sábado, abril 14, 2007

El caracol herido


La ciudad se repite,
en sus escamas de vidrio
siento un caracol herido
que abandona el eco del mar.
(La orilla me recuerda tu olvido)
Por la herida del cemento,
respira la ciudad,
mi mano se estira
en cinco dedos
para tapar el sol
y te toca a la distancia,
piel de ciudad.
El hierro se oxida

con su pesado silencio,
detrás de las puertas
tus pasos no abandonan la ciudad,
ni en mi memoria
dejan de resonar.
Escombros, sitios baldíos,
vitrinas sin estética, ni pedagogía,
la ciudad es un sueño,
el neón de noche la rejuvenece,
entre paredes y el mar,
alguien pasa sobre su espina dorsal,
navega sus averiadas arterias,
admirables ruinas sin futuro.
Rolando Gabrielli©2007

Palabras











Todos los escritores y artistas, de una manera u otra, tienen una deuda, antecedente. A veces esta deuda es con la realidad, con el pasado contaminado que uno nace. Es difícil hacer algo nuevo sólo a partir de una burbuja. Tirar una primera piedra tiene sus consecuencias. La rueda es otra secuencia de las dos piernas humanas. Para un escritor inédito de casi toda una vida, el ejercicio del silencio impreso, es desde luego una postura. Es un acto salvaje de soledad, un doble compromiso con esa señal y ausencia que debiera tener todo poema. Ni siquiera un poeta inédito puede alegar no-contaminación de su palabra. La poesía puede llegar a ser un indomable puercoespín lanzado en las sábanas de la mujer amada, la eterna cohabitación de la rosa y la espina, un azul más rojo que una verde primavera y tus ojos, tus ojos que han leído estas palabras antes de ser escritas.
Es mejor saber que todo está escrito, para comenzar con el pie derecho. La poesía está en todas partes y no siempre en un papel escrita de manera vertical. No siempre se mueve el poema ante nosotros, puede ser la voz secreta que alguna vez tuvieron las palabras. Un poema sabe que existe porque es un secreto revelado. Las palabras son cotidianas e inefables. Un poema lo volverá escribir cada nuevo lector. Es tal vez la mejor manera, única de superar realmente una página en blanco. En estos años de insomnio frente a la página en blanco, de pudor, olvido, temor, impotencia, frustración, dolor, rabia ante la página impresa, la poesía nunca ha estado ausente, porque el papel no siempre hace al monje. La poesía es un hábito que no se ve, se calza, se habita así mismo, como los zapatos. El poema es un acto de amor sin temor un rumor que va creciendo en una circunferencia sobre el agua expandiéndose sin olvidar su centro y no tiene fin, ni comienzo, porque es redondo como la punta de dos palabras.
Durante todos estos años he reconocido mis deudas literarias con los autores que he mencionado una y otra vez. Mis lecturas. Trakl, toda la poesía chilena, clásicos españoles, los surrealistas, J. Donne, Rimabud, Baudalaire, William Blake, Lautreamont, Pound, Essenin, Whitman, Apollinaire, Kavafis, Prevert, T.S. Eliot, Celan, Micheaux, Vallejo, Dylan Thomas, Lezama Lima, Eliseo Diego, Cardenal, Borges, Panero, Gelman, la mujer, mis amigos, la geografía, la ciudad, el amor, la muerte, la vida, Kafka, Kafka, Kafka... y la Musa que siempre está detrás, dentro del poema... La lista es sin duda, mayor y no se agota como las palabras.
He sido fiel a mis maestros, escribir, escribir en cualquier estación, lugar, hora y revisar sin tiempo. La poesía tiene muchas motivaciones, siempre está presente, es un acto solitario, un ruido que no se sabe y se sabe de donde viene. El poema es un viejo caracol, un laberinto ciego, siempre una puerta. Mis poemas pertenecen a tu corazón ardiente, siempre son mi último verano y reviven las hojas secas. Apuestan a tus insomnios, horas muertas, a tu pasión, mi desconocido lector.
Con mi admirado Jack Prevert, quien cumplió en estos días 30 años de ausencia física, quiero homenajear a mis maestros y poetas de todos los tiempos, a quienes creen en este oficio, ejercicio de vida que vive por las palabras. (Paroles, decía Prevert) Un poeta verdaderamente popular es aquel que siempre leemos, recordamos y asociamos con nuestros actos cotidianos y sueños.
Rolando Gabrielli©2007

Oh pared

Oh pared,
persistes, persistes.
Mi silencio
rebota, rebota.
Rolando Gabrielli©2007

jueves, abril 12, 2007

Estás
















Estás en mí mano,
pero no eres mi prisionera...
Rolando Gabrielli©2007

Amantes, amantes



Mi historia
no es más larga,
ni más dura
que mis propios huesos.
Bajo esta tierra,
sobre el mar,
este polvo,
seguirá contando
mi historia,
como gusanos,
plantas nuevas,
algas ninfas,
polen de tus horas muertas.
Amantes, amantes.
Rolando Gabrielli©2007

miércoles, abril 11, 2007

K, la palabra impresa quema?















