viernes, febrero 16, 2007

EL CARNAVAL DE BOLAÑO

La batería es un lagarto agazapado, en cualquier momento te deja sin velocidad, muere en tus manos para inmovilizarte y te aprisiona con su silencio de esponja seca, su silencio devastador. El tiempo comienza a deslizarse como una barra de hielo. Es liso, inasible, incomprensible, se convierte en un líquido memorioso. Esa noche dejé el Sótano tardíamente y una luz enseguecedora de un reflector me despertó en la calle. Había un movimiento de máquinas y ese olor del asfalto que impregna la atmósfera de una rara y lenta asfixia nasal. Se movían unos hombres en las densas sombras de la noche. El tráfico automotor no circulaba por este tramo. Las máquinas con sus rodillos, sin personalidad, lentas, iban dejando caer el líquido negro y otras pasaban sobre el asfalto nuevo, una capa que la noche confundía con su propia cara. No había siquiera murmullos sobre los implacables rodillos. Avancé buscando un taxi por estas calles tomadas por la noche, repetidas en el rostro del asfalto y me encontré con una de las arterias principales cortadas. Fue cuando comprendí que estábamos en la víspera del Carnaval 2007, una fecha sagrada en Panamá. Seguì mi marcha con el ruido del Carnaval en mi imaginación y ya se descolgaban los vehículos por la Tumba Muerto, una vía no involucrada en la fiesta del Dios Momo. Me interné en la noche a la ventura. Venìa con el noticiero en la oreja, los duendes de un destino casi misterioso contaban las aventuras en y de la ciudad. Los pasos previos y perdidos antes del Carnaval, donde lo real ficciona y viceversa, ese lìmite que nadie conoce cuando el cuerpo reclama una incesante lluvia de estìmulos y goces que superan la voluntad. La cinta la ha comenzado a rodar el Carnaval, un rollo que terminará el miércoles de cenizas, con un recuento que pudiera tener más sentido en lo personal, porque la ruta del universo de la fiesta de la carne es conocida cada año por las estadìsticas. Se pueden superar así mismas, pero traducen un mismo tono. La ciudad se explica en su historia casi inventada y respira como puede. El Sótano ya era una realidad muda, silente en la página de un día concluido. Las computadoras negras, las columnas negras, el piso negro del pasillo, la luz tenue desplazada sobre las mesas de los arquitectos, enmudecían aún más el silencio y sólo el papel sketch amarillo brillaba en la cercanía de los ojos, descolgado como un final de fiesta. Recordé como las fechas coinciden para concluir coincidentemente un capítulo de algo. Nada se trunca sin historia, todo concluye en el espeso ejercicio de la memoria.
El paisaje de las calles y avenidas ha cambiado, porque han aparecido los policías y los tranques se han incrementado. Solo queda esperar que esta madrugada sigan abandonando miles de automovilistas la ciudad hacia el interior del país, donde los carnavales tienen un mayor atractivo para la gente, que aprovecha de ver a sus parientes. Es un país de bolsillo, de 3 millones de habitantes y solo queda atravesar el Puente de las Amèricas para desentenderse de lo que se deja detràs del puente. Un puente tiene dos vías y la imaginación lo corta o reconstruye a la medida de las circunstancias. La ciudad se disuelve ante el Carnaval, se arrastra como una comparsa, se somete al ritmo de un nuevo dios.
La noche ya està en Carnaval y todo se ha detenido ante su marea que no cesa de avanzar y desplazarse durante cuatro dìas muy eufòricos, donde puede perderse la vida y algo menos. Sol, agua, mùsica, alcohol, carros alegòricos, reinas, orquestas, son los principales ingredientes del Carnaval, que está en las cuatro esquinas con su estridencia y ubicuidad. El Carnaval va en la piel, sentimientos, el cuerpo lo registra, torea y se deja cornear por la bestia indómita del evento más serio del país. El Carnaval se vive y se muere en la carne, y despuès vendrá la resurrecciòn si el cuerpo quedó en la ruta para contarlo. El Carnaval vivirà estos días de manera independiente, crecerà como una flor, un pez en el agua, una lluvia de sol, la hamaca flotando en la campiña, un carro alegòrico sonando con su música, los pies en las pistas de los hoteles y casinos, porque tiene vida propia, su cabeza y cuerpo es la multitud danzante que no reconoce lugar, ni fechas, ni tiempo, más que el pedazo de tierra o pista, el minuto ardiente de sus sentimientos, que tienen principio, pero no fin. Un Carnaval pareciera ser, el compromiso total, una manera de vivir a fondo el intervalo entre la vida y la muerte.
Yo pensaba en otro Carnaval cuando abandoné el Sótano sin más esperanza que encontrar un pedazo de cielo y de noche, esa armonía que no tiene espejo, ni otra luz que el neón solitario o la luminaria callejera titilante. Divagaba en el Carnaval de Bolaño, la gran fiesta de la literatura que organiza un grupo de jóvenes poetas chilenos audaces, en un homenaje y reconocimiento a un escritor chileno, latinoamericano, universal, que reencantó la novela en idioma castellano y puso a respirar más profundamente a Chile en ese dìscolo gènero. Bolaño "le hincó el diente al género", y trató de no dejar tela para cortar". Desde donde lo arrastraron las circunstancias, Chile, Mèxico y España, escribiò y nos contó a su manera las historias que traspasaron su realidad, los mundos màs allà de la palabra, esos encuentros y desencuentros, plazos fijos de un espacio que hàbito a pulso con su utopía bajo el brazo. Su literatura lo trasciende, sin duda, pero la espiral de sus sueños, la utopía que desgranó en el corazón del D.F. hacia América latina, lo humaniza definitivamente.
Poeta, cuentista, novelista y polemista, Bolaño no se escondió debajo de las letras, ni posò en el altar de la fama, siendo uno de los escritores màs premiados en vida y muerte. Màs bien arrastrò su carpa con el circo y todo, el lenguaje, lúdico, fabulador, crítico, como un anarquista solitario, consciente de sus espantosas limitaciones y de las grandezas de un oficio que no tiene patria, como la literatura verdadera, la de Bolaño. Un escritor que supera la insularidad, el gesto náufrago de la atorrancia local, la voz trivial de la "patria", sobre la frontera del claustro pena la palabra de Bolaño, en la frontera circular del planeta. Las muchas voces en la voz de Bolaño, como en un Carnaval, donde los coros suelen ser largos monólogos y también bumerang de sus silencios, caminos iniciáticos, búsquedas incesantes, un giro a la nada y el infinito. La novela chilena se había quedado en el Obsceno pájaro de la noche. Bolaño entró con su propia carpintería, materiales de zapador y encontró su única salvación, que es ninguna definitivamente.
El Carnaval tiene movimiento, colorido, vitalidad, es expresiòn popular, mantiene a la realidad con los ojos abiertos, balbuceante, insomne, un poco menos real que la ficciòn, algo más ficcional que si misma. Así fue la literatura de Bolaño, un lìmite dentro del lìmite, el horizonte inacabado, lo que siempre está para ser contado.
Lo original del Carnaval dedicado a Bolaño, es que se trata de jovenes poetas que buscan re-descubrir a un autor importante olvidado por la banda sonora del cine mudo chileno.El Carnaval en la palabra de Bolaño, pensado por poetas chilenos que creen en la palabra renovada, en memoria de una estrella distante, presente, un poeta de la diáspora. Si Chile supiera que la diáspora existe, que Chile es más que un invento geográfico, o que Chile es una larga pared montañosa y de agua, en cuyos extremos crecen el desierto y los hielos antárticos. Al centro, un Valle de humo y frutas, pero en toda su geografía se mezcla inexorablemente la palabra. La palabra se cuela por el largo intestino de Chile, sobre su espinazo rocoso, se instala con sus caderas saladas en el desierto, pero no ignora que la palabra es un río que no cesa de alimentar la palabra. En el Carnaval de la memoria, Bolaño mira por la cerradura de Chile, nos deja su hilo, Los Detectives Salvajes, 2666, Llamadas telefónicas, Amberes, Estrella distante, Nocturno de Chile, Amuleto.
Son más los libros, pero uno sólo el delito: la literatura. Bolaño no se bañó una vez, sino mil veces en la misma palabra, que arrancó cortada en verso, poética, aunque en prosa también hizo poesía, pero desde el origen primitivo de su poética, arrancó con sus personajes, el hilo conductor de sus cuentos y novelas, como un viejo puzzle.
El Carnaval dedicado a Bolaño en Chile, cuya idea surgió en la imaginación de poetas chilenos admiradores de su obra, postura de "intelectual" comprometido, quien fuera cuidador de un camping catalán llamado Estrella de Mar, cubrirá cuatro ciudades, tres principalmente y la capital, si el itinerario llega a feliz término, porque toda ruta física es susceptible al cambio.
En noviembre arranca este festival Bolañístico que cruza Chile de Norte a Sur, un encuentro con la primavera chilena de Bolaño, autor excepcional de la diáspora que vivió como latinoamericano en tres países: Chile, México y España. Son 5 poetas mosqueteros los que pondrán a soñar a Chile y América latina con este gigante fabulador, en las ciudades de La Serena, Concepción y Puerto Montt. El poeta Nibaldo Cáceres Carreño, principal organizador y promotor de la fiesta, me ha informado lo siguiente: "Los invitados son el novelista argentino radicado en España y amigo de Bolaño, Andrés Neumann; la periodista y escritora argentina radicada en México y también amiga de Bolaño, Mónica Maristain; el escritor chileno amigo de Bolaño Roberto Brodsky; y probablemente el poeta mexicano amigo de Bolaño Orlando Guillén y usted, por supuesto.
Son más seguramente los que se sumarán al Carnaval, con su palabra, máscaras, trucos, la gracia de una fiesta popular que supera la dimensión de los festejos, porque el homenajeado trasciende los destellos de la usual retórica, el flirteo o el amague frente al espejo, un verdadero juego de sombras ante la pared. (Yo ví esa noche en el Sótano, cuando ya la ficción sometía la noche, a Herralde y Parra, pedir un minuto de silencio por la literatura chilena, vestidos de negro, llenando de autógrafos el auditórium, como si arrancara de sus manos un arcoiris)
Tres universidades chilenas serán la sede de los foros, mesas redondas, reuniones, actos poéticos y musicales, a saber: Universidad de La Serena, Universidad de Concepción, Universidad San Sebastián (Puerto Montt)"
Son los kilómetros de la literatura de Bolaño que recorrerán Chile en la espléndida geografía de su palabra. Es justo y necesario, por la dimensión de su obra y no decimos nada nuevo, porque Susan Sontag, como la crítica francesa y posteriormente la prensa norteamericana, se han desecho en elogiosos comentarios.
En Literatura la apuesta es sobre una hoja en blanco, como el futuro, Bolaño no desconocía este principio, nunca lo desestimó, apostó, jugó, ganó en la misma derrota de un oficio que impone desde su partida el fracaso, ejercicio que requiere el pulso de un oso frente a un panal. Todo lo demás, inclusive el miedo, el bosque, lo que no se ve y deja ver, lo que se encuentra y pierde, la respiración bajo el blanco papel, es en realidad ficción.
Rolando Gabrielli©2007

