sábado, marzo 17, 2007

DOSSIER DE ARQUITECTURA PANAMEÑA






Este Blog editará una serie de artículos relacionados con la arquitectura panameña, en medio del boom de la construcción en Panamá y de este hito editorial, de la firma Mallol&Mallol. Incluiremos fotografías sobre la arquitectura en ciudad de Panamá y del libro del Estudio Mallol&Mallol, con el propósito que se conozca directamente el auge arquitectónico en esta ciudad de poco más de un millón de habitantes, que une los continentes a través del Canal de Panamá y se le conoce como Puente del Mundo, Corazón del Universo, país de tránsito, pero donde conviven pacíficamente todas las religiones y las más variadas etnias del planeta.

MALLOL: LA NUEVA SILUETA DE PANAMÁ




Lo que está ocurriendo en ciudad de Panamá es más que un boom inmobiliario o en la construcción de rascacielos, megaproyectos turísticos y edificaciones costeras espectaculares. La ciudad está cambiando aceleradamente su silueta. Esto ocurre como un hecho cotidiano, visible y forma parte de este nuevo paisaje escénico que transforma especialmente la franja costera que rodea el océano Pacífico. Es un caso único en la historia de ciudad de Panamá, que aunque contaba con más de dos centenares de edificios altos ya hace algunos años, sobresaliendo del resto de América latina, la magnitud del impacto de las nuevas edificaciones no tiene punto de comparación con ninguna época.
Sorprende al visitante más distraído este escenario, porque muy poco se habla de la arquitectura y de este desarrollo, de la burbuja real de la construcción en el pequeño istmo, que para algunos sólo está en el mapa por el Canal de Panamá. Es frecuente leer en la prensa internacional o en libros especializados de arquitectura los desarrollos arquitectónicos de países como Dubai, Singapur o el continuo crecimiento de Nueva York y sus iconos. Los megaproyectos de Shangai en China, las grandes torres que crecen como hongos en las ciudades del mundo, proyectos que desafían la imaginación e invitan a visitar los países, como la arquitectura emblemática en ciudades europeas y de Australia, para irnos a un extremo exótico, porque en arquitectura nunca han existido fronteras.
La arquitectura viaja con el hombre, las revistas, libros y el revolucionario e inimaginable mundo digital, la ha puesto al alcance la mano del hombre común y corriente. La arquitectura, de alguna manera, forma parte más del cotidiano vivir, se disfruta, masivamente en las grandes ciudades y otras lentamente van incorporando espacios atractivos.
No veo, ni leo usualmente escritos sobre Panamá, relacionados con este “renacimiento” de la arquitectura, boom que ha traído una gran inversión extranjera, especialmente española y norteamericana. Sin embargo, existen excepciones y el próximo lanzamiento del libro Mallol Arquitectos, que reúne en 304 páginas la obra de 25 años del Estudio del arquitecto Ignacio Mallol, es un verdadero acontecimiento para Panamá y la región, el mundo de la arquitectura. La editorial colombiana Gamma, tuvo la feliz iniciativa de proponer este proyecto al destacado arquitecto Mallol, para la realización de un libro que tomó cinco años de preparación a un multidisciplinario equipo de profesionales. La obra, por su estética y profesionalismo, marca un hito editorial en Panamá en el campo de la arquitectura y se transforma en una carta de presentación no sólo para el Estudio que la representa, sino para Panamá, como país en constante evolución y dinámica.
El volumen, finamente impreso, con fotografías a color, detalla los principales proyectos de la firma, desde una casa a torres de 92 pisos, complejos turísticos, edificios corporativos, educativos, proyectos en Costa Rica y República Dominicana. Es una gama muy amplia, que refleja el crecimiento de la firma Mallol&Mallol, la más grande de la región, con más de un centenar de profesionales y administrativos, así como el estado floreciente de la arquitectura en Panamá, que pasa por su mejor momento en la historia del país. El libro es un documento indispensable para estudiantes de arquitectura, universidades nacionales y extranjeras, profesionales y estudiosos de la arquitectura en la región, conocedores de la temática, para quienes admiren el arte y la belleza.
Julio Malo de Molina, decano del Colegio de Arquitectos de Cádiz, España, subraya que en medio del complejo universo cuajado de sugestivas ciudades, sorprendentes arquitecturas y notables maestros, se dibuja la realidad caribeña a través de su particular prisma bioclimático, y en su epicentro, la pujante ciudad de Panamá en la que destaca de manera muy especial la poética arquitectónica de Ignacio Mallol. El arquitecto Malo de Molina, sostiene que la obra de Mallol alcanza la belleza como esplendor de lo auténtico. “Es obra laboriosa que completa con rigor el círculo creativo iniciado con la concepción que termina en el primor del detalle, señala el arquitecto europeo.” Es uno de los grandes arquitectos, enfatiza Malo de Molina, comprometidamente contemporáneo, de la América latina.
La arquitectura panameña del siglo XX y XXI, cuenta con un texto de referencia sobre lo que se está haciendo en Panamá y proyecta en el futuro inmediato. Es fácil comprender a través de esta obra, adecuadamente presentada, con textos muy precisos que describen los proyectos e imágenes que satisfacen el ojo más crítico, hacia donde va la ciudad de Panamá en términos arquitectónicos y como se está desarrollando.
Panamá pareció apostar más en el pasado a su naturaleza virgen, al paisaje que le fue dotado hace millones de años, pero indiscutiblemente se ha incorporado a lo que algunos llaman el progreso, modernidad, globalización o todo junto, para integrar a la ciudad un modelo vanguardista de una arquitectura cada día más internacional. Los turistas no sólo recorren la rica y variada geografía panameña, cuya oferta incluye mar, ciudad, selva, islas, patrimonio histórico, sino permite disfrutar de una moderna hotelería y de la silueta de edificios altos o de toda una nueva arquitectura que se destaca visiblemente al ojo humano. Hay más ciudad podría titular un periódico, pero se requiere una mejor y mayor infraestructura para enfrentar el vertiginoso, deslumbrante crecimiento. No hay nadie que no quiera disfrutar de una mejor y más moderna ciudad, pero el esplendor de lo nuevo, también requiere de una acción concertada de los organismos del estado para mejorar las condiciones de vida de la ciudad, su infraestructura vial, sanitaria, todo lo concerniente al agua, alcantarillas y al espacio público en general.
Existe en esta materia un gran compromiso nacional porque la ciudad es de todos e inclusive de quienes nos visitan. Es indiscutible en este impacto global, la incorporación de áreas baldías y ciénagas a lo largo del litoral Pacífico capitalino y también la restitución al país del complejo marítimo canalero y las áreas adyacentes a la vía interoceánica. En el siglo pasado era impensable el desarrollo que estamos viendo, producto de diversas coincidencias y circunstancias.
Rolando Gabrielli©2007

martes, marzo 13, 2007

VIENTO EN EL 13







Viento en el 13, martes,
el hueco de una mano
es parte de la realidad
y no ha salido el sol en el Norte.
Marzo te trae la primavera,
la flor de frutos nuevos.
Unos cuantos pasos
y habré cruzado el límite
de la libertad.
Un puente es menos
que un río
y se atraviesa en el camino.
La luna cierra los ojos
antes del amanecer,
una ciudad que cruzo
en la madrugada,
detrás de los fríos anaqueles,
no pueden haber rosas.
Un jugo de toronja
me recuerda
que dejé de vivir en casa.
Apago el motor
y abro la cerradura
que nunca se niega.
La felicidad me recuerda
tu mano sobre mi rodilla
entrando a la ciudad, crece
tibia en el blujeans,
suave en mi memoria.
Rolando Gabrielli 2007

