sábado, mayo 16, 2009

La navaja






La navaja
trabaja
con su filo
siempre
en silencio,
baraja el brillo
a uno
y otro lado.
Rolando Gabrielli©2009

viernes, mayo 15, 2009

Del volar







Rìmame con dolor,
amor,
que duela
y vuele el pàjaro
con su pàjara
a la cima
de la rima
encima de cada ala
con sus picos hundidos
en su plumaje.
Rolando Gabrielli©2009

De cuerpos y palabras







De cuerpos y palabras
desigual formas consonantes,
tiene la poesìa,
fantasìa persa o rosa
en mesa finlandesa,
hiela en la nieve,
suda en el verano,
su fruto invariable
regresa al àrbol.
que la vio crecer.
Rolando Gabrielli©2009

jueves, mayo 14, 2009

BOLAÑO: poeta maldito que Estados Unidos necesitaba


Ariel Dorfman siempre me pareciò un tipo franco, descomplicado, hiperactivo, un gigante bueno. Fue mi profesor en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile en la època dorada. Un Chileno nacido en Argentina que reside en Estados Unidos y vuelve a Chile cuantas veces puede. Su obra narrativa y ensayìstica es vasta. Incursiona en el cine, teatro, prensa y en la universidad como profesor: Dorfman vive a tiempo completo, viajando y diciendo lo que piensa. Conocedor de los Medios de Comunicaciòn, ha sido un activo militante de las causas sociales, no ha dejado de opinar sobre los temas chilenos y la problemàtica internacional, Estados Unidos y de la literatura a la cual se debe. Nunca le he visto rehuir a los temas ni asomarse como una avestruz con la cabeza inclinada. Hace unos dìas lanzò en Buenos Aires su ùltima novela: Americanos. Los pasos de Murieta. Es un bandido que viviò en California muy distinto al de la leyenda y a lo que cuenta Pablo Neruda en su Cantata a Joaquìn Murieta, advierte Dorfman. "Reconstruye el mito del bandido oriundo de la Provincia de Valparaíso, Joaquín Murieta, también conocido como el Robin Hood de El Dorado. "Es la narración del momento en que Estados Unidos experimenta y explora su dominio mundial", precisò en la Feria del Libro en Buenos Aires.
De Buenos Aires saltò a Santiago de Chile, para lanzar allì su último libro. Es sabido que Dorfman trabaja con varios proyectos a la vez en distintos planos: está preparando una ópera con Peter Sellers basada en los Upanishads (parte de la religión hindú), escribe un guión para un documental de terapias con Salma Hayek y trabaja con Viggo Mortensen para estrenar "Purgatorio", una de sus obras de teatro.
En Chile hablò de Chile y la polìtica, de la literatura. Opinò que la narrativa si bien no es tan influyente como la poesìa chilena, no es menor.
Sobre el fenòmeno del best seller de Bolaño en Estados Unidos, lo calificò de real. Recuerdo cuando Susan Sontag me dijo que estaba deslumbrada con la lectura de ‘Estrella distante’, yo dije ‘Ahora todos hablaran de él’, porque ella hacía como lecturas adelantadas del futuro. Tengo la impresión que Roberto Bolaño es el poeta maldito que EEUU necesitaba". R.G.

