martes, marzo 06, 2007




El mundo se repite de una manera muy diferente. La globalización es un ombligo que cada día se va haciendo más chiquito. Sin ir más lejos de lo que permiten ahora los Medios y herramientas digitales, ejes de la trivialización y banalización de lo cotidiano, pilares de las ruinas contemporáneas, donde los poderes fácticos erigen el futuro. ¿La Sociedad Global, Paraíso o Reino de Tinieblas?, es el título de una charla que brindé hace 15 años en Panamá, me parece relativa y afortunadamente sospechoso. Nadie dijo nada ese día y a los 45 minutos en que intentaba de trazar algún mapa, un punto de referencia con lo que ya no éramos o estábamos siendo, pasamos rápidamente a la cena, motivo banal del encuentro o monólogo. Sentí el ruido de lo cubiertos y el suave sigilo de las servilletas, como un campo minado al desencuentro, y pensé así debió caer el Imperio Romano sin que nadie lo notara. Una exageración, pero preferí el pasado monumental del fracaso, al futuro incierto, a este presente de la nada borrado sobre una mesa redonda con un mantel blanco, extraordinariamente hipócrita y virginal. De qué manera cae asesinada la realidad, se le maquilla, superpone un decorado que le garantice una extraña superviviencia, pasaporte a la nada.
Cuando el sociólogo Marshall McLuhan nos hizo soñar y estremeció nuestras conciencias de provincianos tercermundistas, con La Aldea Global hace más de tres décadas, sentimos el impacto de las ideas innovadoras, pero no estábamos preparados para entender que el visionario canadiense nos enseñaba la punta del Iceberg de una revolución en ciernes, que influiría en todas las esferas de la vida humana. Algo así dije al comienzo, pero ignoraba que con el correr de los años, el tiempo sería el primer derrotado, porque ya no existiría como lo concebíamos y en verdad todo podría suceder a un mismo tiempo. Qué película...Seguí hablando de los tiempos pasados reciente, Guerra Fría, planeta bipolar, confrontación de sistemas, carrera espacial, armamentista, economía compartimentada, UE y la surrealista integración latinoamericana. Un mundo más bien ancho y ajeno, cito al novelista peruano Ciro Alegría, bajo el liderazgo de dos bloques, la hegemonía de las potencias nucleares y sus zonas de influencia económica y cultural.
La tierra pudo estremecerse como un cataclismo cuando los dinosaurios se convirtieron en historia, en la época del hielo, durante las grandes y recurrentes catástrofes naturales y climáticas, pero siempre ha estado en un proceso de cambio desde que el hombre puso un pie en ella.
Como si se buscara en un agujero negro, el hombre se ha preguntado Quién es; De dónde viene y Hacia dónde va. Y a veces toma la fuerza de un chiste, esa feroz incógnita, heredada de la duda, misterio, miedo, asombro. Y en esta era global se han despejado algunas incógnitas de la estructura física humana, porque somos una luciérnaga en el medio del gran agujero negro y en ocasiones sin baterías. Se sabe procedente, arrojado, producto de y se indaga, pero no llega hasta el fondo de su cerebro, más bien otea, toca, palpa la cáscara de su piel, un poco el hígado de su realidad.
Frente al mar Pacífico, en esas mesas ordenadas para esa charla, cité, recuerdo, la creciente ola de los bloques económicos y el distanciamiento, la asimetría, entre el Norte y el Sur, y usé una frase descompuesta en dos contradicciones, pero ferozmente real: la dictadura del mercado. El mercado tiene la etiqueta de libre, pero cuando obedece a las leyes de la manipulación, se borra todo principio, expresión, atisbo de igualdad e intercambio positivo. Caía el siglo XX a pedazos detrás del Muro de Berlín y de los países del llamado socialismo real, y crecía bajo el pie derecho de la historia una nueva semilla de la institucionalidad global.
La escritora francesa Vivianne Forrester advirtió el pasado siglo en su libro El Horror económico, que se estaba produciendo un cambio civilizatorio, y advirtió que la cultura global todo lo prevé, organiza, administra, prohibe y realiza en función de la ganancia. Se interroga si es útil una vida que no le da ganancia a las ganancias, en un mundo que ya se perfilaba "sin fronteras". este es un concepto de la modernidad, que nació en la década de los 80 y luego dio paso a la globalización. Lo dije en esa charla y definí el proceso global con palabras de algunos analistas: "la intensificación en escala mundial de las relaciones sociales que enlazan localidades muy distantes, de tal modo que lo que ocurre en una está determinado por acontecimientos a millas de distancia y viceversa".
