sábado, abril 20, 2013



 
 
 

Me miró desde el resplandor de su  alma, dio pequeños saltos y corrió. Estábamos solos, aunque la luna refleja su  luz sin contar las personas ni los animales. No había mucho por donde  ir y salir, al parecer, la perplejidad puede llegar a paralizar los sueños y pies. Una puerta de hierro negra como su investidura le detiene, inmóvil permanece con su smokin negro y vista fija. Le noto las orejas más cortas que las de su especie. No creo que  a él le importe o piense que yo estoy fijándome en los detalles.  Su objetivo era pensar como se iba a resolver la situación.
Su actitud fue de mirar más con el oído y rabo del ojo. Atento con los dos sentidos más potente para saber  y explicarse mis movimientos. En el bosque no se movía una hoja, señal del fin del verano y el silencio acentuaba este cruce de miradas que se perdían en interpretaciones muy diferentes de las circunstancias o acaso no había ninguna que hacer.
La literatura, una manía de la cual me es difícil desentenderme,  me empujaba  a pensar en el Conejo Blanco de Alicia, pero este era negro, mucho más pequeño y al parecer perdido en el bosque. ¿Su mirada me quería decir algo o era una interrogante que reflejaba estoy en apuro? ¿Con esas orejas tan pequeñas habría escuchado mis pasos o simplemente las tiene de adornos?
Lo primero que me di cuenta después de observarlo largamente, mejor dicho lo segundo, después de las orejas, fue que no llevaba ningún reloj de o en el bolsillo, porque era muy pequeño. Cualquiera de las manecillas sería una pesadilla para su tamaño. La extrañeza de mi presencia, al parecer, era suficiente para mantenerle alerta, a la espera quizás, como en el ajedrez, quien hace un primer movimiento arriesgado. ¿La eternidad  del silencio puede fijarse en un par de orejas y ojos fijos sin decir esta boca es mía? Pareciera que sí, con tilde, porque el momento se ha quedado mudo y cuanta falta hacía solo la contemplación, el fascinante hueco de la mano vacía. Un espacio compartido, entre caballeros, separados  por una puerta negra insalvable, pero con la imaginación abierta  hacia el bosque. La llave está en lo que podemos soñar y alcanzar sin ver.
Imagino que pensamos algo parecido, como llegamos a un mismo lugar, de dónde venimos y por qué estamos aquí frente a frente  como un iceberg dormido frente a un barco anclado. No estamos conversando, ambos desconocemos si tenemos cartas secretas que jugar o movidas fuera del tablero para impresionar al visitante. La especulación del silencio  y de guiños sin proponérselos, puede resultar una comunicación deliciosa y sin mayores pretensiones ni compromisos.
De pronto se me ocurrió que me estaba escuchando, bajé el nivel de intensidad del silencio, lo intenté  poner en neutro, como si fuera solo el bosque, la puerta negra y el lugar. Me dio la impresión que pensó, por tener las orejas cortas, dijo, "éste cree que no  escucho lo que está pensando", o algo así. El nivel de especulaciones, ahora que lo  pienso, era de parte y parte. Éramos una interrogante a resolver, la ecuación de quién eres tú y qué haces en mi camino, por qué ahora, de qué lugar del bosque vienes y por qué tú tienes las orejas más cortas que las mías, o algo así. Un milagro que la ciudad aún tenga estos pedazos de bosque, la reflexión es mía, y los conejos existamos, ¿me dices?. La gente que se los come debiera quedar saltando para siempre, como conejos . Y con las orejas largas para escuchar todos los ruidos de la ciudad, que no son pocos. Bueno, si alguien decide lanzar una bomba o un misil nuclear, no se van  a  necesitar orejas largas. No solo los conejos dejarán de saltar. Las cucarachas demostrarán su resistencia, finalmente. Las abejas ya  habrán abandonado el último panal. Es el invierno de las hojas muertas.
Estamos cayendo en la filosofía. Un asunto casi griego y trágico además. La tragicomedia podría acercarnos más a nuestro temperamento. La Luna está mirando sin compromiso. Todas las noches son oscuras. No creo la alcance a ver, pero no puedo ignorar que no la haya visto y sepa quien es. La Luna está más cerca de un conejo que de los hombres, al igual que un sombrero. Haberla pisado y robado algunas piedras, no agrega nada nuevo. Las mareas suben y bajan, como antaño.  La luna nos distrae con cosas bellas. Nos hizo creer un poco más en la poesía.

