lunes, abril 30, 2007

EMPRÉSTAME TU HERMANA, GONZALO








































Había sembrado en el aire al Alcalde de Bogotá al cierre de un acto en el día mundial del libro. Ironías para Neruda en el guiño del referente, silencio absoluto para Parra. "No me despido de nadie, estoy más fresco que nunca" Cosa mentale. Volvió a hablar de su maestro, con pasión, del pituco, señorito, que usaba un anillo de marques. "Todos somos rulfianos", dijo en medio de un auditorium hipnotizado, a su merced, atestado, de bote a bote, que colgaba por las puertas, bullía de silencio y cerraba los ojos para atrapar las imágenes llenas de sexo, amor, irreverencia, luz y oscuridad. "Poeta libertino, erótico, de eroticidad excesiva, me dicen. Es cierto, agregó, "soy erótico y vuelto hacia la sacralidad y el amor. Sacro y piel."
Más de un hora recitó Gonzalo Rojas en la Casa Silva de la Poesía, en Bogotá, en el histórico Barrio La Candelaria, desde donde se aprecia al final de la Calle 14 el icono capitalino, el cerro Moserrat y los techos coloniales de tejas con esos muros levantados para el silencio. (Era pasado el mediodía en el reloj de Bogotá y yo la había cruzado en un taxi amarillo suspendido en el aire, aunque el tiempo no me sobraba, porque a las tres en punto de la tarde debía estar en el aeropuerto, rumbo a Panamá. Había intentado solucionar un detalle en el stand de Chile, pero Kafka se había apoderado de las sendas matronas que atendían el pabellón del país invitado. Salí al recital como llegué, empujado por una retórica kafkiana, esa atmósfera verbal que te conduce a ninguna parte y tu interlocutor se siente tan satisfecho, que uno siente lástima por la miseria humana. Fin de este paréntesis).
Gonzalo Rojas era tal vez la principal estrella de la Feria colombiana, volvía enamorado de la palabra a Bogotá, como siempre, silabeando, más retórico que nunca en su propia retórica, arrastrando el poncho de su verbo, casi taimado en la flexible ortodoxia, coqueteando con la muerte, distanciándose de la parca, volviendo con sus extraordinarias dotes orales a coversar simplemente de poesía, del oficio, de sus compañeros de juego como diría Pound. La sala muerde el anzuelo y el sedal corre, se sostiene tenso, firme en la palabra, como un cordón umbilical eterno.
Por la película muda de callar, se te ama, con qué amor?, con el del catre, ataúd que ya me espera. Ahí está, hambriento de hembra, de muerte, de vida: olor a bestia, chúcara bestial, lo que ardí por tí, lo que me fascinaron tus ancas flexible. Con sus labios gruesos de mulato sureño arrastra el verbo, decanta el canto, el viril vagido de su palabra, como entrando al útero con la primera luz del amanecer.
Poeta de la vieja guardia en la vanguardia permanente. Atreverse al descaro, desenfado, no hace mal a nadie, comenta con los bogotanos. La poesía hay que leerla y releerla, dice. Y dedica esta sesión al eterno femenino. Es bueno revivir los vocablos, sostiene, tienen su luz, diamantismo, ciertamente la palabra nos mira desde adentro, digo yo.
Dijo de todo sobre su poesía y la ajena, lo que pudo decir en unos 75 o 90 minutos, a poco de conmemorarse el próximo años 5o años de la edición de su primer libro La miseria del hombre (Valparaíso, 1948). Esperó 16 años para editar su próximo libro, uno de sus más celebrados poemarios, Contra la muerte (Editorial Universitaria, 1964). Trece años después editaría Oscuro en Monte Avila Editores (1977). Y así sucesivamente,ediciones en México, Madrid, Barcelona y Santiago de Chile. Dejaba de ser un poeta larvario, avaro en publicaciones, y a los 75 años Gonzalo Rojas entraba en tierra derecha por la gloria de los premios y reconocimientos, para compartir este escenario de la poesía global con Nicanor Parra, el viejo profesor autor de un Cancionero sin Nombre.
Un entrevista y titular en Colombia decía que "Gonzalo Rojas es el poeta vivo más importante de Chile." No saben lo que escriben y dicen, lo que significa eso en Chile, país de poetas a pesar de Chile. Los dos poetas más jóvenes de Chile suman 183 años y no están dispuestos a retirarse, a ceder un milímetro de su gloriola. Lo recomendable es que ProChile tu cielo azulado, promueva no sólo estos viejos piscos o Panimavidas, que es un producto más chileno y que viene al caso, según la Cata de la Poesía. Hay que remecer la cantera de los más jóvenes que están dentro y fuera de Chile. ¿La poesía es dragón o dinosaurio, o más bien el gusano que no deja de vestirse de seda? Qué titular el de El Tiempo sobre Rojas "contra Parra". ¿Que se ama cuando se ama?, fue la interrogante poética de la Feria que nos traía Gonzalo Rojas bajo el poncho de su poesía y que volvió a decir en sus recitales.
¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes, o este sol colorado que es mi sangre furiosa cuando entro en ella hasta las últimas raíces?
Gonzalo Rojas, en el principio de los 90, está sentado en su cátedra del mediodía en Bogotá, el tiempo le sabe a lugar común, cero a la izquierda o a la derecha, ya ha sumado casi todo. ¿La hora colombiana es macondiana, sin principio ni fin? El poeta aspira con su pajilla el aire de su tiempo.
Juega con las palabras/¿Qué se ama cuando se ama?
La palabra placer, corría larga y libre por el cuerpo compacto de la audiencia y Rojas silabeaba de la A hasta la Z con su nuevo y viejo repertorio. ¿Si alguien sugiere otro texto que pudiera leer en medio de estos papeles infinitos?, interrogaba al público. "Estoy naciendo siempre". "Soy un nacedor, no como Borges que escribió El Hacedor". "A mí me gusta W. Blake." Sí, señorita diga, conversaba con su audiencia. Había leído El Fornicio, va y viene por una atmósfera plena, y Rojas avanza en el poema para seguir retrocediendo, marcando las sílabas, enfatizando, explicando lo inexplicable, releyéndose, explicándose lo inexplicable, la poesía: la más alta concentración expresiva.
En El Fornicio están todas las mujeres, sus lenguas, aromas, pieles en frenesí, como los ojos del poeta que busca lo que busca y encuentra lo que encuentra.
Me gusta esa especie de errata mental de las mujeres, sus pifias, no sólo las rodillas. Las mujeres esquizo, todos los somos.