Viejo tema actual la globalización, ubicada por estudiosos norteamericanos, japoneses y latinoamericanos, como un proceso a partir de los descubrimientos marítimos que se consolida a fines del siglo XVII y principios del siglo XVIII. La segunda fase, según los expertos, comenzó a fines del siglo XVIII con la industrialización, para afianzarse con los imperios coloniales y la industrialización de Estados Unidos. El tercer período de este fenómeno de la economía y de las comunicaciones que está asociado a una inédita concentración del poder, parte de la Primera Guerra Mundial con la formación de un sistema internacional de comercio y las regulaciones, para fortalecerse después de la Segunda Guerra Mundial con el establecimiento de las Naciones Unidas y la revolución tecnológica de la mitad del siglo XX.
Hay quienes sostienen que la globalización lo abarca todo. Por eso, adquiere la mayor importancia y actualidad, el evento organizado por los estudiantes de postgrado de español y portugués de la Universidad Wisconsin-Madison, bajo el título:Escritores iberoamericanos en la era de la globalización, que se realiza del 7 al 10 de marzo próximo. El foro contará con escritores latinoamericanos destacados, la mayoría con residencia en Estados Unidos: Jorge Volpi, Cristina Rivera Garza y Ricardo Chávez Castañeda, de México; Mario Mendoza, de Colombia; Edmundo Paz Soldán, de Bolivia; Mayra Santos Febres, de Puerto Rico; Marta Sanz, de España; y Pedro Mairal, de Argentina. Discutirán temas esenciales en el contexto cultural contemporáneo, relacionados con la violencia, la sexualidad, el cuerpo, la enfermedad, la ciudad y las migraciones. Violencia y literatura en América Latina, Literatura y Cine y Escritura y proceso editorial en el mundo globalizado, figuran en la agenda de los invitados de la Universidad de Madison, Wisconsin.
La globalización es una marea incontenible. Aquella tarde me refería en Panamá, un país globalizado por el sueño de Carlos V hace más de cinco siglos con el tema del Canal Interoceánico que se hizo realidad en 1914, al fenómeno del mercado, comercio, a la economía, fundamentalmente, pero también a los cambios vertiginosos que producía esta nueva cultura, transformaciones impredecibles para el mejor vigía o administrador de brújulas. Cambios en la manera de trabajar, producir, consumir, cambios en la forma de relacionarse entre los hombres, una nueva manera de hacer y crear, porque todo comienza a reinventarse por segunda vez de manera trascendente en el siglo XX. En un mar de dudas, definió al mundo en ese entonces, Michael Camdessus, presidente del FMI, porque entre la miseria y el desarollo reina el miedo.
El fenómeno global suele centrarse en la economía, porque antes de la rueda, el planeta gira entorno al comercio y su derivados, aunque el conocimiento y la cultura, han probado ser herramientas básicas para un desarrollo sostenible, progresivo y otorgar estabilidad a los procesos de cambios.
Era impensable ese día de la charla en el hotel, vislumbrar siquiera que la caída de un muro puede significar que se construyan dos nuevos muros y que la globalización también significaba banalización, o que un autor desconocido lanzaría la tesis del fin de la historia. Sin duda el mundo se estaba moviendo aceleradamente. Después de un choque de trenes, venía el silencio. Reparada la vía, todo se ponía a volver en marcha con el maquinista que había sobrevivido al impacto. Debajo de las ruinas, supe después, siempre surgen otras ruinas que serán más poderosas un tiempo, para luego ser olvidadas o archivadas.
La literatura, los escritores, en especial los poetas, dejaron de significar en un mundo que se estaba construyendo sin voces críticas, sin oídos receptores, ni corazones ardientes. El escritor fetiche como lo conocíamos en Sartre, Camus, Passolini, Neruda, Borges, Gabriel García Márquez, en pintores como Picasso, había desaparecido, y el mercado dictaba las nuevas leyes e imponía el orden a través de sus best seller. Un tema que sigue en pie, vivito y coleando. La globalización ponía fuera del juego una manera de ver, sentir, asumir el mundo, y abría un nuevo mercado, lo orientaba, para ver, sentir, desear, aplaudir, gozar, con un rumbo absolutamente desconocido. Otras relaciones y los ratones siguen una nueva Flauta de Hamelín.
Hoy leo ya sin asombro titulares mundiales: los 50 web más importantes; los Blogs más leidos; los videos más vistos.La palabra es un subproducto más oscuro que en la Edad Media. Además de disminuìrsele y tratársele como una inválida, tullida, o una anoréxica del paisaje, se le exhibe ante la golosina de la imagen en este gran club de la idiotización colectiva, un requisito sine qua nom de la parálisis cerebral.
Erick Marsall McLuhan, hijo del profeta canadiense, sostuvo hace unos años que en la nueva cultura, producto de la globalización, todos somos pasajeros de hotel. Tenemos un hardware, que es el cuerpo, y un sofware que es la tecnología. Hoy los titulares que mueven el mundo de la información dicen: los 50 Web más importantes, los Blogs más leídos; los Videos más vistos. Hay quienes reciben más de 50 millones de llamadas sus páginas. Impacto, cifras, realidad impensable, son el fenónemo de la globalización. Después de 40 años de edición, la novela Cien Años de soledad de Gabriel García Márquez alcanzó los 30 millones de venta. No son las cifras las que aterrorizan, porque soplan vientos muy distintos en esta nueva era, sino la fijación por la imagen, la escandaloza devoción por el mundo del espectáculo, la fiebre inútil de lo banal, el monótono carrusel de sí mismo frente a la nada.
