jueves, abril 26, 2007

El Libro rojo de Rojas










¿Por qué no hablamos
de cosas interesantes, nuevas,
ahora que Gonzalo Rojas
está en Colombia
y ha erotizado a medio Bogotá?
¿Alguien supo, vio,
un libro rojo en sus manos,
aferrado a unas largas divinas piernas?
Ciento ochenta gramos de poesía,
todo el poema todo.
Gonzalo de Lebu, Nueva York y Bogotá,
sabe muy bien
de los puntos y comas,
aunque alardee de asmático,
niño precoz nacido del rayo,
socavón profundo, minero de la matriz
del mar que es hembra.
Viene de Chile,
este sultán de oro negro,
camina lento en su caminar,
que vozarrón tiene todavía,
este juglar árabe de lunas plateadas,
levita el salón
José Asunción Silva,
es un balazo del nuevo amanecer
de Bogotá, la leve espina de la noche,
Algunos pitucos bogotanos
se quejan que su poesía
es obstrusa, kafkiana, rojiana,
oscura de Lebu, oscurísima
y transparente la nube de agua,
volvió a repetir el mismo Gonzalo,
erótica de erotismo y amor,
clandestina de puntos y comas,
poesía del miedo, espanto, encantamiento,
con algo que el Arcipreste de Hita olvidó,
de este y otros huertos,
aceituna de un olivo silencioso,
sus lunas tiernas, soles rojos,
dulces agujeros negros.
Está en vena con el polvo gris,
azul de la noche bogotana,
en el mediodía más oscuro
de la palabraoscuro.
Sigue mirando el mundo
por el ojo izquierdo
el incorregible paisaje de su días,
fenómeno de mareas locas,
de plazas sin asientos ni palomas,
la voz sube y con las palabras calla,
bajan las orejas, los ciegos
de las calles negras,
así pasa la poesía pasando
el sombrero,
moneda de muertos
y aventureros.
Asisten a su sepelio
los mismos muertos,
con sus ataúdes frescos,
olor a madera, olor a olvido,
madera reluciente del cuerpo
presente pasado de la poesía,
oh cadáver exquisito,
la moda del vivo,
traje de seda,
que el gusano de la poesía
sigue tejiendo.
Rolando Gabrielli©2007

AL DIABLO, con los géneros, viene HERRALDE














Si uno amplía la primera foto y mira bien, hay luz verde.

Tacones de luz


¿Sobre que aire
descansa
la oscura, visible
noche?
Flota, cuerpo, flota,
tacones de luz,
riela o bala,
el otro lado
menos oscuro,
respira, agobia,
mi mano entra,
mi cuerpo sale.
Rolando Gabrielli©2007

