martes, enero 15, 2019

Alguna vez

Alguna vez, creo,
perdí el sentido,
escribiendo,
verdadera fiesta de la palabra,
interminables,
vaciaban cántaros sin agua,
secas,rotas, duras
como piedras,
flexibles en el silencio.
Volvían solas a su origen
solo de  repensarlas.
No estaban para acatar normas,
ni ser soldados 
de ningún ejército,
libres, con o sin razón,
anárquicas.
Ser ellas mismas,
siempre fue su consigna,
su verdadera palabra. 
Rolando Gabrielli©2019

lunes, enero 14, 2019

Un autista sin nombre

Fuiste un  autista sin nombre
por las calles de Santiago,
tantos años después  de la sangre
y la muerte en alta mar,
donde  buceaban ciegos
los cadáveres  arrojados vivos
del alto cielo.
Volviste, extranjero, forastero,
en tierra de nadie dominada
por el sopor del verano.
Una raza digital, estúpida,
se erige en las sombras
del dìa y la noche,
a todas las horas posibles
conectada con la distancia,
minusválida de afectos personales,
rìe en solitario y un selfie
se llena de autoestima y realismo,
viajando por el Metro.
La belleza del diálogo
se perdió en alguna estación
por construirse en  alguna
nueva  ruta.
Haz estado allì para verlo,
la primavera fue otra cosa
se sostenía por sì misma,
con su encanto  provinciano,
alejada del bullicio,
màs bien envuelta en la seda
que arroja  el gusano
antes de volar.
La ciudad es la metáfora perfecta
de un cuerpo desnudo,
sin alas.
Tus compañeros de juego
se habían jubilado,
la casa paterna derruida por el tiempo
y abandono,
tu madre silenciosa te recibiò
alegre después de las flores
que pusiste en su tumba.
Todo ha cambiado para peor,
la poesía no es ni la sombra
de algunas palabras
que alguna vez escuchaste,
de algún poeta ebrio
en las noches de Santiago.
No importa la fe,
que tù profeces, me digo,
la suerte està echada,
sigue soñando los viejos sueños,

puede ser un camino fácil y repetido,
pero la  ciudad seguirà siendo
una metáfora
de lo que fuiste y no fuiste,
de tu suerte de no haberte
convertido en làpida
para las futuras generaciones,
antes de tiempo.
 Rolando Gabrielli©2019

sábado, enero 12, 2019

Se mueve el mundo

Se mueve el mundo y son tus pies,
errante, sin corbata, por el  tròpico,
gira el universo y sus estrellas,
en otro lugar de la geografía
camina otro como tù las distancias
del dìa y de su tiempo.
Juegas en tus manos
con la pequeña  brújula de madera
que te regalò tu hija
para que no pierdas el Norte.
Los puntos  cardinales fueron
tu debilidad en el sueño
de cruzar las fronteras
desde la infancia.
¿Què habrá al otro lado
de nosotros mismos?
En el fondo desde el Sur,
esa era la gran pregunta,
a resolver o no
en el tiempo de la duda.
Rolando Gabrielli©2019

viernes, enero 11, 2019

Aré en el mar

Aré en el mar,
en la cordillera,
aré con mi generación,
aré en esta loca época,
aré una y otra vez en el desierto,
en la poesía,
aré en nombre de mi memoria,
aré, aré de sol a sol
como un buey,
sin detenerme,
con mis propios pasos
por las calles, el Metro 
y la geografía de Chile,
en vano,
como el desconocido
que siempre fui,
la sombra 
de mi  destino.
El más ausente,
se hizo presente,
no más.
Rolando Gabrielli©2019

jueves, enero 10, 2019

Mundo

Mundo,
te has hecho pequeño,
egoísta, banal estúpido,
por si algo te faltara,
bravucón y no sabes
hacia donde vas.
Ridículo ser,
hombre, compórtate.
La Historia
no está para repeticiones,
 no es una puta desdentada,
a punto de parir tus nuevos errores.
Olvidadiza mujerzuela, dirás,
pero es sabia astuta
y te observa
por el rabo del ojo,
como a un recién nacido.
Rolando Gabrielli©2019