La banalización tiene fuerza propia en estos tiempos y se expresa de múltiples formas. Es como una mano enguantada en grasa y todo lo toca con alguna puerilidad. La construcción de una sucursal del Louvre en uno de los países de los Emiratos Árabes nos refiere a esta afirmación. Por mil millones de dólares se banalizará un ícono francés. El arquitecto Jean Nouvel lo ha concebido como un domo flotante, que dejará ingresar los rayos de sol causando el mismo efecto que produce la luz cuando se filtra entre las hojas de una palmera.
La globalización barre con lo público y privado, ese límite que confunde al diablo y a dios, y que sin embargo existe. Los límites que nos "limitan", decía el recién fallecido filósofo francés Jean Baudrillard, son un sentimiento de nuestros tiempos y se traduce en miedos, desilusiones, un no saber donde realmente estamos. Es apenas una idea, un dato, saber que estamos en crisis, vivimos cambios continuos, aluviones de la nada, principios sin fin, la famosa crisis de la modernidad. Baudrillard, escribió unos 50 libros y no fue condescendiente con occidente. en su libro "América", dijo que Estados Unidos es un desierto, un vasto vacío cultural, donde lo real y lo irreal están tan fundidos que las distinciones desaparecieron. Un poco mide el espacio global, cerrado, hermético, de la globalización, donde todo se ha masificado, inclusive aquello que distinguía el espíritu de las masas. Baudrillard nos advirtió en verdad que descubrir la realidad, constatarla en estos tiempos, es pura coincidencia, porque nunca es la misma, ni logramos identificarla como tal. Nunca en otra época, la realidad tomó ese carácter de subproducto, materia difusa, oscura, confusa, patéticamente engañosa. Esta afirmación es uno de los pasos propios de la globalización, modelo de espejismos y ausencias.
¿Cuál es el papel de un escritor en la era de la globalización?, podría ser una de las preguntas claves. ¿O el escritor carece de papel social ante un mundo masificado perfectamente idiota? ¿El escritor es un aguafiestas, convidado de piedra o un baúl sin fondo? ¿Los escritores se reúnen para operar sobre una realidad inexistente? ¿El escritor llega a ser en el mejor de los casos un marginal del éxito? ¿El escritor es un adorno social? ¿El escritor es un perdedor por naturaleza? ¿El escritor necesita una manual de autoayuda para superar su anonimato? ¿El verbo del escritor es real o virtual? ¿El escritor venderá su alma a la banalidad? ¿El ex- escritor forma parte de la masificación global? ¿El papel del escritor es letra muerta? ¿El escritor es un servidor servil de la realidad o un crítico viril de la sociedad? Algunos piensan: si el Diablo existe, por que no el escritor.
¿Es como pensar el tema al revés? ¿O dar un revés a la realidad? ¿La realidad sólo tiene revés y no derecho? A lo sumo son preguntas, paréntesis, intervalos, treguas... Uno lee una noticia, la escucha y ve, siente el ruido, la atmósfera danzante de la imagen que penetra los sentidos y destapa el hecho nauseabundo, desmembrado, minusválido, agónico, falso y siempre al contrario de la verdad. Tal vez me he influenciado por el fantasma real de Baudrillard, que nos ha dejado un poco más solos con este anticipo de su partida, que gracias a su palabra es menos real que la realidad. Qué mala frase: desnudó a la realidad en su tiempo, pero que real es. Nos mostró la virtualidad de un mundo aparente, algo más impactante que un espejismo en el desierto. Algo más que un fragmento que arrastra el carromato de la globalización.
La noche no es un ejercicio menor del día, es una necesidad de la oscuridad. Así es la verdad para un escritor, como las palabras. Detrás de la imagen quizás, un barril de petróleo. Dentro de la realidad, un agujero oscuro esperando salir a al superficie por un poco de luz. En el horizonte, la ilusión, una mezcla de copia y paraíso perdido, esa nostalgia que un domingo se borra con una cerveza y una película sin realidad. Baudrillard documentó nuestro tiempo y no se dejó engañar por la realidad que custodia un portero de un céntrico hotel. La tarea mínima de un pensador de su tiempo. Hacer los deberes con un sentido ético.
¿La globalización es un globo que se infla o desinfla?, puede preguntarse con propiedad cualquier pasajero de este globo terráqueo, a la distancia que se encuentre de la tierra. Sus pies quizás miren hacia el cielo o entren en la profunda cavidad de la tierra. Pueden ir descalzos, viajando por otra realidad, muy distante, pero en nada cambia el paisaje. La bella pisa un mall y le sonríe a unas bragas mínimas.
