sábado, abril 29, 2023

Ahora que el tiempo

Ahora  que el tiempo ha seguido su curso

y poco o nada ha cambiado, los hechos

 anidan en la memoria,

sus salvajes, crudas palabras,

crían polluelos inocentes, aparentemente ciegos

los primeros días sin plumas piando al cielo

y la madre los cubre de amor y silencio,

los alimenta y protege de las rapaces aves,

que nunca faltan  en toda época  y partes,

más cuando confías en tus semejantes,

que también usan alas  y tienen filosos picos,

rapaces y capaces de atravesar una piel

tan tierna como inocente.

Rolando Gabrielli2023

jueves, abril 27, 2023

Aquí estamos

Aquí estamos al aire libre y somos también

el paisaje que nos ilumina con un sol inclemente,

bajo la bóveda celestial y el silencio

que ni una nube errante logra alterar.

Es el retrato perfecto de la estación seca,

ni una gota de agua se desliza a no ser por la memoria.

Qué dirán los ríos, me pregunto, porque los vecinos

resignados parecen hipnotizados por el viejo refrán,

agua que no haz de beber, déjala correr.

Es de no creer, diría  que la sombra

pasa a ser un bien codiciado por todos,

como si las luz fuera un exceso en estos tiempos.

Rolando Gabrielli2023

miércoles, abril 26, 2023

Si criaste cuervos


 Si criaste cuervos,

solo mírate a los ojos.

Rolando Gabrielli2023

martes, abril 25, 2023

El presente es cuanto tenemos

 El presente es cuanto tenemos hoy

y mañana, que parece ser futuro,

volverá a ser presente.

El presente se transformará

una y otra vez en presente

y así sucesivamente,

no nos daremos cuenta

cuando el futuro sea pasado,

memoria del día de ayer.

Rolando Gabrielli2023

lunes, abril 24, 2023

La Bella frente al mar

La Bella

frente al mar

sigue con sus ojos

el oleaje,

 que en espumas llega

a la orilla

de sus pies.

Rolando Gabrielli 2023

domingo, abril 23, 2023

Panero, Panero, Panero

 Panero, Panero, Panero,

su ausencia, la duda de su existencia,

siempre negado en el mismo hueco,

respirando la poca o mucha poesía

que el aire de la miseria humana

abona en su loca espera de su última,

ineludible sorprendente palabra.

No mienta, los jodió a todos

haciéndoles mirar en su espejo

la torva oscura delirante estrofa

que ángeles ciegos gorjean,

sílaba a sílaba a sus babeantes

carceleros ante su indefensa tumba.

Rolando Gabrielli2023

viernes, abril 21, 2023

Con los pies en la tierra

 Volar es el deseo del hombre,

pájaro sin alas no vuela,

afirma los pies en la tierra,

pareciera decirnos la naturaleza,

al vernos dotados de dos piernas

y una imaginación sin techo.

Rolando Gabrielli2023

jueves, abril 20, 2023

Se vuelve roca

S e vuelve roca,

la palabra,

alli funda

la poesía.

Rolando Gabrielli2023

miércoles, abril 19, 2023

¿Qué tiene la fama?

 ¿Qué tiene la fama

que te convierte en famoso

y eleva al cielo,

inalcanzable como un cometa,

sin retorno a la realidad

y tus pies ya no pisarán 

más la Tierra?

Rolando Gabrielli2023

martes, abril 18, 2023

No digan

 No digan, 

no estuvo, no vino, fue,

pasó la nube sin ver la huella del sol,

dejen, mejor digo, de escupir para el cielo,

siempre estuvo, aún en el olvido,

el Oráculo no miente y la musa no es ciega,

dicta lo que aún está por verse .

Los pasos siempre siguieron un camino,

los puntos cardinales parecieran

tener mejor oído y sentido 

que el corrector de pruebas

o el lector furtivo.

La crítica en su limosna diaria

recoge los gusanos que dejan 

los cadáveres en invierno

y no alcanza a deletrear,

lo que serían las verdaderas palabras.