Los poetas mueren por omisión, más que por condena o crítica ácida, de las que abundan a quemarropa. Octubre está tan cerca, es la primavera del sur, y la del Nobel de Literatura nuevamente, la rueda infinita de la última espera para pasar a la inmortalidad como la creemos conocer y hacer a una medida humana. El país distante ya tiene dos premios nobeles y dos candidatos más. Por alguna razón en la Feria Internacional de Bogotá la imagen de Neruda compartía un lugar de privilegio en medio de los escritores invitados.
¿Qué es lo nuevo para repetirlo?
¿Dónde la vanguardia para olvidarla?
¿Quién viene detrás para pisarle la chaqueta?
Chile, dijo Rojas, tiene tres poetas pasables, ¿Neruda, Huidobro, la Mistral?
De Rokha, Parra y Lihn? ¿Tiene alguna importancia si son tres o 9 o 13? Tres también son los poetas que recuerdo se suicidaron en Chile: dos De Rokha y la Violeta. Todos sin anestesia. ¿O fueron Cáceres, Romeo Murgas y el que viene volando de Rojas Jiménez? Jorge Teillier y Rolando Cárdenas, se suicidaron de otra manera en el último barco del Bar Unión Chica, en la calle Nueva York 11. Ambos profetas del Apocalípsis de Manhattan? ¿En quiénes pensó Rojas? Siempre se piensa en los mismos. Yo creo que debemos darle nuevo tiraje a la chimenea, el pasado es pasado y el presente es futuro."No creo en la poesía clara. La poesía es oscura, es secreta. No es clara," reafirmó. Para claridad está el cielo en verano o el sol en cualquier estación.
Pero nosotros debemos resolver el enigma del título de esta nota. Empréstame tu hermana es un poema de Rojas y que recitó en medio de un mar de explicaciones, en la Casa Silva de la Poesía. Un poema que surgió de un viaje frente al mar en el balneareo chileno de Algarrobo, dijo el poeta. Es un chilenismo, por préstame, pero en cualquiera de las dos formas, es un vocablo trasgresor, cuando menos. "Así a lo roto", dice un verso del poema, que retrata la chilenidad del vocablo, su acepción. Mejor veamos el extenso poema, para no más dudas.:
Empréstame a tu hermana
Una idiotez estar pensando en todo y a la vez en nada, viéndola
sangrar
a la muchacha de 20 toda preñada
de nadie pariendo y el problema es justamente
lo mucho que es el mar en cuanto a belleza,
lo mucho y las gaviotas,
esa especie de mucho que es la libertad
y uno aquí pensando.
Es decir lo ilusorio que ha llegado a ser este ojo,
esta jeta, esta nariz
de tanto y tanto respirar si en que el oxígeno
se llama vejez, las cosas claras, si es que los 3 minutos
que le van quedando al desperdicio
que es el hombre se llaman de repente
trinidad, Trinidad Santísima, esta mañana lo enterramos
lo enterramos a quién, ya ni recuerdo a quién
con todo este gentío que se junta y esos llantos atroces.
Todo eso sin puntuación,
para qué tanta puntuación, el Neruda puntuaba
y vamos viendo lo que pasó
ni hablar de eso, qué habrá sido
de lo que habrá sido, a mi me gusta Blake, William
Blake y es que se me aparece
con su gorro frigio, ahí tienen un caballo,
ahí tienen definitivamente todo un caballo.
Además está lloviendo con todo este sol está lloviendo
42 a la sombra y es febrero
de algún año de alguna era, de alguna de estas eras
que le salen al planeta como heridas ocultas cuando menos lo piensa,
la por ejemplo edad de Lautréamont
el montevidiano sin el cual para qué el Breton se casó
para qué se casó con esa flaca se me ocurre, rue Fontaine
quarente-deux, a droite.
Y ya pasando entonces de la quimera a la era, empréstame
tu hermana.
¡viva nuestra Sudamérica rokhianamente hablando!
empréstame tu hermana, a ver, a ver
si la cosa llega a parto de una vez,
y nos juntamos todos y conste que el primero que lo dijo fue un tal Simon
Rodríguez que le inventó la Patria Grande
al otro Simón de a caballo, antes, mucho antes,
que Martí, y empréstame tu hermana, hombre, así a lo roto
y la bailemos todos, y que vivan hasta el diez mil del Mundo nuestra Caracas
donde dormí siete años el exilio, y
nuestra Bogotá preciosa, y la putidoncella
fluminense sin fútbol,
eso sí pero con Guimaraes, Rio Grande do Sul
y el Buenos Aires bórgico hasta las últimas estrellas, y
mi Lima vallejiana que no fue nunca horrible
como la han desollado por ahí
y el Tiahuanaco angélico, Evo y más Evo a ver qué pasa,
y Santiago de Chile, por qué no
y por qué no Valparaíso que no fue fundado nunca.
Empréstame tu hermana, ¿pero dónde anda el ritmo me habría dicho
Matta?
déjale eso a Homero le respondiera mi corazón, una idiotez
estar pensando en todo y a la vez en nada, viéndola sangrar
a la muchacha de 20 toda preñada
de nadie pariendo y el problema es justamente
lo mucho que es el mar en cuanto a belleza
lo mucho y las gaviotas, esa especie de mucho que es la libertad
y uno aquí pensando.
Pensando por otra parte en Tlaquespaque, se me vienen de golpe
todas las ceibas
de Tlequepaque finísimo de aroma y transparencia, y adiós a la
picantería que hace estragos chillando por la TV profanando el
laberinto de la soledad, Octavio me oiga, y Buñuel y además
las 500 rosas de mi jardín de este Chillán de Chile que no será México
pero me
sigue siendo México, las heridas abiertas desde hace 3
mil años y están ahí mirándome en
la medida fotográfica en que todos somos rulfianos y aquí termina el ventarrón.
El ventarrón o el Apocalipsis, la única que me entiende
a mí es Fabienne que vino a los 17 sobre junio
del 73 cuando el tanquetazo,
de puro loca vino con ese formato grande
de hembra grande rumana y parisina como Celan, en micro,
en bote vino, en carreta, en burro a la siga de nada que no fuera
la resurrección libérrima del amor
de Paris al Golfo vino a verlo todo, a
transverlo, a oirlo al Gran Árbol ciego: un verdadero cabeza de
tormenta, vayan, vayan también ustedes a leerlo a Lebu: wasbleibt
aber stiffen die Dichter en ese mágico
cementerio frente al mar donde está escrito el Mundo
parado en el aire, sin raíces, sin nadie, y otra cosa ¿le habrá costado el informe
sobre aquese tamaño personajo a la Fabienne
purpúreo y adivino? ¿le habrá costado?
¿se habrá costaleado setenta veces 7 como en la versión de los
septuaginta hasta
que terminó vertiendo
esas sílabas de loco por imantación en parisino diamantino?
Allá ella
que no me oye,
Le pago en animal como puedo con mis noventa líneas o son 92, con un beso
de Renegado a Coyoacán le pago.
Estará lloviendo afuera o no más llorando.
Rolando Gabrielli©2007