La revolución digital es un hecho. La información digital disponible, archivada, es tres millones de veces más, que las contenidas en todos los libros del planeta. Qué diría Gutenberg. Esto es tan sólo un dato hacia dónde vamos. Lo sorprendente es que el almacenamiento no es tan seguro como una piedra, papiro o la misma pared de una caverna. Y en un mundo sin tiempo, cada día se invierten muchas horas en procesar este volumen de información que supera la imaginación. El 72 por ciento de los contenidos de Internet se genera en Estados Unidos y Europa. En fin, todo ejercicio estadístico es inútil, nos lleva siempre a la misma asimetría, a la cabeza deforme sobre el cuerpo pequeño
Seguimos en un juego de fuerzas en todo tipo de situaciones internacionales. Las fuerzas del mercado siguen siendo las más implacables. Costos y oportunidades. Una mano invisible ¿Mundo global, hombre irreal? Rolando Gabrielli©2007

ARACATACA, DONDE NACIO 100 AÑOS DE SOLEDAD


Aracataca, 40 años después de haber sido fundado literaria y universalmente como Macondo, sobrevive en medio de la ruina, olvido, un mito suspendido por la buena fe del tiempo, con nombre de finca bananera, agoniza y festeja al mismo tiempo con voluntad caribe, el cumpleaños 80 de Gabriel García Márquez. Macondo es el nombre de un árbol y de una de las fincas más grandes que tuvo la United Fruit Co. en un pueblo del mismo nombre. Pero la palabra, según cuenta el biógrafo de García Márquez, Dasso Saldívar, tiene su origen en África, de donde viaja al Caribe como makondo o likondo, término que se extendió a través de los esclavos al plátano.
Allí permanece la casa de GGM, semilla de Cien Años de Soledad, derrumbándose en la desidia y afortunadamente el gobierno acaba de destinar una partida para reconstruirla, porque algún día Macondo será un museo vivo de América latina. García Márquez pensó en ponerle La Casa a la novela que después llamó Cien años de Soledad. La fotografía muestra la casa donde nació él y 100 años de Soledad.
Aracataca quiso cambiar de nombre el año pasado por Macondo, pero la votación no alcanzó a cumplir con los requisitos de la ley. Sus habitantes, empujados por al violencia secular y la desidia histórica de los gobiernos, creen que el futuro de ese famoso caserío, podría estar en el turismo al invocar el nombre de Gabriel García Márquez, hijo ilustre de Macondo.
Aracataca inicia la celebración del cumpleaños del Premio Nobel, con 80 cañonazos, y más de alguno creerá que cayó el gobierno o llegó el fin del mundo. Pero nada más sobrenatural que la realidad misma macondiana, por lo que todos deben estar tranquilos. La mágica fecha se celebrará con desfiles militares hasta misas. Colombia es un país de un orden mortal.
Rolando Gabrielli©2007

domingo, marzo 04, 2007

EL ECLIPSE DETRÁS DE LA CIUDAD









Dejamos el Sótano como en Twister y salimos soplados por su puerta de vidrio, al trote por sus escaleras y miramos hacia el cielo. Nada. Cruzamos hacia la vía Argentina y la Luna en verdad brillaba por su ausencia. Montamos el Land Rover y nos fuimos en dirección hacia el mar, la Avenida Balboa, siempre mirando hacia el amplio y despejado cielo, pero que no quería enseñarnos la Luna del primer eclipse anual. Todos los ojos en dirección hacia lo alto, fue la orden del piloto y en marcha los sentidos para intentar atrapar un destello, la más mínima luz que nos dejara ver el fenómeno. Nos instalamos frente al Pacífico, detrás la estatua de Balboa, quien descubrió el famoso Mar del Sur en Panamá, es decir, el océano Pacífico y todo lo demás fue subir la vista y que la brisa del verano tropical compartiera con nosotros esta estación privilegiada del año. Sólo el silencioso mar que llega muy quieto a la bahía, costa donde asolaron el poderío español los piratas y bucaneros ingleses, comandados por los célebres Fancis Drake y Henry Morgan. No duramos gran tiempo y volvimos a subir al Land Rover, como Twister, cinco pasajeros: cuatro arquitectos y un cronista ciber-lunar.
Hacia Costa del Este, dijo el piloto, era una sentencia verbal acompañada de un motor andando. Ni una huella más que el bosquejo de nuestros pasos en el parquecito Anayansi, la bella mujer indígena de Balboa o Parque de los Enamorados, con o sin luna. Pasamos el edificio de la Contraloría y otro residencial imponente, el mar a la derecha y Punta de Paitilla, una esquina de Manhattan, que mira con su masa de cemento, hierro y cristal hacia el Canal de Panamá. Un puente elevado y enfilamos en dirección al Corredor Sur, porque la hora apremiaba.
