El bien y el mal
se encuentran en un lugar
para desconocidos
y sorprendidos,
se miran, reconocen y abrazan,
se funden, en verdad,
en un gran abrazo
de mutuo respeto.
Saben que su existencia
depende del otro.
Al menos intuyen,
que van a seguir existiendo
y actuando de acuerdo
a las circunstancias,
a la naturaleza del ser humano.
Estàn tan íntimamente ligados,
que comparten el aceite
y el vinagre en una misma mesa,
como el pan de cada dìa.
Rolando Gabrielli2026
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