miércoles, mayo 13, 2020

En la nueva normalidad

Tú y yo,
en la nueva normalidad,
no lo imaginè ni en el màs perfecto
de los escenarios,
viendo pasar la vida detrás de un cristal,
en la magnìfica soledad de las calles,
la ciudad que bufaba bajo un sol radiante
o una lluvia diluviana,
ahora en la majestad del silencio,
el principio quizás de las cosas
en su nuevo orden.
Tú me preguntas, que es la nueva normalidad
y no puedo dejar de pensar,
tú y yo frente a frente,
con  guardadas distancias en un cafè,
sin màs aroma que un tiempo nuevo,
difícil de explicar, como suele ocurrir,
con las cosas que no se planean.
Rolando Gabrielli©2020

martes, mayo 12, 2020

Este es mi espacio

Este es mi espacio,
contiene todo lo deseado
y entre sus lìmites
mi imaginación escribe
la vieja historia  de nuestro
confinamiento y aventuras,
que no cruzan mares, ni vuelan
sobre aeropuertos o desiertos,
las ciudades  las reservo
para mis sueños  cotidianos,
 donde construyo, levanto  estructuras
 y  practico el arte de la vida,
como una pequeña historia personal.
Rolando Gabrielli©2020

lunes, mayo 11, 2020

¿Què ciudad, què paisaje?


¿Què ciudad , què paisaje,
 construiràn en las calles del futuro
que no conoceremos, tal vez?,
te preguntas, y en verdad no sabes,
te sientes con un atraso de cien años,
otros  viajaràn en automóviles voladores
y las casas serán tan pequeñas que no se verán,
el cielo podrà tener un segundo piso
y no estarìas satisfecho ni a gusto
con una autopista personal
 asfaltada al màs allà.
El futuro, ciertamente, es una adivinanza,
una probabilidad, dados que el azar arroja
sin sentido  al azar de un mundo desconocido,
no vuelvas a decir que nos pertenece,
eso fue en el pasado.
Eres tan volátil como el cambio de luces
en que la noche nos arroja a bares vacìos
en tiempos de pandemia, en días de ocio,
 incertidumbre, de  palabras muertas
para oìdos sordos y aùn no me escuchas,
como si fingieras haberme conocido.
Ya nada es un compromiso,
ni la lluvìa, ni el sol pueden variar
una estación tan solitaria,
acomodada en el calendario de  estos días.
Nos hemos visto en  un espejo retrovisor
màs alejado que nunca de la realidad,
en ninguna otra época ni tiempo,
el reflejo fue un punto ciego
sin intención de ver,
màs allà de un presente perturbador.
Es cierto, si esto no cambia,
no leerè màs los obituarios,
me revelarè a ser el mismo,
cambiarè de lecturas cada dìa,
ninguna historia aceptarè sin respaldo notarial,
lo que se diga no tendrá sentido,
abrirè las puertas para que entre el vacío.
No ignores estas palabras,
un camino roto tiene a veces màs sentido
y no volverè a mirar  lo que no he visto,
ni verè por ningún motivo,
todo lo que seguirè viendo
Rolando Gabrielli©2020
 

domingo, mayo 10, 2020

Los pioneros tambièn mueren, viva el rock


LOS PIONEROS TAMBIÈN MUEREN, VIVA EL ROCK

Así es como se van las épocas en las letras de las canciones,  quedan sin duda los ecos de aquellos días, sus huellas y memoria. Es cierto que es pasado, polvo de ayeres tal vez, como todo lo humano que viene limpio, transparente, y asimismo parte esfumándose en la semilla que quizás pudiera dejar. Las hojas también caen y  se renuevan.

