lunes, julio 31, 2006
sábado, julio 29, 2006
miércoles, julio 26, 2006
A PARTIR DE PARRA
UNOLas antologías son artefactos decididamente discrecionales y su contenido es una selección de textos al dente de su(s) autor (es). De las antologías podemos esperar casi todo. Desde la arbitrariedad a las omisiones y destaques subjetivos, patéticamente personalistas y disfuncionalmente creativos. Todas contienen el gusto de la mano que las elabora. Y contienen, sin duda, textos esenciales, algunos que sus propios autores no consideran representativos y otros que no debieran haber sido escogidos porque carecen de representatividad, peso y calidad poética. El antologador se transforma en juez y parte, y lleva adelante su proyecto contra viento y marea. Todas fueron escritas por algún objetivo y parten del punto de vista de su autor, como debe ser. Antologar es separar un conjunto aparte de manera selectiva. Las antologías son un inventario, la adjetivación de lo personal, una mirada de época, que siempre es restringida al ojo del amo que hace engordar el texto. Jorge Luis Borges que conocía de estos afanes, dijo en una oportunidad que nadie puede compilar una antología que sea mucho más que un museo de sus Simpatías y Diferencias. El inefable porteño ahondó aún más en su visión sobre estos libros guías, auxiliares de la memoria, cuando acuñó la frase: No hay antología cronológica que no empiece bien y no acabe mal.
Cómo me gustaría ser esa oscura ciénaga,
Cómo me gustaría lograr morirme ahora,
Cómo me gustaría rodar por el vacío,
Cómo me gustaría ser el cero del polvo,
Para no cavilarme, para no volver nunca,
Cómo me gustaría ser
Dicen que fue la muerte la causa de la vida,
Yo qué: furgón deshijo – destello – de la muerte.
que tu candor me duele – ultrajante alarido –,
cómo me gustaría ser esa oscura ciénaga,
cómo me gustaría rodar por el vacío:
Sólo subamos al carrusel de Huidobro.
Rolando Gabrielli©2002-2006
Homenaje al Poeta Chileno Vicente Huidobro
en su 110 avo natalicio, hoy 10 de Enero de 2006
dejó la filosofía,
por ser un invento demasiado antiguo,
no por vieja, sino inútil fantasía,
en un país sin piso, ni memoria, ni ley.
A él le gustaba el rock y se montó
en esas partituras de los sesenta,
voló en el blue jeans,
su pequeña gran historia,
cuando era ex poeta
y solía declararse vivo,
con una garganta de oro,
entre Santiago y Valparaíso.
Yo lo conocí agrio, descreido,
de espalda a su tiempo,
en el Pedagógico de la Universidad de Chile.
Todos nos creíamos un poco santones,
de nuestras inconfundibles miserias,
el país aún no presentaba
las grietas cardiovasculares
por donde Drácula nos chuparía la sangre.
Yo hablo de la primavera del 73,
la fiesta de la muerte,
la cueca del muerto solitario,
del Mapocho putrefacto,
del país que se nos iba
sudando por un sobaco negro,
barranco abajo.
Un largo sangrante mugriento hilillo,
el río de la muerte,
el cuerpo de Chile, un delito,
de Norte a Sur
en la brújula desdentada
de la nueva república.
Con este paraíso lidiamos dos años,
José Pepe Cuevas se quedó
componiendo una música rara,
poesía de desecho, materiales usados.
Se abusó del silencio
más que en toda la historia republicana,
la palabra arodillada
recibió un tiro de gracia.
La muerte siempre nos guiñó un ojo,
la vida vivía en un nido imaginario.
todo se lo devoraban las ratas,
cada noche más oscura
que la anterior,
participaba el país en un concurso
de carrozas muertas, sin jinetes
en la Estación Terminal de Chile.
José Cuevas se transformó
en un habitante
del País de Nunca Jamás,
en búsqueda de la memoria perdida.
General Velásquez/Avenida Matta/Matucana/
las calles de la podrida
Capitanía General,
Santiago del Nuevo y Viejo Extremo,
proscrita por el tiempo,
la gracia de la muerte,
algunos se quedaron
coagulando la noche espesa
de la Colonia Penal.
La Capitanía por fin,
recogida en sus sábanas
huérfanas del atardecer,
qué magnífico paisaje, poeta.
Juan Larrea
Yo estoy con los pobladores del entresueño,
no soy igual a ellos pero los puedo oler cuando cruzan la noche.
Yo estoy con los pobladores del entrepiso que queda justo a mitad de camino
entre la cabeza y la lluvia, entre la cabeza y la intemperie.
Justo en mitad de la niebla somos sólidos ojos cerrados,
visiones del que hace sonar las campanillas cuando cruza la cerca de regreso a
su casa
después de mucho rezar para volver.
Tenemos las rodillas tan largas,
caminamos oscuros
bajo la noche sola.
Yo estoy con la verdad de los muertos
si la loza de todos los patios se rompe
y los peones del asesinato se esconden tras los armarios del cementerio.
Yo estoy con la verdad de los muertos, de pie en la cabeza de los vivos.
Un poema es un nudo en la muñeca,
un poema es un encargo de fruta del más allá,
un poema es un cardo que en cada espina tiene escrito recuerda, recuerda,
recuerda.
Yo estoy con los pobladores del entresueño,
no soy igual a ellos pero los puedo oler
camino de ninguna parte.
Ellos vendrán, sus ojos serán ardientes
y tú hablarás, corazón de madera.
para Elisa Castillo
El crítico y profesor chileno, Mario Rodríguez Fernández, a principio de los 70, sostiene que la poesía de Parra comprende en su plenitud al período superrealista, época que se inicia en 1935. En síntesis es una nueva manera de poetizar, que revoluciona el lenguaje lírico y el yo poético, adquiere varios pisos psicológicos, como me comentara alguna vez Parra. Se alza, dice Rodríguez, una "nueva poesía entregada a los demonios del inconsciente, a las sombras del sueño, a los destellos del mito, a la reducción al absurdo de lo cotidiano, a la destrucción de la realidad inmediata mediante el humor negro o la negación de ella, y en fin, una poesía en que los más diversos niveles se cruzan y se mezclan de tal modo que se crea un nuevo tipo de realidad, que bien podríamos llamar irrealidad sensible". (Hugo Friedich, acuña el término en Estructura de la lírica moderna). La Antipoesía no es pañuelo de una sóla punta o dos, no hay espacio en un Blog y ni tiempo en sus lectores para extendernos y profundizar más. El poeta en la Antipoesía es un hombre común y corriente, como todos nostros, no busquemos más explicaciones. En la parte dos de la Poesía chilena de Hoy, incluiré algunos poemas de poetas chilenos y de Parra. Este ha sido un trabajo experimental como otros, escrito sobre el Blog, corregido y bajo el tratamiento de esta historia continúa. Les comento amigos, que este libro fue presentado en la Feria del Libro Argentina 2006 por el poeta chileno y amigo Gonzalo Millán, con otros escritores. Y ha llegado a mis manos después de un largo recorrido, porque la Antología viajó a La Patagonia argentina, unos 3.500 kilómetros al sur, donde el mundo sólo es Sur. Desde allí fue enviada vía aérea hacia Panamá. No podría haber hecho estos comentarios sin las manos generosas de Diana V. Mis sinceros agradecimientos. Rolando Gabrielli©2006
martes, julio 25, 2006
La ampolleta de Parra
viernes, julio 21, 2006
13 en la cábala