Quizás fue pasajero por destino,

más de alguna vez se le vio

cruzar la ciudad igual que el río,

que la afea, envejece, 

con sus turbias aguas

y aún así no olvidó el río

que convirtió sus palabras 

en algo que dice y no se dice,

la entrada a lo desconocido.

Un poema bien escrito,

es pura especulación,

lo dice hasta un ángel dormido,

lágrimas y risas,

la diversión dramática de la máscara,

del lenguaje y sus palabras.

El poeta puede avanzar con una antorcha

en la noche oscura y no ver más que la luz,

al alba, en la claridad de las palabras

y no estar seguro aún si son verdaderas.

Rolando Gabrielli2023

lunes, abril 17, 2023

Vivir afuera


 Vivir afuera, el tiempo es libre,

nadie ni nada lo recupera,

quizás una tarde casual,

inesperada,

nada más, es nada más,

divisar un viejo velero

sin saber quienes son sus pasajeros,

la ruta que lleva,

 de dónde viene y  va,

sin puerto ni destino.

El mar, solo el mar 

y el viento que lo llevan

a algún lugar.

Rolando Gabrielli2023

domingo, abril 16, 2023

Una mañana para el Jazz

Una mañana para el Jazz,

improvisamos,

sin Norte, solo Jazz,

el día apenas va asomando y promete,

le dimos vuelta a la noche,

comencemos ahora por el jardín

para saber como huele la tierra

que en el aire pisamos a placer,

inconscientemente.

Los colores iluminan el paisaje

y el pájaro de pecho rojo cruza veloz

el pentagrama, digo Jazz,

el silencio también bate alas,

Jazz.

La nota está en el aire y el pequeño cantor,

lleva el ritmo más veloz en sus alas,

arriba el cielo, el esplendor

de un verano tardío, brillante,

corre el pentagrama, sí,

el Jazz,

y si lloviera, otro ritmo 

impondría el Jazz,

la razón de su melancolía

de la que sabe disfrutar

el alma sin mover nadie

un músculo,

suspendidos todos 

en lo que no se dice

y aparentemente está,

 se va a decir,

así puede ser una luz en la oscuridad,

lentamente cae la nieve

en algún lugar detrás de un ventanal,

los ojos  silenciosos, expectantes,

porque si el Jazz es negro,

espiritualmente ancestral,

respira también dolor y libera

su peso incontenible de raza esclava.

El Jazz es Blues, Boogie Woogi, 

Swing, Dixileand, Cool Jazz, 

Rhythm & Blues, hermano,

eso es y más,

pero nada como la improvisación,

define, profundiza el alma

del verdadero Jazz,

viento de metal, viento de madera,

el silencio en toda su levedad,

esta mañana de cielos despejados,

nubes vagabundas, pájaros sin nido,

errando  su camino construye el Jazz,

en la callada frontera del alma.

Rolando Gabrielli2023

sábado, abril 15, 2023

Las ciudades, no siempre

 Las ciudades, no siempre,

dejan huellas imperecederas

o visibles a la memoria.

Pueden haber fachadas memorables

y siguen siendo un espejismo,

ese sueño que no trasciende,

ni cristaliza. Ya no son objeto

de la memoria.

Rolando Gabrielli2023

viernes, abril 14, 2023

Del nido

Del nido,

que sin el pájaro

no vuela,

el aire es todo

y en sus futuras alas,

solo el viento que pasa,

tal vez quede.

Rolando Gabrielli2023
 

martes, abril 11, 2023

No escribas

 No escribas

lo que no has vivido.

La memoria,

no siempre,

es olvido.

Rolando Gabrielli2023

sábado, abril 08, 2023

La luna se ha vuelto casual

 La luna

ese objeto del deseo,

cubierto de polvo y rocas,

poroso y amoroso,

tan enigmático en el pasado,

qué dirían nuestros antepasados,

se ha vuelto casual.

Rolando Gabrielli2023

jueves, abril 06, 2023

Felíz Cumpleaños, Principito


                                   Solo se ve bien  con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos...

Hoy, hace 80 años nació El Principito, de la imaginación de Antoine De Saint - Exupery, un aviador francés, que según el Capitán Courtin, era un Príncipe, un Príncipe bondadoso y distraído, perdido entre nosotros...