miércoles, mayo 13, 2009

Machu Picchu literario en Chile





"Mire a su alrededor: ruinas sobre ruinas; una clase política en ruinas, con candidatos a la presidencia en ruinas, una literatura en ruinas, sin ambición, demolida, y la excepción de Zambra no alcanza a remediarlo, la peor de Latinoamérica, un arte en ruinas, una sociabilidad en ruinas", afirmó a La Tercera. Y dijo en Boston, durante la presentaciòn de un libro: "Lo que Bolaño escribe es a lo más una novela menor, con todos los convencionalismos del género, y las escrituras en el cielo son algo absolutamente inédito".
"La verdad es que no sé cómo puede Zurita hacer ese catastro de toda la literatura latinoamericana y situar a Chile como la peor", dice Gonzalo Contreras. "¿Incluye a la poesía, y la de toda su generación? Pienso en el muy activo Parra, en Hahn, Maquieira y otros. Y si es así, ¿Incluye la suya? Paradójicamente, Bolaño, con quien ironiza, es el autor latinoamericano más aclamado en Europa y EEUU hoy. Es difícil saber hoy no en qué piensa Zurita, sino cómo piensa", afirma.
Sergio Gómez, escritor y editor del sello Norma, cree que la opinión de Zurita es alharaca y tremendista, pero respetable. "Para mí no puede estar en ruina si crecen los lectores de literatura, si en Chile vendemos más literatura que autoayuda, si nos llenamos de originales en las editoriales, o si los ojos de Latinoamérica están puestos en lo que está pasando en Chile", dice. Sin embargo, cree que "vamos a arruinarnos si consideramos la sensiblería siútica con algún valor literario. A eso súmale la corte de adoradores de ese canon chileno, los exquisitos, los 'sesoculturistas' de siempre, allí está lo ruin y que nos llevará a la ruina".
Mientras Germán Marín asegura que "Zurita me importa un comino", Roberto Ampuero se declara fan: "Cualquiera tiene una mala tarde y lanza su frasecita visceral. Le voy a pedir que me firme La vida nueva cuando vaya a Chile", dice. Gonzalo Garcés, en cambio, cuestiona su visión "circense" de la literatura. "Si uno, como Zurita, entiende que las innovaciones literarias pasan por un lector que tuerce el cuello en un ángulo de 60 grados en vez de un lector que lo tuerce en un ángulo de 45 o mantiene el cuello derecho, seguramente una novela como Estrella distante le parecerá convencional. A otros, claro, Bolaño les ha cambiado la vida, mientras que Zurita les resulta apenas un nombre del montón".
Hasta Rafael Gumucio abordó el tema en su columna de El Mercurio: "Ver en la literatura chilena, como en la sociedad o la política, sólo ruinas es justamente hacer gala de lo que una y otra vez nos ha arruinado como cultura. Ser un profeta de la nada es una muestra viviente de esa flojera intelectual que es la marca de fábrica de la inteligentzia nacional".
El contraataque de Raúl Zurita