lunes, marzo 12, 2007

ES BORGES, SEÑORA







Toqué el timbre como si el dedo se fuera a quedar pegado. Después intermitente. Las personas que atienden el Correo de El Dorado, practican el desdén, la indiferencia, con maestría y dedicación. Es un impreso que viene de Chile, le dije a la mujer que apareció con ese rostro que refleja el fastidio de una jornada poco satisfactoria. Me miró y no me vio, pienso. Dejó que yo siguiera su espalda con mi vista y caminó unos cuantos pasos. Después una voz: pase a la ventanilla de la aduana. Caminé hacia el otro extremo y me inquietó el término aduana, por una idea de tramitación más compleja. Le dije: es un libro: Borges.
La caja herméticamente sellada, es decir doblemente segura, imponía respeto por su tamaño. Es Borges, le repetí y me miró con una interrogación sin ninguna compasión y menos entendimiento de que quería decir yo en verdad. El trámite hay que hacerlo, Señor, me dijo, y aquí dice que es un libro. Un gringo, a mi lado, en espera de alguna encomienda, me preguntó: ¿Usted tiene tiempo para leer un libro de ese tamaño? Le dije, ¿conoce a Borges?. No, respondió. Yo soy escritor, se supone que debo leer y escribir, pensé. No es cuestión de tiempo, sino de trabajo. ¿Usted qué hace?, le pregunté. Jubilado, dijo. No tenía más de 50 años. Señor, firme aquí. Su cédula y firme acá. Déjeme registrarlo. Bien. Viene de Chile, le repetí a la mujer, pero mi hermano César lo compró en Argentina.
Salí del correo con mi Borges, sin que nadie se enterará de él y le importara menos. Cuando lo abrí con mis tijeras moradas, me di cuenta de la magnitud del volumen:1663 páginas, el libro más grueso que tengo en mi librero. Y Borges que adoraba lo breve, conciso, él que nunca quiso escribir una novela, le novelaban sus días. Es como un baúl de su vida íntima, un volúmen Pandora, porque su amigo de toda la vida, el escritor argentino, Bioy Casares, registra más de 50 años de convivencia y conversaciones diarias con Jorge Luis Borges. ¿Son palabras sin cedazo? Sólo Bioy lo sabe.
Borges, según registra Bioy, habló un 10 de septiembre de 1949, en el popular barrio Lomas de Zamora, sobre Goethe, y dijo que "a imitación de las religiones, las literaturas de cada país tienen su libro o autor canónico." Dante en Italia, Shakespeare en Inglaterra, Hernández en Argentina, Cervantes, España, Francia Racine, Hugo o Baudelaire. En Marzo de 1950, sigue la vida de Borges, Estela Canto- periodista y novelista argentina- quería que Borges se acostara con ella. "O nos acostamos o no vuelvo a verte" Cómo, dijo Borges, ¿no me tenés asco? Y la invitó a comer y a celebrar a Constitución. Pero JLB estaba enamorado de Silvina Bullrich, escritora argentina de origen germano. Cuenta Bioy que Borges, enamorado de estos amores fatales, pero muy lejos de la carne, pasó frente a la casa de Silvina. ¿A qué hora pasaste, le preguntó ella. A las 12 PM, tenía que pasar, agregó. Ella respondió con una exquisita crueldad: "A esa hora estaba en mi cuarto, en mi cama, con un amante." A Silvina le encantaban los arcos, flechas, rifles, cañones y soldados de plomo."No sería quien soy sin haber visto tanto mundo. Llevo en mis retinas los sangrantes Cristos españoles, los Budas inmensos, las ciudades, los bosques y las aldeas, los mares semejantes que llevan a distintos nombres," apunta Silvina en sus memorias.

domingo, marzo 11, 2007







El tiempo guarda escombros, recicla paisajes, hace memoria la historia y los días se van apilando sin dientes, con sus uñas torcidas por el viento de la espera. Pasan, suceden, transcurren y se saben ungidos en la fe del espanto. Ignorados con sus cabezas negras de ataúdes, pasan, sucede que transcurren, días sin nombre, atornillados al pasado, flojos de dentadura, insomnes, tiempo de tornillo y tuerca, y se agitan en la tormenta de un vaso de agua. Definitivamente ruedan atascados en la hoja de un calendario. La memoria es esta traición involuntaria del pasado. Algunos piensas que los recuerdos son una tradición. Los alojan en un compartimentado alquiler vista al olvido. Las cosas se pierden en el pasado y se recuperan en el presente. También circulan como objetos las palabras, esos raros momentos de piedra atravesada en el camino.
Pueden existir frases que desencadenan acciones, reacciones, pasos, decisiones, movimientos, cambios profundos, escapes, miedos y todo lo contrario: placer, tranquilidad, pasión. Las frases salen como tirabuzones sin ojos del poder, se publican y difunden en los medios, otras quedan flotando en el ambiente, se inscrustan en los luagres públicos, ruedan, y otras se mantienen espasmódicamente. Tienen colores; rojas, negras, azules, las palabras adquieren sus contenidos, arrastran un compromiso, hasta que lo cumplen, y luego se disuelven aparentemente en su atmósfera, el sitio silencioso donde se reciclan. (Mientras exista este bípedo de las cavernas, las palabras seguirán repitiéndose, divulgándose, archivándose, escribiéndose, expulsándose de las gargantas más diversas hasta el fondo del corazón y de la nada, perdiéndose como palabras al viento). Algunos dirán: son palabras después de todo, pero como reflejan, dicen, pesan definitivamente y ordenan situaciones, empujan brújulas, cambios radicales, levantan desde sospechas a falsos testimonios, certifican la defunción del pasado, atornillan el presente o comprometen un futuro esplendor.
Un Coronel retirado,- que cargo más inofensivo, mediocre y divertido, sin riesgo alguno- me dijo: Váyase, limpiarán hasta la Inmaculada Concepción. No quedarán ni las velas de los entierros, las piedras se arrepentirán de haber nacido. Después de lo dicho, desapareció como un escupo lanzado al viento de la noche.
La ciudad nunca más fue la misma. y nosotros, menos. Ocurría no sólo que algo cambiaba, como se espera con el paso del tiempo, sino que más bien se quebraba y rompía en el cristal de esos días. Pensé en Australia, México, lo más lejos de mi mismo. Si iba a pisar lo desconocido, aunque ya había estado en el DF, debía hacerlo por decisión propia, esa que la nostalgia empuja como el olvido. Colombia era un destino, más real, y también aprisionado en el deseo, dibujado como una puerta de escape. El Coronel se había despedido con una sonricita nerviosa, de pasajero en tránsito. Él ya tenía trabajo además de la jubilación, en la nueva y encantadora República.
Llegué al apartamento y por primera vez acaricié la Sansonite blanca como una criatura dócil y sentí por lo que me transmitía su textura, que saldríamos a dar un largo paseo hacia algún lugar. Se mantuvo silenciosa en su blanco sepulcral y ahora sé que sintio mi mano tibia como la de un amigo, un compañero de viaje, más que la de un viajero ocasional, que en algún momento se desprendería de ella como un ticket. Nos habíamos adentrado en una complicidad sin mayores palabras. Dependeríamos del silencio mutuo de ahora en adelante.
Yo había sido exonerado como Periodista de una repartición pública. Cesado de mi puesto de trabajo, sin derecho a nada y fuera del ejercicio de mi profesión. Era una suerte de pasaje a Limbo City. Estábamos en primavera, pero nos sentíamos en un invierno sórdido, sangrante, coagulado entre el espasmo y el estupor. La cordillera nevada era el adorno más espectacular de Santiago y nos daba una sensación que al otro lado debía existir algo más. La nieve siempre es una esperanza, un sueño. En ocasiones de apremio vi atravezar la blanca Sansonite, la dura Cordillera, con algunas cosas personales, adelantándose a los nuevos tiempos. El tiempo comenzaba a doblar sus primeras esquinas. La ciudad se borraba con sus habitantes, devorados por las circunstancias, fagocitados literalmente, como en una cómica de glóbulos rojos y blancos.
Partir era el bolero, año 75 del pasado siglo, país gris de viseras y paso de ganso, escenario cuartelario, la ciudad rompía al alba con miedo de atardecer incierto, oscuro, una acrga demasiado pesada para el sueño. Flotaba en las calles la atmósfera de viaje, un sentimiento de sólo me volverán a ver la espalda.
Fue una madrugada. Subí a un bus con mi hermano y la Sansonite destino a Colombia. No había regreso. Amanecer de invierno, el último con esas caraterísticas y con el Dictador. Un abrazo y en unas horas Bogatá. Después vendría Panamá y siempre con la Sansonite. Viajes por América latina. De alguna manera el pasado encerrado en al vieja valija, la maleta del último Santiago acerado por el gris invernal y blindado por la dictadura. Ahí cabían las palabras del Coronel jubilado. Su sonrisa satisfecha y de paso algún reconocimiento a sus oportunas recomendaciones. Los desaparecidos no tuvieron esa oportunidad.
Conservé 32 años después la Sansonite. El dictador ha muerto. Es hora de enterrar el pasado, dejar que viaje hacia un lugar con otros destinatarios, y mejor estará archivado en el olvido, que también es una parte de la memoria. Rolando Gabrielli©2007

jueves, marzo 08, 2007

MUJER...