¿La muerte es un fin,
una meta o un principio?
2
La muerte es un tren,
una piedra
o una lápida
sin nombre?
3
¿La muerte
es un subsidio
para la otra vida?
4
¿La muerte
nació muerta?
5
¿Quién garantiza
trabajo eterno
a la muerte?
6
¿Quién alienta
a la muerte
a seguir con nuestra vida?
7
¿Por qué la muerte
se cree la muerte?
8
¿La muerte
no tiene más respaldo
que la vida?
9
¿Por qué la muerte
no se compra un seguro de vida?
10
¿Por qué la muerte
no saca a bailar
a su hermana?
11
¿Por qué la muerte
se declara victoriosa
de una batalla perdida
de antemano?
12
¿La muerte vivirá
muerta
por siempre?
13
¿Por qué no le damos
muerte
a la muerte?
miércoles, julio 19, 2006
DEL AMOR

El amor es
impredecible,
pero ocurre
que es,
imprecindible.
2
El amor
no duda
ante la duda.
3
El amor espera,
pero no atrasa
el reloj.
4
El amor que
riega el viento,
se vuela
5
El amor
se reconoce
en el fruto
que crece ciego.
6
El amor
que ama en silencio
no supera la afonía.
7
El amor real
le declara
la guerra
al miedo.
8
El amor es
el primer
paso
hacia la conquista
de la Utopía.
9
El amor
que regresa
nunca se ha ido.
10
El amor tiene
un sólo ingrediente:
Tú.
Rolando Gabrielli©2006
DEL POETA