Los eclipses son precisos como un reloj suizo. La Luna no es de queso, pero para nosotros olía como si fuéramos un ratón. No dejen de mirar hacia el cielo. Cinco pares de ojos hacia todos los puntos de lo más alto, en dirección al horizonte, porque a la derecha nuestra debería de estar. Ya nadie sabía de Norte, ni de Sur, Este u Oeste, sino a la derecha, porque por ahí la vemos cada día, menos éste. Nada, la Luna se había esfumado con un pasajero seguramente que la iría a visitar. Fíjense bien, cualquier luz y de pronto cruzó un avión con dirección a Colombia, hacia el Sur. La luz de la nave titilaba, pero no era la cara oculta, rojiza del eclipse lunar. Alguien dijo: quizás los pasajeros lo están disfrutando. Qué buena vista.
Y seguimos, como en Twister, buscando, correteando la Luna, como si alguna luz nos llevara a sus mareas. ¿Alguien vio algo? El motor voloando del Land Rover y ni el viento nos traducía el malestar, esa frustarción que produce algo que debiera estar frente a nosotros para disfrutarlo y se evapora como el incienzo, pero ni olor deja al no existir la más mínima presencia del objeto o elemento. Todo el pedazo del corredor hacia Costa del Este, presentó el conocido rostro del mar, vehículos, edificios, y fue cuando nos encontramos frente a Ciudad Gótica, verdaderos castillos unos tras otros, elevados monumentos de la arquitectura. La Luna quizás dormía la siesta en alguno de esos departamentos, cuando el crepúsculo asomaba en el horizonte. ¿No puede reposar la Luna, estará en vela toda la noche? La ciudad quedó detrás, el corazón urbano, y llegamos a Costa del Este, un moderno desarrollo, de avenidas amplias, muy bien trazadas y con numerosos edificios en plena construcción, que reflejan el boom arquitectónico de Panamá. No íbamos detrás de los edificios, éstos permanecen inmóvil como todos sabemos. Siempre sabremos donde están, a no ser que fueran demolidos por el paso del tiempo o la llegada de la modernidad. Llegamos a Costa del Este y como los caballeros andantes y las damas de aquellos y aquestos sitios ytiempos, descendimos a buscar la bendita Luna. Preguntamos por ella. ¿La han visto, saben si por aquí asoma o pasa? Espléndida dijo el señor del perrito. Todas las tardes. Se ve colosal. Estamos en época de Luna llena. Me imaginé un lobo aullando y la noche feroz en un bosque. Gracias, respondí. El ocaso no traía la Luna y el reloj corría, que es lo mismo que hablar del tiempo y estaba en nuestra contra. Arriba, esto no da para más. Regresamos al Land Rover. Pasos ligeros. Sólo sonaron las puertas y se encendió el motor, como en Twister, pero sin el pleligro. No se ha sabido aún que las Lunas agredan o se dejen caer como volcanes sobre la tierra o luces devastadoras de ovejas o animales en las noches solitarias. La Luna es inofensiva. Sólo mira desde lo alto y nos hace pensar en el amor. Ese es su más curioso encanto. Ni los médicos han podido descifrar en que consiste esta "enfermedad" que aún perdura por los siglos. La Luna debía de estar saliendo o dejando sus sábanas, para instalarse en la noche, en este infinito atardecer de la nada.
(En esta época del año, la Luna llena flota sobre el istmo, suspendida, dueña del cielo y sabe que la noche le pertenece y se rinde extasiada al silencio del vago oleaje del mar, de las olas que ella impulsa, la marea que va y viene. De alguna manera que no es improvisada, irradia su presencia silenciosa sobre la ciudad, un leve manto de esperanza, una mirada personal.)
No nos habíamos dado cuenta y ya estábamos saliendo de Costa del Este, en medio de la frustración, el Land Rover rodaba con cierta resignación, pero no entrega a la búsqueda. Siempre mirando hacia el cielo, con la vaga esperanza que otorga el deseo, salimos hacia la ciudad, un retorno frente a los edificios y aproximándonos al mar. Volvimos al punto de partida y nos encontramos con el eclipse. Ya estaba la función sobre el cielo y en el fondo Punta de Paitilla iluminada como un árbol de Navidad. Preparámos las cámaras digitales. El arquitecto Juan Carlos Sáenz, con sus 10 mega pixeles y un pequeño trípode que había comprado en Buenos Aires, durante una Bienal. Puso su pequeño equipo sobre la baranda del malecón y se abandonó a la busqueda de los mejores ángulos y los cambios que provoca el efecto de la luz que se va devorando la Luna. Estas fotos son de su cámara. En la misión Twister, sóla viajaba un panameño, Manuel y dos costaricenses, arquitectas, también de la firma Mallol &Mallol, Melisa y Silvia. todo lo demás correspondió al Eclipse. La jornada concluyó con un batido de café, churros, una tortilla española y otras bebidas, en el restaurante Manolos de la vía Argentina.