J. Denver no aplazó la fecha un día más. Consideró suficiente el tiempo pasado. Dos o tres nubes ligeras no pueden cambiar un paisaje, pensó. Inevitable descenlace, dijo. Él o yo, sostuvo la frase en un pulso imaginario. Una decisión equivalente ante un juez. Sólo un amigo verdadero cumple con su palabra, volvió a pensar como en algo posible.
La casa estaba vacía y asimismo sintió la ciudad. La tarde se veía limpia, despejada, sin compromiso. -Mejor, asintió con la cabeza. Nadie saldrá lastimado. Vestía como un día cotidiano, bluejeans y una camisilla roja, sin cuello, de tres botones.
El patio era un buen sitio. A esa hora caerían algunas sombras. El crepúsculo recrea su propio yo. Es un estado psicológico del tiempo. A esa hora nadie se aproximaría para interrumpir el acto.
Reivindicación tardía, volvió a pensar y se frenó. Cábala personal, volvió a asentir con la cabeza.
Sí, no era sólo cumplirle al finao K. La historia ya había jugado esa opción innecesaria. La deuda era personal, consigo mismo.
Llamó a la imprenta y le dijo: proceda.
Rolando Gabrielli©2007

domingo, abril 08, 2007

ABRIL 17 del 2007





El calendario marcaba 2013. Una fecha absurda, de ficción. La pudo haber soñado y usado Ray Bradbury y no sería un cliché. Sin embargo, el calendario había avanzado en el tiempo. Un formalismo más, porque después de todo nada queda. Había luna en las noches como en tantas partes del mundo. Sol de día, como en algunos lugares. Lluvias, como en menos partes. Gente violenta, en todas las partes donde viven personas. Ocurren casi las mismas cosas que ocurren en cualquier lugar donde nacen hombres. Un bombillo o ampolleta alumbra o estalla en cualquier parte de la misma manera. Cualquier parte o lugar son una misma parte o lugar. Abundan sitios así por la gente que los habita. Lo había pensado muchas veces, vivido, casi soñado. Lo que está repetido, es común, pareciera estar escrito. A nadie se lo había escuchado o leído, pero no sonaba mal del todo. Los paisajes naturales suelen permanecer y cambiar. Las ciudades van transformándose con los años y alguien siempre las encontrará diferentes. La monotonía es el precio más alto del aburrimiento. Las combinaciones suelen ser las mismas variaciones y terminan en lo ya conocido: una rutina diferente. Lo que es redondo no deja de serlo. Una frase casi cuadrada, a la medida de cualquier circunferencia. La fecha carecía de toda importancia, porque igual que el tiempo pasa, sucede que ya ocurrió. Marcar un período o tiempo, cuando todo ha sucedido o tiene un mismo tiempo, carece de sentido. El tiempo de atrás y de adelante, no es el mismo tiempo del medio, que puede ser presente, entre un pasado y un futuro. Pero tarde o temprano terminarán siendo lo mismo. El tiempo pasa, es lo único cierto, aunque sea ficción. Gira y gira la polea, se repasa así misma.
La Vidente había dicho: el tiempo le traerá todas las respuestas. ¿El tiempo se lo lleva el viento o el viento no tiene tiempo? La cábala a veces es como un dinosaurio helado, un cocodrilo lleno de lágrimas, un sauce que podría tener un antepasado cocodrilo por llorón. Así, alguien me dijo, prefiero la muerte sin país, un océano silencioso, sin palabras. Un Epitafio es como seguir permaneciendo, una existencia de palabras duras. ¿Para qué más fronteras que la profundidad de la tierra, el aire o el mar? Dio tres oportunidades a los vivos. Se sacudió de paso la muerte, el pasado, dejó todo en limpio, la hoja final, como en un principio. Sólo agregó una segunda fecha. La última que complementa la primera, que viene liviana, fresca, nueva, misteriosa, absolutamente inédita.
Escribir un libro es una fecha en el tiempo, una manera de expresar algo sobre algo de alguien o muchas cosas o una en particular. Un libro tiene un destinatario, ninguno o millones. Un libro se imprime para derrotar al tiempo, al menos asustarlo. Es una obsesión que se sale de la cabeza, pasa a las manos y se imprime. Puede tener tapas duras o blandas, siempre hojas con letras, frases, tipografía, su propia retórica. Un libro siempre lleva un nombre como una persona, aunque más largo a veces. Bueno, con los apellidos, es diferente la comparación. Es su identificación para toda la vida, como nosotros. Sus páginas, contenido, es su identidad, la cédula del libro, verdaderas huellas digitales del autor. Escribir