Sol y semilla,
pozo y luz,
profundo misterio
el de la mujer,
que crece y muere
en un puñado de sueños.
Rolando Gabrielli©2007

martes, marzo 06, 2007




El mundo se repite de una manera muy diferente. La globalización es un ombligo que cada día se va haciendo más chiquito. Sin ir más lejos de lo que permiten ahora los Medios y herramientas digitales, ejes de la trivialización y banalización de lo cotidiano, pilares de las ruinas contemporáneas, donde los poderes fácticos erigen el futuro. ¿La Sociedad Global, Paraíso o Reino de Tinieblas?, es el título de una charla que brindé hace 15 años en Panamá, me parece relativa y afortunadamente sospechoso. Nadie dijo nada ese día y a los 45 minutos en que intentaba de trazar algún mapa, un punto de referencia con lo que ya no éramos o estábamos siendo, pasamos rápidamente a la cena, motivo banal del encuentro o monólogo. Sentí el ruido de lo cubiertos y el suave sigilo de las servilletas, como un campo minado al desencuentro, y pensé así debió caer el Imperio Romano sin que nadie lo notara. Una exageración, pero preferí el pasado monumental del fracaso, al futuro incierto, a este presente de la nada borrado sobre una mesa redonda con un mantel blanco, extraordinariamente hipócrita y virginal. De qué manera cae asesinada la realidad, se le maquilla, superpone un decorado que le garantice una extraña superviviencia, pasaporte a la nada.
Cuando el sociólogo Marshall McLuhan nos hizo soñar y estremeció nuestras conciencias de provincianos tercermundistas, con La Aldea Global hace más de tres décadas, sentimos el impacto de las ideas innovadoras, pero no estábamos preparados para entender que el visionario canadiense nos enseñaba la punta del Iceberg de una revolución en ciernes, que influiría en todas las esferas de la vida humana. Algo así dije al comienzo, pero ignoraba que con el correr de los años, el tiempo sería el primer derrotado, porque ya no existiría como lo concebíamos y en verdad todo podría suceder a un mismo tiempo. Qué película...Seguí hablando de los tiempos pasados reciente, Guerra Fría, planeta bipolar, confrontación de sistemas, carrera espacial, armamentista, economía compartimentada, UE y la surrealista integración latinoamericana. Un mundo más bien ancho y ajeno, cito al novelista peruano Ciro Alegría, bajo el liderazgo de dos bloques, la hegemonía de las potencias nucleares y sus zonas de influencia económica y cultural.
La tierra pudo estremecerse como un cataclismo cuando los dinosaurios se convirtieron en historia, en la época del hielo, durante las grandes y recurrentes catástrofes naturales y climáticas, pero siempre ha estado en un proceso de cambio desde que el hombre puso un pie en ella.
Como si se buscara en un agujero negro, el hombre se ha preguntado Quién es; De dónde viene y Hacia dónde va. Y a veces toma la fuerza de un chiste, esa feroz incógnita, heredada de la duda, misterio, miedo, asombro. Y en esta era global se han despejado algunas incógnitas de la estructura física humana, porque somos una luciérnaga en el medio del gran agujero negro y en ocasiones sin baterías. Se sabe procedente, arrojado, producto de y se indaga, pero no llega hasta el fondo de su cerebro, más bien otea, toca, palpa la cáscara de su piel, un poco el hígado de su realidad.
Frente al mar Pacífico, en esas mesas ordenadas para esa charla, cité, recuerdo, la creciente ola de los bloques económicos y el distanciamiento, la asimetría, entre el Norte y el Sur, y usé una frase descompuesta en dos contradicciones, pero ferozmente real: la dictadura del mercado. El mercado tiene la etiqueta de libre, pero cuando obedece a las leyes de la manipulación, se borra todo principio, expresión, atisbo de igualdad e intercambio positivo. Caía el siglo XX a pedazos detrás del Muro de Berlín y de los países del llamado socialismo real, y crecía bajo el pie derecho de la historia una nueva semilla de la institucionalidad global.
La escritora francesa Vivianne Forrester advirtió el pasado siglo en su libro El Horror económico, que se estaba produciendo un cambio civilizatorio, y advirtió que la cultura global todo lo prevé, organiza, administra, prohibe y realiza en función de la ganancia. Se interroga si es útil una vida que no le da ganancia a las ganancias, en un mundo que ya se perfilaba "sin fronteras". este es un concepto de la modernidad, que nació en la década de los 80 y luego dio paso a la globalización. Lo dije en esa charla y definí el proceso global con palabras de algunos analistas: "la intensificación en escala mundial de las relaciones sociales que enlazan localidades muy distantes, de tal modo que lo que ocurre en una está determinado por acontecimientos a millas de distancia y viceversa".
Viejo tema actual la globalización, ubicada por estudiosos norteamericanos, japoneses y latinoamericanos, como un proceso a partir de los descubrimientos marítimos que se consolida a fines del siglo XVII y principios del siglo XVIII. La segunda fase, según los expertos, comenzó a fines del siglo XVIII con la industrialización, para afianzarse con los imperios coloniales y la industrialización de Estados Unidos. El tercer período de este fenómeno de la economía y de las comunicaciones que está asociado a una inédita concentración del poder, parte de la Primera Guerra Mundial con la formación de un sistema internacional de comercio y las regulaciones, para fortalecerse después de la Segunda Guerra Mundial con el establecimiento de las Naciones Unidas y la revolución tecnológica de la mitad del siglo XX.
Hay quienes sostienen que la globalización lo abarca todo. Por eso, adquiere la mayor importancia y actualidad, el evento organizado por los estudiantes de postgrado de español y portugués de la Universidad Wisconsin-Madison, bajo el título:Escritores iberoamericanos en la era de la globalización, que se realiza del 7 al 10 de marzo próximo. El foro contará con escritores latinoamericanos destacados, la mayoría con residencia en Estados Unidos: Jorge Volpi, Cristina Rivera Garza y Ricardo Chávez Castañeda, de México; Mario Mendoza, de Colombia; Edmundo Paz Soldán, de Bolivia; Mayra Santos Febres, de Puerto Rico; Marta Sanz, de España; y Pedro Mairal, de Argentina. Discutirán temas esenciales en el contexto cultural contemporáneo, relacionados con la violencia, la sexualidad, el cuerpo, la enfermedad, la ciudad y las migraciones. Violencia y literatura en América Latina, Literatura y Cine y Escritura y proceso editorial en el mundo globalizado, figuran en la agenda de los invitados de la Universidad de Madison, Wisconsin.
La globalización es una marea incontenible. Aquella tarde me refería en Panamá, un país globalizado por el sueño de Carlos V hace más de cinco siglos con el tema del Canal Interoceánico que se hizo realidad en 1914, al fenómeno del mercado, comercio, a la economía, fundamentalmente, pero también a los cambios vertiginosos que producía esta nueva cultura, transformaciones impredecibles para el mejor vigía o administrador de brújulas. Cambios en la manera de trabajar, producir, consumir, cambios en la forma de relacionarse entre los hombres, una nueva manera de hacer y crear, porque todo comienza a reinventarse por segunda vez de manera trascendente en el siglo XX. En un mar de dudas, definió al mundo en ese entonces, Michael Camdessus, presidente del FMI, porque entre la miseria y el desarollo reina el miedo.
El fenómeno global suele centrarse en la economía, porque antes de la rueda, el planeta gira entorno al comercio y su derivados, aunque el conocimiento y la cultura, han probado ser herramientas básicas para un desarrollo sostenible, progresivo y otorgar estabilidad a los procesos de cambios.
Era impensable ese día de la charla en el hotel, vislumbrar siquiera que la caída de un muro puede significar que se construyan dos nuevos muros y que la globalización también significaba banalización, o que un autor desconocido lanzaría la tesis del fin de la historia. Sin duda el mundo se estaba moviendo aceleradamente. Después de un choque de trenes, venía el silencio. Reparada la vía, todo se ponía a volver en marcha con el maquinista que había sobrevivido al impacto. Debajo de las ruinas, supe después, siempre surgen otras ruinas que serán más poderosas un tiempo, para luego ser olvidadas o archivadas.
La literatura, los escritores, en especial los poetas, dejaron de significar en un mundo que se estaba construyendo sin voces críticas, sin oídos receptores, ni corazones ardientes. El escritor fetiche como lo conocíamos en Sartre, Camus, Passolini, Neruda, Borges, Gabriel García Márquez, en pintores como Picasso, había desaparecido, y el mercado dictaba las nuevas leyes e imponía el orden a través de sus best seller. Un tema que sigue en pie, vivito y coleando. La globalización ponía fuera del juego una manera de ver, sentir, asumir el mundo, y abría un nuevo mercado, lo orientaba, para ver, sentir, desear, aplaudir, gozar, con un rumbo absolutamente desconocido. Otras relaciones y los ratones siguen una nueva Flauta de Hamelín.
Hoy leo ya sin asombro titulares mundiales: los 50 web más importantes; los Blogs más leidos; los videos más vistos.La palabra es un subproducto más oscuro que en la Edad Media. Además de disminuìrsele y tratársele como una inválida, tullida, o una anoréxica del paisaje, se le exhibe ante la golosina de la imagen en este gran club de la idiotización colectiva, un requisito sine qua nom de la parálisis cerebral.
Erick Marsall McLuhan, hijo del profeta canadiense, sostuvo hace unos años que en la nueva cultura, producto de la globalización, todos somos pasajeros de hotel. Tenemos un hardware, que es el cuerpo, y un sofware que es la tecnología. Hoy los titulares que mueven el mundo de la información dicen: los 50 Web más importantes, los Blogs más leídos; los Videos más vistos. Hay quienes reciben más de 50 millones de llamadas sus páginas. Impacto, cifras, realidad impensable, son el fenónemo de la globalización. Después de 40 años de edición, la novela Cien Años de soledad de Gabriel García Márquez alcanzó los 30 millones de venta. No son las cifras las que aterrorizan, porque soplan vientos muy distintos en esta nueva era, sino la fijación por la imagen, la escandaloza devoción por el mundo del espectáculo, la fiebre inútil de lo banal, el monótono carrusel de sí mismo frente a la nada.
La banalización tiene fuerza propia en estos tiempos y se expresa de múltiples formas. Es como una mano enguantada en grasa y todo lo toca con alguna puerilidad. La construcción de una sucursal del Louvre en uno de los países de los Emiratos Árabes nos refiere a esta afirmación. Por mil millones de dólares se banalizará un ícono francés. El arquitecto Jean Nouvel lo ha concebido como un domo flotante, que dejará ingresar los rayos de sol causando el mismo efecto que produce la luz cuando se filtra entre las hojas de una palmera.
La globalización barre con lo público y privado, ese límite que confunde al diablo y a dios, y que sin embargo existe. Los límites que nos "limitan", decía el recién fallecido filósofo francés Jean Baudrillard, son un sentimiento de nuestros tiempos y se traduce en miedos, desilusiones, un no saber donde realmente estamos. Es apenas una idea, un dato, saber que estamos en crisis, vivimos cambios continuos, aluviones de la nada, principios sin fin, la famosa crisis de la modernidad. Baudrillard, escribió unos 50 libros y no fue condescendiente con occidente. en su libro "América", dijo que Estados Unidos es un desierto, un vasto vacío cultural, donde lo real y lo irreal están tan fundidos que las distinciones desaparecieron. Un poco mide el espacio global, cerrado, hermético, de la globalización, donde todo se ha masificado, inclusive aquello que distinguía el espíritu de las masas. Baudrillard nos advirtió en verdad que descubrir la realidad, constatarla en estos tiempos, es pura coincidencia, porque nunca es la misma, ni logramos identificarla como tal. Nunca en otra época, la realidad tomó ese carácter de subproducto, materia difusa, oscura, confusa, patéticamente engañosa. Esta afirmación es uno de los pasos propios de la globalización, modelo de espejismos y ausencias.
¿Cuál es el papel de un escritor en la era de la globalización?, podría ser una de las preguntas claves. ¿O el escritor carece de papel social ante un mundo masificado perfectamente idiota? ¿El escritor es un aguafiestas, convidado de piedra o un baúl sin fondo? ¿Los escritores se reúnen para operar sobre una realidad inexistente? ¿El escritor llega a ser en el mejor de los casos un marginal del éxito? ¿El escritor es un adorno social? ¿El escritor es un perdedor por naturaleza? ¿El escritor necesita una manual de autoayuda para superar su anonimato? ¿El verbo del escritor es real o virtual? ¿El escritor venderá su alma a la banalidad? ¿El ex- escritor forma parte de la masificación global? ¿El papel del escritor es letra muerta? ¿El escritor es un servidor servil de la realidad o un crítico viril de la sociedad? Algunos piensan: si el Diablo existe, por que no el escritor.
¿Es como pensar el tema al revés? ¿O dar un revés a la realidad? ¿La realidad sólo tiene revés y no derecho? A lo sumo son preguntas, paréntesis, intervalos, treguas... Uno lee una noticia, la escucha y ve, siente el ruido, la atmósfera danzante de la imagen que penetra los sentidos y destapa el hecho nauseabundo, desmembrado, minusválido, agónico, falso y siempre al contrario de la verdad. Tal vez me he influenciado por el fantasma real de Baudrillard, que nos ha dejado un poco más solos con este anticipo de su partida, que gracias a su palabra es menos real que la realidad. Qué mala frase: desnudó a la realidad en su tiempo, pero que real es. Nos mostró la virtualidad de un mundo aparente, algo más impactante que un espejismo en el desierto. Algo más que un fragmento que arrastra el carromato de la globalización.
La noche no es un ejercicio menor del día, es una necesidad de la oscuridad. Así es la verdad para un escritor, como las palabras. Detrás de la imagen quizás, un barril de petróleo. Dentro de la realidad, un agujero oscuro esperando salir a al superficie por un poco de luz. En el horizonte, la ilusión, una mezcla de copia y paraíso perdido, esa nostalgia que un domingo se borra con una cerveza y una película sin realidad. Baudrillard documentó nuestro tiempo y no se dejó engañar por la realidad que custodia un portero de un céntrico hotel. La tarea mínima de un pensador de su tiempo. Hacer los deberes con un sentido ético.
¿La globalización es un globo que se infla o desinfla?, puede preguntarse con propiedad cualquier pasajero de este globo terráqueo, a la distancia que se encuentre de la tierra. Sus pies quizás miren hacia el cielo o entren en la profunda cavidad de la tierra. Pueden ir descalzos, viajando por otra realidad, muy distante, pero en nada cambia el paisaje. La bella pisa un mall y le sonríe a unas bragas mínimas.
La revolución digital es un hecho. La información digital disponible, archivada, es tres millones de veces más, que las contenidas en todos los libros del planeta. Qué diría Gutenberg. Esto es tan sólo un dato hacia dónde vamos. Lo sorprendente es que el almacenamiento no es tan seguro como una piedra, papiro o la misma pared de una caverna. Y en un mundo sin tiempo, cada día se invierten muchas horas en procesar este volumen de información que supera la imaginación. El 72 por ciento de los contenidos de Internet se genera en Estados Unidos y Europa. En fin, todo ejercicio estadístico es inútil, nos lleva siempre a la misma asimetría, a la cabeza deforme sobre el cuerpo pequeño
Seguimos en un juego de fuerzas en todo tipo de situaciones internacionales. Las fuerzas del mercado siguen siendo las más implacables. Costos y oportunidades. Una mano invisible ¿Mundo global, hombre irreal? Rolando Gabrielli©2007

