viernes, julio 30, 2010

Ellísima


Ellísima,
abismo del aire,
una ave rota
hermosísima
al otro lado del mar,
elevándose
estrella fugaz.
Rolando Gabrielli©2010


La poesìa



La poesìa
cuadra el cìrculo
en el poema.
Rolando Gabrielli©2010

miércoles, julio 28, 2010

La imagen Kafkiana

No seas envidiosa(o), conozco a este autor, se que me lee, donde vive, le gusta el sello personal, una cierta originalidad. No ha terminado su artículo. Conozco de sus  dificultades con su PC y en que ha andado en estos dias. Escribe desde el  Sótano, el lugar que yo priviligié para mí mismo y nunca utilicé, porque no es fácil asociarse física y espiritualmente al fondo de lo que no se ve. Hay tanta basura en Internet, para que te preocupas de nimiedades, el artículo no está terminado, no te vayas  sólo por la imagen que es, sin duda, un complemento. Yo mismo dibujaba. Me gusta este estilo, como yo hacía, todo inconcluso, porque la idea es que nada  quedara para siempre.Mi futuro, era el olvido. (Te recomiendo hagas con este autor, circunstancial, bloguero que llamas con tal propiedad como si le conocieras)  Ahora dicen que aparecieron textos y dibujos míos en Zurich, Suiza. Estaba màs que olvidado de todo ello, ya que los envié a quemar a mi  amigo y  querido Max. Te gustaría que llamara, maldito Franz? ¿Que otra ridiculez se te ocurriría que le dijera a estas alturas del mundo kafkiano? Cuantas vueltas siguen dando las palabras y tú, insensata (o ) preocupada/o por algo insignificante y además inconcluso. Atiende la transformación de Gregorio Samsa que algún día puede tocar a tu puerta. ¿Eres dibujante o pintora?  Si así fuera, el dibujo  es una representación.
 Este puede ser un autor distraído,  atropeyado por el tiempo y la tecnología, censurado por las circunstancias de la arbitrariedad, pero su trabajo y oficio son las palabras. No requiere de "robos", como calificas con tanta certeza de justiciera (o). Te recomiendo que lo leas con cuidado. Tiempo y mesura, reflexión, aprovecha, que le dedica mucho tiempo a la suma de las cosas, la belleza del lado oscuro, el brillo d elo imposible, a la  poesia, a la vida de la vida y las palabras. No te apresures. Confia en su transparencia. No distraigas al lector con banalidades, tonteras, estupideces, es un buen principio. La red esta plagada de plagios y retórica impúdica, notitas que se desnudan para la risa del lector  formado.

martes, julio 27, 2010

You Tube kafkiano, oscuro, oscuro




Desde el amanecer del Sòtano
(dibujos de Luis Scafati)
Querido Gregorio Samsa, acabo de ver hace unos dìas un You Tube, un instrumento verdaderamente kafkiano, que es como un largo cancionero donde se incluye la vida, honra y  muerte, todos los parèntesis de las ocurrencias, habilidades, creaciones, debilidades y egocentrismo jamàs soñado, un inclasificable espectàculo de la banalidad, exhibicionismo y tambièn del arte humano en las diferentes especialidades o ramas de la cultura. Imagen y sonido. En cinco años se ha transformado en una màquina de moler carne de los sentidos y del tiempo humano. Arrebata las hormonas como papel secante, hipnotiza a millones de millones de personas en todo el mundo. Literalmente hablando te sientan frente a un carrusel màs empinado  que una montaña rusa que nadie maneja y solo vez la nariz del Everest asomarse como una bailarina aturdida por los aplausos. La nieve aun conserva su solemnidad. 
En You Tube, K,  la persona tiene la capacidad de  colgar y colgarse como un mono frente a su bananito, rascarse la cabeza y dar hasta gemidos frente a la pantalla. You Tube, sabe mucho, no deja nada por fuera, saca, exprime, todo lo que puede del ser humano. Le pone miel a su propio panal. Por fin un conejillo de indias que se mira complacido a su propio espejo y se divierte de los demàs, de sì mismo, se hace notar, convierte en  protagonista y colisiona con las verdaderas estrellas del momento inalcanzables y brillantes.
Te vi y nos vimos/sin tocarnos a la distancia/como el humo/que sale de una chimenea/ huyendo en las voces, sonidos/en   las palabras partimos sobre un ordenador petrificado/como  una piedra digital/nos mira obsesionado/mudos/esperando que escalemos la montaña/màs alta/màs alta/que la nube/que no nos deja/entrar al paraìso/ni ver el bosque/del otro lado.
En You Tube, mi querido Gregorio K. Samsa, mi escarabajo favorito, te vi en tu transformaciòn  perfecta, completa. Despuès del proceso humano, te quitas la caparazòn por completo, ahì, en el agua temblando, en un acto que supera al màs fenomenal mago transformista, en algunos segundos, eres otro y tu antigua caparazòn pertenece  a un ejemplar ya muerto que expulsas con tus patas  como un desconocido. Siento que te haz desecho de ti mismo, renovado  en una nueva pertenencia, recuperado de tu antigua historia y como si  lo real asumiera el sueño màs fantàstico que alguien pudiera tomar y dejar al mismo tiempo.
¿La pesadilla màs que el sueño del soñador? Son tantas las preguntas, que las respuestas se niegan a aparecer.Tropieza la caparazon con el cuerpo. Quien despoja a quien. Del lobo un pelo y del escarabajo su caparazon. Quien lo dijera  alcanzar esta popularidad inmerecida.
Esta historia continua....

