sábado, febrero 12, 2011

Algo me deja

Algo me deja 
tu sombra,
algo más
que la oscuridad.
Rolando Gabrielli©2011

Muerte del padre


Padre,
no soy tu hijo,
no soy nada.
Voy a nacer
en el poema.
Rolando Gabrielli©2011
.

jueves, febrero 10, 2011

Ella en Limbo city


En Limbo city
reniegan de la palabra,
la escupen como saliva
de segunda clase
y en un vagón de tercera la veo
resoplar en quejidos
que me llegan al alma
sin poderla auxiliar.
Palabrita que lo siento
por ella.
Rolando Gabrielli©2011

Agua de nieve

Te disuelves
finalmente
agua de nieve,
agua de nieve.
Rolando Gabrielli©2011

miércoles, febrero 09, 2011

Bajo el sol

Bajo el sol ardiente 
de Panamà,
pasò mi amor,
volando, volando.
No despeguè un segundo
los ojos del cielo.
Ya debe estar
bajo la nieve.
Rolando Gabrielli©2011

La lectura inédita

María Teresa, la lectora eres tú,
cabeceas en tu vigilia
la palabra y el verbo,
lectura inédita.
¿Qué te dijo Pablo Ruiz al colgar
ese libro sobre tus rodillas?
Sigues somnolienta en la tela,
absolutamente ausente dirás
de toda palabra y escritura,
y el color me resguarda
la siesta.
Rolando Gabrielli©2011

martes, febrero 08, 2011


Limbo city,
en este espejo
no atravieso balas
Todas las monedas
son un falso espejismo
Las profesias arruinaron 
el paisaje
Si no me muevo
es porque tu vienes hacia mi
en la carroza de los muertos
que viajan inmoviles,
inmortales.

Despuès me cuentas


Después me cuentas,
cruces de un mismo camino,
la mañana cabecea en la espesa niebla
y veo pasar los muertos
como postes de electricidad
con sus bolsas de agua dentro de sus ojos
Alguien dejò la linterna
en casa y ha viajado
toda la noche con el retrovisor
hundido en el ojo de cristal
Mi cuerpo  sabe de los pasos que doy,
siempre hay màs fe en la oscuridad.

domingo, febrero 06, 2011

Un ojo viaja a otro ojo
mira a su hermano ciego
vacìo y nada,
ve un paisaje oscuro,
no siempre
se ha perdido todo.

Babel, no me robas

Babel no me robas la calma
ni por un segundo,
tus palabras  ignoran mis banderas,
yo prefiero tu  escalera sin peldaños
donde siempre ha vivido el verano
 en tierra de nadie  con su hojarasca,
el viento negro de las palabras
Què tontas resultaron  ser las vocales
y  consonantes
Verbo amado, un peldaño màs.

sábado, febrero 05, 2011



Hay lugares de excepciòn,
no sabemos donde,
suceden
La gaviota no se enreda
en el mar
Sitios, lugares, territorios,
sin lìmites la palabra
en el no lugar
En cada mañana
hay floreros con aguas
estancadas

viernes, febrero 04, 2011

La bitácora de Rolando Denver

La tomè con las dos manos y leì en su portada: The legendary notebook of Hemingway, Picasso, Chatwin, Rolando Denver. Traìa el olor a nieve de Nueva York y ahora pertenece a las palabras de Limbo city. Algùn dìa, me dije, visitarè la librerìa de donde me la trajeron y escribirè en varios idiomas tu nombre y lo echarè a rodar por  el  Central Park. Todas las bolas de nieve se deshacen, menos las palabras. Olfatiè su plàstico, la abrì, su negra portada y pequeñas hojas. Es tan preciso el destino, vivo en un paìs  que tiene forma de S recostada  entre los dos más grandes océanos del mundo y la selva como un manto de piel verde, exuberante. Tu nombre significa selva, lo que me rodea y hace respirar. El destino, despuès de todo, es algo tan personal. Tiene tantos aeropuertos como andenes, simples paradas. La bitácora salió  del MOMA y ya se sabía su destino de antemano. El encargo era una pequeña libreta, un detalle en el abecedario del papel. Un fetiche para cargar en la levedad íntima de la palabra. Escribir y corregir el verbo en un mismo espacio. Poner en ruta la poesía y la memoria. Nadie sabe cual será la primera palabra. ¿Vocal o consonante? Con cualquier verso verdadero se hace la poesía. El territorio es la pequeña página en blanco a rayas para que la caligrafía tome un curso recto. El poema abrirá la oscuridad de la página en blanco. Le otorgará un santo y seña ya convenido, tácito en lo inesperado.

