jueves, julio 15, 2010

Ojo al ojo de Millàn


Ojo al ojo,
de Millàn,
donde pone la palabra,
està el poema.
Rolando Gabrielli©2010


Me gusta volver  a los poemas de Gonzalo Millàn, como un viejo soldado del Ejèrcito de Salvaciòn, fanàtico, ciego y detenido al mismo tiempo en una esquina cualquiera del tiempo y la vida, sin que nadie  me atienda, ni escuche. A buscar un beneficio anònimo, sin otro intermediario  que el esfuerzo personal. Soldadito de trinchera, sin ninguna posibilidad de grandes ni pequeños titulares, neones de la oscuridad, mis coetàneos aplauden frente al mar y la cordillera hace eco. Otros suscriben la antologìa de la Patria. O el gran premio de la posteridad floral de los juegos y  la primavera eterna.
 La palabra  en el desierto es un grano de sal y arena. Norte y Sur, Millàn el màs precoz de todos, sin duda   artesano, dedicado, laborioso, moroso y voluptuoso seductor de la palabra, con su esmeril encantado. Recuerdo aquellos paisajes de su propio oficio sobre una amplia mesa, rodeado de diccionarios, autores, escribiendo a mano sobre la  hoja en blanca, a veces tan estìtica. Su antigua casa en las faldas del Cerro San Cristòbal, en las proximidades de La Chascona nerudiana o  en Tobalaba, Ricardo Lyon, donde Santiago le remara el cuerpo, sus muebles, biblioteca y mujer. El poeta no depende de sì mismo, ni su escritura de una  sola palabra.
Es un ejercicio solitario, empujado por viejas memoriosas lecturas y los recuerdos, imàgenes, obsesiones compartidas, circunstancias, una època irrescatable. La primavera  y los veranos como telòn de fondo de un conjunto de olores que se traducen en una manera de estar, sentir, pasar, ser, respirar.
En Limbo City uno tiene el tiempo para el juego del pasado, dejar que la hoja liviana tome altura y  no se haga necesario registrar si las nubes acosaron  con sus retazos blancos el  cielo azul invicto de la mañana.
La poesìa de Gonzalo Millàn es como la yema de sus dedos, tàctil y visual, recurrìa a observar lo inesperado y creo le gustaba tocar la madera de sus versos que ponìa en 9 versiones hasta dar con la última que es la definitiva. Jugaba  con la miniatura de la palabra y los objetos que construìa con cajas y palos de fòsforos. Levantaba un universo a la medida del  asombro y cotidianidad, al uso de los materiales visuales, manuales y siempre se remitìa a la palabra. Los poetas objetivistas estàn en sus  sentidos y textos,
Relaciòn Personal interpreta, recrea y rehace los primeros pasos del amor y la adolescencia, la pareja que dibuja y desdibuja en sì misma, su ventura iniciàtica. En el orden de los dìas y la poesìa, un primer libro, que se convierte para el lector màs exigente en un fruto maduro: el poeta ya habìa plantado la semilla en la tierra.
Miro y me miro en las dos ediciones de Relaciòn Personal, la original, pequeña como una persiana verde que esconde  a dos còmplices. Contraportada verde, el jardìn del amor, donde se gana y pierde, la rosa y la espina. Esta ediciòn data de 1968 y contiene  42 poemas que son alfilerazos al corazòn de un lector que va dispuesto a entrar en un libro que contiene  el ritmo de la vida, sus olores, sabores, encantos y desencantos, la experiencia de un buceador que sabe reparar el dolor con humor, que conoce sus limitaciones, sabe encontrar en la memoria un mejor presente. Se siente la pelusilla de los dias adolescentes. El fruto puede caer o no en la palma de la mano del joven, pero la palabra està madura. Un libro que todo iniciado en la adolescencia debiera leer con los ojos bien abiertos, porque es un libro para hacerse còmplice del autor y entrar en el paisaje dorado, oscuro, ìntimo, divertido de un muchacho que no llegaba a los 20 años o los rondaba al filo de la navaja juvenil, la màs filosa de todas. Màs que subjetividad en Relaciòn Personal, hay objetividad  de los subjetivo, el ojo cruel, gozoso, amoroso, irònico, ridìculo, de la vida  y de la relaciòn con la pareja, compañera, amiga, los objetos, el paisaje, las circunstancias, la memoria y todo lo que te rodea y desprende de si mismo.
Relaciòn Personal vuelve a editarse el 2006, como portada el rostro de  Millàn, en blanco y negro y las dimensiones del texto son muy superiores a las del original. Incluye  un total de 47 textos, pero a mì lo que màs me interesa de esta  nueva ediciòn aumentada  es el Apèndice, donde se incluyen tres poemas largos escritos por Gonzalo a los 19 años y que fueron editados, dos de elllos, en ediciones Orfeo, una revista que incluìa a los futuros grandes poetas chilenos o al menos los que figuraban por ese entonces. No es por la edad  del autor, que me llaman la atenciòn, sino por su originalidad, calidad, estructura, manejo  artesanal de la palabra, oficio, y belleza de su contenido, el significado que vemos detràs de las palabras.
No sè, como dice Alejandro Zambra, editor de la segunda Relaciòn Personal, que Millàn le debe màs a Flaubert o a Robbe -Grillet, que a Neruda. Lo que si  pude comprobar  en la mesa de disecciòn del poema, es que Gonzalo usaba el mètodo del biòlogo, un cuidadoso examen de la materia prima y una comparaciòn continua de un trozo o espècimen con otro. Es lo que recomienda Ezra Pound en el ABC  de la lectura. Admiraba a Huidobro, lo supe por sus  propias palabras: Cada dìa se me crece màs Huidobro, me dijo. Lo veìa con Apollinaire. No era lector de una sòla lectura.  Estàn los poetas malditos  a los que todos levantamos una y otra vez un altar en nuestra adolescencia y de manera merecida. Santones de una iniciaciòn necesaria. Millàn, como Parra, como todos los poetas chilenos que buscaban su propio camino, intentaban escapar de la influencia nerudiana. Màs que comprensible respirar con la propia sombra, aunque fuera coja, desvalida y anduviera a tientas, huèrfana.
La fuga de la hija ùnica, me parece extraordinario,  un texto   que se inicia con una advertencia de la hija a la madre, pero que es màs que ello, simplemente una certeza de lo que va a ocurrir irremediablemente, como un relato cuyo desenlace serà inevitable. La muchacha sabe  todo de antemano y le pide protecciòn quizàs para que no ocurra lo que tal vez ve como felicidad: Tàpame con el plumòn azul de la infancia, un verso de resguardo, dèjame seguir siendo niña a tu lado. Pero ella ve claro a su pretendiente y lo describe con detalles inequìvocos, que yo dirìa, la certeza de la aventura y el amor. Trae un sol tatuado en el brazo//y una mancha de petròleo en la mejilla. Imàgenes claras que reflejan su decisiòn y el conocimiento de su amada còmplice a travès del relato del poema, el texto sabe todo: Èl viene a travès de los rieles/despertando durmientes con su voz de campana./Ya cruzò el puente/y sus pisadas/ se fueron como  balsas por el rìo/El ya llegò al  bosque y dos  ramas de aromo/ van borrando sus pasos. Su paso no deja  huellas, sus pisadas nadie las encontrarà, todo un enigma, y la hija le da nuevos datos a su madre: ÈL viene solo y ademàs le  da una salida, porque aùn està a tiempo de retenerla a su lado. Di a los barcos que salgan al camino//y que con sus redes lo atrapen como un lobo/ y advierte, pero èl los torearà, madre con su pañuelo/ y les tirarà puñados de arena en sus ojos. Di, madre, a los carniceros que abandonen sus locales/ y salgan a detenerlo con sierras y cuchillos. Pero se ve que  viene