domingo, abril 29, 2007


LA REVOLUCIÓN SILENCIOSA DE BOLAÑO

UNO
Cuando subí al avión de COPA Airlines y caminé por su atestado pasillo, pensé en dos paisajes diferentes, pero que me hacían olvidar el farragoso mundo de los aeropuertos manoseados de inseguridad y trascendidos de sospechas. La sabana bogotana, ancha, verde, bucólica, sin fin y la bahía panameña rodeada de islas y edificios monumentales, donde la panza del pájaro de hierro nos conduce a casa sobre el mar. Me había acostumbrado a una suerte de nostalgia, de evasión sublimada por la naturaleza que aun nos queda. Una acuarela diferente, bajo lo que sería la lluvia fatigosa y un gris disimulado a veces por los rojos ladrillos de Bogotá. Este era el paisaje, de una parte, a otra, en el corto trayecto que une a Colombia con su antiguo departamento de Panamá. Me senté con vista a ninguna parte, al frente de una pequeña separación de la primera clase, en un incómodo lugar, ese que sobra en medio del azar de la venta de pasajes que fueron trasladados de una fecha a otra. Caí desplomado con un montón de libros de un autor desconocido y muy querido por mí, casi sin tiempo, abrumado por las sensaciones y recuerdos. Sólo sabía que no cabía un alfiler en el vuelo. Pasé revista a los últimos días atropellados de sensaciones ambivalentes, lluvias, en un mar de palabras impresas y en verso libre cortados en una sóla línea vertical, en los pabellones y auditórium de la XX Feria Internacional de Bogotá, que concluye en un par de días. Una pequeña ciudadela repleta de libros con sus celosos guardianes-venededores a su entrada, como cazando a los lectores que se desplazan por los pasillos en un verdadero laberinto. La gente mira, ve y no ve de ver tantos libros. Una editorial famosa colombiana vende libros por kilos. ¿La palabra pesa?
DOS
Ni cómo empezar y menos terminar. Decidí escribir en seco sobre el blog, con los apuntes de la memoria, que suelen ser los mejores trazos del olvido y arbitrariedad. Cero compromiso con lo real en su estrecha e inocua dimensión.
Me abroché el cinturón y comencé a llenar esos papelitos para cuando uno vuelve a aterrizar y pueda salir del aeropuerto y entrar a la ciudad sin problemas, al lugar donde uno vive y salió por un tiempo. ¿Regrezar es tan difícil como partir? Eran unas cuantas letras, las de siempre, datos personales, declaraciones de dinero, palabras de aduana, y objetos. Dejé libre por un momento el casete e intercambié unas palabras con el vecino del lado izquierdo. El de la derecha, un gigante con su cabeza rapada, resoplaba humo y sus ventosas achicaban el oxígeno. Iba al Norte-Norte, era notorio por acento y mirada, cuando tuvo los ojos abiertos para llenar el mismo papelito en otro idioma. Los dos leíamos con el de la izquierda, quizás con el impulso ferial, y el tercero, a la derecha, resoplaba, mientras el avión se acomodaba para despegar, en ese típico paseo que suelen hacer por la pista, como si las alas le pesaran más de la cuenta. Yo continué con la lectura de Estrella distante de Roberto Bolaño y mi vecino, con una novela gruesa, cuyo autor no recuerdo, pero el lector la llevaba a mitad de término. ¿Conoce a Bolaño, le pregunté?-Lo he leído todo, respondió. Es el escritor más importante de México y del habla castellana, agregó.-¿Cómo llegó a él?, le pregunté.- No lo va a creer, respondió. Por mi padre, un general de División, ya retirado.- Vaya sorpresa, le dije, y más que curiosidad.
Se jubiló y se introdujo en la bohemia y la lectura. Así descubrió a Bolaño y se sintió interpretado, él, un viejo franquista, que quedó huérfano de padre en la época de la Guerra Civil. ¿Cómo se llama?, le pregunté?- Cortés, como el conquistador de México, acotó de una vez. Fue en el D.F. que un día decidí y le dije a un empleado, ve a la librería Gandhi, esa que está en el Centro Histórico de la ciudad. ¿La conoce?, se interrumpió.-Sí, le dije. "Tráeme todo lo que encuentres del chileno que escribe como mexicano". Lo que no es cierto, digo yo, porque escribe como Bolaño, con toda esa pasta con la que se untó en la vida. Así me pertreché de este autor verdaderamente interesante, respondió.
TRES
Mientras escuchaba a este bolañista, hijo de un general franquista, recordaba la conversación en una pizzería bajo la lluvia intensa con un doctor en ingeniería, profesor universitario, un belga que hace una maestría en Bogotá y un joven ingeniero que está sacando un doctorado con ese profesor que estudió en Estados Unidos. En la mesa ya no estaba un estudiante de literatura. El profesor ese día había acompañado a su alumno de doctorado a la Feria para que comprara a Bolaño. Los encontré en el puesto de Anagrama, a centímetros de una ruma de libros de Bolaño, que descansaban sobre Los detectives Salvajes y 2666. De eso me recordaba en el vuelo, mientras mi vecino hacia memoria de pasajes y de las descripciones sobre el D.F., aunque él vivía ahora en Cancún. Lo salvan sus playas y casi todos somos extranjeros, dijo. Su vida se manejaba hace mucho en estos paraísos tropicales, como Isla Contadora y los archipiélagos panameños. Viajo contínuamente a Colombia, Venezuela, el Caribe, dijo, así que leo. La maleta va cargada, pesa como el mismo demonio.
CUATRO
Bogotá ya estaba a nuestras espaldas. Pero Bolaño, que no figuraba en la fotografía siquiera de los autores chilenos destacados en el stand chileno como país invitado de honor, ganaba lectores por segundos en Bogotá. Pude verle sonreír tímidamente detrás de sus gafas desde un poster, con su barba algo crecida, fumando, como un forastero en el stand de Anagrama. Su protector y editor, Herralde, llegaba por esos días a la Feria, un sitio inmanejable, que crece como una enredadera, simultáneo de actos, lanzamientos, lecturas, encuentros, páginas y páginas y programas. Toman el libro como una fiesta, y no está mal, una vez al año en varios países, México, Chile, Buenos Aires y los escaparates se mueven como en las películas del cine mudo, a la velocidad del silencio y de las manos.
El vendedor jefe del stand de Anagrama, rapado de cabeza, muy joven, estaba flanqueado en la pared izquierda por un inmenso retrato de Bolaño, el del forastero, con ese traje seguramente, pensé, harán su película de Los Detectives Salvajes, que han traducido recientemente al inglés. Algún libretista, cineasta, lo leerá ahora y propondrá a Hollywood. Han demorado mucho. La novela se presta para el celuloide, la pantalla grande. Historia, humor, aventura, poesía, el DF, México, literatura. ¿Cuántos millones de mexicanos hay en Estados Unidos? Cruzando la frontera sólo hay cien millones. Después supe que tenían un sólo retrato, lo trasladaron a otro stand dentro de la Feria, de seguro estaba vendiendo menos. Una vendedora, tipo mujer de pasarella, vestida de bluejean informal, cuyo ombligo celestial parecía una pequeña bóveda de sueños y alcancías griegas con sus oráculos, fuente del mismo Delfos, estaba para hipnotizar a los compradores, porque los miraba desde adentro de sus corazones y parecía complacerles en todo. El pequeño stand atiborrado de libros en hileras sobre los mesones, iluminado, se enfiestaba de un público ávido que tenía problemas para desplazarse por el pequeño recinto que en verdad estaba para alojar libros. Yo salí con Kerouac, En el camino.
CINCO
Mi vecino, ex marido de una periodista panameña, que recultó que yo la conocía hace muchos años porque estudió además en Chile, me habló de las últimas novedades sobre Bolaño, que el jubilado General de División de la España franquista le contaba, porque es un fanático del poeta y narrador chileno, ninguneado en Chile. Me preguntó que sabía de él. Lo que un autor deja saber, lo que escudriñamos detrás de sus palabras, la nostalgia, las sobras y la ausencia que nos deja, dije. Bolaño es chileno a pesar de los chilenos y de él mismo. Nocturno de Chile, que celebró mucho este compañero de viaje, por los personajes retratados, es una historia chilena, que pudo ocurrir en cualquier lugar, pero tiene nombres y apellidos. La manera de Bolaño de acercarse a Chile es diferente, no incursiona en la heroicidad, ni estridencia, en el doloroso exilio. Se fue sin L Bolaño, con pena y gloria, la que se encontró en el camino con mucho esfuerzo y obstáculos. Esa novelita iba en mi maletín de cuero. Los escritores son obsesivos, porque la literatura es una obsesión, un ejercicio compulsivo, una adicción que nos descubre a nosotros mismos frente a un espejo trizado, pasado de moda, que sólo nos muestra reflejos a tientas para cautivarnos y exigirnos adentrarnos en los personajes e historia. Es un compromiso irrenunciable.Y Bolaño es más obsesivo de la cuenta quizás. Puso a sus pares y el referente de Neruda contra la pared. Borges tenía esta costumbre de exhibir a sus pares, Neruda actuaba con el silencio y sigilo mapuche, callaba. Huidobro y Parra han hablado por los codos, a los cuatro vientos, como Gonzalo Rojas. A García Márquez no le he leído preocupándose de sus pares. Kafka tampoco. Son estilos, estados, cosas del mercado, manías, una manera de ver el mundo y la literatura, también un compromiso con lo que uno cree y defiende. El escritor comprometido se quedó en Sartre. Neruda en su tiempo a un costo "alto". Roque Dalton, muerto por sus propios compañeros.