jueves, febrero 03, 2011

Las raices de Rolando Denver/desde El Sótano kafkiano


La mañana se mantuvo limpia. Una noche cargada de estrellas, venìa conversando con mi memoria, despeja el cielo de toda duda. El parabrisas recibìa temperaturas  propias de la estaciòn y reflejaba un sol eufòrico. Cero nubes y un cielo celeste trazado en un telòn de lado a lado. El verano se sentìa en propiedad, por fin en febrero. Una fila interminable de automòviles serpenteaba sobre el asfalto enmarcado por bosques a ambos lados. Los àrboles se acomodan a la orilla del camino y aguantan el sol y los automòviles que vomitan toxinas como cerdos. Este es el paisaje, una pobre descripciòn, seguramente. Ya el dìa habìa transcurrido con esas reuniones y conferencias internacionales donde se dice tanto de nada. Estaban salvando el mundo delante de mis ojos. Al menos programando algunos acciones o volviendo a repasarlas. El planeta no està para ejercicios, marchas y contra marchas. No lo dije, sòlo lo pensè. Es màs fácil olvidar el amor,  acomodarlo, ponerlo en una caja que contiene otra y así hasta que en la última cajita nadie se acuerda de èl ni para que sirve o si aùn respira con tamaño almacenamiento asfixiante. En los intermedios, la gente se sirve cafè, boquitas e intercambia frases, algunos chismes, otros hablan por celular, llaman a sus casas u oficinas. No sè cuantas reuniones como esta o parecida se estàn celebrando en el mundo entero y no està sucediendo nada. Una rubia se sabìa el libreto de memoria. Su voz neutral me adormecìa.Un castellano perfecto. Su traje floreado rompían el cerco estrecho del colorido opaco del teatro. Ella sonreìa por cada frase. Tomè notas. Unas 333 sonrisas. Contaba de memoria. Piel estirada, un cutis impresionante, italiano dirìa, ese cuero con tradiciòn. Nunca esquivò una pregunta, ni se saliò del libreto. Me dio la impresiòn  tan pronto recibì su primera sonrisa, que  conocìa el nombre de todos nosotros. Estàbamos en su bolsillo. El teatro tenìa el aspecto de un sitio de reuniones castrenses construido durante la Segunda Guerra mundial.  Cuàntas veladas  bajo el aire acondicionado tropical. Un gran cortinaje daba misterio al teatro. Al principio se fue el sonido. Era como ver a Charles Chaplin. Eso sòlo fue la presentaciòn. La rubia hablò con el micrófono y se sentìa a gusto. Dominaba el escenario, como corresponde. Ingresè a mi memoria unas cinco conferencias nuevas. Numerosos datos, cifras, conceptos, anècdotas, experiencias en otros paìses, comparaciones y me sentì  por momentos complacido de pertenecer a este club selecto. En ese momento  todos sabìamos y soñábamos lo mismo, sòlo ignoràbamos cuantas sonrisas màs lanzarìa a la platea la rubia de oro. El aire me parecìa màs puro afuera. Una gordita asentìa con la cabeza y movìa, balanceaba el pie derecho. Estaba hipnotizaba, pensando de seguro en el cofee break. ¿Encantada en el placer y como consentirlo? 
Ahí se habló y habla inglés. Todas lar órdenes se daban en inglès. El mundo no iba bien. Eso lo sabìamos casi todos. Ella sòlo asentìa, avalaba las palabras como un reloj cu cú sin el pajarito. Me impactò el escenario. Me imaginè a un grupo de soldados cantar  o actuar en una obra de estas comedias estùpidas. Debiò pasar eso y màs. Quizàs alguien fue condecorado allì. Los generales jugaban golf.  Hablò màs gente, pero la rubia atrajo todas las buenas ondas del recinto. Algùn cumpleaños importante, fiesta, aniversario, globos, esas cosas de fiestas. Pensè en un Halloween masivo. El aquelarre de las noches americanas con sus misteriosas cadenas.  