jueves, septiembre 25, 2008

Mi penúltima palabra


Parra, Neruda, Bolaño
Roberto Bolaño fue un provocador a tiempo completo. Bueno para la literatura, vértigo constante para su juego lúdico y chocante para sus pares. Erizó, el autor de Los Detectives Salvajes, la literatura chilena, en especial, y la hispanoamericana. Un autor equivalente con su prosa, al antipoeta Nicanor Parra, en poesía. Neruda es otra cosa. No tocó fondo, en el buen sentido de la palabra. Tocó cuerdas, incontables cuerdas su poesía.
Neruda fue uno de los protagonistas de la llamada Guerrilla Literaria y se enfrentó a sus pares: Huidobro y De Rokha.
Parra, a principio de los setenta sostuvo un duelo personal, de francotirador sin dios ni ley, con el sistema, luego de una inmolación por una visita a la Casa Blanca.
A Neruda no le perdonaron haber comido unos huevos fritos con el exPresidente peruano, el arquitecto Fernando Belaúnde Terry, en el palacio presidencial de Lima.
La Guerra Fría imponía normas y convivencias, actitudes y conductas. Dime con quien andas y te diré quien eres.
El verso, al parecer, para algunos, no podía caer impunemente del pasto al rocío.
Historia, vidas, escenarios, épocas diferentes.
Neruda fue un joven y talentoso poeta en los albores de su adolescencia provinciana. 20 Poemas de Amor y una Canción desesperada, marcó tempranamente la cancha poética chilena y definitivamente las Residencias nerudianas. El Idilio amoroso se sostiene hasta hoy dentro de las fronteras del amor.
Parra arrancó con su libro estrella Poemas y antipoemas (1954) y comenzó a ver la luz entre los grandes poetas grandes de Chile tras largos 17 silenciosos años y a marcar puntos como un boxeador que venía por su corona en los tinglados universales de la poesía en habla castellana. Parra, con su Cancionero sin nombre, no era nadie en poesía a mediados del siglo pasado. Arrancó el profesor de física y mecánica racional, con los antipoemas y se fue abriendo paso a codazos y patadas limpias. Bolaño, gran admirador del autor de Versos de salón, tuvo que empujar su sombra, abandonar su patria de origen, real, y las adoptivas, México y Estados Unidos tangencialmente, y asaltar concursos de provincia a diestra y siniestra, en el reino de España, para poder sobrevivir el vendaval de su propia palabra. Primero le llegó la enfermedad y después la fama.
El hígado real le tocò la puerta a Bolaño, antes que comenzara escuchar el eco de los aplausos y viera brillar el brillo de su estrella distante y más.
Parra de tanto alejarse de Neruda, se acercó a su propia poesía. Lihn se expresó sorprendido que Neruda le haya cedido el liderazgo a Parra. Neruda seguía siendo un referente por encima de su propia sombra. El Vate, Neruda, era el "continuador" de Rubén Darío, con su propia poética, porque abandonó el modernismo definitivamente con Residencia en la Tierra y posiblemente con anterioridad. Darío-Neruda y Parra, son los períodos innovadores en la corriente mayor de la poesia castellana. Sobre el impacto Darìo, Jorge Luis Borges dijo:"Todo lo renovó Darío: la materia, el vocabulario, la métrica, la magia peculiar de ciertas palabras, la sensibilidad del poeta y de sus lectores. Su labor no ha cesado ni cesará. Quienes alguna vez lo combatimos comprendemos hoy que lo continuamos. Lo podemos llamar libertador".
Mientras Neruda escribía en Isla Negra, editaba en cada cumpleaños un libro, Parra "era un verdadero zapador del orden poético establecido" y "sus aspiraciones eran no dejar títere con cabeza". Éstas pudieron ser palabras suyas, pero son de Neruda, contadas por el propio Parra, cuando Neruda conoció los primeros antipoemas del cuentista, narrador, Nicanor Parra. Con los Artefactos esperaba dinamitar una suerte de statu quo poético, a pesar que el patio contaba con más habitantes poéticos: Rojas, Lihn, Teillier, Hahn, Barquero, Anguita, Uribe Arce, Millán etc. etc.
Bolaño no existía en ese escenario de turbulencias poéticas. Neruda y Parra no estaban sólos, aunque fueran los últimos dos grandes mohicanos enfrentados en silencio, como esos elefantes que se niegan a ceder su espacio a la muerte. Detrás de la puerta de la poesía, se escuchaban nuevas voces y ecos a lo largo y ancho de la angosta faja de tierra chilena. El Norte y el Sur son un pretexto de los puntos cardinales.
Los tres, Neruda, Parra y Bolaño, pusieron en marcha sus propias cajas de resonancia en sus respectivas épocas. Neruda y Parra coincidieron en un mismo tiempo y escenario. Neruda contó con la Historia, ese gran escenario trágico de la Guerra Civil Española y de la II Guerra Mundial, su Partido, viajes, la propia realidad política y social chilena y desde luego su poesía que no tenía límites geográficos ni literarios. Escribió de todo cuanto pudo de Chile a la China. Parra, atrincherado en la Universidad, trabajó más a capella su nueva poesía, pero también viajó a Estados Unidos, Cuba y Rusia, se asoció a importantes universidades y casi siempre se comportó como un discípulo díscolo de si mismo, de la ruptura constante y no dejó de pronunciarse hasta hoy día, sobre lo humano y lo divino. Bolaño, el más joven, poeta, pero conocido como narrador (cuentista y novelista), tuvo que arañar más el precio de la fama y trabajó como un Samurai herido de muerte, como si la posteridad fuera un incesante presente perpetuo.
Los tres lucharon cuesta arriba por sus propias convicciones, aunque Parra es el único que sigue vivito y coleando, a sus 94 años. En el tiempo de vida le sacó ventajas a ambos: 44 años a Bolaño y 25 años hasta la fecha a Neruda. La literatura o el Arte no se mide en años, sino en la obra realizada, sin embargo, el tiempo pesa, a uno u otro lado de la balanza. El tiempo, si se toma en serio, sirve para ir acomodando mejor la obra, dejándola respirar y ese espacio permite una proyección más prolija, siempre y cuando se tengan cosas que decir.
Neruda después de la Guerrilla Literaria, mantuvo batallas como poeta y político de izquierda, participó y abogó por muchas causas y tuvo una gran desilución y malestar con una carta que le enviaron los escritores cubanos, cineastas y artistas, donde se cuestionaba y criticaba la visita del Vate al Pen Club de Estados Unidos en 1966. Neruda no olvidó ni perdonó esa misiva. Después, se concentró en su poesía y actividades partidarias, viajes, reuniones en Isla Negra y en la vida cotidiana. Siguió siendo blanco de moros y cristianos, por "burgués y comunista" Neruda ya era un Budas inmortalizado por su palabra, mantenía un hígado privilegiado para las fiestas y ataques, no se inmutaba y construía su mundo poético. Siempre estuvo en el centro de la geografía Sur y Norte de Chile, aunque el país está determinado por su condición Sur. Era un gran lector de novelas policíacas y estoy seguro que hubiese aplaudido sin reservas, a Los Detectives Salvajes. Bolaño disparó a boca de jarro al Neruda postmorten y terció por Parra y su obra, que calificó de la más importante.
Parra, con su propia guitarra, al otro lado de la Cordillera de la Costa, en las faldas de la Cordillera de Los Andes, preparaba su artillería, y contaminaba la poesía chilena, latinoamericana y norteamericana, con la Antipoesía. Su secreto consistía en distanciarse de Neruda, "un monstruo de mil cabezas", verdadero Dragón de la retórica del siglo XX. Se instaló con lápiz y cuaderno en mano a conversar con su Hablante, Parra salió a la calle, a dialogar en la antigua Plaza Pública de la Poesía, y se mantuvo en comunicación constante con los jóvenes. Había que hacer algo nuevo, distinto, apropiarse de este escenario psicológico del Hablante en curso que elaboraba con la mímica de Charles Chaplin, la mueca en el laberinto kafkiano y toda la ironía y carcajadas de ambos personajes. (recuerdo una conversación sobre Chaplín de Lihn con Parra y un Mimo chileno en su casa, un día que coincidimos de la mano del azar y del absurdo) Carlitos se presentaba en el irrepetible cine mudo de esa época. El tiempo doblaba sus sílabas en los setenta.
Parra mantuvo una fuerte polémica y enemistad, por años, con Gonzalo Rojas, un poeta consagrado a nivel internacional, aspirante al Nobel al igual que Nicanor.
Bolaño nació en Chile en 1953, vivió sus primeros 15 años, abandonó a esa edad el colegio, viaja a México y después de un año, vuelve a retirarse para siempre de los estudios formales. Vuelve a Chile en 1972 y lo vuelve a abandonar en 1973, después del Golpe de Estado. Deja México y llega a España en 1977. En 1998 comienza su verdadero reconocimiento con la premiación de Herralde de Los Detectives Salvajes y al año siguiente el Rómulo Gallegos de Venezuela. Primero escribió cinco libros de poesía y ciertamente no pasó de ser otro poeta chileno en el exterior. Su relación con Chile e historia literaria es muy diferente a la de Neruda y Parra, que siempre viajaron y volvieron a Chile y desde allí montaron su propia retórica. Ni mejor, ni peor, sino otra andadura. Neruda también escribió a la distancia poesía en general y sobre Chile. Algunos libros se gestaron en el exterior. Parra, lo más probable, en el mismo curso, podrían estar las Canciones rusas.
Bolaño vive, lee, escribe, piensa allende las fronteras chilenas y no es que olvide Chile o no atienda su temática. Para empezar, un ejemplo: Nocturno de Chile y Estrella distante. Sus influencias parrianas y lihneanas, demuestran en parte estas afirmaciones. En narrativa se decantó por Borges, Cortázar, Joyce etc. No se alínea con narradores chilenos. Su paisaje, pulmón, pasión, es México, el DF. En la Feria Internacional del Libro de Colombia, donde Chile era país invitado, me impresionó que lo dejaran por fuera del afiche de los iconos de la literatura chilena. Una obra del tamaño de la de Bolaño, no se puede borrar de un plumazo ferial. La burocracia literaria, ninguneadora, es universal, un imperdible en la sociedad global que rima con medieval. Bueno, ni García Márquez, Carlos Fuentes se dieron por aludidos de la existencia de Bolaño, sólo Mario Vargas Llosa, reconoció y elogió su obra. Nada nuevo bajo el sol de los señores generadores y dadores de vida.
Todo el boom literario latinoamericano reconoció en su momento, sin embargo, la influencia de Pablo Neruda en la nueva novela. Gajes de un mismo oficio para un tiempo y otro. Licencia de los tiempos. La narrativa, quizàs, de Bolaño aún está verde y si bien, al autor se le encienden velas, falta por estudiar a fondo su obra, impacto, la onda de expansión de la piedra lanzada sobre la superficie del agua. Se escribe sobre un castillo de viento, en el laberinto de Kafka y Borges, con los espejos de Alicia, el déficit de las hojas del calendario, como lo hizo finalmente Bolaño, sin más precipicio que el abismo personal, con la fe puesta con alegría en una derrota conocida de antemano.
Al dar vuelta la hoja, aparece Parra, como al revés del espejo. Dijo el propio autor de los antipoemas: "Una de las características de mi poesía es que su unidad esencial no es la palabra, ni la estrofa, ni la frase que sufre las inflexiones del ritmo. Mi unidad es el verso, que en mi poesía aparece como aislado, como una serie de pedradas lanzadas al lector". ¿La Obra Gruesa de Parra, son los cimientos de una nueva Poesía? Parra irrumpiò en la poesía chilena y latinoamericana en 1954 con Poemas y Antipoemas y se hizo un espacio en el escenario para sentarse definitivamente a la mesa de los poetas mayores. Pero no le fue fácil el reconocimiento, como suele ocurrir con los grandes cambios, el paso de una época a otra y así llegó, accidentado, el período Parra. Poeta de varios pisos psicològicos, culto, pero también de lo popular, sembró sus propias margaritas y regó el jardín, la parra, de su antipoesía.
Parra escribe Cancionero sin Nombre, advierte el crítico Jaime Concha, en tiempos de las Residencias nerudianas y la muerte de García Lorca, con la influencia de ambos poetas. Bolaño y Lihn, dos críticos sin cuartel de Neruda y su obra, reconocen su fascinación por Residencia en la Tierra, inclusive el autor de Amuleto, dice cuando le piden a escoger un poema de ese libro, cualquiera, que es todos. Parra, entre ironías, juegos de palabras, malabares parrianos, siempre reconoció la obra de Neruda y él màs que nadie descubrió que el Vate de Isla Negra puso el listón alto en materia de poesía. Las tardes crepusculares de Maruri, una calle de Santiago, iluminaba la poesía de Neruda, a pesar que decía: Tengo miedo. La tarde gris y la tristeza/del cielo se abre como una boca de muerto. Su poesía arrastró cadenas y libertades.
El registro de Neruda es ancho y no ajeno a las geografías que recorrió. Piano de muchas teclas. Residencia en la Tierra es un montón de versos de gran monotonía, casi rituales, con misterio y dolores, como lo hacían los viejos poetas, describe Neruda su libro desde Colombo. Tenía 25 años. 2O Poemas de amor y una Canción desesperada y las Residencias en la tierra, son los clásicos nerudianos indiscutidos que cada generación leyó y memorizó en su momento como himnos. El poeta mexicano José Emilio Pacheco dijo que Residencia en la Tierra es el mejor libro surrealista escrito en cualquier idioma. No es poco decir, pero tiene mucho de exitencialismo el poemario residenciario.
Son tres iconos de la literatura chilena e hispanoamericana, innovadores, con Residencia(s) en la Tierra, Poemas y antipoemas y Los Detectives Salvajes, y su obra en general. Pusieron a girar a su velocidad, ritmos, intensidad, con su visión, las manecillas del reloj de la literatura castellana. En Poesía es más complejo el tema en Chile, por la calidad y diversidad de sus poetas: Vicente Huidobro, Gabriela Mistral, Pablo De Rokha, Gonzalo Rojas, Rosamel del Valle, Díaz Casanueva, Enrique Lihn, Jorge Teillier, Oscar Hahn, Gonzalo Millán, Manuel Silva Acevedo etc.
En prosa chilena, junto a Bolaño, José Donoso, Carlos Droguett, Jorge Edwards, La Difícil juventud de Claudio Giaconi... cuentos de Skármeta, en la bruma narrativa, agreste paisaje, desde luego una flora y fauna con distintos matices. Tema espinoso el de la prosa.
Tres personajes singulares que pusieron la literatura chilena e hispoamericana en el mapa mundial. Neruda y Parra habían tenido fuerte impacto en Estados Unidos y seguidores, y ahora Bolaño, revive esos viejos tiempos, con su narrativa, aunque Donoso era conocido por su trayectoria novelística y como profesor en Princenton. También Fernando Alegría, profesor en la Universidad de Stanford. Ariel Dorfman en la Universidad de Duke y dramaturgo en Broadway. Y el fenómeno de Isabel Allende, que más allá de toda opinión, es el segundo Best seller de la literatura hispanoamericana, después de García Márquez. Lo de Bolaño es otra cosa: arrasó con la crítica oficial de Estados Unidos. Ramas de un mismo árbol, troncos que tomaron sus propios caminos. En esto de las afinidades y diferencias, si bien Neruda viene del simbolismo francés, Darío; Parra, Aristófanes, Luciano, Gesta Romanorum (textos medievales que influyen en Boccaccio) los poetas ingleses, ambos coinciden con Whitman y Cortázar, y Bolaño también recala en el argentino. La diferencia es que Cortázar reconoce la influencia de Residencia en La Tierra en Rayuela.