domingo, julio 25, 2010

Vivo
sobrevivo
mal vivo.
Arte de mala muerte,
¿sòlo en el verso
 puedo amarte.?
Rolando Gabrielli©2010

sábado, julio 24, 2010

El  lenguaje puede estar
aparentemente herido, cojo, miope,
mudo, torpe de palabra, irrespirable,
mendigo, mezquino, escaso,
digitalmente corrupto, enredado,
tullido, asfixiado, impresentable,
oxidado, castrado, pajoso,
manoseado asquerosamente
como lombriz arrastràndose,
anorèxico, baboso, banal,
como una tuberìa de alcantarillado
irreparable, tòxico, con su hollìn
de locomotora desahuciada.
Aùn asì,
me gustarìa enviarle un mensaje,
si el tímpano huèrfano,
en la sordera de su silencio
de hueso ocioso muerto  atormentado
me permitiera entrar con el rayo azul
de este poema,
porque el abecedario
sòlo esconde el fruto,
la mariposa del gusano,
la palabra que no ha muerto.
Rolando Gabrielli©2010

viernes, julio 23, 2010

El sol gruñón

Esta es la descripciòn del cuadro
Los àrboles verdes
que conforman y dan vida
a un paisaje
El parque y la lluvia
que pone en movimiento
las hojas que caen
Segùn palabras de su autora
Sòlo el sol està enojado.
Rolando Gabrielli©2010