martes, abril 24, 2007

GONZALO ROJAS, palabra por palabra en Bogotá










Es el mismo Gonzalo Rojas, poeta irreverente, anarca, lúcido, presente, vigente, de caminar lento y voz ronca, minera, de Lebu adentro, pitazo de tren del Sur. Es la estrella cercana, próxima, aquí en la XX Feria Internacional del libro de Bogotá (La Fiesta del Libro).
Sentado, enfundado con su chaqueta de cuero negro y su tradicional vasca sobre la cabeza, Rojas inmutable en primera fila cierra los ojos en el stand de Chile, país invitado de honor, y escucha un contrapunto sobre su poesía y Parra. El agregado cultural de Chile en Colombia, flotaba en la mesa principal con su aire del "Huevo duro" de Condorito, bajo el slogan: Poesía, patrimonio vivo.
Gonzalo presente, Nicanor, ausente y Neruda siempre el referente.
Era un crítico chileno él que hacía el viejo, tradicional y conocido paralelo entre la poesía parriana y rojiana, que para muchos bogotanos debió ser un misterio, porque ha pasado mucho agua bajo el puente de ambos poetas nonagenarios y candidatos al Nobel de literatura. Dio la impresión de dos púgiles pesos pesados que no quieren retirarse del gran tinglado de la poesía, aunque estuvieran ingresando al ataúd.
El crítico, único expositor, en su monólogo que leía de unos apuntes, imitaba el vozarrón de Rojas y le miraba con complicidad. Rojas tomaba impulso en latín, persa, arameo, chileno finalmente, para arrastrar con su vozarrón profundo, venido del socavón minero, al público bogotano que le esperaba junto al Alcalde de la ciudad.
El poeta se levantó tras finalizar ese acto, en medio de los flash y al poco tiempo fue flanqueado por una pelirroja esbelta, especie de musa de la cultura chilena, que lo condujo por la sala hacia el acto central, el pabellón principal de la Feria: el Auditorium José Asunción Silva, donde el autor de Contra la muerte, sería el orador de fondo, en un masivo acto con el Alcalde de Bogotá, en el día mundial del libro. (Bogotá capital mundial del libro, declarada por la UNESCO).
Me acerqué, saludé y le dije que conocía al otro Gonzalo, Millán, que venía de Panamá etc y dijo, cuánta falta nos hace Gonzalo. (Desde Estados Unidos, me contaba Millán con una sonrisa cómplice, que Rojas le enviaba unos poemitas cortitos). Antes de salir y despedirse, Rojas dijo en su propio francés: "fatigué", por las luces y fogonazos que resbalaban por su rostro, aunque él se veía descansado.
Rojas llevaba en su mano un misterioso libro rojo, como se observa en la fotografía y echó a andar por el asfalto de la Feria hacia el auditorium, de una Bogotá gris, lacrimosa, enfiestada en el libro y la palabra. Quedó flotando en el ambiente, una de sus definiciones personales más repetidas: soy allendero de Allende.
En una llamada cata de poesía chilena,- días antes en la Feria- donde se compara a Neruda con el vino, Huidobro el champagne y a Violeta Parra con el agua, no se mencionó a Millán, y se calificó a Manuel Silva Acevedo como un "sobreviviente de Parra". Se dijeron más cosas allí y se olvidaron otras tantas y a otros más. (¿Son demasiados poetas y sobran en el país de las bellas araucarias?) Un hombre con una bicicleta, maleta, unos cuantos libros y una botella de vino, champagne y agua, hizo un recorrido arbitrario por la poesía chilena. Lanzó un reloj al piso, para que se detuviera el tiempo, narró unas anécdotas, se refirió a algunos poetas y leyó sus versos, y después subió a su bicicleta, no sin antes recuperar su cronómetro y marchóse.
Usó muy seguido la palabra ninguneo, que "fundara", dijo, Gabriela Mistral, y se utiliza en Chile para el trato poco amable con los escritores que se los pasan por los forros las autoridades y su comité oficial de clasificadores. Por ejemplo, digo yo, Roberto Bolaño es un caso típico, ya que no figura entre los elegidos en el stand de Chile para la fotografía de los más representativos escritores del país sureño. La palabra ninguneo es moneda de uso corriente en Panamá, por eso la conozco. Término preciso, docto para el olvido e indiferencia, el mal trato que suele pasar como el viento, pero que a veces se sostiene en el tiempo como si fuera un pequeño huracán de opereta. Bolaño se lee en Bogotá de una manera muy bacana y berraca, diría un colombiano y padre, un mexicano. Ya volveremos sobre esta oscura golondrina de la narrativa chilena, que ha entrado al mercado norteamericano como una estrella postmorten, pero vivo y coleteando. La Feria tiene mucha cuerda aun.
Rojas ya llegó al auditorium con su pelirroja enbluyinada y grandes ojos de sirena degollada. (El atardecer cae de pie en Bogotá) Frente al auditorium una lluvia de flash, nubarrones de periodistas y el Alcalde de la muy leal ciudad, declarada en el día Mundial del Libro, mientras unos niños, con unos grandes textos preparan su próxima actuación. No cabe ni un alfiler en el gran salón. El Alcalde da un discurso soberbio sobre la ciudad.
Rojas, autor de La Miseria del hombre, su primer libro, giró su cabeza a la izquierda y le dijo al Alcalde una frase de cinco pisos, cuando concluyó su pieza sobre la polis:"eres casi inteligente". Risas, miradas de extrañeza, un público bogotano municipal, intelectual y de funcionarios y artistas sorprendidos por la salida de quien calificara de preciosa a ciudad de Bogotá, en más de una de sus intervenciones. (En el gran paréntesis de la noche, los cien lectores se preparaban para leer Cien Años de soledad, de un sólo tirón, como si la historia tuviera alas, como en verdad las tiene.) (Son 300, 400 o 500 mil personas las que leerán, tocarán o mirarán un libro este año en la XX Feria colombiana. No los he contado,- dicen que son unos 100 mil- pero siento que se multiplican por noche, las palabras no duermen, se siguen escribiendo asímismas, robándose las letras, intercambiándose las sílabas, el abecedario, aun muchos textos son atrapados por lectores voraces que a un precio a veces salvaje, lo introducen en las bolsas feriales y se los llevan a sus casas. Allí, en la fría noche bogotana son ojeados, leídos, manoseados sin pudor. Yo los vi salir con sus Bolaños, Rojas, Murakamis, Garcías Márquez, Pamuks etc. etc.)
Rojas de la provincia del viento y del carbón, hijo de Chile entero, iberoamericano por adopción, se tomó la palabra y dijo: "la historia es imaginación y palabra; el libro es palabra; el hombre es palabra; todos somos palabras". Seguidamente o antes, para el caso es lo mismo, se había declarado "bogotano" y ya el auditorium estaba en su bolsillo, con su imaginería ladina, cazurra y sagáz. Holderlin, agregó con voz profunda, advirtió que la palabra era el más peligroso de los bienes. En toda su estancia bogotana , Rojas se ha referido al renacer de su niñez y a su vocación iberoamericanista, porque "todos somos de la misma patria. La mía es iberoamérica entera, a esa patria aposté siempre", enfatizó. Premio Cervantes, Juan Rulfo y Hernández, "famoso y reconocido" a los 75 años, el Olimpo de Bogotá estaba esa noche bajo los pies cansados de Sur y de mundo de Gonzalo Rojas. Pisó firme el poeta el asfalto, la sabana bogotana, desde Lebu se sintió hijo legítimo de la tribu de Iberoamérica. Al Rey de España, contó, le hizo saber desde Lebu, que la palabra respira, hay que vivirla, asumirla como conducta. Citó a Ercilla, ese joven mozo que fundó con la palabra a Chile. Nosotros, añadió, somos aprendices de la palabra. Y la noche estaba para el encanto de la poesía y como en el corrido mexicano era el rey, sentenció:" El Canto General de Pablo no es tan malo", y la risa del respetable apareció como un murmullo complaciente. Encontró que La Araucana era un poco extensa en sus 37 cantos, pero es que ninguna patria se funda de la noche a la mañana, Gonzalo Rojas, y menos con esos mapuches celosos, y con razón, de su tierra.
Pequeñas patrias destartaladas que nos necesitan tanto, arrancó en profundis, tanto para arder...Poesía un aire nuevo, no para respirarla, para vivirla...vivir bogotanamente América, amarla...América es la casa, una cita en latin, que el misterio de la noche traduce...La voz de Rojas truena, se hace cascada, y dice finalmente, yo quiero ser ese niño. Las bogotanas y los bogotanos se ponen de pie en un inmenso aplauso y llueve el abecedario, las pequeñas letras de papel que se transforman en palabras, en la fiesta del libro.
Rolando Gabrielli©2007
Epílogo:
Cuando el abecedario viajaba sin paracaídas del aire, como la palabra, y las luces se encendían con la voz ya apagada de Rojas, en el fondo, otra voz, gangosa comenzó a escucharse, como si viniera del fondo marino y siguiera viviéndose...La noche está estrellada y titilan azules los astros a lo lejos...

