martes, febrero 08, 2011

Despuès me cuentas


Después me cuentas,
cruces de un mismo camino,
la mañana cabecea en la espesa niebla
y veo pasar los muertos
como postes de electricidad
con sus bolsas de agua dentro de sus ojos
Alguien dejò la linterna
en casa y ha viajado
toda la noche con el retrovisor
hundido en el ojo de cristal
Mi cuerpo  sabe de los pasos que doy,
siempre hay màs fe en la oscuridad.

domingo, febrero 06, 2011

Un ojo viaja a otro ojo
mira a su hermano ciego
vacìo y nada,
ve un paisaje oscuro,
no siempre
se ha perdido todo.

Babel, no me robas

Babel no me robas la calma
ni por un segundo,
tus palabras  ignoran mis banderas,
yo prefiero tu  escalera sin peldaños
donde siempre ha vivido el verano
 en tierra de nadie  con su hojarasca,
el viento negro de las palabras
Què tontas resultaron  ser las vocales
y  consonantes
Verbo amado, un peldaño màs.

sábado, febrero 05, 2011



Hay lugares de excepciòn,
no sabemos donde,
suceden
La gaviota no se enreda
en el mar
Sitios, lugares, territorios,
sin lìmites la palabra
en el no lugar
En cada mañana
hay floreros con aguas
estancadas

viernes, febrero 04, 2011

La bitácora de Rolando Denver

La tomè con las dos manos y leì en su portada: The legendary notebook of Hemingway, Picasso, Chatwin, Rolando Denver. Traìa el olor a nieve de Nueva York y ahora pertenece a las palabras de Limbo city. Algùn dìa, me dije, visitarè la librerìa de donde me la trajeron y escribirè en varios idiomas tu nombre y lo echarè a rodar por  el  Central Park. Todas las bolas de nieve se deshacen, menos las palabras. Olfatiè su plàstico, la abrì, su negra portada y pequeñas hojas. Es tan preciso el destino, vivo en un paìs  que tiene forma de S recostada  entre los dos más grandes océanos del mundo y la selva como un manto de piel verde, exuberante. Tu nombre significa selva, lo que me rodea y hace respirar. El destino, despuès de todo, es algo tan personal. Tiene tantos aeropuertos como andenes, simples paradas. La bitácora salió  del MOMA y ya se sabía su destino de antemano. El encargo era una pequeña libreta, un detalle en el abecedario del papel. Un fetiche para cargar en la levedad íntima de la palabra. Escribir y corregir el verbo en un mismo espacio. Poner en ruta la poesía y la memoria. Nadie sabe cual será la primera palabra. ¿Vocal o consonante? Con cualquier verso verdadero se hace la poesía. El territorio es la pequeña página en blanco a rayas para que la caligrafía tome un curso recto. El poema abrirá la oscuridad de la página en blanco. Le otorgará un santo y seña ya convenido, tácito en lo inesperado.

