ojos de Van Gogh, como gajos amarillos que aparecen en las calles, se divisan a lo lejos, porque son intensos  como sus inconfundibles girasoles. Va pintando con la mirada, el gran Vincent, se pasea por el istmo sonriente como si todos los colores acudieran a su paleta y él en el idioma de un misionero iluminado se adentra en su presente con su propio evangelio.

 Su color era todo lo que podía pintar su paleta y sobre todo, su imaginación sin límites, que viajaba en la luz. Siento que Van Gogh está vivo no solo en sus girasoles, en sus soleados amarillos, que sigue respirando a pleno pulmón quizás en una de sus estaciones favoritas de los Cuatro girasoles. Pintaba en vivo hasta  que los girasoles se marchitaran en su amarillo favorito, el color de su devoción, la luz del sol, un dios que no necesita hablar.

El amarillo era su color favorito (¡Qué hermoso es el amarillo!) según consta en las descripciones que le hacía a su hermano Theo en la cartas que se enviaban. Sentía desde su interior que le arropaba. Al parecer el calor humano, siempre le sería esquivo. 

Las alfombras amarillas en que el istmo transforma el pasto, la grama de sus parques, avenidas y que devoran el paisaje verde del invierno, son  las telas de los girasoles de Vincent y rinden un cálido homenaje a los intensos veranos de Panamá, a su época seca que neutraliza  su intensa lluvia tropical donde las edificaciones humanas pueden llegar a desaparecer detrás de la intensa lluvia.

Me pregunto aún: ¿Por que no vino Van Goh en vez de Paul Gauguin, que no pintó una mísera tela en la isla de Taboga?


Rolando Gabrielli2023

jueves, marzo 16, 2023

La noche del guayacán

Ninguna noche es más clara,
que cuando el olvidado  guayacán
en el verano,
comienza a florecer en marzo.
Este  quince dio sus primeras tímidas flores,
en lo más oscuro de la oscuridad
y  sabe en el secreto de la noche,
 que al amanecer se convertirá
en brillantes  luciérnagas en flor.
Rolando Gabrielli2023

miércoles, marzo 15, 2023

¿Por qué te fuiste sin decir una palabra?

¿Por qué te fuiste sin decir una palabra?,

dejaste la huella imborrable del viento

Ahora estás con las estrellas

Y cada noche asomas en el firmamento

Yo te conozco por el resplandor de tus ojos,

la sonrisa que dejas a quien más te ha amado

y me alumbras más que el sol este verano

somnoliento de todo de lo que ya no queda

Fue un tiempo maravilloso para no olvidarlo

Y volverlo a vivir  de la mano del tiempo

que abre y dispone distancias.

No dejo de pensar en tus pasos la huella en la arena

Y el mar que amabas tanto como las montañas.

Nadie  con ese gran corazón tuyo se va del todo,

deja más de lo que seguimos respirando.

No sé escribir canciones, pero tú eres mi letra favorita,

te reescribes con cada palabra  que te nombra

y como una pequeña luz brillas en el silencio

para no despedirte jamás.

Rolando Gabrielli2023

lunes, marzo 13, 2023

SKÁRMETA, DESNUDO EN EL TEJADO

 

Estaba en mi rutina de las mañanas caminando en el parque al lado de mi casa viendo como corrían dos Gato solos hacia el bosque y eché mano al bolsillo para sacar el celular y fotografiarlos. Son rápidos, pero alcancé a uno en la instantánea cuando se disponía dejar el parque por  una improvisada salida. Revisé de un vistazo si había llegado algo importante o interesante, y de pronto vi el retrato de mi profesor de Técnica de la Expresión en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile, Antonio Skármeta, con el anuncio que había fallecido a los 80 años.

Mi película mental recorrió diversos escenarios, mientras pensaba   que cuando estudiábamos y escuchábamos en el salón de clases a nuestro profesor absolutamente informal, con una filosofía muy parecida al Club de los Poetas muertos, siempre con entusiasmo, vitalidad, viviendo el carpe diem de cada instante. Me detuve un momento  y pasaron las escenas más diversas como el tren bala que solo se detendrá en la última estación.

Skármeta, autor de El entusiasmo, un grupo de cuentos donde se siente y vive  una atmósfera  como si lleváramos dentro  un dios y fuéramos invencibles, así impartía sus clases, sentado sobre  la mesa del profesor  que pasa a ser uno más de la clase. Había libertad, creatividad, aventura, que  es esencial en la literatura, clave para quien estuviera dispuesto a incursionar en  ese campo.