martes, abril 17, 2007

Si volara este ángel


Rolando Gabrielli©2007


Las Ferias son el altar de los libros, donde las masas acuden en romería, en fiesta, para encontrar entre los escaparates, mesones, las páginas que le harán vivir nuevas aventuras, soñar, conocer, amar, divertirse y calmar el insomnio. Páginas que llevan a otras páginas y hasta el mismo silencio.
Son recintos templos del marketing y la gente los recorre como si estuvieran en un gran mercado. El libro es una mercancía. ¿Se lee o no se lee? ¿El libro morirà? Son las clásicas preguntas que rondan las Ferias. Al libro le crecerán más páginas en la imaginación del lector.
Soy de los que siguen con su fe inalterable en Gutenberg, a quien conocí realmente un 14 de abril del 2007, poco antes del mediodía. Por eso digo:
El 14 de abril del 2007/ antes del mediodía/ fue tu día viejo Gutenberg/ Tu gran sonrisa de bribón/reluce en esta pequeña palabra/y es fenomenal/simplemente nos creían muertos los amos del mundo digital/En su disco dorado borran el encanto/la textura de la mano/el sueño verbal/ aroma del poema/¿Sabías de este encuentro?/Todo viene de la tinta /y la palabra inédita se queda en el papel/ imborrable, como una mancha de sangre.
Rolando Gabrielli‼©2007

Las dos caras de Kate Moss





Se puede subastar la imagen de una fotografía, pero no su espíritu. Alcanzar precios inalcanzables. Apurar las cifras y hacer correr la adrenalina por alguna mercancía codiciada. Arrebatar el objeto, poseerlo, sumarlo a la colección personal, acariciarlo en la intimidad. Retener y disfrutar, otorgar pertenencia a algo, admirar y adquirir, acariciar el reflejo de lo verdadero. Todo es posible, como llevarse a casa unas fotografías de la icono británico de la moda, la incomparable Kate Moss.
Chuck Close, es el primero en apoderarse de este instante, las dos caras de Kate Moss, las verdaderas, únicas e irrepetibles. La diosa se desnuda al ojo de la cámara, se hace real, en cuerpo y alma. Una subasta, después de todo, es la esclivitud del comprador. Rolando Gabrielli©2007

sábado, abril 14, 2007

El caracol herido


La ciudad se repite,
en sus escamas de vidrio
siento un caracol herido
que abandona el eco del mar.
(La orilla me recuerda tu olvido)
Por la herida del cemento,
respira la ciudad,
mi mano se estira
en cinco dedos
para tapar el sol
y te toca a la distancia,
piel de ciudad.
El hierro se oxida

con su pesado silencio,
detrás de las puertas
tus pasos no abandonan la ciudad,
ni en mi memoria
dejan de resonar.
Escombros, sitios baldíos,
vitrinas sin estética, ni pedagogía,
la ciudad es un sueño,
el neón de noche la rejuvenece,
entre paredes y el mar,
alguien pasa sobre su espina dorsal,
navega sus averiadas arterias,
admirables ruinas sin futuro.
Rolando Gabrielli©2007

Palabras











Todos los escritores y artistas, de una manera u otra, tienen una deuda, antecedente. A veces esta deuda es con la realidad, con el pasado contaminado que uno nace. Es difícil hacer algo nuevo sólo a partir de una burbuja. Tirar una primera piedra tiene sus consecuencias. La rueda es otra secuencia de las dos piernas humanas. Para un escritor inédito de casi toda una vida, el ejercicio del silencio impreso, es desde luego una postura. Es un acto salvaje de soledad, un doble compromiso con esa señal y ausencia que debiera tener todo poema. Ni siquiera un poeta inédito puede alegar no-contaminación de su palabra. La poesía puede llegar a ser un indomable puercoespín lanzado en las sábanas de la mujer amada, la eterna cohabitación de la rosa y la espina, un azul más rojo que una verde primavera y tus ojos, tus ojos que han leído estas palabras antes de ser escritas.
Es mejor saber que todo está escrito, para comenzar con el pie derecho. La poesía está en todas partes y no siempre en un papel escrita de manera vertical. No siempre se mueve el poema ante nosotros, puede ser la voz secreta que alguna vez tuvieron las palabras. Un poema sabe que existe porque es un secreto revelado. Las palabras son cotidianas e inefables. Un poema lo volverá escribir cada nuevo lector. Es tal vez la mejor manera, única de superar realmente una página en blanco. En estos años de insomnio frente a la página en blanco, de pudor, olvido, temor, impotencia, frustración, dolor, rabia ante la página impresa, la poesía nunca ha estado ausente, porque el papel no siempre hace al monje. La poesía es un hábito que no se ve, se calza, se habita así mismo, como los zapatos. El poema es un acto de amor sin temor un rumor que va creciendo en una circunferencia sobre el agua expandiéndose sin olvidar su centro y no tiene fin, ni comienzo, porque es redondo como la punta de dos palabras.
Durante todos estos años he reconocido mis deudas literarias con los autores que he mencionado una y otra vez. Mis lecturas. Trakl, toda la poesía chilena, clásicos españoles, los surrealistas, J. Donne, Rimabud, Baudalaire, William Blake, Lautreamont, Pound, Essenin, Whitman, Apollinaire, Kavafis, Prevert, T.S. Eliot, Celan, Micheaux, Vallejo, Dylan Thomas, Lezama Lima, Eliseo Diego, Cardenal, Borges, Panero, Gelman, la mujer, mis amigos, la geografía, la ciudad, el amor, la muerte, la vida, Kafka, Kafka, Kafka... y la Musa que siempre está detrás, dentro del poema... La lista es sin duda, mayor y no se agota como las palabras.
He sido fiel a mis maestros, escribir, escribir en cualquier estación, lugar, hora y revisar sin tiempo. La poesía tiene muchas motivaciones, siempre está presente, es un acto solitario, un ruido que no se sabe y se sabe de donde viene. El poema es un viejo caracol, un laberinto ciego, siempre una puerta. Mis poemas pertenecen a tu corazón ardiente, siempre son mi último verano y reviven las hojas secas. Apuestan a tus insomnios, horas muertas, a tu pasión, mi desconocido lector.
Con mi admirado Jack Prevert, quien cumplió en estos días 30 años de ausencia física, quiero homenajear a mis maestros y poetas de todos los tiempos, a quienes creen en este oficio, ejercicio de vida que vive por las palabras. (Paroles, decía Prevert) Un poeta verdaderamente popular es aquel que siempre leemos, recordamos y asociamos con nuestros actos cotidianos y sueños.
Rolando Gabrielli©2007