miércoles, julio 21, 2010

Los ganchos de los chinos y el Búho

Lo de los ganchos no son un cuento chino. Era el tema del cumpleaños. Ese triàngulo galvanizado, metàlico, que duerme con nosotros en el closet. Se refererìan a este modesto, útil  y servicial aparatito domèstico, como una plaga procedente de las lavanderìas chinas. Yo me circulaba en medio de las palabras por la muralla china  y me detenìa en la Plaza de Tian` anmen frente a un gato que parecìa tan perdido en la conversaciòn como este bìpedo. En la Plaza de la Puerta Celestial  al menos existe la oportunidad de entrar a algùn lugar donde la promesa de la felicidad està implìcita en la esperanza personal. Son dos leones los custodios de la Plaza, pero el gato que vislumbrè  era  màs fuerte que la sombra de  todas las palabras dichas en Tian ` anmen. 
 Los ganchos, adquirìan la fuerza del demonio y se sumaban como ejèrcitos  incontenibles en las lenguas que los delataban como unos indeseables, intrusos cuando menos. Vienen con su mirada triangular, ciertamente indefinida, porque no se sabe hacia donde apuntan sus ojos. Como si vagaran, digo, en su propia plaza, o triángulo interior en este caso. No entendìa el frenesì verbal, la revuelta y se hablaba de expulsarlos delas casas. Donde se encontraran, era la consigna, ademàs aceptada sin mediar matiz alguno. ¿Y si los ganchos tomaran una contraofensiva y decidieran abandonar los closet y  los flamantes trajes, almidonadas camisas y pantalones en lìnea, se desplomaran  como bultos de ropa vieja? Eso, no serìa anda, se volverìa a la lavanderìa del chinito.  O que dejaràn volar las ropas desde los tendederos, en el patio de la casa, en  las azoteas de los edificios, allì en los balcones y el cielo se llenara para siempre de calzones , sostenes, faldas, y de toda la intimidad de sus dueñas en sus cuartos y baños.  Una rebeliòn de los ganchos podrìa ser un triàngulo perfecto para conocer el interior de las personas.
Quizàs podrìa darse una situaciòn màs peligrosa, de enfrentamiento directo  y los inocentes ganchos reclamar su lugar, bajo el lema: ¿para què fuimos hechos y nos  trajeron a su intimidad?  ¿Alambres, simples alambres de colgadero? ¿Todo ocupa un espacio, para què  empujarnos antes de tiempo al cajòn?
Valen un centavo, se les pueden dar a los chinos  a ese precio, ellos los recibiràn. Pensaba en un gran arrosal cuando cruzaban las palabras, mezquinas, anodinas, sibilinas. La montaña alta ajena aparentemente y el arrosal silencioso bajo el agua. Las manos suaves y lentas bajo el agua. Nadie màs que el arrosal y  muchas manos en el mismo movimiento bajo el agua. Esas manos  son las que ahora ponen los ganchos a la ropa, posiblemente.
¿Y si las chinitas ya no los quieren porque compran ganchos nuevos y no necesitan los usados? Las mujeres no cedìan en su tema, ni estaba dispuestas a quedarse con esas raquìticos cuerpos triangukares en su casa. Estorban, no dejan espacio, los odio. Las bilis, la vi correr con mi padre, unas tìas, unos compañeros en la escuela, en la universidad, en el trabajo, novias, mujeres, muchas mujeres, la bilis, me dije  vuelve a existir, siempre estuvo, tiene hasta color y habla.
Volvì a fijar la vista en la realidad presente: la piñata en forma de Làmpara de Aladino. Me parè y la frotè  pedì un millòn de deseos, pero hablè a sólas con èl Genio que se tomaba la cabeza, subía y bajaba de su alfombra màgica como si el tiempo y la velocidad no le alcanzaran para tantas peticiones. Roja como las alfombras màgicas y màs seguras para cruzar todos los vientos de la historia y esa  nubes locas casi en sfumato volàndose.
La tarde estaba tropical. Habìa llegado montado en mi arcoiris. Una cerveza, dos, tres. Todo en  calma. El horizonte es la mejor vista en estos casos. La màs lejana, ausente, la que no està  y se vislumbra. La que pide una cuarta màs. El atardecer se dejaba estar y contemplar. Todo  comenzò y estaba despidièndose. Asì son los dìas. De uno en uno. Brincan ejemplarmente el calendario, sin atropellarse. Cuando lleguè a la casa unas alas revolotearon cerca de mi automòvil al bajar y volaron, como saben hacerlo. Era  el viejo Bùho que me espera en las noches, porque en verdad esta historia me la contò antes de salir. Rolando  Gabrielli©2010

martes, julio 20, 2010

Cuelga desnudo

El amor
cuelga desnudo
como una soga
sobre el cuello
de un àngel
y se hace irrespirable
hasta que vuela.
Rolando Gabrielli©2010

jueves, julio 15, 2010

Ojo al ojo de Millàn


Ojo al ojo,
de Millàn,
donde pone la palabra,
està el poema.
Rolando Gabrielli©2010