Recuerdo cuando nos leía un cuento emblemático del norteamericano J. D. Salinger, Un día perfecto para el pez banana, siempre expresivo, didáctico, minucioso, como un detective  buscando las pruebas, hallazgos  detrás de las palabras, un lenguaje con todos sus significados.

Pienso, ahora, más de medio siglo después, que alguno de los que estábamos allí, podríamos haber pensado en alguna ocasión, ¿Y por qué no podemos ser escritores también? Años después, quizás, ese fue el valor que le di a las clases de Técnica de la expresión, donde también conocimos a otro escritor vital, como Hemingway, un creador de atmósferas formidable. Fue quien sentenció: un escritor debe tener un buen detector de mierda.

Qué resumen más preciso, vine a comprobar años después, cuando comienzas a respirar literatura, a vivir literatura, a rayar páginas, escuchar a otros que  viajan con su propia brújula en una misma sintonía, a dormir con las palabras,  escribir y escribir  en cuadernos improvisados, papel, en la memoria, repasar una y otra vez lo que uno considera su propia historia literaria, vivir el carpe diem de la palabra.

Estoy viendo a Antonio Skármeta pasearse por los prados del Pedagógico, una noche de fiesta de mechones, esos malones con música, tragos, algo para picar y el gran entusiasmo de los participantes, contando su vida va de la a hasta la z, vaciando los sueños de un solo trago,  publicando en el aire el porvenir de sus próximos días, destapando botellas de felicidad, ese tú a tú sin tiempo, ni orden de ninguna naturaleza, poniendo el cuerpo sin límites. Buceaba con su propio aliento y oxígeno en búsqueda de personajes tal vez, atmósferas, lenguaje, anécdotas, una historia, alimentando su propia mochila, porque la materia prima de un escritor está en todas partes. Es un sueño tal vez que provocamos  al ingresar a un espacio y juntar después las voces en nuestra memoria.

La última vez que vi a Skármeta fue en Panamá. Me acerqué poco antes que iniciara su conferencia y le regalé mis dos libros. Fue todo como un disparo de un día de caza. Explosivo y veloz. Alcanzó a decir, que bien impresos están. No tuve tiempo de dedicárselos. Ahora lo hago con esta nota al voleo, porque me  alegra mucho que la noticia de su muerte fuera un fakes news, uno más entre millones que circulan por el mundo y siembran las redes  con la más estúpida de las maestrías. Supe que dijo, cuando se enteró, “estoy vivito y coleando” y yo agregaría, desnudo en el tejado.

Rolando Gabrielli 2023

Encuentro

  

Digo, dejemos de pensar en un lugar,

el tiempo es otro y pasó

No es nuevo lo que dices,

es un número el que abre una página,

lo precede un espacio en blanco,

la palabra no está lista para saltar

a renglón seguido como dicen

los editores, compaginadores.

Me estás aburriendo y sé que nada es perfecto,

pero mezclar palabras con números

hacia dónde quiere llegar el discurso,

cuando toda espera indefinida

se asemeja a una aguja en el pajar

y si es lo que quieres,

mi propuesta es,  dejemos

de pensar en un lugar.

Rolando Gabrielli 2023 

sábado, marzo 11, 2023

Hoy es mi presente

 Hoy es mi presente,

Ayer fue mi hoy,

Mañana será de nuevo.

El Futuro, una incógnita,

que se reafirma

cada día.

Rolando Gabrielli2023

miércoles, marzo 08, 2023

Entre los árboles

Entre los árboles

y la noche,

la luna

 sigue

 enamorándonos.

Rolando Gabrielli2023

Solo busco


Solo busco algunas palabras,
olvidadas quizás,
distraídas,
como cualquier lector.
Rolando Gabrielli2023 

martes, marzo 07, 2023

El no lugar por quien sabe hasta cuando

Sí, en el no lugar por quien sabe hasta cuando

y aún persistes en olvidar

ese espacio que podría esperarte

o seguir siendo para ti una estructura

inerte, hostil, en verdad, indiferente.

Una ciudad quizás sin escapatoria

bajo tus pies y pasos

en una misma y difusa dirección circular.

Dejemos que las  estaciones  sigan su curso,

ese tiempo naturalmente existe,

no es mejor ni peor,

solo un pasillo angosto hacia el final.

Después de todo,

sabes que un espacio es todo cuanto tenemos.

