¿hacia dónde?,
no sabemos
si vamos
a regresar.
Rolando Gabrielli2023
Periodista, escritor y poeta chileno en Panamá
En el momento de mi confesión, en la hora
de mi más profunda necesidad
Cuando el charco de lágrimas bajo mis pies inunda cada semilla recién nacida
Hay una voz moribunda dentro de mí extendiéndose en algún lugar. Bob Dylan
A nadie puede caber alguna duda que Bob Dylan es un espectáculo dentro del espectáculo que brinda a su público con todo el poder del carisma de su voz y el silencio atronador que le acompaña en cada concierto.
El viejo Bob no siempre es el mismo Bob.
Fiel asimismo, prescinde de cualquier cliché que le recuerde que es, tal vez,
Bob Dylan o su más parecido espejismo.
Lo único que pareciera permanecer, es su
voz, pero lo que verdaderamente se instala en el espectáculo que brinda por las
salas del mundo con una gran frecuencia a
sus 82 años, es el escenario que le representa ante el público, y sobre todo,
el mito, la leyenda, la suma susurrante, un murmullo interior que mantiene expectante en sus
gestos y silencios, que parecieran un desprecio olímpico a la realidad del
momento.
Quizás si se le preguntara, se dejara
interrogar, para saber si él quisiera estar allí en ese momento tan esperado
para sus admiradores, respondería con uno de sus magníficos silencios, que son parte importante de su
legado musical. A lo mejor ni él sabe, ni sospecha, que su mayor desafío es
seguir siendo Bob Dylan, sin imitarlo, pero si intentar superarlo en la
intimidad, en sus apariciones que son un solemne público anonimato. Si no
supiera que la gente paga por ir a verlo, que quiere estar vibrando con los
sueños de su poesía, intentaría que cada presentación fuera desgravada, para
volver con una nueva, como si fuera su primer concierto.
Un
espectador novato a simple vista ve a un
cowboy con un sombrero alón, estilo
Clint Eastwood, apacible, ensimismado, nunca ausente, absolutamente dueño de su
paraíso perdido en el teclado de un piano cuyo teclado viaja entre sus dedos.
Se debe entender al momento que sube al escenario sin presentarse, ni llenar la
audiencia de sonrisas, palabras encantadoras, casi musicales, que se verá algo
distinto en la misma persona, que tiene como oficio no parecerse a ninguno de
la misma especie. No creo que luche contra sí mismo o un estereotipo que nos
hayamos hecho de él, más bien siempre se estrena, se ve en el otro que nunca es
el mismo. Sin duda, nunca usa el mismo espejo para verse dos veces la misma
cara, ese rostro que dice estar y no estar, sino ser.
A veces cuando
me refiero al inefable Bob Dylan, los jóvenes dicen no conocerlo, los más
avispados se preguntan asombrados: ¿está vivo? Si les digo, sigue cantando, tocando el piano, con su armónica y
guitarra, entrando y saliendo de sí mismo para complacencia de las multitudes
que acuden a encontrar algo nuevo para sus vidas. Bob, lo dice, contiene
multitudes, se considera un hombre de muchas contradicciones, y va donde las
cosas perdidas se vuelven a hacer bien otra vez.
La música, el
blues puede seguir con sus mágicos compases, su mutante melancolía con su
propio ADN y Bob Dylan como si nada, está recitando su propia oración, no
dejando nada en su confesión para una posible condena o penitencia. Lo ha
vuelto a decir, hace un tiempo en España, en uno de sus conciertos que da por
el mundo y puede ser una manera para que constatemos que está entre nosotros
como en sus mejores tiempos, aunque nunca sea el mismo, porque a lo mejor no le
gusta repetirse para darse cuenta que está vivo.
Rolando Gabrielli2023
Las huellas
no mantienen
su pisada sobre la arena,
que las
absorberá en silencio,
sin dejar
huella.
Rolando Gabrielli2023
¿Quién es
ese anónimo lector
que visita
secretamente mi poesía?
No espero
saberlo, es su propio
mérito, intransferible
que propicia
este
diálogo en silencio.
La poesía
tiene sus misterios
Y tal vez,
esa sea su razón de ser.