miércoles, febrero 14, 2007

Paris, el beso


El beso cae como una golondrina y hace verano. El tiempo es una boca y evoca el mar, un cuarto y el silencio de dos que el tiempo amarra a una orilla. Pozo, luz robada, el beso explora la noche. El tiempo corre en Paris, vuela en el beso, un lugar que tu y yo conocemos.

martes, febrero 13, 2007

MARTES 13

Martes 13, se evapora el dia y yo en un teclado en idioma ingles, improvisando lo que queda en el vapor, la mancha roja del verano que aqui se vuela en el aire y se lleva trece lunas y trece soles, como si sobraran los relojes, cayeran las nomeolvides en estas tardes transparentes, humedas, nuevas, donde el agua nace y nunca muere en el horizonte del mar. Crece el tiempo si uno lo deja vivir o muere si uno da vuelta la esquina en silencio.
Manos rojas, de un Martes 13, la llama saliendo del fuego, la tibia paloma de una orilla a otra, el espacio azul que es como una gran tortuga dormida entrando al mar. Ojos de un mar ciego, vienen de tan lejos a desovar el sueno, la dinastia del tiempo de la tortuga, caparazon de tus dias casi infantiles. No dejes que el tiempo devore tus pies, Martes 13, febrero irrepetible en el calendario de todas las aguas y esta marea bajo mis pies donde la bahia se refleja en el peldano de agua de la escalera de esta ciudad.
La noche es sinonimo de tu sombra, la que lleva el cuerpo bajo la espesa nieve. Este Martes 13 tambien pasara detras de su espejo de luna invisible, caera en algun minuto desfechado, y sera su suerte la que un bumerang nos devuelva, con la doble llave del azar. Trece, ni un numero mas en la memoria del futuro. Buen viaje caballero de solapas rojas y pies de cebras. No pases bajo una escalera y solo deja caer tus estrellas, el polvo de tus cometas, la luz que titila en tus ojos. Se que volveras por el mismo camino en tu alfombra roja para que yo te vea.
Rolando Gabrielli

La Fama de un Cronopio



Un hombre alto con cara de Sur,
una escalera al cielo
Un Cronopio que no buscaba la fama
Un guionista fantasma frente al espejo
Un jugador que perseguía vanamente la derrota del azar,
con el mismo azar en el infinito de las cosas
Un Quijote latinoamericano con acento francés
Un boxeador silencioso de la palabra
Un jazzista que sopla la noche y caen estrellas de sus muñecas
Un escritor siempre del lado de acá
Un innovador que subía y bajaba del cielo sin escalera
Ulises de la autopista, que Penélope tejía y destejía,
Un día de lluvia en París y lo esperaba en una gasolinera.
Un pasajero de La Habana sin tiempo
Un argentino con puerto definido en el Sur (de los sueños)
Rolando Gabrielli©2007
Nos hace falta Julio Cortázar. Lo sabemos hace 23 años. Fue en París. Ciudadano de aquí y allá, pero siempre defendiendo el Sur. Se identificaba con sus colores. Escritor lúdico y lúcido. Le encontró la gracia a la palabra y nunca pensó que lo fantástico dejaba de ser real. Fue hombre de compromisos, aunque nunca abandonó su mano a mano con la literatura y la palabra. Se mantuvo en la coyuntura política visitando los lugares y opinando continuamente en el debate internacional. J.C., pedaleó, buceó y no huyó de la fantástica realidad que creó y la que sucedía alrededor del mundo. Bestiario, Rayuela, Las Armas Secretas y sus Cronopios y Famas, pusieron a Cortázar en el escenario del Boom de la literatura latinoamericana, pero él antiguo profesor de Mendoza, Argentina, no se inmutó y siguió escribiendo, participando en foros, en la polémica y crítica literaria, viajando: haciendo su trabajo de escritor presente.
Fue el primero en descubrir la novela Paradiso del poeta cubano José Lezama Lima, obra muy cuestinada, mal leída y comprendida dentro y fuera de Cuba. Cuarenta años después de la primera edición, Paradiso es reivindicada junto a su autor, en la Feria Interancional del Libro de Cuba, por el poeta César López, con la anuencia oficial. Son las largas batallas cumplidas y ganadas, de la honestidad y visión crítica de Julio Cortázar. Lezama dice en el primer prólogo de la edición cuba de Rayuela, 1963, destruye un espacio para construir uno nuevo. decapita el tiempo, para que el tiempo salga con otra cabeza.
Cortázar debatió, participó, dijo, re-descubrió (recreó América latina) Argentina desde París y nos dejó claro que se podía estar en ninguna parte para escribir la mejor y más auténtica literatura de su tiempo. Rayuela fue una Biblia en las universidades en la década de los sesenta, y su inolvidabe y emblemático personaje femenino, la Maga, traspasó las venas de una juventud que se identificó con su talante, manera de enfrentar el día a día, la vida, y respiró también el oxígeno de Talita, Oliveira y el caos-integrador Rayuela. Rolando Gabrielli©2007

lunes, febrero 12, 2007

ENRIQUE LIHN


Lihn se fue
en el pájaro sediento de la palabra.
Hizo gárgaras con la poesía,
tragó amargo el flaco
con la Junta en vida y muerte.
Ahora, su resurrección
fue la palabra,
el vómito helado y sangrante
de sus malos días malos,
la bocanada de la muerte.
Aire seco, Lihn se despide
aniquilado
en una pieza oscura
de la calle Passy.