Me gusta volver  a los poemas de Gonzalo Millàn, como un viejo soldado del Ejèrcito de Salvaciòn, fanàtico, ciego y detenido al mismo tiempo en una esquina cualquiera del tiempo y la vida, sin que nadie  me atienda, ni escuche. A buscar un beneficio anònimo, sin otro intermediario  que el esfuerzo personal. Soldadito de trinchera, sin ninguna posibilidad de grandes ni pequeños titulares, neones de la oscuridad, mis coetàneos aplauden frente al mar y la cordillera hace eco. Otros suscriben la antologìa de la Patria. O el gran premio de la posteridad floral de los juegos y  la primavera eterna.
 La palabra  en el desierto es un grano de sal y arena. Norte y Sur, Millàn el màs precoz de todos, sin duda   artesano, dedicado, laborioso, moroso y voluptuoso seductor de la palabra, con su esmeril encantado. Recuerdo aquellos paisajes de su propio oficio sobre una amplia mesa, rodeado de diccionarios, autores, escribiendo a mano sobre la  hoja en blanca, a veces tan estìtica. Su antigua casa en las faldas del Cerro San Cristòbal, en las proximidades de La Chascona nerudiana o  en Tobalaba, Ricardo Lyon, donde Santiago le remara el cuerpo, sus muebles, biblioteca y mujer. El poeta no depende de sì mismo, ni su escritura de una  sola palabra.
Es un ejercicio solitario, empujado por viejas memoriosas lecturas y los recuerdos, imàgenes, obsesiones compartidas, circunstancias, una època irrescatable. La primavera  y los veranos como telòn de fondo de un conjunto de olores que se traducen en una manera de estar, sentir, pasar, ser, respirar.
En Limbo City uno tiene el tiempo para el juego del pasado, dejar que la hoja liviana tome altura y  no se haga necesario registrar si las nubes acosaron  con sus retazos blancos el  cielo azul invicto de la mañana.
La poesìa de Gonzalo Millàn es como la yema de sus dedos, tàctil y visual, recurrìa a observar lo inesperado y creo le gustaba tocar la madera de sus versos que ponìa en 9 versiones hasta dar con la última que es la definitiva. Jugaba  con la miniatura de la palabra y los objetos que construìa con cajas y palos de fòsforos. Levantaba un universo a la medida del  asombro y cotidianidad, al uso de los materiales visuales, manuales y siempre se remitìa a la palabra. Los poetas objetivistas estàn en sus  sentidos y textos,
Relaciòn Personal interpreta, recrea y rehace los primeros pasos del amor y la adolescencia, la pareja que dibuja y desdibuja en sì misma, su ventura iniciàtica. En el orden de los dìas y la poesìa, un primer libro, que se convierte para el lector màs exigente en un fruto maduro: el poeta ya habìa plantado la semilla en la tierra.
Miro y me miro en las dos ediciones de Relaciòn Personal, la original, pequeña como una persiana verde que esconde  a dos còmplices. Contraportada verde, el jardìn del amor, donde se gana y pierde, la rosa y la espina. Esta ediciòn data de 1968 y contiene  42 poemas que son alfilerazos al corazòn de un lector que va dispuesto a entrar en un libro que contiene  el ritmo de la vida, sus olores, sabores, encantos y desencantos, la experiencia de un buceador que sabe reparar el dolor con humor, que conoce sus limitaciones, sabe encontrar en la memoria un mejor presente. Se siente la pelusilla de los dias adolescentes. El fruto puede caer o no en la palma de la mano del joven, pero la palabra està madura. Un libro que todo iniciado en la adolescencia debiera leer con los ojos bien abiertos, porque es un libro para hacerse còmplice del autor y entrar en el paisaje dorado, oscuro, ìntimo, divertido de un muchacho que no llegaba a los 20 años o los rondaba al filo de la navaja juvenil, la màs filosa de todas. Màs que subjetividad en Relaciòn Personal, hay objetividad  de los subjetivo, el ojo cruel, gozoso, amoroso, irònico, ridìculo, de la vida  y de la relaciòn con la pareja, compañera, amiga, los objetos, el paisaje, las circunstancias, la memoria y todo lo que te rodea y desprende de si mismo.
Relaciòn Personal vuelve a editarse el 2006, como portada el rostro de  Millàn, en blanco y negro y las dimensiones del texto son muy superiores a las del original. Incluye  un total de 47 textos, pero a mì lo que màs me interesa de esta  nueva ediciòn aumentada  es el Apèndice, donde se incluyen tres poemas largos escritos por Gonzalo a los 19 años y que fueron editados, dos de elllos, en ediciones Orfeo, una revista que incluìa a los futuros grandes poetas chilenos o al menos los que figuraban por ese entonces. No es por la edad  del autor, que me llaman la atenciòn, sino por su originalidad, calidad, estructura, manejo  artesanal de la palabra, oficio, y belleza de su contenido, el significado que vemos detràs de las palabras.