Oh pared

Oh pared,
persistes, persistes.
Mi silencio
rebota, rebota.
Rolando Gabrielli©2007

jueves, abril 12, 2007

Estás
















Estás en mí mano,
pero no eres mi prisionera...
Rolando Gabrielli©2007

Amantes, amantes



Mi historia
no es más larga,
ni más dura
que mis propios huesos.
Bajo esta tierra,
sobre el mar,
este polvo,
seguirá contando
mi historia,
como gusanos,
plantas nuevas,
algas ninfas,
polen de tus horas muertas.
Amantes, amantes.
Rolando Gabrielli©2007

miércoles, abril 11, 2007

K, la palabra impresa quema?















J. Denver no aplazó la fecha un día más. Consideró suficiente el tiempo pasado. Dos o tres nubes ligeras no pueden cambiar un paisaje, pensó. Inevitable descenlace, dijo. Él o yo, sostuvo la frase en un pulso imaginario. Una decisión equivalente ante un juez. Sólo un amigo verdadero cumple con su palabra, volvió a pensar como en algo posible.
La casa estaba vacía y asimismo sintió la ciudad. La tarde se veía limpia, despejada, sin compromiso. -Mejor, asintió con la cabeza. Nadie saldrá lastimado. Vestía como un día cotidiano, bluejeans y una camisilla roja, sin cuello, de tres botones.
El patio era un buen sitio. A esa hora caerían algunas sombras. El crepúsculo recrea su propio yo. Es un estado psicológico del tiempo. A esa hora nadie se aproximaría para interrumpir el acto.
Reivindicación tardía, volvió a pensar y se frenó. Cábala personal, volvió a asentir con la cabeza.
Sí, no era sólo cumplirle al finao K. La historia ya había jugado esa opción innecesaria. La deuda era personal, consigo mismo.
Llamó a la imprenta y le dijo: proceda.
Rolando Gabrielli©2007

