sábado, noviembre 01, 2008

Estrella ùnica


Es a todas luces
la luz de su juego
de espadas y sol
el que brilla en una isla
de esta estrella ùnica,
que me devora
con su silencio,
oscuro, oscuro
Rolando Gabrielli©2008

El espejo no es todo


El espejo no es todo, Bella,
sino la maquinaria, los hilos,
alma y cuerpo
como en un cubo inmòvil,
en alguna sombra del dìa
te recoges,
engranaje de hielo y luz,
tù,
la estatua perfecta
me hablas con todos los sentidos
y uno màs si fuera necesario.
Rolando Gabrielli©2008

El poema es aire, pozo,
luz oscura,
oficio de la palabra,
verbo en dura piedra.
Rolando Gabrielli©2008

viernes, octubre 31, 2008

Maratòn

La victoria
es griega,
en la oscura noche
Persa.
Rolando Gabrielli©2008

De las Hojas de este Blog



Hay fechas arrancadas de las hojas de los calendarios, sin aliento, y no significan tiempo, nada. Conmemoraciones adivinadas por sus horas y suman nùmeros, cifras. En todo, hay un tiempo inclasificable, misterioso, borroso, inmutable, que crece como un ànfora vacìa y aseciende a una cùpula inhabitada. Es la medida de lo inmedible, inconmesurable oscuridad que niega su noche.

El huerto no tiene manos y tampoco hambre. Vive del sol y el agua, de la mano que lo siembra. Asì la vida y las cosas, el amor, la amistad, los sueños, las ilusiones, los tiempos de aquì y allà, ahora.

En los aniversarios, balance y suma son un parèntesis de lo real. Siempre existirà una contabilidad y el intangible espacio de la pausa. Un punto de partida y una meta en principio, dentro de un proceso.

Este espacio para la poesìa, la literatura, el arte, la crònica, la observaciòn reflexiva de la realidad y la ficciòn, lo que es nuestra època, sì, este Blog surgiò hace tres años, un 31 de octubre del 2005. Y aùn permanecemos, como si el tiempo no sucediera, y en verdad ocurre, sucede.
En este tiempo real tan brevìsimo, el mundo ha dado algunas vueltas de campana y sigue en la rodada cuesta abajo. Hay demasiados registros, clic, 14 millones de Blogs miràndose al espejo. El monólogo de Narciso o la ficciòn-real-objetiva, la mirada entre los ojos y el horizonte. Y es una època donde se contabiliza todo como una màquina registradora y el mercado sonrìe como si no tuviera corazòn, porque en verdad no lo tiene.
Tres años es un alfil sin paradero en un tablero de ajedrez abierto en un desierto, donde u n rey y una Reina, deciden un juego.
Todo puede documentarse, registrarse por este medio, en el dìa a dìa, de lo màs trascendente a lo inùtil. El uso-abuso nos lleva a la intrascedencia, a la banalidad.
Yo espero que mis internautas lectores, hayan disfrutado alguna de las màs
de 1000 pàginas o de las 3 mil imàgenes editadas en el Blog.Un verso,
una lìnea. Agradezco que se hayan visto por una sòla vez en el espejo del Otro y su realidad.



Un viejo texto para una visita inolvidable 75 años despuès y que Buenos Aires conmemora con comprensible orgullo y especial sensibilidad literaria, cultural y afecto. La Ruta de Lorca, acaba de presentar la diputaciòn de Granada, España, en la emblemàtica ciudad porteña, reina de La Plata, en un sentido homenaje al poeta asesinado al incio de la Guerra Civil Española por el ejèrcito de Francisco Franco.
Garcìa Lorca viajo en 1933 para hacer unas presentaciones de su obrar y dictar conferencias. Como precisa el artìculo se encantò, enamorò de Buenos Aires y se quedò seis meses. Al partir escribiò en el històrico Cafè Tortoni: "Sòlo el misterio nos hace vivir. Sòlo el misterio...Me voy dijo, cuando ya era inevitable su partida, con tristeza, tanta, que ya tengo ganas de volver.

El duende que se encantò con Buenos Aires
A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:La juzgo tan eterna como el agua y el aireJorge Luis Borges
EL DUENDE ANDALUZ se encantó con Buenos Aires, la grandeza de un escenario natural, el puerto, la urbe que lo aplaudió sin complejos hace siete décadas atrás. Federico García Lorca llegó de visita con su teatro y palabra seductora, un poeta ya conocido y dramaturgo igualmente popular. Sus planes eran quedarse dos semanas. El poeta del Romancero Gitano y Bodas de Sangre, tenía esa vaga idea de visitante temporal, pero Buenos Aires dispuso otra cosa con su magia, y el divino andaluz, la víctima emblemática del fascismo franquista, permaneció por seis largos meses que se le hicieron sal y agua de sus días.
Por esos días porteños, el poeta gitano, granadino, la gracia de España se presentaba con la emoción y la autenticidad del duende lorquiano, la fragancia de lo nuevo, sin maquillaje, puro como un paisaje desolado, llegaba como una bengala al puerto de Buenos Aires, luminoso como una ardiente estrella.
Quiso tocar todas las teclas y lo hizo en su piano y desde muy temprano nos enseñó el alma de España, la risa de niño misterioso que no cesó a su alrededor mientras estuvo vivo, que dejó de reír para hundirse en el negro luto de la muerte absurda, prematura, injustificada.
En su paso por Buenos Aires, García Lorca se enamoró no sólo de la ciudad rioplatense, sino del tango, de la cordialidad argentina y conoció a Carlos Gardel en la plenitud del mito, en 1933. Gardel le invitó junto con César Tiempo, y les cantó Caminito, Mis Flores Negras, Claveles Mendocinos, y ya partía el Morocho del Abasto a la inmortalidad de su gloria, porque en 24 horas dejaría Buenos Aires para iniciar una gira que le llevaría a encontrar su trágica muerte en Medellín, Colombia, en 1935.
A Lorca, que ya había editado Poeta en Nueva York, su aventura surrealista en la poesía, le quedarían menos de 30 meses de vida. Nadie pensaba siquiera que la tragedia ya rondaba al andaluz genial y el corazón de España sangraría como un toro en el ruedo. ¿Cómo desencantar el encanto?, podríamos preguntar ahora en el absurdo de los tiempos. Pero la bestia negra existía y demostró tener dientes de hiena y un apetito infinito en agosto de 1936. Se sintió tañer un eco del medioevo en todas los campanarios de España, la señal que volvía La Inquisición.
Se instalaría en el centro de la vida nacional a los pocos días, aunque sus intenciones eran brindar unas conferencias y conocer la marcha de su teatro en la esplendorosa Buenos Aires. Llegó con entusiasmo a la capital argentina, se instaló en el hotel Castelar, y pronto, dicen las historias, abandonó el protocolo para participar de lleno en la vida cultural de Buenos Aires, y transformó su cuarto E, el número 704, en su punto de apoyo para conquistar la ciudad porteña. Se presentó tal cual era, un poeta que buscaba la sencillez, que huía de la retórica fácil y juego de palabras, como dijera en una alocución en una emisora española dirigida a Argentina.
Hoy, Buenos Aires le recuerda, setenta años después, con una escenografía que recrea al artista en ese sitio emblemático, un espacio de creatividad y sueños, donde el duende dormía en la capital porteña y con un tercer ojo recorría la ciudad desde un globo de gas.
A España la describe en su forma geográfica como la forma de una piel de toro extendida, de animal sacrificado, advierte. Una premonitoria imagen, la gran metáfora de la Guerra Civil, de la España sacrificada. En cambio dice que Chile tiene la forma de serpiente anaconda.
Definió la República Argentina, como una larga antología de climas y la comparó como una mujer alegórica, oleográfica y tierna, con la frente coronada por ramas y víboras del Chaco y los pies de azuladas nieves del sur.
Y dijo que el toro es el verdadero primer actor del drama de una corrida y que el torero acude a la plaza para cumplir con su rito: encontrarse a solas con el toro.
Se sintió muy a gusto en Buenos Aires, y dijo que no esperaba, por no merecer, "esta paloma blanca temblorosa de confianza que la enorme ciudad me ha puesto en las manos, y más que el aplauso, agradece el poeta la sonrisa de viejo amigo que me ofrece el aire luminoso de la Avenida de Mayo." Consideraba García Lorca que Buenos Aires "tiene algo vivo y personal, está lleno de dramático latido, algo inconfundible y original en sus mil razas que atrae al viajero y los fascina".
Su partida de la capital argentina, que postergó por meses, la veía moviendo un pañuelo oscuro, de donde saldría una paloma de misteriosas palabras. El duende no dejaba de soñar, crear, fabular, vivir y entregarse a su arte y público, con su jubiloso zapateo de andaluz raizal, vivencial, sin complejos ni límites en la fantasía.
Sus primeros versos hablan de cigüeñas musicales amantes de campanas... Fue un poeta de la tierra, la amaba, y de la infancia, porque nunca dejó de ser niño, ni aún después de muerto. Le gustaba ver cómo una enorme púa de acero abría la tierra, "desde donde brotaban raíces y no sangre". Su cuerpo ensangrentado, haría brotar el más grande dolor a España y al mundo literario, el día de la infamia, que se cumpliría como si una gran pezuña le arrebatara el alma a una nación. Sin embargo, sabía que la muerte existe. La muerte, ¡Ah!, en cada cosa hay una insinuación de muerte, decía. La quietud, el silencio, la serenidad, son aprendizajes. La muerte está en todas partes. Es la dominadora. Hay un comienzo de muerte en actos que estamos quietos. No puedo estar con los zapatos puestos en una cama. En cuanto miro los pies, me ahoga la sensación de la muerte. Todo esto dijo en Buenos Aires y más.
Contó que lo visitó una mujer con un retrato de un niño y ese era él, se trataba de una vecina de su madre que le ayudó en el parto para su propio nacimiento. El retrato de cartón estaba aún quebrado por las manos de Federico niño. Hojeo las obras completas de García Lorca y al inicio una foto de él sobre un caballito de madera, al año, al igual que la que le enseñó su paisana en Argentina. Esa anécdota me recuerda un retrato mío, pintura, que está sin marco, yo también lo quebré y aún lo conservo. Y paso un comercial, mi abuelo era andaluz, mi abuela catalana y el otro abuelo, italiano, entre el Mediterráneo y el Adriático, ahora el Pacífico y el Atlántico, a uno y otro lado del Istmo, pero con la Cruz del Sur en la memoria. En mi adolescencia imité mucho la pegajosa y cautivante poesía de García Lorca, su imantada gitanería. Nicanor Parra, el antipoeta chileno, es deudor de su obra primera, con Cancionero sin Nombre, el primer paso para su nueva poesía.
Íbamos sin saber detrás del duende, el ángel y la Musa. En su teoría y juego del duende, García Lorca nos explica estos tres misterios que parecieran ser cosa de poetas. El duende viene de los cantaores gitanos de Andalucía, "cantar con duende, eso tiene duende", nos revela el poeta granadino. Todo lo que tiene sonidos negros, tiene duende, dijo Falla, algo misterioso, dice García Lorca, que no sabemos de dónde viene. Es un poder y no un obrar, es un luchar y no un pensar. El duende sube por dentro desde la planta de los pies. El Ángel, señalaba García Lorca, "guía y regala como san Rafael, defiende y evita como san Miguel, y previene como san Gabriel. El Ángel deslumbra, pero vuela sobre la cabeza del hombre, está por encima, derrama su gracia, y el hombre, sin ningún esfuerzo realiza su obra o su simpatía o su danza. El Ángel del camino de Damasco y el que entró por la rendija del balconcillo de Asís o el que sigue los pasos de Enrique Suzón ordena y no hay modo de oponerse a sus luces, porque agita sus alas de acero en el ambiente del predestinado.
"La Musa, en cambio, afirmaba, dicta, y, en algunas ocasiones sopla. Ángel y Musa viene de fuera, el ángel da luces y la musa, formas.. Al duende hay que despertarlo, advertía, en las últimas habitaciones de la sangre. Allí el duende "exprime limones de madrugada, y como país de muerte, como país abierto a la muerte" (España). Cuando la Musa ve llegar la muerte, sostiene García Lorca, cierra la puerta o pasea una urna y escribe un epitafio con mano de cera, pero enseguida rasga su laurel con un silencio que vacila entre dos brisas. El ángel, en cambio, acota, cuando ve llegar la muerte, vuela en círculos lentos y teje con lágrimas de hielo y narciso la elegía que hemos visto temblar en las manos de Keats. El duende no llega si no ve posibilidad de muerte, si no sabe que ha de rondar su casa, si no tiene la seguridad que ha de mecer esas ramas que todos llevamos y que no tienen, que no tendrán consuelo. Ángel y musa escapan con violín o compás, y el duende hiere, "y en la curación de esta herida que no se cierra nunca está lo insólito, lo inventado de la obra de un hombre", sostenía el poeta en su teoría del duende.
La virtud mágica del poema, en opinión de García Lorca, consiste en estar siempre enduendado para bautizar con agua oscura a todos los que miran, porque con duende es más fácil amar, comprender, y es seguro ser amado, ser comprendido, y esta lucha por la expresión y por la comunicación de la expresión adquiere a veces, en poesía, caracteres mortales.
El duende habita en el artista y opera sobre el cuerpo de la bailarina como el aire sobre la arena. El duende nos se repite, como no se repiten las formas del mar en la borrasca, afirma el duende de duendes de España. Para García Lorca, el duende Quevedo y el de Cervantes, con verdes anémonas de fósforo el uno, y flores de yeso de Ruidera el otro, coronan el retablo del duende de España.
A este andaluz genial, que bajó del encanto y que se encantó y enduendó con Buenos Aires, le rinde homenaje esa ciudad cosmopolita, abierta, hija de la migración europea, judía, eslava, a la que con fervor Borges le cantara. "Esta ciudad que yo creí mi pasado/ es mi porvenir, mi presente / los años que he vivido en Europa son ilusorios,/ yo estaba siempre (y estaré) en Buenos Aires".
No ha sido el único artista que la ciudad le brindó hospitalidad en pasado y en el presente. El poeta chileno Vicente Huidobro, un adelantado para su época, allí dio a conocer su Manifiesto Creacionista y también se fugó con una joven hermosa. Gabriela Mistral editó uno de los libros más importantes por primera vez, Tala. Neruda escribió las famosas Odas elementales en Córdoba. Sólo para recordar los de casa, porque la historia de Buenos Aires, es más grande que sus límites.
En esa aventura por el nuevo mundo, García Lorca conocería a Pablo Neruda, el poeta cónsul de Chile en Buenos Aires. Una amistad que sólo el asesinato del poeta andaluz truncaría. "Un viejo dirá que la Pampa es un sueño, un muchacho que es un excelente campo de football, un poeta mirará el cielo para verla mejor", dijo García Lorca en ese entonces a los argentinos.
Revela el principal biógrafo de Neruda, Volodia Teitelboin en su libro Neruda, que García Lorca al partir de Buenos Aires presentía su muerte, y les dijo "no quiero partir. Yo me voy a morir. Me siento muy extraño." Todo lo demás sería historia, una de las más infames del Reino de España en tiempos de la República.
En sus reuniones bonarenses, dice Volodia Teitelboin, premio nacional de literatura chileno, García Lorca no dejó de brillar junto a su piano, entonando canciones, desparramando alegría, como era su costumbre, y Neruda siempre ocupó un segundo plano ante la magia y el encanto del poeta y dramaturgo andaluz. En una cena del Pen Club de Buenos Aires, Neruda y García Lorca, presentan su famoso Discurso (Toreo) al Alimón, un homenaje a dos voces a Rubén Darío, el poeta nicaragüense que le dio vuelta de campana a la poesía castellana y escribió Azul en Chile, uno de sus principales libros. Neruda y Lorca hacen un libro en homenaje a Darío. Poesía del chileno y dibujos del español. Es premonitorio el primer texto, señala Teitelboin: Sólo la muerte. Y el mismo Neruda anunciaba la suya: en donde esta esperando, vestida de almirante. Sólo que sería de general, comenta el escritor chileno.
Vendría la Guerra Civil española, la sangre correr por las calles de Madrid y toda la península. España aparta de mí este cáliz y España en el corazón, Vallejo y Neruda. La muerte en las cárceles de Franco del poeta campesino, Miguel Hernández y la poesía de Neruda tomaría otros rumbos en su residencia en la tierra. Previo a la Guerra Civil, Neruda entablaría una entrañable amistad con García Lorca en Madrid, quien lo presentaría en España con la gracia, maestría, profundidad y calidez de su verbo, dejando para siempre instalado al poeta sureño en la península.
Fue espléndidamente generoso García Lorca con Neruda y son conocidas esas expresiones sobre el vate de Isla Negra, un poeta más cerca de la muerte que de la filosofía, más cerca del dolor que de la inteligencia y más cerca de la sangre que de la tinta. Neruda, según García Lorca, estaba entre los que le daban "un tono descarado al gran idioma español de los americanos, tan ligado con las fuentes de nuestros clásicos."
Así fue el duende andaluz, espontáneo, generoso, abierto como una granada de su tierra, un niño alegre, con la fantasía de la genialidad, esa que no escatima esfuerzos para dar la vida por el arte, la amistad y el amor. Federico llenaba de colorido lo que tocaba, musicalidad, encanto, eso dicen quienes le conocieron, sus parientes, hermana, amigos, poetas. Y su obra da cuenta también de ese brillo de luciérnaga permanente que revolotea el duende.
"Cuando vuelas vestido de durazno/ cuando ríes con risa de arroz huracanado/ me moriría por lo dulce que eres..." le canta Neruda en una Oda de su Residencia en la Tierra.