miércoles, septiembre 24, 2008

Pasajero

Pasajero
Soy pasajero,
viajero,
subo a un bus,
un tren
un avión y permanezco
con mis pies
empujando hacia
adentro de ti,
mi sombra, mi luz,
mi nacimiento.
Rolando Gabrielli©2008

martes, septiembre 23, 2008

Amor con tinta verde

Amo lo que no tiene sino sueños. Pablo Neruda



PIDO SILENCIO
AHORA me dejen tranquilo.

Ahora se acostumbren sin mí.
Yo voy a cerrar los ojos
Y sólo quiero

cinco cosas,
cinco raices preferidas.
Una es el amor sin

fin.
Lo segundo es ver

el otoño.
No puedo ser sin
que las hojas vuelen y vuelvan
a la tierra.
Lo tercero

es el grave invierno,
la lluvia que amé, la
caricia
del fuego en el frío
silvestre.
En cuarto lugar el

verano
redondo como una
sandía.
La quinta cosa son

tus ojos,
Matilde mía,
bienamada,
no quiero dormir
sin tus ojos,
no quiero ser
sin que
me mires:
yo cambio la primavera
por que tú
me sigas mirando.
Amigos, eso es

cuanto quiero.
Es casi nada y casi
todo.
Ahora si quieren

se vayan.
He vivido tanto

que un día
tendrán que olvidarme
por fuerza,
borrándome de la pizarra:
mi corazón fue
interminable.
Pero porque pido

silencio
no crean que voy
a morirme:
me pasa todo lo contrario:
sucede que voy a vivirme.
Sucede que soy

y que sigo.
No será, pues, sino

que adentro
de mí crecerán
cereales,
primero los granos
que rompen la tierra
para ver la
luz,
pero la madre tierra
es oscura:
y dentro de mí soy
oscuro:
soy como un pozo
en cuyas aguas
la noche deja sus
estrellas
y sigue sola por el
campo.
Se trata de que tanto

he vivido
que quiero vivir otro
tanto.
Nunca me sentí tan

sonoro,
nunca he tenido tantos
besos.
Ahora, como siempre,

es temprano.
Vuela la luz con sus
abejas.
Déjenme solocon el

día.
Pido permiso
para nacer.
P.N.

Me pregunto si Chile sigue siendo una Capitanía General abandonada a la suerte de su desierto, mar, cordillera, valles, a los ventisqueros, volcanes del Sur, fiordos, al sueño inacabado de su geografía. Si el país no ha dejado de ser esa provincia dormida en la copa de los Andes o Pablo Neruda, en verdad fue un poeta inagotable para toda nuestra geografía y su palabra se ha convertido en historia cotidiana, un mito que crece con el tiempo a 35 años de su muerte. Se conmemora a Neruda y su poesía sigue conmoviendo a Chile y al mundo, más allá del discutido personaje político, del amante de infinitos amores, del viajero de grandes e históricos escenarios, de los cuales siempre regresó para participar en las jornadas sociales y compartir con el pueblo la madera del profundo Sur de su poesía.

Neruda murió en circunstancias especiales en Chile, bajo el terror, fue acosado por el Ejército de Chile en su casa de Isla Negra y su casa de Santiago, La Chascona, donde un 23 de septiembre como hoy sería velado entre escombros, fue saqueada e inundada por las aguas de un río desviado por los asaltantes y verdugos. pocas veces la historia ha recogido momentos más tensos, el día de su entierro rodeado de policías, cuando el pueblo lo llevada a un nicho anónimo del Cementerio de Santiago. Neruda ya era un poeta que no necesitaba más historia, había escrito El Canto General, Residencia en la Tierra, Odas elementales, 20 Poemas de amor y una Canción desesperada, El Hondero entusiasta, Memorial de Isla Negra, Estravagario, Tentativa del hombre infinito, había sido Senador de la República, exiliado, candidato presidencial, enemigo del stablishment y obtenido el Premio Nobel de Literatura, entre otros reconocimientos.