Las mamàs con sus calabazas. No era para menos. Voz de locutora sesnible, no chillona, ni menos impostada, cadenciosa, sobria, para dormir en un sauna. La gorda ya estaba rendida, ahora cabeceaba. No sé cuantas notas tomè. No las volvì a leer porque no parecían mìas. Ni siquiera cuando volvì al Sótano, en medio de ese cielo tan limpio. No dejè de mirar el cielo. ¿Què esperaba? ¿Un milagro? ¿Nadie se dejarà caer? Las palabras se habìan quedado en el teatro, en otra època. Algùn soldado las sabrìa guardar como un cofre oxidado de esperanza. No sè. Algo así. Yo repasaba màs bien el escenario. Su historia  ya escrita. Lo que había detràs del telòn. Esos soldatitos campesinos con sus ojos azules no sabiendo en que pensar. Un pasado reune cartas que no siempre conocemos. El Sòtano es un filtro oscuro como si estuviera moliendo cafè. La noche pone de lado todo. Congela el dìa. Ya no es su turno. Le invita a reposar, alvidarse de sì mismo. Le oscurece el panorama al màs pintado. Bajè el telòn para que la rubia fuera a descansar. Solo dejo la sonrisa y su traje de estampados. La melena  me parecìa importada de alguna peluquerìa. La dejè pasar y que ocupara su lugar, pero no en mi memoria.
 El Sòtano, al otro lado de la ciudad,  tomaba palco. Quizàs esperaba algo. Su discreciòn es total, asì  que no debemos màs que suponer. Mucha confianza en sì mismo. Ausencia de retòrica. Màs bien eco de los demàs. plena concentraciòn en sus fuerzas. Es el dueño de la làmpara oscura que pone a brillar en un abrir y cerrar de ojos. La noche no confunde, se presenta tal cual es. No me encontraba con la imagen, porque los ojos  no cuadraban lo que ya se habìa transformado en un paisaje difuso. No  veìan simplemente.  Los cerrè involuntariamente y sentì los pasos de un àrbol gigante.  Los párpados pesados en medio de un gran follaje que avanzaba lentamente y acomodaba sus ramas que vivían al aire libre. El Sòtano se estremeciò y aunque sabìa de este personaje, las hojas comenzaron a volar como en una danza espumosa, frágil, divertida.  Iban y venìan los papeles formando un oleaje blanco, con espuma de tina de baño y de olas que mueren lentamente en la orilla y las recoge el mar. Esa marea casi de luz contrastada con el oscuro  Sótano, en su duermevela de fin de dìa.  El àrbol Gigante se sentò frente a mis ojos, El Sòtano me empujó el codo con disimulo, como diciendo, ahì està, atièndelo. Venìa cansado. EL gigante había perdido las hojas. El verano  parece otoño en el trópico.  La falta de agua  se palpaba en su mirada profunda, un aire de alguien coherentemente despeinado, sin perder la dignidad en ningún momento. -Aquí no necesitan sombra, dijo, entre irónico y complacido que su presencia no era utilitaria.-Lo difícil es hacerle sombra a un árbol, más al de tu tamaño, me sopló El Sótano, animado con este encuentro. Escuchó y sonrió. -Veo muchos papeles aquí, no quiero pensar cuantos árboles han muerto. -Soy tan solo un lugar,  a veces un depósito, un espacio dentro de la ciudad,  ignoro que hay sobre mis hombros, en la superficie, dijo El Sótano, sintiéndose aludido. Me multiplico como salas de reuniones, pasillos, cubículos, pequeños rincones de la nada. Un espacio que recupero en las noches, la madrugada, cuando ya nadie pisa mis baldosas y la ciudad se retira como mar adentro en la marea de sus olas. Todo vuelve a nada y El Sótano me habla, sueña, su oscuro paraíso  flota al amanecer y estira más o menos la dimensión del último resto de la noche  y espera el día. Entrañas de un mismo fondo  oscuro, oscuro. El gigante del trópico carraspeó, para llamar la atención, estiró y encogió sus ramas porque no daban el ancho. Unos cuadros se corrieron de la pared y no se incomodaron, más bien ees sirvió para acomodar los huesos. -He cruzado la ciudad, dijo el gigante, el puente,  estas calles llenas  humo, caminado entre vehículos sorfeando la muerte, olvidando los olores y algunos cuerpos desarticulados de la cintura a las piernas, sudando hasta las raíces, encontrándome con rascacielos con sus ventanas cerradas. Una mañana sin nubes afortunadamente. -¿A qué viniste, viejo zorro?, le interrumpió el discurso  A verte y a contarte que esta mañana me abrazó  Rolando Denver y escribió su nombre en mi corteza. Una amistad imborrable.