No sè, como dice Alejandro Zambra, editor de la segunda Relaciòn Personal, que Millàn le debe màs a Flaubert o a Robbe -Grillet, que a Neruda. Lo que si  pude comprobar  en la mesa de disecciòn del poema, es que Gonzalo usaba el mètodo del biòlogo, un cuidadoso examen de la materia prima y una comparaciòn continua de un trozo o espècimen con otro. Es lo que recomienda Ezra Pound en el ABC  de la lectura. Admiraba a Huidobro, lo supe por sus  propias palabras: Cada dìa se me crece màs Huidobro, me dijo. Lo veìa con Apollinaire. No era lector de una sòla lectura.  Estàn los poetas malditos  a los que todos levantamos una y otra vez un altar en nuestra adolescencia y de manera merecida. Santones de una iniciaciòn necesaria. Millàn, como Parra, como todos los poetas chilenos que buscaban su propio camino, intentaban escapar de la influencia nerudiana. Màs que comprensible respirar con la propia sombra, aunque fuera coja, desvalida y anduviera a tientas, huèrfana.
La fuga de la hija ùnica, me parece extraordinario,  un texto   que se inicia con una advertencia de la hija a la madre, pero que es màs que ello, simplemente una certeza de lo que va a ocurrir irremediablemente, como un relato cuyo desenlace serà inevitable. La muchacha sabe  todo de antemano y le pide protecciòn quizàs para que no ocurra lo que tal vez ve como felicidad: Tàpame con el plumòn azul de la infancia, un verso de resguardo, dèjame seguir siendo niña a tu lado. Pero ella ve claro a su pretendiente y lo describe con detalles inequìvocos, que yo dirìa, la certeza de la aventura y el amor. Trae un sol tatuado en el brazo//y una mancha de petròleo en la mejilla. Imàgenes claras que reflejan su decisiòn y el conocimiento de su amada còmplice a travès del relato del poema, el texto sabe todo: Èl viene a travès de los rieles/despertando durmientes con su voz de campana./Ya cruzò el puente/y sus pisadas/ se fueron como  balsas por el rìo/El ya llegò al  bosque y dos  ramas de aromo/ van borrando sus pasos. Su paso no deja  huellas, sus pisadas nadie las encontrarà, todo un enigma, y la hija le da nuevos datos a su madre: ÈL viene solo y ademàs le  da una salida, porque aùn està a tiempo de retenerla a su lado. Di a los barcos que salgan al camino//y que con sus redes lo atrapen como un lobo/ y advierte, pero èl los torearà, madre con su pañuelo/ y les tirarà puñados de arena en sus ojos. Di, madre, a los carniceros que abandonen sus locales/ y salgan a detenerlo con sierras y cuchillos. Pero se ve que  viene preparado, dispuesto  a todo,  èl bajarà su estrella que tiene cogida en un hilo/y con su honda de espino les pegarà en el pecho. Llama a mi padre y dile que abra el ropero//y que dispare,dorada, su escopeta de ajìes/Escucha, madre se acerca La rodilla tiene abierta un pantalòn de mezclilla/y en su camisa sucia hay agujas de pino/Dile a mi padre que tome el hacha/yvaya a cortar los rieles/Madre, sàcame los ojos con un gancho de ropa/ytàpame los oìdos con cera de abejas...Es decir, impìdele que me lleve, pero es tan improbable, que de todas maneras te aviso, comunico y pongo en autos. Pero sigue argumentando con videncia acerca del peligro, el riesgo que corre ante lo inevitable. En sus bolsillos trae una argolla de cortina y mi canciòn favorita sale de su pecho/Dile a los niños que  vayan a meterle miedo/que dibujen rostros de  fiera  rojos carbones/Escucha, madre/se aproxima/Di a los pájaros de vidrio que le hagan zancadillas/Di a los cerdos negros que se coman sus dedos/Que èl se llevarà mis pechos como dos sombreros/y mi sexo ondearà en el suyo como un pañuelo. Lo inevitable siempre parece inevitable. Madre, que tengo miedo/padre, silba a tus toros./ Madre, bùscame un hermano/El vagabundo ya llega con sus manos de fuego/y siento sus caracoles verdeando mis piernas. ¿Còmo evitar, neutralizar la fuerza del deseo? Madre. Padre. El vagabundo/Que abandonen la taberna los ociosos y los ebrios/con sus bocas de barriles, emborràchenlo de vino.
Madre, el vagabundo...quebrò los màstiles con sus manos quemadas/partiò los cuchillos blancos de los carniceros/escupiò los ajìes de la escopeta dorada/los hilos del tren reparò con barro/les pegò en el traste a los niños que le asustaron/quebrò la zancadilla de pàjaros con su zapato roto/marcò el lomo de los cerdos con su mano de fuego/estrangulò el vino azulenco que pateò en su vientre/
Madre Padre/El  vagabundo llega/ Ambos progenitores estàn avisados, ya no sòlo es la madre, la primera en proteger la honra y vida de la hija. Siente que ella no puede sola a lo largo del poema recurre a otros poderes y fuerzas.Ha sacado el plumòn como una hoja de mis brazos/Me ha marcado la frente con su mancha de petròleo//y ha puesto la argolla en el cuello de mis senos.¿Quièn puede detener la lìvido compartida?
Madre, padre, el vagabundo ha llegado/Vagabundo, vagabundo, nos alejamos por los rieles/Mis pechos  penden de su espalda como dos sombreros/Vagabundo...Vagabundo.../Mi sexo flamea en su sexo como una bandera/Madre...Padre...Vagabundo.../Mi amor me lleva por los rieles.