ARACATACA, DONDE NACIO 100 AÑOS DE SOLEDAD


Aracataca, 40 años después de haber sido fundado literaria y universalmente como Macondo, sobrevive en medio de la ruina, olvido, un mito suspendido por la buena fe del tiempo, con nombre de finca bananera, agoniza y festeja al mismo tiempo con voluntad caribe, el cumpleaños 80 de Gabriel García Márquez. Macondo es el nombre de un árbol y de una de las fincas más grandes que tuvo la United Fruit Co. en un pueblo del mismo nombre. Pero la palabra, según cuenta el biógrafo de García Márquez, Dasso Saldívar, tiene su origen en África, de donde viaja al Caribe como makondo o likondo, término que se extendió a través de los esclavos al plátano.
Allí permanece la casa de GGM, semilla de Cien Años de Soledad, derrumbándose en la desidia y afortunadamente el gobierno acaba de destinar una partida para reconstruirla, porque algún día Macondo será un museo vivo de América latina. García Márquez pensó en ponerle La Casa a la novela que después llamó Cien años de Soledad. La fotografía muestra la casa donde nació él y 100 años de Soledad.
Aracataca quiso cambiar de nombre el año pasado por Macondo, pero la votación no alcanzó a cumplir con los requisitos de la ley. Sus habitantes, empujados por al violencia secular y la desidia histórica de los gobiernos, creen que el futuro de ese famoso caserío, podría estar en el turismo al invocar el nombre de Gabriel García Márquez, hijo ilustre de Macondo.
Aracataca inicia la celebración del cumpleaños del Premio Nobel, con 80 cañonazos, y más de alguno creerá que cayó el gobierno o llegó el fin del mundo. Pero nada más sobrenatural que la realidad misma macondiana, por lo que todos deben estar tranquilos. La mágica fecha se celebrará con desfiles militares hasta misas. Colombia es un país de un orden mortal.
Rolando Gabrielli©2007