jueves, octubre 30, 2008

La memoria




La memoria
entra en receso,
no confìa en su pasado
Su presente
es irresistible,
perfecto,
no tiene memoria.
Rolando Gabrielli©2008

Carta al Padre


Padre,
mi Dios,
no dejes que te engañen
con sus falsos anònimos,
sus oìdos se alimentan de esperma
de vìboras pitones cascabeles
y tù, en tu espacio infinito
los recibes, sordo, ciego, mudo,
y en automàtico.
¿Adònde vamos si no sabemos de dònde vinimos?,
y en esa pregunta estamos miles de años.
Si el absoluto riges,
con tus pobres herramientas
nos enseñas el manual del siglo
la bùsqueda incesante
de no sè que palabras,
lo nuevo, la geografìa, imàgenes,
imàgenes de un nuevo firmamento,
todo lo que ingresas
a tu pantagruèlica garganta,
el sonido y la furia de los deseos,
la luz ùnica de la noche,
nieve, mar, desierto,
eres inagotable como las estrellas
que nacen de la luz que nunca muere.
Sòlo deten el tropel de spam que caen del cielo,
con toda la miseria del mercado,
basura, Padre, basura simplemente
que no deja ver la otra cara del paraìso,
estando a un clic de todo:
a imagen y semejanza
a semejanza e imagen
de lo que somos:
patèticos conejillos de indias,
autores sin derechos,
pasto inflamable
de nuestro propios deseos febriles
y tù , con esa paciencia que no termina
de abrir sus alas al caer la madrugada,
nos ayudas a buscar lo que no tiene fin
ni lìmites, la sabidurìa del Ave Fènix
que renace y mira caer una làgrima de lluvia
nueva, la luz reflejada en la nieve
o el juego de las mareas.
¿Còmo abrazarte
si estàs en todas partes y en ninguna,
mi ubicuo Señor?
Rolando Gabrielli ©2008

miércoles, octubre 29, 2008


¿Izquierda?
¿Derecha?
Un mundo sin excusa (s),
ni excusados,
a punto de explotar,
entrando al fondo,
a mano derecha.
Favor dejar intacta
la realidad del sitio
tal cual la vio
y usò.
Todos somos
parte interesada
del paisaje.

lunes, octubre 27, 2008

El negocio vacìo






Lunes negro
comienza la oscura
semana oscura,
la rama quebradiza
en el alto àrbol
no alcanza la luna
y el pàjaro vuela
aturdido con sus alas
sobre la madrugada
y la rosada alba,
aclara, aclara,
el dìa
con su paisaje
sigue en pie,
la ciudad
es el nervio hùmedo
sobre el cristal,
respira frente
a su espejo roto.
Rolando Gabrielli©2008

La bestia ama




La bestia ama
su silencio.
Ojo por ojo
observa,
¿con el ajeno
o el propio?
Rolando Gabrielli©2008

miércoles, octubre 22, 2008

El Tercer Reich



Un misterio esto de los ordenadores. Cajones de sastre, sombreros llenos de conejos y sorpresas. Detràs de un escritor, no sòlo quedan, libretas, papeles, carpetas, cuadernos, sino el insondable ordenador. Roberto Bolaño, el mìtico poeta y narrador chileno, ya habìa soplado del màs allà su summa poètica: La Universidad Desconocida, y ahora, los agentes, detectives literarios, han descubierto una novela póstuma. Alabada sea la literatura, la aventura, y a Bolaño donde quiera se encuentre pesquisando alguna trama o intriga.
La novela desconocida se llama El Tercer Reich, se desarrolla en la Costa Brava y el protagonista un joven fanático de los juegos de estrategia, como lo fue el propio Bolaño. El descubridor de este hallazgo literario fue el afamado Andrew Wylie, apodado El Chacal, un sabueso literario con las rayas de un tigre de bengala, que descifrò un silencioso, hermètico, disco duro que habìa dejado menos rastro que la bendita Cesàrea Tinajero con su larga huella enigmàtica, inintelegible, por los desiertos de Sonora. La obra es "una novela completa, mecanografiada y meticulosamente corregida a mano", revelò El Chacal a la prensa internacional en el marco de la Feria de Frankfort, donde causò gran impacto. Ni su editor Herralde, nadie conocìa estos papeles, hasta que El Chacal atrajo a la mujer de Bolaño con la historia misteriosa. El texto se sitùa en una fecha previa a 1996, e`poca en que Bolaño empezó a utilizar un PC para redactar Los detectives salvajes, libro que conquistó el año pasado el mundo anglosajón, donde pròximamente aparecerà su novela mega: 2666. El protagonista del Tercer Reich se llama Udo Berger campeón de wargames alemán que viaja con su novia a un hotel de la Costa Brava para preparar un torneo de un juego de mesa, El Tercer Reich, que le enfrentará cara a cara con un campeón norteamericano. Allí comparten sus vacaciones con otra pareja alemana, Charly y Hanna, hasta que el primero de estos desaparece tras cruzarse con dos siniestros personajes locales, El Lobo y El Cordero. Udo, quien persigue un sombrío detective y que acaba llevado al delirio "por el surrealista paisaje de la Costa Brava", se enfrenta finalmente en una partida a muerte con un personaje enigmático y desfigurado, El Quemado."
____Con fuentes de El Periódico de Barcelona------------

martes, octubre 21, 2008

¡Què presente impresentable!