Hablamos de un tiempo

 Hablamos de un tiempo sin horas,

como si la oscuridad abrazara esta noche,

la sombra de un túnel sin fin.

¿A quién acompañaría en verdad?

Puede ser una ilusión,

la memoria oculta de la soledad,

tantas cosas sin nombre,

un principio para un final.

Amar, también tiene signos 

contradictorios, fugaces

y no por eso el verbo

 dejará de existir.

Rolando Gabrielli 2023

miércoles, abril 05, 2023

El mar silencioso

El mar está silencioso, ausente en sus aguas

y se deja entrever detrás de los edificios,

que caminan como elefantes al cementerio

de edificios muertos,

con sus gruesas capas de cemento y vidrios.

Reflejan una dura inconmovible ciudad

que yace muerta a los pies de unas olas frágiles,

 sin más  orilla que el cemento y unos muros

dóciles a las manos del hombre,

que crecieron en la desidia y el olvido.

¿Quién podría estar feliz

con una supuesta modernidad

instalada en una vidriera que refleja

un sol frustrado, irremediablemente

marginado al paisaje que lo sepulta?

La ciudad frente al mar pareciera no reconocerse,

a sus espaldas un horizonte de cemento y de hierro le precede,

como un himno melancólico de voces y cosas muertas.

Rolando Gabrielli2023

lunes, abril 03, 2023

La lavandera



 La lavandera

no tiene más ropa,

que la que el viento

mece y lleva y viste,

Rolando Gabrielli2023

domingo, abril 02, 2023

La imagen del silencio

 Viejos escamosos

 lagartos de la historia,

van por la grulla

a la orilla del río.

El sol descubre sus fauces,

la imagen del silencio

que la muerte no esconde.

Rolando Gabrielli2023

viernes, marzo 31, 2023

La sombra detrás del cuerpo

Era un Ghostwriter y nadie lo leía. A simple vista no parecía nada extraordinario, la figura no es algo desconocido. La vieja fórmula de  la sombra detrás del cuerpo. El  truco del escritor fantasma, para decirlo de una manera más poética. La mano que mece la pluma, oí decir a alguien alguna vez. Me largué a reír, de manera espontánea, confieso. No fue mofa, más bien un acto de justicia con la realidad que había caído en la tentación de ficcionarse. Además de ser un fantasma, su escrito caía olímpicamente en el olvido, donde los dioses parecieran no tener piedad por las palabras que no encuentran un lector y las dejan esfumarse en el eterno jardín del silencio.

Ese día salí más convencido que nunca, que el anonimato también es un arte.

Rolando Gabrielli2023

miércoles, marzo 29, 2023

Éramos inmortales

Cursábamos el primer año,

el tiempo era todo lo que teníamos,

en verdad, el mundo en nuestras manos,

una rueda en el camino.

sin más y en ese ejercicio nos encontrábamos

sin detenernos a pensar en cosas trascendentales,

a no ser la poesía, filosofía, todo aquello

inexplicable a simple vista enigmático,

curiosidad por lo desconocido.

Construíamos nuestros propios castillos en el aire,

sobrevivíamos con un poco de inspiración,

todo era tan nuevo, fresco, estimulante,

compartíamos la risa como el silencio

y el desencanto,

éramos kafkianos sin saberlo,

respirábamos como si fuéramos a nacer,

cada día se volvía imprescindible,

dejábamos correr el río a sus anchas,

sin más curso que su propio curso,

a veces sin sentido,

éramos definitivamente inmortales.
Rolando Gabrielli2023

sábado, marzo 25, 2023

Los ausentes siempre estuvimos


Chile, tan lejos de todo y  de todos,
nosotros, los ausentes siempre estuvimos,
fuimos una piedra en el camino.

El desierto, comienza el olvido,
tierra seca, vida muerta, vida viva,

y nada nos detuvo frente al abismo.
En fin, ese largo pasillo que somos,
guijarro de sal y algas negras de Chile,
geografía, costas rotas entre el mar
y la impasible, imperturbable, rotunda cordillera.
Chile es un camino infinito,
¿eso somos?, 
atravesados por sus ríos,
suspendidos por sus volcanes,
cenizas y nieves
en las más altas copas


de sus eternas nieves,

bañado por vastas

tormentosas aguas interminables,

profundas silenciosas fosas,

una montaña eternamente nevada.