SEIS
El vuelo es corto, sólo encuentra pequeños obstáculos cuando entra al selvático Darién y a la llegada de una Bogotá brumosa. Es nada, en verdad. El salto de un ángel no profesional. Seguimos en el aire con el tema de Bolaño. No era de extrañar que nos estuviera escuchando en algún lugar del avión. Intenté ubicarlo. Lo imaginé con más propiedad en la Feria, caminando por los pasillos, hojeando libros como un catador, acordándose con una risa cínica de sus días de la librería El Sótano. Interrumpí el hilo literario de mi propio discurso. Es inútil, dije. Sabe, en Chile unos jóvenes están organizando un Carnaval sobre Bolaño. Jorge Edwards, premio Cervantes, muy amigo de Vargas Llosa, ha dicho recientemente que los jóvenes sólo conocen a Bolaño. Quizás es un honor para ambas partes, se identifican. No sé. Bolaño incomoda a los escritores "consagrados" de Chile. Las relaciones tienen la posibilidad de brillar o pudrirse. No es cuestión de tiempo, como la madera, sino de química, como la realidad.
Nos reímos muchos esa noche bogotana con los ingenieros colombianos y el belga, a quien recién le habían robado con un cuchillo sobre el pecho, en una calle cualquiera. Su metro 85 y cara de niño cortazariano no le bastaron para reducir a sus atacantes. Sí ha hecho estragos con las colombianas, me dijo maliciosamente, Eduardo Mojica, el ingeniero cucuteño, fronterizo con Venezuela y sobrino de un viejo guerrillero. Nicanor Quijano, su profesor iniciático en Bolaño, sonreía detrás de sus gafas y Jorge Mario Sánchez, siempre parecía estar buscando a alguien en el aire, y no le conocimos palabras en esos días. La poesía les asustaba a los tres. No hablamos mucho de esos temas. Yo pensé: "la poesía no calienta a nadie". (La dejó Rimbaud, el negro Hernán Valdés y el mismo Bolaño) Dicen que lo que más que se vendió en la Feria fue poesía. Un reporte sospechoso a mi manera de ver, pero podría formar parte del realismo mágico macondiano que tanto detestaban Bolaño y Alberto Fuguet. (Dudo que García Márquez sepa quien es Fuguet.) No vi su presentación en el stand chileno. Supe por el profesor iniciático que atacó a Bolaño y GGM y se enfrascó con alguien del público. Al profesor le gusta "su mezcla de la sociedad anglosajona con la hispana", porque ambos vivieron ese spanglish y la cultura mediática en Estados Unidos, agrega en su favor. Lo admira como a un Atari.
Una Feria da para todo. Las personas y los libros se ven como en feria, exhibición, vitrina. Se exponen los libros y las palabras que allí se dicen. Escuché una conferencia sobre Gabriela Mistral llena de lugares comunes en el stand de Chile. Allí sólo había diez libros de un título de Gonzalo Rojas. Las editoriales, las casas de libros, los libreros, las cámaras, en fin, mil excusas, pero sus libros no estaban, como los de tantos otros indispensables. Ocurren muchas cosas en una Feria del libro, como por ejemplo, un infame recital de poetas locales e invitados. Aguanté tres poemas de un odontólogo mexicano, que arrancaba las raices de las cordales sin anestesia. Estaba llena la sala de unos rostros patibularios, desencantados de la vida y de algunas musas frescas, estimulantes, con miradas provincianas, casi inocentes. Tanta volatilidad y esa solemnidad de la nada. No había una poeta en la mesa principal, puesta a lo largo como esos escenarios que nos recuerdan el Kremlin. El gris de la memoria en un primer plano. La noche bogotana recién comenzaba, así que decidí partir a otro escenario.
SIETE
Los colombianos son narradores. Su realidad es mágica, sorprendente de realismo Caribe, ese que no se conoce en Chile, Argentina y Uruguay, y que habla un mismo idioma con Jorge Amado, el autor de Dona Flor e Seus Dois Maridos. (¿Las ferias en castellano sirven para aislar más la literatura portuguesa de Brasil?) Es sólo una paréntesis, una inflexión necesaria. Sin poesía no hay narrativa, pero eso no lo entienden todos, los lectores si saben de lo que hablo. Muchos manchan sus ojos en el mundo digital, video juego de la vida, son hijos inalámbricos del celular.
Si uno se pone a leer los diarios en Colombia o a mirar la realidad de frente, deja de escribir. todo está dicho desde el punto de vista de la ficción y de la realidad. las lluvias imepdían en algunos sectores ver la TV. La señal de Internet, en el hotel en que estaba en las proximidades a la Feria, se perdió cuando llegué casi para siempre, al menos para mí hasta que partí. Sin embargo, al noticia se deslizaba en algunos conversatorios privados junto a un café negro colombiano. La Nación entera anda detrás de la fortuna de 8 mil millones de dólares del narcotraficante comnocido como el Mexicano: José González Rodríguez Gacha. En sus mejores tiempos, cuando estuvo vivo y al frente de imperio, dicen que estuvo en Panamá, como Pablo Escobar Gaviria y tantos otros. Es un dinero histórico, emblemático, la base de lo que los narcotraficantes ofrecieron al gobierno para pagar la deuda externa de Colombia. También dicen que el dinero fue guardado en un bunker construido por un judío en la ex finca del Mexicano de 248 hectáreas, llamada Cuernavaca.
OCHO
Las revelaciones completas las ha hecho en exclusiva este domingo el diario El Tiempo de Colombia, que detalla que el General Carlos Lemus llegó a un acuerdo con 23 hombres de confianza del Mexicano, guaqueros, para repartirse el botín entre el Estado, ellos y el DIAN. Los guaqueros piden 3 mil millones de dólares, papeles para ellos y sus familias y un lugar que ellos elijan para vivir. Hace un año un equipo interdisciplinarios, integrado por geólogos, topógrafos, técnicos en explosivos e ingenieros, inició la búsqueda. EL Tiempo informa que un pelotón de fuerzas especiales, integrado por 36 hombres expertos en operaciones de asalto, vigilan día y noche las operaciones en el terreno. Los sondeos realizados a unos seis metros de profundidad indican que hay buenos indicios que el botín está cerca. Se sospecha que la parte del dinero pudiera estar en una fuente artificial construida a través del desvío de una quebrada. En medio de esta arqueología del dinero perdido, "el municipio de Pacho está reclamando el predio para desarrollar cinco programas: un cultivo de heliconias, un ancianato, un parque, una planta para el manejo de residuos orgánicos ", precisa El Tiempo. Se teme la invasión de guaqueros foráneos, paramilitares. Los 23 ex hombres de confianza de El Mexicano, reclaman que "han tenido que afrontar la carga económica del proyecto, además, lidiar con las brujas y fantasmas que hacen presencia en 'Cuernavaca'. Ya ve Fuguet que la realidad colombiana supera a García Márquez que abandonó su país hace algunas décadas.
NUEVE
La mala ficción da paso a la realidad. Pienso en los días en que Bolaño sobrevivía en el DF y después se dedicaría a cazar concursos provinciales en España. En sus partidas y regresos a Chile, un espacio marcado por el terror y la indiferencia, el formidable horror con h de Enrique Lihn. Este era un pensamiento entre nubes. El capitán de la nave anunciaba el descenso en Panamá. Comenzamos a perder altura como ocurre en estos casos. Cortés me seguía hablando del fanatismo de su padre por Bolaño. Los tiempos en verdad han cambiado para seguir igual. Todos esos archipiélagos los conozco, dijo el hijo del General. Bajo la panza del avión debe estar Contadora, la isla donde se refugió el Sha de Irán, cuando nadie lo quería. Cortés comienza a calzarse sus zapatos, a mirar por la ventanilla, le esperan dos horas en el aeropueto de Panamá hacia México, Cancún. Otros pasajeros a Los Ángeles, Guatemala, etc.
Los tiempos han cambiado mucho, respecto del mercado, ese tirano que lee por todos nosotros y selecciona libros de antemano. Bolaño era ya conocido antes de morir, pero ahora, después de muerto, sus cenizas valen oro en el mercado. Le comento al "pariente" de Cortés, que entre los diversos artículos y notas que he divulgado hace algunos años sobre Bolaño, escribí un E-mail el día de su muerte, dirigido a él, que tuvo alguna divulgación en Chile, Argentina, España, Estados Unidos. Donde reina el mercado, el espectáculo prevalece por sobre la literatura. Es suave el descenso. Ha quedado atrás la fiesta del libro, habrá que enfrentar la página en blanco. En algún momento dormité. Muchos kilómetros recorridos en Bogotá. El cuerpo busca su acomodo. No se si soñé que firmaba un primer libro a Cortés que me advertía que se iba a quedar con él. No lo sé en verdad, porque seguía en mis manos Estrella distante de Bolaño. Cosa de los deseos, que son puertas de los propios sueños.
Rolando Gabrielli©2007