El presente aparentemente no tiene memoria y puede llegar a ser el peor de los futuros. El presente no se repite, sòlo tiene 24 horas y las subsiguientes. Es la trampa perfecta para dar vuelta en un cìrculo. ¿Presente autista? ¿Presente, presente o màs bien ausente? ¿Quièn nos presenta el presente? Es Quino, con su màgica frase lapidaria, pero real: ¡Què presente impresentable!...
¿El presente nos enjuaga los dientes? ¿El presente no tiene espalda? El presente como un tornillo flojo, volàtil, gira sin su tuerca.

lunes, octubre 20, 2008

Mi Musa, mi còmplice




Mis infieles lectores,
¿quièn de ustedes, hipòcritas,
lanzò la primera piedra
y escondiò la cybermano?
Hay ecos que le roban
el encanto a la piedra,
sueños bastardos
que merecen ser borrados
de la memoria.
No tengo palabras
para arrojarlas al vacìo,
mis queridas hienas,
a sus fauces
que desayunan mis dìas.
No me lean,
ni escriban,
provoquen a sus tìas
con sus cirios derretidos.
Yo prefiero a mis amigas
que huelen a mandarinas
cuando viajan en bicicletas
y no ignoran la luz dorada,
ni mis palabras.
Un verbo no se tranza,
ni subasta,
comulga con tu espíritu,
mi Musa,
mi còmplice.
Rolando Gabrielli©2008

La sombra del àrbol,
el cuerpo de la sombra.
La Bella es real.
rolando gabrielli©2008




domingo, octubre 19, 2008

FESTIPARRIANDO la antipoesìa (Actor y espectador de dos siglos)


Nicanor Parra es el primer Mimo de la poesìa chilena y se niega a sus 94 años a hacer mutis por la escena de la poesìa castellana.Vino para quedarse y seguir pedaleando hasta que sus cenizas se conviertan en polvo de estrella. Mientras Nicanor sigue acomodàndose en su butaca de primera fila, otros ataùdes van volando. Actor y espectador de dos siglos, le saca la lengua a su propia sombra. Zorro ladino, sabe que su tiempo nunca tuvo reloj. La antipoesìa es una esfera limpia, sin tiempo, oscura como el sol.De Parra se han dicho tantas cosas y el mismo puso a rodar su mito, que es real como una alfombra màgica que atravieza el espinazo angosto, quebradizo, volcánico de Chile.Asomarse a la vida y obra de Nicanor Parra es jugar con abismos. El Prefacio de sus Obras completa&algo+ lo incia Harold Bloom con algunos lugares comunes, sobre los cuales había escrito y que los chilenos conocemos de memoria por vividos. Pero esa es la amgia de la fama y a a Parra no le viene mal. Nicanor nos comentaba que se remontò a als màscaras griegas para tener su propio rostro. Tuvo otros maestros sin duda y maestras, como su admirada Gabriela Mistral. Whitman, bebiò en las fuentas populares que las convirtiò en sus palabras sacras. El antipoeta sigue gozando de salud entre Neruda y Huidobro, allà en la cordillera de la costa chilena donde otea el tiempo que el futuro aùn le contabiliza y acumula. A pesar de los nuevos horizontes, luces y bengalas, neones al atardecer, la voz crepuscularia de Neruda sigue siendo el referente de Parra no sólo por oposiciòn. Viejo lector y traductor de Shakespeare, Bloom reconoce que Estados Unidos no tiene ningùn poeta tan persuasivamente ierreverente como Parra.
La poesìa de Parra rescata el individuo y eso ya es meritorio en un mundo que ha eprdido hasta las solapas de la convivencia. A lo largo de estos años he escrito varios textos sobre Parra y poemas, algunos incluidos en mi último libro: Los Poetas de Chile. Nicanor es como el último de los grandes mohicanos de la poesía chilena y resiste borrarse con su propia película.
Parra se seguirà agotando en sì mismo, mordiendo la cola y pasará la hoja, como si fuera la ùltima parra del desierto. (Rolando Gabrielli©2008)

sábado, octubre 18, 2008

jueves, octubre 16, 2008

Frankfort, el libro màs digital que nunca



Más de 7.723 expositores de unos 113 países y un millar de autores, arrancó la 70 Feria Internacional del Libro de Frankfort, Alemania. Son 69 mil millones de euros los que mueve la industria editorial."Un tercio de todos los libros se publican en el mercado norteamericano, un tercio en Europa y algo menos en Asia" del Pacífico. Los editores del mundo árabe, la industria editorial africana y Latinoamérica, significan sólo el cinco por ciento del mercado mundial.
En la industria editorial ocurre de todo, segùn comentan algunos expertos, en Mèxico los piratas publican màs que el estado y la empresa privada juntos. Al margen de todos estos comentarios que ocurren frente a estos grandes eventos feriales, uno de los mayores ejercicios es poner a temblar la industria editorial frente a la tecnologìa digital. Ese gran fantasma cree poner a correr a los amantes del libro del papel. Una reciente encuesta a 1.000 profesionales del sector de 30 países tuvo como resultado que en el 2018, los libros electrónicos en cualquiera de los formatos imaginables, superarán en volumen de negocio a los hijos de la galaxia Gutenberg. Son 15 siglos, veremos que ocurre con el mundo digital, que presentarà lo mejor que tiene el mundo anglosajòn. Mario Vargas Llosa acaba de decir que no lee ni un poema en la pantalla, menos una novela y partiò al Àfrica a buscar material para su pròxima novela
En esta feria estaràn presentes los Premios Nobel Günter Grass y Orhan Pamuk, junto con las herramientas digitales: el 'e-book' o libro electrónico, Sony y Amazon, que presentarán sus novedades sobre la lectura digital. La oferta diogital de este año serà del 30 por ciento de las 400 mil novedades y un 42 por ciento al mundo del papel.
El 60% de los editores no utiliza aùn libros digitales ni los nuevos soportes. y sòlo un 7 cree que los e-libros serán su principal fuente de ingresos dentro de cinco años.
El libro no ha muerto y sobre su cadàver se siguen haciendo grandes negocios. Todo podrìa complicarse si la mediocridad literaria sigue arrinconando a la literatura de todos los tiempos, esa que requiere un tiempo y espacio de lectura, la morosidad de dar vuelta una hoja subrayada. La que convoca a detenerse en un pàrrafo y asociar la vida personal, salir por una ventana, si es necesario, y entrar por otra puerta. Las ferias de libros son importantes, los agentes, el mercado, pero por encima de todo està la obra, ese ejercicio diario, personal, ìntimo, silencioso, que desconoce la propia almohada. Es ineludible el tiempo palabra, sumergirse en la veleidosa hoja en blanco y arrancarla del silencio sepulcral en que se encuentra, ese horrible anonimato, una total indiferencia con esa mirada autista, que uno sabe que tiene mucho màs que decir. El libro puede ser derrotado por la banalidad, la abulia del lector y el facilismo del escritor. De hecho se da ya en un sector del mercado nada despreciable.
La feria de Frankfort, como otros escenarios donde se celebra el libro, es mucho màs que eso, porque tambièn se conforntan ideas. El premio Nobel de literatura alemàn, Günter Grass ha dicho pùblicmanete que: "Hay que pasarle la factura a los banqueros. Los ciudadanos normales, que pagan sus impuestos, no tienen por qué asumir toda la carga de la crisis", en alusiòn directa al Watergate de Wall Street.
"Nunca antes había habido una hipocresía tan unánime. Durante años defendieron ese cuento del neoliberalismo y hoy las mismas personas lo primero que hacen es pedir la intervención del Estado para salvar a los bancos", denunciò. Grass subrayó una vieja petición a los autores jóvenes para que intervengan con mayor frecuencia en política."
En medio de estos gigantescos escenarios de transacciones de mercancías, productos, que son los libros, ocurren milagros verbales de quienes aùn apuestan a la poesìa, en un mundo que tiene como lema "màs seguro y mejor"." El artista alemàn Anselm Kiefer, escultor, ha dicho que la literatura es eminentemente importante para mí. Creo que la poesía es la única realidad de la vida. Una reflexiòn nada despreciable en la feria, que tiene un corte empresarial casi encantador. Los libros tienen la virtud de transportarnos a otras èpocas, subarayò, cuando existe un debate por el papel y lo digital. Son conversaciones de nuestra època y seguiràn amrcando pautas, aunque algunas avestruces prefieran el hoyo, el hueco falso que no conduce a la imaginaciòn.

Poetas del mundo en Chile






COMUNICADO DE PRENSA

A los poetas de Chile, a los poetas del mundo, a la opinión pública y a los medios de comunicación informamos que La Fundación Pablo Neruda ha decidido impedir un homenaje al poeta en su tumba en Isla Negra. Por esta decisión, poetas de 13 nacionalidades que visitarán Chile a partir del jueves 16 de octubre 2008, no podrán realizar su sueño de dedicar sus poemas al Nobel chileno en su morada póstuma. Así también, los visitantes serán tratados como cualquier particular en las visitas programadas a las tres casas-museo del vate.
La respuesta del RRPP de isla Negra, el señor Bernardo Baltiansky Guinstein, fue escueta: “…consultada tu solicitud a la Dirección de la Fundación, la respuesta fue negativa. En verdad lo siento pero es imposible hacer nada.” Y el Director, el señor Jaime Pinos, dice así: “Me disculpo por la demora en responder, pero he estado sobrepasado por el trabajo. Por otra parte, necesitaba chequearme con Santiago respecto a la visita de este grupo. Ayer me dieron la respuesta: no hay autorización para la realización de una actividad (lectura) de este grupo. Sólo podrán, si les interesa, visitar la Casa como particulares. En consecuencia, no me parece viable armar una actividad en Cantalao asociada a esta visita.”
Con respecto a la respuesta de la Directora de La Chascona, la Sra. Ana María Díaz Grez: “Sentimos mucho no poder ofrecerles este año el espacio requerido por ustedes para vuestra inauguración. La casa la tenemos comprometida para esa fecha. Para visitar el Museo, el valor es de $2.500 p/p y el horario es de 10:00 a 18:00 horas con 8 personas por grupo. La última visita parte a las 18:00 horas.”
De la solicitud a “La Sebastiana” no hemos recibido respuesta a pesar de nuestra insistencia. Todo esto nos hace suponer que "los dueños" de la fundación han decidido bloquear el acceso a poetas internacionales que asisten al IV Encuentro Internacional de Poesía “OCTUBRE: Tras las Huellas del Poeta”. Este evento lo organiza el Movimiento Poetas del Mundo, agrupación que reúne a más de 4.500 poetas de más de cien países de los 5 continentes. Y qué paradoja, nuestro movimiento nació un día como hoy, 14 de octubre 2005 en los cerros de Valparaíso.
Es curioso observar este trato que se le da a los poetas internacionales, Don Pablo, cuando visitaba algún país, era tratado con el máximo cariño, regresaba a Chile lleno de regalos y muestras de cariño de los países que visitaba. Ahora, la fundación, en lugar de proteger el legado de nuestro Premio Nobel, agravia a los colegas del poeta..
No queremos especular, pero conociendo la orientación política de "los propietarios" de la Fundación Pablo Neruda, suponemos que ha molestado que poetas del mundo rinda un homenaje al Presidente Salvador Allende por el centenario de su nacimiento en Palacio La Moneda el lunes 20 de octubre.
Consideramos que en plena crisis financiera mundial que deja en evidencia el fracaso del capitalismo, el Mercado en Chile ha secuestrado en su propia tumba a una de las figuras artísticas y éticas más relevantes de la Nación, como lo es nuestro Pablo Neruda. Este rechazo a nuestra petición por parte de la Fundación, es un agravio a la razón, un insulto a los poetas que nos honoran con su visita y una ofensa a los valores éticos que Neruda defendió en su trayectoria como hombre de letras.
Pablo Neruda es un patrimonio que nos pertenece a todos y a nadie en particular. Por todas las razones expuestas en este comunicado llamamos a los admiradores de nuestro poeta, a las instituciones culturales, sociales y políticas a pronunciarse al respecto y a rechazar enérgicamente esta vergonzosa actitud.