Que nadie busque las llaves

para abrir sus puertas,

corredor de la vida y de la muerte

Rolando Gabrielli2023

miércoles, marzo 22, 2023

El cactus viaja

 El cactus viaja,

crece en la dirección

de su tiempo.

En el ávido mundo

en que habita y vive,

construye su propio paisaje.

No estaríamos faltando

a la realidad si dijéramos

que el olvido y la soledad

se rinden a la vigencia plena

de su silencio.

Rolando Gabrielli2023

lunes, marzo 20, 2023

La bolsa y la vida de Kafka

Llevo años durmiendo con los diarios de Kafka al lado de mi cama. (Max Brod debió ser el primero en en hojearlos y leerlos) No sé si he buscado inspiración o se trata de un desafío contracorriente, de una vida que viajaba con una brújula desconocida aún para él y en ese oficio errante de si mismo, se consumía, pero escribía grandes obras y algunas, aparentemente inconclusas. No parecía apurarle el presente y menos el porvenir. Estaba iluminado en su brillante oscuridad y reunía todos sus temores en sus sueños que probablemente sabía que no tendrían fin. Sus palabras se reunían para contradecirlo, no confabulaban, sino se subían a un tren interminable que él había construido para viajar y volver al mismo lugar que realmente no había abandonado: así mismo. Franz, aparentemente, se mantenía con un truco simple: hacernos creer que no sabíamos lo que él realmente quería.

Feliz remando por el Moldava

Yo no diría, escribo en primera persona, que a Franz no le interesaba la realidad, él la encarnaba, la vivía, escribía y reescribía y soñaba en sus continuos insomnios y tal vez se soñaba a sí mismo como si fuera otro. De esta manera  no se comprometía  con nada que alterara su realidad alterna  o lo que le aproximara a alguna versión que no hubiese imaginado. 

A veces creo o veo que en sus Diarios nos habla como si viviera en un nido de pájaros que no encuentran su lugar real. Viajan en bandadas sin fin, pero también permanecen inmóviles como si sus alas  coordinaran en dirección hacia ningún viento. El desencuentro, a veces, resulta ser el arte de la timidez, una suerte de refugio del yo, la humildad del ser que se protege a sí mismo y no quiere aventurar. Es como dar un paso al abismo sin autorización de las consecuencias que podría traer caer al infinito al revés. (Llevo algunas horas buscando en mi  biblioteca kafkiana los diarios de Franz, por alguna razón los retiré de mi cama, no porque los creyera una mala compañía, sino porque di paso a otros autores. Como el desorden ha sobrevivido a otros desplazamientos  sin ningún orden, desparecieron como por arte de magia. Pero siempre supuse que debían estar en la pieza, en algún lugar, pero ese sitio no pareciera tener un lugar fijo, es como el deambular de Kafka por un mismo lugar sin encontrarlo. Pues bien, a  altas horas de la madrugada atiné a un rincón donde guardo algunos libros especiales, cartas, papeles, fotos, una cierta intimidad limitada a pequeños objetos fetiches. Pues, les cuento, ahí estaban camuflados como esperándome de sorpresa. Les daré un vistazo.)

Kafka apareció junto a una tarjeta de Navidad del 2002 con la siguiente leyenda en inglés:¿Sigues buscando el regalo perfecto? Hay regalos que vienen del más allá y aparecen más acá, y éste tiene ambas coincidencias. Se trata de un secreto que guardaremos con Franz y alguien más que disfrutaba de  la literatura, la poesía y la vida. A veces el desorden tiene un orden perfecto. Todo depende como busquemos y donde. También  las ayudas externas y misteriosas conducen al sitio indicado. Franz parecía estar siempre en el lugar  im (preciso) que quería estar y no estar, era una especie de ambiguedad al cuadrado. Es difícil eludir ese obstáculo presentado de esa manera. Saltar los cuatro costados. Todo se resolvía quedándose en el centro de la nada. ¿Absurdo?, pero real.