jueves, abril 26, 2007

El Libro rojo de Rojas










¿Por qué no hablamos
de cosas interesantes, nuevas,
ahora que Gonzalo Rojas
está en Colombia
y ha erotizado a medio Bogotá?
¿Alguien supo, vio,
un libro rojo en sus manos,
aferrado a unas largas divinas piernas?
Ciento ochenta gramos de poesía,
todo el poema todo.
Gonzalo de Lebu, Nueva York y Bogotá,
sabe muy bien
de los puntos y comas,
aunque alardee de asmático,
niño precoz nacido del rayo,
socavón profundo, minero de la matriz
del mar que es hembra.
Viene de Chile,
este sultán de oro negro,
camina lento en su caminar,
que vozarrón tiene todavía,
este juglar árabe de lunas plateadas,
levita el salón
José Asunción Silva,
es un balazo del nuevo amanecer
de Bogotá, la leve espina de la noche,
Algunos pitucos bogotanos
se quejan que su poesía
es obstrusa, kafkiana, rojiana,
oscura de Lebu, oscurísima
y transparente la nube de agua,
volvió a repetir el mismo Gonzalo,
erótica de erotismo y amor,
clandestina de puntos y comas,
poesía del miedo, espanto, encantamiento,
con algo que el Arcipreste de Hita olvidó,
de este y otros huertos,
aceituna de un olivo silencioso,
sus lunas tiernas, soles rojos,
dulces agujeros negros.
Está en vena con el polvo gris,
azul de la noche bogotana,
en el mediodía más oscuro
de la palabraoscuro.
Sigue mirando el mundo
por el ojo izquierdo
el incorregible paisaje de su días,
fenómeno de mareas locas,
de plazas sin asientos ni palomas,
la voz sube y con las palabras calla,
bajan las orejas, los ciegos
de las calles negras,
así pasa la poesía pasando
el sombrero,
moneda de muertos
y aventureros.
Asisten a su sepelio
los mismos muertos,
con sus ataúdes frescos,
olor a madera, olor a olvido,
madera reluciente del cuerpo
presente pasado de la poesía,
oh cadáver exquisito,
la moda del vivo,
traje de seda,
que el gusano de la poesía
sigue tejiendo.
Rolando Gabrielli©2007

AL DIABLO, con los géneros, viene HERRALDE














Si uno amplía la primera foto y mira bien, hay luz verde.

Tacones de luz


¿Sobre que aire
descansa
la oscura, visible
noche?
Flota, cuerpo, flota,
tacones de luz,
riela o bala,
el otro lado
menos oscuro,
respira, agobia,
mi mano entra,
mi cuerpo sale.
Rolando Gabrielli©2007