domingo, marzo 04, 2007

EL ECLIPSE DETRÁS DE LA CIUDAD









Dejamos el Sótano como en Twister y salimos soplados por su puerta de vidrio, al trote por sus escaleras y miramos hacia el cielo. Nada. Cruzamos hacia la vía Argentina y la Luna en verdad brillaba por su ausencia. Montamos el Land Rover y nos fuimos en dirección hacia el mar, la Avenida Balboa, siempre mirando hacia el amplio y despejado cielo, pero que no quería enseñarnos la Luna del primer eclipse anual. Todos los ojos en dirección hacia lo alto, fue la orden del piloto y en marcha los sentidos para intentar atrapar un destello, la más mínima luz que nos dejara ver el fenómeno. Nos instalamos frente al Pacífico, detrás la estatua de Balboa, quien descubrió el famoso Mar del Sur en Panamá, es decir, el océano Pacífico y todo lo demás fue subir la vista y que la brisa del verano tropical compartiera con nosotros esta estación privilegiada del año. Sólo el silencioso mar que llega muy quieto a la bahía, costa donde asolaron el poderío español los piratas y bucaneros ingleses, comandados por los célebres Fancis Drake y Henry Morgan. No duramos gran tiempo y volvimos a subir al Land Rover, como Twister, cinco pasajeros: cuatro arquitectos y un cronista ciber-lunar.
Hacia Costa del Este, dijo el piloto, era una sentencia verbal acompañada de un motor andando. Ni una huella más que el bosquejo de nuestros pasos en el parquecito Anayansi, la bella mujer indígena de Balboa o Parque de los Enamorados, con o sin luna. Pasamos el edificio de la Contraloría y otro residencial imponente, el mar a la derecha y Punta de Paitilla, una esquina de Manhattan, que mira con su masa de cemento, hierro y cristal hacia el Canal de Panamá. Un puente elevado y enfilamos en dirección al Corredor Sur, porque la hora apremiaba.
Los eclipses son precisos como un reloj suizo. La Luna no es de queso, pero para nosotros olía como si fuéramos un ratón. No dejen de mirar hacia el cielo. Cinco pares de ojos hacia todos los puntos de lo más alto, en dirección al horizonte, porque a la derecha nuestra debería de estar. Ya nadie sabía de Norte, ni de Sur, Este u Oeste, sino a la derecha, porque por ahí la vemos cada día, menos éste. Nada, la Luna se había esfumado con un pasajero seguramente que la iría a visitar. Fíjense bien, cualquier luz y de pronto cruzó un avión con dirección a Colombia, hacia el Sur. La luz de la nave titilaba, pero no era la cara oculta, rojiza del eclipse lunar. Alguien dijo: quizás los pasajeros lo están disfrutando. Qué buena vista.
Y seguimos, como en Twister, buscando, correteando la Luna, como si alguna luz nos llevara a sus mareas. ¿Alguien vio algo? El motor voloando del Land Rover y ni el viento nos traducía el malestar, esa frustarción que produce algo que debiera estar frente a nosotros para disfrutarlo y se evapora como el incienzo, pero ni olor deja al no existir la más mínima presencia del objeto o elemento. Todo el pedazo del corredor hacia Costa del Este, presentó el conocido rostro del mar, vehículos, edificios, y fue cuando nos encontramos frente a Ciudad Gótica, verdaderos castillos unos tras otros, elevados monumentos de la arquitectura. La Luna quizás dormía la siesta en alguno de esos departamentos, cuando el crepúsculo asomaba en el horizonte. ¿No puede reposar la Luna, estará en vela toda la noche? La ciudad quedó detrás, el corazón urbano, y llegamos a Costa del Este, un moderno desarrollo, de avenidas amplias, muy bien trazadas y con numerosos edificios en plena construcción, que reflejan el boom arquitectónico de Panamá. No íbamos detrás de los edificios, éstos permanecen inmóvil como todos sabemos. Siempre sabremos donde están, a no ser que fueran demolidos por el paso del tiempo o la llegada de la modernidad. Llegamos a Costa del Este y como los caballeros andantes y las damas de aquellos y aquestos sitios ytiempos, descendimos a buscar la bendita Luna. Preguntamos por ella. ¿La han visto, saben si por aquí asoma o pasa? Espléndida dijo el señor del perrito. Todas las tardes. Se ve colosal. Estamos en época de Luna llena. Me imaginé un lobo aullando y la noche feroz en un bosque. Gracias, respondí. El ocaso no traía la Luna y el reloj corría, que es lo mismo que hablar del tiempo y estaba en nuestra contra. Arriba, esto no da para más. Regresamos al Land Rover. Pasos ligeros. Sólo sonaron las puertas y se encendió el motor, como en Twister, pero sin el pleligro. No se ha sabido aún que las Lunas agredan o se dejen caer como volcanes sobre la tierra o luces devastadoras de ovejas o animales en las noches solitarias. La Luna es inofensiva. Sólo mira desde lo alto y nos hace pensar en el amor. Ese es su más curioso encanto. Ni los médicos han podido descifrar en que consiste esta "enfermedad" que aún perdura por los siglos. La Luna debía de estar saliendo o dejando sus sábanas, para instalarse en la noche, en este infinito atardecer de la nada.
(En esta época del año, la Luna llena flota sobre el istmo, suspendida, dueña del cielo y sabe que la noche le pertenece y se rinde extasiada al silencio del vago oleaje del mar, de las olas que ella impulsa, la marea que va y viene. De alguna manera que no es improvisada, irradia su presencia silenciosa sobre la ciudad, un leve manto de esperanza, una mirada personal.)
No nos habíamos dado cuenta y ya estábamos saliendo de Costa del Este, en medio de la frustración, el Land Rover rodaba con cierta resignación, pero no entrega a la búsqueda. Siempre mirando hacia el cielo, con la vaga esperanza que otorga el deseo, salimos hacia la ciudad, un retorno frente a los edificios y aproximándonos al mar. Volvimos al punto de partida y nos encontramos con el eclipse. Ya estaba la función sobre el cielo y en el fondo Punta de Paitilla iluminada como un árbol de Navidad. Preparámos las cámaras digitales. El arquitecto Juan Carlos Sáenz, con sus 10 mega pixeles y un pequeño trípode que había comprado en Buenos Aires, durante una Bienal. Puso su pequeño equipo sobre la baranda del malecón y se abandonó a la busqueda de los mejores ángulos y los cambios que provoca el efecto de la luz que se va devorando la Luna. Estas fotos son de su cámara. En la misión Twister, sóla viajaba un panameño, Manuel y dos costaricenses, arquitectas, también de la firma Mallol &Mallol, Melisa y Silvia. todo lo demás correspondió al Eclipse. La jornada concluyó con un batido de café, churros, una tortilla española y otras bebidas, en el restaurante Manolos de la vía Argentina.
Nota: recibí de obsequio el útil trípode. La invitación fue de JC.
Rolando Gabrielli©2007