domingo, abril 08, 2007

ABRIL 17 del 2007





El calendario marcaba 2013. Una fecha absurda, de ficción. La pudo haber soñado y usado Ray Bradbury y no sería un cliché. Sin embargo, el calendario había avanzado en el tiempo. Un formalismo más, porque después de todo nada queda. Había luna en las noches como en tantas partes del mundo. Sol de día, como en algunos lugares. Lluvias, como en menos partes. Gente violenta, en todas las partes donde viven personas. Ocurren casi las mismas cosas que ocurren en cualquier lugar donde nacen hombres. Un bombillo o ampolleta alumbra o estalla en cualquier parte de la misma manera. Cualquier parte o lugar son una misma parte o lugar. Abundan sitios así por la gente que los habita. Lo había pensado muchas veces, vivido, casi soñado. Lo que está repetido, es común, pareciera estar escrito. A nadie se lo había escuchado o leído, pero no sonaba mal del todo. Los paisajes naturales suelen permanecer y cambiar. Las ciudades van transformándose con los años y alguien siempre las encontrará diferentes. La monotonía es el precio más alto del aburrimiento. Las combinaciones suelen ser las mismas variaciones y terminan en lo ya conocido: una rutina diferente. Lo que es redondo no deja de serlo. Una frase casi cuadrada, a la medida de cualquier circunferencia. La fecha carecía de toda importancia, porque igual que el tiempo pasa, sucede que ya ocurrió. Marcar un período o tiempo, cuando todo ha sucedido o tiene un mismo tiempo, carece de sentido. El tiempo de atrás y de adelante, no es el mismo tiempo del medio, que puede ser presente, entre un pasado y un futuro. Pero tarde o temprano terminarán siendo lo mismo. El tiempo pasa, es lo único cierto, aunque sea ficción. Gira y gira la polea, se repasa así misma.
La Vidente había dicho: el tiempo le traerá todas las respuestas. ¿El tiempo se lo lleva el viento o el viento no tiene tiempo? La cábala a veces es como un dinosaurio helado, un cocodrilo lleno de lágrimas, un sauce que podría tener un antepasado cocodrilo por llorón. Así, alguien me dijo, prefiero la muerte sin país, un océano silencioso, sin palabras. Un Epitafio es como seguir permaneciendo, una existencia de palabras duras. ¿Para qué más fronteras que la profundidad de la tierra, el aire o el mar? Dio tres oportunidades a los vivos. Se sacudió de paso la muerte, el pasado, dejó todo en limpio, la hoja final, como en un principio. Sólo agregó una segunda fecha. La última que complementa la primera, que viene liviana, fresca, nueva, misteriosa, absolutamente inédita.
Escribir un libro es una fecha en el tiempo, una manera de expresar algo sobre algo de alguien o muchas cosas o una en particular. Un libro tiene un destinatario, ninguno o millones. Un libro se imprime para derrotar al tiempo, al menos asustarlo. Es una obsesión que se sale de la cabeza, pasa a las manos y se imprime. Puede tener tapas duras o blandas, siempre hojas con letras, frases, tipografía, su propia retórica. Un libro siempre lleva un nombre como una persona, aunque más largo a veces. Bueno, con los apellidos, es diferente la comparación. Es su identificación para toda la vida, como nosotros. Sus páginas, contenido, es su identidad, la cédula del libro, verdaderas huellas digitales del autor. Escribir un libro es una obsesión, varios y editarlos, un trabajo, una manera delirante de ganarse o perder la vida. La mayoría de las personas pasan toda su vida sin escribir un libro y menos editarlo. Muchos piensan en escribir un libro y no lo hacen. Yo soñé casi cuatro décadas con editar un libro. El libro estaba escrito, la portada existía. Pensé en agregarle dibujos, los encargué a un pintor. Me los envió desde París. Los encontré caros y los devolví por el mismo tubo que me llegaron. No sé que los hizo el pintor, pero forman parte de mi eterno libro inédito. O era demasiado seguro o inseguro. No sé. El libro siempre estaba por imprimirse, al menos en mi memoria e imaginación. Llegué a hacer unas pruebas de imprenta con Gente Nueva de Colombia, mi amigo Eduardo Marín. Aún las guardo. Son las pruebas de mi rotundo olvido, ausencia, fracaso. Consulté en Chile para editar en mi último viaje en 1987. No llegamos a nada. Quería editar un libro con alguna dignidad en la forma. No para ganar en los anaqueles, sino por respeto a mí mismo y al lector. La poesía no tiene por qué ser cachureo, mercado persa, escombro, páginas de tercera. Mi libro, premiado en Chile, se transformó en una idea manoseada de las formas de edición. Partes de él fueron leídas en un taller de escritores, discutidos los poemas, criticados. Un poema se editó en Trilce y el libro pasó al inventario del olvido. Se me hizo mil veces la misma pregunta: ¿por qué no editas? Ya mi carrera de poeta inédito había trascendido, hacía carrera más allá de las fronteras de Chile y de donde vivía en Panamá, y me fui enamorando del olvido de la página impresa. Había acumulado algunos lauros circunstanciales en Chile, México y Panamá, y escribía rabiosamente periodismo: 2O páginas diarias. “El más conocido de los inéditos” Inédito tiene otros significados y sinónimos, como original, desconocido, nuevo, fresco, reciente, impublicado. Quizás no sea muy meritorio superar a Rimbaud y a Kafka en el silencio, pero era un primer paso. Aunque esta situación estaba más cerca del anonimato. La poesía se fue acumulando. Cuadernos. Papeles. Libretas. Hojas. Memoria. Concursos. Nada oficial con la palabra impresa. Viajes. Conferencias. Conversaciones. Ilusiones. Las mismas vueltas sobre el mismo olvido.”Aquí no hay editoriales” “La poesía le interesa a muy poca gente y aquí a menos”. ”Piensa en una novela. Piensa en prosa” “Libro para zopilotes”. (Me imaginaba a un buitre frente a la bahía leyendo poemas a su zopilota).
Se acumulaban las páginas cortadas en verso y en líneas más largas, es decir, prosa. Ni Fu, ni Fa. Me contacto con representantes de escritores. Ni Fu, ni Fa. Y hablo con representantes de una editorial local. Ni Fu, ni Fa. Un juego divertido. (Leo: Ulises de J. Joyce fue rechazado por 33 editoriales) Ningún mérito desde luego. Un barómetro para saber que la temperatura no ha cambiado. La lucha por ir al escaparate, se esfumó, o tal vez nunca existió. Inédito es como acostarse todas las noches con las sábanas limpias. Poseer un rollo de papel siempre blanco. Es la enorme responsabilidad de saberse custodio del silencio.
Hay libros sagrados. Libros de libros. Libros clásicos. Libros que no cansan la vista. Libros entretenidos. Libros aburridos. Libros llenos de conocimiento. Libros de aventura, imaginación, magia. (Esos son mis preferidos.) Libros poéticos. (Hay toda clase de libros). Libros que se sienten bien en nuestras manos. Libros que nos siguen guiñando un ojo después de años. Libros de Feria, estanterías, vitrinas. Libros que uno quisiera haber escrito. Libros que uno encontró al pasar y sus secretas páginas nos hablaron de otros mundos, tocaron nuestros sentidos y corazón. Libros que pasaron de mano en mano y siguieron respirando como en un principio. Libtros que devoramos en un andén en un verano sin olvido.
Los libros y los escritores, los periodistas, artistas, han sido perseguidos por siglos y quemadas sus obras. Conocí en Chile, viví, la reedición de ese capítulo medieval, inquisidor, nazi-facista de la humanidad. Libros guillotinados y quemados. Es cuando más se ama la palabra impresa.Armas letales para los dictadores. A veces un simple poema perturba el sueño a un tirano.
El libro es una antesala a una aventura, sueño, felicidad. Tal vez, un día de estos, publique uno.
Rolando Gabrielli©2007

sábado, abril 07, 2007

JUSTINIANI, MARGINAL DE LO PROFUNDO, RAIZAL







Justiniani es pintor, artesano, creativo, artista de lo popular panameño. Lo conozco hace algunas décadas y la calle es su mundo junto a otros artesanos kunas o de países suramericanos que vienen a presentar y vender su arte al Istmo. Con frecuencia se le ve en la vía Veneto, en las cercanías del hotel El Panamá, uno de los lugares de paso más concurrridos de la zona céntrica de la capital. Allí instala su pequeño escenario con las muestras que va elaborando durante los días. Trabaja a tinta sobre cartón, papel, cortezas de árboles, cocos, inventa sus propias técnicas para profundizar en Panamá.
Estas palabras son absolutamente improvisadas, dispersas, como espero le gusten a Justiniani, quien estudió arquitectura antes de sumergirse en este arte popular. Durante años he esperado para hacerle una entrevista, hemos conversado decenas de veces, entre risas, la noche siempre por testigo, un café, me comenta que tiene una serie sobre Neruda y otra de América.
Su obra es para la inmediatez del ojo que coincide con su obra, porque nunca está expuesta, sino aquella que tiene un diálogo más directo con el público: las chivitas, águilas arpías (ave nacional), loros, comparsas (motivos carnavalescos), el Panamá que ya no existe, sentimientos de tierra adentro. Justiniani" es un marginal de lo profundo raizal", un artista que lucha por el pan de cada día y se mueve como un resorte por las calles de la ciudad. Su obra va con él, atada a sus propias visceras.
No lo he visto hace meses, hemos conversado horas, vive el día a día. Trabaja sus temas con detalle y dedicación. Entre sus trabajos, al serie de las chivas me parecen extraordinariamente logradas y muchos de eso cuadros han viajado hacia varios países, adquiridos especialmente por turistas norteamericanos.
Después de la invasión norteamericana a Panamá conversamos sobre como rescatar algunas cosas. El arte, la pintura, tienen esa posibilidad de recrear desde las sombras el pasado e iluminar el futuro. Recuerdo que le pedí que me dibujara una chivita que se iba al cielo y llevaba detrás el barrio El Chorrillo, el lugar más devastado por la invasión. Le gustó la idea y después de un largo tiempo apareció con la plumilla en blanco y negro que encabeza esta crónica. Ahí se ve el barrio, muy popular, fronterizo a lo que se denominaba la Zona del Canal.
Las chivas y chivitas son vehículos llenos de colorido como muestra la última foto, que circulaban en Panama y lentamente fueron desapareciendo. Crucé muchas veces la avenida Balboa, sentado en un neumático al fondo del corto pasillo, rodeado de indios(as) Kunas y trabajadores. Un vehículo de miniatura, angosto, con pocos asientos, frágil, volando por la ciudad. Así mismo se despidió, sin bulla y dejó sus pintorescos recuerdos.
La ciudad no es la misma, no sólo porque se moderniza, sino ha perdido esta pequeña magia del transporte que contrastaba con el mar y los rascacielos.
Alguno de estos días espero intercambiar unos cafés con Justiniani, en la calle, como a él le gusta saborear la vida, al instante, de paso.
Rolando Gabrielli©2007