Esta historia que vivió Neruda es parte del currículum de atropellos y vejaciones al pueblo chileno a lo largo y ancho de los tiempos. Capítulo negro del inefable capitán General de la Capitanía de Chile y de quienes le acompañaron en esta parte oscura y dolorosa que marcó a hierro a toda una generación.

Los huesos anónimos de Chile/ oscura arena de ojos muertos/ hierros oxidados de la noche/ silencio de estos muertos/ventanas de vacías calles/los cuerpos sin memoria/ascienden con su luz/pálidos, huérfanos/ Luto de Chile es la estrella negra/ lamento del firmamento.

El autor de las residencias, el viajero inmóvil, el poeta de la materia y del amor, no sé, con un nuevo libro se le bautizaba una y otra vez, a quien naciera en un polvoriento pueblo de la zona central de Chile y emigrara al Sur, a la Frontera lluviosa de todas las fronteras. En el sur profundo, desolado, abandonado, nació su poesía, contaminada del paisaje físico, de la soledad humana, del amor a la vida y a las cosas. La tierra Sur le biografió, no le dejó más espacio a su poesía que pertenecer a esa orilla de su profundo río marginal y universal. En Temuco creció su cuerpo y larga sombra. Joven se instaló en Santiago y pronto viajó a Rangún, después Argentina, España, Europa, el mundo de ida y vuelta, Rusia, América latina, Estados Unidos, la geografía chilena de canto a canto, no se detuvo su poesía en la tierra, aire o en el mar.

Fue un referente vivo, muerto ni hablar, un Buda que nos mira con su ardiente paciencia, neón para una ciudad moderna, gris, un aeropuerto entrando y saliendo por la noche de Chile, se sigue y seguirá escribiendo sobre su vida y muerte, lo que hizo y no hizo o pudo hacer, sobre su época stalinista, su poesía social y política, sus placeres, errores y amores, su palabra conocida y desconocida. Hay un tiempo para la poesía de Neruda, de Neftalí Reyes Basoalto, Icono, Catedral, Tortuga oceánica, quiso hablar por muchos, tocó puertas, corazones, habló desde el fondo de la palabra, fue amigo de las piedras, insectos, coleccionó juguetes, mascarones de proa, construyó casas, amó como el océano en sus alas, en cada resaca esperó una nueva marea.

The Savage Detectives

BOLAÑO se la jugó
Las portadas y las contraportadas de los libros están hechas para vender. Responden al mercado. Son hijas del mundo ferial. Es legítima defensa, tal vez, de los editores no jugar al azar con su producto para realizar generosas ventas o mantener a raya los números rojos. En esta edición norteamericana de Los Detectives salvajes del narrador y poeta chileno Roberto Bolaño, no se escatiman adjetivos, aunque en verdad ya la novela habia dado más de un puntillazo en América latina con el premio venezolano Rómulo Gallegos y después en España, con el Herralde. Un libro cocinado en su propia lengua. No es poco decir en nuestro saturado mercado. De la ntesala se encargó la fantástica Susan Sontag, quien recomendó a Bolaño y su obra en Estados Unidos. Esta flamante edición popular viajó de Nueva York.
El Cronista de San Francisco, en un cintillo de portada de casi dos líneas, dice, que se trata del más importante escritor emergente de América latina después de Gabriel García Márquez. (Ustedes traducirán mejor, es sólo una aproximación muy personal) Es un primer sacudón para el lector que no conoce la obra de Bolaño y que por vivir en Estados Unidos no ha tenido acceso hasta casi una década después de su primera edición, fundamentalmente por el idioma. No es una exageración llamar a Bolaño un genio. Los Detectives Salvajes pueden garantizarle la eternidad. Bolaño, dicha sea la verdad, se reiría mucho de esta afirmación, porque no creía en la eternidad de la literatura y seguramente de nada. Pero resulta intresante la afirmación, es como lo ven sus críticos, publicistas, vendedores.
Una obra que sobresale, medita sobre el Arte, la verdad y la búsqueda de las raíces. Impresionante esta deslumbrante novela. Este libro ha establecido su fama internacional. (Supongo, la de Bolaño)
Bolaño cuenta la historia de dos modernos quijotes. Los últimos sobrevivientes de un movimiento literario. Los Detectives Salvajes es una exuberante y ambiciosa novela de uno de los grandes autores latinoamericanos, se dice en esta presentación por todo lo alto, de un poeta y narrador que creía en la literatura en su gran y real sentido romántico. Playboy, bajo la firma de Leopold Froehlich, dijo."Una de las mejores novelas de la pasada década en cualquier lengua". Bolaño le da una cachetada a los lectores formales, según Los Ángeles Times. Esa frase le hubiese gustado mucho, pienso, porque es su estilo, filosofía. Gracioso y vago, persuasivo, aterrador, lo llama John Banville The Nation. Esquire no se anduvo por las ramas y se fue al fondo de la temática, a esa interpretación personal, que es lo que importa en estos y otros casos:"Es una novela lujuriosa por sexo o por sí misma y por la palabra escrita." No sé si la palabra, no me convence del todo, sea lujuriosa, pero quiere decir lo que no esconde el lenguaje. La obra maestra de Bolaño se ha traducido al inglés y confirma el estatus de los chilenos de niños terribles de la literatura en Latinoamérica, sostiene Vogue.
Son opiniones, el tiempo siempre tiene la última palabra, aunque no escriba.
PD
El Bolaño más real, dijo algunas, no pocas cosas en su última entrevista, fragmentos con sus respuestas que pido prestadas a Monica Maristain.
¿Qué siente cuando hay críticos como Darío Osses que considera que usted es el escritor latinoamericano con más futuro?–Debe ser una broma. Yo soy el escritor latinoamericano con menos futuro. Eso sí, soy de los que tienen más pasado, que al cabo es lo único que cuenta. esta entrevista se publicó en Página 12 el 23 de julio del 2003, ocho días despùés de su muerte en el Hospital Valle de Hebrón, en Barcelona, después de varios días de agonía por un coma hepático.
¿Con quién le gustaría encontrarse en el más allá?–No creo en el más allá. Si existiera, qué sorpresa. Me matricularía de inmediato en algún curso que estuviera dando Pascal.¿Pensó alguna vez en suicidarse?–Por supuesto. En alguna ocasión sobreviví precisamente porque sabía cómo suicidarme si las cosas empeoraban.¿Creyó en algún momento que se estaba volviendo loco?–Por supuesto, pero me salvó siempre el sentido del humor. Me contaba historias que me volvían loco de risa. O recordaba situaciones que hacían que me tirara al suelo a reírme. La locura, la muerte y el amor, ¿de qué de estas tres cosas ha habido más en su vida?–Espero de todo corazón que haya habido más amor.
Y sigue respondiendo por el presente:
¿No le da miedo que alguien quiera hacer la versión cinematográfica de la novela?–Ay, Mónica, yo les tengo miedo a otras cosas. Digamos: cosas más terroríficas, infinitamente más terroríficas.
Y nos habla de sus fantasmas lierarios, esos perpetuos, los que siempre vivirán bajo nuestra almohada, aquellos que nos inspiraron:
¿"El ojo Silva" es un homenaje a Julio Cortázar?–De ninguna manera.Cuando terminó de escribir "El ojo Silva", ¿no sintió que había escrito un cuento capaz de estar a la altura, por ejemplo, de "Casa tomada"?–Cuando terminé de escribir "El ojo Silva" dejé de llorar o algo parecido. Qué más quisiera yo que se pareciera a uno de Cortázar, aunque "Casa tomada" no es uno de mis favoritos.¿Cuáles son los cinco libros que marcaron su vida?–Mis cinco libros en realidad son cinco mil. Menciono éstos sólo a manera de punta de lanza o embajada aviesa: El Quijote, de Cervantes. Moby Dick, de Melville. La Obra Completa, de Borges. Rayuela, de Cortázar. La conjura de los necios, de Kennedy Toole. Pero también debería citar: Nadja, de Breton. Las cartas de Jacques Vaché. Todo Ubú, de Jarry. La vida, instrucciones de uso, de Perec. El castillo y El proceso, de Kafka. Los aforismos de Lichtenberg. El Tractatus, de Wittgenstein. La invención de Morel, de Bioy Casares. El Satiricón, de Petronio. La Historia de Roma, de Tito Livio. Los Pensamientos, de Pascal.
¿Extraña algo de su vida en México?–Mi juventud y las caminatas interminables con Mario Santiago.
¿El mundo tiene remedio?–El mundo está vivo y nada vivo tiene remedio y ésa es nuestra suerte.¿Usted tiene esperanzas, en qué, en quiénes?–Mi querida Maristain, vuelve usted a empujarme a los potreros de la cursilería, que son mis potreros natales. Yo tengo esperanza en los niños. En los niños y en los guerreros. En los niños que follan como niños y en los guerreros que combaten como valientes. ¿Por qué? Me remito a la lápida de Borges, como diría el ínclito Gervasio Montenegro, de la Academia (como Pérez Reverte, fíjese usted) y no hablemos más de este asunto
¿Cuándo ha sido más feliz?–Yo he sido feliz casi todos los días de mi vida, al menos durante un ratito, incluso en las circunstancias más adversas.¿Qué le hubiera gustado ser si no hubiera sido escritor?–Me hubiera gustado ser detective de homicidios, mucho más que ser escritor. De eso estoy absolutamente seguro. Un tira de homicidios, alguien que puede volver solo, de noche, a la escena del crimen, y no asustarse de los fantasmas. Tal vez entonces sí que me hubiera vuelto loco, pero eso, siendo policía, se soluciona con un tiro en la boca.¿Confiesa que ha vivido?–Bueno, sigo vivo, sigo leyendo, sigo escribiendo y viendo películas, y como les dijo Arturo Prat a los suicidas de la Esmeralda, mientras yo viva, esta bandera no se arriará

domingo, septiembre 21, 2008

El Chico Molina, ese duende silencioso


Al Chico Molina Ventura/
inédito hasta la sepultura/
confesándose en el Vaticano/
de ser autor del Mito de Chile/