sábado, febrero 10, 2007

Babel, Babel

Babel es un fragmento del rodaje de este siglo, una época siempre a punto de desplomarse sobre si misma, aturdirse en la yema del espanto de unos ojos sanguinolentos, piel afiebrada, laberintos que la mente humana construye en cualquier esquina del planeta. Desierto, una capital asiática vanguardia, siempre las fronteras infranqueables de lo humano, psicológico, físico, eso que se construye en esta época para dividir mundos, separar culturas, trazar límites y administrarlos como un aeropuerto. Historias que se cruzan, un puñado de azar, casualidades, malentendidos, dolor, el extremo real de la vida y muerte, ese insomnio que nos mueve a veces a mantenernos alerta sin estarlo, motivados por las circunstancias. Babel es un inventario de historias personales que se entrecruzan unidas por pequeños eslabones que las determinan como una caja de música que no deja de tocar a lo largo de la filmación.
Babel, rodada en Marrueco, México y Japón, por Alejandro Gonzáles Iñárritu, en cuatro idiomas, con actores profesionales de primera línea- Brad Pitt- y amateurs, se apodera de esos retazos humanos que marchan a la deriva en situaciones límites, pero que son reales, suceden, y cuentan con fuertes dosis de amor, dolor, brutalidad, absurdo y un rosario de adjetivos innecesarios de enumerar.
Una bala disparada desde las montañas de Marrueco por un niño pastor de pobres cabras, hiere mortalmente a una turista norteamericana que viajaba en un bus con su marido (Pritt), desencadena todas las historias que se suceden en la filmación, unidas por un fusil obsequiado por un japonés a un marroquí, y para complementar el suspenso, la tragedia, una mujer mexicana (nana) que cuidaba a los hijos del matrimonio norteamericano, cruza sin papeles la frontera norteamericana-mexicana y se envuelve en una odisea de desesperación y absurdos, que co-rresponden muy bien a ese espacio entre Estados Unidos y la nación azteca: lugar de la nada, un tapón que escupe en muchas direcciones, erizado por las sospechas, desconfianza, temores y una fuerte dosis de odiosidades y racismo. en japón, babel, crece en la voz interior de una sorda-muda, hija del japonés que obsequia el fusil. Allí se instala el rechazo, la desesperada música del sexo que no llega, el amor que se desnuda en una esquina de un rascacielos de Tokio, así, a la interperie de las estrellas iluminadas de la babélica ciudad. Todo supone una ruina y desplome del interior de una jovencita.
Babel es una escalera personal sin fin, el idioma cotidiano de la vida y de la muerte, la sombra platinada que nos sobrecoge al amanecer, antes del alba o en el ocaso fortuito en algún lugar que adquiere la dimensión de la realidad. No son palabras, ni idiomas lo que le faltan o sobran a Babel, porque el pequeño reino de la imagen se desplaza con tensión y atención debida, donde la humanidad ejercita sus pasos falsos, confusos, desalentadores y también nos deja entrever que hay algo más allá, un camino. Son historias, en una Historia, nuestro tiempo. Babel es un estado de situación de esta época ruinosa, perversa, esquizofrénica, autista, ciega, sorda y muda, muy pranoica y enfermiza. A veces, Babel nos mira con el ojo ciego de Dios. El azar impone su lugar equivocado, esa esquina casi imperceptible que desata como un efecto mariposa acontecimientos inmanejables, "babélicos", absolutamente impredecibles, desagarradores, patéticos, donde los personajes se unen por la tragedia con fuertes dosis de humanismo, signos contrarios que evolucionan hacia el más o quedan truncos, como estribillos repetidos por marionetas. Babel fue rodada para sorprender con el recurso obsesivo de la tensión, de la miniatura del riesgo en el límite, ese sabor a fresas en un verano perdido. Babel es el pelo del lobo. Babel, nosotros somos, la ruina del verbo/la caja loca del azar/toca, toca, la palabra/y arderán mis manos/palabra de hierro dócil/escalera tomas mis rodillas/levántate.
Rolando Gabrielli©2007

viernes, febrero 09, 2007

BALBUCEOS DE BABEL



La poesía es un producto típico del Tercer mundo, un objeto cultural en vías de extinción, arrinconado en el Sur del poema, casi una metáfora de nuestro tiempo y desvelos. No preocupa, ni ocupa la poesía a poetas y menos a gobiernos, o editoriales, a las grandes masas a- culturales que se pasean por la geografía planetaria ávidas de nuevas y viejas sensaciones. La poesía apesta en los grandes anaqueles del comercio editorial. Incomoda a quienes tienen vitrina, grandes espacios estratégicos para los best seller de novelas o libros de autoayuda. Ya los poetas no incomodan a nadie, su palabra es tan secreta como el olvido. Sus tirajes son clandestinos y algunas elites se divierten con las palabras en sus recámaras o universidades. La poesía es objeto de estudio y curiosidad en esos ámbitos de la educación superior. Los poetas parecieran ya enrumbar como objetos voladores no identificados en la sociedad de consumo troglodita de la imagen.
Sin duda aún quedan festivales de la poesía, lugares donde de vez en cuando se reúnen sus cultores a entregar el fruto de su trabajo en esas situaciones de algún esplendor más bien sentimental, el último recurso del poema Y yo diría es casi un misterio frente al celular, el ordenador, la TV. Siguen habiendo concursos de poesía, se sigue rimando, hablándole al corazón de una manera distinta. Escribiendo en versos, cortando las palabras, buscando un lenguaje, si, todo eso aún ocurre, un planeta que se apura cada día más hacia su propia extinción. Los dinosaurios no eran poetas.
Y en esto de una vieja estrategia de la poesía de permanecer en aquellos lugares remotos, olvidados por el primer mundo del marketing y de la publicidad, donde la pobreza es casi el límite de la belleza, Nicaragua es vanguardia bajo la tutela infaltable de Rubén Darío (Félix Rubén García Sarmiento), padre del modernismo en la poesía castellana. Rubén Darío ha atravesado todas las épocas de Nicaragua desde su nacimiento en la ciudad de León y convoca aún encuentros, festivales, foros, poetas de todo el mundo y a un presidente que lo ha llamado"presidente eterno de Nicaragua", depositando sobre su tumba su banda presidencial.
Más de un centenar de poetas provenientes de 45 países, se han dado cita en Granada, Nicaragua, para participar en el Festival Internacional de Poesía 2007. El Festival recuerda a los desaparecidos poetas nicaragüenses Pablo Antonio Cuadra y Manolo Cuadra, y conmemora el 80 cumpleaños del escritor y poeta Fernando Silva. Ha sido notoria la ausencia del poeta mayor de Nicaragua, uno de los más notables y vivo del habla castellana, Ernesto Cardenal. Nicaragua es el lugar del agua, país de volcanes y de grandes poetas. Un país que sufrió una de las más largas y sangrientas dictadura de América latina, la dinastía de los Somoza. Cinco días para un festival de Poesía, es todo el tiempo del mundo en una época donde la palabra es mentirosa, olvidada, sepultada, venida a menos, un recurso de tercera.
Rubén Darío marcó su tiempo, una época y abandonó Nicaragua con rumbo a Chile, donde a los dos años de vivir allí, editó Azul, en 1988, un libro de poesía y prosas, una de las claves del modernismo. Viajó a Argentina, Francia, España, Estados Unidos, poeta cosmopolita y de su tiempo. Vivió intensamente y murió relativamente joven La poesía es un vehículo de comunicación intensa. Lenguaje que pone a caminar los sentidos. Palabra que pone a soñar, imaginar mundos, a entender muchas veces los vericuetos del corazón y del “alma”, esa pared profunda del ser humano, un sitio que viene de tiempos inmemoriales y que no sabemos, a veces, adonde nos conduce y por qué caminos sin límites. Los poetas fueron los primeros con la palabra, aunque nuestros antepasados, eran mucho más apegados que nosotros al lenguaje de la luna y sus mareas, al aprendizaje natural de las cosas y pusieron su acento con sabiduría en los detalles, en el universo de las cosas simples, profundas, auténticas, verdaderamente importantes. Pusieron todos sus sentidos y sus oídos a sentir el retumbar nítido de las pisadas sobre la tierra. Ríos, volcanes, selvas, fueron más que calles. Todo cambia sin duda, inclusive el paisaje, pero el hombre que es más mutante que el gusano de seda, de alguna manera busca y rebusca entre los escombros de su propia vida, algo de poesía, cuando se acuerda que la palabra no es redonda, al menos no tanto como un círculo. El lenguaje de la poesía es una pantera siempre en acecho. Se mueve con voluntad y sigilo. Sus seguidores, en cambio, son audaces burbujas que sostienen la idea peregrina de un mundo mejor y con belleza, a pesar que las ciudades reciclan el espanto.
Poesía antes, después y ahora como si todo se moviera alrededor del silencio. El pasado está en las palabras, balbuceos de Babel. Un poema puede arrancar por distintas puntas y siempre será una aventura. Es presente en todo momento, aunque la palabra venga de otros tiempos, porque está ante nosotros, aquí y ahora. El poema no pide que lo escriban y menos que los escojan para una lectura. Sólo existe a partir de la palabra y luego se deja llevar y traer por la memoria, vivir definitivamente. Rolando Gabrielli©2007