Ahora,  que las buganvillas  vuelven a crecer,

algo mejorará el paisaje que reconocemos al despertar

y  si brillan con luz propia en la enredadera

que las protege y orienta su curso hacia el sol,

el tiempo también podría ser más agradable

Quizás ese fue el tiempo escogido para ti,

una manera de ver el mundo, presenciarlo

a la medida de una balanza inclinada

por voluntad del azar o de tu propia obra,

no te pareció suficiente que una ciudad creciera

egoísta y dibujada para una revista trivial, de arte

frente al mar y tú le dieras la espalda.

Me he detenido esta mañana 

sin mayores aspiraciones,

solo respirar a pulmón abierto

y saber que alrededor tuyo

no solo están las palabras.

Rolando Gabrielli2023

lunes, marzo 06, 2023

La luna es un foco

 La luna es un foco

que nadie ha encendido,

aparentemente,

y sabemos que es

un reflejo del sol,

una gracia de la oscuridad,

de la noche,

en esta parte del mundo.

Rolando Gabrielli2023

domingo, marzo 05, 2023

Ser encontrado

Uno de mis maestros,

tuve muchos y sigo teniéndolos,

me dijo que todo no sale de la nada.

La técnica de lo que más me seduce,

de lo aconsejado,

es una mezcla obstinada

de búsqueda y de espera,

sencillamente,

ser encontrado.

Rolando Gabrielli2023

sábado, marzo 04, 2023

El ocio en la lentitud de la mañana

El ocio en la lentitud de la mañana

me encuentra en mi mejor forma,

el tedio matinal, una ola de silencio absoluto,

no me impide pensar en cosas banales

y trascendentales  que me llevan a  una esquina

de boxeador respirando por la boca

y esperando la campana salvadora.

Hoy  se me perdió un poema por estar

haciendo cuatro cosas a la vez

 y no pude rescatarlo del basurero.

Es increíble que un poema inédito

se confunda con las heces y las palabras

rechazadas por algún desconfiado,

frustrado autor de sus escritos.

Posiblemente nadie las esperaba,

estaba tanteando con mi oficio.

Había partido sin saber qué decir,

cómo, por qué debía, al menos, intentarlo.

Lo que no se ve es lo esencial,

decía el pequeño Príncipe.

Para este caso, de innegable estupidez,

la frase es demasiado grande,

porque no sabemos si había

dado en el clavo la flecha

 dirigida al  lector.

La poesía, a veces, no usa

paracaídas y sus pequeñas alas

no alcanzan a cortar el viento

y las palabras se pierden.

Rolando Gabrielli2023

viernes, marzo 03, 2023

El amor anda por las ramas





El amor anda por las ramas,

en algún lugar ha de estar. 

Una de estas mañanas aparece

un pajarito amarillo,

 alumbrando marzo y a la espera,

sobre una delgada rama

de una pajarita,

que por fin llega.

Rolando Gabrielli2023

miércoles, marzo 01, 2023

En este tiempo nada excepcional

 

Así son las cosas en este tiempo nada excepcional,

caminamos en un parque sin vernos las caras,

algunos con un perrito, algo  tan contemporáneo,

absolutamente, digo, y no es necesario definirlo sino verlos

ensimismados como si ahí fuera todo el amor del mundo

o lo que queda para esta fiesta del espectáculo

que improvisa el ocio en esta época bestial.

Yo voy a mi ritmo lumbar, soy una cámara lenta perfecta

solo produzco efectos especiales de una  fotografía

de plaza pública del siglo pasado detenida en un futuro incierto.

Estos atletas llevan la prisa de Filípides  que  voló de Atenas a Esparta

 hace dos mil quinientos años en tiempos de las guerras médicas.

No vayamos tan lejos que los griegos ya hicieron su historia,

este es un pasaje que exhibe la vida moderna sedentaria

organizada frente a un computador, celular, y al mundo digital

que crea y vive su propia realidad.

Rolando Gabrielli2023

martes, febrero 28, 2023

Lampedusa, qué mar

 Lampedusa, Mediterráneo, qué mar,

me digo, no puedo lavarme las manos,

ni decir estas aguas limpias

de Pilatos siguen inocentes su curso

y vuelven a ganar titulares de espanto.

Sí, digo, son una trampa de muerte,

un gran muro de aguas ciegas

que arrastran cuerpos náufragos, inertes,

hinchados de agua, ojos de no ver más

que un mar que les arranca la luz y la libertad,

el habla que solo los peces podrían escuchar,

sus lenguas  secas de sal.

No puedo decir yo no estuve allí, no los conozco,

ni sé por qué vienen de dónde son,

ni negar sus nombres o no vi nada,

si son los muertos que trae el mar desde algún lugar,

cadáveres, cuerpos negros, doblemente enlutados

por la noche del auto destierro silencioso, impune, fatal

Rolando Gabrielli2023