martes, febrero 01, 2011

De mirlos



 

¿De qué murió la muerte?,
el mirlo cae  con otros mirlos
De la mano de un Dios
sacrificados bajaron
con sus alas muertas,
 un sueño devastado.
La tierra picotea el pájaro,
 la muerte con asombro
se echa a dormir
en sus alas.
Rolando Gabrielli©2011

 


El ataúd de oro de Zsa Zsa/desde/ El Sótano kafkiano

Ya no quedaba nadie. Un silencio estremecedor. Los ratones quietos de las computadoras. Algunas pantallas intermitentes. El negro oscuro del Sòtano pintado de negro imperturbable en la noche negra, de vagas luces  indirectas titilantes. Del niño que aparece  algunas noches, no he tenido noticias. Esos ruidos fantasmas, la voz apagada del espìritu. Estoy detràs de una gran vitrina. Ni el eco de los pasos de los clientes. Mujeres con sus tacos agujas. Traen  su olor de los aeropuertos en los trajes. Risas, conversaciones de pasillos, gestos, celulares rabiosos, citas, besos en la recepciòn. Todo fue, dejò de flotar, se evaporò en el dìa. La rutina se marchò. Los dìas aguantan las horas que tienen.  La ciudad ardía sobre el Sòtano. Un verano esplèndido, para tuberculosos. Sòlo estaba solo  Rolando Denver. Limbo city era una vaga presencia en el atardecer. La mejor hora para  olvidar la realidad. Esa manera espantosa de vivir el presente o ese ejercicio de la retòrica diaria. Alguien le puso nombre a los días y tiempo al tiempo. La filosofía es un sustituto de la vida. Casi es mejor improvisar. Recorrer los cementerios sin la pretensiòn de quedarse. Reír frente al bosque. No besarse en los automòviles contaminados. Caminar siempre al revès del destino dejer que el trèbol de cuatro hojas llegue sin buscarlo como la mujer amada. Basta que la memoria pueda retener un buen paisaje. ¿Reciclar es la consigna?, pero con los ojos abiertos. El Sótano se mira asimismo desde lo profundo. No es tan ingenuo. Sabe ocupar su lugar. Discreto. Ofrece el sitio para que  nosotros construyamos. Le doy un vistazo a este animal solitario y oscuro, que casi camina cabizbajo, no sé, como un mamut prisionero y me dan ganas de  darle una palmada en la espalda. Es fiel a su lugar, en él no existe el no lugar tan acomodaticio, filosófico, esquivo, existencial, anàrquico, exquisito. El Sótano respira màs aliviado, todos subieron a la superficie. Sintiò el pie salir del último escalón. Ambas escaleras quedaron subiendo y bajando solas. Ida y vuelta.  La noche con el cielo limpio del mediodía. La memoria repasa el dìa. La noche le da vuelta a la noche. Una rueda oscura gira como si conociera el camino. Una vuelta màs y la noche avanza.¿Cuàl serà la que anuncia el amanecer? ¿Traerà tu rostro frente al mar? ¿El Sótano ignora el tiempo? ¿Deja una puerta abierta a la memoria? Escucha dice cuando el silencio es lo ùnico aparetemente real. Zsa Za Zsa, como si la abeja reina dorada se fuera despidiendo de su panal. Un rumor de azucenas frìas y voces que no son murmullos, sino pequeños espejos de otras lenguas. Zsa Zsa, un alfilel clava la mariposa. En el circuito posible y  porbable de El Sòtano, donde toda  realidad se reduce al espacio de la imaginaciòn, veo pasar el ataùd de oro de Zsa Zsa Gabor, la diva que arrodillò a Hollywood y a los 9 magnates  que le adoraron  de uno en uno. Fiel a su corona, nos deja que su belleza se despida lentamente para no opacar la Belleza.