miércoles, enero 09, 2019

Todo lo hice al revés

mirror by eisbar-konigin
Todo lo hice al revés
y el espejo me devolvió
su mirada.
No hice más que reírme 
y se quebró.
Mala suerte o no,
seguí viviendo
con el reflejo
de cada palabra.
Rolando Gabrielli©
Chile, 2 de noviembre

miércoles, enero 02, 2019

Del viejo Chile




Del viejo  Chile,
solo quedan gotas de sangre,
viejas torturas de su pasado,
la Capitanía General
con espuelas huasas,
una incertidumbre voraz, 
la rapiña del águila y el cóndor,
los mismos caballeros
autores del presente de Chile
con su banderita tricolor
y estandartes de miseria.
Así presiden la historia
que a diario ejecutan 
con letanías de progreso
y oportunidades.
Hay ratas en todo el granero,
señor Presidente 
y usted le sonríe a la miseria
con su mejor cara.
La publicidad no es gratuita,
la realidad sigue teniendo vigencia,
más allá de estas palabras.
Rolando Gabrielli©2019
Santiago de Chile


lunes, diciembre 31, 2018

En esta época

En esta época 
de fértiles gusanos,
¿qué le queda
al cuerpo, amor,
sino sobrevivir?
Rolando Gabrielli©2018
Santiago de Chile





domingo, diciembre 30, 2018

Van orando las palabras







Van orando las palabras
sin que nadie las pronuncie
Su voz al callando,
las ora el negro,
el blanco
Son estas rosas pálidas
las que duermen
en mis vigilias
Las sueño
como si estuvieran escritas
Rolando Gabrielli©2018
Santiago de Chile





sábado, diciembre 29, 2018

UN 2019 ESPLÉNDIDO!!!!!!!




QUERIDOS INTERNAUTAS


Gracias por estar  presente...para todos  ustedes, anónimos y reales, un VENTUROSO 2019.
Con mi afecto,


rolando gabrielli
Cajón del Maipo, Chile

jueves, diciembre 27, 2018

He vuelto a leer las piedras de Chile


He vuelto a leer las piedras de Chile,
a traducir  en la roca  los caminos que me llevaron
de regreso y que volveré a dejar a mis espaldas.
La  cordillera  me ha hablado con sus múltiples voces
y no he dejado de escuchar su silencio,
por la sinuosa carretera del limpio asfalto.
El río oscuro que atraviesa la montaña,
los metales que con sus colores  hablan
del país que  somos  y nos reconocemos,
pero la piedra, digo, también  es el paisaje,
la palabra contenida en la soledad
de estos días  en la inmensidad
que deja la  noche al bajar el río.
Nadie moverá una sola piedra

sin que la naturaleza no lo sepa,
ni hablará por ellas  bajo las aguas
que aún resuenan en  mi memoria.
Rolando Gabrielli©2018



lunes, diciembre 24, 2018

Amigas/Amigos  Internautas
Esta nave de palabras, emociones, poesía sobre todo, prosa, escritura, amistad  y comunicación sin fronteras, ha cumplido    ininterrumpidamente  13 largos años este  2018, que ya nos deja en unos días y que  hoy conmemora la Navidad.
Nuestras palabras no tienen fronteras, con un pasajero donde quiera se encuentre, estaremos atendiendo nuestros propósitos y sobre todo, pasión: comunicarnos con el lenguaje detrás de las palabras.
Ustedes son la brújula de estos sueños, y les pido que no dejen de soñar, aunque pareciera existir en esta  época solo la voz del mercado. Seamos estrellas por esta noche de un solo camino y no dejemos que nos arrebaten ni un minuto de nuestro presente y menos futuro.
Les convoco a ser más  exigentes con la verdad, con lo que las palabras nos quieren decir y  nosotros las ignoramos, o con aquellas que sabemos  que son falsas.
Sigamos siendo tripulantes, pero nuestro destino es ser capitanes  de nuestro propio destino, en medio del caos, que reúne todas las palabras y una época.
No dejemos de escuchar, las campanas repican por  nosotros!!!!!!!!!
Felicidades y un luminoso 2019

Rolando Gabrielli/Santiago de Chile, 24 diciembre 2018





martes, diciembre 11, 2018

¿Una ciudad llena de poetas?