Él, más Lobo Estepario
que Herman Hesse.
Del libro Los Poetas de Chile
Rolando Gabrielli
¿Alguien conoce mejor al Chico Molina que las sombras de la noche santiaguina o el silencio de las páginas que nunca escribió? Icono de la bohemia, mito imborrable de nuestros días, caballero-un Dandy- de la poesía. Vaya tiempos a mediados de los sesenta y principio de los setentas, Santiago del Nuevo extremo, caería en su más larga noche. Después supe, que el Chico Molina sobreviviría a esos embates del circo romano y alcanzaría la nada despreciable barrera de los 80. Cuenta la historia escrita en las voces de los bares de Santiago y de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), recogida recientemente por el escritor y miembro de la Real Academa de la Lengua de Chile, Premio Nacional de Literatura, Alfonso Calderón, que este fabuloso personaje de fábula, escribió solo dos poemas en su vida. Uno sobre la Guerra Civil Española y otro en homenaje al poeta chileno Juvencio Valle.
Calderón hace justicia a este mito de la literaura, fantasìa, de la bohemia, poesía, un juglar de todas las noches erigido en su propio vuelo, caído como un ángel que cada día abría una puerta, una ventana distinta para la imaginería de su palabra. Venturas y desventuras del Chico Molina, es el título que lanzará proximamente Alfonso Calderón, en homenaje a este mago con circo propio. Dice el propio autor, que abre el grifo para que el Chico Molina hable, relate sus venturas y desventuras, como las contaba en tiempo real.
Tuve la suerte de conocer, compartir, escuchar al Chico Molina en su propio escenario real, el mundo de su ficción, con amigos como Jorge Teillier, Rolando Cárdenas, Efraín Barquero, la colorina Stella Díaz Varin y esos personajes que descendían al sótano de la SECH o en los lugares màs inesperados de las tertulias literarias. Ahí dictaba, gesticulaba su inocente, improvisada y profunda cátedra del conocimiento, de las lecturas que devoraba como un condenado a muerte. Siempre impecable, con corbata, su barba cana ordenada, manos de estilista prousiano, calvo, vizco, risueño, misterioso, vivaz, muy vivaz, se relamía los bigotes de nuevas y mágicas palabras. Era un misterio de que vivía, que hacía durante el día y como se las arreglaba para entrar y vivir en la discreta noche santiaguina con una puntualidad británica, arrancada al Big Ben. Muy persuasivo, sabía escuchar y mecerse la barba con maestría whitmaniana.
En su inagotable fantasía, apoyada por sus elctura e indudable cultura literaria, hablaba a diestra y siniestra, con un calculado aire de convicción de los títulos de sus libros en curso o que dejaba como posibles ediciones. De esto nos da cuenta Alfonso Calderón, un estudioso de la "chilenidad".
El sombrero de tutti fruti, Un Gregorio Samsa tecnológico y Manual de comportamiento para el Super-Ego, son los títulos de este maravilloso autor del mito y la conversación, de la palabra en primera y útima, en definitiva instancia. Libros que siempre brillaron por su ausencia. Nunca vi una duda, el más leve gesto de preocupación, el más leve malestar, una palabra de rencor, animosidad de parte del grandioso Chico Molina, que medía muchas menos de 1.60 de estatura, pero que imaginariamente se empinaba sobre la Cordillera de Los Andes, volaba por la geografía del verbo elocuente, discreto, casi el susurro de un dios jamás derrotado.
Calderón se remonta a enero de 1953, el verano caliente y seco de Santiago, cuando conoció en la librería Universitaria, providencialmente al Chico Molina, un duende sin época ni tiempo. Me imagino la escena en el bucólico, provincial Santiago, la que transitaría hasta 1973. Recuerdo los mesones llenos de libros y el rostro de las vendedoras guiando a los compradores. El sábado llegaban algunas escritores, en una cita oficializada por las circunstancias y hojeando páginas se armaban los diálogos, pequeñas conversaciones de pasillos. En distintas ocasiones divisé a Lihn, teillier, Parra, Waldo Rojas, manuel Silva Acevedo, Alfonso Calderón, Omar Lara y pierdo la lista, porque era un lugar "obligado" en la búsqueda de libros. A la salida de la librería Universitaria está Andrés Bello sentado mirando la Alameda. Al atravesar la esquina hacia el norte de la ciudad, uno llegaba a la fuente de soda llamada Indianápolis , donde se bajaban las cervesas en velocidad de pista de carrera. A la derecha de la librería Universiatria, uno dobla en esa esquina y esfila para San Diego, donde se encuentra el paraíso de los libros viejos que regía el apco Rivano y creo que aún permanece.
Cuenta Alfonso Calderón que esa mañana busca La Peste de Alberto Camus, recién editada y que el Chico Molina, a quin no conocía, se le acercó y le preguntó si había leido Periodismo de combate. Así armaron una conversación que duró toda la tarde, atravesando la Alameda, allí en Il Bisco, un ya desparecido restaurante de la bohemia santiaguina, donde nos bajábamos los ásperos vinos chilenos de esa época, que contenía una buena parte de los secretos de la felicidad. Se hicieron amigos, contaría Calderón, poco más de medio siglo después. Il Bosco era un puente en medio la Alameda, varado en la noche de Santiago, punto de encuentro y lugar para alzar la mano entre copas y amigos. recuerdo sus manteles blancos, el amplio salón y su puerta de cristal. Se entraba caminando con algo de gracia y se salía en un zig zag extranjero. Calderón revelaría también una profecía del Chico Molina, anunciada el siglo pasado: "Tú vas a ser el cronista de mi historia". El enigmático personaje acertó medio a medio en el blanco de la futura realidad. Hoy, sus aventuras y desventuras, están impresas y ha corrido la tinta donde debe ser.
Nunca fue un lector silencioso, aunque visitara la Biblioteca Nacional, como relata Calderón, esas mañanas de invierno o en la suspendida primavera, porque recomendaba, guiaba, opinaba, decía, lee a este autor, en un tuteo singular propio de las clase alta chilena. sugería con un inolvidable toque de picardía y sonrisa. Tenía el don de la recomendación, la ubicuidad de las palabras, la gracias de una sencillez tímida.
Venía de la manga de Huidobro, se codeaba en ese entonces con Braulio Arenas, Mariano Latorre y Luis Oyarzún, si, a mediados de los 40. Eran sus tertulias, el Chico Molina vivía sustentado en la precariedad, al parecer, cuenta Calderón, de unos ingresos que le proporcioban el alquiler de un cité en Avenida Matta.
A fines de los 60 visitó Francia como invitado. "Llegó diciendo que había destruido la teoría de los últimos surrealistas y que había conocido a los personajes aún vivos de En busca del tiempo perdido, de Proust", dice Calderón. Envidiable el Chico Molina, sorprendente, como siempre demoledor de cualquier statu quo, dueño absoluto de su tiempo, un hombre absolutamente libre. En la SECH y en casa de un amigo empresario de Barquero, compartimos no pocos vinos. Recuerdo que se ponía rojo y se le encendían los ojos de un brillo con destellos literarios y parecía un relator de cuentos escandinavos, esas leyendas con personajes mitológicos que abundaban en los bosques y desparecían encantados en las noches. En uno de esos viajes de la vida, el tiempo se llevó al Chico Molina. Nos había dejado sus historias, que no es poco decir. Su época final la pasó en el Bar Unión Chica junto a Jorge Teillier, Rolando Cárdenas y sus amigos. El reloj de su historia se paró en 1986.
Al recorrer este fragmento de mi juvetud, conversaciones en bares y sociedades de escritores con el Chico Molina y mis amigos, recuerdo cuando salí de Chile. Estuve en la SECH conversando con Alfonso Calderón, no era Premio Nacional de Literatura ni académicao de la lengua, sí, poeta, cronista y profesor universitario. Y le dije, me voy a Colombia, que libros me recomienda llevarme. Me dijo que la antología que él había escrito sobre los poetas de Chile, que dicho sea de paso es e las más objetivas, profundas, serias, ilustrativas, no pretenciosa, académica y digna de las antologías chilenas. Siempre la he mantenido al alcance de mi mano. (Antología de la Poesía chilena contemporánea. Ed. Universitaria 1970) Otros libros "claves" que me llevé a Colombia me los robó un poeta y decano de Filosofía, el poeta Luque que en paz descanse. La miseria humana existe en todas partes. Rolando Gabrielli©2008

sábado, septiembre 20, 2008

Vincent Van Gogh







Vincent Van Gogh
abandonó la realidad,
su oreja derecha,
perdió todo.
Más silencioso que la luz
no dejó de ver y escuchar
la voz del segado trigal,
el paisaje que marcó su regreso.
Rolando Gabrielli©2008

Discurso de graduación...