jueves, marzo 01, 2007

EL MANCO DE LEPANTO VUELVE A COLOMBIA







Entramos primero con los ojos, mirando cuidadosamente una larga calle, que fue el mismo espejo de la soledad, que hace cuarenta años atravesó nuestra memoria. Polvo de siesta y atmósfera de olvido. Ningún reloj serio podría fijar el tiempo, las manecillas de mi Citizen marcaron cien años de soledad, uno raro instante circular, irreptible, porque el tiempo siempre es un traste viejo. Sentí ruidos conmovedores del autor del Coronel no tiene quien le escriba y El Amor en los tiempos del cólera, que en un viaje a Acapulco, chocó contra unos animales en el camino, por lo que decidió no continuar el viaje. Cábala, dijo, el muy supersticioso hijo de Aracataca. Pero era una de sus grandes y más fantásticas y productivas mentiras. Decidió regresar al DF porque Cien años de Soledad ya estaba escrita en su mente. No había tiempo que perder para emprender el camino de esa novela de novelas. No sólo fantaseaba en las redacciones de los periódicos de Colombia, con sus pies sobre el escritorio, dejando que la máquina de escribir le arrancara las páginas a sus primeras crónicas, que le ablandarían el pecho de alas muertas al más pintado de sus lectores. El golpe de timón que daba al curso de su camino era otro y definitivo. El truco de este mago-prestidigitador abierto a todas las contradicciones, como si sus palabras volaran dentro de un cubo pero a una distancia considerable, para repetirse con claridad en la memoria de sus personajes. Es el sabor con que queda un paladar aguijoneado por abejas, que dejan también su dulce miel.
A-r-a-c-a-t-a-c-a...A-r-a-c-a-t-a-c-a, el tableteo del famoso fusil de asalto ruso, la AK 47 y los cuerpos desplomándose, sin razón, sin luz, sin vida. El eco insalvable que traslada el vicio de la palabra, un recurso despiadado que empuja hacia atrás, adelante, hacia ningún lado, hacia donde una cámara lenta recorre su propia memoria. Más de 13 años visitando las bananeras en esa época, no habían sido en vano. La atmósfera húmeda, los tallos verdes uniformados, esos caminos de las fincas que se repiten hacia un mismo lugar y un olor inconfundible, a tiempo sin tiempo, devorado por el sol, estaba allí todo reunido en mi memoria, no para ser encontrado, sino dibujado en cualquier atardecer, uno como este. No busqué ir, ni llegar, ni estar.
Cayeron cientos bajo el plomo de la United Fruit Co. y no fue diferente a Santa María de Iquique, la matanza de San Salvador, y otras tantas en Nicaragua, Guatemala, Argentina, México, Haití, Bolivia, Perú, Paraguay, Ecuador, Brasil. Se habían fundado las llamadas Repúblicas bananeras, territorios llenos de soledad y espanto, paisajes dominados por el imperio del oro verde. Pero en esas calles sentí como se mordía el polvo de la soledad e impotencia, y que Macondo era ya un mito vivo, brillante como una luciérnaga en la noche de Nuestra América.
El cielo deja de ser gris y una lluvia de mariposas amarillas "Made in Macondo", rompen el atardecer con su ruido de mar adentro, vuelo contrastado con el plomo que envuelve Colombia en su cápsula de ardiente soledad desde hace más de un siglo, porque la soledad no escapa ni de sí misma, y se ha perpetuado en el viejo nido de la indiferencia, marcando su territorio a sangre y fuego, como un árbol seco, vacío de frutos, lleno de soledad. Podía ser cualquier sitio, calles entre calles, pero no, pisábamos un Mito, Macondo en verdad, traído y llevado en la gloria de un mundo mágico y real, la casa grande de una nueva literatura latinoamericana y del habla castellana, donde se había soñado, masticado, vivido, pensado, Cien años de Soledad.
Sobre García Márquez y su obra se ha dicho todo. Soledad sobre la soledad, es un ejercicio inútil, oficio de árbol genealógico. La anécdota la cuenta el propio GGM, ilusionista ya estaba en marcha porque lo que tenía en su cabeza era Cien Años de Soledad y necesitaba retornar a su casa a escribirla. Sabríamos tiempo después que el mundo era tan reciente, que muchas cosas carecía de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo...
Todo lo demás es historia, que tuvo que vender todo para enviarla a Buenos Aires a Editorial Sudamericana, en dos partes y por correo. (Afortunadamente el correo fue honesto y no abrió el paquete, porque la habrían botado: un montón de papeles mecanografiados.) Macondo iniciaba su camino de México a Buenos Aires, aunque nacía en el corazón colombiano de las Américas, y pertenecía, sin duda, a todo este subcontinente tan ricamente empobrecido por la soledad de sus gobernantes.
García Márquez se adentró en las aguas sanguinolentas de Colombia y América latina, remó con sus muertos, y vivió, contó la historia de los vivos de su tiempo. Cien años de soledad se editó en 1967, cuando América latina irrumpía en medio y en el centro de su gran soledad. Un año después asesinarían al Che Guevara en Bolivia. Un año antes Violeta Parra se había destapado los sesos en una carpa en Santiago.
Cien años de Soledad que está en su 40 aniversario, es una especie de caja de Pandora de la literatura castellana en esta parte del mundo. Su autor, un fabulador a tiempo completo, de seguro continuará con su oficio más allá del tiempo real que se le haya asignado aquí en la tierra. Ya había subido a la gloria hace 25 años atrás en Estocolmo, cuando el rey de Suecia le hizo entrega del Premio Nobel de Literatura. Ahora, a sus 80 años sobre el Everest de la consagraciónen Chile, hace 40 años, nosotros leíamos bajo las noches y las sábanas calenturientas de la adolescencia, la novela que Cervantes habría aplaudido con sus dos manos después de Lepanto y que Borges no leyó. Y también en nuestras manos La Hojarasca y Los cuentos de la Mama Grande( María Amalia Sampayo de Álvarez, en la vida real).
Una época nuestra en que èramos tan pobres, que sólo podíamos regalarle nuestro corazón a la novia. Ese acto se repetiría después, en tiempos de circulares, esos que retornan porque estaban escritos.
El escritor más vendido del habla castellana, Premio Nobel hace 25 años, comparado con Cervantes, Cien años de soledad ha sido considerada entre las 20 novelas más importantes de la historia, (todo puede ser cierto o según el cristal con que se mire, pero no hay duda de lo que ha hecho GGM). Su protagonismo en la política colombiana y latinoamericana, forma parte de este gran e insustituible personaje llamado Gabo. Hombre de grandes e irrenunciables adhesiones con las causas populares. La Habana, DF, Panamá, Bogotá, Cartagena de Indias, forman parte del eje de sus viajes y de un periodo intenso de negociaciones en los que participó para solucionar conflictos, allanar caminos hacia la paz. Amigo de gobernantes incómodos en la región, Fidel y Torrijos, de los sandinistas, movimientos guerrilleros, siempre fue un aval internacional, porque también es amigo de Bill Clinton, un gran lector de Cien años de Soledad. Fueron intensas las décadas de los setenta y ochenta, América latina hervía en dictaduras y movimientos guerrilleros, y en el centro, las negociaciones del Canal de Panamá. García Márquez que vino tantas veces al Istmo, estuvo a punto de quedarse para siempre, si hubiese hecho el viaje en el mismo avión con el General Torrijos, hacia Coclesito, donde se estrelló y explotó frente al cerro Marta. Era el invitado del General Torrijos ese día que no era su día. A partir de ese 31 de julio de 1961, García Márquez, vivió para contarla en esa guerra fría, a Gabriel García Márquez se le ocurrió hacer una promesa que no pudo cumplir después: no escribiré hasta que muera Pinochet. Por una u otra razón, el dictador chileno fue declarado patrimonio nacional de la dictadura y del horror. Y permaneció hasta hace poco, como si no hubiese sucedido nada. Fue una licencia que superó la literatura, porque la realidad ya no existía, o tal vez era un secreto de Estado. Gabriel García Márquez había dicho en uno de sus momentos solemnes la democracia de mierda chilena.
Su línea política ha tratado de ser enmarcada por apologistas y detractores de una manera sorprendentemente mágica, surrealista, macondiana, y el padre legítimo de la ficción real- mente mágica latinoamericana, nunca hizo mayor esfuerzo por contradecir a unos, ni otros, siempre se mantuvo discretamente dentro del carnaval de la política regional y mundial, porque su palabra tocó Estados Unidos y España. Compartió con moros y cristianos, en mil y una noches en este continente alucinado por la violencia, corrupción, los sueños truncados, la filosofía del olvido, la convicción de la imediatez, el culto de lo pasajero, inútil, y también la maravilla de sobrevivir y amar a pesar de... GGM usaba paracaídas llenos de mariposas y saltaba de un lugar a otro envuelto en secretos, compromisos, conspiraciones, complicidades. "Aquí estuvo el Gabo", la leyenda del misterio era cultivada con cierto rigor caribe, porque siempre se sabía de su presencia. ¿Cómo esconder un personaje de esa naturaleza, magnitud o grandesa, prominencia periodística?
GGM fue primero poeta en su preadolescencia, admirador y lector de Neruda y Darío. Poeta como Borges, Cortázar, Bolaño, Joyce y tantos otros grandes narradores por cumplir este 6 de marzo, fecha de varios felices acontecimientos en su vida literaria, el mundo de habla castellana ha comenzado a rendirle homenajes. Pero al mismo tiempo, España, Colombia y América latina, homenajea la palabra, este minuto que a todos nos pertenece en la fabulación del sueño, la magnífica utopía que nos revela un autor en el encantamiento del idioma, y nos viaja en el pozo hondo de la mitología viva de sus personajes que nos hace amarlos. Este reencuentro con la soledad, siglos de abismos, instantes fluidos en los ríos nuestros sin fin, todo en un tiempo para armar y desarmar frente a un portal silencioso, porque en verdad lo que pasa, somos nosotros mismos y regrezamos una y otra vez en la palabra. La soledad es este monumento a la verdad que crece entre las muchas voces. La soledad es esta vereda personal en que viajamos cada día.
Esa tarde en Aracataca, Macondo para ser precisos, y no hay mayor reconocimiento para un escritor que decirle la verdad, si uno llega a sospechar algo de lo que realmente quiso decir, supe que Melqíiades fundaba la esperanza y nos reproducía la infinita palabra sabia de lo posible. Un Testamento más nuevo que el Antiguo, ¿maravillosamente contradictorio, solemnemente iluso o fantásticamente real?, sólo la palabra no pasa en Melquíades que vive en su marzo perenne de un lunes eterno.
Hay que haber vivido en Colombia, conocer ese país, su gente, geografía, historia y sólo entonces sabríamos por qué las palabras asombro y desagracia, insólito, excepcional, forman parte del ser nacional colombiano, y en verdad fueron inventadas allí, junto con el olor de la guayaba.
Colombia escribe su testamento cada día, agoniza, sobrevive, viaja circualrmente sobre sí misma, realiza un reinado cada día, su geografía se traslada por segundos, la gente sabe que el país nunca siempre es el mismo, y todo quien de alguna manera esté vinculado con esa mágica tierra macondiana- porque Colombia es la casa matriz del Macondo universal,- sabe que en cualquier mañana el mundo puede haber marchado uno pasos más al fondo de la manigua.
Colombia permanece más allá de sus propias sombras. Es un ejercicio sobre su propio rompecabezas. Una esperanza que recurre diariamente al espanto. Colombia es la catedral de la esperanza y del olvido. Se mira el ombligo y nace Macondo, un pasaje a la eternidad.
Colombia es este azar de tréboles de cuatro hojas que alguien se empeña en ametrallar y seguir deshojando el tiempo, la belleza inocultable de su deslumbrante geografía.
A veces pareciera, que la muerte en Colombia, es un compromiso con la vida. Un inevitable espanto más de su destino. Colombia persiste más allá de su propia realidad. La ficción de su esperanza supera esa realidad que suele empujar el país por el río Magdalena como un ataúd expreso sin paradero.
Pareciera que el libreto ya fue escrito y la realidad sólo contara el guión, como si fuera una extra, convidada de piedra. ¿Una espiral que retoma siempre el camino de la nada?
Más de 300 mil muertos durante el Bogotazo, cuando asesinaron al "negro" Jorge Eliécer Gaitán, en 1948, y Fidel Castro in situ, confundió la continuación de la eterna chispa de la violencia colombiana, con una revolución. Colombia, casi 60 años después, no ha dejado de sumar cadáveres juntos al de Gaitán. Esa pudiera ser otra historia, pero es la misma y Gabriel García Márquez recoge este espejo en la vereda de la vida y del camino, para que todos nos miremos en él, porque la imagen de la realidad alcanza para todos.
Pero la fiesta es otra: 80 años de GGM ( 6 de marzo). 60 años de la edición de La Hojarasca (primeros pasos de Macondo) y 40 de 100 años de soledad. 25 años del Premio Nobel. Son 225 años contra la eterna Soledad, que sólo necesita un segundo, el fragmento de un instante para hacerse presente, porque de alguna manera compró un pasaje eterno.
Gabriel García Márquez regresa a Cartagena de Indias, donde 1.200 asistentes al IV Congreso Mundial de la Lengua, le rendirán homenaje del 26 al 29 de marzo. La Real Academia Española lanzará una edición de 500 mil ejemplares de Cien años de soledad, novela que ha vendido más de 30 millones de unidades. Cartagena se inscribe dentro de las ciudades claves de la historia literaria del periodista, cineasta, músico, GGM, como lo fueron Aracataca, Sucre, Valledupar y Barranquilla. Sólo su superstición le impide regresar a Aracataca, cuya casa paterna sigue viva en su memoria y carga en su alma caribe.
Hay novelas como Cien años de Soledad, Rayuela, Pedro Páramo, Paradiso, La vida Breve, Los Pasos Perdidos, Los Detectives Salvajes, entre otras, que fueron escritas para ser respiradas con una cierta intensidad cada cierto tiempo en el tiempo.
Se ha cumplido el sueño dorado de la soledad macondiana.
Rolando Gabrielli©2007
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miércoles, febrero 28, 2007