Ha muerto Little Richard, una parte importante de los cimientos del Rock and Roll, el ritmo  de mi generación y así van sucediendo uno tras otros los pasos en una pista de baile. Definitivamente la música marca épocas, hace historia, recorre nuestra juventud  como la sangre las venas, hijos  del Long play y del rock.  Cuando se lo quisieron  pasar a llevar  de los escenarios de la historia, fue categórico y no mentía: soy el pionero, el arquitecto del rock. El rock tiene historia, protagonistas, mentores, raíces y mezclas de muchos ritmos, esa síntesis  vertical de sentimientos y movimientos, una euforia ancestral  hacia adelante y atrás como una mecedora comentan los primeros historiadores. Pero como en todo en la vida, hay mucha goma de mascar y se pega en cualquier lugar, la saliva es inagotable. El rock ha resultado más fuerte que sus protagonistas y leyendas, ha demostrado tal fuerza que vino para quedarse, y los que ya no bailamos rock, hemos vuelto a la mecedora a repasar aquellos pasos y movimientos fantásticos que  encendían las noches juveniles.

Cae la tarde en Santiago de Chile, Nury y su hermana Nancy pasan por la esquina del barrio con una radio escuchando  rock y riéndose como en una cinta musical. Seguí con la vista las dos siluetas bamboleantes, pero yo no bailaba rock, ni nada, mis pies estaban tiesos, vírgenes. Mi timidez me retiraba de cualquier pista posible y ni siquiera me aproximaba a ninguna de ellas, porque el ridículo no era una abstracción, sino una apabullante realidad, socialmente  vergonzosa. La adolescencia no  perdona ningún paso en falso, a pesar que es una época de crecimiento, son tiempos de ensayo y error.

Me quedé tarareando la música  que el radio esparcía por la calle  y un poco rumiando su recuerdo  al anochecer. Vapores de adolescencia, nostalgia de la edad madura, tiempos, tiempos vivos  de otro calendario. Los días pasaron como suele ocurrir con el tiempo y conocimos a las hermanas Guerra. Nos invitaron a su casa a dos cuadras. Tenían un saloncito donde bailaban. El piso de madera  brillante. Gente de la cultura, lecturas, intereses nacionales. El toca discos tradicional de la época giraba y giraba y las hermanas hacían su exhibición  y ahí también estaba su hermano, más contemplativo y observador, solo dejaba que la música llegara a sus oídos. El saloncito, que oficiaba de una salita de recepción, tenía una ventana a la calle. Uno de los tantos lugares  en el mundo donde se bailaba Rock and roll y no figuraría en ninguna historia de revistas famosas, ni sería objeto de comentarios radiales, ni de otros pasillos que no fueran los del mismo lugar.

Para mí hermano y yo era una gran novedad y un escape de la monotonía juvenil y de la férrea disciplina paterna, estacionada en el castigo, censura, advertencias, culpa y todos sus derivados de la época. Los sábados era el día del Rock and roll, algunas boquitas, -qué atenta era esa gente, las personas de esa época- Coca Cola, risas, conversación, la búsqueda de intereses comunes, nos mirábamos a los ojos sin  casi pestañear y de telón de fondo la música  como una rima plateada en el atardecer de Santiago.

Nury comenzó a enseñarme los primeros torpes pasos, aflojar la cintura, atreverme a desafiar al rock, porque siempre supe que  el rock te lo permitía, es más, exigía decisión, una combustión diferente, animaba a perder la cabeza, seguir el movimiento de los movimientos y respirar felicidad. Me paré torpemente  en medio de la pista, como un maniquí, una especie de espantapájaros a la espera del sol, la lluvia, lo que viniere.

Años después me daría cuenta que el rock era negro, una música de alma negra, un puerta cultural para salir del infierno en Norteamérica, una verdadera  pasión ancestral en búsqueda de la libertad. Fue un blanco, eso sí, el que  abrió el candado a  esta fuerza incontenible que  ponía a bailar a los pies  mas tiesos, y que despertaba todo tipo de euforias y también malestar como ocurre con las revoluciones y los movimientos rompedores.  Pero ya había historia negra anterior, no reconocida como debiera, pero existía.