Discurso de graduación que pronunció en el Kenyon College de Ohio en 2005, sobre lo destartalada, estúpida y repulsiva que es la vida adulta,
Transcription of the 2005 Kenyon Commencement Address - May 21, 2005
(If anybody feels like perspiring [cough], I'd advise you to go ahead, because I'm sure going to. In fact I'm gonna [mumbles while pulling up his gown and taking out a handkerchief from his pocket].) Greetings ["parents"?] and congratulations to Kenyon's graduating class of 2005. There are these two young fish swimming along and they happen to meet an older fish swimming the other way, who nods at them and says "Morning, boys. How's the water?" And the two young fish swim on for a bit, and then eventually one of them looks over at the other and goes "What the hell is water?"
This is a standard requirement of US commencement speeches, the deployment of didactic little parable-ish stories. The story ["thing"] turns out to be one of the better, less bullshitty conventions of the genre, but if you're worried that I plan to present myself here as the wise, older fish explaining what water is to you younger fish, please don't be. I am not the wise old fish. The point of the fish story is merely that the most obvious, important realities are often the ones that are hardest to see and talk about. Stated as an English sentence, of course, this is just a banal platitude, but the fact is that in the day to day trenches of adult existence, banal platitudes can have a life or death importance, or so I wish to suggest to you on this dry and lovely morning.
Of course the main requirement of speeches like this is that I'm supposed to talk about your liberal arts education's meaning, to try to explain why the degree you are about to receive has actual human value instead of just a material payoff. So let's talk about the single most pervasive cliché in the commencement speech genre, which is that a liberal arts education is not so much about filling you up with knowledge as it is about quote teaching you how to think. If you're like me as a student, you've never liked hearing this, and you tend to feel a bit insulted by the claim that you needed anybody to teach you how to think, since the fact that you even got admitted to a college this good seems like proof that you already know how to think. But I'm going to posit to you that the liberal arts cliché turns out not to be insulting at all, because the really significant education in thinking that we're supposed to get in a place like this isn't really about the capacity to think, but rather about the choice of what to think about. If your total freedom of choice regarding what to think about seems too obvious to waste time discussing, I'd ask you to think about fish and water, and to bracket for just a few minutes your skepticism about the value of the totally obvious.
Here's another didactic little story. There are these two guys sitting together in a bar in the remote Alaskan wilderness. One of the guys is religious, the other is an atheist, and the two are arguing about the existence of God with that special intensity that comes after about the fourth beer. And the atheist says: "Look, it's not like I don't have actual reasons for not believing in God. It's not like I haven't ever experimented with the whole God and prayer thing. Just last month I got caught away from the camp in that terrible blizzard, and I was totally lost and I couldn't see a thing, and it was fifty below, and so I tried it: I fell to my knees in the snow and cried out 'Oh, God, if there is a God, I'm lost in this blizzard, and I'm gonna die if you don't help me.'" And now, in the bar, the religious guy looks at the atheist all puzzled. "Well then you must believe now," he says, "After all, here you are, alive." The atheist just rolls his eyes. "No, man, all that was was a couple Eskimos happened to come wandering by and showed me the way back to camp."
It's easy to run this story through kind of a standard liberal arts analysis: the exact same experience can mean two totally different things to two different people, given those people's two different belief templates and two different ways of constructing meaning from experience. Because we prize tolerance and diversity of belief, nowhere in our liberal arts analysis do we want to claim that one guy's interpretation is true and the other guy's is false or bad. Which is fine, except we also never end up talking about just where these individual templates and beliefs come from. Meaning, where they come from INSIDE the two guys. As if a person's most basic orientation toward the world, and the meaning of his experience were somehow just hard-wired, like height or shoe-size; or automatically absorbed from the culture, like language. As if how we construct meaning were not actually a matter of personal, intentional choice. Plus, there's the whole matter of arrogance. The nonreligious guy is so totally certain in his dismissal of the possibility that the passing Eskimos had anything to do with his prayer for help. True, there are plenty of religious people who seem arrogant and certain of their own interpretations, too. They're probably even more repulsive than atheists, at least to most of us. But religious dogmatists' problem is exactly the same as the story's unbeliever: blind certainty, a close-mindedness that amounts to an imprisonment so total that the prisoner doesn't even know he's locked up.
The point here is that I think this is one part of what teaching me how to think is really supposed to mean. To be just a little less arrogant. To have just a little critical awareness about myself and my certainties. Because a huge percentage of the stuff that I tend to be automatically certain of is, it turns out, totally wrong and deluded. I have learned this the hard way, as I predict you graduates will, too.
Here is just one example of the total wrongness of something I tend to be automatically sure of: everything in my own immediate experience supports my deep belief that I am the absolute center of the universe; the realest, most vivid and important person in existence. We rarely think about this sort of natural, basic self-centeredness because it's so socially repulsive. But it's pretty much the same for all of us. It is our default setting, hard-wired into our boards at birth. Think about it: there is no experience you have had that you are not the absolute center of. The world as you experience it is there in front of YOU or behind YOU, to the left or right of YOU, on YOUR TV or YOUR monitor. And so on. Other people's thoughts and feelings have to be communicated to you somehow, but your own are so immediate, urgent, real.
Please don't worry that I'm getting ready to lecture you about compassion or other-directedness or all the so-called virtues. This is not a matter of virtue. It's a matter of my choosing to do the work of somehow altering or getting free of my natural, hard-wired default setting which is to be deeply and literally self-centered and to see and interpret everything through this lens of self. People who can adjust their natural default setting this way are often described as being "well-adjusted", which I suggest to you is not an accidental term.
Given the triumphant academic setting here, an obvious question is how much of this work of adjusting our default setting involves actual knowledge or intellect. This question gets very tricky. Probably the most dangerous thing about an academic education -- least in my own case -- is that it enables my tendency to over-intellectualize stuff, to get lost in abstract argument inside my head, instead of simply paying attention to what is going on right in front of me, paying attention to what is going on inside me.
As I'm sure you guys know by now, it is extremely difficult to stay alert and attentive, instead of getting hypnotized by the constant monologue inside your own head (may be happening right now). Twenty years after my own graduation, I have come gradually to understand that the liberal arts cliché about teaching you how to think is actually shorthand for a much deeper, more serious idea: learning how to think really means learning how to exercise some control over how and what you think. It means being conscious and aware enough to choose what you pay attention to and to choose how you construct meaning from experience. Because if you cannot exercise this kind of choice in adult life, you will be totally hosed. Think of the old cliché about quote the mind being an excellent servant but a terrible master.
This, like many clichés, so lame and unexciting on the surface, actually expresses a great and terrible truth. It is not the least bit coincidental that adults who commit suicide with firearms almost always shoot themselves in: the head. They shoot the terrible master. And the truth is that most of these suicides are actually dead long before they pull the trigger.
And I submit that this is what the real, no bullshit value of your liberal arts education is supposed to be about: how to keep from going through your comfortable, prosperous, respectable adult life dead, unconscious, a slave to your head and to your natural default setting of being uniquely, completely, imperially alone day in and day out. That may sound like hyperbole, or abstract nonsense. Let's get concrete. The plain fact is that you graduating seniors do not yet have any clue what "day in day out" really means. There happen to be whole, large parts of adult American life that nobody talks about in commencement speeches. One such part involves boredom, routine, and petty frustration. The parents and older folks here will know all too well what I'm talking about.
By way of example, let's say it's an average adult day, and you get up in the morning, go to your challenging, white-collar, college-graduate job, and you work hard for eight or ten hours, and at the end of the day you're tired and somewhat stressed and all you want is to go home and have a good supper and maybe unwind for an hour, and then hit the sack early because, of course, you have to get up the next day and do it all again. But then you remember there's no food at home. You haven't had time to shop this week because of your challenging job, and so now after work you have to get in your car and drive to the supermarket. It's the end of the work day and the traffic is apt to be: very bad. So getting to the store takes way longer than it should, and when you finally get there, the supermarket is very crowded, because of course it's the time of day when all the other people with jobs also try to squeeze in some grocery shopping. And the store is hideously lit and infused with soul-killing muzak or corporate pop and it's pretty much the last place you want to be but you can't just get in and quickly out; you have to wander all over the huge, over-lit store's confusing aisles to find the stuff you want and you have to maneuver your junky cart through all these other tired, hurried people with carts (et cetera, et cetera, cutting stuff out because this is a long ceremony) and eventually you get all your supper supplies, except now it turns out there aren't enough check-out lanes open even though it's the end-of-the-day rush. So the checkout line is incredibly long, which is stupid and infuriating. But you can't take your frustration out on the frantic lady working the register, who is overworked at a job whose daily tedium and meaninglessness surpasses the imagination of any of us here at a prestigious college.
But anyway, you finally get to the checkout line's front, and you pay for your food, and you get told to "Have a nice day" in a voice that is the absolute voice of death. Then you have to take your creepy, flimsy, plastic bags of groceries in your cart with the one crazy wheel that pulls maddeningly to the left, all the way out through the crowded, bumpy, littery parking lot, and then you have to drive all the way home through slow, heavy, SUV-intensive, rush-hour traffic, et cetera et cetera.
Everyone here has done this, of course. But it hasn't yet been part of you graduates' actual life routine, day after week after month after year.
But it will be. And many more dreary, annoying, seemingly meaningless routines besides. But that is not the point. The point is that petty, frustrating crap like this is exactly where the work of choosing is gonna come in. Because the traffic jams and crowded aisles and long checkout lines give me time to think, and if I don't make a conscious decision about how to think and what to pay attention to, I'm gonna be pissed and miserable every time I have to shop. Because my natural default setting is the certainty that situations like this are really all about me. About MY hungriness and MY fatigue and MY desire to just get home, and it's going to seem for all the world like everybody else is just in my way. And who are all these people in my way? And look at how repulsive most of them are, and how stupid and cow-like and dead-eyed and nonhuman they seem in the checkout line, or at how annoying and rude it is that people are talking loudly on cell phones in the middle of the line. And look at how deeply and personally unfair this is.
Or, of course, if I'm in a more socially conscious liberal arts form of my default setting, I can spend time in the end-of-the-day traffic being disgusted about all the huge, stupid, lane-blocking SUV's and Hummers and V-12 pickup trucks, burning their wasteful, selfish, forty-gallon tanks of gas, and I can dwell on the fact that the patriotic or religious bumper-stickers always seem to be on the biggest, most disgustingly selfish vehicles, driven by the ugliest [responding here to loud applause] (this is an example of how NOT to think, though) most disgustingly selfish vehicles, driven by the ugliest, most inconsiderate and aggressive drivers. And I can think about how our children's children will despise us for wasting all the future's fuel, and probably screwing up the climate, and how spoiled and stupid and selfish and disgusting we all are, and how modern consumer society just sucks, and so forth and so on.
You get the idea.
If I choose to think this way in a store and on the freeway, fine. Lots of us do. Except thinking this way tends to be so easy and automatic that it doesn't have to be a choice. It is my natural default setting. It's the automatic way that I experience the boring, frustrating, crowded parts of adult life when I'm operating on the automatic, unconscious belief that I am the center of the world, and that my immediate needs and feelings are what should determine the world's priorities.
The thing is that, of course, there are totally different ways to think about these kinds of situations. In this traffic, all these vehicles stopped and idling in my way, it's not impossible that some of these people in SUV's have been in horrible auto accidents in the past, and now find driving so terrifying that their therapist has all but ordered them to get a huge, heavy SUV so they can feel safe enough to drive. Or that the Hummer that just cut me off is maybe being driven by a father whose little child is hurt or sick in the seat next to him, and he's trying to get this kid to the hospital, and he's in a bigger, more legitimate hurry than I am: it is actually I who am in HIS way.
Or I can choose to force myself to consider the likelihood that everyone else in the supermarket's checkout line is just as bored and frustrated as I am, and that some of these people probably have harder, more tedious and painful lives than I do.
Again, please don't think that I'm giving you moral advice, or that I'm saying you are supposed to think this way, or that anyone expects you to just automatically do it. Because it's hard. It takes will and effort, and if you are like me, some days you won't be able to do it, or you just flat out won't want to.
But most days, if you're aware enough to give yourself a choice, you can choose to look differently at this fat, dead-eyed, over-made-up lady who just screamed at her kid in the checkout line. Maybe she's not usually like this. Maybe she's been up three straight nights holding the hand of a husband who is dying of bone cancer. Or maybe this very lady is the low-wage clerk at the motor vehicle department, who just yesterday helped your spouse resolve a horrific, infuriating, red-tape problem through some small act of bureaucratic kindness. Of course, none of this is likely, but it's also not impossible. It just depends what you what to consider. If you're automatically sure that you know what reality is, and you are operating on your default setting, then you, like me, probably won't consider possibilities that aren't annoying and miserable. But if you really learn how to pay attention, then you will know there are other options. It will actually be within your power to experience a crowded, hot, slow, consumer-hell type situation as not only meaningful, but sacred, on fire with the same force that made the stars: love, fellowship, the mystical oneness of all things deep down.
Not that that mystical stuff is necessarily true. The only thing that's capital-T True is that you get to decide how you're gonna try to see it.
This, I submit, is the freedom of a real education, of learning how to be well-adjusted. You get to consciously decide what has meaning and what doesn't. You get to decide what to worship.
Because here's something else that's weird but true: in the day-to day trenches of adult life, there is actually no such thing as atheism. There is no such thing as not worshipping. Everybody worships. The only choice we get is what to worship. And the compelling reason for maybe choosing some sort of god or spiritual-type thing to worship -- be it JC or Allah, bet it YHWH or the Wiccan Mother Goddess, or the Four Noble Truths, or some inviolable set of ethical principles -- is that pretty much anything else you worship will eat you alive. If you worship money and things, if they are where you tap real meaning in life, then you will never have enough, never feel you have enough. It's the truth. Worship your body and beauty and sexual allure and you will always feel ugly. And when time and age start showing, you will die a million deaths before they finally grieve you. On one level, we all know this stuff already. It's been codified as myths, proverbs, clichés, epigrams, parables; the skeleton of every great story. The whole trick is keeping the truth up front in daily consciousness.
Worship power, you will end up feeling weak and afraid, and you will need ever more power over others to numb you to your own fear. Worship your intellect, being seen as smart, you will end up feeling stupid, a fraud, always on the verge of being found out. But the insidious thing about these forms of worship is not that they're evil or sinful, it's that they're unconscious. They are default settings.
They're the kind of worship you just gradually slip into, day after day, getting more and more selective about what you see and how you measure value without ever being fully aware that that's what you're doing.
And the so-called real world will not discourage you from operating on your default settings, because the so-called real world of men and money and power hums merrily along in a pool of fear and anger and frustration and craving and worship of self. Our own present culture has harnessed these forces in ways that have yielded extraordinary wealth and comfort and personal freedom. The freedom all to be lords of our tiny skull-sized kingdoms, alone at the center of all creation. This kind of freedom has much to recommend it. But of course there are all different kinds of freedom, and the kind that is most precious you will not hear much talk about much in the great outside world of wanting and achieving and [unintelligible -- sounds like "displayal"]. The really important kind of freedom involves attention and awareness and discipline, and being able truly to care about other people and to sacrifice for them over and over in myriad petty, unsexy ways every day.
That is real freedom. That is being educated, and understanding how to think. The alternative is unconsciousness, the default setting, the rat race, the constant gnawing sense of having had, and lost, some infinite thing.
I know that this stuff probably doesn't sound fun and breezy or grandly inspirational the way a commencement speech is supposed to sound. What it is, as far as I can see, is the capital-T Truth, with a whole lot of rhetorical niceties stripped away. You are, of course, free to think of it whatever you wish. But please don't just dismiss it as just some finger-wagging Dr. Laura sermon. None of this stuff is really about morality or religion or dogma or big fancy questions of life after death.
The capital-T Truth is about life BEFORE death.
It is about the real value of a real education, which has almost nothing to do with knowledge, and everything to do with simple awareness; awareness of what is so real and essential, so hidden in plain sight all around us, all the time, that we have to keep reminding ourselves over and over:
"This is water."
"This is water."
It is unimaginably hard to do this, to stay conscious and alive in the adult world day in and day out. Which means yet another grand cliché turns out to be true: your education really IS the job of a lifetime. And it commences: now.
I wish you way more than luck.