un libro es una obsesión, varios y editarlos, un trabajo, una manera delirante de ganarse o perder la vida. La mayoría de las personas pasan toda su vida sin escribir un libro y menos editarlo. Muchos piensan en escribir un libro y no lo hacen. Yo soñé casi cuatro décadas con editar un libro. El libro estaba escrito, la portada existía. Pensé en agregarle dibujos, los encargué a un pintor. Me los envió desde París. Los encontré caros y los devolví por el mismo tubo que me llegaron. No sé que los hizo el pintor, pero forman parte de mi eterno libro inédito. O era demasiado seguro o inseguro. No sé. El libro siempre estaba por imprimirse, al menos en mi memoria e imaginación. Llegué a hacer unas pruebas de imprenta con Gente Nueva de Colombia, mi amigo Eduardo Marín. Aún las guardo. Son las pruebas de mi rotundo olvido, ausencia, fracaso. Consulté en Chile para editar en mi último viaje en 1987. No llegamos a nada. Quería editar un libro con alguna dignidad en la forma. No para ganar en los anaqueles, sino por respeto a mí mismo y al lector. La poesía no tiene por qué ser cachureo, mercado persa, escombro, páginas de tercera. Mi libro, premiado en Chile, se transformó en una idea manoseada de las formas de edición. Partes de él fueron leídas en un taller de escritores, discutidos los poemas, criticados. Un poema se editó en Trilce y el libro pasó al inventario del olvido. Se me hizo mil veces la misma pregunta: ¿por qué no editas? Ya mi carrera de poeta inédito había trascendido, hacía carrera más allá de las fronteras de Chile y de donde vivía en Panamá, y me fui enamorando del olvido de la página impresa. Había acumulado algunos lauros circunstanciales en Chile, México y Panamá, y escribía rabiosamente periodismo: 2O páginas diarias. “El más conocido de los inéditos” Inédito tiene otros significados y sinónimos, como original, desconocido, nuevo, fresco, reciente, impublicado. Quizás no sea muy meritorio superar a Rimbaud y a Kafka en el silencio, pero era un primer paso. Aunque esta situación estaba más cerca del anonimato. La poesía se fue acumulando. Cuadernos. Papeles. Libretas. Hojas. Memoria. Concursos. Nada oficial con la palabra impresa. Viajes. Conferencias. Conversaciones. Ilusiones. Las mismas vueltas sobre el mismo olvido.”Aquí no hay editoriales” “La poesía le interesa a muy poca gente y aquí a menos”. ”Piensa en una novela. Piensa en prosa” “Libro para zopilotes”. (Me imaginaba a un buitre frente a la bahía leyendo poemas a su zopilota).
Se acumulaban las páginas cortadas en verso y en líneas más largas, es decir, prosa. Ni Fu, ni Fa. Me contacto con representantes de escritores. Ni Fu, ni Fa. Y hablo con representantes de una editorial local. Ni Fu, ni Fa. Un juego divertido. (Leo: Ulises de J. Joyce fue rechazado por 33 editoriales) Ningún mérito desde luego. Un barómetro para saber que la temperatura no ha cambiado. La lucha por ir al escaparate, se esfumó, o tal vez nunca existió. Inédito es como acostarse todas las noches con las sábanas limpias. Poseer un rollo de papel siempre blanco. Es la enorme responsabilidad de saberse custodio del silencio.
Hay libros sagrados. Libros de libros. Libros clásicos. Libros que no cansan la vista. Libros entretenidos. Libros aburridos. Libros llenos de conocimiento. Libros de aventura, imaginación, magia. (Esos son mis preferidos.) Libros poéticos. (Hay toda clase de libros). Libros que se sienten bien en nuestras manos. Libros que nos siguen guiñando un ojo después de años. Libros de Feria, estanterías, vitrinas. Libros que uno quisiera haber escrito. Libros que uno encontró al pasar y sus secretas páginas nos hablaron de otros mundos, tocaron nuestros sentidos y corazón. Libros que pasaron de mano en mano y siguieron respirando como en un principio. Libtros que devoramos en un andén en un verano sin olvido.
Los libros y los escritores, los periodistas, artistas, han sido perseguidos por siglos y quemadas sus obras. Conocí en Chile, viví, la reedición de ese capítulo medieval, inquisidor, nazi-facista de la humanidad. Libros guillotinados y quemados. Es cuando más se ama la palabra impresa.Armas letales para los dictadores. A veces un simple poema perturba el sueño a un tirano.
El libro es una antesala a una aventura, sueño, felicidad. Tal vez, un día de estos, publique uno.
Rolando Gabrielli©2007