Luis Arias Manzo
Fundador y Secretario General
Movimiento Poetas del Mundo

TEL: (56-2) 633 4749
CEL: 08-2345 708

Santiago, 14 de octubre 2008

El ojo del Sueño


El verbo y las aguas verdes, como en un principio, despuès de la explosiòn, el silencio... Bocas del Toro

martes, octubre 14, 2008



Roberto Bolaño fue un francotirador y no se inmutò en disparar con su hìgado hasta el final de sus dìas. No tuvo reemplazo de esa pieza vital e hizo mutis por la escena, pero nos dejò sus libros, la historia de sus pasos por Chile, Mèxico, Estados Unidos, España, Europa y por donde considerò que ese lugar era tierra fèrtil para un detective salvaje. Dejò dos novelas mega, otras màs cortitas, varios libros de poesìa y todas las opiniones que se le venían a la cabeza sobre sus pares, antecesores, paìses, literatura y se fue a esperar la gloria al mar, porque ya era tarde. Yo vi a una lectora como se devoraba las páginas de los DS y mi corazòn, en el màs sepulcral de los absolutos silencios, el clima que reclama toda obra que se respete.

Bolaño casi no fue reconocido por sus pares ni los padres del boom. La maquinaria del silencio, indiferencia, del olvido en vida, no le hizo mella, porque siguiò escribiendo y viviendo. Asumiò su residencia y estancia en la tierra con la naturalidad de un pescador de historias.

El 2003, Susan Sontag, la escritora norteamericana, leyó Nocturno de Chile y recomendò la traducciòn de Bolaño para que ingresara a Estados Unidos. El prestigio de Susan Sontag no fue suficiente y años despuès, cuando ambos escritores estaban muertos, Los Detectives Salvajes hicieron su debut en el escenario literario, mercado, norteamericano, con bombos y platillos. Desde 100 años de Soledad, que la novela latinoamericana no hacía semejante ruido en Estados Unidos, con The New York Time a la cabeza despolegando elogios y pàginas.

Chilenos, españoles ni latinoamericanos, el llamado mundo hispanohablante, no tomò nota de la conquista a pulso de Roberto Bolaño del hermètico y nacionalista mercado estadounidense, pràcticamente vedado para la literatura en idioma castellano aunque la poblaciòn que habla esa lengua supera los 50 millones de personas, es la segunda lengua despuès del inglès en Estados Unidos y a juicio de los expertos en el 2025 la hablaràn 132 millones.

La puerta que abriò Bolaño a las letras hispanas en Estados Unidos cobra vigencia, actualidad importancia, porque a pesar de los millones que leen en castellano (español) en Estados Unidos, cuya ciudad de Nueva York cuenta con un 25 por ciento de hispanohablantes, es muy poco el impacto de nuestra literatura. Es olìmpicamente ignorada para ser precisos.
A pesar de las buenas intenciones, del Instituto Cervantes en NY, distintos hispanistas reconocen el poco esfuerzo de España por sentar reales de nuestra lengua en Estados Unidos. Pareciera reconocerse una segunda identidad de nacionalidad hispano-estadounidense,y de eso se han dicho muchas cosas, pero la editorial Santillana tomò el toro por las hasta y editò recientemente la Enciclopedia del español en los EE UU, "una recopilación exhaustiva y pormenorizada impulsada por el Instituto Cervantes, que analiza la situación actual del español a fin de comprender mejor su proyección futura. A lo largo de 80 artículos especializados, repartidos en un total de 1.000 páginas, el lector puede consultar las múltiples realidades del mosaico hispano en EE UU. Más de 40 expertos han participado en este trabajo, coordinador por el profesor López Morales, que además de incorporar un enfoque histórico de la presencia hispana en este país, acerca a los aspectos demográficos, legales, políticos o sociolingüísticos, informa EUROPA PRESSS "Desde el microcosmos de Chicago, agrega esa agencia europea, donde en el año 2000 uno de cada cuatro residentes era de origen hispano, hasta las características del spanglish, la enseñanza del español en EE UU, la presencia del idioma en los medios de comunicación y el auge de lo latino tanto en la música como en el cine o el lenguaje de los jóvenes, a través del ciberhabla, están en esta enciclopedia.
Así como la potente industria hispana en EE UU, que ha pasado de percibir ingresos de 30.900 millones de dólares en 1982 a 245.600 en 2002. Otro factor económico es que las personas que hablan español e inglés ganan aproximadamente 17.000 dólares anuales más. López Morales calificó de "útil, necesaria e indispensable" esta enciclopedia, que surge ante el cambio "drástico" de la población latina en EE UU en los últimos años. "Hay hispanos profesionales, políticos, empresarios.
Para el escritor Antonio Muñoz Molina, quien dirigiò el Instituto Cervantes de Nueva York en el 2006, calificòn de incapacidad" por parte de las instituciones para contribuir "realmente" a que esa presencia hispana en EE UU exista de verdad. Denunciò que la cultura española en EE UU "brilla por su ausencia". Tras criticar àcidamente la televisiòn internacional española y la de Estados Unidos, reconociò que acaba de salir en la costa Este de EE UU la primera revista latina de libros, una publicación "de calidad.
Rolando Gabrielli©2008

El transeúnte


El maniquì me mira
detrás de la vitrina,
inmutable
se desprende de la ropa,
en cuerpo y alma
sale a abrazarme.
Rolando Gabrielli©2008

lunes, octubre 13, 2008

Historias del Otro Inquilino





El 2005 escribí esta extensa nota desde mis entrañas, apoyado por mi bilis y esperanza, las vísceras bailaban reguè por su cuenta pioneras notas musicales a sus ancha y propios pagos. Se derribaba el efuerzo de una vida, una casa que me habia costado mantenerla, viejo Churcchill: sangre, sudor y lágrimas. El banco ya me había cobrado la casa un par de veces y faltarìan otras tantas, en este ejercicio feroz de la deuda hipotecaria. En una oportunidad lleguè con 13 mil dòlares, por un atraso involuntario, mi propio crac (crash) cric, crac, pin, pan, pùmmmmmmmmmm, inmobiliario. Algo se enredó en la caja del banco y de pronto me encontrè con la casa en una lista de venta. Un lugar muy codiciado, así que la casa se pudo haber esfumado en mis propias narices. Había sido inquilino anteriormente de un espectacular apartamento por 9 años y pagado las ganas, y nunca pude comprarlo. Conozco algo del tema en carne propia y de los especuladores, tramposos, timadores mercachifles que especulan con el techo propio de las persoans honestas. La pequeña historia personal se repite globalmente y tiene epicentro en Estados Unidos. la gente está perdiendo sus casas y eso es una noticia de terror. En homenaje a esta gente simple, comùn y corriente, dedico esta anécdota vivida a pulso en esta vida.