jueves, febrero 03, 2011

Las raices de Rolando Denver/desde El Sótano kafkiano


La mañana se mantuvo limpia. Una noche cargada de estrellas, venìa conversando con mi memoria, despeja el cielo de toda duda. El parabrisas recibìa temperaturas  propias de la estaciòn y reflejaba un sol eufòrico. Cero nubes y un cielo celeste trazado en un telòn de lado a lado. El verano se sentìa en propiedad, por fin en febrero. Una fila interminable de automòviles serpenteaba sobre el asfalto enmarcado por bosques a ambos lados. Los àrboles se acomodan a la orilla del camino y aguantan el sol y los automòviles que vomitan toxinas como cerdos. Este es el paisaje, una pobre descripciòn, seguramente. Ya el dìa habìa transcurrido con esas reuniones y conferencias internacionales donde se dice tanto de nada. Estaban salvando el mundo delante de mis ojos. Al menos programando algunos acciones o volviendo a repasarlas. El planeta no està para ejercicios, marchas y contra marchas. No lo dije, sòlo lo pensè. Es màs fácil olvidar el amor,  acomodarlo, ponerlo en una caja que contiene otra y así hasta que en la última cajita nadie se acuerda de èl ni para que sirve o si aùn respira con tamaño almacenamiento asfixiante. En los intermedios, la gente se sirve cafè, boquitas e intercambia frases, algunos chismes, otros hablan por celular, llaman a sus casas u oficinas. No sè cuantas reuniones como esta o parecida se estàn celebrando en el mundo entero y no està sucediendo nada. Una rubia se sabìa el libreto de memoria. Su voz neutral me adormecìa.Un castellano perfecto. Su traje floreado rompían el cerco estrecho del colorido opaco del teatro. Ella sonreìa por cada frase. Tomè notas. Unas 333 sonrisas. Contaba de memoria. Piel estirada, un cutis impresionante, italiano dirìa, ese cuero con tradiciòn. Nunca esquivò una pregunta, ni se saliò del libreto. Me dio la impresiòn  tan pronto recibì su primera sonrisa, que  conocìa el nombre de todos nosotros. Estàbamos en su bolsillo. El teatro tenìa el aspecto de un sitio de reuniones castrenses construido durante la Segunda Guerra mundial.  Cuàntas veladas  bajo el aire acondicionado tropical. Un gran cortinaje daba misterio al teatro. Al principio se fue el sonido. Era como ver a Charles Chaplin. Eso sòlo fue la presentaciòn. La rubia hablò con el micrófono y se sentìa a gusto. Dominaba el escenario, como corresponde. Ingresè a mi memoria unas cinco conferencias nuevas. Numerosos datos, cifras, conceptos, anècdotas, experiencias en otros paìses, comparaciones y me sentì  por momentos complacido de pertenecer a este club selecto. En ese momento  todos sabìamos y soñábamos lo mismo, sòlo ignoràbamos cuantas sonrisas màs lanzarìa a la platea la rubia de oro. El aire me parecìa màs puro afuera. Una gordita asentìa con la cabeza y movìa, balanceaba el pie derecho. Estaba hipnotizaba, pensando de seguro en el cofee break. ¿Encantada en el placer y como consentirlo? 
Ahí se habló y habla inglés. Todas lar órdenes se daban en inglès. El mundo no iba bien. Eso lo sabìamos casi todos. Ella sòlo asentìa, avalaba las palabras como un reloj cu cú sin el pajarito. Me impactò el escenario. Me imaginè a un grupo de soldados cantar  o actuar en una obra de estas comedias estùpidas. Debiò pasar eso y màs. Quizàs alguien fue condecorado allì. Los generales jugaban golf.  Hablò màs gente, pero la rubia atrajo todas las buenas ondas del recinto. Algùn cumpleaños importante, fiesta, aniversario, globos, esas cosas de fiestas. Pensè en un Halloween masivo. El aquelarre de las noches americanas con sus misteriosas cadenas.  Las mamàs con sus calabazas. No era para menos. Voz de locutora sesnible, no chillona, ni menos impostada, cadenciosa, sobria, para dormir en un sauna. La gorda ya estaba rendida, ahora cabeceaba. No sé cuantas notas tomè. No las volvì a leer porque no parecían mìas. Ni siquiera cuando volvì al Sótano, en medio de ese cielo tan limpio. No dejè de mirar el cielo. ¿Què esperaba? ¿Un milagro? ¿Nadie se dejarà caer? Las palabras se habìan quedado en el teatro, en otra època. Algùn soldado las sabrìa guardar como un cofre oxidado de esperanza. No sè. Algo así. Yo repasaba màs bien el escenario. Su historia  ya escrita. Lo que había detràs del telòn. Esos soldatitos campesinos con sus ojos azules no sabiendo en que pensar. Un pasado reune cartas que no siempre conocemos. El Sòtano es un filtro oscuro como si estuviera moliendo cafè. La noche pone de lado todo. Congela el dìa. Ya no es su turno. Le invita a reposar, alvidarse de sì mismo. Le oscurece el panorama al màs pintado. Bajè el telòn para que la rubia fuera a descansar. Solo dejo la sonrisa y su traje de estampados. La melena  me parecìa importada de alguna peluquerìa. La dejè pasar y que ocupara su lugar, pero no en mi memoria.
 El Sòtano, al otro lado de la ciudad,  tomaba palco. Quizàs esperaba algo. Su discreciòn es total, asì  que no debemos màs que suponer. Mucha confianza en sì mismo. Ausencia de retòrica. Màs bien eco de los demàs. plena concentraciòn en sus fuerzas. Es el dueño de la làmpara oscura que pone a brillar en un abrir y cerrar de ojos. La noche no confunde, se presenta tal cual es. No me encontraba con la imagen, porque los ojos  no cuadraban lo que ya se habìa transformado en un paisaje difuso. No  veìan simplemente.  Los cerrè involuntariamente y sentì los pasos de un àrbol gigante.  Los párpados pesados en medio de un gran follaje que avanzaba lentamente y acomodaba sus ramas que vivían al aire libre. El Sòtano se estremeciò y aunque sabìa de este personaje, las hojas comenzaron a volar como en una danza espumosa, frágil, divertida.  Iban y venìan los papeles formando un oleaje blanco, con espuma de tina de baño y de olas que mueren lentamente en la orilla y las recoge el mar. Esa marea casi de luz contrastada con el oscuro  Sótano, en su duermevela de fin de dìa.  El àrbol Gigante se sentò frente a mis ojos, El Sòtano me empujó el codo con disimulo, como diciendo, ahì està, atièndelo. Venìa cansado. EL gigante había perdido las hojas. El verano  parece otoño en el trópico.  La falta de agua  se palpaba en su mirada profunda, un aire de alguien coherentemente despeinado, sin perder la dignidad en ningún momento. -Aquí no necesitan sombra, dijo, entre irónico y complacido que su presencia no era utilitaria.-Lo difícil es hacerle sombra a un árbol, más al de tu tamaño, me sopló El Sótano, animado con este encuentro. Escuchó y sonrió. -Veo muchos papeles aquí, no quiero pensar cuantos árboles han muerto. -Soy tan solo un lugar,  a veces un depósito, un espacio dentro de la ciudad,  ignoro que hay sobre mis hombros, en la superficie, dijo El Sótano, sintiéndose aludido. Me multiplico como salas de reuniones, pasillos, cubículos, pequeños rincones de la nada. Un espacio que recupero en las noches, la madrugada, cuando ya nadie pisa mis baldosas y la ciudad se retira como mar adentro en la marea de sus olas. Todo vuelve a nada y El Sótano me habla, sueña, su oscuro paraíso  flota al amanecer y estira más o menos la dimensión del último resto de la noche  y espera el día. Entrañas de un mismo fondo  oscuro, oscuro. El gigante del trópico carraspeó, para llamar la atención, estiró y encogió sus ramas porque no daban el ancho. Unos cuadros se corrieron de la pared y no se incomodaron, más bien ees sirvió para acomodar los huesos. -He cruzado la ciudad, dijo el gigante, el puente,  estas calles llenas  humo, caminado entre vehículos sorfeando la muerte, olvidando los olores y algunos cuerpos desarticulados de la cintura a las piernas, sudando hasta las raíces, encontrándome con rascacielos con sus ventanas cerradas. Una mañana sin nubes afortunadamente. -¿A qué viniste, viejo zorro?, le interrumpió el discurso  A verte y a contarte que esta mañana me abrazó  Rolando Denver y escribió su nombre en mi corteza. Una amistad imborrable.