viernes, septiembre 19, 2008

Pozo


Pozo
Al fondo del pozo,
mis deseos,
siguen intactos
Rolando Gabrielli©2008

jueves, septiembre 18, 2008

Despedida
Si muero,
dejad el balcón abierto.
El niño come naranjas.
(Desde mi balcón lo veo).
El segador siega el trigo.
(Desde mi balcón lo siento).
¡Si muero,
dejad el balcón abierto!

Federico García Lorca


El mito, la grandeza, genialidad de Federico García Lorca y su obra, seguirán vivos por la eternidad de España y la poesía. Los franquistas lo asesinaron ahí en Viznar, Granada, junto a un barranco y yace bajo un olivo, desde el 18 de agosto de 1936. Está enterrado junto a otros tres hombres sencillos del pueblo, un maestro cojo y dos banderilleros anarquistas. España busca a los desaparecidos de la Guerra Civil. Laura García Lorca, sobrina del poeta y dramaturgo, ha dicho al diario español El País que ya no se opone la familia a que exhumen su cadáver, los restos, que sospechan estàn en una fosa comùn junto a otros mil o tres mil asesinados por el franquismo. Laura ha dicho que la familia no quiere privilegios ni olvido para los que acompañaron a García Lorca en la muerte y martirio. Que dejen allí al poeta donde lo mataron en el barranco de Vìznar. Otra posibilidad, sugiere sería "llevarlo a Nueva York con su padre, a Madrid, con su madre y sus hermanas, a la huerta de San Vicente. Esparcir sus cenizas en varios lugares en los que vivió... Pero queremos dejarlo allí. Murió así, lo mataron de esa manera y es importante que siga ahí. Remover una fosa causa muchas inquietudes. En nuestro caso, el hecho de que se proceda a ello no cierra nuestras heridas." La familia viva de Lorca ha dicho finalmente en un comunicado suscrito por Vicenta, Manuel y Concha Fernández-Montesinos García y Gloria, Isabel y Laura García-Lorca de los Ríos, que dejar los restos del Poeta sería "una forma de preservar el barranco de Víznar como lugar de la memoria colectiva, pública y civil". Después de todo, el crimen de García Lorca es la espina atravesada en el corazón de España y en la garganta del fascismo.
(RG)

miércoles, septiembre 17, 2008

Poesía


Poesía,
mi iceberg,
asoma, permanece.
Rolando Gabrielli©2008

martes, septiembre 16, 2008

El abecedario de las cosas

I
Una ventana no es garantía para que el paisaje se acomode a tus ojos. Siempre habrá otra ventana
II
Si entras por una misma puerta muy seguido, puedes llegar siempre al mismo lugar
III
La vasija que guarda por siglos agua, puede conservar algo del silencio que guardará tu memoria
IV
El calendario que se ciñe por los días, tiene término
V
Al consumir la imagen un espejo, corre el riesgo de borrarse o repetirse en el mejor de los casos
VI
Un libro corre el riesgo de no ser leído, pero su peor escenario, es ser mal interpretado
VII
Si la Poesía se estaciona debajo de mi almohada, puedo dormir tranquilo
VIII
Yo escribo para entender mi propio abecedario
IX
El amor se mantiene como el canto de la cigarra...
X
Una piedra se respeta más, que el pie que la pisa
XI
Una ola vuelve a la playa, por amor al principio y al fin
XII
La máscara no se siente falsa, sino que recrea un rostro que la ha escogido
XIII
El desierto es más silencioso que tu corazón, pero tan profundo como tus ojos
XIV
La marea es un ejercicio de Sístole y Diàstole, tu corazón brilla como una Luna llena sobre el mar
XV
El fraude tiene corazón de paloma huérfana
XVII
La Razón no necesita el chillido de la Urraca
XVIII
La mano invisible del mercado nos está estrangulando
XIX
Mercados: la Bolsa o la Vida
XX
La psicología es el patín de la infancia
XXI
Un naipe no se derrumba, se deja lleva r por el azar
XXII
Los dados sólo le mienten al perdedor
XXIII
La Bella Durmiente sueña despierta
XXIV
Soledad,con tu compañía, mejor
XXV
Cría lectores y te demandarán a Google
XXVI
Los enemigos son tan importantes como los amigos, ayudan a estar alerta
XXVII
Nadie se libera de un clavo bien clavado
XXVIII
¿Qué hubiese hecho Mahoma si no tuviera montañas?
XXIX
Tu silencio es otro tipo de ruido. ¿No lo escuchas?
XXX
Polifemo tenìa un ojo clínico