En el saloncito solté los pies, yo mismo me asombré, me dejé guiar, recuerdo perfectamente, por la maestra en el rock y la mecedora comenzó a funcionar  con la sincronización del va y viene, tan propio del rock, esa sincronización creativa, porque estimula a fantasear, a dispararse en el aire, fluir, flotar y volver al sitio de partida. Hay mucha complicidad en sus movimientos, entrega, olvido a pesar de las cuidadas formas que va adquiriendo cada paso en la improvisación personal y la relación de binomio que nunca se rompe y siempre se recrea el uno en el otro. No dejé más el rock. En los malones mostraba mis destrezas en la pista, había algo en los genes, al parecer. Los sábados por la tarde íbamos al saloncito en búsqueda del placer del rock y la charla amical distendida, grata, reconfortante y estimulante.

Un día la sorpresa nos sorprendió, a mí en especial, cuando entre  y se escuchaban los legendarios versos  de Veinte Poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda. Inolvidable reencuentro con la poesía del mito de la época, el audaz Neftalí Reyes Basoalto, que dejaba caer su lenta voz y palabras en nuestros adolescentes esponjosos absorbentes sentidos. Había llegado  con fuerzas la poesía y no éramos los únicos en Santiago que escuchábamos al vate, una poesía que nos conectaba con el amor y la vida, la realidad social de una época y el mundo.

El rock fue  un  poderoso eslabón social, un imán de la época. No necesitaba un relacionista público, se  había instalado en el centro de la guitarra eléctrica Elvis Presley, aunque la nueva leyenda, contaba con esta herencia  poderosa de las minorías negras, esclavas, y blancos marginales, que a través del blues, góspel,  jazz, country, entre otros ritmos, habían revolucionado  la música, el alma de una generación. Llegó la película  La mujer que yo adoro, como primer actor Elvis, y recuerdo en el teatro Monumental como la gente bailaba ante la pantalla. Un escena nunca vista en la sociedad chilena de la época, austera y pata tiesa, pero Elvis  ponía cualquier esqueleto en movimiento. Oh, el rock and roll/no deja de bailar en  su propia historia/ la muerte de un inmortal/en esta fiesta del adiós/con solemnidad el mundo debe continuar/y las guitarras hablar/El rock nunca morirà/mis pies, tus pies lo sostendrán/en el primer salòn de baile/que veamos en la ciudad/Un rockero no para de bailar hasta el amanecer/y vuelve a empezar donde una guitarra y saxofón/comiencen a tocar.

Little Richard fue un niño pobre, negro, gay, en una época poco tolerante, impuso su talento, pasión, y no dejó de ser quien quería ser. Para qué más datos, las estrellas nunca mueren, fue muy admirado en Inglaterra, Estados Unidos, sin duda, y por los Beatles, y tuvo una larga vida como pocos cantantes, músicos estrellas, que pareciera tuvieran un pacto con la muerte. Inspirò a Elvis Presley además. El rock tiene  su futuro asegurado, una historia que lo sostiene a prueba del tiempo. Lo popular tiene  fuerza y energía propia.

Elvis Presley le puso una  cara y un perfil al rock,  volvió a bautizar y proyectar con una nueva imagen, un blanco con voz de color y movimientos también  afros. Los Beatles lo veían como su ídolo, pero Elvis como una amenaza para su fama en Estados Unidos. La música se estaba renovando y los Beatles venían  con sus propias propuestas. Cuenta la historia que Elvis en una cita con Nixon en la Casa Blanca, había denunciado a Lennon como anti norteamericano, por decirlo en una palabra genérica. Le habìa escrito una carta previamente, con una letra infame, donde se ofrecía como agente federal.  Cosas del pentagrama  de las estrellas  rockeras y del pop rock.
Después vendría la betlemanìa, que generación afortunada fuimos, digo, con estos grandes artistas, bandas, movimientos musicales populares, que construyeron nuestro imaginario, junto a la cultura popular de los paìses donde nacimos y vivimos. Elvis tenía razón, pero su decadencia era inevitable, los ciclos van moviendo al mundo, algunos son un largo duración en vida como Little  Richard, al que estamos despidiendo en sus largos 87 años. Queda la historia, lo vivido, el aroma del tiempo, como diría el autor de un libro del mismo nombre y es màs que una metáfora, una sensación real. Larga vida al rock, muchachos.
Rolando Gabrielli©2020

jueves, mayo 07, 2020

¿Que espera el azar?