martes, febrero 01, 2011

De mirlos



 

¿De qué murió la muerte?,
el mirlo cae  con otros mirlos
De la mano de un Dios
sacrificados bajaron
con sus alas muertas,
 un sueño devastado.
La tierra picotea el pájaro,
 la muerte con asombro
se echa a dormir
en sus alas.
Rolando Gabrielli©2011

 


El ataúd de oro de Zsa Zsa/desde/ El Sótano kafkiano

Ya no quedaba nadie. Un silencio estremecedor. Los ratones quietos de las computadoras. Algunas pantallas intermitentes. El negro oscuro del Sòtano pintado de negro imperturbable en la noche negra, de vagas luces  indirectas titilantes. Del niño que aparece  algunas noches, no he tenido noticias. Esos ruidos fantasmas, la voz apagada del espìritu. Estoy detràs de una gran vitrina. Ni el eco de los pasos de los clientes. Mujeres con sus tacos agujas. Traen  su olor de los aeropuertos en los trajes. Risas, conversaciones de pasillos, gestos, celulares rabiosos, citas, besos en la recepciòn. Todo fue, dejò de flotar, se evaporò en el dìa. La rutina se marchò. Los dìas aguantan las horas que tienen.  La ciudad ardía sobre el Sòtano. Un verano esplèndido, para tuberculosos. Sòlo estaba solo  Rolando Denver. Limbo city era una vaga presencia en el atardecer. La mejor hora para  olvidar la realidad. Esa manera espantosa de vivir el presente o ese ejercicio de la retòrica diaria. Alguien le puso nombre a los días y tiempo al tiempo. La filosofía es un sustituto de la vida. Casi es mejor improvisar. Recorrer los cementerios sin la pretensiòn de quedarse. Reír frente al bosque. No besarse en los automòviles contaminados. Caminar siempre al revès del destino dejer que el trèbol de cuatro hojas llegue sin buscarlo como la mujer amada. Basta que la memoria pueda retener un buen paisaje. ¿Reciclar es la consigna?, pero con los ojos abiertos. El Sótano se mira asimismo desde lo profundo. No es tan ingenuo. Sabe ocupar su lugar. Discreto. Ofrece el sitio para que  nosotros construyamos. Le doy un vistazo a este animal solitario y oscuro, que casi camina cabizbajo, no sé, como un mamut prisionero y me dan ganas de  darle una palmada en la espalda. Es fiel a su lugar, en él no existe el no lugar tan acomodaticio, filosófico, esquivo, existencial, anàrquico, exquisito. El Sótano respira màs aliviado, todos subieron a la superficie. Sintiò el pie salir del último escalón. Ambas escaleras quedaron subiendo y bajando solas. Ida y vuelta.  La noche con el cielo limpio del mediodía. La memoria repasa el dìa. La noche le da vuelta a la noche. Una rueda oscura gira como si conociera el camino. Una vuelta màs y la noche avanza.¿Cuàl serà la que anuncia el amanecer? ¿Traerà tu rostro frente al mar? ¿El Sótano ignora el tiempo? ¿Deja una puerta abierta a la memoria? Escucha dice cuando el silencio es lo ùnico aparetemente real. Zsa Za Zsa, como si la abeja reina dorada se fuera despidiendo de su panal. Un rumor de azucenas frìas y voces que no son murmullos, sino pequeños espejos de otras lenguas. Zsa Zsa, un alfilel clava la mariposa. En el circuito posible y  porbable de El Sòtano, donde toda  realidad se reduce al espacio de la imaginaciòn, veo pasar el ataùd de oro de Zsa Zsa Gabor, la diva que arrodillò a Hollywood y a los 9 magnates  que le adoraron  de uno en uno. Fiel a su corona, nos deja que su belleza se despida lentamente para no opacar la Belleza.

Thomas Merton volviò a nacer (me enseñò a ser extranjero)

"En cierto sentido, siempre estamos viajando, y viajando como si no supiéramos a dónde estamos yendo...T.M.
El desierto, el silencio, la oscuridad, el vacío...

Fue el 66 del siglo pasado cuando nos enteramos de la vida y obra de T. Merton, el monje trapense, guìa espiritual del poeta Ernesto  Cardenal, quien  compartiò el claustro en Kentucky y  las enseñanzas de su maestro. Éramos jòvenes e indocumentados de la palabra, leìamos todo lo que caìa en nuestras manos. La poesía era un raro gusanillo que en las noches volaba, se convertìa en mariposa. La palabra parecìa encantada. Podìamos ayunar con tanto verso devorado. La palabra como un monje consumido  por la luz. Thomas Merton fue poeta. Cantò en silencio a la vida.Llenaba la copa en el misterio de sus días. Me enseñó a ser extranjero, sin fronteras, ni lìmites, ni muros.
Naciò en Francia un 31 de enero de 1915 y muriò electrocutado en Bangkok en 1968.ESTO ES AMOR....


“Vuelo en alas del amor por toda la casa. Tengo la impresión de andar dos pasos por el suelo y cuatro por el aire. Esto es amor: Y es consuelo. No me preocupo si es consuelo. No estoy apegado a las consolaciones. Amo a Dios. El amor me lleva por todas partes. No quiero hacer nada más que amar. Y cuando suena la campana tengo que dominarme apretando los dientes, porque este amor, amor secreto, amor escondido y amor oscuro, bulle dentro de mí y fuera de mí, donde no me cuido de hablar sobre él. En todo caso carezco de tiempo y de fuerzas para tratar tales materias. Sólo me queda tiempo para la eternidad, es decir, para el amor, el amor, el amor.