Rolando Gabrielli2023
El escritor
fantasma puede llegar a ser
el espíritu
de su propio fantasma,
Dejar una
huella, señal de su paso
por las
palabras que no suscribió,
pequeñas trampas
en un texto
del cual ya
no es dueño y cedió,
en virtud
de las circunstancias
y compromisos
de la vida
y sus
extraños y enigmáticos caminos.
Perpetuar su
estilo, el aroma indesmentible
de sus
palabras y pensamiento.
Piensa
amigo lector, cuando leas algo
y no es
exactamente lo que vez,
porque
detrás está el secreto oculto
del
escritor fantasma.
Rolando Gabrielli2023
se dibuja
y desdibuja,
en el asombro
de su sombra
y sombrero
de todas
las cabezas
y nombres
de su poesía.
Rolando Gabrielli 2023
no son pobres aves,
pero parecen pajaritos
en las carreteras, mares,
selvas, rutas sin nombre,
ríos, desiertos, fronteras.
Los cielos los ven pasar
con sus mochilas hambrientas
de futuro, por caminos
que nadie sabe hacia dónde van.
Sus cuerpos, ojos, pies,
llenos de geografías,
atravesados por el azar,
dejan su piel por un sueño
del que no van a despertar.
Rolando Gabrielli2023
al silencio que nos dejó.
No puedo decir que no estará más,
ningún escenario fue más grande
que su voz.
¿Más palabras para qué?
Rolando Gabrielli2023
La novela, un espécimen híbrido, de unas 400 páginas inconclusas aún, una ensalada rusa, pero bien hecha, con una prosa "cortazariana" (por darle un nombre), pero seríamos mezquinos, es muy propia de R. Denver (discípulo de la nada, plagiador de la vida y sus circunstancias), ese tipo de literatura que va y viene y se encuentra así misma para derivar, no sin sorpresa, en lo otro, al menos así se lo dijo, comentó la única lectora que ha tenido (tuvo) ese objeto en sus manos y frente a sus ojos hasta el último suspiro de su vida y lo repasó palabra por palabra hasta la última gota de tinta.
Quería verla en la librería y comprarla, adquirir ese texto, como algo que leería por primera vez, pero sobre todo sentir en sus manos el peso también de su vida, porque era, es, la protagonista.
Rolando Gabrielli2023
Sabían que el viento de la poesía sopla y nadie puede detenerlo.
Rolando Gabrielli2023
no alcanza a tocar la mano
de un Buda gigante
y ora frente a él
dos mil 500 años después.
Es su Dios y le señala el camino
del nirvana, su máxima aspiración,
alcanzar la felicidad plena del alma.
Rolando Gabrielli2023
los que hablan
en mi nombre.
En sus lápidas
están todas las palabras.
De ese silencio brotará
el silencio de los sin nombre,
la piedra fundacional de la memoria..
De esas soledades saldrá
la palabra para tiempos nuevos.
Rolando Gabrielli2023
orientados al viento
de las palabras
que soplaban de Norte a Sur
y viceversa,
porque en ese entonces,
no importaba de donde
venía el verbo amar,
sino conjugarlo
en primera persona
y así sucesivamente
sin pensar siquiera
en las estaciones,
porque éramos nosotros.
Rolando Gabrielli2023
Una tarde envidiable
me remite el paisaje
a sus formas y a la luz
que nos deja entrever
a cambio de nada.
Está ahí para ser observado,
por quien o quienes
solo se detengan
y admiren este cuadro natural,
que
pertenece al ojo
de nuestra época,
contaminado, por la estupidez
digital.
Rolando Gabrielli2023
Cuando el sol cae junto al mar,
su belleza
me ilumina, ciega,
siento que
solo hay lugar para el asombro,
queda en mi
retina algo más que un paisaje,
el tiempo
que solo el tiempo
sabe para
que existe.
Rolando Gabrielli2023
a merced de las tecnologías,
bajo el siglo de las cosas,
he aquí la palabra
que no se rinde ante nada,
advertida solo su presencia,
omnipresente.
por estar y no estar,
ser en el ser,
memoria en verdad
de lo que somos
y no dejaremos de ser.
Rolando Gabrielli2023
La pureza
no está en el ojo,
que la mira
y recrea
sin que
nadie se lo pida
espontáneo,
de fe,
a la medida
de la belleza,
inmutable, que
se reconoce
en su
propio arte,
la belleza
cala.