Kafka era divertido, cuenta  Max Brod, su amigo y salvador de su obra destinada al fuego según sus deseos, le gustaba la vida al aire libre, remar por el río Moldava, pero su decisión final, tras su angustiosa tuberculosis, inconclusas relaciones sentimentales, se reafirmó en una suerte de anonimato que ya había escogido para sí en los personajes de sus famosas novelas. Nos  dejaría, sin proponérselo quizás, su poderosa sombra kafkiana hasta nuestros días, haciendo los mismos recorridos solitarios por Praga, disfrutando de la capital checa, de la soledad y de su tiempo más distendido tal vez. Marcó a sus fieles  lectores con una indeleble K.

                                                                       ¿Kafka si no fuera Kafka?

Kafka no pareciera repetirse en su propio laberinto, camina con la pasión de quien va corriendo en una maratón interminable, donde no hay más competidores que él y aún así se propondría derrotarse a sí mismo. Kafka  en sus cartas amorosas de reescribía, una y otra vez con la originalidad de un ruiseñor que no puede parar de cantar: “si los personajes de mi novela se dan cuenta de tus celos, huirán de mí. Mí novela soy yo, yo soy mis cuentos…el escribir es lo que me mantiene vivo, lo que me hace aferrarme a la barca en la que tú estás de pie, le dice a Felice, lo que al principio pareciera un juego verbal, inclusive  con una gran dosis de humor, va adquiriendo un  dramatismo  singular y  quienes lo hayan vivido, tienen que concluir que a si fue. 

Qué sería de Kafka si no fuera Kafka, es casi su propio bumerang  sin retorno. Para escribir no solo necesita apartarse  como un ermitaño, porque eso no le basta, no sería suficiente, necesitaría estar como un muerto. Por lo visto siempre fue más allá de sí mismo, cualquier límite sería insuficiente, la idea era cuadrar una y otra vez el círculo que se superponía a otro interminable número de círculos. Su escritorio era su tumba y nadie podía sacarlo de allí, igual que a un muerto. Ahora que estoy  un poco alejado del bullicio sordo de los días, pienso que Kafka se inmoló en la palabra. Quiso que su obra  ardiera en el fuego, pero previamente él lo hizo. Esas noches de insomnio debieron tener esa intensidad de  sentir el fuego pero sin quemarse, un modo especial de felicidad y para ello hay que tener un coraje a la altura del sacrificio que es gozo a la vez, según él lo señala en sus cartas a Felice.

Las jaquecas y el insomnio le hacían vivir  "como una rata encerrada", son sus palabras. Kafka iba rumbo a su inevitable tuberculosis, su destino estaba marcado y ya iba entrando en su laberinto sin retorno, construido por el azar, tal vez. Los Diarios de K, sus cartas, son la luz oscura, diáfana de su vida, sentimientos voluntad, reunida en una sola palabra: amor a la literatura, a la vida, a su  mundo irrenunciable vocación a reescribirse como un papiro egipcio y permanecer en silencio por miles de años si fuera necesario. Kafka no era una obstinada, leal, fiel, metáfora de sí mismo y no estaba dispuesto a sostener el viento de la ilusión con sus palabras, aún si  ese gesto le fuera concedido. Pocos autores se han visto en  su propio espejo con tanta profundidad y honestidad, escribía como si fuera un acto confesionario. Pasaba sus palabras, vida, por rayos x. En medio de la tempestad, "me he vuelto más nervioso, más débil", se alentaba para superar el momento más difícil: "¿Desde hoy no dejar el Diario! ¡Escribir con regularidad.! ¡No rendirse!" Leer a Kafka es una lección de vida.

                                                             Kafka, inevitablemente era Kafka

En medio de tantas vicisitudes, dentro de su mundo kafkiano, construía una nueva literatura, forma de ver el mundo, su fantástica, inverosímil, real existencia, copiada a carbón, impresa en cada una de sus letras los momentos más inimaginables, detalles, observaciones introspectivas, Kafka naufragaba con su estilo tan personal en sus propias aguas, ya no eran las aguas  calmas de su juventud en el Moldava, como si el tiempo no existiera cuando se recostaba bajo el puente Carlos de Praga. Qué hermosa y misteriosa ciudad en sus callejuelas adoquinadas sintió los pasos presurosos, alegres, kafkianos de este checo que nos dejó en su lengua alemana un mundo por seguir descubriéndolo. Se reconocía en sus miedos, advertía en una carta a Milena desde el pueblo italiano de Merano, que la "Tierra (estaba) colmada de trampas" y "por eso tienes siempre ambos pies en el aire al mismo tiempo". "Eres judío, profetizaba, y "sabes lo que significa el miedo".