Nota: recibí de obsequio el útil trípode. La invitación fue de JC.
Rolando Gabrielli©2007

jueves, marzo 01, 2007

EL MANCO DE LEPANTO VUELVE A COLOMBIA







Entramos primero con los ojos, mirando cuidadosamente una larga calle, que fue el mismo espejo de la soledad, que hace cuarenta años atravesó nuestra memoria. Polvo de siesta y atmósfera de olvido. Ningún reloj serio podría fijar el tiempo, las manecillas de mi Citizen marcaron cien años de soledad, uno raro instante circular, irreptible, porque el tiempo siempre es un traste viejo. Sentí ruidos conmovedores del autor del Coronel no tiene quien le escriba y El Amor en los tiempos del cólera, que en un viaje a Acapulco, chocó contra unos animales en el camino, por lo que decidió no continuar el viaje. Cábala, dijo, el muy supersticioso hijo de Aracataca. Pero era una de sus grandes y más fantásticas y productivas mentiras. Decidió regresar al DF porque Cien años de Soledad ya estaba escrita en su mente. No había tiempo que perder para emprender el camino de esa novela de novelas. No sólo fantaseaba en las redacciones de los periódicos de Colombia, con sus pies sobre el escritorio, dejando que la máquina de escribir le arrancara las páginas a sus primeras crónicas, que le ablandarían el pecho de alas muertas al más pintado de sus lectores. El golpe de timón que daba al curso de su camino era otro y definitivo. El truco de este mago-prestidigitador abierto a todas las contradicciones, como si sus palabras volaran dentro de un cubo pero a una distancia considerable, para repetirse con claridad en la memoria de sus personajes. Es el sabor con que queda un paladar aguijoneado por abejas, que dejan también su dulce miel.
A-r-a-c-a-t-a-c-a...A-r-a-c-a-t-a-c-a, el tableteo del famoso fusil de asalto ruso, la AK 47 y los cuerpos desplomándose, sin razón, sin luz, sin vida. El eco insalvable que traslada el vicio de la palabra, un recurso despiadado que empuja hacia atrás, adelante, hacia ningún lado, hacia donde una cámara lenta recorre su propia memoria. Más de 13 años visitando las bananeras en esa época, no habían sido en vano. La atmósfera húmeda, los tallos verdes uniformados, esos caminos de las fincas que se repiten hacia un mismo lugar y un olor inconfundible, a tiempo sin tiempo, devorado por el sol, estaba allí todo reunido en mi memoria, no para ser encontrado, sino dibujado en cualquier atardecer, uno como este. No busqué ir, ni llegar, ni estar.
Cayeron cientos bajo el plomo de la United Fruit Co. y no fue diferente a Santa María de Iquique, la matanza de San Salvador, y otras tantas en Nicaragua, Guatemala, Argentina, México, Haití, Bolivia, Perú, Paraguay, Ecuador, Brasil. Se habían fundado las llamadas Repúblicas bananeras, territorios llenos de soledad y espanto, paisajes dominados por el imperio del oro verde. Pero en esas calles sentí como se mordía el polvo de la soledad e impotencia, y que Macondo era ya un mito vivo, brillante como una luciérnaga en la noche de Nuestra América.
El cielo deja de ser gris y una lluvia de mariposas amarillas "Made in Macondo", rompen el atardecer con su ruido de mar adentro, vuelo contrastado con el plomo que envuelve Colombia en su cápsula de ardiente soledad desde hace más de un siglo, porque la soledad no escapa ni de sí misma, y se ha perpetuado en el viejo nido de la indiferencia, marcando su territorio a sangre y fuego, como un árbol seco, vacío de frutos, lleno de soledad. Podía ser cualquier sitio, calles entre calles, pero no, pisábamos un Mito, Macondo en verdad, traído y llevado en la gloria de un mundo mágico y real, la casa grande de una nueva literatura latinoamericana y del habla castellana, donde se había soñado, masticado, vivido, pensado, Cien años de Soledad.
Sobre García Márquez y su obra se ha dicho todo. Soledad sobre la soledad, es un ejercicio inútil, oficio de árbol genealógico. La anécdota la cuenta el propio GGM, ilusionista ya estaba en marcha porque lo que tenía en su cabeza era Cien Años de Soledad y necesitaba retornar a su casa a escribirla. Sabríamos tiempo después que el mundo era tan reciente, que muchas cosas carecía de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo...
Todo lo demás es historia, que tuvo que vender todo para enviarla a Buenos Aires a Editorial Sudamericana, en dos partes y por correo. (Afortunadamente el correo fue honesto y no abrió el paquete, porque la habrían botado: un montón de papeles mecanografiados.) Macondo iniciaba su camino de México a Buenos Aires, aunque nacía en el corazón colombiano de las Américas, y pertenecía, sin duda, a todo este subcontinente tan ricamente empobrecido por la soledad de sus gobernantes.