HISTORIAS DEL OTRO INQUILINO
UNO
El Big Ban, el agujero negro que se hizo luz, y nos transformó la Tierra en un gran bizcocho lleno de agua, conmemora su tragedia, de un tiempo aparentemente vencido, el círculo de la bestia que habita y anula las verdaderas inocentes bestias. Animales del mundo, Uníos... Escribo junto a un río, mientras se derriba la mitad de mi casa, - propiedad privada, el largo sueño personal, espacio único, lugar reconocido desde la época de las cavernas- porque de lo contrario se desplomaría sobre mi propia humanidad y de quienes habitamos en ella, al filo de la navaja. Durante largos años parché sus paredes como un samaritano, producto de la estafa de una constructora, que jamás aceptó los reclamos y cambió de razón social en la impunidad del mediodía, la hora en que los cuervos se instalan sus servilletas blancas en el Club Unión. Las vigas separadas, ausencia de columnas en lugares claves de la construcción, terreno no adecuado, bloques rellenos de papel, y un sin fin de trampas subalternas, en la retórica de la supuesta viveza criolla, obligaron a una cirugía mayor, para evitar una inevitable desgracia. En las mañanas, salto un foso para alcanzar la sala entre columnas, andamios, la cocina ya no existe, el lavadero desmantelado, alrededor de la casa unas zanjas de guerra, trincheras de este asalto feroz de la trampa. Grandes agujeros me llaman en silencio con sus ojos muertos. Sí, soy un Inquilino de la nada, hijo de la propiedad privada abusada, me subalquilo, me subarriendo, me subeterráneo. Sin óleos, y menos sacramentada, la propiedad privada. Por eso comprendo estos dolores universales. Lo que se hace aquí y acuyá con la Tierra, ya hoy baldía en muchos lugares del planeta. Sin agua, sin tierra cultivable. Haití, ese fantasma como algunas naciones de África, devoradas por la mano ruinosa del hombre. Pero no vayamos más lejos, y levantemos la vista sobre el hombro de nuestra casa. Aún nos llegan ráfagas de vientos y tormentas de Marte, y nada hemos encontrado parecido a la Tierra. Probablemente existan otros lugares en la inmensidad del espacio que crece cada día, se expande como un chicle infinito. Es probable, pero es esta hermosa Tierra la que tenemos y habitamos. En ella vivimos y compartimos simplemente la vida, en su forma natural, respirable aún. Es necesario cambiar el dial, sintonizarnos de otra manera. Basta con ver esta noche tropical, la hermosa, divina luna llena, para pensar que vivimos en el mejor de los mundos. Pero se hace necesario algo más: cambiar de actitud y predicar hasta en el desierto, arar en el mar, si es necesario....para salvar la Tierra.
DOS
El cielo azul despejado por la mano de Dios, permite hacer los trabajos sin inundaciones, en un trópico generoso, a pesar de los depredadores, insaciables, infinitos, inconmesurables, insatisfechos mercaderes de la nueva Fenicia. Herederos de la insatisfacción del mercado. Los veo en las noches transitar por el río Curundú, ávidos de bosques, animales y especies, terrenos vírgenes, con sus maquinarias y la perversidad de la insatisfacción perdida en el alma de un viejo closet mohoso, lleno de comejenes incalificables. Después, volverán con sus turcidos a las fiestas, ágapes de las buenas costumbres, a las fiestecillas de amigos y parientes y gobernantes, señores todos. Ratas de un mismo caño con sus colas untadas en oleos sacramentales. De la mano generosa del poder fáctico reman a contranatura. Dios los guíe al infierno. Amanezco con los mazos derrumbando paredes, y ya veo el parque, como si tuviera vista al mar. Herencia de un empresario que compró terenos a centavos y olvidó poner columnas, asentar el suelo, colocar los materiales acordados en el contrato de venta. Oh, propiedad privada, infinita entre todas las pestes humanas, cómo os tratan, mujerzuela de paredes vencidas, deletreada con la palabra mierda, que es escombro. Escribo frente a mi ordenador un 25 de abril del 2005, la historia anunciada, la escalofríante History de una casa herida de muerte antes de nacer. El río Curundú, pequeño hilo del silencio mira perplejo estos trabajos de rescate. Por todas partes proliferan las trincheras, nuevas columnas, y pareciera una propiedad de Bagdad, cerca del Tigris y El Éufrates, en la mismísima Babilonia por estos empresarios babosos de babas inútiles y colgantes. Los tubos golpeados suenan a melodías, nuevas cañerías y columnas, para estas ratas del pasado pisado. El piso ya no existe. Navega la casa como el Arca de Noé en silencio...
TRES
El polvo penetra el derrumbe que le alienta. La casa respira profundo, va cayendo lento el día y su pasado. El cielo azul afuera inmoviliza la mañana, nubes descuidadas. De arriba todo pareciera ignorarse o casi todo márca también el silencio. Nadie le da tregua a la casa. Viejos parches, hierros, cemento, el tiempo se detiene un instante, frío escruta, la memoria no olvida.El rostro estúpido, inamimado del Ingeniero que "inspeccionó" la obra, florece y ahora todo flota en la atmósfera, el recuerdo. La casa es blanca, pero no tiene Salón Oval. Está rodeada de pinos, selva. Ahora, bajo el implacable mazo, la retroexcavadora. Qué palabra mortal arrasa un ficus: 15 años del árbol verde de hojitas que dibujaba El Principito. ¿Cuantás tijeras lo podaron? Mis manos en sus dimunutas hojas verdes caen, así los días, sin calendario Pienso en la empresa constructora, devoradora de espacios, naturaleza, de una plusvalía inagotable, como si un cocodrilo se sentara a tu mesa con esa sonrisa vertical y dentadura de pasta dentrífica. La casa no resiste, es inútil, para qué, pensará, cómo me construyeron de esta manera, sin las columnas necesarias, con los materiales lanzados al viento, menos cemento aquí para ahorrar allá, mi piso móvil, inseguro, en verdad se sentía renga, tuerta, con sus caderas vencidas. Un trabajo digno de Los Tres Chiflados: la empresa, el arquitecto y el ingeniero. Todo se ha llenado de ruina, de un pasado apestoso, cruel, vacío, acomodado en un closet orinado por un murciélago, la percha, la Casa naufraga sin aliento, bufa, hembra que yo te galopo. Veo la sonrisa del Ingeniero de aquella Obra, satisfecho de su majestuosa criatura, y la columna invisible me hace una mueca, la señal del 666. En el techo una viga quisiera entrar en el ojo no ajeno, sino del Ingeniero y su camarilla de atorrantes constructores, depredadores, meretrices del espanto. Bloques mal puestos, rellenos de viento. Perdónalos Señor, sí sabían lo que hacían. Miro en el atardecer el espacio y el vacío que dejan las paredes derribadas. Tardes espléndidas, sin lluvia, la nueva construcción está con el pie derecho, hasta ahora, digo. La naturaleza ordena sus cosas. El hombre camina como el Jorobado de Notre Dame, cabizbajo, culpable, ciego. Siempre tropieza sobre la misma piedra. Y lo volverá a hacer. Unos peces muertos sobre el río Curundú. No son buenos tiempos. Pero no hay vuelta de hoja.
CUATRO
Conocí el terreno de la casa sin un ladrillo, ornamento, nada que perturbara el sitio. Sólo donde no iría la casa, florecían los escombros de las otras construcciones. La selva estaba tupida. Decidí avanzar hacia el río que corría detrás de la selva, a unos 10 metros de la casa o quizás menos. Ahí la ciudad deja de existir. Supe que lo tendría a mano detrás de mi patio, bajo la lluvia intensa del invierno tropical, o en esas noches mansas que las estrellas dejan caer su lenguaje de divas silenciosas, siempre amadas, con sus largas piernas azules. Había que creer en el futuro y todo estaba por construirse. Escombros y un terreno liso, vacío, abierto, enmarcado por la selva, gredoso, lleno de piedras, la humedad viva. Pasó el tiempo y la casa blanca se levantó con su techito de tejas color ladrillo, el cinc rojo, concho de vino, y los cuartos llenos de luz, la ventana a un inmenso sitio selvático y el tiempo apenas resbalado en la orilla de cada mañana con el café ardiendo en el paladar. La infancia crecía despreocupada. La ciudad a 10 minutos inventaba sus excusas para atormentarse. Sembramos pines Caribe para aproximarnos al Sur. Tierra empedrada, con no buenas intenciones, las manos ardientes, y hubo que limpiar el alma el terreno para volver a la tierra, sus nuevas raíces. El sol se adentra por las huellas digitales de la vida, aplasta, lo sientes sobre la piel indagar tu porvenir, te recrea un nuevo espíritu en la brillantez del mediodía. A la hora, en cualquier instante, alguien se subirá las nubes que se van formando con grandes baldes azules y comenzará la lluvia. Ahí, en ese instante se borra todo, menos la alegría, la risa y a correr. Detrás de la lluvia ya no queda nada. Su presencia es total. Nunca se me ha ocurrido enviar una postal de lluvia. Lo haré. En esa escena, la casa estaba en el sueño. Imaginada en el plano, en el blanco alba del amanecer, las paredes, el intenso verde, el espacio por ocupar, instalado en sí mismo. La foto me muestra la lejanía del tiempo, casi un olvido, pero no, allí la memoria fija el otro paisaje recién nacido, el pasado insepulto en el aire, la modestia de lo nuevo. Había un comienzo y eso ya era algo. Lo nuevo, signo también de una esperanza. Un nido que aterriza en el sueño, lo que todos construimos después del vientre materno. Del tibio silencio acuoso a la tierra. Paredes, ventanas, unos escalones desprendidos, el patio, alguien dormirá esta noche más que el sueño. El tiempo caerá cocido en un microonda, la mañana recostada sobre la malla de una ventana, zumba el mosquito. La noche será alumbrada por luciérnagas paseantes en su propio patio iluminado. Entro y lo primero que veo son 20 sacos de cemento. (Dice que este cemento excede las normas. Calidad suprema. Ya no existe el jardín de la entrada sobre mi ventana. La palma roja fue reubicada en un macetero. Los camiones descargan esa piedra negra casi infernal. ¿La arena nos hace más desierto? Sigo, abro la verja de hierro, le pido más bien permiso, pienso que no estoy en mi casa. Un hueco me recibe junto al muro que separa con la casa vecina. Una columna verde. Otro hueco. Tres huecos para ser exactos sobre la baldosa del pasillo de la entrada. Recuerdo cuanto me gustaba verla encerada. Con ese rojizo opaco. ¿Un preciosismo de juventud? Abro la puerta de madera. Doble llave. ¿Berlín? Y el andamio me recibe suspendido en su propia risa. Ya no hay piso. Alguna vez lo vi sobrio, elegante, lustroso, con aire de clase media. El cemento vivo, roto, un hueco enorme, la zanja de algún soldado de la tercera Guerra Mundial. ¿Seré yo?. La ventana no existe, porque la pared ya no está. Y veo el jardín del costado volado en el amanecer de su historia. Más tierra, huecos, mallas rotas, desechos, paredes derribadas. ¿Quién abrió fuego? ¿Dónde descansará mejor la ruina? ¿Sobre qué se suspende la mentira? Otro andamio en la sala. El escenario perfecto para esta obra absurda. Ven, subamos, ruina, un escalón, el ladrillo de esta esquina, un bloque y arriba. Siento el mundo bajo mis pies, el caos despeina el día silencioso, unos grillos también consideran su escenario. El cemento húmedo cuece la nariz. Sacude la garganta, llega al pulmón. Será mezcla, pronto y se traducirá en pared. Piso. La columna revestida. Gris al gris. La terraza deja naufragar un refrigerador que suda, no de frío, sino de calor. Y la lluvia tapa el día mil veces. Llega la noche. Veo unos zapatos llenos de cemento. Trapos. Un blue jeans desgastado por la vida. Herramientas. Alambre, siento como el hierro se oxida en las noches. Los andamios verdes vuelan y la casa pareciera volver a su normalidad. Que me pase a buscar un aeroplano de la segunda Guerra Mundial o un Globo Aerostático. El Zeppelín no cabría en medio de estos espacios estrechos, a no ser que se inflara aquí mismo al partir. Lanzaría todo al mar. La casa colgando de la cola del Zeppelín y un pedazo del país, con empresarios podridos, inescrupulosos, bandidos, desalmados, con sus andamios llenos de mentiras y pestilencias. La lluvia hace sonar el techo. ¿Se irá a hacer el cielo-raso esta noche? ¿Se llevará la casa, al del vecino, la ciudad, la lluvia? Ignoran, pareciera, que estamos encadenados a un mismo naufragio. La lluvia lava, el paisaje que ya no veo. La noche maneja a tientas mi perímetro invisible. La casa sangra por sus cuatro costados. La punzan. La artillan. La derriban. La descuajan. La derriban y creen arrodillar. Los materiales vencidos no mienten. Ahora edifican su propio silencio. Parecen aturdidos. Solitarios escombros. En algún momento y a su turno, todos les acompañaremos. Hay un cementerio para cada una de las cosas vivas. El tiempo se resucita así mismo. ¿Se reciclará el pájaro o su vuelo en el próximo verano? Sobre estas piedras tropezaremos una y otra vez, me pregunto, y el cemento detiene el tiempo con su inocente mirada de concreto. Se le ve pálido, poco afectuoso, polvoriento, seco, algo huraño, pero forme en sus principios de sostener la nueva casa. Diles que me usen adecuada y justamente, como debe ser. Miro hacia el cielorraso, el vacío que me lleva al entretecho. Dos abanicos son los únicos sobrevivientes que pongo a aletear, para que el viento vuele los malos pensamientos. Se ven más altos y solitarios. Abanican los escombros, la noche ya cae, no hay puertas y al fondo del patio, dos ventanas sobre el muro blanco han perdido su ornamento. Dos huecos para la noche. Enciendo el televisor de memoria y veo el reparto en estreno la película: El terror de la casa propia. En un solo acto. La pantalla resuma dicha, esa felicidad que no cabe en su pellejo. Todo está lleno de luz. El rostro de las azafatas que atienden es una sonrisa vertical al unísono. Los intereses se ajustan. La letra menuda del contrato de compra-venta, se obvia. Los seguros te miran con una cara de niño bueno. Dan ganas de quedarse y volar. Mariposas. Aguas cristalinas. El futuro. 