En estas cartas se desnuda una y otra vez, se asoma a sus abismos, empuja la tabla de salvación lejos de sí mismo El silencio, decía, era la única, manera de vivir, tanto para él como para Milena. Su tanque de oxígeno parecía estar agotándose a los 38 años. Eran sus señales más claras. Seguía afirmando que tenía miedo de todo. pero en todo esto, siento que había en él una valentía enorme al confesarlo. ¡A quién se lo ocurrió, exclamaba  con tanta actualidad a mi manera de ver las cosas en este siglo, que la gente puede mantener relaciones por correspondencia! Kafka era Kafka por donde lo mirásemos. En su atormentado presente, nos advertía del futuro .Así fue como soñó con el destino que correría su amada Milena, veinte años después de su muerte en un  sanatorio en las afueras de Viena. Dice que no se  explica por qué motivos fue , ella, presa de las llamas. La desdichada Milena Jesenska moría asfixiada por las cámaras de gas en el campo de concentración de Revensbruck. Fue el único campo de concentración nazi para mujeres. un 10 por ciento de ellas eran judías y ahí estaba Milena. Fue un campo de exterminio y experimentación para probar medicamentos.

Kafka es la nocturnidad, la sombra sobre la sombra de la palabra  que él buscaba, la frase, la continuación de algún relato, la contemplación de esa oscuridad que recorre sus entrañas  y él permanece fiel al insomnio que todo lo rodea con el manto helado del alba. El tiempo, siempre implacable, y que tiene la gracia de lo absurdo, no le perdonó la vida. Un crítico de provincia, de apuro, lo calificaría de perdedor. Ese viejo, pobre truco de los contrarios, que en verdad lo pulveriza cualquiera de sus escritos, cartas, movimientos en la soledad del más pobre espejo. Volver a Kafka es un reencuentro con la pasión por escribir, es un ejercicio iniciático, no solo para un joven, sino para aquellos que llevamos décadas en el oficio, porque volvemos a entrar en la llama sagrada de la palabra. Es un recorrido fácil, Kafka no nos prepara para ser escritores, en medio de sus dificultades, sí nos alienta casi desde lo imposible. Su padre  lo quería abogado, Dr. en leyes, profesión que desempeñó desde el horror de su significado burocrático y aún así continuó su propio y accidentado camino frente a la página en blanco en las noches oscuras de su insomnio. Kafka es un personaje Total, así se ve así mismo, por dentro y por fuera, se asigna un todo, es un viaje completo alrededor de sí, inmóvil, se retrata, confiesa, se conoce, no simula, es un libro abierto, pero interminable  y van surgiendo las páginas nuevas cada día, como un árbol llenándose de hojas nuevas, inmortales, perennes, a sabiendas que vendrá el otoño y las irá perdiendo al viento que las esparce a capricho. En sus maravillosas cartas, encontramos a un ser absolutamente confesional, no rehúye ni de las comas para presentarse  tal cual él considera que es y que piensa segundo a segundo. Se va biografiando como un río en curso, inagotable. "Ahora no tengo a nadie más que al miedo...por qué no estás ya  aquí", le dice a Frau Milena, y piensa que podrían estar rodando, aferrado el uno al otro, a través de las noche. La literatura es vida en toda la extensión de la palabra.

Qué puedo decir, Kafka nunca dejó  de ser Kafka. Tal vez, no lo necesitó.

Rolando Gabrielli2023

sábado, marzo 18, 2023

Hola

 Hola,

¿te has preguntado

de dónde desciende

el simio?