"Raúl Zurita abrió fuego. La literatura chilena está "en ruinas, es la peor del continente", dijo a La Tercera.
Germán Marín, Gonzalo Contreras, Sergio Gómez y Rafael Gumucio rechazaron sus tiros. Ahora, el poeta remata: "¿No es cómica esta respuesta? No somos los peores de Latinoamérica. ¿Los antepenúltimos entonces? Me temo que el solo hecho de responder indica que las cosas no van del todo bien: ministros de economía que escriben como si fueran novelistas y novelistas que escriben como ministros de economía", dice.
"Hoy los referentes en narrativa -Coetzee, Roth- están más claros que en poesía, y me cuesta pensar en un escritor de verdad que teclee una línea sin el entusiasmo de ser igual o mejor que ellos. Y ya que les gusta tanto pontificar con Bolaño, bueno, esa es precisamente la diferencia que él tenía con ustedes. Al verlos tan airados me fue inevitable recordar una frase de Baudelaire: "tontos como un pintor".
En algo tenìamos que ser los mejores. ¿Zurita lo descubriò.? Estàbamos siempre en el casi. Esta vez el poeta laureado dio en la fama. ¿Què habràn dicho las bostonianas y los bostonianos en medio de esa bella y gèlida ciudad? Todos los discursos terminan en una pequeño gran basurero, hecho a su medida. A veces los escritores concluyen jineteando su propia yegua del fracaso. Zurita, Premio Nacional de Literatura, el poeta de Lagos le llamaron sus detractores, sì, del expresidente economista y abogado. Los que no estamos en contacto directo con la literatura chilena y Chile, sòlo vemos el paraìso virtual, y no respiramos su maravilloso smog, ni los aires de estas aireadas polèmicas propias de la Belle Epoque, creìamos que Zurita se habìa suicidado o estaba recluido, despuès de algunas declaraciones que èl hiciera acerca de su mala salud, casi en estado terminal. Nos sorprendimos que estuviera viajando por el mundo con el estandarte de la poesìa chilena. Èl, a lo mejor, dirà, alguien tiene que alzar esta mierda en algùn lugar.
En Chile hay màs poetas vivos y muchos màs muertos, interesantes. No los voy a mencionar por falta de tiempo. Pero en el ninguneo, somos los primeros. Roberto Bolaño no es autor de una sola novela, ni de un sòlo libro, ni necesitò de compadres para estar donde està. Referirnos a Bolaño es como escribir un abecedario al revès.
Lo complicado para un escritor chileno es mirarse el ombligo en un paìs tan largo, rocoso y desmebrado. En cualquier momento el ombligo aparece por el ojo, la espalda, una rodilla o en el pecho como un hueco profundo convertido en sal o arena del desierto.
A propòsito de este comentario, el semanario "Die Zeit" acaba de publicar una conferencia del escritor austrìaco Thomas Bernhard, sobre Arthur Rimbaud, donde dijo que a los auténticos poetas sólo se les brinda reconocimiento después de que han muerto en la miseria y el desamparo y recuerda los casos -además del de Rimbaud- de Georg Trakl y Friedrich Hölderlin.
Estas afirmaciones corresponden a una conferencia que dio en Austria el dia del centenerario de Rimbaud y cuyo texto estaba perdido. Bernhard, maldice el mundillo cultural que, según él, honraba a los burócratas de la cultura, pero no a los verdaderos escritores. La vida de Rimbaud, escribió, es "tan violenta, tan abismal y sin embargo tan religiosa como la vida de un santo". siempre ha sido combatida por aquellos que no le rinden honor a la verdad y que sus poemas no son para contemplarlos sino para vivirlos.
"Allí está todo lo que le falta a los contemporáneos: belleza y reverencia, en el sentido màs profundo de la palabra"
Asedio sin sombrero
No hay mejor estado
que el Estado de Sitio
para un poeta.
Sitiarse,
sentarse
y no hacer nada.
Asediado,
hastiado,
angustiado.
Yo pasè n veces
por Estado con Hùerfanos,
una combinaciòn poetfecta
de mi estado de orfandad,
un futuro asegurado
vislumbrado
en el sitio
del futuro estado.
Rolando Gabrielli©2009

Lihn nos espìa


Lihn nos espìa,
como ave de rapiña
sabe que algùn verso
puede ser suyo
y no deja de alegrarse.
Rolando Gabrielli©2009