viernes, abril 06, 2007

DÉCADA BLOG


La Bitácora (Blog) es un ruido, viene del fondo del pozo de una pantalla blanca. Un blogger, quien escribe una Bitácora, debe estar preparado para decirle a sus lectores: el santo y la limosna es de ustedes, pero no comulguen con ruedas de carreta. La palabra y la historia, hecho, ficción, rutina personal, diálogo, monólogo, es un mensaje público, abierto, disponible a quien tenga Internet en cualquier parte del mundo a través de un Blog.
Todo tiene un comienzo, una historia y el Blog no es la excepción. Hace 10 años, el norteamericano Dave Winer difundió en abril el primer Blog. Un espacio elemental, sin fotos, ni videos, pero una nueva manera de informar, comunicar. El éxito se desprende del uso masivo de esta herramienta digital: más de 73 millones de personas en los más diversos idiomas, a razón de más de 120 mil diarios. Es la Babel de babeles y el idioma japonés es el más usado con un 37 por ciento, seguido del inglés, 36 por ciento, y el español, 3 por ciento compartiendo el cuarto lugar con el italiano. El español cojea por el lado científico-técnico y la marginalidad de mucha población latinoamericana, donde el idioma castellano es mayoritario de una lengua hablada por 400 millones de personas en el mundo, incluido Estados Unidos.
El blogger dispara desde su propia perspectiva, no siempre es una persona preparada en las técnicas del periodismo y la información. La facilidad para crear esta herramienta, no hace posible discriminar la calidad de los mensajes (contenidos) y muchos se convierten en diarios de vida, sin otra intención que contar intimidades, anécdotas, pasajes casi desprevenidos de la vida personal: ego/amor/soledad/aventura/pasión y a veces, páginas muertas.
La democratización creciente de la información se le debe hace 10 años al Blog, que cuenta con páginas brillantes de revelación de la verdad. Sólo este hecho inédito en la historia de la información mundial, justifican el Blog. Guillotinar la mentira, decapitar el hecho engañoso, fraudulento, pasar machete al olvido, a los recursos de la "gran prensa" de las medias verdades, es un acierto del blogger que trabaja con la verdad, transparencia y se debe a su público lector de internautas.
Un verdadero blogger cuenta la verdad y es un intermediario fiel a los hechos, veráz.
Que me lean las moscas/un búho en sus noches insomnes/la ciega alba con sus espejuelos rosados/un grupo de hormigas emprendedorasd/que me lea la noche/con su auténtica luz de plata/que me lea el desolado brillo de tus ojos/la eterna mirada de las rosas.
La galaxia Blog puede contener 73 millones 777 mil blogs, millones de soles muertos, nosotros ver el último esperado atardecer de un brillante agujero negro y aún así la palabra debe ser verdadera, como si fuera la última.
Los enemigos se asustan solos/las fauces devoran/eso creen su palabras/Dicen con voz raquítica/tuberculosa/a Gabrielli léanlo entre líneas/no mastiquen su Verbo/Ellos apestan con sus voces aflautadas/pero hacen coro/no crean/el veneno les alimenta/ duerme los sentidos.
Rolando Gabrielli©2007

lunes, abril 02, 2007

El hilo negro


No tiene punta, ni orilla, la noche cuelga del hilo negro. Combate de espadas, silencio, la sombra es el espacio, luz del hilo. Medioevo del sueño, rotación de la noche, el alba. Suspensión del hilo, radiante gladiolo. El hilo es tu deseo, sueño.
Rolando Gabrielli©2007