Somos palabra,
en un mundo nacido de la palabra
y que existe sólo como hablado.
Un secreto de dos amantes en la noche.
El firmamento lo anuncia como en letras de neón.
Cada noche secretándose con la noche.
Las personas son palabras.
Y así uno no es si no es diálogo.
Y así pues todo uno es dos
o no es.
Toda persona es para otra persona.
¡Yo no soy yo si tú no eres yo!
Uno es el yo de en tú
o no es nada.
¡Yo no soy yo sino tú o si no no soy!
Soy Sí. Sí a un tú, aun tú para mí,
a un tú para mi.
las persoans son diálogo, digo
si no sus palabras no tocaría nada
como ondas en el cosmos no captadas por ningún radio,
como comunicaciones a planetas deshabitados
o gritar en el vacío lunar
o llamar por teléfono a una casa sin nadie.
Te repito, mi amor:
Yo soy tú y tú eres yo.
Yo soy: amor.
Ernesto Cardenal


miércoles, febrero 07, 2007

Arqueología del Amor



El amor es
un arte antiguo,
vigente, actual, profundo,
en verdad se ama
de pies a cabeza
con todos los sentidos,
en espiral.
No hay un lugar más perfecto
que un abrazo,
dos cuerpos silenciosos,
sin tiempo.
¿Abrazan la vida
o abrazan la muerte?
Abrazan, abrazan
hasta el último aliento
de sus huesos.
Rolando Gabrielli©2007
Tienen entre cinco y seis mil años. Es una pareja joven que la arqueóloga italiana Elena Menotti, encontró abrazada en la ciudad lombarda de Mantova y de origen etrusco. El tiempo no ha podido separarlos. ¿Es la fuerza del amor? ¿Hay abrazos que son eternos? ¿Nos han dejado la inmensidad de un sueño posible?
El dibujo del diario El Mercurio de Chile, retrata el amor de alto riesgo que vivió en Rangún, Birmania, el joven consul de Chile, Pablo Neruda con la pantera llamada Josie Bliss, la Maligna del famoso poema de Residencia en la Tierra, Tango del viudo. Neruda relató la anécdota de ese salvaje, casi mortal amor de su juventud desesperada en las soledades del continente asiático. El poeta abandonó a la birmana y las soledades de manera intempestiva y testimonió en su poema, la pasión, angustia, temores, ansiedades y la pérdida de ese amor que siempre le atravesaría la memoria. Sintió el Vate como galopaba sobre su pecho la brusca respiración de la birmana. Ella, según Neruda, asilaba un perro de furia en su corazón.
Rolando Gabrielli©2007




lunes, febrero 05, 2007

ME FALTA ALGO, NO SÉ QUE ES...


Me falta algo, no sé que es,
no sé si lo voy a encontrar,
Me falta el aire,
me faltan los pies
para respirar y caminar,
donde tú estés.
¿Ya sabes tú que es?
Este no es mi tiempo,
sé que no es
y si parto, tal vez,
tal vez sepas quien se fue.
El mundo está al revès,
yo lo miro debajo
de mis pies.
Me falta algo,
no sé qué es.
Ay, guitarra, Ay ayayayyyyyyyy.
Cuerda enrededera, guitarra primavera,
Violeta cordillera,
Violeta tierra,
vuelve a nacer mensajera.
Rolando Gabrielli©2007
Nota: El título de estos versos, está tomado de una de las últimas frases en vida de Violeta.

La primavera del 72 en el Pedágogico de la Universidad de Chile, esa noche esperaba a Nicanor Parra en el magno auditorium, sitio de foros, debates, actos políticos, culturales, nicho de amor, desesperaciones, poesía y desencuentros. El país seguía su curso y se respiraba esa atmósfera enrarecida por la confrontación permanente de las ideas, del dulce desencanto y del fruto magro del la intransigencia. En las calles de la Universidad de Chile, en Macul, los terribles plátanos orientales atacaban si piedad a los asmáticos como el antipoeta que daba clases allí y se paseaba con su cuaderno de Artefactos. Santiago se me evaporaba de las manos, por arte y magia de la frustración, de un sueño que se enredaba y salía de una chimenea como una enredadera.
El más antisolemne de los poetas-antipoetas, ingresaba al auditorium con toda la solemnidad del caso, revestido de silencio, tristeza, como suspendido en el tiempo, como estando y no, ese recorrido en solitario que repasa el viento del Sur. Lentos pasos y ya Parra estaba frente a su público, todos estudiantes del Pedagógico. Estaba solo de soledad. Y comenzó a leer Defensa de Violeta Parra con la voz entrecortada, como explicando lo inexplicable, remontándose a todos los ayeres, dejando que el presente no fuera real. El poema explica en verdad muchas cosas y deja en claro la famosa frase "el pago de Chile", ese reconocimiento que sólo llega postmorten y se da siempre a las figuras excepcionales.
Chile es una país fúnebre, de mitos, que siempre apuntan a ese reconocimiento postmorten, porque en vida cada quien debe arreglárselas como pueda. Dos mujeres son las artistas más destacadas de la historia de Chile, Gabriela Mistral y Violeta Parra, disfrutaron en vida del mismo desdén de Chile y de sus funcionarios públicos administradores de la cultura, de los recursos y promociones del estado. No son las únicas, pero representan ese generoso y sistemático olvido que se extiende a las sedes diplomáticas chilenas, que durante algunos años fantasearon con la XIV Región destinada a los habitantes de la diáspora, pero de la noche a la mañana, inventaron dos regiones más, (la XIV y la XV), dejando sin piso al exilio, a los autodesterrados, a los chilenos fuera de Chile. La copia feliz del ninguneo, puede ser un verso que se incorpore al himno nacional. Neruda le llamó: ¡Santa de greda pura!
DEFENSA DE VIOLETA PARRA
Dulce vecina de la verde selva
Huésped eterno del abril florido
Grande enemiga de la zarzamora
Violeta Parra.
Jardinera locera costurera
Bailarina del agua transparente
Árbol lleno de pájaros cantores Violeta Parra.
Has recorrido toda la comarca
Desenterrando cántaros de greda
Y liberando pájaros cautivos
Entre las ramas.
Preocupada siempre de los otros
Cuando no del sobrino de la tía
Cuándo vas a acordarte de ti misma
Viola piadosa.
Tu dolor es un círculo infinito
Que no comienza ni termina nunca
Pero tú te sobrepones a todo Viola admirable.
Cuando se trata de bailar la cueca
De tu guitarra no se libra nadie
Hasta los muertos salen a bailar
Cueca valseada.
Cueca de la Batalla de Maipú
Cueca del Hundimiento del Angamos
Cueca del Terremoto de Chillán
Todas las cosas.
Ni bandurria ni tenca ni zorzal
Ni codorniza libre ni cautiva
Tú solamente tú
tres veces tú
Ave del paraíso terrenal.
Charagüilla gaviota de agua dulce
Todos los adjetivos se hacen pocos
Todos los sustantivos se hacen pocos
Para nombrarte.
Poesía pintura agricultura
Todo lo haces a las mil maravillas
Sin el menor esfuerzo
Como quien se bebe una copa de vino.
Pero los secretarios no te quieren
Y te cierran la puerta de tu casa
Y te declaran la guerra a muerte
Viola doliente.
Porque tú no te vistes de payaso
Porque tú no te compras ni te vendes
Porque hablas la lengua de la tierra
Viola chilensis.
¡Porque tú los aclaras en el acto!
Cómo van a quererte
me pregunto
Cuando son unos tristes funcionarios
Grises como las piedras del desierto
¿No te parece? En cambio tú
Violeta de los Andes
Flor de la cordillera de la costa
Eres un manantial inagotable
De vida humana.
Tu corazón se abre cuando quiere
Tu voluntad se cierra cuando quiere
Y tu salud navega cuando quiere
Aguas arriba!
Basta que tú los llames por sus nombres
Para que los colores y las formas
Se levanten y anden como Lázaro
En cuerpo y alma.
¡Nadie puede quejarse cuando tú
Cantas a media voz o cuando gritas
Como si te estuvieran degollando
Viola volcánica!
Lo que tiene que hacer el auditor
Es guardar un silencio religioso
Porque tu canto sabe adónde va
Perfectamente.
Rayos son los que salen de tu voz
Hacia los cuatro puntos cardinales
Vendimiadora ardiente de ojos negros
Violeta Parra.
Se te acusa de esto y de lo otro
Yo te conozco y digo quién eres
¡Oh corderillo disfrazado de lobo!
Violeta Parra.
Yo te conozco bien
hermana vieja
Norte y sur del país atormentado
Valparaíso hundido para arriba
¡Isla de Pascua!
Sacristana cuyaca de Andacollo
Tejedora a palillo y a bolillo
Arregladora vieja de angelitos
Violeta Parra.
Los veteranos del Setenta y nueve
Lloran cuando te oyen sollozar
En el abismo de la noche oscura
¡Lámpara a sangre!
Cocinera niñera lavandera
Niña de mano todos los oficios
Todos los arreboles del crepúsculo
Viola funebris.
Yo no sé qué decir en esta hora
La cabeza me da vueltas y vueltas
Como si hubiera bebido cicuta
Hermana mía.
Dónde voy a encontrar otra Violeta
Aunque recorra campos y ciudades
O me quede sentado en el jardín
Como un inválido.
Para verte mejor cierro los ojos
Y retrocedo a los días felices
¿Sabes lo que estoy viendo?
Tu delantal estampado de maqui.
Tu delantal estampado de maqui
¡Río Cautín! ¡Lautaro! ¡Villa Alegre!
¡Año mil novecientos veintisiete
Violeta Parra!
Pero yo no confío en las palabras
¿Por qué no te levantas de la tumba
A cantar a bailar a navegar
En tu guitarra?
Cántame una canción inolvidable
Una canción que no termine nunca
Una canción no más una canción
Es lo que pido.
Qué te cuesta mujer árbol florido
Álzate en cuerpo y alma del sepulcro
Y haz estallar las piedras con tu voz
Violeta Parra
Esto es lo que quería decirte
Continúa tejiendo tus alambres
Tus ponchos araucanos
Tus cantaritos de Quinchamalí
Continúa puliendo noche y día
Tus toromiros de madera sagrada
Sin aflicción sin lágrimas inútiles
O si quieres con lágrimas ardientes
Y recuerda que eres
Un corderillo disfrazado de lobo.
Nicanor Parra