Rolando Gabrielli2023
Una tarde
envidiable
me remite
el paisaje
a sus
formas y a la luz
que nos
deja entrever
a cambio de
nada.
Está ahí para
ser observado,
por quien o
quienes
solo se
detengan
y admiren
este cuadro,
que pertenece al ojo
de nuestra época contaminada,
por la estupidez digital.
Rolando Gabrielli2023
para que el silencio
ocupara su lugar.
La naturaleza,
siempre nos deja
sin palabras.
Rolando Gabrielli2023
Es hoy,
inevitablemente
el día se refleja casual
en un calendario
de peluquería.
No es más
que eso,
un presente inmóvil,
filosóficamente hablando,
algo
patéticamente ordinario
y si buscas
un poco de asombro,
traza tu
propia fórmula
en la
pizarra negra de esta mañana
y no eres
precisamente
el mejor
alumno de la clase,
improvisas
unas cuantas estrofas,
un par de
anécdotas repetidas,
algo de
historia mal digerida,
poesía pasada de moda.
Ya vez,
nada brillante,
porque el
día esconde
sus mejores
cartas
al azar, a
lo inesperado,
al viento
que sopla del mar
su brisa de
un verano tardío,
que arde en
nuestra memoria
y nadie se
mueve para decir
lo
contrario.
solitario, obstinado
ejercicio milenario,
mide mi tiempo
que en vano sucede.
Cada grano de arena
construye su propia memoria
y siempre vuelve
impasible,
inevitable,
a una misma hora,
a su tiempo,
Rolando Gabrielli2023
Rolando Gabrielli2023
El cactus
ha crecido
al tenor y
compás
de su
armónico silencio,
a la deriva
de las fuerzas
de su bella
anarquía
y con
orgullo enseña,
sus descuidados
movimientos,
que
esconden sus espinas.
Rolando Gabrielli2023
El tiempo se detiene sin
saberlo,
solo veo
máscaras que me miran,
sin sorpresa, nada nuevo
en esos ojos, gestos ensayados
por otros rostros,
es un pasado que desconozco,
y acude como parte del paisaje,
del cual pudimos ser fragmentos,
de esa memoria,
restos de horas muertas,
lo que siempre vuelve,
en cierta medida,
al mismo lugar.
Rolando Gabrielli2023
sé que no me está mirando
-no puedo ser tan vanidoso-
me digo,
y al verme al espejo
esa mañana,
sé que él,
estuvo ahí.
Rolando Gabrielli2023
lo escribe quien lo lee.
Siempre detrás de la palabra
hay un nuevo argumento:
nuestro propio poema,
en permanente construcción.
Rolando Gabrielli2023
Lees el poema,
no te dice nada,
pero pareciera que
todo
está escrito,
cada palabra es
la que es
y es posible
que el poema
te esté
observando,
de pies a cabeza
y no encuentre
la explicación que
tú
buscas de él.
Qué enigma son las
palabras,
cuando en un
puñado
de vocales y
consonantes,
nos dicen tantas y
ninguna
de las cosas que
aparentemente
no logramos ver.
Da vuelta las
palabras,
sugiero yo,
como un aduanero
registra
la mercancía que
necesita
certificar y
aprobar
su entrada al país.
Tú, a tus sentidos,
le abrirás una
gran puerta
y verás esa
espléndida ciudad
de vivos y muertos.
La Tierra baldía,
pudiera ser otra
cosa,
tiene como todo
verdadero poema,
algo más detrás de
las palabras,
ese gran coro de
voces
que habla por
todos nosotros.
Los poemas más simples,
no lo son ni a simple
vista.
Desaparecida, aparentemente,
tal vez el
cuerpo no está aquí en esta presencia
que es ausencia, intangible, quizás,
cómo saber
lo que no vemos, carne y hueso,
la que
alguna vez nos habló y sonrió
para que la
frase fuera más que el silencio,
una
atmósfera real de lo visible y vivido.
No es
memoria lo que el cuerpo dice y reclama,
espera el
deseo se haga tangible,
convierta
todas las aguas en un mismo río,
lo que somos,
finalmente.
Rolando Gabrielli2023