De Mirta Narosky se podrán decir muchas cosas y algunas de paso, imaginarlas. Si de la realidad, y ficción se tratara, una argentina, pintora, con sus sombreros cada día, el lienzo en los ojos, y tal vez desplazándose en un pequeño ascensor hacia la calle, podríamos estar hablando de ella en la superficie de un damasco. Mirta Narosky hace su obra en Buenos Aires, una ciudad totalmente argentina, sostenida por la imaginación y el esplendor de sus ruinas, la belleza de su delirante espanto, el encanto de lo que siempre no será, pero que es, un sueño amarrado a tanta esperanza.
La Narosky se desplaza con sus colores en el centro del vacío de su época, y no ignora el tiempo urbano, como la mujer que contempla bajo el olvido de la ciudad, donde el sol irradia su vital naturaleza y ella se deja sorprender por una rara esperanza. ¿Así viene el pasado como el futuro, aunque todo es presente.? Ella se arroja al silencio frente al sol, la ciudad urbaniza sus amaneceres en la magnífica irrepetible soledad. Apuesta al espacio absoluto, la contemplación.
El Tango de suburbio, es la pasión roja del arrabal, el sueño del macho y la hembra suspendido en la magia de todo encuentro y minuto vertical, de ese aire que se pierde y se gana, movimiento en UNO, ese estar adentro y afuera a un mismo tiempo, volver a Ser, ella, muñeca brava, él, un bacan. El vértigo cae en el centro de la Mina, como si la noche inventara un nuevo tiempo, el norte y el sur de sus cuerpos, la otra cara de la vida. Los cuerpos pasan, quedan, el insomne silencio de la pista, la vida, el destino. Rolando Gabrielli©2007

martes, febrero 27, 2007

EL LIBRETO OCULTO DE LOS OSCARES







La alfombra roja en el Kodak no conduce a un Oscar, a todos los que la pisan. El flash y el glamour alcanza para los favoritos y algunas estrellas siempre brillantes en la imaginación de Hollywood. La Meca del cine no siempre huele bien. Cuadrar el círculo de intereses en Hollywood, es como vaciar la caja de Pandora. Hay un libreto que lo escribe el tiempo de manera sarcástica y premia a algunos el olvido irreparable de la Academia. La gran noche de los reconocimientos de la mayor industria cinematográfica mundial, impactó por el naufragio en primera fila del legendario actor irlandés Peter O´toole, un candidato postergado eternamente al Oscar. No dejó de sonreír en la ceremonia oficial y las cámaras lo apuntaron en diversas ocasiones, pero el libreto de Hollywood ya estaba escrito y sentenciado el actor que representó con maestría a Lawrence de Arabia. O`toole rechazó en su tiempo un Oscar por "años de servicio en las pantallas", una especie de jubilación y reconocimiento a la labor cumplida. La Academia lo obligó a recibirlo.
(Tal vez previo a la entrega del Oscar a la mejor dirección, volaron los pájaros de Alfred Hitchcok, para no encontrar más que el cielo eterno de su vuelo sin que el viejo rey del suspenso aterrizara nunca con una estatuilla en el Kodak) ¿Así es el cine como en la vida real?
Esta fue la noche de otro postergado por más de dos décadas: Martin Scorsese. Obtuvo dos estatuillas, una por su dirección y otra por la mejor película: Los infiltrados.
El libreto de Hollywood trasciende la pantalla, no necesita de efectos especiales, porque maneja las estatuillas que dan o privan de la supuesta gloria. End. Rolando Gabrielli©2007

domingo, febrero 25, 2007

EL SOTANO DE BABEL, UN VIAJE PERSONAL...





