domingo, febrero 04, 2007

FEBRERO FATAL




Yo no quiero recordar
a la Violeta muerta,
quiero verla entrar
por la puerta
grande de Chile.
Gracias a la vida, Violeta,
nos has dado tanto y tanto
que nos has dejado sin tu canto.
Violeta, si Chile supiera,
Chile entero se rindiera
a tu canto de paloma herida,
que no es de espanto,
ni de llanto,
sólo naciste para la vida,
ay, Violeta querida.
R.G.2007©
El 5 de febrero, hace 40 años, Violeta Parra, la más grande folclorista de Chile y tal vez de América latina, se suicidó en su carpa, en Santiago de Chile, de un disparo en la sien derecha. Algunas de sus canciones, Como gracias a la Vida y Volver a los 17, son verdaderos himnos en América latina. Fue la primera latinoamericana que expuso su arte plástico en el museo del Louvre, Francia. Mujer profunda, como un río torrentoso, se instaló con lo esencial, cantó a lo humano y divino, sin retórica, ni falsas importaciones, con esa profunda sencillez de lo auténtico, aquello que siempre permanece. Amó intensamente, con pasión,a Chile y a la vida. Rescató el folklore nacional perdido en los andamios de la vida y nos dejó más que un puñado de canciones, su enseñanza de lo humilde y sencillo, esas cosas verdaderas que supo recoger en su letra, música y divulgar en su canto de vasija en los caminos de Chile. RG
Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me dio dos luceros que, cuando los abro, perfecto distingo lo negro del blanco, y en el alto cielo su fondo estrellado y en las multitudes el hombre que yo amo. Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me ha dado el oído que, en todo su ancho, graba noche y día grillos y canarios; martillos, turbinas, ladridos, chubascos, y la voz tan tierna de mi bien amado. Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me ha dado el sonido y el abecedario, con él las palabras que pienso y declaro: madre, amigo, hermano, y luz alumbrando la ruta del alma del que estoy amando. Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me ha dado la marcha de mis pies cansados; con ellos anduve ciudades y charcos, playas y desiertos, montañas y llanos, y la casa tuya, tu calle y tu patio. Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me dio el corazón que agita su marco cuando miro el fruto del cerebro humano; cuando miro el bueno tan lejos del malo, cuando miro el fondo de tus ojos claros. Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me ha dado la risa y me ha dado el llanto. Así yo distingo dicha de quebranto, los dos materiales que forman mi canto, y el canto de ustedes que es el mismo canto y el canto de todos, que es mi propio canto. Gracias a la vida que me ha dado tanto. (Violeta Parra)

Aniversario de dos iconos mexicanos




Aniversario de vida y muerte para esta pareja de iconos mexicanos, que crecen con el tiempo en la memoria real del pueblo y de las artes genuinas. Frida desplaza de alguna manera a su famoso marido pintor, muralista clásico, Diego Rivera, con el fetiche de su accidentada, aguerrida y electrizante vida. El 2007 es un año espléndido para conmemorar a ambos, recordarlos, indagar en su obra y rendir tributo a su arte mexicano. Rivera forma parte de la historia mexicana, aunque él la registró en los murales con la vitalidad de su colorido, movimiento, rigor, genialidad. Seis mil obras de caballete y medio centenar de murales, reflejan la vitalidad y presencia de Rivera en el Arte mexicano del pasado siglo XX. Frida, con quien Rivera se casó dos veces, ha sido Re- descubierta en las últimas décadas y su obra trasciende fronteras, como su pasión por la vida y México, un compromiso que compartió con quienes amaba. A un siglo de su nacimiento este año, la Kalho rompe los convencionalismos que la ataban al sentir de algunos, por su vida política y social afiliada a la izquierda. El arte cuando es verdaderamente arte, carece de etiquetas, apellidos y se eleva por sobre la suprema mediocridad y los intereses de una crítica involucrada en otros fines. La Kalho es una marca registrada, y quienes la explotan como muñeca y otros objetos, ven en ella también el alma de México.
México y el mundo ya están conmemorando por anticipado las fechas: 50 años de la muerte de Diego Rivera y el centenario del nacimiento de la Kalho. Diego y Frida armaron y desarmaron el tiempo a su manera, fueron lejos, intensamente, le pusieron color a sus vidas y compartieron el tiempo a su tiempo, como debe ser, sin concesiones y en tiempo real. Se dieron tiempo para hacer y rehacer y volver hacer, en el gran ovillo de la vida.
En los museos, en los murales, colecciones privadas, están la Kalho y Rivera, sin duda, pero más vivos en el alma de los mexicanos, y uno lo nota al recorrer algunos sitios, porque están incorporados al paisaje de las vivencias diarias, a esa respiración que uno observa en lo que se quiere y ama.


sábado, febrero 03, 2007

OJOS SECRETOS



Había un fondo secreto quizás en la noche. Algún pensamiento bañado en el blanco de la casa detrás de los pinos. Más de una palabra convertiría el instante en realidad. Podía ser una mala foto, un enfoque inadecuado, la mirada de un aprendiz. Tantas variables para una observación desolada o autorizada por la ausencia. Una imagen refleja casi siempre lo que no es. El ojo deriva en una posibilidad más allá de lo real. Es más fantástico suponer que ver. Una interpretación frívola, es sólo ver a cierta distancia. El ojo se gasta en el objeto que domina pobremente. La imagen no se consagra al ojo, sino al pensamiento. El observador atento, casi profesional de la manía, debe sospechar y acercarse siempre con el corazón al objeto. Después puede adquirir la fe de la distancia y robarle la confianza a la noche con el desdén. Este giro frío lo aprendí de una fotógrafa que se transformó en mi favorita.
Tenía un pulso endemoniado, un tercer, cuarto y quinto ojo. El objeto se le presentaba en sus distintas dimensiones y ella entraba sin ruido, animada por su sexto sentido, para que la imagen soltara su expresión corporal, todo lo que la iluminaba por dentro y hacía brillar ante su ojo. Su proyecto consistía en restaurar la ausencia.
Me había enseñado la majestad del silencio, el no lugar y estar ahí al mismo tiempo. El truco consistía en no apurar el clic, dejarse llevar por lo que no se veía. Un raro pasatiempo de la comunicación introvertida, personal, íntima. Respiración, más que todo, donde sól oel aliento convoca esas raras sensaciones de estar y no ante el objeto buscado. No habían dos en su ojo, después del instante recobrado, podrían sucederse las interpretaciones que se quisieran. Antes, ella, y su aire de ausencia. Ese fatalismo de la posibilidad. Nadie se atravesaba ante su ojo para ser ignorado. Era una cazadora auténtica de lo que le golpeaba en la retina y ella no buscaba. Las imágenes caían sobre su ojo y las ponía a rodar en su memoria.
Si ella hubiese leído estos apuntes, observaciones poco profesionales, se habría sentido aludida, interpretada. No necesitaba mucho para saber como era ella misma. Pero no siempre leemos con el sentido de oportunidad que reclama una lectura y tal vez, benevolencia, para encontrar en algunas palabras la gratitud de lo que representan y reconocer al mismo tiempo por que fueron dichas. El flash no percibe todas estas sensaciones a pesar de su velocidad, pero es un buen recurso para captar lo que el ojo ubica con tenacidad.
Ella fotografiaba la noche, la luna detrás de las ramas, por eso entiendo lo que quiere decir de alguna manera esta fotografía, o al menos, lo que su autor se propuso representar con sus escasos recursos. Una casa soleada en el día se recupera aparentemente en las sombras de la noche y parece estirar sus piernas en la soledad de esos oscuros instantes. Recostada bajo una luna que aún no le brilla, permanece inmóvil, con esa rara sensación de estar en otra parte, como si fuera pensada por alguien que no la conoce. La casa puede llegar a ser un objeto vivo en la imaginación de alguien, no sólo de quien la habita. Nos basta con una oscura imagen para pensarla y saber que detrás de las inmóviles paredes algo palpita y puede que nos pertenezca o creamos que compartimos esos látidos que la cámara nos pone a soñar. Alguien habita siempre un lugar, aunque exista el no lugar. La cámara, el ojo tal vez de esa espléndida fotógrafa, que es Ella, tal vez estuvo en esa tibia noche, donde el encuadre era el misterio de unos ojos distantes, pero próximos.
Rolando Gabrielli©2007