domingo, abril 01, 2007

EL OJO VIVAZ DEL BEST SELLER


Subí al taxi como si el tiempo se detuviera en esa máquina refrigerada que manejaba un vivaz joven chino. Pasada la medianoche, iba con unos jugos, yogurt y pan integral. Noche total y la máquina arrancó frente al supermercado a la velocidad del rayo. (Los rayos calcinan personas y animales en Panamá y sólo el cuerpo los siente cuando abandonan el cielo para morir con/junto a otra vida en la tierra.) Dos dólares me dijo, cuando le indiqué la dirección. Atravesamos la arteria principal del centro de la capital y a la izquierda las luces del casino desetabilizaban la penumbra del resto de los espacios que rodeaban el asfalto como dinosaurios dormidos. El vivaz no dejaba de gesticular y mirar algo más que de reojo. "Uno tiene que trabajar duro aquí", dijo. Todos trabajamos, respondí. ¿"Usted qué hace"?, me interrogó. Escribo. "Ah, dijo, en tono seguro. Usted es un best seller. Casi me destornillé para mis adentros. Sonreí con algo de sarcasmo en mi mismo. Se me cayeron millones de páginas en blanco por un precipicio donde nunca llegaban al fondo y volaban para agruparse como un gran libro triste, desolado a punto de llorar lágrimas amarillas. (De noche, todas las lágrimas son negras)
El chino miraba por el parabrisas la oscura noche de la ciudad y compartía gestos con el vidrio retrovisor y su pasajero. "Hacen millones y trabajan poco. Con un libro dan un golpe mortal y se llenan el bolsillo. Uno debe trabajar todo el día y sudar. Usted puede escribir: Hombre rico, hombre pobre. Y así siguió lanzando títulos como manuales de autoayuda," deseándome éxitos: La historia real de mi familia. (Yo pensaba en otros títulos, pero prefería no hacer comentarios, no fuera a ser que el chino vendiera las ideas. ("
El gato encerrado"; "La vela encendida" "La carroza sin muerto" "Tuerca de un mismo tornillo")
El chino tenía ideas en mente, que me recordaba la ilusión óptica. "Los escritores se hacen ricos con uno sólo libro, repetía. Pueden escribir diez, pero uno es el bueno y se vende". Superado por la imaginación, le brillaban los ojos con mi supuesta fama.
No he editado ningún libro, le dije. Se calló de silencio absoluto, quedó sin un sólo gesto y se hizo prisionero de su lengua muerta. Más bien su pensamiento salió del taxi y se estrelló contra el pavimento de la acera. Mueca de un manchón amarillo, evaporada en la irresponsabilidad de la noche.
Yo miré sin tiempo, viendo como un reloj de arena carecía de una fecha más significativa que el breve instante que marcaba sus decididos granos en cambiar de posición. Sólo hubo gestos, hasta que el taxista siguió enumerando best seller, animando su imaginación y deseándome triunfos. "El río celestial"; "La huerfanita del amor inconcluso"; "La rosa, el piano y el canario". Parecía que era la noche de su audacia imaginativa y verbal. ¿Quería tener un ganador a su lado" ¿O se había apoderado de él una especie de fiebre imaginativa? Ya no sé si estaba sostenido al timón o a su propio empeño de volar, de salirse de la realidad. La conversación pudo haber tenido más matices, pero las distancias aquí son cortas, a no ser que los feroces tranques durante el día te dejen detenido como frente a un podium, con la palabra en la boca.
¿Cuál habrá sido la última lectura de este ser milenario? Manos finas, pelo cortado al machete, alegre, y verboso, de fértil imaginación, fantasioso en el titilante monedero de la noche?. Al ingresar a la barriada, dijo una de sus últimas frases célebres: usted es una persona no rica, pero acomodada. Aún viajaba con ese sombrero de ideas, pensé. Le respondí: tú vales más que yo. Un chino aquí cuesta 10 mil dólares. Se rió y dijo, no, 20 mil. Bueno siempre me subiría la apuesta, dije para mí. La noche tenía una luna que se devoraba en el sueño, espléndida, llena de luz y esperanza. El verdadero best seller de la poesía, nunca pasa de moda. Rolando Gabrielli©2007

El poema, juez y parte

El poeta quema sus naves en la hoguera de las palabras. Y si la palabra no es fuego letal, no arderá el poema. El poema es cruz, espada, sombra de lápida erguida y se recicla sin tiempo. El poema es una gota en un mar de cosas muertas. La casa no construida para ser habitada, oscura luz del poema. La musa dobla una oreja tibia y sonríe, cuando el poema es galope, guiño, señal, orilla de un mismo centro.
Alberto Rubio, fue silencioso, bautismal, como una vasija de greda, autor de dos puñados de poemas y se hizo juez y parte de la poesía chilena sin proponérselo. Lo vi una sola vez detrás de unas grandes verjas en las ruinas de una construcción, caminando como si no se notara, de soslayo por Santiago en los setenta, en la calle Portugal. Ahí va Rubio, me dijo Waldo Rojas, ese es y me habló de Greda Vasija, su mítico primer libro de poesía, que le silenció casi de por vida a este Juez de Isla de Pascua.
Poemario de brillante, silenciosa espuma, atascado en sus muchas y únicas lecturas. A veces pienso que Alberto Rubio escribía para aumentar su silencio, y callar doblemente en la palabra. Dicen que su mujer Raquel Huidobro le vio quemar sus poemas en una playa de Isla de Pascua, cuando la Armada de Chile le trasladó a ese ombligo de mar en un barco para ejercer su cargo de Juez. ¿Rubio se hacía justicia así mismo, al quemar los poemas que consideraba no pasaban su exigente filtro? ¿Rubio corría dentro de sí mismo y dejaba que la lengua encontrara la palabra?
Misterio del poeta, juez y parte, de sus palabras, Rubio deambulaba en el carozo de su propio e inútil, muchas veces, lenguaje. Se enmudecía ante sí y doblegaba todo éxito, bombo y platillo, ante el majestuoso silencio de su palabra.
Treinta y cinco años median entre uno y otro libro: Greda Vasija (1952) y Trances (1987). Son sus dos únicas naves que llegaron a tierra firme. Cualquier otra posible nave de su poesía, Rubio la quemó en Isla de Pascua. ¿Encontró en ese enigmático territorio, el más lejano de Chile continental, la respuesta a su silencio? ¿Buscaba el origen de la palabra olvido?¿Como Vallejo conquistaba la sombra del poema, porque la luz era para quien lo leía?
Poeta de dos grandes zancadas, no le concedió fianza a su propia palabra, le exigió la dura frágil estructura de una vasija de greda que deja su luz como si fuera memoria de su presencia y olvido. Ensimismado en un agua que no retiene una mano, siguió escribiendo riguroso como el olvido. Juez y parte de su propia poesía, podó su árbol, las ramas, dejó el fruto solitario a la intemperie, donde cada lector lo recoge y disfruta a su manera y entendimiento. ¿Poesía para cualquier estación o temporada del año?
Leamos a Rubio, lo que él quiso que leyéramos, lo que nos dejó en su exigente y avaro oficio. Rolando Gabrielli©2007
El Cactus
Alberto Rubio
Apretada la tierra en la greda vasija
ha tiempo que parió al esbelto cactus.
Cada día lo veo de mañana,le llamo:
-Fiel amigo, esbelto infatigable.
Entonces me obedece el cactus verde,
se adelgaza, se esbelta infatigable,
y yo le digo: -Amigo, amigo verde.
En las tardes parece que envejece.
Pero en cada mañana me lo dice:
-Yo soy verde y esbelto, esbelto infatigable,
leal amigo, reciente, madrugador, delgado.
Le vuelvo a llamar fiel, y él permanece
en la huída de los días.
-¡Anudador de días!- digo entonces.
Y él me junta los días,
los engarza en su esencia delgada.
Así yo tengo el tiempo vuelto cactus:
delgado, fiel amigo, esbelto infatigable,
madrugador, reciente, el joven siempre verde.