martes, abril 24, 2007

GONZALO ROJAS, palabra por palabra en Bogotá










Es el mismo Gonzalo Rojas, poeta irreverente, anarca, lúcido, presente, vigente, de caminar lento y voz ronca, minera, de Lebu adentro, pitazo de tren del Sur. Es la estrella cercana, próxima, aquí en la XX Feria Internacional del libro de Bogotá (La Fiesta del Libro).
Sentado, enfundado con su chaqueta de cuero negro y su tradicional vasca sobre la cabeza, Rojas inmutable en primera fila cierra los ojos en el stand de Chile, país invitado de honor, y escucha un contrapunto sobre su poesía y Parra. El agregado cultural de Chile en Colombia, flotaba en la mesa principal con su aire del "Huevo duro" de Condorito, bajo el slogan: Poesía, patrimonio vivo.
Gonzalo presente, Nicanor, ausente y Neruda siempre el referente.
Era un crítico chileno él que hacía el viejo, tradicional y conocido paralelo entre la poesía parriana y rojiana, que para muchos bogotanos debió ser un misterio, porque ha pasado mucho agua bajo el puente de ambos poetas nonagenarios y candidatos al Nobel de literatura. Dio la impresión de dos púgiles pesos pesados que no quieren retirarse del gran tinglado de la poesía, aunque estuvieran ingresando al ataúd.
El crítico, único expositor, en su monólogo que leía de unos apuntes, imitaba el vozarrón de Rojas y le miraba con complicidad. Rojas tomaba impulso en latín, persa, arameo, chileno finalmente, para arrastrar con su vozarrón profundo, venido del socavón minero, al público bogotano que le esperaba junto al Alcalde de la ciudad.
El poeta se levantó tras finalizar ese acto, en medio de los flash y al poco tiempo fue flanqueado por una pelirroja esbelta, especie de musa de la cultura chilena, que lo condujo por la sala hacia el acto central, el pabellón principal de la Feria: el Auditorium José Asunción Silva, donde el autor de Contra la muerte, sería el orador de fondo, en un masivo acto con el Alcalde de Bogotá, en el día mundial del libro. (Bogotá capital mundial del libro, declarada por la UNESCO).
Me acerqué, saludé y le dije que conocía al otro Gonzalo, Millán, que venía de Panamá etc y dijo, cuánta falta nos hace Gonzalo. (Desde Estados Unidos, me contaba Millán con una sonrisa cómplice, que Rojas le enviaba unos poemitas cortitos). Antes de salir y despedirse, Rojas dijo en su propio francés: "fatigué", por las luces y fogonazos que resbalaban por su rostro, aunque él se veía descansado.
Rojas llevaba en su mano un misterioso libro rojo, como se observa en la fotografía y echó a andar por el asfalto de la Feria hacia el auditorium, de una Bogotá gris, lacrimosa, enfiestada en el libro y la palabra. Quedó flotando en el ambiente, una de sus definiciones personales más repetidas: soy allendero de Allende.
En una llamada cata de poesía chilena,- días antes en la Feria- donde se compara a Neruda con el vino, Huidobro el champagne y a Violeta Parra con el agua, no se mencionó a Millán, y se calificó a Manuel Silva Acevedo como un "sobreviviente de Parra". Se dijeron más cosas allí y se olvidaron otras tantas y a otros más. (¿Son demasiados poetas y sobran en el país de las bellas araucarias?) Un hombre con una bicicleta, maleta, unos cuantos libros y una botella de vino, champagne y agua, hizo un recorrido arbitrario por la poesía chilena. Lanzó un reloj al piso, para que se detuviera el tiempo, narró unas anécdotas, se refirió a algunos poetas y leyó sus versos, y después subió a su bicicleta, no sin antes recuperar su cronómetro y marchóse.
Usó muy seguido la palabra ninguneo, que "fundara", dijo, Gabriela Mistral, y se utiliza en Chile para el trato poco amable con los escritores que se los pasan por los forros las autoridades y su comité oficial de clasificadores. Por ejemplo, digo yo, Roberto Bolaño es un caso típico, ya que no figura entre los elegidos en el stand de Chile para la fotografía de los más representativos escritores del país sureño. La palabra ninguneo es moneda de uso corriente en Panamá, por eso la conozco. Término preciso, docto para el olvido e indiferencia, el mal trato que suele pasar como el viento, pero que a veces se sostiene en el tiempo como si fuera un pequeño huracán de opereta. Bolaño se lee en Bogotá de una manera muy bacana y berraca, diría un colombiano y padre, un mexicano. Ya volveremos sobre esta oscura golondrina de la narrativa chilena, que ha entrado al mercado norteamericano como una estrella postmorten, pero vivo y coleteando. La Feria tiene mucha cuerda aun.
Rojas ya llegó al auditorium con su pelirroja enbluyinada y grandes ojos de sirena degollada. (El atardecer cae de pie en Bogotá) Frente al auditorium una lluvia de flash, nubarrones de periodistas y el Alcalde de la muy leal ciudad, declarada en el día Mundial del Libro, mientras unos niños, con unos grandes textos preparan su próxima actuación. No cabe ni un alfiler en el gran salón. El Alcalde da un discurso soberbio sobre la ciudad.
Rojas, autor de La Miseria del hombre, su primer libro, giró su cabeza a la izquierda y le dijo al Alcalde una frase de cinco pisos, cuando concluyó su pieza sobre la polis:"eres casi inteligente". Risas, miradas de extrañeza, un público bogotano municipal, intelectual y de funcionarios y artistas sorprendidos por la salida de quien calificara de preciosa a ciudad de Bogotá, en más de una de sus intervenciones. (En el gran paréntesis de la noche, los cien lectores se preparaban para leer Cien Años de soledad, de un sólo tirón, como si la historia tuviera alas, como en verdad las tiene.) (Son 300, 400 o 500 mil personas las que leerán, tocarán o mirarán un libro este año en la XX Feria colombiana. No los he contado,- dicen que son unos 100 mil- pero siento que se multiplican por noche, las palabras no duermen, se siguen escribiendo asímismas, robándose las letras, intercambiándose las sílabas, el abecedario, aun muchos textos son atrapados por lectores voraces que a un precio a veces salvaje, lo introducen en las bolsas feriales y se los llevan a sus casas. Allí, en la fría noche bogotana son ojeados, leídos, manoseados sin pudor. Yo los vi salir con sus Bolaños, Rojas, Murakamis, Garcías Márquez, Pamuks etc. etc.)
Rojas de la provincia del viento y del carbón, hijo de Chile entero, iberoamericano por adopción, se tomó la palabra y dijo: "la historia es imaginación y palabra; el libro es palabra; el hombre es palabra; todos somos palabras". Seguidamente o antes, para el caso es lo mismo, se había declarado "bogotano" y ya el auditorium estaba en su bolsillo, con su imaginería ladina, cazurra y sagáz. Holderlin, agregó con voz profunda, advirtió que la palabra era el más peligroso de los bienes. En toda su estancia bogotana , Rojas se ha referido al renacer de su niñez y a su vocación iberoamericanista, porque "todos somos de la misma patria. La mía es iberoamérica entera, a esa patria aposté siempre", enfatizó. Premio Cervantes, Juan Rulfo y Hernández, "famoso y reconocido" a los 75 años, el Olimpo de Bogotá estaba esa noche bajo los pies cansados de Sur y de mundo de Gonzalo Rojas. Pisó firme el poeta el asfalto, la sabana bogotana, desde Lebu se sintió hijo legítimo de la tribu de Iberoamérica. Al Rey de España, contó, le hizo saber desde Lebu, que la palabra respira, hay que vivirla, asumirla como conducta. Citó a Ercilla, ese joven mozo que fundó con la palabra a Chile. Nosotros, añadió, somos aprendices de la palabra. Y la noche estaba para el encanto de la poesía y como en el corrido mexicano era el rey, sentenció:" El Canto General de Pablo no es tan malo", y la risa del respetable apareció como un murmullo complaciente. Encontró que La Araucana era un poco extensa en sus 37 cantos, pero es que ninguna patria se funda de la noche a la mañana, Gonzalo Rojas, y menos con esos mapuches celosos, y con razón, de su tierra.
Pequeñas patrias destartaladas que nos necesitan tanto, arrancó en profundis, tanto para arder...Poesía un aire nuevo, no para respirarla, para vivirla...vivir bogotanamente América, amarla...América es la casa, una cita en latin, que el misterio de la noche traduce...La voz de Rojas truena, se hace cascada, y dice finalmente, yo quiero ser ese niño. Las bogotanas y los bogotanos se ponen de pie en un inmenso aplauso y llueve el abecedario, las pequeñas letras de papel que se transforman en palabras, en la fiesta del libro.
Rolando Gabrielli©2007
Epílogo:
Cuando el abecedario viajaba sin paracaídas del aire, como la palabra, y las luces se encendían con la voz ya apagada de Rojas, en el fondo, otra voz, gangosa comenzó a escucharse, como si viniera del fondo marino y siguiera viviéndose...La noche está estrellada y titilan azules los astros a lo lejos...

martes, abril 17, 2007

Si volara este ángel


Rolando Gabrielli©2007


Las Ferias son el altar de los libros, donde las masas acuden en romería, en fiesta, para encontrar entre los escaparates, mesones, las páginas que le harán vivir nuevas aventuras, soñar, conocer, amar, divertirse y calmar el insomnio. Páginas que llevan a otras páginas y hasta el mismo silencio.
Son recintos templos del marketing y la gente los recorre como si estuvieran en un gran mercado. El libro es una mercancía. ¿Se lee o no se lee? ¿El libro morirà? Son las clásicas preguntas que rondan las Ferias. Al libro le crecerán más páginas en la imaginación del lector.
Soy de los que siguen con su fe inalterable en Gutenberg, a quien conocí realmente un 14 de abril del 2007, poco antes del mediodía. Por eso digo:
El 14 de abril del 2007/ antes del mediodía/ fue tu día viejo Gutenberg/ Tu gran sonrisa de bribón/reluce en esta pequeña palabra/y es fenomenal/simplemente nos creían muertos los amos del mundo digital/En su disco dorado borran el encanto/la textura de la mano/el sueño verbal/ aroma del poema/¿Sabías de este encuentro?/Todo viene de la tinta /y la palabra inédita se queda en el papel/ imborrable, como una mancha de sangre.
Rolando Gabrielli‼©2007

Las dos caras de Kate Moss





Se puede subastar la imagen de una fotografía, pero no su espíritu. Alcanzar precios inalcanzables. Apurar las cifras y hacer correr la adrenalina por alguna mercancía codiciada. Arrebatar el objeto, poseerlo, sumarlo a la colección personal, acariciarlo en la intimidad. Retener y disfrutar, otorgar pertenencia a algo, admirar y adquirir, acariciar el reflejo de lo verdadero. Todo es posible, como llevarse a casa unas fotografías de la icono británico de la moda, la incomparable Kate Moss.
Chuck Close, es el primero en apoderarse de este instante, las dos caras de Kate Moss, las verdaderas, únicas e irrepetibles. La diosa se desnuda al ojo de la cámara, se hace real, en cuerpo y alma. Una subasta, después de todo, es la esclivitud del comprador. Rolando Gabrielli©2007

sábado, abril 14, 2007

El caracol herido


La ciudad se repite,
en sus escamas de vidrio
siento un caracol herido
que abandona el eco del mar.
(La orilla me recuerda tu olvido)
Por la herida del cemento,
respira la ciudad,
mi mano se estira
en cinco dedos
para tapar el sol
y te toca a la distancia,
piel de ciudad.
El hierro se oxida

con su pesado silencio,
detrás de las puertas
tus pasos no abandonan la ciudad,
ni en mi memoria
dejan de resonar.
Escombros, sitios baldíos,
vitrinas sin estética, ni pedagogía,
la ciudad es un sueño,
el neón de noche la rejuvenece,
entre paredes y el mar,
alguien pasa sobre su espina dorsal,
navega sus averiadas arterias,
admirables ruinas sin futuro.
Rolando Gabrielli©2007