¿Una ciudad llena de poetas?
Adónde me has traído camino,
a vagar por tus calles llenas de ofertas,
gente  apresurada que camina en dirección vertical,
horizontal, perpendicular,  transversal,
sin más destino que el Metro ?
Me quedo con las palomas
en la Plaza de Armas,
que aspiran a unas cuantas migajas de pan.
Las leyes prohiben mirar fijamente,
más de dos veces a una mujer,
en estricto orden  me  siento a observar
el desplazamiento de las masas
en ese desencuentro del anonimato,
el no saber que viven y comparten
un mismo lugar, si les diera la gana.
Milosz se pregunta: ¿Qué clase de poesía es aquella
que no salva Naciones o pueblos?
No sé si es ingenuo o así se pensaba en otra época
o realmente es probable que pueda ocurrir.
Los poetas que han dicho algo en esta ciudad,
están muertos o al borde del epitafio,
síntesis de lo ya dicho.

Rolando Gabrielli©2018
Santiago de Chille/diciembre

EL MAR NO IGNORA


El mar no deja salir de Chile,
es un viaje sin límites,
atraviesa el desierto
y llega al fin del mundo.
Tú decides hacia donde
 van tus pasos:
Norte o Sur
El mar no ignora
quien  ama,
sus aguas,
ni a sus muertos,
recuérdalo.
ROLANDO GABRIELLI©2018
Chile/diciembre



sábado, diciembre 08, 2018

La poesía no cambiará nada


La poesía no cambiará nada.
¿Esa es su función o defunción?
Un verso, las palabras van y vienen,
cómo lo decimos y por qué,
quizás sea un camino,
una pista que debemos seguir
con curiosidad, tenacidad y oficio,
amor, dolor,  por lo que hacemos,
como cuando le cae el arpón
al tiburón.
Rolando Gabrielli 2018
diciembre/Chile/





viernes, diciembre 07, 2018

Rostros que el mundo no se detiene a observar


Banksy  los inquieta, perturba, siempre sorprende, de una u otra manera. Es el ajedrecista invisible de los muros, sus jugadas son certeras como su mensaje. No debe agradar del todo, al establecimiento, pone el dedo en la yaga y no se equivoca.
Maneja el presente cautivo de la oportunidad, del presente y de la creatividad. El ego es para los mediocres, exhibicionistas, talentosos de las ferias digitales, del snobismo del clice, aves de rapiña del mercado.
Banksy es simple: apunta a la realidad humildemente y no la deja indemne, siempre queda tocada, para pensar, para  reflexionar sobre la imagen, no como algo desgastado, sino como algo fresco, crítico y necesario.



Imagen integradaSe reinventa a cada paso, destruye  obras que se subastan, pinta al poder  en toda su putrefacción, mueve los delgados hilos fácticos de este mundo  que da pasos agigantados hacia su propia destrucción.
Esta vez nos pone un juego creativo sobre  la mesa y sortea, tras el pago de dos libras  esterlinas, una de sus obras: la barca con inmigrante africanos. Solo se necesita decir el peso exacto del objeto. La barca solo mide 99 centímetros de larga y su material es  fibra de vidrio. las figuras son de resina artificial.
Bansky vuelve a inquietar y a hacer un aporte artístico y social, el dinero irá para los refugiados, que tan mal la están pasando en Europa y a los lugares que van.

Rolando Gabrielli 2018


Rostros que el mundo no se detiene a observar,
negros oscuros sin destino,
viajan con trajes y cuerpos muertos,
por mares hacia sus profundidades.
Solo el mar los devuelve a su destino final.
No hay más muerte que la muerte inevitable.
rolando gabrielli
Chile



jueves, diciembre 06, 2018

Casi todo es común

Sentado en una banca,
de un ciudad que ya no reconozco
y que amé por su belleza y fealdad,
las palomas hacen del lugar
un sitio menos desconocido,
más universal.
Distraen el paisaje
común y corriente
de aquellos y estos días
Pasa gente que el sol
hace brillar sus rostros.
Casi todo es común,
como cualquier calle o parque,
pero quizás alguien nos sorprenda 
con algún tatuaje,
un corte de pelo Mohicano
y el tedio de la ciudad
se disimule un poco más.
Son rostros que no buscan una mirada,
son parte del paisaje,
nada más.
Rolando Gabrielli 2018
Chile, diciembre