25 años después. La felicidad es un camote blando y dulzón. Uno no se da cuenta y ya está en el Sueño de la Casa Modelo. Y sonríe la puerta de entrada, fresca, juvenil, brillante. No llores, me dice. No. No estoy llorando, querida. Sólo es una burda imitación a un viejo cocodrilo sentimental. El Sueño de la Casa propia me aturde. – No pienses en el Malo de Saint, se hundirá pronto en el Club de Yates y Pesca. Allí bebe desde las 11 de la mañana. El mar llega por suspiros. Lento, sucio, ojeroso, con los pies dormidos. Por aquí anclaron los piratas. El Malo de Saint da la impresión de mirar detrás del parche en el ojo. A la izquierda, la Manhattan ístmica sonríe para la fotografía. Apiñada en sus alturas, huele la implacable mierda de la bahía. No te rindas, la Casa Modelo me sonríe. Se sabe divina. Qué escena. Happy, happy. Tan perfecta, dama, inmaculada. Sé que me ama. No lo ignora. Soy su cliente. Qué orgullo. Hay una gran estrella protagonista y ya la conoceremos en las próximas entregas.
EL OTRO INQUILINO
Después del diluvio, los escombros, la casa en un misterioso segundo aire Rolando Gabrielli (La Historia es un paréntesis que se renueva así misma. Ésta no es lo contrario a su círculo recurrente, la espiral dormida que crece, vegeta, se expande y se absorbe sin cesar. La pajilla bajo el agua que remonta el oxígeno sobre el aire que respira todo. La Historia deja correr su obsesión por el tiempo, nunca está dormida, se repite, a veces falsifica, crea nuevos capítulos, nunca estancada aunque pierda la memoria. Es un re-molino de viento, quijotesca, a veces, altanera, a paso imperial, modesta en la derrota, no tiene ni para sufragar sus gastos. No tiene precio. Su gasto es el tiempo, los muertos, las cosas idas, los errores de tropezar con la misma historia. Su gasto es desgaste en no pocas ocasiones. Su imperfección, totalmente humana. Acierto, desaciertos, la Historia continúa. Historias con mayúsculas, pequeñas, insignificantes, vergonzosas, delirantes, para ser contadas, ignoradas, sepultadas. Historia de victorias y derrotas, otras, llenas de mentira, falsas judas, subyugadas palomas, a hierro mata la propia historia. Esta Historia, contada fragmentariamente, nace en este paréntesis, de esta manera: “Se baja un hombre de un Taxi de unos 35 años, trigueño, delgado. Trae electricidad, velocidad en el cuerpo. Es decir, apuro. Acompaña su verbo con ademanes agitados y palabras rápidas: -¿Dónde está la puerta? Sí, pregunta, y repregunta, ante mi extrañeza. Me envió el jardinero, agrega. Esta es la dirección, la casa al lado del parque. El hombre se mueve en un circuito entre el Taxi y la casa. Le respondo: aunque pareciera que no sobra ninguna puerta aquí, podríamos ir arrancando las puertas de los vecinos, así no pierde el viaje. Dígale al jardinero que venga a ayudarnos. El día está marcado por un sol tibio, de una extraordinaria inocencia. Me voy, dice el pasajero del Taxi, y retorna con la misma velocidad que llegó. Marcha atrás en la calle sin salida. Yo me quedo mirando el jardín abandonado, violentado frente a la casa, el del costado, lleno de escombros, la hilera de 16 sobrevivientes pinos Caribe, el brazo verde de la selva que aún se niega a desaparecer a 10 minutos del centro de la ciudad. La casa blanca es el marco del paisaje, lo más próximo y camino hacia el río a la mañana siguiente, para retomar la historia, cuyo protagonista es el Promotor de esta barriada, el empresario De Saint Malo, autor de esta Odisea arquitectónica, la casa sin cimientos adecuados, con columnas sin hierro suficiente, con los bloques rellenos de papel, y que debió ser derribada e intervenida en un setenta por ciento, para rescatarla de su inevitablemente hundimiento, naufragio que la arrastraría al río y conduciría por un brazo de la ciudad, como un símbolo de la Casa Propia, de la propiedad privada, del sueño de todo inquilino, humano. PERFET PANAMÁ, se llama la empresa líder de este proyecto, Ricardo De Saint Malo, su ex líder, porque ya no existe. Todo es papel en polvo que se borra. Una zona ideal rodeada de selva, animales, aves, oxígeno, a pocos minutos de la bullente ciudad de Panamá. El Malo De Saint, nos quiso decir con Perfet Panamá, que nada es perfecto en el Istmo, menos él, que naufraga con su heredero en un mar de denuncias, pequeño Titanic con su orquesta y pianola sobre el Pacífico en el Club de Yates y Pesca, ve pasar el gris invierno sobre la mar de whiskys.) ºLa Historia a partir de un río Frente a un río se pueden juntar las palabras y hacer memoria. Este es el escenario. La espalda ancha de un muro blanco, que el tiempo quisiera ignorar. Las ventanas de ladrillos rojos atraviesan el patio un silencio abandonado. Una de ellas está abierta en plena construcción. El patio son los escombros, las herramientas, un barrial que viene del mar de lluvia, lo que fue el verde en esta desolada mañana. El día no se traiciona, sólo pasa, por un tiempo que la selva envuelve en un silencio mayor, la ausencia de todo en su secreto universo. El muro divide el espacio, define otro ámbito del silencio. Un relleno antes del río, la nueva planicie de la tierra gredosa eleva la vista, el río ya no asoma a los ojos a primer golpe de ojo y hay que deslizarse a la derecha por un bajo. Allí el hilo del Río Curundú, sobreviviente al bípedo infatigable depredador. La casa detrás del muro se escucha así misma. Las hojas caen aún en invierno. Es lo que la naturaleza agrega con paciencia cada día. Son las 10.30 A.M. Una mariposa negra aterciopelada, de cuerpo verdoso, preside la escena sobre los escombros en el costado reconstruido de la casa. Dos mariposas gemelas amarillas revolotean el mismo paisaje en su propio espacio: juego y alegría. Las gemelitas ondulan sus cuerpos y recortan el aire. La mariposa naranja de grandes alas aeroplanas, formatea el escenario a los riesgos de su belleza, sobre el cemento ruinoso, entre los pinos y traza su circuito en el sueño. En verdad es dueña de su flameante vuelo. El río recorre el tiempo. La mañana es el río que la atraviesa. El río el único movimiento que separa la selva al muro. El río pasa, el muro permanece. Los escombros rodean al muro y hay restos de baldosas, hay hierros, hay tubos, hay restos de restos, hay óxido, hay barro sobre el barro, hay ausencia de lo que no es, hay lo nuevo sobre lo viejo, arena sobre el silencio de la mañana. El patio lo enmarca una escalera, que dice sube tan alto como la Palma Reina donde se apoya. La escena se alimenta así misma, no hay un orden establecido, sino un tiempo, la casa se reconoce en este antiguo paisaje, en lo que deja de reconocer el futuro. Debiera venir la lluvia. Aún no llega. El agua se huele. La trae el viento, el tiempo que la llueve. La selva y yo sabemos que está aquí. Nos mira, de lo alto viene. El río prepara su risa. Pierde el bostezo en el hilo que lo conduce. El río duerme como un pobre en la ciudad. Sueña quizás como un rico del Nilo, que cruza el tiempo fértil de la historia. Nadie atiende la casa que se acomoda. La siento crujir. Acomodar sus nuevas paredes, las flojas caderas el tiempo. Calzarse sus nuevas losas. Comprender también que el tiempo absoluto de la muerte pasa por la ruina. La casa es la etiqueta del útero, el espacio del pozo, el sueño del laberinto, el oído ciego del caracol, la ventana que imita el paisaje, la puerta que lo comunica y deja afuera ser espacio libre. Hubo 40 noches de diluviosos escombros, fosos casi insalvables, murciélagos que viajaban por las paredes derrumbadas, la noche sobre los andamios, el teatro de la nada en andaluces pasos, y aún se siente el espacio vencido, la humedad, la lluvia sórdida que cae sobre la ventana abierta al trópico profundo, real, dueño del cristal crujiente de este tránsito que se pierde en el bosque con Caperucita Roja y su feroz Lobo que la lleva al altar ciego de aullante felicidad. Los escombros deambulan con las espátulas, brocas que no entienden el tiempo, ni los muros que ya no existen. Todo ayer ya no es hoy, y el futuro ahí en la sombra por levantarse. Me siento con la luz de una linterna en el socavón de esta mina cueva casa, con el recuerdo de lo propio, el sueño patológico del futuro, y veo pasar al Malo De Saint, con una túnica envuelto corrigiendo los defectos de las ruinas, guiado por sus antepasados franceses, con sus dedos filosos embetunados en manteca de puerco, rehaciendo las columnas, con su rostro de hollín dentro del útero de la noche, falsificado su rostro de murciélago girando en el luto de las sombras con una sonrisa tontona, que nada va quedando más que un oscuro remolino de ideas, el cuento tenaz de la casa propia. Es la mano desolada del tiempo lo que permanece y un guante azul abandonado no hace la diferencia de izquierda o derecha. Es la noche. Se respira cemento, humedad, la luz de la linterna guía la claridad de la noche que los ojos siguen. ¿Cuántos whyskies habrá bebido De Saint Malo esta mañana ya esfumada? Sólo por su luz la casa es humana. Es una frase de Gastón Bachelard en su Poética del espacio. Y tiene razón. La casa, dice, ve como un hombre. Es un ojo abierto a la noche. A veces brilla como una luciérnaga entre la hierba, el ser de la luz solitaria, comenta Bachelard, pero se queda corto en este caso. Las luciérnagas aquí son reales. Son el motor iluminado de la noche recortada en las paredes derrumbadas. Vacían sus intermitentes baterías con la gracia del resplandor. En ese instante se pierde el miedo a la libertad. Todo lo que brilla ve, dijo Rimbaud y cito a Bachelard. Pero no todo lo que brilla es oro. Y esto es una mierda, De Saint Malo. Mejor dicho en su idioma, merd. Esta no es la lámpara poética que vela en la ventana de la casa con ojos humanos, siguiendo la magistral poética bacheliana, sino la linterna en la caverna dolida, herida, vejada, la intimidad mal parida. Un ermitaño escoge su luz y es su propio ojo. La obra avanza en medio de un nuevo caos, polvo, hierro, pintura, las paredes van estirando sus espaldas, piernas, hombros, por sobre la mañana que ya viene en el amanecer. ºViaja la doliente casa en su aldea medieval La vieja casa doliente en la aldea medieval, mira sobre el puente levadizo, el sueño que la habitará. Ay reino de la nada, yo te habito con mis murciélagos blancos. El Caballero, que no soy, el perro que ladra en la esquina, es el sentido común de un nuevo día. Castillo de mis arenas, el muro no supo lamentarse a tiempo, el muro blanco enseña aún su fortaleza, el muro deja que la noche le toque los hombros, respira y detiene su blanco corazón de avena