preparado, dispuesto  a todo,  èl bajarà su estrella que tiene cogida en un hilo/y con su honda de espino les pegarà en el pecho. Llama a mi padre y dile que abra el ropero//y que dispare,dorada, su escopeta de ajìes/Escucha, madre se acerca La rodilla tiene abierta un pantalòn de mezclilla/y en su camisa sucia hay agujas de pino/Dile a mi padre que tome el hacha/yvaya a cortar los rieles/Madre, sàcame los ojos con un gancho de ropa/ytàpame los oìdos con cera de abejas...Es decir, impìdele que me lleve, pero es tan improbable, que de todas maneras te aviso, comunico y pongo en autos. Pero sigue argumentando con videncia acerca del peligro, el riesgo que corre ante lo inevitable. En sus bolsillos trae una argolla de cortina y mi canciòn favorita sale de su pecho/Dile a los niños que  vayan a meterle miedo/que dibujen rostros de  fiera  rojos carbones/Escucha, madre/se aproxima/Di a los pájaros de vidrio que le hagan zancadillas/Di a los cerdos negros que se coman sus dedos/Que èl se llevarà mis pechos como dos sombreros/y mi sexo ondearà en el suyo como un pañuelo. Lo inevitable siempre parece inevitable. Madre, que tengo miedo/padre, silba a tus toros./ Madre, bùscame un hermano/El vagabundo ya llega con sus manos de fuego/y siento sus caracoles verdeando mis piernas. ¿Còmo evitar, neutralizar la fuerza del deseo? Madre. Padre. El vagabundo/Que abandonen la taberna los ociosos y los ebrios/con sus bocas de barriles, emborràchenlo de vino.
Madre, el vagabundo...quebrò los màstiles con sus manos quemadas/partiò los cuchillos blancos de los carniceros/escupiò los ajìes de la escopeta dorada/los hilos del tren reparò con barro/les pegò en el traste a los niños que le asustaron/quebrò la zancadilla de pàjaros con su zapato roto/marcò el lomo de los cerdos con su mano de fuego/estrangulò el vino azulenco que pateò en su vientre/
Madre Padre/El  vagabundo llega/ Ambos progenitores estàn avisados, ya no sòlo es la madre, la primera en proteger la honra y vida de la hija. Siente que ella no puede sola a lo largo del poema recurre a otros poderes y fuerzas.Ha sacado el plumòn como una hoja de mis brazos/Me ha marcado la frente con su mancha de petròleo//y ha puesto la argolla en el cuello de mis senos.¿Quièn puede detener la lìvido compartida?
Madre, padre, el vagabundo ha llegado/Vagabundo, vagabundo, nos alejamos por los rieles/Mis pechos  penden de su espalda como dos sombreros/Vagabundo...Vagabundo.../Mi sexo flamea en su sexo como una bandera/Madre...Padre...Vagabundo.../Mi amor me lleva por los rieles.
El tercer texto  de Apèndice de esta ùltima versiòn de Relaciòn Personal, se llama Desierto, un tema que siempre me ha motivado y puesto alas a mi memoria y pasiòn por ese espacio de nadie y de todos, tan personal, ìntimo, dueño de sì mismo y  que nada exige. El desierto son sus propios recursos, fuerzas, la paciencia del dìa a dìa, su humildad hipnòtica frente a los elementos que le rodean y asedian, ante el viajero que no se cansa de visitarlo. Convivir con èl, es otra cosa. Tuve esa experiencia por unas dìas y noches, en la soledad de sus caminos salobres del norte chileno, con su camanchaca que huele a otro tiempo y se impregna en los pulmones. La humedad que la aridez  pareciera confundir, el desierto la entrega en sus noches y amaneceres,  y en el dìa el sol vertical quema, es dueño absoluto y es el mejor traductor del clima del desierto. Viene de siglos este tiempo silencio, pasivo, siempre en espera, alucinado por su propio tiempo.
El desierto es la armonìa con la nada y con todo, un acto tan personal de reunirse consigo mismo. Capaz de usar espejismos para brindar esperanza al màs extraviado de sus seguidores, pienso que no tiene lìmites en su compasiòn y creatividad. El desierto se autohabita y tambièn el hombre  le acompaña sobre la superficie y se adentra en sus minas, en la riqueza de sus vèrtebras, y hace de la roca algo màs que  silencio y olvido.
¿El desierto està para magnificar o apreciar la soledad? ¿Su objetivo es superar el tiempo? ¿Su belleza radica en su silencio o en lo que dejamos de escuchar? El desierto no se mira en el tiempo que dejò atràs, ni se prepara para el mañana, son otros los interesados en ver las cosas distintas, aunque el desierto que yo conozco, cambia de colores, temperaturas, pero se mantiene firme, permanece en lo que es.
¿Quièn ha dicho que el desierto se divierte? Es la pregunta rotunda del verso con que  Gonzalo Millàn inicia  sus 29 versos  sobre este espacio extremo que ocupa un tercio de la tierra y esconde el misterio de la discreciòn por propia voluntad. Yo lo he visto, viejo, y con la barba seca y entierrada//sentado en el cràneo de una vaca/Y no se rìe con las piedras como dicen /Ni juega a la ronda/en las mañanas con los cerros (¿Recordando a la Mistral?) Ordena sus viejos tarros de conservas/donde guarda tierras de colores/y sale en las tardes, con un sombrero de polvo/a recoger papeles en la lìnea de los trenes/Los domingos, en un remolino de arena/baja a la plaza de piedras del poblado/y levanta  las faldas de las muchachas/que salen de la iglesia/Pero se equivoca quien  dice que se divierte/Dirè que  en las noches, solitario/cuando escucha el remedo de los trenes/coge piedras pàlidas como làgrimas/y quiebra ventanillas con sollozos y alaridos. Este desierto de Millàn es un desierto que sufre su condiciòn de tal. Desde un principio nos enteramos que no està a gusto con la reparticiòn de la vida. Un personaje adusto, desamparado, y la soledad no le viene como modo de vida, ni es el aspirante a sòlo ver pasar sin consecuencias. El desierto no sòlo  se mira interiormente, sino ve que  màs allà de su lìmite se termina el desierto, aunque desconoce que toma otros caminos, cauces, maneras el espacio y el hombre que le habita para crear su propio desierto.
Pero no es nada, suena/ y se pierden/y queda silencioso el viejo del desierto/Ordena su museo de espectros/mira sus piedras/patea sus tarros oxidados/y va con el esqueleto de su perro/a sentarse a la orilla del camino/a mirar si viene un hombre, a lo lejos.
¿El desierto es humano? ¿Se humanizò? ¿Què espera el desierto y por què sigue creciendo si no està agusto con su aspecto? Este desierto del joven poeta se sabe pobre y de alguna manera va a la orilla de su propia vida  con la esperanza que llegue la mano del hombre  a cambiar las cosas. El desierto chileno, Pisagua,  es un lugar de extrañamiento, destierro, deportaciòn, exilio, privaciòn de la libertad para polìticos y personas  de izquierda. El desierto tuvo la oportunidad de compartir por distintas èpocas la humillaciòn del hombre por el hombre. Conocer la làgrima seca y el olvido, la pena del abuso de autoridad.
La Làgrima seca
Desierto/destierro/despierto/en el duro arenal/viento de la sal/mar de la ventana/paìs la làgrima rota/sin dientes pules la sonrisa/del muerto/el esqueleto la calavera/que el tren mirò al pasar/con su humo la locomotora/aturde el sol/las manos recogen sal/los ojos recogen sal/la arena recoge sal/la sal conserva la memoria/El mar, nadie/olvida losmuertos. (Rolando Gabrielli)
El desierto de Atacama (Pato Negro en quechua) es el que tengo en mi memoria y florece cada diez años, siendo el màs seco del planeta. Y sobre todo a su gente, cuyos rostros cincelados por el propio desierto no dejan impasible a nadie.
Rolando Gabrielli©2010