Rolando Gabrielli2023

viernes, marzo 17, 2023

El verano de Van Gogh

 

En diciembre se detienen las últimas lluvias, solo algunas esporádicas  en enero, chubascos que producen  vergüenza a los inmensos, sostenidos torrenciales aguaceros tropicales durante  8 meses del año. Panamá, entre otras cosas, significa abundancia de peces, porque sus habitantes vivimos prácticamente en una pecera de cemento rodeada de mar, selva, humedad  y unas lluvias bíblicas, macondianas.

Es el país del agua, rodeado de dos mares, decenas de ríos, y un canal que se alimenta de agua los 365 días de año. Se ve más verde que en muchos lugares del mundo por las copiosas lluvias  y un solo que produce también un calor agobiante, una humedad constante donde  prosperan los hongos, cucarachas y comadrejas.

Su S dibujada  en un istmo entre las  Américas, uniéndolas, muestra su angostura y vinculación a los dos grandes océanos, el Pacífico y el Atlántico, y también el Caribe. Es como el cuerpo humano, tres cuartas partes de agua, así también la tierra, y después de todo sin agua no hay vida.

Una vez se detiene el diluvio panameño, se hace un poco de silencio, los cielos se despejan, el sol cae vertical y alumbra las mañanas y el atardecer se esconde detrás del mar, entonces ha llegado la estación seca.


Esta época se asocia a lo más parecido al verano en países con cuatro estaciones y la naturaleza también se expresa de manera particular y para cualquier observador el cambio de colores y la caída de las hojas de los árboles, esas interminables alfombras, convierten la estación también a la estación seca, en un Otoño. La brisa que remueve las hojas  y dispersa la hojarasca, ambientan estos meses tan  singulares, que nos regala la naturaleza tropical. La naturaleza tiene sus ciclos y colores, está viva como cualquier organismo y nos enseña sus secretos. Uno de ellos es la explosión de flores del Guayacán, con su amarillo intenso se muestra por distintos puntos de la ciudad y se hace inevitable no dedicarle algunos segundos de observación. Es un lujo a la vista en estos tiempos grises, opacos, sombríos. Siempre que los veo estallar en esta época del año, pienso en los ojos de Van Gogh, como gajos amarillos que aparecen en las calles, se divisan a lo lejos, porque son intensos  como sus inconfundibles girasoles. Va pintando con la mirada, el gran Vincent, se pasea por el istmo sonriente como si todos los colores acudieran a su paleta y él en el idioma de un misionero iluminado se adentra en su presente con su propio evangelio.

 Su color era todo lo que podía pintar su paleta y sobre todo, su imaginación sin límites, que viajaba en la luz. Siento que Van Gogh está vivo no solo en sus girasoles, en sus soleados amarillos, que sigue respirando a pleno pulmón quizás en una de sus estaciones favoritas de los Cuatro girasoles. Pintaba en vivo hasta  que los girasoles se marchitaran en su amarillo favorito, el color de su devoción, la luz del sol, un dios que no necesita hablar.

El amarillo era su color favorito (¡Qué hermoso es el amarillo!) según consta en las descripciones que le hacía a su hermano Theo en la cartas que se enviaban. Sentía desde su interior que le arropaba. Al parecer el calor humano, siempre le sería esquivo. 

Las alfombras amarillas en que el istmo transforma el pasto, la grama de sus parques, avenidas y que devoran el paisaje verde del invierno, son  las telas de los girasoles de Vincent y rinden un cálido homenaje a los intensos veranos de Panamá, a su época seca que neutraliza  su intensa lluvia tropical donde las edificaciones humanas pueden llegar a desaparecer detrás de la intensa lluvia.

Me pregunto aún: ¿Por que no vino Van Goh en vez de Paul Gauguin, que no pintó una mísera tela en la isla de Taboga?


Rolando Gabrielli2023

jueves, marzo 16, 2023

La noche del guayacán

Ninguna noche es más clara,
que cuando el olvidado  guayacán
en el verano,
comienza a florecer en marzo.
Este  quince dio sus primeras tímidas flores,
en lo más oscuro de la oscuridad
y  sabe en el secreto de la noche,
 que al amanecer se convertirá
en brillantes  luciérnagas en flor.
Rolando Gabrielli2023