Palabras











Todos los escritores y artistas, de una manera u otra, tienen una deuda, antecedente. A veces esta deuda es con la realidad, con el pasado contaminado que uno nace. Es difícil hacer algo nuevo sólo a partir de una burbuja. Tirar una primera piedra tiene sus consecuencias. La rueda es otra secuencia de las dos piernas humanas. Para un escritor inédito de casi toda una vida, el ejercicio del silencio impreso, es desde luego una postura. Es un acto salvaje de soledad, un doble compromiso con esa señal y ausencia que debiera tener todo poema. Ni siquiera un poeta inédito puede alegar no-contaminación de su palabra. La poesía puede llegar a ser un indomable puercoespín lanzado en las sábanas de la mujer amada, la eterna cohabitación de la rosa y la espina, un azul más rojo que una verde primavera y tus ojos, tus ojos que han leído estas palabras antes de ser escritas.
Es mejor saber que todo está escrito, para comenzar con el pie derecho. La poesía está en todas partes y no siempre en un papel escrita de manera vertical. No siempre se mueve el poema ante nosotros, puede ser la voz secreta que alguna vez tuvieron las palabras. Un poema sabe que existe porque es un secreto revelado. Las palabras son cotidianas e inefables. Un poema lo volverá escribir cada nuevo lector. Es tal vez la mejor manera, única de superar realmente una página en blanco. En estos años de insomnio frente a la página en blanco, de pudor, olvido, temor, impotencia, frustración, dolor, rabia ante la página impresa, la poesía nunca ha estado ausente, porque el papel no siempre hace al monje. La poesía es un hábito que no se ve, se calza, se habita así mismo, como los zapatos. El poema es un acto de amor sin temor un rumor que va creciendo en una circunferencia sobre el agua expandiéndose sin olvidar su centro y no tiene fin, ni comienzo, porque es redondo como la punta de dos palabras.
Durante todos estos años he reconocido mis deudas literarias con los autores que he mencionado una y otra vez. Mis lecturas. Trakl, toda la poesía chilena, clásicos españoles, los surrealistas, J. Donne, Rimabud, Baudalaire, William Blake, Lautreamont, Pound, Essenin, Whitman, Apollinaire, Kavafis, Prevert, T.S. Eliot, Celan, Micheaux, Vallejo, Dylan Thomas, Lezama Lima, Eliseo Diego, Cardenal, Borges, Panero, Gelman, la mujer, mis amigos, la geografía, la ciudad, el amor, la muerte, la vida, Kafka, Kafka, Kafka... y la Musa que siempre está detrás, dentro del poema... La lista es sin duda, mayor y no se agota como las palabras.
He sido fiel a mis maestros, escribir, escribir en cualquier estación, lugar, hora y revisar sin tiempo. La poesía tiene muchas motivaciones, siempre está presente, es un acto solitario, un ruido que no se sabe y se sabe de donde viene. El poema es un viejo caracol, un laberinto ciego, siempre una puerta. Mis poemas pertenecen a tu corazón ardiente, siempre son mi último verano y reviven las hojas secas. Apuestan a tus insomnios, horas muertas, a tu pasión, mi desconocido lector.
Con mi admirado Jack Prevert, quien cumplió en estos días 30 años de ausencia física, quiero homenajear a mis maestros y poetas de todos los tiempos, a quienes creen en este oficio, ejercicio de vida que vive por las palabras. (Paroles, decía Prevert) Un poeta verdaderamente popular es aquel que siempre leemos, recordamos y asociamos con nuestros actos cotidianos y sueños.
Rolando Gabrielli©2007

Oh pared

Oh pared,
persistes, persistes.
Mi silencio
rebota, rebota.
Rolando Gabrielli©2007

jueves, abril 12, 2007

Estás
















Estás en mí mano,
pero no eres mi prisionera...
Rolando Gabrielli©2007

Amantes, amantes



Mi historia
no es más larga,
ni más dura
que mis propios huesos.
Bajo esta tierra,
sobre el mar,
este polvo,
seguirá contando
mi historia,
como gusanos,
plantas nuevas,
algas ninfas,
polen de tus horas muertas.
Amantes, amantes.
Rolando Gabrielli©2007

miércoles, abril 11, 2007

K, la palabra impresa quema?















J. Denver no aplazó la fecha un día más. Consideró suficiente el tiempo pasado. Dos o tres nubes ligeras no pueden cambiar un paisaje, pensó. Inevitable descenlace, dijo. Él o yo, sostuvo la frase en un pulso imaginario. Una decisión equivalente ante un juez. Sólo un amigo verdadero cumple con su palabra, volvió a pensar como en algo posible.
La casa estaba vacía y asimismo sintió la ciudad. La tarde se veía limpia, despejada, sin compromiso. -Mejor, asintió con la cabeza. Nadie saldrá lastimado. Vestía como un día cotidiano, bluejeans y una camisilla roja, sin cuello, de tres botones.
El patio era un buen sitio. A esa hora caerían algunas sombras. El crepúsculo recrea su propio yo. Es un estado psicológico del tiempo. A esa hora nadie se aproximaría para interrumpir el acto.
Reivindicación tardía, volvió a pensar y se frenó. Cábala personal, volvió a asentir con la cabeza.
Sí, no era sólo cumplirle al finao K. La historia ya había jugado esa opción innecesaria. La deuda era personal, consigo mismo.
Llamó a la imprenta y le dijo: proceda.
Rolando Gabrielli©2007