Inmóvil
Alberto Rubio
Fatiga despuntar un par de pasos:
basta el impulso como heroico avance.
Deslumbra agotador el solar trance
de perseguir las albas, los ocasos.
¿Correré siendo sol por campos rasos,
rayos mis piernas de frugal alcance,
si sangro sombra en vesperal percance,
rotos sanguíneos y solares vasos?
Dios mismo se cansó cuando encendía
su universo, del mundo, que no cesa
de cansarme como a Él lo cansaría
con su fulgor de chispa en cielo presa,
viva en el tiempo enorme todavía,
pronta en el infinito a ser pavesa.

viernes, marzo 30, 2007

Hay días


Hay días que asoman así, enredados, ásperos puercoespines. Llegan, no avisan, están. Se saben negros, rabiosos, sin alma. Empujan su carrito sin viento, ni luz. Silenciosos, pero densos, sombreados, se empotran en el pecho hasta hacer un agujero. Ellos mismos son un pozo negro que tiene la virtud de saberse ciego. Se instalan en el umbral del día y dejan correr un rollo negro, aparentemente inédito, pero es repetido y lo nuevo son los claros botones de la rosa cuando le sonríe a la espina. Es un nuevo día para alguien, el turno de un par de alas que deja su nido.
Rolando Gabrielli©2007

martes, marzo 27, 2007

LA NOCHE MACONDIANA DEL PÁJARO AZUL
























El Sótano estaba iluminado como fin de fiesta. Apuraba unos trabajos y escuchaba los discursos de GGM y Carlos Fuentes desde Cartagena de Indias, durante el cumpleaños de Cien Años de Soledad. Nunca vi la torta amarilla llena de mariposas con sus velitas para tantas fechas macondianas conmemoradas ese día. Sin embargo, España seguramente homenajeaba también a Cervantes, quien no disfrutó su genio en vida y comparte la gloria con GGM. Carlos Fuentes dialogó todo el tiempo en su discurso con Julio Cortázar y GGM. Un homenaje, sin duda, al Gran Cronopio. El video mostraba una lluvia de papelitos amarillos sobre los asistentes a un acontecimiento único en las letras iberoamericanas y en la historia de la Real Academia de la Lengua Española.
Ciudad de Panamá lleva dos días vestida literalmente de amarillo con la floración mágica, efímera, espectacular de sus guayacanes sembrados en sus calles. GGM había abandonado el istmo, entre gallos y medianoche, un par de días antes de la floración mágica, cuyas flores se desprenden de sus árboles como mariposas macondianas absolutamente lánguidas, hermosamente efímeras, soñadoras, fantásticamente reales.
Salí a buscar un taxi, el auto personal con un problema electromecánico descansa bajo el guayacán. Surgió de la nada, de la boca húmeda de la noche, un amarillo, algo destartalado, zumbando con su motor casi dormido y tuvo la gentileza de detenerse a la 1.11 de la madrugada. Un hombre moreno, de barba, con una música estridente me sonrió en señal que subiera y dijo: ¿A usted lo he llevado alguna otra vez?- Probable, le contesté. El Dorado, le señalé y la música despertaba a un gallo antes del amanecer. La avenida estaba despejada, seguramente la fiesta de cuatro días seguía en Cartagena de Indias con reyes, presidentes escritores, académicos, periodistas y la gracia irremplazable del pueblo.-¿De dónde viene, me preguntó el taxista?- Vengo de escuchar a García Márquez. ¿Le conoce?- Sí, respondió. Por él y Gabriela Mistral reprobé un examen final de graduación en una de las bases militares norteamericanas aquí en Panamá.
El taxi-abejorro se internaba con sus ruidos por la avenida y el taxista alegre relataba sus peripecias con el autor de Isabel viendo llover en Macondo. -Él ya murió hace muchos años, dijo con aplomo y agregó, como uno pierde un grado académico, una certificación por una décima. Fue una máquina la que me reprobó. Esas no fallan. ¿Qué ha leido de GGM, le interrogué? El Pájaro azul, respondió de inmediato, sin dudar. Juro que vi esa noche como revoloteaba sobre mi ventana el pájaro azul y traía buenas noticias del Norte y del Sur. El taxista sonreía y seguramente recordaba pasajes inéditos de la próxima novela de GGM, El Pájaro azul. Me bajé del taxi y abracé al Guayacán, sentí como caían los últimos pétalos de sus ramas y me bañaban de un tenue y profundo amarillo.
Crucé la puerta y la memoria me llevó al pájaro azul sobre un lejano paisaje de nieve que sellaba su vuelo con la primavera.
PD: Gabriel García Márquez había revelado por fin como se puede escribir una novela como Cien Años de Soledad. La receta: dos dedos tecleando a la velocidad del viento sobre una Royal y consultando siempre las 28 letras del abecedario.
Rolando Gabrielli©2007





lunes, marzo 26, 2007

QUEMO TUS NAVES




Me hundo con la Esmeralda
y el Huáscar,
adiós al Séptimo de Línea.
Oh, patria,
abre tu rada.
Malditos héroes,
atorados como piedras
en el camino,
imútiles amados trofeos.
Los muertos salen a flote,
de su oscura luz sus huesos,
arrastran y hunden,
pesan más que la historia
¿Y si el pasado quemara sus naves?
Rolando Gabrielli©2007