El tercer texto  de Apèndice de esta ùltima versiòn de Relaciòn Personal, se llama Desierto, un tema que siempre me ha motivado y puesto alas a mi memoria y pasiòn por ese espacio de nadie y de todos, tan personal, ìntimo, dueño de sì mismo y  que nada exige. El desierto son sus propios recursos, fuerzas, la paciencia del dìa a dìa, su humildad hipnòtica frente a los elementos que le rodean y asedian, ante el viajero que no se cansa de visitarlo. Convivir con èl, es otra cosa. Tuve esa experiencia por unas dìas y noches, en la soledad de sus caminos salobres del norte chileno, con su camanchaca que huele a otro tiempo y se impregna en los pulmones. La humedad que la aridez  pareciera confundir, el desierto la entrega en sus noches y amaneceres,  y en el dìa el sol vertical quema, es dueño absoluto y es el mejor traductor del clima del desierto. Viene de siglos este tiempo silencio, pasivo, siempre en espera, alucinado por su propio tiempo.
El desierto es la armonìa con la nada y con todo, un acto tan personal de reunirse consigo mismo. Capaz de usar espejismos para brindar esperanza al màs extraviado de sus seguidores, pienso que no tiene lìmites en su compasiòn y creatividad. El desierto se autohabita y tambièn el hombre  le acompaña sobre la superficie y se adentra en sus minas, en la riqueza de sus vèrtebras, y hace de la roca algo màs que  silencio y olvido.
¿El desierto està para magnificar o apreciar la soledad? ¿Su objetivo es superar el tiempo? ¿Su belleza radica en su silencio o en lo que dejamos de escuchar? El desierto no se mira en el tiempo que dejò atràs, ni se prepara para el mañana, son otros los interesados en ver las cosas distintas, aunque el desierto que yo conozco, cambia de colores, temperaturas, pero se mantiene firme, permanece en lo que es.
¿Quièn ha dicho que el desierto se divierte? Es la pregunta rotunda del verso con que  Gonzalo Millàn inicia  sus 29 versos  sobre este espacio extremo que ocupa un tercio de la tierra y esconde el misterio de la discreciòn por propia voluntad. Yo lo he visto, viejo, y con la barba seca y entierrada//sentado en el cràneo de una vaca/Y no se rìe con las piedras como dicen /Ni juega a la ronda/en las mañanas con los cerros (¿Recordando a la Mistral?) Ordena sus viejos tarros de conservas/donde guarda tierras de colores/y sale en las tardes, con un sombrero de polvo/a recoger papeles en la lìnea de los trenes/Los domingos, en un remolino de arena/baja a la plaza de piedras del poblado/y levanta  las faldas de las muchachas/que salen de la iglesia/Pero se equivoca quien  dice que se divierte/Dirè que  en las noches, solitario/cuando escucha el remedo de los trenes/coge piedras pàlidas como làgrimas/y quiebra ventanillas con sollozos y alaridos. Este desierto de Millàn es un desierto que sufre su condiciòn de tal. Desde un principio nos enteramos que no està a gusto con la reparticiòn de la vida. Un personaje adusto, desamparado, y la soledad no le viene como modo de vida, ni es el aspirante a sòlo ver pasar sin consecuencias. El desierto no sòlo  se mira interiormente, sino ve que  màs allà de su lìmite se termina el desierto, aunque desconoce que toma otros caminos, cauces, maneras el espacio y el hombre que le habita para crear su propio desierto.
Pero no es nada, suena/ y se pierden/y queda silencioso el viejo del desierto/Ordena su museo de espectros/mira sus piedras/patea sus tarros oxidados/y va con el esqueleto de su perro/a sentarse a la orilla del camino/a mirar si viene un hombre, a lo lejos.
¿El desierto es humano? ¿Se humanizò? ¿Què espera el desierto y por què sigue creciendo si no està agusto con su aspecto? Este desierto del joven poeta se sabe pobre y de alguna manera va a la orilla de su propia vida  con la esperanza que llegue la mano del hombre  a cambiar las cosas. El desierto chileno, Pisagua,  es un lugar de extrañamiento, destierro, deportaciòn, exilio, privaciòn de la libertad para polìticos y personas  de izquierda. El desierto tuvo la oportunidad de compartir por distintas èpocas la humillaciòn del hombre por el hombre. Conocer la làgrima seca y el olvido, la pena del abuso de autoridad.
La Làgrima seca
Desierto/destierro/despierto/en el duro arenal/viento de la sal/mar de la ventana/paìs la làgrima rota/sin dientes pules la sonrisa/del muerto/el esqueleto la calavera/que el tren mirò al pasar/con su humo la locomotora/aturde el sol/las manos recogen sal/los ojos recogen sal/la arena recoge sal/la sal conserva la memoria/El mar, nadie/olvida losmuertos. (Rolando Gabrielli)
El desierto de Atacama (Pato Negro en quechua) es el que tengo en mi memoria y florece cada diez años, siendo el màs seco del planeta. Y sobre todo a su gente, cuyos rostros cincelados por el propio desierto no dejan impasible a nadie.
Rolando Gabrielli©2010