El amor me empuja por todo el monasterio, me hace moverme de un lado a otro, el amor es lo único que me permite seguir adelante. El amor, cuando comienza, lleva un paso tan rápido que hay que sujetarse bien para no caer. Cualquier ritmo de celeridad es demasiado lento para el amor; en tanto que ninguna velocidad es excesiva para uno cuando se deja arrastrar por el amor. Tras ello sólo queda bogar de continuo sobre su corriente.

Esto me abrasa. Estoy completamente agostado por el deseo, y sólo acierto a pensar en una cosa: permanecer en el fuego que me quema”.

Thomas Merton

lunes, enero 31, 2011

Una làgrima
nace, crece y muere,
conoce su origen
y destino.
¿Què màs puede
pedirle a la vida?
Rolando Gabrielli©2011

Walt Whitman y Violeta Parra

" ...emito mis alaridos por los techos de este mundo..." Gracias whitman!!!!!!!!!!!!! què vigor!!!!!!!!! què poeta!!!. Hoy en este inmenso verano del 2011 del hemisferio Sur, el viejo me acompañò con unos poemas de lujo, què claro tenìa la donaciòn de su humanidad., los derechos humanos de darse sin jerarquizaciones de clase, desde una concepciòn planetaria de celebrar " una hoja de hierba " y "el sì mismo", què lucidez del "ahora", del tiempo para dar la estrofa. Casi como el espìritu de un marinero en alta mar, proa y adelante, no se interrumpe la vida. Contra viento y Marea. Vitalidad manìaca y heroica, sensibilidad masculina y erotismo de cuerpos para ser disfutados, contemplados en su belleza. No querìa perderse la Vida, pero tampoco la retaceaba, porque su legado invita a lanzarse. No fue un egoìsta, ni un melancòlico, fue un guerrero. Què falta le hubiera hecho a violeta Parra un encuentro con Whitman, y cuànto paternidad le hubiera despertado violeta al Viejo.Me los imagino caminando por la carpa donde ella actuaba, en la tristìsima y digna tierra que formarìan los pisos, èl viendo un palacio en el brillo de sus ojos anticipatorios y triunfales , en algùn momento determinado le hubiera dicho:- Violeta , eres pequeñamente grande.
Y en ese abrazo pronunciado desde el lenguaje la vida de ella hubiera cobrado la valoraciòn necesaria para no cortar las alas con la tierra.
Los dos dejaron sus alaridos, quizàs formaban la dupla paradògica de la existencia humana que enuncia Freud: Pulsiòn de vida y Pulsiòn de muerte, como dos polos coexistiendo en un mismo Ser, librando una batalla sostenida en el pulso de los dìas. Hoy ya guerreros en otros planos de ilimitados alfabetos, dorados , por cierto, como las palabras dadas. (M.A.)

viernes, enero 28, 2011

Les va este pez


Les va este pez
sin agua,
del rìo al mar,
muerto en la pecera.
Mi infancia
lo atribuye todo
a la falta de amistad.
Rolando Gabrielli©2011

jueves, enero 27, 2011

Hola, ¿cómo vas?

Hola, ¿cómo vas?
Arando en el mar
la piedra filosofal
que descifraràs.
¿Y tù?
En el desierto
mirándome en el espejismo,
a ver si me  pasas
a buscar.
Rolando Gabrielli©2011