Quienes conocemos a Rolando, también sabemos de su humor y filosofía. "Todo túnel debe tener una luz para ver y respirar," dijo más de alguna vez. Subimos a su Blog, algunos de sus textos encontrados, en lo que él llama: "Su mesa flotante". Son sus palabras, pensamientos, poemas, papeles y que reflejan su atención literaria. Hay también trabajos que estuvieron para ser editados en su Blog. Textos y fotos. Cumplimos con sus amigos y lectores, que no han dejado de preguntar por El Poeta. Toda luz encuentra definitivamente un túnel para brillar aún más. Acompañamos esta breve presentación y buenas noticias, con uno de los tantos mensajes llegados por correo, que refleja sentimientos de profunda amistad y buena onda, que debiera extenderse a todos en la Red. De Norte a Sur, de Canadá hasta la Patagonia. España, Chile, Argentina, Suiza, Alemania, Brasil y México, muy presentes. Gracias por cada uno de los muchos mensajes recibidos.
"Seràn esperados los escritos. Ayer asistiò un chamàn de la ciudad de Humahuaca, zona de antiguas comunidades indìgenas en la Argentina casi en extinciòn. Su concepto de salud es holìsitico, cuerpo-mente y alma. Al menos un cìrculo de seres nos convocamos en un rezo energètico para el amigo Rolando. Cuesta creer en esas alternativas en un mundo racional donde el Ser se confunde con el Tener. Hacemos la apuesta, al menos en una intenciòn de confianza en la evoluciòn de cada naturaleza segùn la misiòn que le corresponde. Serà como tenga que ser. Un abrazo. Marcela Alejandra"
miércoles, julio 05, 2006
¿POR QUÉ ME LLAMAS EL POETA RÌO?

DE SU BITÁCORA PERSONAL este poema que tiene el nombre de un pregunta como si fuera una dedicatoria.

Para los AMIGOS y Lectores de Rolando Gabrielli, que no han dejado de enviar mensajes, editamos algunos de sus últimos trabajos. En uno de sus apuntes dice: He mantenido este Blog como un acto legítmo de escritura y placer, belleza y amor, obsesión por la palabra y su destino. La palabra le pertenece definitivamente al Lector.
martes, julio 04, 2006
EN SANTIAGO LA LIVIANA VUELA

No eres más, no eres menos
en esta calle de sangre,
mis muelas estallan
en los ventanales esta mañana.
Soy una mancha en el frío cristal,
termómetro blanco mis huesos rotos.
Santiago en el setentitantos,
fachada del paraíso perdido,
la vida llega en un ulular de ambulancias,
tus palabras muertas,
los amigos muertos han muerto
y no descansan en paz
aunque los cementerios florezcan,
huelan a aromos, cerezos en flor.
2
Me aturde la tarde, la inútil espera,
como un guante blanco,
el gato de la tía Blanca cruza la mañana,
el mundo bajo sus pies
es una pluma que danza al vacío.
La noche en Santiago
es un ataúd virgen,
una mancha roja en la nieve blanca,
cielo negro, río negro, historia negra.
Aún no estamos ciegos para ver.
3
Oh Chile brumoso,
esqueleto de florecientes yagas,
llámame y ahí estaré
junto a tus altares insepultos,
copihues, cruces rotas, desierto,
franja de piedra loca y mar,
paisaje eterno de viento y sal,
fugaz muro, fugaz.
4
Si esta noche ardes
en cuerpo y alma,
a su vereda va el poema,
invoca la luz que arroja,
el muerto, el vivo, el verbo.
5
La poesía es fuego,
ceniza azul el poema,
asciende en su blanca hoja,
sin palabras, la liviana vuela,
el poema siento que se queda,
no me abandona.
Rolando Gabrielli
lunes, julio 03, 2006
EL DIA QUE NACIÓ KAFKA...
El día que nació Franz Kafka estaban cerradas todas las puertas de su ciudad natal: Praga. A partir del 3 de julio de 1883, hace sólo 123 años, el mundo comenzó a ser kafkiano. Andaba en bicicleta, reía, atravesaba el río Moldava sin tiempo, de espaldas sobre su bote, hacía dieta, obtuvo un doctorado en abogacía, era judío y escribía en alemán. Escribió sobre la muralla china, un escarabajo, castillo, América, varios diarios sobre sus amores, una carta a su papá, y muchas otras historias. Se especializó en la rama de los seguros, pero nunca aseguró su vida, ni futuro literario. Por el contrario, a su amigo Max Brod le encargó quemar sus manuscritos. Gracias a su “deslealtad”, comprendemos el mundo kafkiano en el que vivimos. ¿K nos heredó sus sueños y pesadillas? ¿K nos encerró en la Torre de Babel? ¿K fue un artista del trapecio sin red? ¿K comprendió finalmente que su destino era ser kafkiano? Quizás fue un puente con el futuro y él nunca existió. Yo era rígido y frío, yo estaba tendido sobre un precipicio; yo era un puente. En un extremo estaban las puntas de los pies; al otro, las manos, aferradas; en el cieno quebradizo clavé los dientes, afirmándome. Los faldones de mi chaqueta flameaban a mis costados. En la profundidad rumoreaba el helado arroyo de las truchas. Ningún turista se animaba hasta estas alturas intransitables, el puente no figuraba aún en ningún mapa. Así yo yacía y esperaba; debía esperar. Todo puente que se haya construido alguna vez, puede dejar de ser puente sin derrumbarse.
Fué una vez hacia el atardecer -no sé si el primero y el milésimo-, mis pensamientos siempre estaban confusos, giraban siempre en redondo; hacia ese atardecer de verano; cuando el arroyo murmuraba oscuramente, escuché el paso de un hombre. A mí, a mí. Estírate puente, ponte en estado, viga sin barandales, sostén al que te ha sido confiado. Nivela imperceptiblemente la inseguridad de su paso; si se tambalea, date a conocer y, como un dios de la montaña, ponlo en tierra firme.
Llegó y me golpeteó con la punta metálica de su bastón, luego alzó con ella los faldones de mi casaca y los acomodó sobre mi. La punta del bastón hurgó entre mis cabellos enmarañados y la mantuvo un largo rato ahí, mientras miraba probablemente con ojos salvajes a su alrededor. fué entonces -yo soñaba tras él sobre montañas y valles- que saltó, cayendo con ambos pies en mitad de mi cuerpo. Me estremecí en medio de un salvaje dolor, ignorante de lo que pasaba. ¿Quién era? ¿Un niño? ¿Un sueño? ¿Un salteador de caminos? ¿Un suicida? ¿Un tentador? ¿Un destructor? Me volvi para poder verlo. ¡El puente se da vuelta! No había terminado de volverme, cuando ya me precipitaba, me precipitaba y ya estaba desgarrado y ensartado en los puntiagudos guijarros que siempre me habían mirado tan apaciblemente desde el agua veloz.
LA PERSIANA DESNUDA