jueves, febrero 01, 2007

Verbo azul


Verbo azul pájaro irlandés,
si el tiempo pasara en verdad sobre Dublín,
tu memoria sería sombra de un pálido abecedario,
y estás sentado en la página brillante, obscena,
de la noche, atravesado por el insomnio,
como un publicista del caos nuestro de cada día,
a la diestra o siniestra, Oh, padre,
tu sagrado monólogo sigue respirando tu río,
invicto en la estrella fulgurante, iluminado,
y las ratas locas en las estanterías del mercado,
nauseabundas muerden tus páginas,
saquean al genial J.J. detrás de sus espejuelos,
al infinito milagroso.
Una día en la vida de un individuo, digo,
Irlanda es más que una fecha en tu palabra.
Rolando Gabrielli©2007

martes, enero 30, 2007

Este ángel...

¿Este ángel
sólo existe para la nieve
que lo sueña
más blanco que ella?
¿O es un milagro
para que en él yo te vea?
Rolando Gabrielli©2007

La última noche del Lobo


El hombre es lobo del hombre. Qué frase más mortal para el propio lobo, que es una inocente criatura, una oveja al lado del hombre. Competidor por unos cuantos gramos de carne fresca con el máximo depredador bípedo de la tierra, ahora el lobo vuelve a ser ese temido lobo en los estados norteamericanos de Michigan, Minessota y Wisconsin. Se puede cazar libremente un lobo, algo que no ocurría hace tres décadas, porque se le había declarado especie en extinción.
¿Cuándo el hombre se declarará así mismo especie en extinción?
El próximo año, la medida incluirá a los estados de Idaho, Montana y Wyoming.
En lobo, en la década de los setenta estuvo al filo de su extinción en Estados Unidos. Medidas conservacionistas lograron rescatarlo y fueron tan eficaces para su sobrevivencia, que ha vuelto su caza.
¿Dentro del hombre siempre hay un lobo que lo acecha?
La pregunta es para usted amigo lector...Rolando Gabrielli©2007

domingo, enero 28, 2007

Ola de palabras chismosas y literarias


La literatura puede ser también una inmensa ola de chismes, la visión casi pornográfica, carnal de todo cuanto es objeto de comentario y crítica, el encantador arte de desmenuzar la vida, honra y muerte de los demás. Un viejo oficio, que no terminará nunca de acomodarse en este arte y parte del mundo literario. Esta crónica podría intitularse: Las filosas lenguas de Jorge Luis Borges y Bioy Casares. Pero se trata de dos grandes escritores argentinos que conversaron 1.663 páginas durante sus vidas amicales. Bioy, el más joven, hizo la recopilación y tituló el libro: Borges, un nombre más que suficiente para llamar la atención a nivel mundial. La editorial Destino, se encargó de circularlo, como si esas conversaciones no tuvieran otro destino.
Sabemos que María Kodama, la musa lazarillo de Borges, puso el grito en el cielo, y calificó el libro de infidencias y traiciones. Es mucho más que eso, aunque conozcamos que pijama usaba JLB al dormir y que opinaba de autores, libros, y de todo cuanto le llamara la atención. Así como cocinaba la palabra.
El volumen borgeano es un verdadero mamotreto, que podría usarse como una Biblia sobre JLB y su paso por este mundo. Contiene el placer, dolor, gusto, olores, la pasión, todo dentro de los propios autores-actores, que convivieron como hermanos por cuatro décadas de sus vidas.
Borges decía y apuntaba: 'Si el amor no sirve para la felicidad, nunca debe ser fuente de desdicha' Su madre, que vivió con él hasta su inmortal muerte, (pasó de los 90 años), sostenía que quien lo amara debería ser una persona muy abnegada, que lo vistiera, lavara, porque no saben cuan ciego es.
Anécdotas, literatura, alusiones de Bioy a Kodama, como una mujer extraña, muchas cosas para conocer a dos personajes de la literatura argentina. Todo sin pelos en la lengua. Borges dobló su propia esquina en silencio muchas veces. Hizo y rehizo sus pasos literarios. Se transformó en mito viviente de las calles de Buenos Aires. y las cruzó sin tiempo. Cuando partió a Asunción para cumplir el rito del matrimonio con María Kodama, sabía que estaba al filo de morir, pero también tenía la certeza, que no dejaría de ser Borges para nosotros, aunque siempre lo disimuló, legaba la responsabilidad de su vida, en el Otro Borges, el que lo suplantaba frente a la página en blanco. Se fue temiendo los espejos, como si los recibiera en estocadas fatales en las noches, y al cruzar el umbral de su última morada en Suiza, un espejo le aguardaba a la entrada. Él hizo que no lo vio, por respeto a la ceguera de algunos espejos, en persistir frente a nuestra imagen. La muerte era lo único visible en esos días. Dice Bioy, en sus diario borgiano, que hablaron por última vez por teléfono, y Borges lloró. Se despedía sin duda del reino de la vida y de la palabra.
Rolando Gabrielli©2007

El sol y la lágrima


El Sol le pidió un día a la lágrima que no se le aproximara porque podría apagarlo. La lágrima comprendió su error y se congeló frente a sus ojos. A partir de ese día, el verano sólo existe para esa lágrima. El invierno pasó a ser un invento de los corazones viejos, fríos. A partir de ese día, nadie sabe por qué razón, la noche comenzó a salir más libremente y a vivir en plenitud su oscuridad.Rolando Gabrielli

viernes, enero 26, 2007

Papel de hielo


Algunos días transcurren así, como hojas de hielo, impersonales, con sus capas blancas aparentemente imperceptibles de desdén. Es como interpretar una rótula fascinante, la presencia de su movimiento inmóvil, soñar con compartir el juego de sus visagras, la entrega de su desafiante silencio. Así los días entregan la impotencia de su majestuoso vacío, aniquilan las horas, salvan el compromiso de un calendario inútil. Las palabras parecieran dormir en el caballete de la memoria, sobrar en el paisaje, adentrarse más bien en ese espacio indefinido, asombrosamente cautivo de sí mismo. Prerrogativa de lo que no se ve, ausencia de lo que se siente, es un proceso de alardes solitarios, un desfile ordinario de palabras no dichas. Juego de espadas sin tocarse más que el aire que amenazan sus filos.
Un día es su propio apetito, la voluntad de un ejercicio improvisado, casualidad también de un itinerario no siempre planificado, un tiempo para el azar. Las horas muertas se desplazan en sus propios ataúdes, algo se rompe entonces, como el hielo que se pica en la heladera, así suena el casco lento de la noche cuando alguien camina. Improvisación quizás del tiempo o de los pasos que buscan un incierto camino. El día carga su lastre de horas más lentas, vaciadas, al alba mezclan sus verdaderas pulsaciones, ese invariable síntoma de que todo puede ser y suceder.
¿Es invención de la escritura o del tiempo y sus circunstancias? En algún momento volará la jaula, su pájaro la espera.
Rolando Gabrielli©2007

jueves, enero 25, 2007

La sombra


La sombra tiene la perfección de la ausencia. Dobla la apuesta personal, nos (a)sombra definitivamente.
Rolando Gabrielli©2007

