
La policía sospecha, es su trabajo y deber. Y más aún, dar con los culpables. Para eso la sociedad confía en ella y la remunera. Este es un ideal de sociedad, pero no siempre ocurre así. La poesía se hace cómplice, por error, omisión o participación, en un delito. Ahora, en Vallalodid, España, resulta que anda detrás del cómplice de Jorge de León, un parapléjico de 53 años, que ha involucrado alguien en su propia muerte. ¿Ya no podemos escoger a nuestros amigos? La noticia acabo de leerla en El País de España, primera plana, un domingo de lluvias torrenciales en Panamá. (Mientras recuperaba la señal Internet, bajo la fuerte tormenta tropical, veía la TV Cable y ya Boca Junior era campeón en Argentina).
La policía ya tiene el cadáver de Jorge de León, desde el jueves para ser precisos. Esa es la primera prueba de que hubo un “delito”. Su hermano Carlos, reveló a la agencia Efe, según El País, en nota suscrita por FERNANDO DE LUIS-ORUETA, que Jorge habría ingerido algún producto que le causara la muerte, porque se le encontró junto a un vaso. “Estaba preparando su marcha”, dijo textualmente.
En agosto pasado abrió un Blog, donde desnudaba su existencia con desencanto, profundidad: “Tengo el excepcional privilegio de poder pensar y escribir desde la desesperanza, desde el final de la vida”. Era un anuncio indudable de su partida, o al menos una señal. Vivía conectado a un respirador. Una máquina que entrecomilla la vida, oxigena la muerte.
Escribía bajo el seudónimo de Lucas S. y se presentaba como un “adulto pentapléjico desde el 2000 por lesión medular en C3”. Un dispositivo acoplado a su cabeza le permitía manejar el ordenador a pesar de no poder mover más que los labios.” Textual de El País.
El 2 de mayo, 48 horas antes de morir, entró por última vez a su Blog, una Bitácora de Muerte y subrayó, reveló más bien un frustrado intento de marcharse por la mano caritativa de alguien: “No debería estar aquí; una nueva, digamos, contingencia humana ha vuelto a frustrar el poner fin a esto, justo cuando el resto de circunstancias eran idóneas y mi predisposición fuerte”, escribía. “Aún me queda alguna maniobra delicada y soy responsable de no perjudicar a nadie”. Algo había salido mal. Y sigo citando textualmente a Jorge de León y a El País: “Tenemos poderosos mecanismos que hacen que situaciones potencialmente letales como el ahogo, las alteraciones de la tensión, el vértigo, el dolor del corazón, etcétera, las sintamos con aguda angustia y reaccionemos reflejamente con vivo rechazo […]. Se hace muy difícil con estas limitaciones acabar sin garantías de no pasar por momentos angustiosos”. Y concluía esta reflexión con la petición un cambio legal que dé salida a casos como el suyo: “Quede en la conciencia de quienes impiden la legalización de la eutanasia la carga de los sufrimientos innecesarios”. Esta solicitud la hizo pública en varias ocasiones como en dos cartas remitidas a EL PAÍS.”
“Necesito la mano que sostiene el vaso, la mano hábil que supla mi mano inútil, una mano que actúe según mi voluntad aún libre: tengo todo preparado para que quien me ayude quede incógnito.” Que nadie se dirigiera a él por correo electrónico, sino llamándole por teléfono desde una cabina pública o mediante una carta enviada a su piso de Valladolid.
“Las leyes hacen que esa pequeña diferencia entre mover o no mover un brazo supongan que pueda salir de esta estupidez por mí mismo, que tenga que poner en peligro de cárcel a quien me haga de brazo o que acabe en una residencia esperando una cacotanasia.”
En el Blog sus palabras e intenciones eran inequívocas, decía lo que esperaba y deseaba: “He entrado en una fase que considero terminal porque a la pentaplejia irreversible se ha añadido la cronicidad de las infecciones frente a una tolerancia cada vez menor a los antibióticos, lo que me provoca indeseables sufrimientos físicos y psíquicos”. Su hermano dijo a Efe que quiere “dar las gracias a quienes le han ayudado” y “se han jugado algo para ayudar a que una persona deje de sufrir y tenga una muerte decente”.
Leía y citaba a Robespierre y los poetas chinos. ¿Mezclaba la guillotina con la sabiduría china? “En mi caso prefiero acabar de morir, mientras tenga control sobre mi cabeza que llegar a ciertos estados de sufrimiento irreversible sin capacidad de libre decisión”.
Estas son sus reflexiones en el Blog. Se casó después de quedar parapléjico y dijo poco antes de morir:
"En este estado desvalido, los amores o cariños que solo crean fuertes interdependencias estériles no hacen más que prolongar el conflicto; cuando toda la vida de uno es toda la vida del otro, se está creando una relación cerrada imposible que solo la muerte de ambos daría sentido”.
"En este estado desvalido, los amores o cariños que solo crean fuertes interdependencias estériles no hacen más que prolongar el conflicto; cuando toda la vida de uno es toda la vida del otro, se está creando una relación cerrada imposible que solo la muerte de ambos daría sentido”.
Cuando aparece un día sin contratiempos, ni sudores, ni ahogos y con buena tensión, vuelve la necesidad de vivir, de aprovechar la pausa y disfrutar con algo, cuanto menos, ponerte al día, comunicarte y crear” “Si estudias algo simple, pronto lo desprecias; y si es complejo, enseguida ves que no estás ya a la altura y que se te escapa el meollo o el razonamiento”. Yo no encuentro sentido, aun estando sin complicaciones, a quedarme un día y otro leyendo por encima el periódico y mirando por la ventana”.
Rolando Gabrielli©2006




