Carpetas de la mesa redonda

Cuando la PC sale de circulaciòn, el ordenador se esfuma y toda imagen o palabra deja de ser  digitalmente real, hay que recurrir a la vieja retòrica y oficio de las carpetas. De alguna manera siempre existiò un orden y un desorden casi perfecto. Procesar es el poderoso verbo que nos recuerda El Proceso de Kafka, en cierta forma todo es y no es.
En los infiernos tecnològicos, aquellos en que caen los inocentes, desprevenidos, incautos, se pueden borrar hasta las huellas de años de trabajo y al ingenuo poseedor de este aparato que contiene todas las palabras acumuladas en el Disco Duro, dueño absoluto de los materiales, textos, cuentos, poesìas, novelas, crònicas, correos, dibujos, fotos, imàgenes.
Mi PC, en este mar de infortunios, universo que crispa la punta de las pestañas, està en su trance, tras arrastrarse en la lentitud de sus dìas, semanas y meses, hasta ser despreciada por un tècnico a la violeta que la olvidò una semana y despuès la rechazò ofendido de inacciòn y de esa vulgaridad llamada flojeritis aguditis en compañìa del no me importa. Los tècnicos  son una suerte de divos, mezcla de detentores de  una sabidurìa y Lady Gaga. De todas maneras te miran por encima del hombro y te cobran lo que  estiman conveniente desde que acomodan sus doctos dedos sobre el teclado que pareciera reunir todas las respuestas.
En ese  impasse del retorno de la PC, el justo punto muerto de la humillaciòn, porque se le ve a ese trozo metàlico sin facha de nada, despreciado, descabezado de su monitor, que le da cierta alegrìa y vanidad aceptable, ya que es atenciòn obligada de quien se sienta frente al teclado, porque no puede hacer nada sin el ordenador. En ese minuto en que se encuentra arrinconada la PC en el piso, es muy poco lo que uno puede no decir por el despreciable tècnico y su mala leche. Eso lleva su tiempo, retener la bilis y no arrojarle  un escupitajo en señal de que el desprecio, holgazanerìa, mala voluntad, tienen tambièn su antìdoto. Pero los innstantes  pasaron unos  a otros se sumaron sin mayores consecuencias, sino lagunas de impotencia.
Y siempre  aparece un salvador, amigo de la criatura indiferente para buscar una soluciòn, que a veces complementa la desdicha y lanza la suerte a todos los infiernos habidos y por haber. Se llevò la PC para  hacer el trabajo en primera instancia, porque era cosas de formatear, limpiar, quizàs agregar algo de memoria. Pecata minuta. Pasan los días  y la errante PC no vuelve a su normalidad, hasta que el  rescatista la envìa por su cuenta y riesgo a un negocio chino ad hoc, el lugar donde se arreglan las computadoras, pase lo que pase.
En dos dìas llegò a mis manos. Ahora no estaba lenta, sino ràpida, como debìa ser, con nueva memoria,  algo màs, y sucediò que se trancaba. habìa que reiniciar y reniciar. Algunos programas no andaban. Hasta el inefable Yahoo se salìa con la suya, absolutamente retacado, se abrìa y cerraba como un reloj Cu cù. La PC no cerraba, simplemente se manejaba con totalmente autonomìa, esa de la esquizofrenia perfecta, donde se relaja hasta el ùltimo vericueto de la realidad. Intentè por la vìa de la paciencia, encontrar alguna respuesta de ella misma, porque consultar a màs sabios, ya era  un esfuerzo demasiado fuera de lugar. Aparecìan algunas figuras locas, avisos desconocidos, ruidos en el hadware, y de alguna manera entrè en un mundo fantàstico e inesperado lleno de sorpresas. El ùltimo  recurso fue parar, detener, empujar el botòn, no dejar  un sòlo movimiento màs a la vista. Cero libertad.
Comencè el proceso de desenchufar cable por cable. La subì al automòvil. Pasajero de al lado, no fuera ser que se bajara antes de tiempo, se lanxzara por la ventara, intentara una última maniobra, algùn recurso desesperado para autoolvidarnos. Bajè el vidrio y encendì el aire acondicionado. No fuera a ser  que se le tostaran los últimos circuitos y a mi los cables. Avanzamos como dos buenos amigos. Años juntos. Y todo iba bien. Nunca un virus. En noostros no estaba la corrupciòn informàtica. Estàbamos viviendo el  bloqueo del robt de Google, de una manera digna. Si le habìamos hecho frente con dignidad a tantas cosas. Inclusive al silencio.Los internautas hasta aquì habìan sido solidarios lectores.Seguìamos avanzando por la calle, una curva, otra, inmutables.Un llovizna nubosea el paisaje, refresca el aire, incomoda tambièn, el parabrisas hace su trabajo. El asfalto comienza a brillar y el cielo se opaca, nuboso, gris, amenazante para algo màs, pero se queda en sus preàmbulos. Llegamos le digo a mi frìa interlocutora, silenciosa, displicente, indiferente. A mì que me registren, pareciera indicarme sin el menor gesto.No conozco el lugar. Salgo sòlo caminando lloviznando mirando saltando corrriendo asomàndome al sitio probable preguntando màs adelante Los Tucanes se llama el centro comercial y llego.
Las vitrinas siempre entregan  alguna informaciòn, me digo. Leo, veo y de pronto entro  sin reparar por la prisa un detalle. Una chinita sentada en una escalera comiendo. Otra chinita acude  a verme. Tres chinitos cabizbajos  hurgando el corazòn de unas Lap Top. Todo se veìa normal.  Explique el caso y la chinita menuda, àgil, de razgos suaves, manos delicadas, me dijo: dèjala aquì para revisarla. Le mostrè "la garantìa". Y me fui algo in-tranquilo. Al volver ver la vitrina en su conjunto, ya con calma, observo a la derecha unas piezas de cerdo para ser cortadas, Un hacha sobre una madera, la carne roja. Pienso que me sorprendì.
Me preguntè que instrumentos habràn usado para mi PC.
Me fui con un montòn de ideas extrañas. Cual màs de todas. Competìan entre sì. No las querìas despachar de mi cabeza. Hasta que vi a  a un cerdo escribiendo sobre el teclado de mi PC.
A la mañana siguiente me llaman los diligentes tècnicos. Su PC està plagada de virus, su Windows no funciona, etc.etc.etc. Pregunto: ¿Entonces que le hicieron?. Nunca he tenido virus, estaba lenta, repito, pero andaba. Llamo al experto y conocedor del lugar para que se entiendan. Èl hizo la propuesta y ellos dieron la respuesta tècnica. Al final acordaron respetar la garantìa y solucionar el  tema. Veremos.
Por eso ando con mis carpetas, algunas, de decenas de papeles, documentos, etxtos de todos los tamaños e intereses. Las carpetas han ido tomando cuerpo, ellas mismas se bautizan de acuerdo con sus contenidos, y dirìa, estado anìmico y un cierto sentimentalismo. Son las Carpetas de la Mesa redonda, ellas pactan su espacio, tiempo, manejo, sus textos, intertextos e importancia en el aquì y ahora. Se turnan y varìan. Nunca estàn estàticas. Se brindan el espacio y el tiempo que pueden.Y todas pertenecen a lo que  ocurre  en el imaginario real de Limbo City. Tienen esa filosofìa que les concede el aire sobre el aire y bajo los pies, nada.
Son papeles, fragmentos de poemas, notas, textos inconclusos, material de apoyo, dibujos, mucha letra menuda,

martes, julio 13, 2010

Con esta campana
hablo a tu oìdo sordo
El eco reconoce de memoria
tu nombre y el silencio
que me oye
La campana
se escucha asìmisma,
pero no es sorda.
Rolando Gabrielli©2010

lunes, julio 12, 2010

Caballeros de Isla de Pascua

¿Què esperan estos caballeros
en Isla de Pascua?
¿De dònde vinieron y por què
llegaron en medio del ocèano?
¿Una larga travesìa
para mirar  el inmutable horizonte
con sus rodajas naranjas  
y contemplar cada dìa el mismo
atardecer de sus antepasados?
Se hicieron piedra finalmente,
rocas  calladas
sòlo para ser observadas
Nadie debiera poder quedarse
como estatua
para el resto de su vida.
Rolando Gabrielli©2010




jueves, julio 08, 2010

Que el hígado se lo coman otros


Desde el amanecer del Sótano

Un mito, un poeta, un novelista, un lector compulsivo, un feroz polemista que dejó su hígado en la literatura y convicciones, un perdedor que siempre se subió al ring con las manos limpias, un tipo amado, odiado, ignorado, un anarquista que vivió la gloria a pedazos mezquinos, Roberto Bolaño, sigue siendo leído, reeditado, permanece en bocas amargas y lenguas dulces, pero sobre todo, está con nosotros vivo literariamente hablando, en lo mejor que supo hacer: ficcionar la realidad y realizar la ficción desde el amanecer de la palabra hasta su última gota.

La literatura es toda la invención de lo real. Una maquinación perfecta del ego de la realidad friccionada del lector, más unas cuantas reflexiones, palabras e historias que el lector tiene que asumir e inventarse, además de lo escrito, propuesto y no dicho por el autor. Todo se ve en un espejo como si nos fuera a ocurrir y en verdad ya ocurrió o nunca ocurrirá en el tren de velocidades intermitentes de la literatura. Bolaño jugó ese juego, y dejó que el hígado se lo coman los demás. Un mundo con sus mismas bellezas, sueños y espantos. Hoy el universo mediático en manos de un pulpo vidente, de arbitrajes ciegos y montajes verbales o de imágenes en búsqueda de un mundo mejor, está más cerca de los alardes que de la palabra y de los verdaderos contenidos por donde debieran pasar los mejores sueños, al menos una bocanada de la esperanza. Así sucede y pasa la historia con su carrito de mano.

¿La falsa Utopía de los dueños del tridente? ¿Un mundo mejor para los dueños de la felicidad? ¿Quién es el dueño del negocio?