viernes, noviembre 30, 2018

El tiempo no se compromete


¿Hacia la noche o al amanecer?
¿Cuál es tu signo: oscuridad
o  luz?
El tiempo no se compromete
con nadie,
podría ser una respuesta
y en la ambiguedad
de lo que nunca sabremos del todo,
quizás esté un poco,
a su libre albedrío,
la felicidad.
Rolando Gabrielli©2018

Banksy. ¿Genio o vándalo?'


Banksy libera la imagen de su inmediatez, le otorga valor al presente con la visión de la memoria y el futuro.  No se ocupa de la estupidez, un elemento tan corriente en el mundo digital, viral, banal, que azota el arte y las galerías del siglo XXI.
El único efímero es él, su ausencia  su desconocido rostro,  y sobrepone la identidad de su maestría e imaginación.
A pesar del título provocador o intento de serlo, el gran provocador des Banksy.
Cada cierto tiempo vuelve en el lugar  más inesperado y da en el blanco con sus imágenes, los llamados grafitis que se han convertido en obras no solo impactantes, críticas, conmovedoras, sino valiosas monetariamente.
Vuelve  'Banksy. Genius or vandal?' , Banksy. ¿Genio o vándalo?'), qué título en un  mundo de vándalos y donde la mediocridad ya es un arte.
Presentará 70 obras en Madrid y viene precedido de un éxito rotundo en San Petersburgo, donde 500 mil rusos admiraron su obra.
No hablemos  que es un fenómeno, un genio o un impostor, sino pongamos atención a la fuerza, actualidad, sinceridad, genialidad de su obra en un mundo tan vacío.
Veo los muros de Santiago de Chile y me dan ganas de llorar.
Rolando Gabrielli©2011

miércoles, noviembre 28, 2018

En mis palabras, otras palabras


En mis palabras, otras palabras




Cuando tomé contacto con las vocales, el abecedario, supe que no abandonaría jamás las palabras a no ser que ellas lo hicieran. El silabario siempre está en mi memoria, la primera lectura real, la más trabajada, sudada y persistente en el día a día. Arrastraba las vocales por mi lengua enana y en el pizarrón la tiza me hacía estornudar y temblar ante la clase. Pasaron los años y no se me olvidan esos minutos de terror. Durante más de cuarenta años he sobrevivido gracias a la palabra escrita, tan despreciada, banalizada, arrinconada, menospreciada, mutilada, contaminada, tergiversada, alterada, olvidada, confundida, manipulada, censurada, silenciada pero, diría, indispensable para respirar y vivir, comunicarse. Estudié periodismo y me sentía escritor, ya en secundaria escribía poesía y mi Diario de Vida en clave. Usaba esos candaditos que los abría el viento. La seguridad de la adolescencia.
Mi primera oposición al mundo del periodismo y de las palabras fue mi padre. Simplemente un panzer sobre mi vocación. Salí ileso. Después vendrían los verdaderos panzer de Pinochet que quemarían libros, palabras, dispararían cañonazos a instalaciones de periódicos de izquierda —las palabras ensangrentadas—, prohibirían libros —la palabra oculta—, censurarían el aire de las palabras —su asfixia total. Volví a salir ileso. La biblioteca personal se desintegró en parte, sobrevivió en un gallinero, sótanos, diversas manos y terminó en un desván, una buhardilla.

La palabra suele ser indispensable, aunque se reniegue de ellas. Ahí está para descubrir y develar que los hierros y el cemento son algo más que materiales resistentes.