 

 

viernes, abril 19, 2013

El Sur està cambiando

El Sur està cambiando,
està siendo Sur,
irremediablemente.
¿Qué otro destino puede tener
un mismo destino?
Rolando Gabrielli©2013

A ti, lector





A ti, lector,

comparto a pulso,
estos gramos de ilusión,

atmósfera de raros  sueños,
esa dosis cabrona de utopía

y como un ingrediente básico,

que no debe faltar,

la puta realidad.
Rolando Gabrielli©2013

jueves, abril 18, 2013

La Maratón de Boston, por Lonergan


La realidad suele superar en no pocas ocasiones a la ficción.  Un clisé  muy socorrido y utilizado, pero real.  Màs en estos tiempos precedidos por una ola de anuncios apocalípticos y visiones trágicas con acento de fin de mundo y màs allà. Y sucede, a veces, que la historia ya estaba escrita.
En esta historia, faltaba el detonante para  que el presente se uniera al relato del pasado 2002, cuando el compulsivo maratonista de Boston, Tom Lonergan publicò su premonitoria novela: Heart  Break Hill -The Boston Marathon Thriller, donde el autor ficciona con singular exactitud la tragedia ocurrida en la tradicional maratón de Boston que él corrió durante 17 años.
El guiòn escrito pareciera transplantado de la ficción a la realidad: un ataque terrorista en el que se planifica hacer estallar una serie de bombas en una competencia deportiva (carrera) para matar y herir a espectadores  como atletas.
Lonergan, quien escribió la novela al jubilarse, había pensado la trama en 1996, cuando corría la maratón ese año imaginó, según relatò en Internet, que  estallara una bomba justamente ese día.
La literatura tiene un alto porcentaje , sobre todo  de obsesión, también sueños, visiones, investigación, lecturas, situaciones, memoria, vida, sin duda, y Lonergan se dejó guiar  por ese instinto de una percepción inexplicable  que tiene este oficio.
El viejo maratonista y novelista, ficciona en su relato que los terroristas son "un grupo de extrema derecha estadounidense", aunque el acto no se materializa por la intervención de un detective. En este sentido destaca el clásico héroe solitario, individual que resuelve el acertijo.
El escritor tiene esta virtud de hacer aparecer y desaparecer hechos, personajes, situaciones y acomodar sucesos como los estime convenientes. Ahí, la realidad es lineal y una vez echa andar la historia  sigue su curso. Para Lonergan su escenario de terror es un circulo domèstico, y no incluye  o especula con la intervención extranjera en un hecho de esta naturaleza. En el 2001, un año antes, había ocurrido el atentado a las Torres Gemelas en Nueva York. Pero también existía el caso  local del Unabomber, Theodore John Kaczinsky, Dr. en matemáticas y egresado además de Harvard, quien proponía una revolución contra la sociedad tecnoindustrial "que-según él- conduce a un desastre a la humanidad y le merma la libertad al individuo", entre otras cosas. Kaczinsky, comenzó a atentar contra el sistema en 1978 y lo hizo hasta 1995, cuando su hermano descifró su filosofía e ideas a través de un Manifiesto editado por The New York Times y The Washington Post. El FBI pensaba que el autor de los atentados era un mecánico de avión.
El presidente Barak Obama, ha calificado el acto en Boston como terrorista, pero ha reiterado que los organismos de seguridad aún no tienen pistas confiables, después de 48 horas de haber ocurrido el atentado.
Lonergan, algo compungido por la coincidencia del evento con sus predicciones ficcionadas, dijo que no retirarà la novela de las librerías y que no se ha  producido una explosión de lectores. La TV y la imagen por todos los medios mediáticos existentes  y  por existir, son capaces de matar cualquier historia escrita en el papel. "No pude evitar sentir que de alguna manera alguien pudo haberse inspirado en mi ficción", sentenció
 

Alto, alto


Alto, alto,
nadie pasará  mientras  diga
 mi última palabra
en esta señal,
aparentemente olvidada
en algún camino.
Rolando Gabrielli©2013

miércoles, abril 17, 2013

Ejercicio de la ausencia

No me voy hacer presente,
ni  ausente de lo que no fui.
Lo que no es capaz de fijarse
en algún lugar, ya no es memoria.
Tabla rasa, se ha escrito casi todo
 y lo que no puedes pensar dos veces,
pasó en el río de  la famosa parábola.
Rolando Gabrielli©2013

martes, abril 16, 2013

No voy a aterrizar


No voy a aterrizar
hasta que las alas
dejen de volar,
este inmortal mediodía
en la   pobre ardiente  sopa
que acoge y quema,
con la mirada  severa del padre,
 angustia de un pobre plato que tiembla
como si lanzaran una pedrada
sobre el íquido vacilante
que me niego a tragar.
Rolando Gabrielli©2013

lunes, abril 15, 2013

Señal

Se hizo cero,
ninguno,
nada,
sin dejar de respirar,
en la multitud,
hasta desaparecer.
Rolando Gabrielli©2013