Mi coja, vieja, chambona Utopía/ deslumbrante/Señora, en tus rengas palabras avaras/adivinadas por nadie/ quedo en pura profecía sin futuro /Oh cuervos de Poe/ mis ojos favoritos/Utopía por utopía/nada cambia/ni hace más ciega la oscuridad/ La noche silabea/el día canta lo que el pájaro/desea escuchar/son voces, son voces,/las cigarras no son menos/que las bocinas de la ciudad/En el stop de las esquinas/se detienen otros desafortunados/con sus rosas sobre los vidrios de papel ahumado/ los automóviles ruedan igual que ayer/edificios vacíos, iconos sin alas/todo a un precio escalofriante/la plusvalía sonríe frente al mar/nada afortunada en la miseria ajena/ ¿Qué dirá el pez en la red?/El humo broncea los rostros/ Hay un nuevo paseo para matar las horas libres/la criminalidad se deja ver y no tocar/como la cola de un perro/La historia inunda inmunda de titulares/¿desaparecerá el papel?/¿los subterráneos se convertirán en comedores vacíos?/ ¿las donas engordarán las estaciones? Museos/computadoras con archivos sin memoria/ratones, bellos colaboradores de laboratorio/Mercancía de segunda/reciclada/ bodegas por paisajes/Tú estás detrás de la música/que alguien toca/Los oídos nos hacen sordos/de vez en cuando es mejor/sólo ver el azul sobre el mar/Oh Fenicios estas son sus playas/aquí los largos remos/ naves/ abecedario de conquistas/Nadie recordará el futuro/ presente de un mismo presente/ripio del pasado/ El sol jamás renunciará/al trono oscuro del alba/nos tragaremos las monedas brillantes/como casinos sin suerte/ ni ley/ cerdos de un gran pastel/no sobreviviremos a tanta porquería/viajaremos por los desiertos/ como maniquíes con mapas de cera/mensajeros de huesos limpios/ verán brillar la libertad/ en un grano de arena/se contendrá toda el agua del mundo/ tus pesados ojos Oh silenciosa/la nieve/ el sol de antiguas estaciones/ y los vientos nuevos que vendrán/Todo estará por hacerse en el poema/como en un principio. (Rolando Gabrielli ©2010)



Un autor debe conocer, fotografiar, amar, odiar intensamente su entorno, para saber por qué vivió allí y llegó a poner la sangre de su semilla. Chile, el DF, España, todos los autores preferidos, el propio abecedario, el lenguaje oscuro que cargamos en una mochila y vaciamos en la hostil y plácida página en blanco. Bolaño, Bolaño, Bolaño. Cosmopolita fueron Marco Polo, Alejandro, Atila, Darwin, Julio Verne, Saint Exupèry, Gagarin, Cousteau, Joyce, Cortázar, Carpentier, Borges, Octavio Paz, Huidobro, Rimbaud, los viajeros que se quedaron, los que soñaron con viajar, los que nunca divisaron tierra como el loco, afiebrado grumete de La Santa María, los que en el mar encontraron la paz, cosmopolitas todos, incluso aquellos que terminaron dando vuelta la esquina en su única ciudad. El lugar importa, si y no, los viajes, el Cosmos de los pollitos que escriben desde las capitales que ven pasar como urbes de grandes ubres holandesas, se las beben de paso, las retratan de pies a cabeza, se las toman por el culo de la novedad y las taquigrafían como si la flauta sonara por primera vez en la página en blanco del pequeño circo romano de la narrativa más prosaica que la prosa. Se reúnen estos y aquellos, los viejos y nuevos músicos, bien y malpensantes, en Colombia, o no importa, donde la geografía aguante el mercado. Inclusive al sur de La Patagonia, donde por un par de días se reescribió lo desconocido, lo Nouveau....

La agenda ahora también parte de la búsqueda colectiva de lo "insólito contundente" y en parte se aterriza en el autor de Los Detectives salvajes, donde en tabla rasa, sobre una de las mesas, se analiza, más bien "desmenuza, si el éxito de Roberto Bolaño es genuino o una estrategia de marketing editorial." Vivimos un época, tiempo, donde el mercado usa más trucos, trampas, trampolines, y se travestea, transforma, crea su propia tribu al son de la tru truca. Dejemos el mercado, que lo domina todo, o casi, y tiene a sus fieles hijos de un mismo pastor.

"Bolaño ha sido producto de varios equívocos alrededor de su figura: "El primer equívoco es confundir su obra con lo que fue su vida. Se dice que fue innovador, pero su temática de escritores sobre escritores fue inaugurada por Henry James, y más acá tratada por autores como Sebald o Vila-Matas. Sus procedimientos también están en la literatura desde hace rato. Esto no quiere decir que no sea un gran escritor, porque lo es, pero no por las razones que se aducen" Palabras más o menos del argentino Guillermo Martínez, ex becario de Oxford en el país de Agatha Christie. La paja en la literatura ajena abunda. El torero ya sin ruedo, yace en la arena bajo el fondo del Mediterráneo. No toda palabra termina siendo ceniza."El éxito de su obra en los Estados Unidos lo hizo sospechoso para algunos, porque entró en cierta institucionalidad", dijo alguien en el foro colombiano. En los días de una Feria del libro en Bogotá, escuché allí, cuando Bolaño volaba sin la capa de Superman, pequeñeces sobre su obra y aún no salía 2666 y toda su poesía. El autor aún rondaba la miseria de sus detractores. Creo que hay autores con una vida màs rocambolesca que Bolaño, el propio Neruda a quien tomò como personaje. Eso no es lo màs importante. Los poetas y los narradores suelen incluirse, formar parte de su obra. Rimbaud es una leyenda incomparable, quizás irrepetible, basada en su genio y silencio in/mortal. A Bolaño no le faltó osadía, aventura, imaginación y siempre fue desafiante del sistema, de la generación que le precedió y a sus pares, especialmente chilenos. Transgresor a tiempo completo. Fue un héroe de la doble sobrevivencia física, por su enfermedad y vida de inmigrante, de escritor desamparado e inclaudicable. Crítico, contestario, escritor caudillo del ejército de sus palabras y de un pequeño ejército de salvadores de la poesía.

En este mundo de malos arbitrajes y pulpos videntes, se reeditan los cuentos completos de Roberto Bolaño, 34 en total, bajo el título simple: Cuentos. Cuenta Bolaño con su vida, retazos que cuenta, como cualquier contador de historias, la ficción es real, el autor se recrea, recurre a lo que vivió, soñó, estuvo por ver, imaginó y mintió de la manera más creíble. La ferocidad de la ternura tiene no sólo un mérito, sino forma parte de la memoria, como cuando el odio toca la bocina en la madrugada frente a la ventana. En la literatura hay unas vueltas en círculo que no siempre se juntan. Por demás, sería aburrido y hasta sospechoso. Bolaño como un autor realista capitalizó lo que respiraba, sus pisadas, la espalda que le dio la vida la enderezó en sus historias, que fueron, pudieron ser, y le vinieron de tanto venir. Su leyenda vestía con ropa propia, no buscaba calzarse con zapatos de famosas boutiques, ni se le veía aspiraciones extraliterarias inadmisibles. Arrastró a España sus desventuras aztecas, la derrota, el fracaso, la miseria, la pequeña felicidad, el rostro ocioso.

Y Bolaño, lo que dejó en el tintero de la imaginación del lector, le sigue dando cuerda a ese mismo lector crítico, y a quien busque en verdad la razón de la verdadera literatura e historia, su origen, porque no todo lo que se lee fue escrito así y porque sí. La literatura tiene mucho de la vida real y en ese sentido me prevengo a mí mismo. Los Detectives salvajes, clavados en el mundo y folletín bolañezco del DF mexicano, está vinculado a un episodio real del propio autor tras el Golpe Militar de 1973, en la ciudad de Concepción, famosa nuevamente por el reciente terremoto. Cuenta la historia real, dice Roberto Careaga, "que dos detectives de Concepción reconocieron en el calabozo a un ex compañero de colegio encerrado por ser un supuesto subversivo extranjero. Era Bolaño. A los pocos días, el escritor estaba libre".

A algunos escritores les desagrada que Bolaño hable de otros escritores, ficciones realidades, invente, se burle, mezcle, cuele y saque su pócima. Bolaño vivió su literatura, acomodó sus lecturas y jugó sus cartas. El lector verdadero nunca se cura, siempre busca más, indaga, muestra su olfato y se recrea ante un libro abierto a no pocas posibilidades... Bolaño creía en la casualidad y en la desesperación, en ese limbo que vive todo verdadero escritor y más cuando es insobornable. Fue un vigilante de sus propias palabras, no sólo de un camping, sino de la nocturnidad de su verbo, de la forma y contenidos que escapaban de la ilusión y realidad, de la historia que suele ser melliza con los sueños y las buenas y malas intenciones para hacer y concluir un texto.

Es un poco el poeta del chambergo, como se veía Lihn y le contaba en un poema a Roque Dalton, y consideraba que el cuento era un acto de valentía. Es que la literatura y la poesía, sobre todo, reclama coraje no para atacar o bombardear con versos a alguna escuadra enemiga,,en este caso los lectores, sino porque se trata de una acto solitario, personal, irrepetible que se repite, pero que nunca es el mismo.

La literatura también es un ejercicio feroz por encontrar el comienzo y el fin, que suelen confundirse y darse la mano, a veces.