martes, enero 25, 2011

Fuga, deserción, olvido/desde el Sótano kafkiano

Se sumergiò y consumiò en  sí mismo como el pez banana. La realidad busca explicaciones màs allà de sus capacidades. El silencio nos hace pensar equivocadamente que las palabras sobran. Es un dicho viejo y pegajoso, repetido. Me distancio de las palabras que sobran. J.D.S, terminó aparentemente con todo lo que le sobraba, la vida que no quería cargar como un cuerpo independiente, silvestre, al aire libre. Se encajonó en su propia distancia y  se ausentò hasta el final de sus días, a su manera. Casi lo volviò a ver solamente su espejo y su contacto mayor, màs íntimo, pasó a ser su inodoro. Ese mismo que se subastó reluciente como si nada hubiese pasado, despuès de su muerte: flamante, útil y que podrìa transmitir lo que sus fanàticos seguidores buscaban  en un Salinger que no necesitó de despedidas para cumplir con el ritual del misterio. No borraba huellas ni pistas, simplemente guardó el mundo en la caja vacía de los recuerdos por olvidar. Al final solo vimos un inodoro blanco, albo, tradicional, como si todo lo escrito despuès de El Guardiàn entre el centeno(The Catcher in the Rye) lo hubiese lanzado por el desague de la vida. Nadie debiera rendir cuentas a nadie, si no es un funcionario público. Y desde luego son los que menos rinden cuenta. Y un escritor, despuès de todo cuando  hace uso público de su palabra, ya no puede borrarla. ¿Este es el pasajero que debiera entrar en el tren de Kafka?  ¿Viajar como la nube errante que tambièn te lleva a paraderos desconocidos? ¿El no espacio, no lugar, no tiempo.? Nadie debe escribir por ti la última palabra. ¿JD Salinger convirtió en humo sus palabras? El mito crece a expensas del misterio, de lo no dicho ni actuado, aparentemente el rumor es la ola que se apodera de lo que pensamos es o se ha transformado el personaje.
El era pasajero de su propio misterio, huía de sí mismo, no solo de la gente y ni a él parecía importarle lo que venía por delante después de entrar a la gloria literaria, que abandonó por sentirla un compromiso quizás más pesado que la Segunda Guerra Mundial, donde combatió y se trajo todo el abandono que pudo acumular y vivir por el resto de su larga, compleja, frustrada, impenetrable solitaria y huraña vida. ¿No saliò de de asombros abismal? Quizás comprendió que la deshumanización del ser humano que pobabla la humanidad y se sacaba sus ojos cuervos en el frente de batalla y en los sórdidos campos de matanza y concentración, era una realidad que tomaría cuerpo, no de paz, precisamente, con el correr (roer) de los años.
Toda descripción especulativa afirmada en algunas anécdotas, declaraciones, desplantes del personaje, puede terminar en retórica pura , aunque los hechos sean reales, se repita hasta obsesionar al público lector o a quien realice una pesquisa para descifrar algo que pertenece a una compacta madeja de hilo.
Yo esperaba El Tren de Kafka, cuando El Sótano adquiere su verdadera y real personalidad y  comienza a soñar la sombra como si la luz existiera para contradecirla o justificarla. La máquina circular de la infancia resoplando un viaje a la gran memoria donde el oso hiberna y sueña blancos sueños sin un libreto que los respalde. Una cosa es la etiqueta y otra que lleva el envase, que sucede cuando se agita y pasa el tiempo. Cada cerebro tiene su manera de procesar el medio que le rodea, sirve y agrede. Hay un gran depósito, bolsones diseminados de  soldados post conflictos armados que navegan con sus antiguas brújulas, sobrevivientes tocados por el mortal y esquizofrènico gusano de la guerra. Deambulan en psiquiàtricos, bares, en sus  hogares  solitarios y suelen atacar en supermercados, universidades, escuelas, aeropuertos o aviones. No se descuelgan jamàs del frente de batalla, la trinchera perdida, la selva, el desierto, los lugares màs extremos donde se pierde casi todo cuando se termina con vida.
JDS cuando  regresò de la segunda gran  guerra planetaria, probablemente le preguntaba a cada día cuando se miraba al espejo que hacìa  ahí acompañándole con exactitud y puntualidad. Especulo sobre su encierro y la patada que le dio al mundo despuès de la gran fama que tuvo con la venta del Guardiàn. Imposible saber donde se perdiò o recobrò finalmente, por què huyó sin parar desde que se subiò  al Queen Elizabeth en 1951, rumbo a Londres,  cuando su libro entraba en la ruleta  del azar del mercado. Todo fue tan exitoso que no lo aguantò.  No puedo saberlo, si desconozco por què  no encuentro el otro par del calcetìn aun que he comprado  varios pares iguales. Aùn asì pierden a su hermano. Son los misterios màs simples.
Yo recuerdo haber perseguido una vez por la carretera aledaña al Canal de Panamà al Queen Elizabeth, el crucero que cruzaba por las Esclusas de Pedro Miguel, como si llevara  flotando una  pequeña ciudad por las aguas. Ahora se que ahí estuvo J D Salinger,  en una fuga sin fin. A mì el verano se me descolgaba por las orejas. El trasatlántico, que formaba parte de la saga de las  Queens, flotaba, solo flotaba ante mis ojos fluidamente y unas manos se despedìan desde  lo alto de la cubierta. ¿Todos somos pasajeros kafkianos? Atràs, la selva nos recordaba que estàbamos en tierra. Todo esto es parte de la memoria y el paisaje. Se cumpliò un año de su muerte, nada sabemos si escribiò algo màs, y Kenneth Slawenski acaba de publicar  una biografía  en la editorial Galaxia Gutenberg. El título de la obra es casi un chiste: J.D. Salinger: una vida oculta. Y ese fue su ejercicio de vida, una constante en la espiral de su silencio, esconderse, taparse con su sombra y crear una atmósfera de misterio alrededor de él y su obra. ¿Què estarà escribiendo y haciendo Salinger?, se preguntaba la prensa y la gente e inclusive sus amigos que fueron quedando en el camino. Algunas vagas señales rescataban los paparazzis, como esas fotos que reflejan la angustia del solitario personaje, algo  le molestaba aparentemente y el gesto lo traducía.. Quienes se han detenido en sus personajes y en el mismo, atrubuyen su comportamiento a los traumas de la guerra, a una visita que hizo a los campos de concentraciòn nazi, a su concepciòn del arte: literatura y espiritualidad, porque Salinger  se sumergiò  en  El evangelio según Sri Ramakrishna, y  aprendió el Vedanta y la meditación. De esto da cuenta en una nota Daniel Verdu. A su regreso del horror, se casò con la alemana  Sylvia Welter y  a los ocho meses cancelò ese compromiso. Una relaciòn  fulminante. ¿No estaba preparado para tanta realidad? ¿Ya afloraba el irascible, dìscolo, huidizo, gelatinoso JDS? Entraba y salìa de un imparable proceso de fugas y contrafugas contenidas por  la fragilidad misteriosa  de si mismo. Verdú precisa,  citando tal vez la biografia : "Salinger se peleó con su mentor Whit Burnett, quien había publicado The Young Folks, su primer relato; se enemistó con medio gremio editorial, exigió que su foto no apareciera en la contracubierta de sus libros y acabó enfadado con sus mejores amigos (como su editor inglés James Hamilton). Al publicarse la novela, se pasó las horas deseando que desapareciese de las listas de los más vendidos."
Difícil dar con la cara de la moneda de algunas personas. Desbrozó un bosque de 36 hectàreas en Cornish  en búsqueda de sol y paz. Ahì se atrincherò con Claire, su segunda esposa, y dos hijos. Se relacionò con los jòvenes de su entorno, apunta Verdú, -ya lo sabìamos, es historia vieja, la de un soldado agotado por su existencia y fama,- y al ser traicionado por un estudiante que publicó un trabajo destinado para una escuela, volviò a su concha. Su misticismo para algunos, olía a enajenaciòn. Sentìa el medio hostil que se filtraba por sus coyunturas y no podìa ablandarse ante las amenazas de muerte. Rechazò una invitaciòn de Jacqueline Kennedy a la Casa Blanca, lo que no es poco decir, y seguramente, ya estaba ausente. Su ego, de acuerdo con sus lecturas Zen, rechazaba esos actos mundanos, quizàs. Pero una frase Zen tambièn dice que cuando llegues a lo alto de un montaña, sigue ascendiendo. Todos los fuegos ya eran artificiales probablemente para JD Salinger.
(Una biografìa son datos, pesquizas, revisiòn de la obra del personaje, todas las anotaciones y superficialidades posibles sobre un autor. Se ahonda solo en lo que se ve. Lo que està detràs del espejo, resulta ser lo màs valioso en un autor. Jerry, al parecer, de acuerdo con una conferencia revelada  `despuès de la biografìa, no era una persona tan huidiza, se relacionaba con sus vecinos hasta donde pudo, seguramente,  y viajaba a fiestas con un amigo en Londres. ¿Màs letra menuda para el mito?)
Las fotos robadas a la imagen de Salinger, dan la impresiòn que querìa darle una patada en el culo al mundo. Se distanciò del mundo y del mercado. Puso las vallas interiores contra las de la publicidad. Difícil entrar en ese  cuerpo largo, huesudo, apartado del mundo exterior, vivo como un àrbol alejado del bosque. Sonny o Jerry, le decìan  algunos de sus allegados, que cosa tan rara o comùn, en verdad da lo mismo. Lo que debemos atender finalmente, es su obra. Que haya tenido de novia a la frívola de Oona, hija del dramaturgo Eugene O Neill, a quien no amò y despuès se casó con Charles Chaplin, es màs bien anecdòtico. Pesa, tal vez, a la hora de los recuentos frustrantes, y porque  Carlitos Chaplin, fue un personaje grande en su siglo que pudo haberle irritado. No debiò ser pena de amor, sino simple ego. En esa època podìa tenerlo.
Curiosamente, en el anecdotario referido a Salinger, el asesino de John Lennon, Mark Chapman querìa ser famoso y hacerse notar. En la mañana del 8 de diciembre comprò en Nueva York un ejemplar de El Guardiàn entre el centeno- tenìa varias copias- e hizo guardia en el edificio Dakota. Lo demàs es historia.
Nota:
Otros articulos del autor sobre JD Salinger
JD Salinger, el emperador del olvido
Salinger, la muerte del pez banana
¿La última palabra de Salinger?