martes, mayo 12, 2009

Con la ruina del sol no se juega











a la mujer Sol, por su brillo natural

Yo estaba por viajar. De alguna manera siempre lo hago alrededor de una idea. Una manera de aproximarse al deseo. No recuerdo cuando comencè a soñar con Nueva York. Y todo partìa de una noche mirando desde un ventanal caer la nieve. Un sueño nada original, pero era como traspasar el sol intacto en la noche y caer en otro lugar. Los dìas pasan de galope. Nunca tropiezan, sòlo caen del calendario. Se recuperan al dìa, semana, al mes siguiente, pero ya nunca son los mismos. Un dìa se repara con otro dìa, quizàs, pero algo se queda en el camino. A eso le llaman tiempo, algunos. Piensan que el tiempo existe, no pasa, sòlo es. Algo como una franquicia global. Tambièn alguien la administra y a todos no le tocan los mismos minutos. Recibimos un sobre blanco que vamos llenando. Pienso que ese alguien ya lo echò por nosotros a un buzòn rojo con todo el tiempo estipulado. Al final llega a casa o a donde nos encontremos. La jornada se da por terminada. Tantos años, meses, dias, minutos, segundos. Firmado, el tiempo. El tiempo esipulado, jugado, dirìa.
¿Los sueños alargan el tiempo, lo modifican, sustraen, re- inventan o ponen en duda su existencia? ¿Existe un congelador del tiempo?
Habìa escrito no sè cuàntas pàginas sobre un Brooklyn desconocido, poemas para reencontrarme con un Manhattan pensado como una isla de fresa, escuchado a viajeros hablar de las calles, taxis, de la gente pululando como en un mar de pieles en contravìa de sì mismas y anotado algunos detalles en libretas sobre lugares emblemàticos: Broadway y quizàs bares subterràneos, sitios pegados a una manìa personal, donde hubo una poesìa en sordina cruzada entre un cliente y una camarera. (A gritos, a veces, el eco de un bar se escucha años despuès.) El Central Park atravezado como una larga noche ciega vestida de blanco. La daga de un lancero tembloroso, amante de la noche y las estrellas. La pintura quizàs estaba màs a flor de museo y era màs fàcil verla, palparla y quedarse con algùn color aunque fuera en blanco y negro. En los museos casi todo es menos real. Sin embargo, se siente lo que las personas dejaron allì. Uno se aisla frente al objeto, el color, la imagen, toda la textura se hace memoria. De todas maneras, la ciudad tenìa un pasado, aunque no la conociera. Cuando uno cultiva la nostalgia de lo desconocido, se apropia de una imagen aparentemente màs real que la verdadera. Se van sucediendo las imàgenes como pies cruzados bajo la mesa. Todo apunta hacia un silencio casual. Los pies tienen una enorme capacidad para comunicarse. Su mayor aspiraciòn es otorgarnos estabilidad. La velocidad tiene un lìmite, es un ejercicio, y algunos pasos son necesarios, arbitrarios o falsos. Corren por nosotros despavoridos como empantanados en el espanto.
NY se hacìa cada dìa màs distante. Asì resultan desembocar los sueños, en un largo ataùd de esperanza. Uno los ve viajar en carrozas de oro y permanecer jòvenes con oxìgeno de buzos o astronautas. Parecieran preparados para superar la niebla, las lluvias, la nieve o el sol del desierto, siempre tan reprochado por su presencia de dios iluminado. Es màs fàcil atravesar un trigal de noche mirando hacia el cielo.
¿Las manzanas se caen de los àrboles, como los sueños de las camas? ¿Alguien tiene que soñar o la màquina de los sueños se oxida? NY se las arreglarìa para contratar a Leonardo Da Vinci para que le fabricara una a su medida y que incluyera todos los sueños de Hollywood y màs. Eso ocurre cuando se siembran sueños de todos los tamaños y deseos. ¿Los sueños son un virus, mutan, cambian de cabeza, van y vienen, tienen sus propios còdigos, alguien los empuja a soñar?