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Epilogo



Este anarquista y feroz autor de sí mismo, de sus correrías, infancias, escapadas y retornos a Chile, aventuras y desventuras aztecas y españolas, de sus puertos inauditos sin llegada ni partidas, para dejar, antes de partir, sus huellas reales y tal vez pistas falsas. Fue un lunes 14 de julio, hace siete años en unas horas, porque este epílogo lo escribo un martes 13 del 2010 en un Sótano, que a pesar de ser una buena recomendación de Kafka para escribir, lo mío ha resultado un hábito desprendido de mi propio trabajo. Un topo de la escritura en un Estudio de arquitectos, que en las noches permite vagar en solitario por la imaginación de los edificios, proyectos, casas, que se diseñan y por la aventura personal del viaje que no tiene destino.
Rolando Gabrielli©2010



lunes, julio 05, 2010

Palabra

Palabra,
tejido, textura oral
cruel amiga del mercado
escritura barroca medieval
vuelves con tu catedral
de vidrios rotos
y oras entre las ratas,
mi manzana podrida
favorita.

viernes, julio 02, 2010

Amor, la palabra

Amor,
la palabra
me cura,
sutura,
la herida hiriente,
de la vieja palabra
muda.
Rolando Gabrielli©2010

jueves, julio 01, 2010

Menos que el paraìso

 Menos que el paraíso/ sueño,  vas distraído  de pájaros/ sin árboles ni calles/  memoria/ piar de la palabra/ espacio del nido / mì amanecer de un costado a otro/  la carne va / lujosa memoria/Yo imagino el aire/el juego de tu inocencia/sueño tus velas que levantas y arden/





martes, junio 29, 2010

Un árbol

Hoy podé un àrbol
y no mirè el rostro
de la memoria
Arranquè malezas
No siempre hay
una segunda oportunidad
Sentì mis manos seguras
y estaban limpias
Doblè la escalera
para ver la alfombra
de hojas recièn cortadas
sobre la tierra
El cielo puede tener
otras interrogantes
El dìa iba a continuar.
Rolando Gabrielli©2010

lunes, junio 28, 2010

Las flores son de este mundo

La naturaleza nos sorprende hasta con los ojos cerrados...

viernes, junio 25, 2010

El Rosario del rosarino

Chile aùn respira a pleno pulmòn en este mundial . La Roja volviò de la mano de Marcelo Bilesa,  despuès de 12 años de ausencia y de no ganar un partido en un mundial hace casi medio siglo. Una verguenza deportiva  sobre la que Chile debiera meditar humildemente. El rosarino, que apodan El Loco, màs cuerdo que muchos, le ha dado personalidad al equpo, prestancia, actitud, y le ha borrado los complejos de enfrentar a los rivales. Desde luego,  les ha quitado el esquema de la derrota, del acsi y  desa caracterìstica tan chilena en el pasado: empatar o perder en el útimo minuto de juego. A cualquiera le puede suceder, pero Chile lo había convertido en un  sello. Bielsa y su cuerpoio tècnico, han hecho mucho màs que preparar un equipo para jugar  con buena tècnica y disposiciòn al fùtbol, han  sacado lo mejor de la personalidad del chileno, infundièndole màs garra, confianza, amor propio, decisiòn, voluntad, fuerza, sentido de equipo y  ha sabido encontrar y educar esas fortalezas en cada uno de ellos. Y, sobre todo, crear una fuerza coherente, hacer equipo y apostar por el fùtbol total: fuerza, velocidad, movimiento, alerta en los 90 minutos. Chile no se ha rendido ante ningùn rival . Es el equipo que espera y aspira un pueblo orgulloso, que siempre ha salido adelante. La Roja estarà en unos minutos en la cancha. Nada està escrito.El fútbol en esta època està en Suramèrica. De ahì vienen los grandes jugadores  que hacen los equipos europeos. Los resultados en este mundial estàn claros. El Campeòn Italia y su Vice Campeón de la pasada copa, Francia, ya hicieron las maletas.  Los resukltados de Mèxico ante ellos no fueron sòlo casualidad. Venìan cojeando.España ganò la Copa Europea  a no grandes selecciones. No es el mejor momento para el Viejo Continente y hay que decirlo.
Sobre las càbalas , se ha dicho que  los chilenos tienen una sòla.  Comer un asado de cocodrilo,  avestruz y  antilope. Pero, una  chilena residente en Estados Unidos, María Josè Alonso viajò especialmente para Suàfrica a alentar a La Roja. Y al ver a Bielsa frente al ascensor se le acercò y le deio un Rosario. El Loco le dijo, no sè si lo lleve, pero estarà conmigo.

martes, junio 22, 2010

Whity querida



Whity querida
a Rolando, mi hijo

Oye, White querida,
la tierra es tan profunda
como el corazón que dejas
y nadie se perderà al pasar
frente a ti
 porque la sombra será un pedazo
 de tu luz al atardecer
Cada mañana caminarè
por el sendero que dejas vacío
para que yo lo ocupe con los mismos pasos
que juntos dimos
alguna vez
y sobre la yerba
que todos ignoran al pasar,
yo escribirè mis palabras,
todo lo que dos amigos verdaderos
se saben decir
sin que el tiempo apremie.
Rolando Gabrielli©2010