Mi padre redactaba muy bien y tenía una caligrafía impecable y bella, como sus números. Mi madre también redactaba estupendamente bien y su letra era femenina y estilizada. Recuerdo un telegrama que le envió a mi tío en el día de su cumpleaños, con la metáfora de Hermano Cara Pálida, haciéndole señales de humo, para que viniera a la playa donde veraneábamos. Estas palabras no son un acto biográfico, sino un racconto para introducir el texto que flota entre líneas, se ve como un iceberg, hunde como el Titanic, pero siempre asoma a alguna superficie para saber que está ahí. (Licencia de todo narrador que se estime y, sobre todo, del oficio).
Y me fui finalmente a estudiar y aprender la técnica de la escritura. Una Underwood en casa formó parte de mi primer teclado, Corona, Royal, Olympia y la Olivetti, que a veces se cansaba de tanto teclear, pero permanecía fiel al oficio, con toda su dignidad intacta. Por liviana y portátil llegué a preferirla. La época romántica de los objetos fetiche y la bohemia. Los poetas malditos. Pero el lenguaje, la palabra, trascienden toda retórica técnica. De eso pude enterarme tiempo después, con algunos conocimientos, lecturas y una buena oreja ante quienes sabían lo que hablaban en este campo, en el edén de Santiago de Chile en los sesenta y tanto. Muchos años después me enteraría de que mis palabras llegarían a sostener rascacielos. Nunca estuvo entre mis proyectos sostener con palabras esas moles de acero y vidrio que se erigen en las ciudades. Son estructuras que requieren, al parecer, no sólo de sólidas fundaciones, sino de palabras bien fundadas en sus bondades como espacios públicos y privados, para alcanzar primero a ser anteproyectos y luego, transformarse en realidades comerciales. La palabra suele ser indispensable, aunque se reniegue de ellas. Ahí está para descubrir y develar que los hierros y el cemento son algo más que materiales resistentes.
La palabra sartreana era sagrada. Fue mi época. El existencialismo de todas las primaveras. No había calendario para que las hojas del otoño comenzaran a desprenderse siquiera. La tipografía en un diario pesaba, tenía contenido, era un punto de referencia. Lecturas iconos, irremplazables, las imágenes pesaban en el cine, que también necesita de las palabras. El aparato mágico de la época era la televisión, pero también se escribían libretos. Hasta en las películas de Charles Chaplin se diseñaban a mano letreros y las palabras también estaban presentes en el cine mudo. El cine, con sus efectos especiales, carencia de argumento, es cada día más cosa del pasado, en la paradoja de la banalidad y la tecnología.
La sopa de letras fue una de mis favoritas. Me sentía como en familia. Era un placer degustar el abecedario. Mafalda también necesitaba de palabras. Se seguía escribiendo, aunque alguien decía que todo estaba escrito. Esa pudo ser la palabra boomerang, que pareciera lanzada al horizonte o al vacío, y retorna como nueva.
Escritores y periodistas han llenado la historia de palabras, o la historia ha tenido la oportunidad de ser contada. El homenaje a las palabras se ha dado en todo tiempo y para mí ha sido una satisfacción hacerlo con alguna frecuencia. Recuerdo que alguien escribió una vez que dormía con las palabras y que éstas revoloteaban sobre sus sueños, sin poder desprenderse de ellas. El peso de las palabras es notable, puede llegar al insomnio. Hay un viejo dicho, una amenaza medieval del aprendizaje: la letra con sangre entra. Un barbarismo que demuestra el valor de la palabra, su necesidad de inculcarla, bajo cualquier método.
Escribíamos y leíamos como si se fueran a acabar las páginas del mundo. Como perros vagabundos olisqueábamos las palabras en las tipografías de cada nuevo amanecer. No había tiempo, espacio, lugar, hora, donde no estuviéramos escribiendo, aterrizando con la palabra. Me inicié en el tema agrario en Chile y ahí me mantuve hasta el 11 de septiembre. Corresponsal extranjero en Colombia y Panamá. Lenguaje de agencia: preciso, pero muy sistemático, diario, sin parar. Era un sueño y lo había logrado: traspasar la frontera del miedo. Como nunca rodeado de palabras, propias y de muchos países en los teletipos. Desayuno, palabras, almuerzo, palabras y a dormir, con las palabras. Periodismo intenso en todos los ámbitos, temas. Editor internacional posteriormente, la palabra especializada por una década en Panamá y América Latina. Un mar de hechos noticiosos fue contado al mundo. ¿Vivimos de las palabras? ¿O sobrevivimos? Para un periodista y corresponsal es imposible decir “me quedé sin palabras”. Hay que escribir. Relatar, informar. Y las palabras deben ser “objetivas”, decir lo que ven, escuchan y sienten si es preciso. Las palabras adquieren vida. Son el mensaje.
Las palomas llevan mensajes escritos. Los mensajeros atravesaban cientos de kilómetros haciendo sus postas en pueblos remotos, con documentos oficiales: llevaban palabras. En la antigua Roma, célebres palabreros, poetas y escribas. En el Medioevo la palabra escrita tenía su oscuridad para las mayorías. Palabras y sentencias en papiros, bibliotecas quemadas en China y Alejandría. Nunca el fin de la palabra. Basta una carta de amor, escrita de puño y letra, para levantar una epopeya personal.
Kafka quería quemar sus palabras no impresas y si sus deseos, no del todo claros, se hubiesen cumplido, no sabríamos que vivimos en un mundo kafkiano. Todo se lo debemos a sus palabras.