Carpetas de la mesa redonda

Cuando la PC sale de circulaciòn, el ordenador se esfuma y toda imagen o palabra deja de ser  digitalmente real, hay que recurrir a la vieja retòrica y oficio de las carpetas. De alguna manera siempre existiò un orden y un desorden casi perfecto. Procesar es el poderoso verbo que nos recuerda El Proceso de Kafka, en cierta forma todo es y no es.
En los infiernos tecnològicos, aquellos en que caen los inocentes, desprevenidos, incautos, se pueden borrar hasta las huellas de años de trabajo y al ingenuo poseedor de este aparato que contiene todas las palabras acumuladas en el Disco Duro, dueño absoluto de los materiales, textos, cuentos, poesìas, novelas, crònicas, correos, dibujos, fotos, imàgenes.
Mi PC, en este mar de infortunios, universo que crispa la punta de las pestañas, està en su trance, tras arrastrarse en la lentitud de sus dìas, semanas y meses, hasta ser despreciada por un tècnico a la violeta que la olvidò una semana y despuès la rechazò ofendido de inacciòn y de esa vulgaridad llamada flojeritis aguditis en compañìa del no me importa. Los tècnicos  son una suerte de divos, mezcla de detentores de  una sabidurìa y Lady Gaga. De todas maneras te miran por encima del hombro y te cobran lo que  estiman conveniente desde que acomodan sus doctos dedos sobre el teclado que pareciera reunir todas las respuestas.
En ese  impasse del retorno de la PC, el justo punto muerto de la humillaciòn, porque se le ve a ese trozo metàlico sin facha de nada, despreciado, descabezado de su monitor, que le da cierta alegrìa y vanidad aceptable, ya que es atenciòn obligada de quien se sienta frente al teclado, porque no puede hacer nada sin el ordenador. En ese minuto en que se encuentra arrinconada la PC en el piso, es muy poco lo que uno puede no decir por el despreciable tècnico y su mala leche. Eso lleva su tiempo, retener la bilis y no arrojarle  un escupitajo en señal de que el desprecio, holgazanerìa, mala voluntad, tienen tambièn su antìdoto. Pero los innstantes  pasaron unos  a otros se sumaron sin mayores consecuencias, sino lagunas de impotencia.
Y siempre  aparece un salvador, amigo de la criatura indiferente para buscar una soluciòn, que a veces complementa la desdicha y lanza la suerte a todos los infiernos habidos y por haber. Se llevò la PC para  hacer el trabajo en primera instancia, porque era cosas de formatear, limpiar, quizàs agregar algo de memoria. Pecata minuta. Pasan los días  y la errante PC no vuelve a su normalidad, hasta que el  rescatista la envìa por su cuenta y riesgo a un negocio chino ad hoc, el lugar donde se arreglan las computadoras, pase lo que pase.
En dos dìas llegò a mis manos. Ahora no estaba lenta, sino ràpida, como debìa ser, con nueva memoria,  algo màs, y sucediò que se trancaba. habìa que reiniciar y reniciar. Algunos programas no andaban. Hasta el inefable Yahoo se salìa con la suya, absolutamente retacado, se abrìa y cerraba como un reloj Cu cù. La PC no cerraba, simplemente se manejaba con totalmente autonomìa, esa de la esquizofrenia perfecta, donde se relaja hasta el ùltimo vericueto de la realidad. Intentè por la vìa de la paciencia, encontrar alguna respuesta de ella misma, porque consultar a màs sabios, ya era  un esfuerzo demasiado fuera de lugar. Aparecìan algunas figuras locas, avisos desconocidos, ruidos en el hadware, y de alguna manera entrè en un mundo fantàstico e inesperado lleno de sorpresas. El ùltimo  recurso fue parar, detener, empujar el botòn, no dejar  un sòlo movimiento màs a la vista. Cero libertad.