lunes, enero 24, 2011

Limbo city day/desde el Sótano kafkiano

Se sentía màs identificado con el nombre de Rolando Denver. Eso sí, estacionado en Limbo city. Las leyendas nacen en los àmbitos desconocidos. Un punto geográfico pasadillo para no ser descubierto o conocido. Siempre se identificó con los caminos que se bifurcan. Las encrucijadas le permiten escoger hasta al Águila. El Cóndor, en cambio, lanza su aeroplano mayor sin ninguna otra alternativa que atrapar con sus feroces  garras la presa en turno. El aire se corta en un chasquido de dedos. y el eco es como un bostezo. Así el tiempo, las cosas, lo que va y viene, el viento de la  literatura se convierte en realidad cuando no existe. Todo era posible hasta lo imposible, ni lo que llaman regularmente la buena fortuna. Lo que se  dice corrientemente al alcance de la mano.  En Limbo city se puede caminar al revés y nadie lo nota. No es ninguna cábala ni tiene resultado respecto de la prosperidad ni lo que llaman la buena fortuna. Eso no se lo deseo a nadie, es absolutamente aburrido, idiota. No existe dirección alguna y cada movimiento contradice a otro, como las señales del tránsito. El humo tiene una mayor consistencia.  El mundo allí, en Limbo city, también se filtra por alguna de las rendijas digitales.  Su consistencia es gelatina  frágil. Es divertido verlo desde allí., como un caleidoscopio negro que se regula por la humedad y las lluvias. Es una película propia, este L.c.. Aquí no ha pasado nada. Los muertos se entierran en todas partes mirando el màs allà. De una orilla a otra orilla se llega sin respiraciòn finalmente. El gusano se arrastra de la misma manera.
No era necesario ser un clàsico, vivir en NY o Parìs, RDenver, para presentarse  ante este oficio desnudo y dejar correr el libreto de la realidad como si fuera escrito por uno mismo. Bajo la lluvia, que lava todo o en verano, sol de febrero, pueden ocurrir el mismo puñado de cosas sueltas que no se atan fàcilmente y vuelve a ti como la imagen de un desconocido frente a tu espejo. No quiero decir estas cosas y tampoco otras. Existe un orden, probablemente, una manera de reagrupar los sueños que la memoria repasa y no olvida. Es cierto, pero el caos es el orden verdadero. Anoche soñè con la ciudad prometida bajo la nieve que la cumbre por esta època del año. Una profesora, con quien alguna vez crucè unos mensajes, bebìa un cafè en un local àrabe y leìa un libro que habìa escrito para ella. Sonreìa como si conociera las palabras. La ventana descubrìa su rostro que aún me hechizaba detràs de la nieve y  lo iluminaba  una boina roja que no se habìa desprendido de su cabeza. Nunca le habìa visto tan dichosa. Su blujeans, de un azul intenso, tenìa una rotura a la altura de su rodilla. La moda le asentìa como a una adolescente.  Evitè caer en el sentimentalismo y me salì del sueño. Por esos días, Rolando Denver leìa J. Kerouac y dormìa con un hermoso sueño complemetamente sin sueños. Recorría las calles que tal vez nunca conocerìa. ¿Esas son las inolvidables? Dejar huellas sobre la nieve no es nada definitivo. El viento suele expresarse de una manera parecida. Hay señales que uno reconoce dormido.