Thomas Merton volviò a nacer (me enseñò a ser extranjero)

"En cierto sentido, siempre estamos viajando, y viajando como si no supiéramos a dónde estamos yendo...T.M.
El desierto, el silencio, la oscuridad, el vacío...

Fue el 66 del siglo pasado cuando nos enteramos de la vida y obra de T. Merton, el monje trapense, guìa espiritual del poeta Ernesto  Cardenal, quien  compartiò el claustro en Kentucky y  las enseñanzas de su maestro. Éramos jòvenes e indocumentados de la palabra, leìamos todo lo que caìa en nuestras manos. La poesía era un raro gusanillo que en las noches volaba, se convertìa en mariposa. La palabra parecìa encantada. Podìamos ayunar con tanto verso devorado. La palabra como un monje consumido  por la luz. Thomas Merton fue poeta. Cantò en silencio a la vida.Llenaba la copa en el misterio de sus días. Me enseñó a ser extranjero, sin fronteras, ni lìmites, ni muros.
Naciò en Francia un 31 de enero de 1915 y muriò electrocutado en Bangkok en 1968.ESTO ES AMOR....


“Vuelo en alas del amor por toda la casa. Tengo la impresión de andar dos pasos por el suelo y cuatro por el aire. Esto es amor: Y es consuelo. No me preocupo si es consuelo. No estoy apegado a las consolaciones. Amo a Dios. El amor me lleva por todas partes. No quiero hacer nada más que amar. Y cuando suena la campana tengo que dominarme apretando los dientes, porque este amor, amor secreto, amor escondido y amor oscuro, bulle dentro de mí y fuera de mí, donde no me cuido de hablar sobre él. En todo caso carezco de tiempo y de fuerzas para tratar tales materias. Sólo me queda tiempo para la eternidad, es decir, para el amor, el amor, el amor.

El amor me empuja por todo el monasterio, me hace moverme de un lado a otro, el amor es lo único que me permite seguir adelante. El amor, cuando comienza, lleva un paso tan rápido que hay que sujetarse bien para no caer. Cualquier ritmo de celeridad es demasiado lento para el amor; en tanto que ninguna velocidad es excesiva para uno cuando se deja arrastrar por el amor. Tras ello sólo queda bogar de continuo sobre su corriente.

Esto me abrasa. Estoy completamente agostado por el deseo, y sólo acierto a pensar en una cosa: permanecer en el fuego que me quema”.

Thomas Merton

lunes, enero 31, 2011

Una làgrima
nace, crece y muere,
conoce su origen
y destino.
¿Què màs puede
pedirle a la vida?
Rolando Gabrielli©2011