David Foster Wallace, La broma infinita (Final)

CUATRO
¿De qué se saturò David Foster Wallace? Cuentan sus allegados que a partir del siglo XXI ya no era el mismo. No he dejado de pensar sobre las últimas horas de DFW, porque nunca sabremos si fue una decisión de último minuto o ya la había tomado. Su padre dijo: no aguantó más. Probó con todo tipo de medicamentos. Estaba, digo, dentro del corazón, del alma, en el fondo de la caja toráxica, donde sólo llegan las tripas personales. Ahí nadie entra, sólo el que sabe hasta cuando da su hígado y pueden respirar sus pulmones.El mismo sábado me enteré de su deceso. Fue en horas de la noche. Aún no se ha dicho con certeza de qué y cómo murió.
Escribió, según las reseñas, de la novela Infinite Jest, de la intoxicación banal, deprimente y comercial de Estados Unidos. Lo que entiendo es que le tomaba el pulso, revisaba los puntos cardinales, el millaje, cambio de aceite, la respiración, su drogadicción en todos los sentidos y direcciones a la sociedad norteamericana. Todo seriamente, humor, sarcasmo, morosidad, velocidad, cambio de paso y de lenguajes, movimientos bien calculados o simplemente a caballo desbocado de las situaciones y lenguajes que iba creando para cada situación como si se apegara a su cuerpo la realidad y la ficción reclamara su espacio dentro del cuerpo principal. Sé que debo leerlo, es un compromiso. Me lo dije muchas veces en el estacionamiento ante el asfalto como testigo. y lo haré con lo que encuentre en español (castellano). Estoy dispuesto, si no encuentro aquí esos libros o adonde los encargarè, a canjear la novela 2666 de Roberto Bolaño por La broma infinita. Es un buen deal, no, David y sé que estarías de acuerdo, porque es tu par o algo así en castellano. Perdona el tuteo, pero me hubiese gustado conocerte y compartir contigo el otro lado de las cosas, la verdad simplemente, esa atmósfera que la toxina no deja respirar muchas veces o el humo de la chimenea reciclando la historia.
También se muere de mala historia, de ambiente contaminado por lo banal, falso, y de la mentira se puede sobrevivir un tiempo, quizás, hasta que ese letal arsenal toca la punta de tu hígado con su arpón infestado de estièrcol y entra con todo su valor agregado nacional. En principio puede ser un cosquilleo, un elemental sentimiento de desasosiengo, esa intranquilidad que empuja a buscar una salida que se va mordiendo la propia cola. El malestar va avanzando hasta anidarse en el lugar más poderoso, el motor del cuerpo y de todo lo que le acompañe, desde los gestos hasta los sentimientos más íntimos: el cerebro. Cuando se concentra ahí toda la cloaca que respiramos, La asfixia va ganando terreno, minando el cuerpo real, que termina abandonándose, cayendo una y otra vez, con esa sensación de un largo vacío que no terminará de tocar fondo. Hay que estar en el cuerpo, para comprender ese estado. Después se entra como a un pequeño túnel portatil que te persigue a donde vayas. Difícil sobrevivir a la caricatura, porque la tragedia global, suele transformarse en personal. Con su basura de vendedores de productos nuevos, suelen contaminarlo todo. Deja de comprar y verás lo que te ocurre. Un ejército de sombras y risas medievales entran por la ventana de tu casa y la marcan con una X. Leo en una de mis pesquizas, que a Wallace le producía horror y preocupaba: “la anomia y el solipsismo y una forma peculiarmente americana de soledad: la perspectiva de morirse sin haber querido nunca a nadie más que a uno mismo" El ombliguismo personal, íntimo, esa mirada hacia si misma de la sociedad, pareciera querer decirnos, cómo si la rótula dañada no nos dejara avanzar después de un ataque con morteros o él paso de un ventarrón de mariposas que nos deja sin aire. Wallace venía hablando de la tristeza que sentía en el estómago desde hace unos años.
Wallace decidió finalmente tomar el último vagón dormido en la noche de California.
Epílogo
Me aprestaba a subir y a dejar el estacimiento, más bien el largo e infinito asfalto cubierto de noche, cuando veo cruzar hacia mì una joven de pantalones cortos y una suave blusa de aire y transparencias. Venía de un automóvil estacionado al medio del asfalto, como si la nada la empujara haciadonde estaba. A penas se fue acercando, vi que traía dudas, el aire de las preocupaciones, pero no dejaba de sonreir, arte primario de la comunicación. Al fondo se divisaba otra mujer en bermudas y un niño que revoloteaba en las proximidades del automóvil. Sólo esperé que llegara.
- Buenas noches, tengo el carro dañado
El vehículo estaba en el centro del mar de asfalto, y si no se movía a esas horas, era porque algo le sucedía. la mujer sonreìa, com osi todo se fuera a solucionar.
-Vamos a ver, dije
Y nos encaminamos hacia la máquina, que descansaba plácidamente. Un Toyota Corolla, sedán, pero con motor electrónico, como los de ahora.
_No arranca, ni se inmuta, no da señales de vida
-Bueno, puede ser la batería y por ahí nos vamos. jumper, y el motor quieto, como un àngel. No da señales el motor. La máquina está absorta en si misma, no aletea. La atmósfera tibia, descomplicada, es lo más proximo a la realidad. los gestos son los de siempre, interrogante, llamadas de celulares, exclamaciones y la luna sigue aclarándose.
Mientras conecto las dos máquinas, pienso en Wallace, su soledad final, sue riesgo de vida, lo que escribió, dijo, reflexionó, aportó, descubrió y aún no he leìdo. Notamos una interferencia de la alarma, suele suceder. Y seguimos intentándolo. Wallace, qué fue lo que pasó? ¿La vida giró en redondo, bocabajo? Quién arma este rompecabezas sin cabeza, pareciera hablarnos la soga del silencio. un pequeño gesto en medio de la noche y siento que el espejo nos mira, busca un reflejo ante la opacidad, él, que pareciera contener todos los rostros. (El hombre de la moto, vestido ridículamente, con esos sombreros de parques de entretenciones, pasa como una tromba entre uno y otro extremo de la realidad. Patrulla, eso se dirá asimismo) Wallace está aquí esta noche, me gustaría gritar. pero es tan fácil que a uno que le digan loco, y no es lo más importante, sino que no entenderían ni una sola palabra. El mar encontraría las palabras en alguna playa. Es apenas una gran verdad, a sí muere todo, como de rodillas sobre el asfalto. Se detiene uno de esos cuatro por cuatro que parece un búfalo en la noche y pregunta su chofer si necesitamos algo. El Toyota Corolla estaba dando extrañas señales de vida, un carraspeo muy alentador de parte del enfermo. -Gracias, parece que va a arrancar. Fueron palabras mágicas y tal vez un poco de intimidación de ese animal que bufaba sobre el asfalto y arrancó como un estruendo con sus cuatro patas enllantadas por la pradera de asfalto. Mientras se perdía en el pequeño horizonte, el vehículo insomne, salía del sopor y se incorporaba como todo un campeón a seguir en la ruta, sabía que le esperaba la velocidad por el corredor Sur. Nos despedimos y yo ya estaba lejos hace mucho rato.
Rolando Gabrielli©2008

lunes, septiembre 15, 2008

Vida Life


No es lo mismo
la Vida que la Life
y tú repites a diario
que la tuya
es
difusa gris puerca,
tuerce el rabo
inesperadamente.
Danza alegre
la Life,
otra mueca de la Vida.
Rolando Gabrieli©2008

