No sé en qué podría inspirarme en estos tiempos
vi a mis maestros leer
como monjes medievales,
buscar la piedra
filosofal y practicar la alquimia del verbo
en cuartos
miserables, parques públicos, bares
y leer sus poemas en los auditórium de las universidades,
escribir en servilletas, libretas ordinarias, poemas magníficos.
Viajaban cófrades
de un mismo espíritu
por las
provincias y alguna vez me uní a ellos
para vivir el
encanto de lo desconocido,
lo que
suelen revelar las palabras
y saque grandes
enseñanzas
Los vi con mis
propios ojos
hacer un trabajo
de relojería
con las
palabras, con tal precisión,
interpretando los
tiempos a su manera.
No sé si llegaron
muy lejos y se sintieron complacidos
de su esfuerzo por
años sin que nadie se diera cuenta
y algunos quedaron
en el camino de una supuesta salvación,
a merced de
críticos y premios, becas y viajes esporádicos,
ese absurdo
prestigio y fama restringida
a pequeños grupos,
tribus que hablaban su propio idioma
y pienso que eran felices, eso sí es importante.
2
La juventud y el
reino de las palabras resultan ser
caminos
enigmáticos y tentadores, por más inciertos
que se sepan de
antemano por repetidos.
No sé en qué me
pueda inspirar en estos tiempos,
que no sea
recorrer caminos de ripio,
recoger la
hojarasca del patio de mi casa,
no poner atención
al mal tiempo,
algo que no
lo resuelve un paraguas
o salir más
temprano de casa.
Todo es inestable
para la meteorología,
el hombre no
vislumbra siquiera
su propio
horizonte catastrófico.
Rolando Gabrielli2025
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