En nuestra época, cientos de periodistas han sido asesinados por decir y escribir la verdad con las palabras de los hechos.

Siete palabras desde el fondo de la tierra, paridas del ombligo natural de la roca, hicieron historia recientemente. 33 mineros chilenos, uno de ellos boliviano, causaron asombro y un estallido de felicidad entre sus familiares, cuando enviaron desde los setecientos metros bajo tierra donde permanecían hacía diecisiete días sin que se supiera de sus vidas, un escueto, impactante, claro, inequívoco mensaje acerca de sus vidas: “Estamos bien en el refugio los 33”. Con letra clara, firme, la palabra en el papel ascendió la sonda que había llegado a su improvisado campamento bajo las rocas. Palabras para la historia. ¿De qué otra manera pudieran haberse comunicado desde el fondo de sus almas perdidas en la oscuridad de la tierra?
Nunca me sentí mejor como periodista que cuando visitaba en misión de trabajo El Cajón del Maipo, un lugar cercano a Santiago, enclavado en las montañas, la cordillera encajonada en el idilio natural, con sus montañas irregulares, desmembradas, ríos, lagunas, un sitio espectacular por su belleza y clima. Allí conocí nuestro río Colorado.
En nuestra época, cientos de periodistas han sido asesinados por decir y escribir la verdad con las palabras de los hechos. Detrás de la palabra está gran parte de la historia humana. El libro más leído del mundo lo siguen leyendo millones de personas cada día, repasan una y otra vez la palabra, el versículo, pasajes que millones anteriormente leían en distintas partes del mundo. ¿La palabra acomoda sus vidas? Como si todo pasara y las palabras siguieran flotando y reproduciéndose para respaldar, comunicar, alguna historia. Cada ser humano es una cantera de palabras. Lo que se suele olvidar con frecuencia es que sin lectura la palabra pierde fuerza, contenido, no se enriquece, suele quedar finalmente muda. El otro debe estar en la palabra.
En estos más de cuarenta años sosteniéndome con las palabras, he disfrutado años mi calidad de freelancer indocumentado, boicoteado, con puertas cerradas, lo que le da mérito a esta palabra medieval con que se mide un oficio realizado con absoluta independencia. Es como escribir en el aire, en una pantalla que en cualquier momento se borra, porque después la palabra se introdujo en una PC y aunque se disemina como reguero de pólvora por el mundo, compite férreamente en la derrota o en la victoria con la imagen de todo tipo, naturaleza, procedencia, tamaño, actualidad o no, porque en el universo banal los jóvenes idolatran esta efigie faraónica en que se ha transformado la representación del mundo a través de una imagen. La imagen ahora es más poderosa, porque es personal, vuelve protagonista a cualquier transeúnte que porte una cámara y está dispuesto a compartir con otros el flash. Internet se llama esta lámpara de Aladino que cualquiera conectado a la red puede frotar y pedir algún deseo o simplemente escribirlo, comunicarlo, difundirlo. Existen millones de seres anónimos que se desplazan por la red de redes, el espacio más público y global de la palabra en el siglo XXI, verdaderos enjambres de mensajes con una cierta impunidad colectiva para decir lo primero que atraviesa por sus sesos.