La vida Allende la muerte



Es el título de una pintura del chileno Roberto Matta, en homenaje a Salvador Allende y que acaba de donar su viuda Germana Matta, "al pueblo de Chile". Matta fue uno de los pintores surrealistas más importantes y prolíficos del siglo XX, el más reconocido de la plástica chilena a nivel mundial.
Un tanque inmerso en la devastada sociedad santiaguina, ese horizonte difuso, desgarrado, donde veo brazos y puños impotentes frente a la máquina acorazada, una escena no lejos de la realidad del 11 de septiembre de 1973. Allende muriò en La Moneda, en la Casa de los Presidentes de Chile. ¿Algún día se sabrá toda la verdad? ¿O sólo está reservada para los dueños de la historia? Rolando Gabrielli©2008

domingo, septiembre 14, 2008

La broma infinita, de David Foster Wallace


UNO
La muerte es un acto corriente. Ocurre. Un compromiso inevitable de la vida. Un hecho impostergable. Más allá o más acá, la línea está trazada. Se cuadra todo ante la capitana. A veces resulta ser una sorpresa anticipada. Ocurren eventos especiales que sorprenden, primero, a la vida, y luego, quizás, a la propia muerte. Internet trae de todo. Es caja de Pandora por naturaleza y el lector entra en el menú. Nada uno como en un largo río sin fin que desemboca en un mar de palabras. Toda selección es arbitraria y es lo que hace uno. Lee, separa, deja pasar, olvida. Algo queda entre los dedos y la memoria. No podemos leer todo y menos memorizarlo o procesarlo. Uno se detiene de acuerdo con sus intereses. Hay quienes buscan recetas de cocina y es un arte hablar de ese tema, repasar viejos postres, sabores, olores, seguir degustando lo perdido y recuperable. No buscaba nada, pero las noticias llegan a veces de manera espontánea, inconsultas. Son las que más sorprenden y quedan rondando en la cabeza. Noticias que adquieren categoría de obsesión. Independiente de nosotros mismos, adquieren categoría de ciclón silencioso. Vayamos al punto, la muerte de un escritor importa poco en estos tiempos. Es una notícula de obituario, que supera cualquiera de estas catástrofes naturales recurrentes, accidentes aéreos, asesinatos entre parejas, masacres, asaltos, choques de trenes, enfrentamientos entre narcos y policías, declaraciones de los dirigentes mundiales e historias de corazón, policiacas, de autoayuda, realty shows y pasatiempos de las cadenas de entretenimiento. basta leer con qué pasión y obsesión y banalidad también, se sigue el éxito o fracaso de losfutbolistas que juegan en otros países. Un escritor es una oveja negra y desacarriada con una campana loca al cuello. Lo que quiero decir es que David Foster Wallace, escritor norteamericano fue encontrado colgado en su casa por su mujer y me parecía un buen tipo, aunque no lo conocía ni había leído una sóla palabra de su potente y exitosa obra, según vengo a enterarme. Tenía 46 años, un gran humor, ejercía dando clases de creatividad en inglés y le cuelgan una fama desde 1996 cuando editó su novela Infinite Jest, aunque The Broom of the System, tuvo éxito en Estados Unidos en 1987 .
Espero que su novela emblemática La broma infinita, llegue a mis manos pronto. Un Writer de verdad, según voy buceando más y mas en su obra. No siempre llegamos a la misma hora David Foster Wallace. Son 1092 páginasmás otras 115 de notas y erratas. Según leo, tiene que ver con el compromiso que adquirimos todos en la vida con las diversas manifestaciones que se nos presentan: Dios, el Diablo, la política o cualquier oficio donde se de la entrega total. Es más que todo eso, al parecer, un buceo crítico de la sociedad norteamericana sin contemplaciones.
_______________
DOS
Estuve pensando en David Foster Wallace, quien se sabía un suicida en potencia y había demandado lo vigilaran tiempo atrás en un hospital, cuando me interné en un parque de diversiones con entretenimientos norteamericanos. Me detenía ante los juegos, las marcas de los equipos, el idioma, las imágenes de Elvis Presley con su loca guitarra en Las Vegas, y todos esos juegos electrónicos para enloquecer al más cuerdo. Caminaba en la semipenumbra sobre la alfombra estelar, las luces, esos ruidos singulares de parques de entretención y aparecía mi desconocido escritor David Forter Wallace, como diciéndome: ya ves. es lo que digo, hacia donde vamos...No lo han dicho aún, ayer leí la información de su deceso y me quedé reflexionando si se había ahorcado o no. Lo encontró colgado su mujer, dice el primer anuncio de su muerte y lo reiteran los demás. Sigo leyendo sobre este autor y destaca su visión, sin duda, de la sociedad norteamericana, como apunto arriba de esta nota. Se fue convencido, por lo que leo, de lo que hacía. No hizo concesiones. No se trabó en la parálisis de la fama y del ego o de la banalidad del best seller. Qué malo tiene escribir un best seller, dicen, y quizás tengan razón, pero David Foster Wallace, noto que amaba los clásicos en el buen sentido de la palabra y apostó desde Grecia en adelante. Fue un duro crítico de Internet: "No nos engañemos: la Red no es más que una avalancha de información, un laissez faire salvaje, sin estándares éticos. Se acosa al consumidor con un aluvión de ofertas seductoras, sin ayudarle a discernir a la hora de elegir. La explosión punto.com es la destilación de la ética capitalista en estado químicamente puro".
----------------
TRES
¿Qué llevó a David Foster Wallace a la decisión final?, me pregunto mientras camino entre esta atmósfera de diversión y distracción, donde las personas parecen hipnotizadas por los aparatos electrónicos y algunos juegos tradicionales. Crayzi`s, Carr son mis favoritos, y cuando me subía en un viejo parque frente al mar, los llamábamos Carros Chocones, pero veo que ahora son Carros Locos. Un buen nombre para tanta locura. La gente atiende a sus gustos, preferencias, dos chinas muy blancas y de rostros mezclados, están electrizadas frente a la máquina de Elvis Presley y reciben de premio unos cartoncitos canjeables por la estafa de siempre, un juguetito o llavero. ¿Todo será electrónico, hasta el corazón de la noche? Pienso en este hombre que desconocía, mientras miro la alfombra que me lleva a ningún lugar. David Foster Wallace, sigo investigando, se sentía triste por su país. La literatura le mantenía a flote, supongo, pero es un salvavidas limitado, cuando las heridas y dolores trascienden la palabra. Karen Green, su esposa, lo encontró colgado en su casa. La sociedad en que vivía, le apestaba. No hay muchas ni màs razones para una decisión de este tamaño. Era un gran jugador con las palabras, dicen sus críticos, con un gran sentido del humor negro-como me simpatiza este tipo-armador de lenguaje, ficcionador de realidades y viceversa, con suma claridad, transparencia, se paseaba de ida y vuelta por un mundo que rechazaba.
Duele la partida de un desconocido que sufría y enfrentaba la falsa felicidad, por todos nosotros. Los rostros que estoy viendo pasar podrían ir cubiertos con el chador musulmán y tendrían un significado, una mayor vinculación que la que tengo ahora con David Foster Wallace. Abandono este coto de la diversión electrónica y voy a comer a una franquicia colombiana. Un grupo de gringos jóvenes en una mesa próxima, unas lesbianas leen la cartelera de cine, una joven pareja cena como si fuera un ritual, muchas mesas vacías y me decanto por una ensalada griega con alcachofas y un jugo de guanabana. Salgo del restaurante iluminado por lámparas artesanales colgantes blancas y me dirijo al estacionamiento al aire libre. Inmenso y casi vacío, la noche caía tibia con una luna cobarde, apagada entre nubes muy altas, mezquinas, pero que ya entregaban a su rehén. No le perdí pisada a la luna cuando llegué al automóvil y el desolado estacionamiento crecía como un mar lejano de asfalto que dormía después de un día muy agitado. La marea ascendía a algunas cuadras, el mar real vivía su fin de semana.

Anoche soñé que me ahorcaba con tu soga

SUEÑO (antecedente)
Anoche soñé toda la noche que me ahorcaba. Unas sogas relativamente gruesas, amarillentas, de esas que aprietan y raspan sólo con mirarlas. Eran varias en fila india. Todas casi uniformadas fente a mi cuello. Las sogas se sentían seguras de sí mismas, confiadas, aplomadas diría ahora. Si uno se quedaba mirándolas fíjamente, hacían sentir su utilidad, complicidad y casi respeto por su oficio. Yo diría que expresaban su compromiso y tambièn su silencio. Daban a entender una extraña confianza. Después de todo, lo que cierran es un círculo. Lo que hay dentro, en este caso, es lo que arrebatan. Nunca pierden la serenidad. Al otro lado del sueño, alcancé a vislumbrar que alguien alzaba una copa. No logré descifrar si era vino o champagne, porque la copa era transparente, sin color. Hombre o mujer, para el caso es lo mismo. Podía ser una despedida, supongo. Hay quienes se meten en los sueños y hacen cualquier gesto para sorprendernos. La noche estaba tibia. La ventana en su lugar y afuera, corría una brisa cálida. El sueño seguía su curso. Las sogas con su círculo abierto como si estuvieran en un desfile de moda. Yo había esperado todo el día una llamada teléfonica. No llegó. Las portadas de los diarios traían escritos escalofríantes. Probablemente normales. Parecía que todo se iba acabar en un sólo día. Las cuerdas no tenían apuro. ¿Conversaban entre ellas a quien le tocaba el turno? Sólo son suposiciones mías. Los sueños no son tan explícitos como uno quisiera. Se borran, superponen, atraviesan calles, carreteras, caminos, bosques, mares y caen a precipicios. Son sueños y tienen todos esos inconvenientes. Los personajes se suelen subir a trenes. Descender a sótanos y hasta tomar helados. Hay pisos de madera. Muros largos, verdaderos obstáculos. Todo puede caber en un sueño. Inclusive la realidad. Estas cuerdas son las más versadas en la materia de saber que todo es posible. Era una noche larga y no parecía avanzar. Estaba estacionada en la oscuridad, en las partes más oscuras del sueño. Hasta ahí no llegaba. Traducir un sueño no es nada fácil. Mi cuello estaba más alargado en un intento por ver de más cerca la luna. Sentir lo olores húmedos del trópico. No sólo escuchar, sino clasificar los ruidos de los insectos. Ver como las estrellas brillan a pesar de las adversidades. Y escuchar aullar a los perros, con sus voces democráticas, casi siempre uniformadas. Una puerta que se cierra o una ventana que deja la noche por fuera. Al otro lado del sueño, la copa volvía a ser alzada. ¿Triunfo o derrota? Uno se hace preguntas como si fuera a tener respuestas. Las escenas se suceden. Repiten. Varían. Quedan vacías. No encuentran el cuadro. Las cuerdas se siguen pasando la voz. Son palabras rosadas, amarillas, negras, rojas, violetas. Tienen textura y van silenciosas.
Alguien alza la copa al otro lado del sueño y me pregunta: ¿Por qué le cuentas esto al sueño? El escritor fue encontrado colgado por su mujer cuando llegó a casa. Rolando Gabrielli©2008