García Márquez se adentró en las aguas sanguinolentas de Colombia y América latina, remó con sus muertos, y vivió, contó la historia de los vivos de su tiempo. Cien años de soledad se editó en 1967, cuando América latina irrumpía en medio y en el centro de su gran soledad. Un año después asesinarían al Che Guevara en Bolivia. Un año antes Violeta Parra se había destapado los sesos en una carpa en Santiago.
Cien años de Soledad que está en su 40 aniversario, es una especie de caja de Pandora de la literatura castellana en esta parte del mundo. Su autor, un fabulador a tiempo completo, de seguro continuará con su oficio más allá del tiempo real que se le haya asignado aquí en la tierra. Ya había subido a la gloria hace 25 años atrás en Estocolmo, cuando el rey de Suecia le hizo entrega del Premio Nobel de Literatura. Ahora, a sus 80 años sobre el Everest de la consagraciónen Chile, hace 40 años, nosotros leíamos bajo las noches y las sábanas calenturientas de la adolescencia, la novela que Cervantes habría aplaudido con sus dos manos después de Lepanto y que Borges no leyó. Y también en nuestras manos La Hojarasca y Los cuentos de la Mama Grande( María Amalia Sampayo de Álvarez, en la vida real).
Una época nuestra en que èramos tan pobres, que sólo podíamos regalarle nuestro corazón a la novia. Ese acto se repetiría después, en tiempos de circulares, esos que retornan porque estaban escritos.
El escritor más vendido del habla castellana, Premio Nobel hace 25 años, comparado con Cervantes, Cien años de soledad ha sido considerada entre las 20 novelas más importantes de la historia, (todo puede ser cierto o según el cristal con que se mire, pero no hay duda de lo que ha hecho GGM). Su protagonismo en la política colombiana y latinoamericana, forma parte de este gran e insustituible personaje llamado Gabo. Hombre de grandes e irrenunciables adhesiones con las causas populares. La Habana, DF, Panamá, Bogotá, Cartagena de Indias, forman parte del eje de sus viajes y de un periodo intenso de negociaciones en los que participó para solucionar conflictos, allanar caminos hacia la paz. Amigo de gobernantes incómodos en la región, Fidel y Torrijos, de los sandinistas, movimientos guerrilleros, siempre fue un aval internacional, porque también es amigo de Bill Clinton, un gran lector de Cien años de Soledad. Fueron intensas las décadas de los setenta y ochenta, América latina hervía en dictaduras y movimientos guerrilleros, y en el centro, las negociaciones del Canal de Panamá. García Márquez que vino tantas veces al Istmo, estuvo a punto de quedarse para siempre, si hubiese hecho el viaje en el mismo avión con el General Torrijos, hacia Coclesito, donde se estrelló y explotó frente al cerro Marta. Era el invitado del General Torrijos ese día que no era su día. A partir de ese 31 de julio de 1961, García Márquez, vivió para contarla en esa guerra fría, a Gabriel García Márquez se le ocurrió hacer una promesa que no pudo cumplir después: no escribiré hasta que muera Pinochet. Por una u otra razón, el dictador chileno fue declarado patrimonio nacional de la dictadura y del horror. Y permaneció hasta hace poco, como si no hubiese sucedido nada. Fue una licencia que superó la literatura, porque la realidad ya no existía, o tal vez era un secreto de Estado. Gabriel García Márquez había dicho en uno de sus momentos solemnes la democracia de mierda chilena.
Su línea política ha tratado de ser enmarcada por apologistas y detractores de una manera sorprendentemente mágica, surrealista, macondiana, y el padre legítimo de la ficción real- mente mágica latinoamericana, nunca hizo mayor esfuerzo por contradecir a unos, ni otros, siempre se mantuvo discretamente dentro del carnaval de la política regional y mundial, porque su palabra tocó Estados Unidos y España. Compartió con moros y cristianos, en mil y una noches en este continente alucinado por la violencia, corrupción, los sueños truncados, la filosofía del olvido, la convicción de la imediatez, el culto de lo pasajero, inútil, y también la maravilla de sobrevivir y amar a pesar de... GGM usaba paracaídas llenos de mariposas y saltaba de un lugar a otro envuelto en secretos, compromisos, conspiraciones, complicidades. "Aquí estuvo el Gabo", la leyenda del misterio era cultivada con cierto rigor caribe, porque siempre se sabía de su presencia. ¿Cómo esconder un personaje de esa naturaleza, magnitud o grandesa, prominencia periodística?