Walt Whitman y Violeta Parra

" ...emito mis alaridos por los techos de este mundo..." Gracias whitman!!!!!!!!!!!!! què vigor!!!!!!!!! què poeta!!!. Hoy en este inmenso verano del 2011 del hemisferio Sur, el viejo me acompañò con unos poemas de lujo, què claro tenìa la donaciòn de su humanidad., los derechos humanos de darse sin jerarquizaciones de clase, desde una concepciòn planetaria de celebrar " una hoja de hierba " y "el sì mismo", què lucidez del "ahora", del tiempo para dar la estrofa. Casi como el espìritu de un marinero en alta mar, proa y adelante, no se interrumpe la vida. Contra viento y Marea. Vitalidad manìaca y heroica, sensibilidad masculina y erotismo de cuerpos para ser disfutados, contemplados en su belleza. No querìa perderse la Vida, pero tampoco la retaceaba, porque su legado invita a lanzarse. No fue un egoìsta, ni un melancòlico, fue un guerrero. Què falta le hubiera hecho a violeta Parra un encuentro con Whitman, y cuànto paternidad le hubiera despertado violeta al Viejo.Me los imagino caminando por la carpa donde ella actuaba, en la tristìsima y digna tierra que formarìan los pisos, èl viendo un palacio en el brillo de sus ojos anticipatorios y triunfales , en algùn momento determinado le hubiera dicho:- Violeta , eres pequeñamente grande.
Y en ese abrazo pronunciado desde el lenguaje la vida de ella hubiera cobrado la valoraciòn necesaria para no cortar las alas con la tierra.
Los dos dejaron sus alaridos, quizàs formaban la dupla paradògica de la existencia humana que enuncia Freud: Pulsiòn de vida y Pulsiòn de muerte, como dos polos coexistiendo en un mismo Ser, librando una batalla sostenida en el pulso de los dìas. Hoy ya guerreros en otros planos de ilimitados alfabetos, dorados , por cierto, como las palabras dadas. (M.A.)

viernes, enero 28, 2011

Les va este pez


Les va este pez
sin agua,
del rìo al mar,
muerto en la pecera.
Mi infancia
lo atribuye todo
a la falta de amistad.
Rolando Gabrielli©2011

jueves, enero 27, 2011

Hola, ¿cómo vas?

Hola, ¿cómo vas?
Arando en el mar
la piedra filosofal
que descifraràs.
¿Y tù?
En el desierto
mirándome en el espejismo,
a ver si me  pasas
a buscar.
Rolando Gabrielli©2011