para seguir soñando con la madrugada, el alba que le refresca la prima mañana. La primera fase para cubrir el infierno creado por De Saint Malo, PERFE PANAMA, fue embodegar la mayor parte de los muebles de la casa para proceder a derribarla sin Dios ni ley. Partió entonces el camión de la mudanza y al mes, de acuerdo a lo pactado, se trajo de regreso. Dos viajes por la ciudad, cruzando el tradicional prostíbulo La Gruta Azul, un legendario cosmos de placer y diversión. Me dieron ganas de dejar allí unos cómodos sillones y llamar a De Saint Malo para seguir la fiesta de este absurdo mundo surrealista, exactamente lo perverso de las relaciones comerciales. No viajaron espejos por la mala suerte, una cábala casi borgiana. No estaban los tiempos para seguir perdiendo imagen. Regresaron los armarios, el comedor, los estantes, los objetos, las tantos cachivaches de las casas, una jaula, binoculares, unos calcetines largos de invierno azules inútiles para el trópico, un guardapolvo de profesor de química casi sin uso, tres bolsitas de tierra para la suerte, un tablero de ajedrez chino, 400 crucigramas sin resolver, 33 vasos de cristal corriente, 11 cajitas de velitas de cumpleaños, mesas cuadradas, redondas, mesas sencillas, todas de cuatro patas, una docena de sillas. Se fue la mitad de la casa y resto. Nos quedamos con objetos de sobre vivencia más las camas y unos cuadros adornando lo poco que quedaba en pie. El microonda, que después se quemaría. Vivimos cuarenta días en un estado pre cortocircuito, pestañeante y de apagones repentinos, magia de luz y sombras, ese feroz estado de titilante precariedad que imponen los electricistas perversos que trabajan con oscuras sensaciones, falsos dilemas, turbios tramos de cables, fusibles silenciosos e ignorados tomacorrientes, brakers saltarines, paneles con tripas de multicolores cables expuestos a la lluvia. Fue un milagro, esta vez, no incendiar la casa, y acabar de una vez con el sueño de la casa propia estafada. La mudanza llegó en medio de la reconstrucción. La mezcla y los muebles, la pintura crema, el mamey del fondo en un telón distinto. Los plazos no se cumplieron. La huelga. La lluvia. El ocio. El error. El cuento. El panorama se recreó en un nuevo caos. Se amobló el desorden. El nuevo espacio crudo. El interior se decora . Es una nueva escena, porque el escenario es casi flotante, se modifica, tuerce, renueva y la casa se estira en su propia perfomance. Después del pasado de crujideras, casi todo le queda bien. El desorden la moderniza en su caos, aparentemente. La visión nunca es perfecta dice el alma amarillenta, magenta, plomiza, ocre de la noche. PERFE PANAMA, el que menos. Tal vez una Sociedad Anónima llena de errores anónimos, sin nombre. Construían para el mañana, es decir las próximas 24 horas, ni un día más. Al día siguiente se veían las rajaduras en las paredes, diosas en sus propias yagas. La dejó blanca, inmaculada, como una novia, el Malo de Saint y borró la sociedad. Quedó flotando en una esquina, como si en la nada creciera el tiempo con toda su inocencia, que la perdería en pocas horas. El sueño de la casa propia se reía por las cuatro esquinas del cajón blanco, del ataúd dormido. En medio de los quebrantos de salud de la propiedad privada, vendrían aventuras de la naturaleza, el sello viviente de la selva, sorpresas del reino animal, vegetal y de sus alrededores llamados insectos y otras especies inclasificables para la imaginación de un ciudadano urbano de clima templado. Los ojos fueron para ver, veamos. Una tarde de crepúsculo ya avanzado en el atardecer tropical, siento ruidos en el entretecho, el zumbido perpetuo del mismo círculo. No son abejas, no son avispas, no son insectos. No es el viento. No es música celestial. No es un ruido infernal. Alzo la vista antes que el atardecer apague el día, y veo que sobre unos huecos del entretecho, en el respiradero superior de la casa, entran y salen raudos los veloces ciegos murciélagos del atardecer. Viajan a sus costos, entre los árboles gigantescos, los espavés de la selva y el entretecho, su nueva casa. ¿Polinizan la propiedad privada? ¿Crecerán árboles en el entretecho y un día volaremos todos en la bicicleta murciélago de E. T.? ¿Nos espera algún libreto de Hollywood, de nuevos fantasmas negros de pequeñas alas que cruzan el océano, el tiempo, y retornan a casa con sus largos abrigos de invierno que dejan al hacer la tarde tropical? Sin abrigos, más veloces, sentados en el porche, en su nueva casa, le relatan las historias del Norte, su paso por Las Vegas, a sus nietos, ya con la experiencia de un jugador consumado de Black Jack. Las cartas están en la mesa y ahora jugamos todos. La casa está en disputa. ¿Quién es quién? Llamo al Control de Plagas, que son una plaga en sí mismos. No pasa nada, se habla de sumas cuantiosas, no se asegura un éxito total: ellos ya están aquí, viven, conviven con nosotros. No fue posible dejar el entretecho sin murciélagos, a pesar de bloquear con cemento las celdillas de respiración del techo. Indiana Jones y los inocentes vampiros Un día llevé una especie de Indiana Jones del trópico, conocedor de trucos, animales y convivencia con ellos. Y preparó su acción, ataque, con un elemento más natural, de persuasión. Fue claro sobre la importancia de estos mitológicos personajes de la noche, cuyas 18 familias se extienden por el mundo, con sus principales descendientes panameños los murciélagos con nariz en forma de hoja. El hombre miró hacia el cielo, el bosque ya estaba detrás de su espalda, más bien en un canto del rostro a su derecha. Caminó con plena seguridad, la de un mayordomo que conoce el castillo como la palma de su mano. No están las rejillas, balbuceó. Ese es el sitio, apuntó seguidamente. Era su monólogo de confianza en sí mismo. Humo, humo, dijo para sí, humo y sacó una bomba plástica para resoplar como un silencioso fuelle. El humo ascendía y evaporaba. Era un trabajo asquerosamente inútil. Indiana, comprobaba in situ su fracaso. El atardecer se le volvía violeta, esfumaba. Los murciélagos regresaban cautivados por el entretecho, alucinados por la oscuridad creciente que ya se avecinaba. Volvían de sus nidos, navegaban por el aire, retomaban la señal de la noche. Indiana sopesaba el misterioso vuelo, descartaba que fuera una misión de burla a sus artes disuasorias. Optó por encender una hoguera cerca del mundo y enviar directamente con un cartón que abanicaba, la corriente de humo, necesaria hacia el escondrijo, que dejaba ver un pequeño rectángulo y que conducía al entretecho. La columna tomaba todos los rumbos, menos el indicado. El viento es el absoluto mandante en este caso. Y nos estábamos llenando de humo, mientras los murciélagos planeaban sobre su pista y amparados por el bosque, cumplían con sus milenarios hábitos. Un murciélago puede transportar en una noche sesenta mil semillas y reforestar esas áreas abandonadas en los bosques. Son los famosos frugívoros, murciélagos con nariz en forma de hoja, y parecen observarnos desde su introspección ancestral. No son bellezas de calendario, pero si útiles, irremplazables en el ecosistema que sistemáticamente destruimos. (Indiana sigue la corriente del humo y dice que sólo le queda subirse al techo de la Casa blanca). Los gitanos creen que los murciélagos traen suerte y son portadores de larga vida. La leyenda negra y el celuloide los vincula a Drácula. “Chupa sangres asquerosos, repulsivos”. Pienso en el Sueño de la Casa propia, la propiedad privada y la estafa adecuada. Sólo tres especies de murciélagos de las mil existentes, se alimentan de sangre animal. El mito rueda por tierra aún más. Sólo una se alimenta de mamíferos. El mortal Aedes Aegipty, como otros mosquitos, se alimentan de sangre y nadie dice nada, como si tuvieran licencia para matar. Son dos miserables cucharadas de sangre las que beben los vampiros. Su problema real, es transmitir la rabia, la misma que le queda a uno cuando firma estos contratos de compra-venta de una casa Modelo. Los vampiros habitan una sórdida y terrorífica leyenda. Sin embargo, los vampiros son más sutiles en su proceder. Con la saliva narcotizan su presa y hacen su corte indoloro. Más allá de su aventura nocturna, tan calumniada por la prensa roja, amarilla, la crónica de terror, el formulario de la ficción, como del folletín cinematográfico, el vampiro es uno de los animales más solidarios de la tierra, por sobre el humano. Los promotores de viviendas, tendrían mucho que aprender de sus colegas chupa sangre. En un mundo de vampiros, los vampiros reales, simples murciélagos, son criaturas infinitamente solidarias, amorosas con los huérfanos que adoptan y los vampiros de la tercera edad, que cuidan con esmero. Su servicio comunitario es tan extraordinario, que cuidan a enfermos que no son siquiera sus parientes. Difícil encontrar bípedos con dos orejas y una nariz medianamente normales, que se ocupen de su especie con esta dedicación, en tiempos en que la seguridad social tiembla como la rama visitada por un oso. No vamos a hacer una apología de estas criaturas tan antiguas como misteriosas. Indiana Jones, entretanto, sobre el techo, continúa su misión imposible. Ha subido con cemento para tapar los huecos y previamente lanzar humo directamente a los orificios en mención. Nos mira con cierto desdén desde su Olimpo. Más cercano de la irrealidad, que de las nubes, guiña un ojo en señal de éxito. Su gorro beibolero parece intacto, inamovible sobre su cabeza. El balde con cemento va en su mano derecha. Cuelga sobre su cuello, una pequeña bomba donde espera fabricar un poco de humo. Sus zapatillas rojas caza vampiros, resaltan sobre el aire. Se sabe en misión trascendente y empuja con sus ojos el gesto que ejecuta con el cuerpo. Imposible entender, pero para no alargar más la historia, los murciélagos salieron de pronto, ciegos, veloces, in súbito, sorpresivo vuelo, guiados por sus radares hacia el bosque. Indiana Jones quedó como un ocho sobre el tejado, con sus blue jeans gastados, trastabilló, el cemento cayó al vacío y él quedó colgando de la canal hasta que se deslizó con el peso de su cuerpo y se sentó con más fuerzas de la deseado, sobre sus magras nalgas. Se levantó y salió corriendo horrorizado, diciendo, no me debe nada, por el servicio. Ya era de noche y siguió siendo de noche hasta el amanecer. En el silencioso crepitar de su firme estómago Los murciélagos continuaron sus viajes. Y los custodios de la Flora y la Fauna, tuvieron por ahí algunos aciertos con culebras, cocodrilos, animales escapados del bosque. Las construcciones en la selva, el hombre que daña el hábitat, los osos perezosos atraviesan el asfalto y quedan debajo de las ruedas. Son de otro mundo esos lentos ángeles de los árboles. Yo he entrevistado a un par. Me han expresado su enorme felicidad que comparten entre los árboles y un tiempo dormido. Dejan sus lentos brazos a su uña timón y en el instante en que el espacio suma tiempo o más nada, ellos ahí viven. Nos enseñan, es lo que me dijeron, a tomar las cosas con más calma y a no destruir lo que el tiempo ya construyó. Los perezosos unen ese instante que no debe perderse. Te miran a los ojos y parecen recordarte todo el tiempo por vivir. Te sacan las cuentas de la vida con los ojos. Nos despedimos alzando nuestras manos y dedos, entra a la selva, un árbol es su casa, va subiendo lentamente, no hay tiempo. La naturaleza es sabia. Fue un nido de comején el que llevó a la viga despegada de la pared. Después a una exhaustiva investigación. Las casa flota como un alma en pena. Despegada de cimientos que nunca tuvo como un sustento normal. Columnas sin hierro, las vigas distantes de sus puntos de amarre, ya cedidas en silencio. La casa viaja a sus propios costes. Nautilus detenido en el ojo de su continuo oleaje. La tormenta iba por dentro. El comején sonreía en su apetitoso acto destructivo, la madera que corroía en el silencio crepitar de su firme estómago caía sobre su dorado plato, con todo el destino por delante y esa paciencia sostenida del triunfador. Queda el formato, y en su precaria ausencia, el contenido se ausenta con su alma en pena arrastra el cuerpo de lo que fue. El comején que oficia de arruinador