Whity, estás con nosotros

Mi buena perra mìa, Isabella
¿Què viaje hermoso  habrà  iniciado Whity la tarde de este 21 de junio de cielo azul ?, y sólo siento el peso gigante de su bondad, la humildad de su sabia compañìa, su generosa entrega de guardiana incansable y  lista,  su mirada que me abrìa todos los continentes con una paz inmensa Conversamos horas, mejor dicho me escuchaba, aunque anoche se despidiò en mi cuarto con la mirada màs triste que he vuelto a ver entre los ojos tristes de que es capaz la tristeza de brindarnos cuando se hace presente con su peso específico y real. Hablamos de nuestra amistad, amor, de lo necesario que es la comprensiòn, de saberse escuchar,  que el tiempo es casi igualmente efìmero para todos y del tiempo que compartimos que pudo ser màs. Ni una gota de egoìsmo, toda la transparecia de esos cielos  que compartìamos sin ningún apuro.
Whity, Blanquita, te llamè tantas veces al oìdo para que no  sòlo no olvides tu nombre, sino mi voz y en especial tu generosa aureola bien ganada de transparente, càlida, todo lo que emana de ese color, aunque tu piel sea dorada como el sol que en ti iluminaba mis dìas.
Fue fantástico saber que habías nacido en un barco en altamar, en el Captain Vincent Gann, ahí entre marinos y pescadores, redes,  gente de mar y tù por esas lejanas aguas en Samoa, recorriendo el mundo con mi hijo Rolando  y  tu mamà que le llamaban Madonna. ¡Què nombre famoso! Tu hermana era la Chocolate. Nadie pide ni sabe donde va a nacer y menos vivir. El globo terràqueo es redondo y la imaginaciòn va lejos. Conocì muchas historias tuyas de humillaciòn en ese barco, la última en comer y esos filipinos que te miraban con apetito  voràz y tù lo sabìas. Yo siempre contaba  este conocimiento ancestral tuyo, esa intuiciòn que compartimos cada día. Y tù en la cubierta sintiendo el peso de las madrugadas, los cielos borrosos, lluvias,  vaivenes del barco y la tensiòn para capturar el cardumen. Altamar es ese ruido de lo inesperado. Una vida intensa y alerta desde un inicio, allà en el Pacífico Sur, en Cook Island, la Polinesia. Tù  tienes un cruce con un pastor neozelandés y un callejero de Samoa, pero hay ancestros claros de  guardiana, protectora, amiga de los amigos. Y en verdad viniste a vivir en  tierra por primera vez en Panamá. A Panamá llegó Paul Gauguin y se fue a la Polinesia, un viaje a la inversa y con objetivos distintos al tuyo. Pero tu historia es tu historia, asì como tu vida, nada despreciable, por el  contrario, supiste  adaptarte a mundos tan distintos y lejanos.  ¿Llegaron al mismo puerto del Caribe con el pintor en épocas tan distintas?
Nadie se hace parte del corazón y de la familia de buenas a primera y sin mèritos. Tus credenciales  de amor a la vida y a las personas que te rodeaban  son suficientes. Rolando, que te trajo de un largo viaje descubriò en ti el mundo que la geografía habìa tatuado en tu mapa espiritual. Tu madre era tan hábil que descubría, olfateaba y  guiaba a los pescadores hacia los cardùmenes,  y tù trabajabas en cubierta, sobre todo cuando llegaban a puerto, para vigilar que no ingresara ningún polizón al barco. ¿Eras como una jefe de migraciòn aduanera? El hombre casi siempre dispone sus reglas. Paulina y Gabriela fueron como tus madrinas, siempre te regaloneaban y consentìan. Ellas  tambièn están tristes. Les dejaste un pedacito de tu corazòn sin proponèrtelo. Nadie dejò de ponerte atenciòn en casa y cuando te regañaban porque, bueno, te subías a algùn mueble, era una inocentada. Mirabas con absoluta naturalidad y bajabas sin ningùn grado de oposición.
Llueve, llueve, te cuento, esas lluvias torrenciales, tormentas con rayos que no te gustaban, que te ponían triste, pero las pasàbamos juntos. El dìa fue distinto, luminoso cuando viste la última luz de tu vida y  supe por  tus ojos que seguirìamos vièndonos por la eternidad, porque la tristeza es imborrable como el vuelo de las hojas y el viento que a veces hace un agujero en el alma. Llueve, llueve es cierto y tù estàs durmiendo en una cajita  esperando bajar mañana temprano a la tierra, al pie del  mandarino y ya  nunca desaparecerà tu imagen y menos tus enseñanzas, virtudes, como la paciencia, tu intuiciòn, tu amor no sòlo a tus semejantes sino a esta bestia bìpeda tan bestia que se divierte viviendo a lo bestia.
Llueve, llueve, adónde va tanta  lluvia en la oscuridad, còmo sabe encontrar los rios, el mar, la tierra, los canales, agua y màs agua, el corazón se inunda de soledad. Corren los ríos de agua y yo te veo correr por  la grama entre las pequeñas flores, adelante de mis pies, tù y  la sombra detràs, vital, con tus giros saltando sobre los pájaros bajo un cielo radiante. La mañana se te volaba entre las cuatro  patas y tu cuello maravilloso elegante alzado a todos los aires y tiempos. Mañana saldrà el sol y tù estaràs allì. No podràs perderte bajo ninguna sombra y sentirás el ruido de mis pasos. Las mariposas que sobre tu nariz rondaban el aire que no alcanzabas, me producìa una gracia infinita. La diferencia entre una mariposa y un pez es grande, los espacios muy distintos, las formas, pero tù te las arreglabas para ver como te encontrabas con ellas y querìas tocar con tu naríz sus alas. Una gracia pura de tu instinto. No voy a olvidar tus habilidades de sobreviviencia, tu gusto por el pollo, especialmente la pechuga, el jamòn y el pavo. Tu rapidez Whity  y mi descuido, pero, nunca me molestè como para que molestarme aunque  te quedaras con todo porque abandonè el lugar donde debía estar. Así se hace parte de la vida, con todo lo que uno es. Te bastaron siete años, los de la suerte, -cómo quisiera que fueran 7 veces 7- para hacerte querer de todos y nobleza obliga contarlo, decirlo tal como es  y fue y serà y seguirà siendo. Tù eres de esas personas que se convierten en inolvidables por su simpatìa personal, nada estudiado, porque lo tuyo vino de fàbrica y acomodado en una vida difícil. Un estilo no estudiado, la belleza de la luz y de esos sentimientos que pueden estar sobre la cubierta de un barco en un mar lejano y volvìas para pertenecernos aquì en una tierra lejana.
Recuerdo el día, ahora que pasó la tormenta y ya podemos hablar con màs calma y tù podràs escucharme sin tantos ruidos, cuando me encontrè a la llamada Bailarina patas arriba en la cocina, entera, pero muerta de un infarto o de alguna persecusiòn tenaz tuya. Tuvo la mala fortuna la màgica ardilla de oler las bananas, perforar la malla de la ventana de la cocina y adentrarse  al ojo de la tormenta. ¿Quièn fue, te preguntè, què pasò, dónde, còmo?. Hiciste como que no sabìas de què hablaba yo. En las mañanas veìa a la Bailarina atravesar  la malla que divide los pinos como una artista consumada en búsqueda de los cocos de las palmas de los vecinos. Pero antes  me brindaba su show gratuito, esos pasos que el aire se queda viendo y todo lo que la naturaleza es capaz de concedernos, como tu Whity, con tu sóla bondad. La naturaleza no necesita explicarse, existe, es, se presenta, tiene sus secretos y los revela si tù pones atenciòn. ¿Te acuerdas cuando caminàbamos por el parque y tù corrìas  bajo el sol y entre las pequeñas florcitas que yo recogìa y te enseñaba? Las mariposas volaban sobre tus ojos y como alcanzarlas. Hoy cuando estuvimos a solas y el tiempo se  acababa  te llevé una florcita que guardo hace mucho tiempo y te la mostrè, te hablé de su belleza y te la pasé por la  frente para que te llevaras para siempre como  un reuerdo del lugar donde solìas divertirte, pasear, vivir, querida Whity. Un símbolo, diràs, simbología humana, tal vez, pero forma parte de nuestros muchos días que caminamos y corrimos y disfrutamos. Así es la vida, dice Isabellita y tù y yo sabemos, que así es . ¿Cuànto compartiste con ella? ¿Y ella contigo? ¿Qué le diremos ahora? ¿Què fuiste de viaje? Y no serìa una mentira.  Tú corriendo detrás de las nubes-ovejas  cuidàndolas como un rebaño silencioso y eterno. Te sigo contando, el otro día  fuimos con Isabellita al parque, tu andabas por ahí,  subimos las gradas de  una tribuna donde se juega fulbito. - Vas lento, abuelo, me dice Isabella; Voy a pie pelado y me puedo cortar, respondo. Sube, que vamos a entrar al Cine. Plopppppppppp!!!!! Nos sentamos en la última grada y pregunto: ¿Què pelìcula vamos a ver? Y me responde: -La Naturaleza. Entonces comienzo a contarle frente al bosque del Parque Metropolitano cruzado por el rìo Curundù, que allì habìan, monos, ciervos de cola blanca, iguanas, ñeques, zorros, osos peresozos, muchas culebras venenosas, tucanes... ¿Dónde estàn ahora? Bueno, se han construido tantas casas que muchos decidieron mudarse. Ya no era un lugar habitable para ellos. El alquiler cuando se mezcla con la vida y la muerte, tiene un alto coste. Pero, la naturaleza es  la vida, los árboles, el agua, las plantas...Ajà, se terminò la pelìcula, me dijo Isabella. Bajemos, apurò su voz. No olvides el patìn. Ahora vamos a los columpios. Y de pronto cuando ya volabava, alzò su mano derecha y dijo- Es que voy a atrapar una nube abuelo, empújame màs fuerte. La nube estaba quieta, como un pedazo de algodòn que  hacìa su siesta pacìficamente. Y màs alzaba la mano y reìa como si ya la tuviera en su imaginaciòn. Y tù Whity, caminabas por ese paisaje que aùn nos queda. La vida es una pelìcula màs o menos corta, interesante, según uno la vaya filmando.
Nunca me olvidarè como la cuidabas para que nadie se le acercara. Ese gesto de protección absoluta no lo he visto en nadie, con ese celo bien entendido de la seguridad y amor. Nos sorprendiste a todos, en principio, pero luego fue una costumbre, una forma tuya de expresarte sin cortapisas. Eran los signos evidentes de tu raza, hija de Pastor Neozelandes, ovejero, esos que cuidan las crías y las llevan a buen lugar. Debo confesarte, que tu amor por Isabellita, siempre me conmoviò. Oye, Whity, te hablo de corazón, como debe ser, porque se que disfrutaron, nunca  te molestò que ella te  abrazara, jugara con tus orejas, se montara y compartieran lo que siempre fue una estrecha amistad y camaraderìa. Permanecìas a su disposiciòn sin que nadie les interrumpiera. Què amistad, me la quisiera con las bestias de dos patas.
No sè si te acuerdas, yo pienso que sí, el día que abrì la puerta del patio, eran màs de las 12 de la noche. Todo estaba en calma, el bosque respiraba para sus propios habitantes. Mi intenciòn era regar las plantas, la grama, el verano estaba fuerte. Fui a abrir la llave del agua y de pronto te vi en velocidad detràs de tu presa. Creì que tirándote agua podrìa lograr controlar la situaciòn. Te vi con un bulto y lo soltaste. Me olvidè. Pensè. Asunto concluido. Al otro día vi un hermoso conejo negro grande pintado muerto. Eras muy ràpida, diestra, tus instintos cazadores mandaban, y de eso nadie puede hacer algo para evitarlo. Es lo normal. la ley de la vida y de la muerte.
Sé que ahora que todo está en silencio y la noche pasa como tantas otras noches, oscura y rauda, insomne, tù estàs durmiendo en paz, querida Whity, sin molestias, dolores, y yo espero que esta relaciòn te haya agradado tanto como a mì. Te cuento que me dejas un agujero en el corazón y que cada  vez que lo sienta abrirse, me acordarè de la belleza de tu espíritu, de tu infinita bondad, paciencia,  tu espléndida  y generosa manera de ser y dar. Eso no se aprende en ninguna escuela, se nace con ello. Sabes, Whity, no tengo dudas que eres un espíritu de  bondad, protecciòn y solidaridad.

lunes, junio 21, 2010

Oscar Hahn


Sobre los hemisferios
Tú sueñas conmigo en el hemisferio sur
y mi cama proyecta dos sombras

Yo sueño contigo en el hemisferio norte
y cruje el piso de tu dormitorio

Nuestros cuerpos caminan tomados de la mano
sobre los hemisferios
2

Sàbana de arriba

Me instalè cuidadosamente doblado
entre la ropa blanca del closet

Sacaste las sábanas de tu cama
y me pusiste de sábana de arriba

Te deslizaste debajo de las tapas
y te cubrí centìmetro a centìmetro

Entonces fuimos barridos  por el huracàn
y caìmos jadeantes en el ojo de la tormenta