domingo, enero 23, 2011

Diario a fojas cero/del Sótano kafkiano


La rata de enero roe el calendario y maquilla su sonrisa detràs de su larga cola, la estaciòn ha vuelto a su verano con hojas sueltas, tiempo a fojas cero. Es como en el principio, lo nuevo, el gas del universo,  la fragancia en el rosal  que esconde la espina. El tren de Kafka pasó con un pasajero. Lo soñé así. "En un andén que era un viejo aeropuerto, apareció la estación Kafka con el pasajero kafkiano sentado como maquinista, conductor de su viaje, destino que no era otro que dar vueltas circulares en el Sótano. Por eso lo vi frente a mì, vestido impecable de negro como si presidiera el ataúd del mundo. Oye, Franz, dinos unas últimas palabras para los ciudadanos de Limbo city. (El tren seguía en círculo sin detenerse como en la infancia  y su conductor lo guiaba con una gran maestría como si conociera todos los laberintos del universo) Mi voz no le llegaba porque en los sueños màs bien se susurra y las palabras viajan por un pozo sin fin.  Lo que se escuchaba con claridad absoluta como si llenara la noche, era su risa, se reía a mandíbula batiente. De pronto sacaba unos letreritos luminosos. Kafka anda de viaje. Súbase al tren kafkiano. Después de mì, todos somos kafkianos  ".

sábado, enero 22, 2011

Del diario de Franz y B./desde el Sótano kafkiano

Hola Franz, como si estuvièramos en Praga y cruzàramos sin tiempo ni voz, arrojados en un bote sobre el Moldava y la historia se deslizara en un tobogàn fuera de nuestro alcance. Oh mundo real, a quien soplas al oído tus historias fantàsticas/con tu perro andaluz provinciano/y ejecutas ebrio de felicidad a Mozart/La casa tiene dos tres cuatro puertas/y seis ventanas para verte mejor/Todo en su lugar/menos tù manzana de la discordia/Si guardaste el paraíso/en algún lugar desconocido/menuda tarea para historiadores arqueólogos del deseo/simples estafadores de la palabra/juntemos el bien y el mal/en una calabaza vacía/hasta nueva orden./Rueda conmigo.
Este año no tendremos verano. El Norte helado y el Sur ardiendo  en llamas. Las lluvias fuera de estación en esta parte del mundo atrapada entre dos océanos. Un día sí, otro no. Como un carrusel de dudas, el tiempo y lo que no se repite, como en los viejos tiempos: en off. El Sótano en sus sombras màs profundas baja hondamente  la oscuridad de Kafka, la travesura verbal del loro perdido en la memoria. Aquí está su risa en el lugar ideal que propuso para escribir, arrancarle un pelo a sus demonios. No es eso a lo que aspiras endemoniado lector, frustrado internauta. Que yo me siente en la silla a monologar. Por Dios, papá, mamá, sigo soltero, sin compromiso. Que a otro le reciten tus desgracias, ha bajado el telón sin comedia ni autor. Un libreto màs en la oscuridad. ¿El lado B es màs oscuro que el A? Prefería en mi adolescencia los Long play, sí, los larga duraciòn, para estar màs tiempo en la pista  y dejar que la mùsica se apropiara adecuadamente de tus oídos. Una atmósfera lenta en cascada, menos ruidosa que las palabras, màs sinuosa que las olas. ¿Qué había en el cuarto antes de entrar con las flores? ¿Por dónde iràs en tu último viaje? ¿Con quién conversaràs extranjera? Sé que la noche de Kafka nos espera.
B era un invitado de nuestras tertulias. Andaba en otro tren, pero era un pasajero habitual de caminos similares en otro tiempo. B está entre A y C.

viernes, enero 21, 2011

Papeles que vuelan/desde el Sótano kafkiano

En el acomodo de las luces y sombras, el Sótano es la expresión del eco de los pasos que el día acumula para vaciarse en la noche. El mundo y las cosas tienen su propia definiciòn, un espacio para cada  quien. No es la filosofía precisamente la que recrea el lugar, ni las palabras de ocasión, sino màs bien el murmullo de las conversaciones cotidianas. Es muy simple lo que sucede y se evapora como una canciòn de moda. Es tan volátil todo, como esos papeles que volaron de tus manos y te pertenecían absolutamente. Los papeles contienen esa verdad, como los poemas, son tangibles, tienen cuerpo, físicamente pueden desplazarse màs allà de las palabras. Fuera de los documentos oficiales, los papeles van desapareciendo y no es que no salgan de los árboles, sino se les arrincona, condena, sepulta. ¿Los papeles morirán de pie, como los àrboles? La noche del Sótano es para absorver todo lo que el día no recicló en su debido momento. Es el cedazo perfecto de la oscuridad y me inclino ante su luz titilante. Mi maestro Kafka està aquì esta noche y coincide con estos pasos silenciosos que la palabra otorga a una nueva  jornada de la escritura. Hundir la memoria  hasta donde sea posible y dar con el reverso de la página. Asistir al revès de lo derecho y dejar que la sombra se oculte, para que vuelva mansa, tibia y te abrace. ¿Una sombra de nieve es blanca? Sobre la cabeza del Sótano, arriba, deben estar ocurriendo màs cosas, como en el mundo. El pesado  tráfico ordinario vehicular marca las pautas a  la lentitud de los desplazamientos nocturnos, a una noche que no termina de hacerse. El neòn oscuro brilla por tu ausencia. ¿En la superficie se está màs cerca del cielo? Sólo es una pregunta. La rueda de la tierra sigue girando y  algunos adolescentes viejos dictadores como Baby Doc, vuelven al sitio del crimen a poner la cereza a la calavera de la muerte. Mientras Haití se hunde un poco màs cada día en la desesperación y en el olvido internacional, el último de la dinastía de los sàtrapas haitianos, que se asiló en Francia despuès de despojar de unos 800 millones de dólares al màs pobre de los empobrecidos pueblos del mundo, arribó a Puerto Príncipe a "ayudar" a los habitantes  de una isla aislada, rota, cuya población mayoritaria sobrevive en un paisaje desolado. Es un pueblo  azotado por el cólera, que al independizarse de  Francia, el primero de América, tuvo que montar en cólera. Un día suma otro día. Seguiràn sucediendo cosas. Un díario resiste las 24 horas. La vida va un poco más lejos cuando dejas de ser una larva insignificante.

