Un tipo descreído,
sin país,
generación,
ni piso,
exonerado en los
70
por ese destino
que la historia
muerde el anzuelo,
arrastra la
República y sus barrancos
al sur de los
abismos.
Inédito casi de
por vida y convicción,
sobreviviente
tenaz, visceral
en el País de
Nunca jamás,
pasajero sin
papeles en los 80 y 90,
en Limbo city,
tránsito,
poeta extranjero,
autor anónimo y
biógrafo implacable
de la inocencia
perdida,
viajero del
círculo vicioso,
del amor y del
olvido,
paracaidista en
caída libre y vertical,
frente al poema y
la derivación de sus aguas,
devoto de la
palabra,
lengua del pez y
la memoria,
oscura respira en
tu garganta.
Todo se refleja en
algún espejismo,
Por algo le llamó
Utopía,
Belleza
enigmática, dijo,
El aire está en
todas partes.
Coleccionista de
ciudades desconocidas,
Praga, Dublín,
Denver,
de metamorfosis
kafkiana,
lector de
folletines y poesía,
novelas con
matices de realidad,
audaces historias
románticas
insaciable
devorador de fantasías.
Ha plagiado en más
de una ocasión,
En búsqueda
del tiempo perdido,
sin ningún éxito,
¿Literatura para
el olvido?
(El mundo camina
por calles paralelas,
senderos
estrechos, vacíos,
rodeado de muros,
tristes muros fronterizos,
bocinazos y
pájaros que revolotean,
sobre el asfalto y
el aceite que devora
la capa de ozono,
el cielorraso de cada día)
Una luz tiene tres
colores,
nos guía hacia el
fondo del mar y gira,
todo es posible,
también respirar,
amar el rojo
atardecer, el sol
que brilla de tus
ojos,
por ejemplo,
deslizarse,
sobre tu ombligo
de plata, ciego.
Los árboles aún
permanecen de pie,
la naturaleza se
sacude la sombra,
devora el paisaje
que cae con sus hojas,
sigue la línea
invisible del horizonte
El mundo come de la mano digital.
Migajas, migajas.
Rolando Gabrielli2024
A Skeptical Man
A man of no faith,
without country, generation,
or footing,
exonerated in the ’70s
by that destiny,
which history bites like a hook,
dragging the Republic and its ravines
south of the abysses.
Unpublished nearly for life and by conviction,
a tenacious, visceral survivor
in the Neverland,
a paperless passenger in the ’80s and ’90s,
in Limbo City, in transit,
a foreign poet,
an anonymous author and relentless biographer
of lost innocence,
a traveler of the vicious circle,
of love and oblivion,
a skydiver in free vertical fall
before the poem,
in the drift of its waters,
devotee of the word,
tongue of the fish and memory,
dark breath in your throat.
Everything reflects in some mirage;
for a reason, he called it Utopia.
Mysterious beauty, he said,
the air is everywhere.
A collector of unknown cities—
Prague, Dublin, Denver—
of Kafkaesque metamorphosis,
a reader of serials and poetry,
novels tinged with reality,
bold romantic tales,
an insatiable devourer of fantasies.
He has plagiarized on more than one occasion
In Search of Lost Time,
with no success at all.
Literature for oblivion?
(The world walks parallel streets,
narrow, empty paths,
surrounded by walls, sad border walls,
blaring horns and birds fluttering
over asphalt and oil devouring
the ozone layer, the ceiling of every day.)
A light has three colors,
guiding us to the bottom of the sea, spinning,
everything is possible, even breathing,
loving the red sunset, the sun
shining from your eyes,
for example, sliding
over your silver navel, blind.
The trees still stand tall,
nature shakes off its shadow,
devours the landscape falling with its leaves,
following the invisible line of the horizon.
The world feeds from the digital hand,
crumbs, crumbs.
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