Ahora yaces bañada en transpiraciòn
con la vista perdida en el cielo razo

y la sàbana de arriba
aùn enrededada entre las piernas
3
A mi bella enemiga
No seas vanidosa amor mìo
porque para serte franco
tu belleza no es del otro mundo
Pero tampoco de este.

domingo, junio 20, 2010

Hospedaje del abecedario

El último poema
se escribirá asimismo,
no  traicionarà al autor.
Sin palabras
ni lágrimas
ni flores.
Tù estaràs allì
para corregir los errores,
arreglar con cortesía
el último hospedaje
del abecedario.
Revisar la inútil limosna piadosa,
velar por los intereses del muerto
que descanse en paz.
Rolando Gabrielli©2010

Carlos Monsivàis, poeta del alma mexicana

Hace cuatro o cinco días atrás me picaba la mano, los dedos digitales por escribir, trazar unas palabras sobre Carlos Monsivías, quien estaba en cuidados intensivos hacía ya algunas semanas en el DF, la ciudad que creció dentro de sus pulmones, imaginación, historia, el sitio que respiró hasta la muerte y cargó en su piel como si todos los mexicanos descendieran de un mismo sol. No sé puede andar más rápido que la muerte, porque uno se cansa, siempre llega atrasado, y tal vez con la propia se sea más puntual. Carlos Monsiváis no necesita ni la más minima presentación, y con su desaparición física está de duelo la vida y la historia de México. Monsiváis fue el alma popular de México durante el siglo XX y esta década, buceó el corazón de sus compatriotas y se lo colgó al lado del suyo y salió a caminar por la vida, con la palabra, los escenarios dentro y fuera de México. Fue un cronista, ensayista, filósofo de lo popular e invisible, del sueño del hombre común y corriente y de la rica historia espectacular de México, sin pausa, con una visión crítica y autorizada por los hechos y la reflexión, el pasado y el presente. Se sentó a reír y llorar, a vivir con México, sus grandes momentos históricos y pesadillas. A imaginar que podía ser el futuro que veía en un presente siempre rico y vaciado por esa realidad mexicana a prueba de México.



Monsivàis era la Biblia mexicana, no había tema que no desmenuzara con su visión de águila azteca, y tuve la oportunidad de escucharle, conocerle y entrevistarle, y saber de viva voz su corrido por México muy mentado, con su lengua bañada en tequila, sal, pimienta y chile. Era un gato, sus comentarios caían parados de la altura que se lanzaran y sabemos que tendrán más que siete vidas, porque fueron hechos con la pasión del corazón y de la razón. Estudió las huellas digitales de lo mexicanos, su gran urbe la diseccionò, alertò sobre sus males de estos tiempos y otros, recogió también la risa, ironía, la suerte de espejo negro y blanco del mexicano de a pie. La buena y la mala suerte, se adentró en las sombras bajas, en esos rincones freudianos, como en la cotidianidad más pura. Sin el DF, Monsivàis sería una sombra sobre la sombra del DF, y él la habría inventado para pasearse por el corazón Mexicano. ¿Qué vamos a hacer ahora para viajar al DF si no tenemos el pasaporte de Monsiváis? Pocos anfitriones de las virtudes, bondades y de los sueños de una megaciudad, y si algún profeta contemporáneo sufriente, viviente, moriente, ha tenido esta ciudad monstruosa que se devora el aire, pero no las ansias de vivir, se llama Carlos Monsivàis. Fue un cultor de la esperanza y del excepticismo y de la amistad, tocaba las vísceras del DF, sus cuerdas bucales, bajaba por el agujero negro del Distrito Federal a tientas, y palpaba su vulva áspera, húmeda, profunda, insondable que lo real ficciona la realidad tangible, la que es verdadera.


A pulso se camina por esas calles sin dios ni ley, agazapado como un gato en su propia nube por esos cielos grises inundados también de azules que van y vienen con arreboles rojizos despidiendo cualquier atardecer, pero no la ciudad con sus interrogantes más grandes que un elefante y huidizas palabras que un ratón mueve cola y patas en las alcantarillas.


Ningún homenaje a Monsiváis, al luto negro feroz que deja a México y América Latina, puede pasar de largo por el DF, ese ogro que se devora la verdad y la mentira, pone a flor de la virtud, el ingenio y la malicie, toda la picardía y la pasión de un cronista que nació para mostrar el corazón y el esqueleto del DF, sus actores, protagonistas, tramoyistas, trapecistas, saltimbanquis, a la mujer barbuda, los viejos leones con sus bufandas y dentaduras gastadas, la porfiada historia mexicana que se hace y deshace una y otra vez sobre el viejo cuadrilátero del DF.


En el menú Monsivàis cabían todas las críticas, de izquierda a derecha y viceversa, un autor sin luz roja. La visión de un critico humanista, ni aspirante a santo y menos cura, más bien un cronista de una época brillantemente catastrófica, y así las consas, no puede dar cuartel. La soga es tan delgada como el cuello que la rodea y no para cortarse, sino degollarse lentamente como un espectáculo pasado de moda de cine mudo. La globalización, uno de sus temas, termina siendo una vaca con leche Nestlé para una clase que no sólo tiene buen apetito, sino la llave de la lechería o el abrelatas. Monsiváis criticó a toda una pandilla que se ha apoderado de todo y ha acorralado la vida frente al desierto o a la montaña, como si fuera una ruleta rusa, han puesto al mundo a dar vuelta con una bala a punto de disparar. Su trabajo puede ser el de un inclasificable, por lo amplio en lo temático, pero es que el mundo está de atar y todo está conectado y desconectado y tan esquizo que el abismo llama al hombre entre la esperanza y seguridad que algún día dará el paso final en su estupidez triunfal. ¿Se abrazarà al abismo?


Monsivàis es un escritor de Latinoamérica SA., un mundo que se la juega frente a un muro, desierto, apretujado en un camión, siempre por un sueño, a veces, no pocas, equivocado, pero la Utopía es nuestro objetivo final que no lo tiene. Una de sus características, es que Monsivàis no se camaleoneò como tantos intelectuales, políticos, periodistas, novelistas, críticos, cronistas en América latina y el mundo, más bien mantuvo sus principios hasta el final de sus días como el amor a sus 12 gatos. Fue un felino más. Su obra es monumental en tamaño, calidad y visión crítica. No son libros para museos, mausoleos o para la historia amañada de colegios y universidades. Vigencia es lo que tiene este mexicano alejado de todo chauvinismo, del ronroneo de la prensa amarilla, la trampa hacia el desarrrollo con crecimiento sostenido promoviendo el bienestar hacia los más pobres con acento en un equilibrio y mejores oportunidades de vida para todos, aprovechando las bondades del Tratado de Libre Comercio y su tridente imperfecto. Esa telenovela que aún continúa con capítulos cada vez más perversos por lo inéditos y macabros, donde se turnan los escenarios y salen a la sombra los cadáveres y la impunidad bebe su Margarita sin contratiempo. Todo este gran cuento de nunca acabar, Monsivàis siempre supo que tenía comienzo, pero no fin, que el gran culebròn de la muerte mantenía entretenida a la platea. En Mèxico la muerte se festeja, casi se desea, pasea por las calles, engalana y se le rinde un respetuoso homenaje como parte de la vida.


Lo cierto de toda certeza es que Monsivàis ha partido en una de esas coyunturas, circunstancias, etapas de la historia más duras y crueles, porque miles de mexicanos siguen dejando sus huesos en el desierto de Arizona, millones viven en la extrema pobreza dentro de su país, otros millones en un limbo migratorio, miles de familias separadas, con la esperanza que detrás del muro la gran piñata sigue al alcance de cualquier hijo de vecino, como si la fiesta estuviera por comenzar. Y quizás cuantos miles más se seguirán matando por el control de los carteles. Todo es un corrido muy mentado, como la madre.


Se fue en circunstancias no desconocidas para él, las cuentas estaban claras.Y lo valioso es que alcanzó a escribir y pronunciarse sobre todo lo que le interesaba a él y a la gente. No desnudó la sociedad mexicana, como podría decir un aguzado observador, sino la empelotó como una muñeca rusa hasta dejarla sin una muñequita sobre los  cuerpos que se multiplican para hacernos reír con el viejo truco que detrás de una Eva hay otras hasta el infinito y que el paraìso es una mera retòrica  para Adanes sin memoria. Fue poeta e incursionò en profundidad en la poesìa mexicana, elaborò antologìas y escribiò un formidable ensayo sobre Octavio Paz. ¿Cuántas veces le dio vuelta a la lengua del mexicano en toda su intensidad? Si las mesas redondas donde participó volaran, se taparìa el cielo de Mèxico, verìamos a Monsivàis sentado en verdaderos platillos voladores de distintas èpocas sobrevolando el espinazo y las arterias de la realidad. Buscó en todos los pisos pìsiquicos del alma del mexicano, se adentrò en el laberinto humano, pero tambièn caminò por la superficie de sus calles como uno màs, casi distraido. Coleccionò dìas distintos, iguales, nuevos, antiguos y pudo confrontarlos a los diferentes personajes de cada época como figuritas de papel y de la historia. Cada paìs tiene la posibilidad de ser un Gran Comics, algunos màs que otros.