jueves, enero 20, 2011

Día day dos/desde el Sótano kafkiano

¿Dónde estàn mis lectores, preguntò la página? Se parte de cero y se nombra lo desconocido. El pájaro cucú canta para nosotros. Es lo nuevo en un mundo cargado de acontecimientos inverosìmiles, pero reales. Desde un Sótano se le puede tocar la oreja a un Lobo, pero no hablarle al oìdo. Si supièramos quien carga las palabras, no estarìamos leyendo en dos ciudades distintas un mismo poema. Me estoy perdiendo el cambio de semáforos y la publicidad de los neones que brillan para ojos incautos. No se puede encender una misma luz dos veces donde no hay oscuridad. Anoche soñé que estaba en el Sótano levitando en un mar de letras y un cuervo me leìa las malas noticias. De alguna manera alcancé a llamarle Edgard Allan, como si le importara que le hubiese reconocido por el brillo de su ala izquierda. La mirada siguiò siendo cuerva, nunca dudè de ese gesto. Cuando supe que estaba  algo distraído, le dije a modo de zuzurro, màs para mì que para él: cuervo bostonianoNo todos los cuervos dicen nunca màs. De ninguna manera iremos màs  lejos que el cristal que me devuelve tu pasado y vuela por la noche cuerva de alas cuervas. Oscura, oscura es la noche.

Las moscas

Las moscas
son felices
jodiendo.
rolando gabrielli©2011

martes, enero 18, 2011

Diario/desde el Sótano kafkiano

No es el comienzo ni el final de una novela. Hay temas que nacen agotados en sí mismos. Este podría ser uno. No soy de los que ponen límites a las cosas ni a las personas. ¿Quién es uno? Habría que averiguarlo. Me da la impresión que esto lo había contado antes. Al menos lo soñé, pasó. No existe ninguna prueba, ni libreto que responda a esta interrogante o afirmación.  Es un elemento propio  de la escritura. Hay que convertir la derrota y frustración en literatura. No es un ejercicio menor. La ficciòn no es tan miserable. El Sótano es el lìmite de la noche, privilegio del espacio kafkiano.  Planos, luces difusas,  el gran ventanal que asemeja un centro de controloradores en un aeropuerto subterràneo. La pista pareciera trazada para viajes infinitos, sin partida  ni llegada. Los pasajeros no dejan de volar. Aterrizan en el circuito imaginario de su memoria. El día ya no vestía ropas, toda la noche había entrado al Sótano y no se necesitaba màs oscuridad para observar que había detràs de los rostros que pasaron frente al ventanal. Alguien habìa dejado en la mañana su rostro en la almohada tibia de la mañana. El aviòn decolaba bajo la nieve y un frío intenso, abandonaba el invierno en estado crudo. Un lugar para la desolaciòn. Absolutamente yerto. Un paisaje que se olvida asimismo. Los ojos estaban al otro lado del ocèano. La ropa tèrmica colgada con alegrìa respiraba su confinaciòn, cuando el invierno estaba en pleno apogeo y màs debieran necesitarla. No era su momento, pero ya volverìa a calzar el cuerpo con plena confianza de que seguía siendo necesaria, útil, indispensable. Se apoderarìa de cada una de las piezas vitales y las inmovilizarìa durante su permanencia diaría, en señal de protecciòn. Brindaba los servicios de una càrcel, pero era su trabajo. Es mejor que le comprendieran. Tuvieran paciencia. Trataran con confianza. Todos saben, la ternura requiere de oficio. Lo sorprendente es que en menos de 48 horas, al otro lado del ocèano, se enfrentarìa con una tormenta eléctrica y granizada de verano, de esas que ya no permiten tener fe en el tiempo. Yo ya estaba leyendo Los Vagabundos del Dharma de Jack Keourac.

La mosca

Jode, jode,
la mosca
hasta que pierde
la vida.
Rolando Gabrielli©2011

lunes, enero 17, 2011

No conozco Tucson


No conozco Tucson pero he soñado con la muerte,
el fantasma que recorre el desierto de Sonora
con el perro dolido de su corazón
La muerte entra al otro lado de la cerca
 pasa intacta vaga  sin sombras
agachada sulfurosa  soberbia
se instala acomoda como en el cine
con sus guantes negros de fantasía
acaricia las butacas y arrastra
su cuerpo de àspid  egipcia,
hipnótica nos deja sin habla.
Sol que te apagas en un clic
y cerrar de ojos brillas
en el desierto de Sonora
con tus muertos anónimos
No es miedo el despertar
en un cuarto vacío de la infancia,
sino es que la muerte
nos matarà finalmente
a todos.

domingo, enero 16, 2011

Un bosque

¿Un bosque
es un secreto
que aguarda
en el camino
o es el silbido
de un desconocido?
Rolando Gabrielli©2010