El trópico es este misterio insondable, la lechuza que adivina ciega el hilo de la noche. La luz que recoge un viento azul, tibio, como si fuera una raíz invisible en el escenario diario, el espacio de la vida. Todo se vuelve trópico en el trópico, cómo explicar la lluvia que borra mi mano, el sol que se siente entrar en la noche o la humedad que reescribe mi historia en la piel. El horizonte crece en la línea de mi mano y si tuviera que dibujar el futuro, tendría la forma de una ventana. Por ahí entra y sale la tibieza del espíritu, eso que el día toca con su mano y se expande en el asombro de las pequeñas cosas.
En esta época se estaciona un mar de estrellas en el techo de la casa y las luciérnagas comparten su luz en la oscuridad. Es un juego divertido permanecer a oscuras y que la luz quede en manos del vuelo suspendido de una luciérnaga. Así la noche no se siente agredida y la luciérnaga confirma la importancia de la luz en la pirotecnia de su vuelo y majestad de su lenguaje.
En el trópico crece todo, la misma noche se agranda en el silencio o la transparencia del día ocupa su espacio infinito. Y todo se detiene para no ser lo mismo. Un reflejo de lo que ya no es o podría ser.
Las hormigas unen su cerebro de hormiga, lo colectivizan, cargan con su equipaje para garantizar su sustento cotidiano y manejan el camino de sus vidas ida y vuelta.
El Oso Perezoso tiene una vida difícil en la alterada ciudad que devora la selva y con el cemento se traga la naturaleza. Es el Neo-trópico, donde las chatarras adquieren vida y los desechos nos abrazan en las calles o en algún lugar de la casa. Con su dentadura perfecta, el Oso Perezoso se alimenta de termitas y equilibra con sus fuertes garras el tiempo que le rodea y reafirma en el círculo de ocio y vida.
Ritual de nuestra época, un tiempo que se aferra así mismo, y es estampida al mismo tiempo, sal y agua en nuestras manos. Cuando cruzo la carretera rodeada de la selva, por el área del Canal de Panamá, a la orilla de la berma, en los hombros de asfalto y a veces en el centro de la propia avenida, y veo muerto un Oso Perezoso, siento que el futuro se ha detenido.
La ciudad le pertenece y cada día y hora convierte las avenidas en un mar de carrocerías y llantas en movimiento. Los animales y el hombre pierden su vida debajo de sus gomas humeantes o frente a sus latas desmiembran sus cuerpos.
Es lo más veloz que circula por la ciudad, a no ser que seamos el viento. Pero esas cuatro ruedas necesitan de manos y pie para desplazarse contra nosotros mismos.