Monsivàis se seguirà reescribiendo como si fuera la ciudad, levantando sus propios ladrillos, alguien le detendrà en la calle y le preguntarà como va y èl dirà, como vengo y voy, este es mi oficio de saber como van las cosas y ninguna serà como antes. Ya no necesita escritorio, sino recoger las balas que se echan en la frontera y en otros estados, oxigenarse maestro, que tambièn le estàn echando culpa de su muerte a sus gatos. Un gato que muere entre gatos siempre seguirà con vida. Las suyas fueron 72.


Monsi, como le decian sus amigos, como una manera quizás de sentirse próximo, tutearlo en su propio apellido, el la raíz, murió por una afección respiratoria, que señala como autores mas que intelectuales a los felinos que le ayudaban a encontrar la soledad real, compartir la ternura y los pasos que suele dar el silencio cuando los años transcurren. Se hospitalizò producto de una fibrosis pulmonar, y claro, los gatos son los principales culpables, a pesar que en el DF ya no circula más que el aire de los pulmones de otros 25 millones de mexicanos que se han tragado el mismo aire. La ciudad vomita a la propia especie que la construyò, la hizo a su manera y semejanza como un traje para iniciar una tortura de si mismo. 12 felinos, gatos con sus siete vidas cada una, rondaban dentro de la casa, los cuartos, el escritorio, compartían la vida y la muerte de una ciudad que tiene màs vidas que un gato de espalda. Pero nada es una coincidencia en esta vida y quizás en la muerte. El último inquilino en aterrizar en la casa de Monsi, ha decidido sumarme a sus amigos de confianza, es poseedor de un nombre singular, pero de un realismo y actualidad que no deberían sorprendernos, ni desestimarse: Catástrofe. Debe ser sin duda uno de los sindicados con mayores pruebas aun no comprobadas, pero en investigación, de la partida de este entrañable escritor que se entregò a la formidable tarea de amar a México por los cuatro costados y el que más le convenga al lector de sus brillantes, originales y  sabias crónicas.


Blanco, de manchas grises, podría pasar desapercibido durante el día y la noche. Catástrofe entrò al hogar de Monsivais dos años antes de morir, porque el escritor azteca se había adherido a una Asociación Defensora de los gatos olvidados. El mundo debiera estar lleno de ese tipo de asociaciones y el olvido tendría que comenzar a retroceder, ir en parte en retirada, volver a esa recàmara que imaginò donde vive con la indiferencia, la falta de memoria, el egoísmo, la ausencia de solidaridad y un millón de piojos muertos que pretenden resucitar gracias a algunas obras ocasionales de caridad. Buscaba un gato que le obedeciera, según dijo, el día que lo afiliò a su notable colección. Pero encontrar un gato obediente, es una tarea casi para un ratón. La independencia, autonomía, el ensimismamiento, la ausencia, el dejarse amar cuando quieren, es más que una agenda o diario de vida gatuna: es su manual de existencia. Aparentemente Monsi o no sabia lo que hacia o se demarcaba por una excentricidad a un bajo coste o, era un mandato de su corazón felino, un acto de pura hermandad. Catástrofe, que bella profecía como hecha a la medida de los tiempos, mostró su verdadera personalidad, el pedigrí que su nombre anunciaba y simplemente se dejò llevar en un medioambiente propicio. La ley felina, seguramente pensó, es para los gatos eunucos, falderos, sin iniciativas, ya dominados por el saber y la mano del hombre y su bisturí mutilador. La camada que vivía en casa de este mexicano excepcional, que le entrò al siglo XX como si fuera una mazorca, de ninguna manera se atenía a ley alguna, seguramente leían los titulares y por que ellos precisamente se iban a someter a un orden que no existìa ni en las mejores familias. La pandilla de los 12 apóstoles felinos de Monsivàis, quedaron al desamparo cuando su amo benefactor partió del imperio azteca para siempre, el día que abandonò el Valle, esa hondonada de historia, tragedias, de charros, licenciados,  cuates que se sumergen en sus tacos, burritos y tequilas sobre unos escalones de su historia como si ascendieran al lugar de los sacrificios de las sagradas pirámides mayas o aztecas. Allí los muertos respiran por todos nosotros y vuelven a caer al mismo vacío de nuestra época con sus vírgenes, niños y guerreros ya vencidos en el sacrificio. La sangre ahoga el cordero y bala por la historia como zorra primeriza. La muerte de Monsivais alertò a la directora de la asociación defensora de animales olvidados,(que bello nombre para calificar nuestra època) Claudia Vásquez, quien recomendó a Catástrofe como un encuentro feliz entre Monsi y un dòcil felino.. Ella pensó en su interior que suerte habrían corrido los 12 gatos huérfanos, un escalón superior al olvido, seguramente, se dijo. Detrás del teléfono siempre puede ocurrir una sorpresa. Todos la tenemos y estas pueden ser de lo mas agradables hasta un gruñido entre el grito y el silencio de la indiferencia. Una voz agresiva que respondía a la dulce Beatriz del Dante, sobrina del gran Monsi, dijo que fueron los gatos los responsables de la muerte del escritor y que ya había dormido a la mitad de los supuestos asesinos y que en los próximos días, daría cuenta del resto de la banda. Hubo consultas, contra información, adopciones no ciertas, un limbo se cernía sobre los felinos abandonados por fuerza mayor. Su dueño ya no estaba en posesión de sus actos. Las infaltables y famosas redes de Internet se hicieron cargo de la comidilla del tema, y lo màs seguro que desconocían completamente la obra, los pasos perdidos, días fieles y felinos del famoso autor de Días de guardar, Los rituales del caos, Escenas de pudor y liviandad, Yo te bendigo, vida; Frida Kalho: una vida, un a obra; Las alusiones perdidas; Los mil y un velorios; Amor perdido. Y echaron a rodar esa berborrea inagotable de estupidecez, lugares comunes, afirmaciones gratuitas, mentecatadas. La historia no estaba relatada al pie de los hechos y el caos de los felinos se sumaba al de sus transitorias amas que administraban a Catástrofe y sus colegas, a su manera. Una tía del cronista, María Monsivais, tuvo que salir al ruedo, que estaba distribuyéndolos en lugares convenientes donde se les atendiera tan bien como hacìa el escritor en vida. Pero ninguna historia es lineal y absolutamente feliz. Mito Genial, uno de los felinos con sus 17 largos años, falleció en medio de los cambios de domicilio. Uno llega a pensar que los gatos son inmortales, parecen silenciosas estatuas que se desplazan sin tomar en cuenta a nadie, menos a los dueños de casa. Bordean los jarrones chinos con una sutileza de àngeles desmemoriados, esa precisión de mulas sobre los acantilados, con la solemne responsabilidad del deber cumplido. Los bordes de la vida son sus lugares preferidos y nadie les separa de esos caprichos de ser ellos mismos. Los mitos tambièn se desmoronan y son como los tigres de papel que  señalaba Mao Tse Tung,  paìs que endiosa a los gatos y los tiene por sus protectores. Los gatos de Monsivais fueron bautizados con nombres especiales, propios de quien los necesita recordar Miss Oginia, Miss Antropía, Fetiche de Peluche, Catzinger, Peligro, Caso Omiso o Miau Tse-tung. El más viejo de todos era Mito Genial.


El ensayista, que fue Monsivais, de gran vuelo, ensayò una y otra vez sobre el México que descubría, el posible, imposible país azteca, el que dejo Cortez y los conquistadores, el que corto en dos el vecino, la Revolución mexicana y la partida de presidentes que ya partieron a mejor vida, el que se abría y cerraba como una caja de Pandora, el México que crece como un globo a punto de reventar, el México con una frontera electrónica manejada a control remoto por Los Picapiedras. El México que deberá florecer en el desierto, en sus calles que conducirán alguna vez a México en el corazón de cada uno de los mexicanos. Monsivais hizo su tarea. Se habla que dejo su obra en un gran desorden inclasificable, porque escribió de todo. Es como el DF inclasificable, no entiendo por que èl podría desprenderse de este calificativo y desorden. El reordenamiento dependerá del músculo de los que quedan vivos. Lo importante es que a los sobrevivientes no se les vaya el país de las manos o se sigan haciendo las cosas con los pies. Los papeles de Monsivais están ahí para ser leídos, revisados, estudiados, ordenados, clasificados, porque forman parte de la conciencia critica de una sociedad que se mira en el espejo del terror y de la muerte.
¿O serà Catàstrofe quien nos cuente los capítulos que Monsivàis dejò inconcluso despuès de su larga agonìa? Se fue con una espada atravesada en el pecho de un  Mèxico violento que se desangra com el toro en un ruedo que no ha escogido. La historia es una pared, un muro de frontenis, donde la muerte rebota una y otra vez.

Rolando Gabrielli©2010