domingo, abril 08, 2007

ABRIL 17 del 2007





El calendario marcaba 2013. Una fecha absurda, de ficción. La pudo haber soñado y usado Ray Bradbury y no sería un cliché. Sin embargo, el calendario había avanzado en el tiempo. Un formalismo más, porque después de todo nada queda. Había luna en las noches como en tantas partes del mundo. Sol de día, como en algunos lugares. Lluvias, como en menos partes. Gente violenta, en todas las partes donde viven personas. Ocurren casi las mismas cosas que ocurren en cualquier lugar donde nacen hombres. Un bombillo o ampolleta alumbra o estalla en cualquier parte de la misma manera. Cualquier parte o lugar son una misma parte o lugar. Abundan sitios así por la gente que los habita. Lo había pensado muchas veces, vivido, casi soñado. Lo que está repetido, es común, pareciera estar escrito. A nadie se lo había escuchado o leído, pero no sonaba mal del todo. Los paisajes naturales suelen permanecer y cambiar. Las ciudades van transformándose con los años y alguien siempre las encontrará diferentes. La monotonía es el precio más alto del aburrimiento. Las combinaciones suelen ser las mismas variaciones y terminan en lo ya conocido: una rutina diferente. Lo que es redondo no deja de serlo. Una frase casi cuadrada, a la medida de cualquier circunferencia. La fecha carecía de toda importancia, porque igual que el tiempo pasa, sucede que ya ocurrió. Marcar un período o tiempo, cuando todo ha sucedido o tiene un mismo tiempo, carece de sentido. El tiempo de atrás y de adelante, no es el mismo tiempo del medio, que puede ser presente, entre un pasado y un futuro. Pero tarde o temprano terminarán siendo lo mismo. El tiempo pasa, es lo único cierto, aunque sea ficción. Gira y gira la polea, se repasa así misma.
La Vidente había dicho: el tiempo le traerá todas las respuestas. ¿El tiempo se lo lleva el viento o el viento no tiene tiempo? La cábala a veces es como un dinosaurio helado, un cocodrilo lleno de lágrimas, un sauce que podría tener un antepasado cocodrilo por llorón. Así, alguien me dijo, prefiero la muerte sin país, un océano silencioso, sin palabras. Un Epitafio es como seguir permaneciendo, una existencia de palabras duras. ¿Para qué más fronteras que la profundidad de la tierra, el aire o el mar? Dio tres oportunidades a los vivos. Se sacudió de paso la muerte, el pasado, dejó todo en limpio, la hoja final, como en un principio. Sólo agregó una segunda fecha. La última que complementa la primera, que viene liviana, fresca, nueva, misteriosa, absolutamente inédita.
Escribir un libro es una fecha en el tiempo, una manera de expresar algo sobre algo de alguien o muchas cosas o una en particular. Un libro tiene un destinatario, ninguno o millones. Un libro se imprime para derrotar al tiempo, al menos asustarlo. Es una obsesión que se sale de la cabeza, pasa a las manos y se imprime. Puede tener tapas duras o blandas, siempre hojas con letras, frases, tipografía, su propia retórica. Un libro siempre lleva un nombre como una persona, aunque más largo a veces. Bueno, con los apellidos, es diferente la comparación. Es su identificación para toda la vida, como nosotros. Sus páginas, contenido, es su identidad, la cédula del libro, verdaderas huellas digitales del autor. Escribir un libro es una obsesión, varios y editarlos, un trabajo, una manera delirante de ganarse o perder la vida. La mayoría de las personas pasan toda su vida sin escribir un libro y menos editarlo. Muchos piensan en escribir un libro y no lo hacen. Yo soñé casi cuatro décadas con editar un libro. El libro estaba escrito, la portada existía. Pensé en agregarle dibujos, los encargué a un pintor. Me los envió desde París. Los encontré caros y los devolví por el mismo tubo que me llegaron. No sé que los hizo el pintor, pero forman parte de mi eterno libro inédito. O era demasiado seguro o inseguro. No sé. El libro siempre estaba por imprimirse, al menos en mi memoria e imaginación. Llegué a hacer unas pruebas de imprenta con Gente Nueva de Colombia, mi amigo Eduardo Marín. Aún las guardo. Son las pruebas de mi rotundo olvido, ausencia, fracaso. Consulté en Chile para editar en mi último viaje en 1987. No llegamos a nada. Quería editar un libro con alguna dignidad en la forma. No para ganar en los anaqueles, sino por respeto a mí mismo y al lector. La poesía no tiene por qué ser cachureo, mercado persa, escombro, páginas de tercera. Mi libro, premiado en Chile, se transformó en una idea manoseada de las formas de edición. Partes de él fueron leídas en un taller de escritores, discutidos los poemas, criticados. Un poema se editó en Trilce y el libro pasó al inventario del olvido. Se me hizo mil veces la misma pregunta: ¿por qué no editas? Ya mi carrera de poeta inédito había trascendido, hacía carrera más allá de las fronteras de Chile y de donde vivía en Panamá, y me fui enamorando del olvido de la página impresa. Había acumulado algunos lauros circunstanciales en Chile, México y Panamá, y escribía rabiosamente periodismo: 2O páginas diarias. “El más conocido de los inéditos” Inédito tiene otros significados y sinónimos, como original, desconocido, nuevo, fresco, reciente, impublicado. Quizás no sea muy meritorio superar a Rimbaud y a Kafka en el silencio, pero era un primer paso. Aunque esta situación estaba más cerca del anonimato. La poesía se fue acumulando. Cuadernos. Papeles. Libretas. Hojas. Memoria. Concursos. Nada oficial con la palabra impresa. Viajes. Conferencias. Conversaciones. Ilusiones. Las mismas vueltas sobre el mismo olvido.”Aquí no hay editoriales” “La poesía le interesa a muy poca gente y aquí a menos”. ”Piensa en una novela. Piensa en prosa” “Libro para zopilotes”. (Me imaginaba a un buitre frente a la bahía leyendo poemas a su zopilota).
Se acumulaban las páginas cortadas en verso y en líneas más largas, es decir, prosa. Ni Fu, ni Fa. Me contacto con representantes de escritores. Ni Fu, ni Fa. Y hablo con representantes de una editorial local. Ni Fu, ni Fa. Un juego divertido. (Leo: Ulises de J. Joyce fue rechazado por 33 editoriales) Ningún mérito desde luego. Un barómetro para saber que la temperatura no ha cambiado. La lucha por ir al escaparate, se esfumó, o tal vez nunca existió. Inédito es como acostarse todas las noches con las sábanas limpias. Poseer un rollo de papel siempre blanco. Es la enorme responsabilidad de saberse custodio del silencio.
Hay libros sagrados. Libros de libros. Libros clásicos. Libros que no cansan la vista. Libros entretenidos. Libros aburridos. Libros llenos de conocimiento. Libros de aventura, imaginación, magia. (Esos son mis preferidos.) Libros poéticos. (Hay toda clase de libros). Libros que se sienten bien en nuestras manos. Libros que nos siguen guiñando un ojo después de años. Libros de Feria, estanterías, vitrinas. Libros que uno quisiera haber escrito. Libros que uno encontró al pasar y sus secretas páginas nos hablaron de otros mundos, tocaron nuestros sentidos y corazón. Libros que pasaron de mano en mano y siguieron respirando como en un principio. Libtros que devoramos en un andén en un verano sin olvido.
Los libros y los escritores, los periodistas, artistas, han sido perseguidos por siglos y quemadas sus obras. Conocí en Chile, viví, la reedición de ese capítulo medieval, inquisidor, nazi-facista de la humanidad. Libros guillotinados y quemados. Es cuando más se ama la palabra impresa.Armas letales para los dictadores. A veces un simple poema perturba el sueño a un tirano.
El libro es una antesala a una aventura, sueño, felicidad. Tal vez, un día de estos, publique uno.
Rolando Gabrielli©2007

sábado, abril 07, 2007

JUSTINIANI, MARGINAL DE LO PROFUNDO, RAIZAL







Justiniani es pintor, artesano, creativo, artista de lo popular panameño. Lo conozco hace algunas décadas y la calle es su mundo junto a otros artesanos kunas o de países suramericanos que vienen a presentar y vender su arte al Istmo. Con frecuencia se le ve en la vía Veneto, en las cercanías del hotel El Panamá, uno de los lugares de paso más concurrridos de la zona céntrica de la capital. Allí instala su pequeño escenario con las muestras que va elaborando durante los días. Trabaja a tinta sobre cartón, papel, cortezas de árboles, cocos, inventa sus propias técnicas para profundizar en Panamá.
Estas palabras son absolutamente improvisadas, dispersas, como espero le gusten a Justiniani, quien estudió arquitectura antes de sumergirse en este arte popular. Durante años he esperado para hacerle una entrevista, hemos conversado decenas de veces, entre risas, la noche siempre por testigo, un café, me comenta que tiene una serie sobre Neruda y otra de América.
Su obra es para la inmediatez del ojo que coincide con su obra, porque nunca está expuesta, sino aquella que tiene un diálogo más directo con el público: las chivitas, águilas arpías (ave nacional), loros, comparsas (motivos carnavalescos), el Panamá que ya no existe, sentimientos de tierra adentro. Justiniani" es un marginal de lo profundo raizal", un artista que lucha por el pan de cada día y se mueve como un resorte por las calles de la ciudad. Su obra va con él, atada a sus propias visceras.
No lo he visto hace meses, hemos conversado horas, vive el día a día. Trabaja sus temas con detalle y dedicación. Entre sus trabajos, al serie de las chivas me parecen extraordinariamente logradas y muchos de eso cuadros han viajado hacia varios países, adquiridos especialmente por turistas norteamericanos.
Después de la invasión norteamericana a Panamá conversamos sobre como rescatar algunas cosas. El arte, la pintura, tienen esa posibilidad de recrear desde las sombras el pasado e iluminar el futuro. Recuerdo que le pedí que me dibujara una chivita que se iba al cielo y llevaba detrás el barrio El Chorrillo, el lugar más devastado por la invasión. Le gustó la idea y después de un largo tiempo apareció con la plumilla en blanco y negro que encabeza esta crónica. Ahí se ve el barrio, muy popular, fronterizo a lo que se denominaba la Zona del Canal.
Las chivas y chivitas son vehículos llenos de colorido como muestra la última foto, que circulaban en Panama y lentamente fu