El ùltimo sueño habìa sido muy reciente. Estaba en una mesa redonda, recostado, en medio de un lobby de hotel que no se mostraba en ninguna de sus realidades. Es decir no habìa màs escenografía que tres personas. Una camarera de ojos grandes, pelo de miel y muy alegre. Parecìa extranjera. Checa, dirìa. Olìa a verdad. Un muchacho que tenìa un grupo de clavos doblados, de esos que se usan para destruir llantas de automòviles. El joven hablaba que se preparaba para una concentraciòn. Supongo que polìtica. Era un rompe huelga. Las multitudes ponen a soñar a los polìticos y cantantes. El otro, ensacado, con corbata, revisaba papeles y se levantò para llamar a su mujer. Iba a hacerle una invitaciòn. (Trato de ser lo màs fiel con el sueño), pero le advertìa a la mucama que si no la encontraba, le darìa una entrada a ella. La mujer sonreìa, aunque tenìa seguramente todos los oficios del hotel detràs de su espalda. Los sueños son asì. Opcionales. ¿Fueron escritos para ser soñados? Se suponìa que todo sucedìa en Nueva York, sin que Nueva York existiera màs que en esa mesa redonda. Yo seguìa recostado sobre la cubierta y estiraba mi mano derecha sobre unos papeles. Era de madrugada. Nadie me decìa nada. No parecìa formar parte del escenario. No sè si me ignoraban o no me veìan. Despuès de todo, era mi sueño, algùn poder debìa tener. Ellos estaban en su rutina diaria. Yo formaba parte de la magia. Todos volverìamos a nuestro lugar una vez se cortara la comunicaciòn con mi cerebro.
NY es màs interesante que esta escena que no alcanza para una esquina fìlmica de Woody Allen, un maniàtico, obseso, vampiro de NY. Pero los sueños no te dan opciones, asì como tampoco ponen condiciones para que tù los realices. Yo he intentado salir de un sueño y he caido en otro, asì encontrè un pasatiempo nocturno: alargar los sueños. Es como formar parte de su fabricaciòn, sin saber a donde me conducirà. Escaparse de un sueño es como intentar sacarse unas esposas. No es igual. Es un sìmil. Primero, nadie te obliga a entrar a un sueño. Aunque debemos reconocer, que la cabeza es un estado condicional. Digamos, un espacio abierto. Un muro para rayar. Un puerto para el grafitti. Nunca he sabido si alguien viene y te cuenta un sueño. O siempre es la misma màquina de contar para todos en una larga noche sin fin, con sus ramificaciones, bifurcaciones como en los caminos que atraviesan otros caminos.
Los sueños no tienen tìtulos. Tienen una textura de monos animados, cine mudo, son gaseosos, fràgiles, volàtiles, el material no pareciera de este mundo, sino del de los sueños. Suelen evaporarse y salir quizàs por donde mismo entraron. ¿O tienen una puerta para los sueños? Sentì por ejemplo que con la camarera nos miramos todo el tiempo de reojo como para no vernos. Un sueño se disfruta por su complicidad y la tibieza de una sombra con algo de personal. Es que con la ruina del sol no se juega. Sòlo pensaba como si la realidad no existiera. Estuviera vacante un pedazo de la historia. Mañana, decìa mañana. NY era mi mentira. La ciudad se reiventaba, y yo estaba atascado. 11 millones y yo sòlo formaba parte del sueño. Los neoyorkinos seguìan sus rutinas y preocupaciones como siempre. Intentaban ser felices aunque fuera mirando una vitrina.
Recordè despuès del sueño unas viejas fotos de una niña corriendo en un aeropuerto casi vacìo. Era como si mi viaje estuviera suspendido en sus pies y mi cuerpo flotara en el aire y se esfumara. Ella caminaba como un tiempo feliz de la vida en rosa, con su trajecito de poco màs de tres años. Acudo a las fotos, porque la memoria es falsa. Va saltando como en una rayuela. Sòlo lleva su risa encantadora y su pelo azabache, la distracciòn de sì misma. Ella y el aeropuerto frente al mar. A veces no necesitamos màs. Una foto puede enseñar hasta el miedo.
Los dìas de la semana pasan y cambian. El tiempo nunca se sabe un perdedor. Es uno quien queda a mitad de camino. Un tañido de campana trunco. Pero los sueños tienen su manera de arreglàrselas. Cuentan con sus recursos, al parecer. Miraba por el ventanal las estrellas. Las que siempre me produjeron una verdadera felicidad. Si brillan tan alto, por que no, me decìa. Al dìa siguiente saliò el sol de tal manera que las nubes no se atrevieron. Se pintò de mar el cielo, pero sin olas. Un azul celeste sin perturbaciones. La cara de lo apacible. Era domingo, lo recuerdo con precisiòn. No habìan ovejas pastando en el cielo, me dijo ese dìa