Cátedra del deseo


La bestia nos mira, presiente, olfatea, pulsa dentro de sus fauces, recrea nuestra muerte, como si fuéramos una miniatura de sus apetitos, ese bocadillo que nunca se borra en la infancia de la memoria y permanece como una cátedra del deseo.
Rolando Gabrielli©2007

jueves, enero 18, 2007

EL TRAPECIO DE LA NOCHE

¿Por qué decidió morir de espalda de la noche?. No sabemos. ¿Un acto oscuro, puro humor negro? Difícil de traducir, como la naturaleza humana. Algo había de todo eso, dijeron. Las palabras tienen esa rara forma de desprenderse o reafirmarse en alguien, como si fuera un objeto. Yo miro desde afuera, guardando el respeto debido a mí mismo.
Se dejó ir, como un vehículo destinado a un barranco, precedido de ese aire solemne a violetas, y también de esa condición anónima que impone la última despedida.
No era una decisión, más bien un deber cumplido. Una lealtad hasta cierto punto oscura, pero desafiante al agujero de la noche, que olvidó por completo al partir.Un libro que cerraba su última página como si en verdad existiera ese punto final.
En estas situaciones se descarta todo asomo de ilusión y sería ingenuo pensar que lo sintió, y el abandono tiene ese mérito de desapego casual, apropiado a las circunstancias. Se va en la orilla de un suave terciopelo, como si el tiempo doblara en la esquina equivocada y retrocediera un pasado irrecuperable. El asombro no es la palabra justa, porque se arrastran contenidos no siempre airosos, nunca certeros, doblemente difusos, para no definir un capital verbal quie siempre está por hacerse detrás de las propias palabras que creíamos haber encontrado.
Un cuerpo vivo es un tesoro natural. Leo una crónica en un lugar de la provincia. Es papel sobre mis ojos, tinta negra. Respira, el cuerpo, no el papel, habla, camina, siente, desea, ama. (Me toco una mano con la otra mano, para saber de quien hablamos). Un cuerpo si supera los dos pies, sigue la crónica, logra diferenciar entre los tropiezos necesarios que trae escrita cada vida ante cada piedra que encontraremos en el camino (no la misma), entonces podrá echar a andar. Un cuerpo que camina es otra cosa, busca un espacio, respira la suerte de sus pasos, ronda el deseo, un signo solitario que va abriendo otros paréntesis, sumando atardeceres violetas, la voluntad de un nuevo día.
Nada se ha resuelto. Es un comienzo, como un beso en un aeropuerto mientras la Bella se despide con sus grandes ojos volados entre la confusión de pasajeros que la empuja y las noches en que fue ovillo de un mismo hilo de seda. Se sopla el tiempo en una playa lejana, mar, mar, los ojos detrás de la tibia agua que los guían. Nadie se pierde en el paraíso perdido siendo extranjero. No hay papeles para la noche nómade, sino para la serpiente que permanece frente al sol, arrojada a su destino. El atardecer que habían vivido juntos se disparaba en el último clic de la retina, un reducto absolutamente íntimo, caprichosamente sensorial, hincapaz de no pertenecer a un escenario que ya no ofrecía más que un capítulo final, sin ser novela. ¿Pero quién puede encuadrar un final a su manera y seleccionar los cuadros que van y no? Se supone que el blanco y negro predomina. Aparecen figuras que reúnen sombras, lugares desconocidos, otra luz abre lo que no se puede ver, pero existe un marcado ambiente de ausencia y la sensación de que algo se está atrevesando sin saber qué se toca, comparable a la rara sensación que nos deja la despedida de alguien amado. ¿Mucho material para editar, o una ráfaga fugaz de sensaciones atropelladas que son secuencia por donde se les mire?
La noche brilla como un papel celofán negro y permite el sueño. Ese casete automático que se dispara con video propio y nos deja esa peliculita que vivimos, pero no siempre recordamos.
La noche tiene una mirada para adivinar, signos, señales, sueños, un libreto para abrir en un cuarto y soñar con tu espalda desnuda. Ahí uno es el director y los cuadros van pasando con cierta necesaria morosidad, para sentir la textura y el placer del objeto deseado, la cosa sobre la cosa, suspender el aire en un sólo largo aliento y borrar el tiempo como si en verdad se pudiera o tuviera alguna importancia, porque lo que está pasa, es porque fue. Todo está siendo hasta llegar al futuro y convertirlo en presente, lo único que cambia es que lo que viene, tiene el encanto de la espera de lo desconocido, el imán pegajoso de la sorpresa y que convierte en corriente eléctrica ese paso hacia lo desconocido.
Dejar que la noche se convirtiera en su propia oscuridad. No caer en el desacierto frívolo de descifrar sus penetrantes ojeras de hembra sabia. Evitar la curiosidad de pulsarle las entrañas, donde más le duele y le produce el infantil goce y temor a una oscuridad que siempre debiera ser libre. No permitirle ser débil, sino más bien cómplice, si no más bien, oscura, como en verdad es de nacimiento, sino más bien dejar que la noche progrese en su silencio. No hay misión cumplida para un espejo que repite la misma imagen hasta que el vidrio se adelgaza y triza o deja de mirar con la misma franqueza de su juventud. Es el reflejo que a veces nos observa con mayor intimidad y pareciera no abandonarnos, como una segunda imagen retenida. Así la noche entrega también sus pequeños espacios, el encanto de su aparente impenetrable oscuridad.
Se había descolgado del trapecio, esa noche, de espaldas al público, por última vez, porque la mujer lo había traicionado y decidió entonces dejarse ir en un vuelo final, desprovisto del más mínimo temor, como si un cuchillo traspasara el aire y él siguiera envuelto en su antigua gloria inmortal y sostuviera los últimos centímetros, gramos del tiempo que le quedaba por gastar. Ella venía alegre de una cena y se había ido con otro, poco antes de la última función.
Rolando Gabrielli©2006

martes, enero 16, 2007


UN CAMIÓN DE LUCIÉRNAGAS
Rolando Gabrielli©2006
La larga cuncuna simpies partió de la Estación Dormida, una mañana de domingo, tibia, tropical, húmeda, feliz, por tratarse de estos tiempos difíciles. El maquinista, el Dragón Comodoro, tomó el control del volante del primer Macks rojo, apenas se apagó el humo de su café negro, una taza amarilla que solía usar en las mañanas antes de un viaje largo. Sonrió por última vez e hizo señas en señal de partida.
Miró por última vez hacia tras la larga hilera de camiones que completaban el cuerpo de la cuncuna que él lideraba entre las montañas y un vasto campo verde, donde se escondían secretamente las orquídeas. Encendió la emisora, y le entró una música vieja que comenzó a inundarle el corazón de nuevas sensaciones: Amor, espera, siempre vuelve la primavera/ Tú eres el motor de esta máquina de cuatro ruedas/ empújame que al cielo llegaremos/ juntos ya vamos volando, te lo aseguro,/ llegaremos en nubes de plata/ Amor, espera...Y así se fue tarareando cuando dio la orden de partir.
Hurra, gritaron todos los camioneros. Había una extraña, creciente felicidad en sus corazones. Una luz en sus rostros no fácil de describir. La cuncuna motorizada se puso en marcha por fin. Irían en círculos hasta llegar a la cima de un pueblito. Llevaban una carga secreta, única. Durante toda la noche los hijos del Dragón Comodoro y sus amigos habían estado recogiendo la mercancía.
Sólo un camión llevaba ese luminoso cargamento y todos los demás iban vacíos en señal de protección. El pueblo llevaba tres días sin luz en la cima y se estaba muriendo la gente de oscuridad. Había que vaciar un camión de luciérnagas, para que volvieran a vivir.

domingo, enero 14, 2007

UN BAR DE JUGOS LÁCTEOS


El otro día entré de noche a un Bar de Jugos Lácteos. Detrás de la barra se destacaban unas servilletas rojas, grandes botellas azules repletas de yogour y las sonrisas animadas de unas muchachas frescas con sus senos de medialuna. No cabía una oración en sus apretados cuerpos, esa manera de quienes se sabe no existe el tiempo y se puede llegar a viajar un instante al paraíso o al infierno. Adoradas criaturas que relegan a un segundo y tercer plano el inmobiliario, el escenario material que les rodea y ellas comparten con sus cuerpos gráciles.
Estaban ebrias de amor las meseras, robadas por la noche sus corazones, sus delantales olían a frambuesas y manzanas doradas por el viento del verano que se negaba a partir.
Las ventanas de vitreaux producían ese raro ambiente eclesial bañado por la tranquilidad y unas sombras no tenían parecer apuro, olían a chocolate, y se presentaban dulcemente oscuras en su contraste dibujado en el aire y en el reflejo sobre las paredes.
Casi todas las mesas estaban vacías: observé un detalle: Desayuno nocturno. Esta mesa no requiere de reloj, asomaba otro escrito con una letra infantil. Más allá, en una orilla de una cubierta: las fresas de noche son más rojas. La mesa más enigmática, esa que uno supone flotando como una estrella invisible, y la ve sóla, aislada, detrás de una esquina, arrojada casi al vacío, permanecía en verdad unos cuantos centímetros próxima al no estar. La imaginé con una pareja encantadora.
Ella, con unos ojos robados a la eternidad, cruzaba sus hermosas piernas blancas bañadas de una nieve tibia, y se instalaba sin tiempo, ni preocupaciones, en un desayuno que le agradaba de una manera que no podía describir, pero que reflejaba en su rostro de adolescente, aunque superaba por un margen razonable los 40 años. Él, miraba como un duende encantado el aire que los cruzaba y respiraban ambos, como si vinieran de lejos y tan cerca se encontraran y la escena estuviera descrita para la realidad y nostalgia. Llegué a imaginarla con una bata roja saliendo del baño, pero ese es otro relato y encuentro tal vez.
Sobre la mesa vacía decía simplemente: haga esquina con el desierto, su helado para esta noche no existe, imagínelo. A ella le encantaba el yogur, suponía, no se por qué haber compartido uno de esos desayunos frente al mar, iluminados por sus deseos y su manía de derrochar una gracia absolutamente descomplicada, empujada por su piel. Un espacio sólo para imaginar, un lugar donde quizás la cita imaginada ya había ocurrido, una mesita que volvería a repetirse seguramente en otro lugar con el mismo deseo de compartir. (tantas veecs uno se promete un desayuno con la mujer amada y no ocurre.) No es que sea amigo de los paréntesis, pero suelen ser neecsarios.
De alguna manera me llegaba el rumor al mar y eso me bastaba para sentirla verdaderamente.
La noche de afuera cumplía con todos los requisitos. Ese lugar oscuro, alto, ancho, que cae vertical y de todas formas, agrupado en todas las oscuridades posibles. Fría, inhóspita, solitaria, oscura, oscura, como debe ser la verdadera noche en una calle que no nos pertenece y ella misma se deconoce.
De adentro, la noche respira de otra manera, en la asfixia personal, la calma generalizada, late,e scupe identidad, y aspira el aire lento, nocturno de su propia noche.
Las sonrisas tomaban el color de los helados y casi se derretían y volvían a los labios rojos, anaranjados, chocolates, mentas, a marcar un brillo extraño, pero agradables de asociar a los mejores días de nuestra infancia.
Las luces de neón reflejaban en las ventanas esa luz fría del anochecer, que el neón sabe focalizar en los lugares que necesitan hacer un espacio a la claridad, al tiempo suave que entra por alguna rendija de la vida en algún momento.
Fue cuando en verdad sólo quería verte deslizando con tus largos dedos la persiana de un día cualquiera para adentrarnos a la vida como en verdad deseamos, sin límites, cerrando tus ojos frente a mí.