Ser extranjero físicamente, no sólo en la palabra, la mayoría de las veces es una necesidad, pero los tiempos no están para ejercer este oficio de traspasar fronteras y no ser acreedor de un rosario de discriminaciones que se pueden resumir en la expulsión del lugar. El cuerpo sigue siendo extranjero, un delito en sí, pero el capital goza de buena salud y la inversión proveniente del exterior siempre es bienvenida y no requiere aduana ni oficina de migración alguna. La mano de obra barata y su generosa plusvalía son buenas palabras bien administradas para el beneficiario. Si se trata de mano de obra cerebral, de un intelectual, a bajo coste, a precio de mercado de las pulgas, tiene una buena acogida y la legalidad del desamparado bajo la ley del embudo. Sólo los soldados no son extranjeros, sino invasores de la libertad.
Un freelancer extranjero juega las cartas de su propio naipe y la suerte corre por cuenta de la casa. El as es esquivo, suele estar marcado, con él juegan los más probables carceleros de tu palabra. Un escritor es extranjero en su propio país porque la crítica cada día es más inaceptable y se hace doblemente foráneo, ya que la lengua se usa para chasquearla como una lagartija en apuro. La palabra sin intermediario suele ser arrinconada. ¿Existe un matadero de la palabra? ¿La palabra está en bancarrota o no es moneda corriente ni convertible? Palabras sobre palabras pueden contar su propia historia. ¿O quizás reciclarse a sí mismas hasta el silencio?
Escritor fantasma, por mucho tiempo, indefinido, como la sombra que se aleja de su propia palabra. La palabra prestada al otro. Es un arte para el herrero herrar patas de caballo, hacer verjas, elaborar y diseñar ventanas, trabajar el metal para su uso y beneficio de otro. Cumplir, en suma, con un trabajo por y de encargo. Puede ser una pieza de pisapapeles. Bajo ella, quizás esconderse algún secreto, un documento no revelado o una simple cuenta impaga. Lo trivial no es mirar o no mirar fuera de una ventana, es no saber que el paisaje está dentro de uno.
Cada hora, en alguna catedral, un sacerdote sostiene con palabras esos muros y edificaciones construidas con el poder de la fe hace siglos. Mucha agua ha pasado, al parecer, bajo el puente de las palabras. Hoy la palabra digital viaja a la velocidad de un chat, renga, coja, mutilada, banal, desprevenida, casual, repentina, y aun así, tan temporales, circunstanciales, frívolas, se alojan en la yugular y psiquis del receptor. Los celulares tienen la voz, la palabra y la imagen, sobre todo, esas que se las lleva el viento. Es un mundo de nuevos dioses, que emiten un pii piiiiiiii… el sonido que llama, convoca a una misma soledad a lo que antes fue una tribu. En las reuniones, almuerzos, oficinas, automóviles, supermercados, malls, frente a sus parejas, fiestas, parques, en el baño, la cocina, en la cama, estacionamientos, calles, en alguna esquina del planeta público, se les ve sonrientes y con los dedos volar en la palabra frente a la pantallita hipnótica. Sienten que no están solos. Es el zumbido de abejas que no producen miel ni polinizan, más bien moscas con su nuevo abecedario entrecortado, atrapados en estas redes espontáneas.

Llegó el blog y nos fuimos en ese carro mirando hacia el horizonte donde la luz de la oscuridad se pierde y no hay velas para encontrarla o rendirle homenaje.