Isabella, cuando llegò con dos pasajes a NY. ¡Hello!, Nono, exclamò, y yo alcè la mirada, aunque el sol me daba de lleno en la cara. No me intimidaba el brillo, ni la luz que devoraba cada uno de los espacios. - ¿Què dices ahora?, me preguntò rièndose a carcajadas. Yo tenìa entre mis manos un libro de Ray Bradbury. Volvìa a èl como un condenado en el pabellòn de la muerte. Remedio para melancòlicos es su tìtulo. Isabella me miraba a los ojos y agitaba una hoja donde se detallaba el itinerario y el equivalente a dos pasajes. Destino: NY. Habìa un cuento de Ray que me llama particularmente la atenciòn. Todo el verano en un dìa. Yo seguìa viviendo en un paìs que poseìa una de las tarjetas doradas que repartiò el sol con 12 horas efectivas de luz.
Los espacios de Ray son en la tierra y en el espacio y viceversa. Los fantàstico es real. La ficciòn es casi un premio de la realidad. Las personas viajan, viven el futuro su pasado màs pròximo y pueden hasta regresar o llegar a colonizar otros mundos. Primero me llamò la atenciòn el tìtulo del relato. Un sòlo dìa de verano. Pensè si eso nos ocurriera. El planeta visitado era Venus. Un lugar de lluvias sin fin. "La lluvia habìa triturado mil bosques que habìan crecido mil veces para ser triturados de nuevo". La selva atrae la luz y la lluvia. Con ese paisaje dormìa algunas noches, despuès de cada lectura. La protagonista, la ùltima niña en viajar a Venus, era odiada por los demàs niños porque tenìa un rostro pàlido de nieve, por su silencio ansioso, su delgadez, y su futuro posible. Era la ùnica que tenìa aùn una referencia clara del sol. Ella habìa escrito un poema en clases cuando hacìan recuerdos del sol: El sol es una flor/que sòlo se abre una hora.
Isabella me miraba algo sorprendida cuando le contaba esta historia. Ella y el dìa estaban radiantes. El sol se habìa instalado en sus mejillas de mango. La protagonista era una niña silente y sòlo cantaba cuando las canciones se relacionaban con el sol y el verano. El sol es como el fuego de una chimenea, decìa ella y los niños la trataban de mentirosa. Ella veìa cada mañana cuando vivìa en la tierra, el sol de Ohio. Parece un nombre japonès, pero es un lugar de Estados Unidos. Isabella lanza una carcajada que se siente en Venus. Los niños que vivìan casi todas sus vidas en Venus y habìan olvidado la tibieza del sol y su color. La niña deberìa viajar pronto a la Tierra porque necesita el sol para seguir viviendo. Pero ella algo esperaba y los niños se lo vieron en sus ojos. Asì relata Ray Bradbury. Un tal William la fastidiaba porque era diferente Y ella espera el sol. William se las ingeniò para empujarla y arrastrarla hasta un tùnel y abandonarla en un closet para que no pudiera salir y ver lo que vendrìa. "Saliò el sol. Tenìa el color del bronce fundido, y era muy grande". Pero sòlo durarìa una hora. Todos corrìan "como animales que han escapado de sus madrigueras," para sentir y ver el sol. La selva donde vivìan sin sol, tenìa el color del caucho y la ceniza, de las piedras, del queso blanco y de la tinta". Bastò que una gota cayera en la palma de la mano de una niña, para que se echara a llorar. De pronto, cuando el sol habìa partido con sus zancadas de niño bueno , se acordaron de la niña del closet. Llegaron frente a la puerta y la dejaron salir.
El cielo nuestro continuaba iluminado. Isabella me recordò que le habìa contado ese cuento muchas veces y que me creìa. Sòlo deseo acompañarte para que conozcas NY, me dijo, y cumplas tu sueño. Yo voy a ir a Wall Street y como Margot, la del cuento, me presentarè con una moneda de oro tan grande y brillante como el sol para comprar el mundo.
Rolando Gabrielli©2009

Toquè


Toquè todas las puertas,
menos, la que tù
no abriste.
Rolando Gabrielli©2009

lunes, mayo 11, 2009

Mis maestros






Mis maestros
son implacables,
me dicen cada noche,
no abras los ojos,
no leas,
no escribas,
disfruta el sueño,
sòlo escucha
lo que no hace ruido.
Rolando Gabrielli©2009

domingo, mayo 10, 2009

Màs ciego que tù















El amor es màs ciego
que tù,
algùn dia lo veràs.
Rolando Gabrielli©2009