martes, enero 25, 2011

Fuga, deserción, olvido/desde el Sótano kafkiano

Se sumergiò y consumiò en  sí mismo como el pez banana. La realidad busca explicaciones màs allà de sus capacidades. El silencio nos hace pensar equivocadamente que las palabras sobran. Es un dicho viejo y pegajoso, repetido. Me distancio de las palabras que sobran. J.D.S, terminó aparentemente con todo lo que le sobraba, la vida que no quería cargar como un cuerpo independiente, silvestre, al aire libre. Se encajonó en su propia distancia y  se ausentò hasta el final de sus días, a su manera. Casi lo volviò a ver solamente su espejo y su contacto mayor, màs íntimo, pasó a ser su inodoro. Ese mismo que se subastó reluciente como si nada hubiese pasado, despuès de su muerte: flamante, útil y que podrìa transmitir lo que sus fanàticos seguidores buscaban  en un Salinger que no necesitó de despedidas para cumplir con el ritual del misterio. No borraba huellas ni pistas, simplemente guardó el mundo en la caja vacía de los recuerdos por olvidar. Al final solo vimos un inodoro blanco, albo, tradicional, como si todo lo escrito despuès de El Guardiàn entre el centeno(The Catcher in the Rye) lo hubiese lanzado por el desague de la vida. Nadie debiera rendir cuentas a nadie, si no es un funcionario público. Y desde luego son los que menos rinden cuenta. Y un escritor, despuès de todo cuando  hace uso público de su palabra, ya no puede borrarla. ¿Este es el pasajero que debiera entrar en el tren de Kafka?  ¿Viajar como la nube errante que tambièn te lleva a paraderos desconocidos? ¿El no espacio, no lugar, no tiempo.? Nadie debe escribir por ti la última palabra. ¿JD Salinger convirtió en humo sus palabras? El mito crece a expensas del misterio, de lo no dicho ni actuado, aparentemente el rumor es la ola que se apodera de lo que pensamos es o se ha transformado el personaje.
El era pasajero de su propio misterio, huía de sí mismo, no solo de la gente y ni a él parecía importarle lo que venía por delante después de entrar a la gloria literaria, que abandonó por sentirla un compromiso quizás más pesado que la Segunda Guerra Mundial, donde combatió y se trajo todo el abandono que pudo acumular y vivir por el resto de su larga, compleja, frustrada, impenetrable solitaria y huraña vida. ¿No saliò de de asombros abismal? Quizás comprendió que la deshumanización del ser humano que pobabla la humanidad y se sacaba sus ojos cuervos en el frente de batalla y en los sórdidos campos de matanza y concentración, era una realidad que tomaría cuerpo, no de paz, precisamente, con el correr (roer) de los años.
Toda descripción especulativa afirmada en algunas anécdotas, declaraciones, desplantes del personaje, puede terminar en retórica pura , aunque los hechos sean reales, se repita hasta obsesionar al público lector o a quien realice una pesquisa para descifrar algo que pertenece a una compacta madeja de hilo.
Yo esperaba El Tren de Kafka, cuando El Sótano adquiere su verdadera y real personalidad y  comienza a soñar la sombra como si la luz existiera para contradecirla o justificarla. La máquina circular de la infancia resoplando un viaje a la gran memoria donde el oso hiberna y sueña blancos sueños sin un libreto que los respalde. Una cosa es la etiqueta y otra que lleva el envase, que sucede cuando se agita y pasa el tiempo. Cada cerebro tiene su manera de procesar el medio que le rodea, sirve y agrede. Hay un gran depósito, bolsones diseminados de  soldados post conflictos armados que navegan con sus antiguas brújulas, sobrevivientes tocados por el mortal y esquizofrènico gusano de la guerra. Deambulan en psiquiàtricos, bares, en sus  hogares  solitarios y suelen atacar en supermercados, universidades, escuelas, aeropuertos o aviones. No se descuelgan jamàs del frente de batalla, la trinchera perdida, la selva, el desierto, los lugares màs extremos donde se pierde casi todo cuando se termina con vida.
JDS cuando  regresò de la segunda gran  guerra planetaria, probablemente le preguntaba a cada día cuando se miraba al espejo que hacìa  ahí acompañándole con exactitud y puntualidad. Especulo sobre su encierro y la patada que le dio al mundo despuès de la gran fama que tuvo con la venta del Guardiàn. Imposible saber donde se perdiò o recobrò finalmente, por què huyó sin parar desde que se subiò  al Queen Elizabeth en 1951, rumbo a Londres,  cuando su libro entraba en la ruleta  del azar del mercado. Todo fue tan exitoso que no lo aguantò.  No puedo saberlo, si desconozco por què  no encuentro el otro par del calcetìn aun que he comprado  varios pares iguales. Aùn asì pierden a su hermano. Son los misterios màs simples.