GGM fue primero poeta en su preadolescencia, admirador y lector de Neruda y Darío. Poeta como Borges, Cortázar, Bolaño, Joyce y tantos otros grandes narradores por cumplir este 6 de marzo, fecha de varios felices acontecimientos en su vida literaria, el mundo de habla castellana ha comenzado a rendirle homenajes. Pero al mismo tiempo, España, Colombia y América latina, homenajea la palabra, este minuto que a todos nos pertenece en la fabulación del sueño, la magnífica utopía que nos revela un autor en el encantamiento del idioma, y nos viaja en el pozo hondo de la mitología viva de sus personajes que nos hace amarlos. Este reencuentro con la soledad, siglos de abismos, instantes fluidos en los ríos nuestros sin fin, todo en un tiempo para armar y desarmar frente a un portal silencioso, porque en verdad lo que pasa, somos nosotros mismos y regrezamos una y otra vez en la palabra. La soledad es este monumento a la verdad que crece entre las muchas voces. La soledad es esta vereda personal en que viajamos cada día.
Esa tarde en Aracataca, Macondo para ser precisos, y no hay mayor reconocimiento para un escritor que decirle la verdad, si uno llega a sospechar algo de lo que realmente quiso decir, supe que Melqíiades fundaba la esperanza y nos reproducía la infinita palabra sabia de lo posible. Un Testamento más nuevo que el Antiguo, ¿maravillosamente contradictorio, solemnemente iluso o fantásticamente real?, sólo la palabra no pasa en Melquíades que vive en su marzo perenne de un lunes eterno.
Hay que haber vivido en Colombia, conocer ese país, su gente, geografía, historia y sólo entonces sabríamos por qué las palabras asombro y desagracia, insólito, excepcional, forman parte del ser nacional colombiano, y en verdad fueron inventadas allí, junto con el olor de la guayaba.
Colombia escribe su testamento cada día, agoniza, sobrevive, viaja circualrmente sobre sí misma, realiza un reinado cada día, su geografía se traslada por segundos, la gente sabe que el país nunca siempre es el mismo, y todo quien de alguna manera esté vinculado con esa mágica tierra macondiana- porque Colombia es la casa matriz del Macondo universal,- sabe que en cualquier mañana el mundo puede haber marchado uno pasos más al fondo de la manigua.
Colombia permanece más allá de sus propias sombras. Es un ejercicio sobre su propio rompecabezas. Una esperanza que recurre diariamente al espanto. Colombia es la catedral de la esperanza y del olvido. Se mira el ombligo y nace Macondo, un pasaje a la eternidad.
Colombia es este azar de tréboles de cuatro hojas que alguien se empeña en ametrallar y seguir deshojando el tiempo, la belleza inocultable de su deslumbrante geografía.
A veces pareciera, que la muerte en Colombia, es un compromiso con la vida. Un inevitable espanto más de su destino. Colombia persiste más allá de su propia realidad. La ficción de su esperanza supera esa realidad que suele empujar el país por el río Magdalena como un ataúd expreso sin paradero.
Pareciera que el libreto ya fue escrito y la realidad sólo contara el guión, como si fuera una extra, convidada de piedra. ¿Una espiral que retoma siempre el camino de la nada?
Más de 300 mil muertos durante el Bogotazo, cuando asesinaron al "negro" Jorge Eliécer Gaitán, en 1948, y Fidel Castro in situ, confundió la continuación de la eterna chispa de la violencia colombiana, con una revolución. Colombia, casi 60 años después, no ha dejado de sumar cadáveres juntos al de Gaitán. Esa pudiera ser otra historia, pero es la misma y Gabriel García Márquez recoge este espejo en la vereda de la vida y del camino, para que todos nos miremos en él, porque la imagen de la realidad alcanza para todos.
Pero la fiesta es otra: 80 años de GGM ( 6 de marzo). 60 años de la edición de La Hojarasca (primeros pasos de Macondo) y 40 de 100 años de soledad. 25 años del Premio Nobel. Son 225 años contra la eterna Soledad, que sólo necesita un segundo, el fragmento de un instante para hacerse presente, porque de alguna manera compró un pasaje eterno.
Gabriel García Márquez regresa a Cartagena de Indias, donde 1.200 asistentes al IV Congreso Mundial de la Lengua, le rendirán homenaje del 26 al 29 de marzo. La Real Academia Española lanzará una edición de 500 mil ejemplares de Cien años de soledad, novela que ha vendido más de 30 millones de unidades. Cartagena se inscribe dentro de las ciudades claves de la historia literaria del periodista, cineasta, músico, GGM, como lo fueron Aracataca, Sucre, Valledupar y Barranquilla. Sólo su superstición le impide regresar a Aracataca, cuya casa paterna sigue viva en su memoria y carga en su alma caribe.
Hay novelas como Cien años de Soledad, Rayuela, Pedro Páramo, Paradiso, La vida Breve, Los Pasos Perdidos, Los Detectives Salvajes, entre otras, que fueron escritas para ser respiradas con una cierta intensidad cada cierto tiempo en el tiempo.
Se ha cumplido el sueño dorado de la soledad macondiana.
Rolando Gabrielli©2007
.