Desde El Sótano se puede apreciar claramente la superficie. Valorizarla y tomar el pulso de la otra realidad. Escuchaba anoche una entrevista de Roberto Bolaño en Chile. Regresaba 25 años después. ¿Uno puede volver al lugar que nace impunemente como el asesino? Es una pregunta que le hubiese hecho como frente a un espejo. Los escritores no se dejan atrapar fácilmente por la ficción. Sólo se escucha su lenta voz con un leve dejo español, aunque en verdad sin acento, más bien una voz grave seguramente venida desde el fondo de su afectado hígado. Sólo la pantalla, un pequeño recuadro de Bolaño y su entrevistador, las bocinas, y las luces del Sótano flotando como si los mares de Panamá arrastraran la voz de esta estrella distante y cercana de Bolaño, que viajaba de Santiago de Chile, el DF y volvía al Mar Mediterráneo como sus cenizas en España. Un escritor verdadero no muere ni a palos, aunque la inmortalidad no existe, sólo la del cangrejo. No concuerdo esta vez con Roland Barthes, cuando dice que no se puede interesar en un lugar sólo por la belleza si no hay personas en ese sitio. Habla que no le gustan los museos vacíos, pero las calles sin automóviles ni gente, son un monumento a la soledad. El Sótano era mi museo anoche, el espacio real donde mueren las palabras y la oscuridad entran sin proponérselo. Bolaño sigue hablando como si nada, es su noche aquí, después del carnaval y él, preparándose para visitar Chile en noviembre, en su propio carnaval. Cuenta como la librería El Sótano le alimentó la imaginación y le permitió sobrevivir, al robarse libros de narradores que guiarían sus pasos literarios. Los concursos de prosa que ganó en las provincias españolas, formaron parte de su otra sobreviviencia en España.
En sus palabras deducimos que su poesía incuba sus novelas y que consideraba que existen buenas páginas en la narrativa chilena y no se atrevió a mencionar un sólo libro en prosa ni autor. Se definió como un gran lector de la poesía chilena: Parra, Lihn Teillier, Maqueira y Zurita, "que no quedará para la posteridad por su mensaje mesiánico". A Lihn le otorga un papel de salvador, rescatista de su propia vida, si no, no habría vuelto a la literatura, ni tomado el hilo de ese vicio, porque vivía salvaje, como un anacoreta con un perro, en España.
El Sótano se presta para estos pasajes y paisajes tan personales, llenos de azar, porque la entrevista de Bolaño surgió de la nada, apretando teclas y el lugar se inundó de su voz, de un escenario mayor, despojado de convencionalismos, pero envuelto en un monólogo bumerang de imágenes, sensaciones y recuerdos. La cafetera mecánica se había quedado sin agua, por lo que hubo que imaginar el mokaccino habitual. El espacio desolado también aporta al monólogo, ya que un sitio se representa asimismo, y de tanto ser habitado nos habla a su manera, corteja desde las sombras el diálogo oculto de su mirada. Y tiene razón Roland Barthes, y aunque no la tuviera, me gusta la frase, el concepto, la idea, porque la estoy comprobando en El Sótano: "el gran material del arte moderno, del arte cotidiano ¿no es acaso la luz en nuestros días?" La luz opaca un espacio profundo. Yo disfruté mucho de una sesión de fotografías, hace un par de días, en una de las salas de reuniones de El Sótano frente al ascensor, decorada por una pintura abstracta, de una Fue un juego con mi amigo Rodolfo Aragundi, un fotógrafo panameño excepcional, porque trabajó la luz como si tuviera frente a su cámara a Brad Pritt, Jennifer Aniston o Angelina Jolie. Ajustó la luz en las direcciones cruzadas correspondientes una y otra vez. Yo le decía la luz no tiene importancia, cuando existe la luz propia. Sin luz, no hay fotografía repetía y se movilizaba buscando el instante mágico.
El flash también tiene un tiempo de expiración, una luz que se extingue aunque vuelva a repetirse hasta el fin de las baterías que le permiten iluminar el instante. La luz indirecta recorre el pasillo y se va vaciando en matices por los espacios más amplios y se reduce en aquellos que contienen su propio reflejo, tal vez ignorados, pero plenamente existentes. Algunos cuadros quedan bajo el imperio absoluto de la luz. Algunos creen que los flash transportan un poco a la eternidad. Yo sólo veo una luz relampagueante como un guiño que se evapora en el aire y todo vuelve en su opacidad.
Bolaño sigue hablando desde la lucidez de su afonía, recordando los tiempos de pellejería, asomándose en la luz del éxito y recordando a su amigo, Mario Santiago (José Alfredo Zendejas Pineda) el poeta mexicano co-fundador del grupo poético Infrarrealista, que el narrador chileno abandonaría saturado en búsqueda de un mejor destino literario. Santiago editó un sólo libro en vida, inspiró el personaje (Ulises Lima) de Los Detectives Salvajes y en la víspera de su desgraciado mortal accidente en el D. F. (10 de enero de 1988), escribió su premonitorio poema de despedida:
EME ESE PE
Moriré sorbiendo
pulque de ajo
Haciendo piruetas
de cirquera
en la Hija de los
Apaches
del buen Pifas.
Las noches de El Sótano, sostienen los más antiguos habitantes, son visitadas por el espíritu de un niño que habría muerto allí. Con frecuencia se sienten algunos ruidos, que corresponden, muy probablemente a los acomodos de la estática, y así viene el desplazamiento de papeles, objetos y elementos que suenan. Más bien me sentí observado por el ojo de Raúl Ruiz, cineasta chileno que suele tomar estos temas y los proyecto en un rollo interminable de cine mudio que maneja desde París, donde reside como muchos intelectuales y artistas chilenos después del 11 de septiembre de 1973. Raoul, como ahora le llaman en cámara o fuera de ella, en la ciudad luz, filmaba en El Sótano esa noche, Poetas en su cuerda floja bajando por Puerto Aysén. Uno de esos títulos terminales de Ruiz, pero lo que importaba era el rollo en blanco y negro, aunque fuera a color. Quiero decir la película hecha, terminada. El autor de los Tres Triste Tigres, ahondaría en la temática del peso de la L en los pasaportes de los exiliados-expulsados y en la visión surrealista del Chile a la hora de la siesta. Una hora realmente letal donde todo se detiene y cae en una espesa cortina de no sabemos que sucederá cuando todos se despierten a un mismo tiempo. Un espacio doloroso para la infancia y adolescencia, muchas veces obligada a dormir o a guardar silencio, donde se inventan y sueñan muchas más cosas de las esperadas. Con esas historias de por medio, trabajaba Ruiz esa noche y se escuchaban sus : Va el rollo o corten!!!!. La plaqueta caía en su pequeño peso de guillotina. La noche seguía en su aventura, la voz de Bolaño en off, los reflejos de la luz sobre pequeñas sombras ocultas alargadas o recogidas, más bien la oscuridad compartía con la luz su propio espacio, su visión de la noche. Bolaño como telón de fondo la anécdota del escritor argentino Antonio di Benedetto, quien ejercía un mismo oficio que él: competir en todos los concursos literario provinciales de España. Fe, miedo y deseos, el fantasma de Antonio di Benedetto era lo más real esa noche en la voz de Bolaño, que Ruiz lo veía sentado en la esquina rosada de Borges. Qué tipo tan fantástico, me repetía yo desde El Sótano de mis días tropicales, asfixiados de luz y selva, de la pálida humedad del verano. De pronto la silla amarilla de Director de Raoul Ruiz flotaba en El Sotano, y volaba como buscando los mejores ángulos, sorprendiendo las voces off the record, a los fantasmas ya convertidos en celuloide. El reflector parecía un faro dormido en la noche, como un amante esperando a su Bella, sin despeinarse, estático, luminoso, absolutamente servicial.
Súbete al Escalibur, me dijo Raoul, y paseas con Bolaño en esta escena por la Bahía de Panamá recitando a Jorge Manrique, pero antes pónganse estos gorros protectores de la aviación de la Primera Guerra Mundial. Cuando van saliendo hacia el litoral costero dicen: Recuerde el alma dormida, avive el seso e despierte contemplando cómo se passa la vida, cómo se viene la muerte tan callando; cuán presto se va el plazer, cómo, después de acordado, da dolor; cómo, a nuestro parescer, cualquiere tiempo passado fue mejor. Pero frente a la bahía estos versos de las Coplas, con absoluta solemnidad y compostura: Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, qu'es el morir; allí van los señoríos derechos a se acabar e consumir; allí los ríos caudales, allí los otros medianos e más chicos, allegados, son iguales los que viven por sus manos e los ricos. Corten, corten, fueron las últimas palabras de Ruiz y sentí como que se recogíera en una larga alfombra el rollo de la noche de El Sótano y se envasara esta historia para siempre. Afuera, en una limosina roja lo esperaba su chofer, muy parecido a Gabriel García Márquez, y pensé si en verdad no era él. Con su liquiliqui blanco, impecable, una sonrisa caribeña le cruzaba el bigote, y alcancé a ver su placa: Macondo Año 2666.
La limosina se fue volando en sus alas mariposa y dejó caer sobre el Istmo, donde los dos océanos unen los continentes, millones de mariposas amarillas. Esa ya es otra historia. Rolando Gabrielli©2007