Otra era, gustos, modas diferentes, herramientas nuevas, el arte se mira de espaldas, el ocio camina por la cornisa inconscientemente. Vendrán estudiosos biodigitales de estos nuevos seres que deambulan por la Tierra. Atraviesan los cristales del mediodía en sus pequeñas babeles y se retroalimentan sin pausa, con prisa, acarician deslumbrados este instante que les facilita la tecnología y los pone en línea. “Ya voy / ya vengo / ya estoy / voy saliendo para allá / Estoy aquí / Y me moveré / Nos encontramos…”. La posmodernidad se ha instalado con sus medios dominantes. Es un hecho y lamentable. Los grandes relatos, con historia, lenguaje, están en el cajón de la basura de este nuevo mundo que abrió las puertas de par en par al espectáculo.
Llegó el blog y nos fuimos en ese carro mirando hacia el horizonte donde la luz de la oscuridad se pierde y no hay velas para encontrarla o rendirle homenaje. Fue una salida individual, a capela dentro de la posmodernidad, solo frente al espejo de las palabras. Un pequeño paso para escapar del plagio, la envidia, egoísmo, realizar un proyecto propio aparentemente lejos de la maquinaria del establecimiento, de los autores del silencio, ninguneo. El sueño de la libertad real, de pronto, se acabó. Se impusieron los anónimos y los robots operaron en consecuencia y se deslizó la censura a través de un curioso aviso que brinda dos posibilidades para entrar o detenerse frente al pozo de las palabras. Un menú-aviso que durante un tiempo se violaba a sí mismo, porque no permitía ni las dos opciones que le daba a los internautas para ingresar al blog bloqueado. (Durante cincuenta años se ha bloqueado una isla que sólo el mar puede hundir).
Periodismo online, palabras que vuelan distancias, pierden sus huellas, experiencia vivida con La Prensa de Nueva York. Reproducían los artículos sin mi firma. Dicen que se perdía el nombre por un error en la programación de la información en la PC. Otro enfoque del truco, naufragio cibernético, magia perfecta del olvido. Difícil navegar en una ciénaga.
Siempre me he preguntado si se han dicho tantas palabras como arena existe en el desierto. ¿Cuál sería el eco si las palabras más antiguas volvieran a hablar? ¿Existe algún vertedero para arrojar las palabras inútiles? ¿Cuántas palabras para no decir nada? ¿Cuántas palabras se necesitan para declarar el amor, la guerra o la paz? La palabra finiquito puede ser un nuevo comienzo.
Me quedo con las palabras abalorio, alféizar, almohada, azafrán, diván, ajedrez, almacén, alcoba, azar, guitarra, paraíso, gitana, muro, alfombra, desierto, sol, sueño, andén, estación, puente, cerrojo, calendario, viaje y mar.
La palabra aún no se despeina ante estas tempestades y mantiene los vicios de su belleza, la revolución del lenguaje, esa agitación continua del verbo. Los pueblos, que no necesitan licencia gramatical, seguirán creando nuevas palabras, llamando a las cosas por su nombre y el que aún desconocemos.
Rolando Gabrielli©2018

lunes, noviembre 26, 2018

La mantequilla de Marlon












La Mantequilla de  Marlon


Ahora que Bertolucci ha bailado su último tango
y nos dejó su poética  escrita en imágenes
con ese apetito inagotable del libreto
detrás del libreto frente al espejo de la realidad.
A mí no me engaña que fue un viejo  zorro,
que la historia lo redescubría a él en su poética
y tal vez la cámara fue su pretexto  para ser Bertolucci
y ningún otro pasajero más que de su tiempo,
victorias y derrotas.las vio con su poética
que superó todas las derrotas que un espectador
cualquiera pudiera  exigir a la medida de sus vagas
alucinantes y a veces inexplicables expectativas.
Ignoro por qué pienso que Bertolucci nunca dejo de ser
Bertolucci y no  negó su mira  poética.
Ese fue su guión real,
la palabra que la imagen se siente deudora
y no puede esconder
a pesar que ocupa toda la pantalla.
Con Bertolucci  muere el cine  del futuro,
no me preguntes  por qué.
Rolando Gabrielli 2018©

domingo, noviembre 25, 2018

Futuro

Futuro de Bebenista
Por qué no dejamos la ficción de lado
y nos dedicamos a la realidad
o hacemos de la ficción la realidad,
como si nada fuera a cambiar,  
aunque sea para efectos reales.
La ficción ya es  realidad,
por qué la vamos a confundir,
si  cada día  se hace más presente,
ignora el futuro,
no pide autorización,
porque se siente en confianza
y que importa si damos una paso
adelante, si ya  llevamos,
varios atrás.
Rolando Gabrielli©2018