Comencè el proceso de desenchufar cable por cable. La subì al automòvil. Pasajero de al lado, no fuera ser que se bajara antes de tiempo, se lanxzara por la ventara, intentara una última maniobra, algùn recurso desesperado para autoolvidarnos. Bajè el vidrio y encendì el aire acondicionado. No fuera a ser  que se le tostaran los últimos circuitos y a mi los cables. Avanzamos como dos buenos amigos. Años juntos. Y todo iba bien. Nunca un virus. En noostros no estaba la corrupciòn informàtica. Estàbamos viviendo el  bloqueo del robt de Google, de una manera digna. Si le habìamos hecho frente con dignidad a tantas cosas. Inclusive al silencio.Los internautas hasta aquì habìan sido solidarios lectores.Seguìamos avanzando por la calle, una curva, otra, inmutables.Un llovizna nubosea el paisaje, refresca el aire, incomoda tambièn, el parabrisas hace su trabajo. El asfalto comienza a brillar y el cielo se opaca, nuboso, gris, amenazante para algo màs, pero se queda en sus preàmbulos. Llegamos le digo a mi frìa interlocutora, silenciosa, displicente, indiferente. A mì que me registren, pareciera indicarme sin el menor gesto.No conozco el lugar. Salgo sòlo caminando lloviznando mirando saltando corrriendo asomàndome al sitio probable preguntando màs adelante Los Tucanes se llama el centro comercial y llego.
Las vitrinas siempre entregan  alguna informaciòn, me digo. Leo, veo y de pronto entro  sin reparar por la prisa un detalle. Una chinita sentada en una escalera comiendo. Otra chinita acude  a verme. Tres chinitos cabizbajos  hurgando el corazòn de unas Lap Top. Todo se veìa normal.  Explique el caso y la chinita menuda, àgil, de razgos suaves, manos delicadas, me dijo: dèjala aquì para revisarla. Le mostrè "la garantìa". Y me fui algo in-tranquilo. Al volver ver la vitrina en su conjunto, ya con calma, observo a la derecha unas piezas de cerdo para ser cortadas, Un hacha sobre una madera, la carne roja. Pienso que me sorprendì.
Me preguntè que instrumentos habràn usado para mi PC.
Me fui con un montòn de ideas extrañas. Cual màs de todas. Competìan entre sì. No las querìas despachar de mi cabeza. Hasta que vi a  a un cerdo escribiendo sobre el teclado de mi PC.
A la mañana siguiente me llaman los diligentes tècnicos. Su PC està plagada de virus, su Windows no funciona, etc.etc.etc. Pregunto: ¿Entonces que le hicieron?. Nunca he tenido virus, estaba lenta, repito, pero andaba. Llamo al experto y conocedor del lugar para que se entiendan. Èl hizo la propuesta y ellos dieron la respuesta tècnica. Al final acordaron respetar la garantìa y solucionar el  tema. Veremos.
Por eso ando con mis carpetas, algunas, de decenas de papeles, documentos, etxtos de todos los tamaños e intereses. Las carpetas han ido tomando cuerpo, ellas mismas se bautizan de acuerdo con sus contenidos, y dirìa, estado anìmico y un cierto sentimentalismo. Son las Carpetas de la Mesa redonda, ellas pactan su espacio, tiempo, manejo, sus textos, intertextos e importancia en el aquì y ahora. Se turnan y varìan. Nunca estàn estàticas. Se brindan el espacio y el tiempo que pueden.Y todas pertenecen a lo que  ocurre  en el imaginario real de Limbo City. Tienen esa filosofìa que les concede el aire sobre el aire y bajo los pies, nada.
Son papeles, fragmentos de poemas, notas, textos inconclusos, material de apoyo, dibujos, mucha letra menuda,

martes, julio 13, 2010

Con esta campana
hablo a tu oìdo sordo
El eco reconoce de memoria
tu nombre y el silencio
que me oye
La campana
se escucha asìmisma,
pero no es sorda.
Rolando Gabrielli©2010