público y privado, fue la luz de alarma, el detonante. ¡Se te cae la casa, gritó, con la boca chueca. ! Y miró hacia el techo, donde trabajaba de sol a sol. La viga es otra cosa, murmuró, como disculpándose. Las columnas, los cimientos, se arremangaron los hombros, encogió un ojo como señalando, este es mi trabajo de siempre, formal, independiente, silencio y seguro. Allí en su nido, el comején habitaba en la comedia de su día, inspirado, muerto de risa, por buscado y temido. Se le caía la viga, la sentía en el ojo y no se inmutaba. Su trabajo es paciente, científico, demoledor. Es un alimento de vida. A pesar de todo, los imagino como seres terriblemente espirituales, melancólicos, sublimes en al decencia del cumplimiento del deber. Siempre concluyen su devastadora tarea, sus inefables propósitos no muy altruistas. El comején se instala en la noche o en el mediodía, con todos sus recursos, y opera. Se reconoce en la ruina que deja. Documenta su labor destructiva con hechos. Su registro histórico es formidable, afianzamiento total en el terreno que ingresa. Sus pies no son de plomo, sino de silencio. Barre el tiempo, el antiguo y nuevo silencio que inaugura con su pequeña voz de comején. Por las tardes, a la hora del crepúsculo, los comejenes se reúnen para hacer un inventario de labores. Disciplinados como pocos, absolutamente paternales, futuristas, el Gran Comején les convoca en el dorado rojo atardecer tropical, para descansar y recapitular sobre el día de mañana. Las Madres Comején, muy trabajadoras, más que los hombres aprovechan para reunirse con sus hijos, revisar sus tareas, darles los alimentos, y jugar un tiempo en el ocio que el día aún les permite. El atardecer comienza a caer sobre la Casa, el blanco se esfuma lentamente. Los pinos enmarcan la casa y la selva la recortan junto al río. ¿En manos de quién dejo la casa Saint Malo? Yo firmé la escritura, sólo simbólicamente. La Casa ya estaba en manos del destino, que el Malo de Saint había construido pacientemente con su larga nariz pinocha. Se va la noche y los comejenes se preparan a dormir. Sus estómagos inflados, arden de comida, los jugos gástricos comienzan a funcionar. La Casa resiste un día más. La viga está en el ojo ajeno. Buenas noches, noche, el Gran Comején baja el telón. Sociedad de objetos humillados Las Historias parecieran tener comienzo y fin, pero esta no está próximo a ello, al menos en estas líneas, amable lector. Es un gran circulo que crece con la noche. Es un formato chicle. Los acontecimientos se reproducen en cadena. Unos derivan de otros. La mudanza de ida y de vuelta. La segunda, fue más caótica en medio de los trabajos y andamios, aún vivos, palpitando en medio de la sala. Reconociendo el espacio, un terreno aún movedizo, sabiéndose que molestan, como invitados de piedra. ¿Cuánto hizo sufrir el Malo de Saint a estos muebles, ya acomodados en su pasado? ¿Y los objetos en los automóviles personales circulando semanas tras semanas por la ciudad? La vida como un subproducto de la perversidad del Malo De Saint. Habría que demandarlo ante la Sociedad de Objetos Humillados. Esos que iban en la cajuela del automóvil ciegos por la ciudad. Ejerciendo este subproducto de la cadena de hechos desacertados, infortunados originados por la re-construcción. Las idas a la lavandería china no tienen precio. Un pequeño y angosto recinto dentro de una ferretería, con lavadoras a ambos lados. Agua fría y caliente, y dos secadoras. Uno entra, pone su ropa, hecha el detergente y la máquina con dos monedas de 25 centavos de dólar, comienza a girar. Se mueve en el sopor de la mañana, mientras el dueño desarma una, y comienza a darle mantenimiento. Él tiene un ventilador que cree refrescarle de una atmósfera sudorosa, pegajosa, agobiante. Viste de gris. No habla. Cambia monedas. Ya está, dice. Otro. Las monedas tintinean sobre el mesón de vidrio. El Gay, infaltable en estos recintos de humedades y cotidianos oficios, mira, se comunica con los ojos, va dejando caer lentamente, con delicadeza el blanco detergente que se hará lavaza y se confundirá con la ropa en unos segundos, tan pronto baje la tapa de la lavadora. El ruido es uniforme. El Gay mira, se restriega la sudorosa frente, los gestos van en aumento. La negra culona no pasará por ese pasillo chino. Le cuesta, forcejea, ahí va riéndose, pero tiene que hacerlo. El sol se come la atmósfera. El chino no se inmuta. Cero gesto. Cero humor. Cero sonrisa. Registra las monedas casi de memoria. El sueño chino. La gota de sudor amenaza con inundar el pequeño recinto. Todas las lavadoras están lavando y las secadoras secando al mismo tiempo chino. Sigue inmutable con sus herramientas y el motor descuartizado. La máquina está en chinos aprietos. El Gay es el más alegre, no se complica, sólo le queda algo en la secadora. Viste un buzo rojo, matinal. Conoce el oficio y sus temperaturas. El tiempo lo tiene dominado. Es su escenario. Son varios a la espera de la secadora. Tengo mucha ropa para secar, cuatro cargas. El reloj viaja rápido en este domingo. Minutero y secundario sudan sobre la pared china. Clic, clock, el tiempo avanza. Seca el Gay, seca la culona y el tiempo avanza. El chino ya tiene su máquina reparada. Sólo le brilla la frente. Los cabellos apuntan al cielo. Estoy en fila. El tiempo pasa, digo. Y el chino me dice, abre su silenciosa boca: ya no puedes secar, voy a cerrar. Inútil preguntarle algo, decirle espere. Recojo todo y me voy a la Casa blanca sin luz y llego en un mar de nubes tenebrosas, negras, la humedad del bosque. Colgaría la ropa y al chino sobre un árbol o en el interior de la selva. Improviso entre los escombros y acomodo la ropa como objetos, prendas de cuarta, quinta categoría. No hay casi sitio. Entre los restos ruinosos de la ruina, ni siquiera el sol se atreve a asomar. La humedad supera al espacio. Suspende las horas muertas. La ropa se impregna más de humedad. Las clásicas gotitas de agua hacen el ambiente. A veces creo que la ruina se levantará y nos sepultará a todos por un instante sólo para sentir lo mismo que ella: la fealdad torcida de los tiempos. La Casa blanca, aún deambula El sueño es irreversible, digo. La Casa blanca aún deambula, la mía. Nadie le da vuelta la página. La Casa lo pide con su silencio de pasmosa efigie. Muchas noches vi un ataúd blanco volando por la noche estrellada. Sentí sumergir el dorado casquete de la Casa blanca en naufragio. Vi con mis propios ojos entrar el cuadro armazón alargado sobre la selva esfumarse absorbido por el copioso selvático manto verde y salir junto a un lago y olvidarse de este pasado de humillación citadina. En algún momento la vi ascender como un cuadrado blanco y caer sobre una nube como un escombro vivo, ardiente, lleno de luz y absolutamente vacío. La noche se encargaba de estos sueños. Los seleccionaba en su calendario de sueños y lanzaba a rodar sobre el tejado de la Casa blanca y caían sobre los andamios. Luego era cosa de seguir los pasos de los sueños. Hacia algún lugar conducirán. Y sólo entonces la Casa blanca se redimirá de estos ultrajes y encontrará su futuro. P.D. Miro el foso como un asunto del pasado. El vivo cemento de la nada. Los jardines destruidos. Las paredes en el espacio abierto. Las baldosas picadas sobre el piso. Las vigas que no responden a nada. Viajo de memoria a la Casa Modelo. Hoy la siento más indefensa. Esa arrogancia de ser la primera, la más visitada. Ser en buenas cuentas, incomparable, es una simple utopía. Supiera de sus réplicas heridas de muerte. Son muchas más, que la que ha vuelto a erigirse en sus doce bíblicas columnas. Dejo en el olvido el mismo olvido, las ventanas, puertas, ya son testigos de lo que va y viene. Hubo noches de estrellas y lluvias torrenciales. El cielo estaba igualmente abierto. Casi todo estaba a la intemperie. El vivo cemento herido, los cimientos perdidos. El piso con cielo, pero sin piso. El pasado pisado en el umbral. Dan ganas de lanzar un tarro de pintura amarilla y otro rojo, para ignorar la luz verde. Y solo ver el azul del cielo, definitivamente. Aunque de pronto en invierno se caigan a pedazos las negras negras nubes del Olimpo. Todo es fugaz, hasta la maldad del Malo De Saint, podría arrodillarse en un puñado de polvo. Tener algo de respeto por el diablillo interior, no es un mal consejo. Si lo dejas suelto, trepa hasta el altísimo cielo. Y te mira con sus ojos rojos. Y te sopla un aire tibio del mismísimo infierno, al oído izquierdo y luego lo intenta con el derecho. Juega billar con las palabras. Sus carambolas, detrás del sol, alucinan a algunos. La fantasía sobre la mesa no les deja pensar en la realidad. La Casa blanca, ya es otra. Su piso brilla y sus muros de pie alzan el día. Aún los escombros de su pasado le enmarcan el paisaje, pero la nueva pintura le otorga un segundo nuevo impecable aire. Postdata a la Postdata: Quedaron mil detalles que resolver. Lo importante es que la casa estaba de pie, para algunos. Respiraba por sus nuevas paredes y se paraba sobre su nuevo y propio piso. Las 40 noches infernales del naufragio, dieron paso, a un aparente y apacible nuevo motor y movimiento. Se detuvo el naufragio en el corsé de la propia pequeña historia. La Casa blanca se paralizó donde estaba. Inquilina ahora de otra historia, dejó de ser primera actriz. Hubo un primer mutis conjurado ya el gran desastre. La Casa blanca dejaba en silencio sus antiguos andamios y se acomodaba en la sala de espera para una segunda orden, otro movimiento. La orquesta dejó de tocar, la Casa blanca es nuestro primer deber y salvación. Los escombros resintieron este abandono, la incomodidad de su prolongada presencia y humillación al aire libre. El paisaje aún no se recupera de los movimientos de tierra. La orquesta ya algo desmembrada se detuvo de un batutazo absolutamente discreto. La Casa blanca quedó literalmente en off, suspendida en su nuevo status. Al mediodía me encontraba midiéndome un Fracs en Black Tie, para la boda de mi hija Gabriela. Dos o tres medidas y todo quedó a su punto. La novia me acompañaba con su sonrisa ante este acto que literalmente se montaba sobre los otros hechos diarios, como en una película del cine mudo. Unos joven vestido de gris desapreció con las medidas. Para la tarde, dijo. Salimos y los preparativos continuaban. Mañana era el mañana. Como en el hilván del traje de la novia, blanco de luna llena, corría la historia. Telón blanco para los nuevos titulares. Me vestí rápidamente el viernes 10 de junio en una habitación del Hotel Miramar, frente al Pacífico. Menos minutos quedaban para la operación “entregar a la novia”, el viejo rito ancestral de los matrimonios civilizados. Subí al 4x4 espumoso, brillante. Primero la novia y su cola. Y partimos por la ciudad rumbo a la iglesia en las primeras horas ya del atardecer de la noche. La ciudad pasaba con sus grandes edificios. Llegamos al puente del Corredor Sur y todo iría más fluido en el tránsito. La ciudad a la izquierda recostada en edificios y nuevas edificaciones y al lado derecho sitios vacíos. Poca gente en el Corredor. Llegamos a la gran avenida ancha, rodeada de palmas y de un largo muro de modernas casas, donde está el ex colegio de la novia y la capilla. Un viaje que se hizo en un segundo, tomados d el mano y conversando. La vida está aquí rodando un nuevo camino. Vemos la hora. estamos adelantados en 10 minutos. Esperaremos, dijo la novia, pero llegaremos puntual. Donde vamos, para que no nos vean. Dejamos rodar lentamente el 4x4 y nos detuvimos en la vía contraria. Música suave. El silencio absoluto. El tiempo pasando en el clic, clic. Ya, ahora, dijo la novia, y lentamente nos fuimos. Las damas acompañantes de celeste a la entrada: ¡estás hermosa, Gabriela!. Entramos a la Iglesia en un mar de sonrisas, flores, y después de la ceremonia vino la fiesta, el baile, las máscaras, el discurso del brindis para los viajeros de Perú, Chile, Guatemala, Canadá, Estados Unidos y Panamá. Las lámparas, como grandes arañas de luces colgaban en el Gran Salón del Hotel, el mar detrás de los ventanales, la noche y la ciudad, mientras la orquesta tocaba esa música de felicidad eterna. ¿Bailamos?. La novia con una sonrisa, siguió los movimientos.