Yo recuerdo haber perseguido una vez por la carretera aledaña al Canal de Panamà al Queen Elizabeth, el crucero que cruzaba por las Esclusas de Pedro Miguel, como si llevara  flotando una  pequeña ciudad por las aguas. Ahora se que ahí estuvo J D Salinger,  en una fuga sin fin. A mì el verano se me descolgaba por las orejas. El trasatlántico, que formaba parte de la saga de las  Queens, flotaba, solo flotaba ante mis ojos fluidamente y unas manos se despedìan desde  lo alto de la cubierta. ¿Todos somos pasajeros kafkianos? Atràs, la selva nos recordaba que estàbamos en tierra. Todo esto es parte de la memoria y el paisaje. Se cumpliò un año de su muerte, nada sabemos si escribiò algo màs, y Kenneth Slawenski acaba de publicar  una biografía  en la editorial Galaxia Gutenberg. El título de la obra es casi un chiste: J.D. Salinger: una vida oculta. Y ese fue su ejercicio de vida, una constante en la espiral de su silencio, esconderse, taparse con su sombra y crear una atmósfera de misterio alrededor de él y su obra. ¿Què estarà escribiendo y haciendo Salinger?, se preguntaba la prensa y la gente e inclusive sus amigos que fueron quedando en el camino. Algunas vagas señales rescataban los paparazzis, como esas fotos que reflejan la angustia del solitario personaje, algo  le molestaba aparentemente y el gesto lo traducía.. Quienes se han detenido en sus personajes y en el mismo, atrubuyen su comportamiento a los traumas de la guerra, a una visita que hizo a los campos de concentraciòn nazi, a su concepciòn del arte: literatura y espiritualidad, porque Salinger  se sumergiò  en  El evangelio según Sri Ramakrishna, y  aprendió el Vedanta y la meditación. De esto da cuenta en una nota Daniel Verdu. A su regreso del horror, se casò con la alemana  Sylvia Welter y  a los ocho meses cancelò ese compromiso. Una relaciòn  fulminante. ¿No estaba preparado para tanta realidad? ¿Ya afloraba el irascible, dìscolo, huidizo, gelatinoso JDS? Entraba y salìa de un imparable proceso de fugas y contrafugas contenidas por  la fragilidad misteriosa  de si mismo. Verdú precisa,  citando tal vez la biografia : "Salinger se peleó con su mentor Whit Burnett, quien había publicado The Young Folks, su primer relato; se enemistó con medio gremio editorial, exigió que su foto no apareciera en la contracubierta de sus libros y acabó enfadado con sus mejores amigos (como su editor inglés James Hamilton). Al publicarse la novela, se pasó las horas deseando que desapareciese de las listas de los más vendidos."
Difícil dar con la cara de la moneda de algunas personas. Desbrozó un bosque de 36 hectàreas en Cornish  en búsqueda de sol y paz. Ahì se atrincherò con Claire, su segunda esposa, y dos hijos. Se relacionò con los jòvenes de su entorno, apunta Verdú, -ya lo sabìamos, es historia vieja, la de un soldado agotado por su existencia y fama,- y al ser traicionado por un estudiante que publicó un trabajo destinado para una escuela, volviò a su concha. Su misticismo para algunos, olía a enajenaciòn. Sentìa el medio hostil que se filtraba por sus coyunturas y no podìa ablandarse ante las amenazas de muerte. Rechazò una invitaciòn de Jacqueline Kennedy a la Casa Blanca, lo que no es poco decir, y seguramente, ya estaba ausente. Su ego, de acuerdo con sus lecturas Zen, rechazaba esos actos mundanos, quizàs. Pero una frase Zen tambièn dice que cuando llegues a lo alto de un montaña, sigue ascendiendo. Todos los fuegos ya eran artificiales probablemente para JD Salinger.
(Una biografìa son datos, pesquizas, revisiòn de la obra del personaje, todas las anotaciones y superficialidades posibles sobre un autor. Se ahonda solo en lo que se ve. Lo que està detràs del espejo, resulta ser lo màs valioso en un autor. Jerry, al parecer, de acuerdo con una conferencia revelada  `despuès de la biografìa, no era una persona tan huidiza, se relacionaba con sus vecinos hasta donde pudo, seguramente,  y viajaba a fiestas con un amigo en Londres. ¿Màs letra menuda para el mito?)
Las fotos robadas a la imagen de Salinger, dan la impresiòn que querìa darle una patada en el culo al mundo. Se distanciò del mundo y del mercado. Puso las vallas interiores contra las de la publicidad. Difícil entrar en ese  cuerpo largo, huesudo, apartado del mundo exterior, vivo como un àrbol alejado del bosque. Sonny o Jerry, le decìan  algunos de sus allegados, que cosa tan rara o comùn, en verdad da lo mismo. Lo que debemos atender finalmente, es su obra. Que haya tenido de novia a la frívola de Oona, hija del dramaturgo Eugene O Neill, a quien no amò y despuès se casó con Charles Chaplin, es màs bien anecdòtico. Pesa, tal vez, a la hora de los recuentos frustrantes, y porque  Carlitos Chaplin, fue un personaje grande en su siglo que pudo haberle irritado. No debiò ser pena de amor, sino simple ego. En esa època podìa tenerlo.
Curiosamente, en el anecdotario referido a Salinger, el asesino de John Lennon, Mark Chapman querìa ser famoso y hacerse notar. En la mañana del 8 de diciembre comprò en Nueva York un ejemplar de El Guardiàn entre el centeno- tenìa varias copias- e hizo guardia en el edificio Dakota. Lo demàs es historia.
Nota:
Otros articulos del autor sobre JD Salinger
JD Salinger, el emperador del olvido
Salinger, la muerte del pez banana
¿La última palabra de Salinger?