viernes, enero 12, 2007


Mi suicidio fue como un viaje a Nueva York. Una ciudad que no conocía. Pensé en tomarme un helado y entrar al paraíso. Estaba todo ocupado aparentemente. Yo mismo me declaré fuera de servicio. Había perdido mi caledoscopio en una playa del Caribe. Ahí estaban todas las ciudades y estrellas clasificadas en un almanaque irlandés.
Puse primero el pie izquierdo y fue un error que no estuve dispuesto a rectificar. Después explicaré por que, si lo recuerdo, porque lo primero que le solicitan a uno al entrar al paraíso, es que deposite la memoria en la caja del olvido.
Ahí está el borrador que tropieza con el pasado, lo más denso del presente y un futuro sin clasificar. Todo se hace en silencio como en los castillos en el aire y así también se clavan los alfileres en las almohadillas.
Vi un parque inmenso, que a la entrada ofrecía un menú visual para escoger colores. "Pinte el paraíso perdido antes de ingresar", un titular de los tabloides de la tarde hace 10 millones de años. Noticia vieja, noticia nueva. Prefería las ramas rojo terracota, porque hacían juego con unos shorts que usé en el Caribe, el primer paraíso donde quise suicidarme.
No funcionó, porque el mar me produce una profunda felicidad, tiene un atractivo irresistible, me rumora cosas que ya no volvería a escuchar jamás en silencio. La muerte necesita algo más que un ruido en el alma. La mar es mujer, porque es el origen de la vida y huele a esas magníficas selvas vírgenes penetradas por la humedad del tiempo.
No ví a Adán, ni Eva. Ya habían dejado el paraíso. Agua y más agua, así se me presentó el edificio de la mano. Alcancé a leer un aviso que decía: no entre aquí, perderá el paraíso. Revise siempre su espalda al dejar su antigua realidad.
Cavilé con mi sombra. Le revisé las costillas. No faltaba ninguna. Repetí la escena, pero con sombras ajenas que abundaban en el lugar.
¿De dónde habrá salido Adán? ¿De dónde habrá salido Eva?
Prefiero comerme una manzana.
Rolando Gabrielli©2007

ASÍ CONOCÍ A LA MISTRAL


Dormida en el sueño final y niña en las rondas de la escuela. Nacimiento y muerte, el origen de todas las cosas. Amo las cosas que nunca tuve, con aquellas que ya no tengo, dice el verso mistraliano. Desgarrada en el frágil cuerpo de su infancia violada, voló en la tierra precoz de sus días en la pubertad comprometida con sus enseñanzas y posterior juventud de juegos florales, la Mistral aún cabalga por sus valles y cordilleras y mares broncos. Déjenla llegar, déjenla partir, déjenla a la Mistral. Es viento su nombre, es polvo cada palabra que la ofendió, supo juntar la memoria de otros pueblos para descifrar el porvenir que aún nos entrega. R.G.

miércoles, enero 10, 2007

LA PANDORA MISTRALIANA



Doris Dana, es la Pandora mistraliana, la escritora norteamericana que veló física e intelectualmente por la poeta chilena y su patrimonio, en Nueva York, durante los últimos 10 años de su vida. Pacientemente clasificó su correspondencia, ordenó y editó el libro El Poema de Chile, muchos otros escritos y fue su verdadera confidente y albacea.
Ha muerto en Estados Unidos a los 86 años de edad hace un mes, pero nos hemos enterado en la víspera, hoy, de su deceso, cuando se conmemoran 50 años del fallecimiento de Gabriela Mistral.
Doris Dana, quien hablaba español y no lo escribía, rechazó la idea que fuera su secretaria,(aunque guardó sus secretos celosamente) y luchó incansablemente por resguardar el patrimonio y cumplir con el legado testamentario de la iluminada del Valle de Elqui, una maestra rural despreciada por una clase agraria, despótica, arribista, ignorante, que la obligó a errar por el mundo, auto desterrarse, primero dentro de Chile, y luego por Europa, América latina y Estados Unidos.
Dana, una mujer de alcurnia, con una tradición familiar vinculada a los grandes magnates del periodismo neoyorkino, culta, una especie de samaritana de las letras, supo entender el atribulado e indómito espíritu mistraliano.
Pocos escritores en América latina han cargado con un mito tan complejo como Gabriela Mistral, un “enigma” que nunca pudo resolverse en vida, una obra que si bien recibió el máximo lauro de las letras universales tempranamente en 1945, el Premio Nobel de Literatura, en Chile tuvo poca resonancia o ninguna su obra, almacenada en las rondas infantiles que repetíamos en las escuelas de Chile.
Era la época en que pareciera que la poesía "era cosa masculina" en Chile y no se admitía que una provinciana, "loca", se peleara con la lengua con tanta fuerza y nos entregara el sonido de sus versos que aún resuenan en nuestra memoria. El pago de Chile fue recibido por la Mistral y Doris Dana. No se reconoció en Chile debidamente la labor de la abnegada y desinteresada Doris Dana, quien puso a buen recaudo la obra inédita de Gabriela Mistral.
La mayor parte de la obra póstuma mistraliana está en Chile, pero aún queda documentación, cartas, se habla de varios baúles en casa de Doris Dana. Antes de un mes sabremos que de inédito aún nos dejó Gabriela Mistral, una poeta que escribió una poesía de varios pisos sicológicos, popular, culta, americana, muy personal y referida a Chile y nuestra América.
No es fácil acomodarla en un sólo estante, agruparla en versos o sonetos, dejarla en unas cuantas estrofas escolares. Respirí Chile y la lengua de América en sus tradiciones, nunca se fue por el lado de las modas.
Sufrió en carne propia, en la letra y en el espíritu, de una crítica esencialmente bastarda. El mito creció con la sombra de sus críticos. Le colgaron a su esbelta figura, la muerte de un empleado del ferrocarril durante todo el siglo XX, aunque ella, no tuvo que ver con ese suicidio por dolo, y no penas de amor.
La chismografía fue más lejos, cuando en el provinciano y pacato Chile dormía la siesta y se levantaban en las noches los patrones a violar las empleadas, la Mistral fue acusada de lesbiana, por el sólo hecho de no haberse casado. Con ese olfato de zorrillo pudoroso, la crítica olfateaba su propia podredumbre y pasaba lista a sus escritores favoritos con sus enaguas rojas y platinadas, en son de fiesta.
Primero se conoció su correspondencia secreta, algunas de las cartas de amor al poeta Manuel Magallanes Moure, y se encendió la luz de alto, porque había tal pasión, ternura y entrega de parte de la Mistral, en una gran prosa, que había que pensar dos veces para seguir endilgándole el mote de lesbiana. Aún así quedó en el ambiente la frase cuartelaria, el zumbido de la abeja eunuca de la crítica y del chismorreo de pasillo.
Pasaron años, hasta que Doris Dana, "su fiel escudero", reveló en Chile que su sobrino era realmente su hijo.
Así se derrumbaba uno de los episodios más denigrantes en la vida y obra de Gabriela Mistral.
Rolando Gabrielli©2007