¿Què espera el azar
que no sea azar
del sombrero de un mago?
¿La ilusión de un truco,
palomas, conejos, pañuelos?
El azar no sabe de afanes
es una sorpresa en sì mismo,
disfruta como pocos,
su libertad, tiene alas.
Rolando Gabrielli©2020

miércoles, mayo 06, 2020

La Superheroìna de Banksy

En medio de la pandemia y de los nuevos records europeos de ingleses, italianos, españoles, de personas fallecidas por el coronavirus, el artista callejero británico Banksy, rinde un merecido homenaje  a las enfermeras de su paìs y que yo hago extensivo a las del mundo. Son los àngeles blancos de siempre que se desplazan por los pasillos de  las salas de los hospitales, las urgencias, las que siempre acuden y asisten a los pacientes. Y en esta pandemia han dado sus vidas como los doctores por contener un virus  que està ocasionando cientos de miles de muertes  y haciendo màs pobres a los pobres de la humanidad.
Un niño británico juega y toma como símbolo una muñeca que representa a una enfermera, símbolo del Servicio Nacional de Salud inglès, e ignora  a las emblemáticas figuras de los tradicionales superhéroes: Batman y el Hombre araña.
Obviamente  el virus  invisible que ataca la humanidad no ha sido contenido en ciudad Gòtica, ni por Batman o Superman, ni el Hombre araña.
Como es caracterìstico en Banksy y nos hemos hecho eco en diversas ocasiones en este blog, la imagen  apareció en el anonimato, porque el pintor también resulta ser invisible, en un hospital del sur de Inglaterra, el Hospital Universitario Southampton.
Rolando Gabrielli©2020

Nota: dedicado al personal de salud del mundo, infatigables servidores de la humanidad, del hombre.

martes, mayo 05, 2020

El poeta

El poeta vive
en cuarentena,
solo,
con la palabra,
respira,
cada dìa
la atmòsfera
del poema.
La poesía es vida.
Rolando Gabrielli©202

lunes, mayo 04, 2020

La palabra es un virus no solo en tiempos de pandemia


La palabra es un virus no solo  en tiempos de pandemia

Rolando Gabrielli

Enigma microscópico

En la gota de agua
que brota temblorosa
del borde de la llave
distingue a un anciano
andante aproximándose
a duras penas
apoyado en una bacteria.
Y, en la siguiente gota que cae,
a la esfinge. Gonzalo Millàn


Un raro talento ejercía Gonzalo Millàn entorno a la palabra y tratamiento del lenguaje, en el deslumbramiento de su brillo oculto, a pesar de la objetividad con que se refería a las cosas y objetos, a la vida misma. Degustaba como un gourmet  el uso de las palabras, nunca se quedaba con una primera, segunda, ni tercera versión de un poema. Daba vueltas y vueltas  hasta nueve versiones, un verdadero relojero ajustando los tiempos de las palabras y la hora  exacta de su tiempo.

Por esas extrañas coincidencias de la vida y la poesía, tituló un libro en 1987, con la palabra Virus. Y, como dice  el epígrafe suscrito por William  S. Burroughs, la palabra es un virus. El primer poema se titula: Epidemia y sostiene que Son necesarios/varios millones de virus/para conseguir un punto visible. Y varios millones de puntos/para conseguir una sola línea.

Como sabemos, estamos en medio de una pandemia, no es un coincidencia menor,  bajo el ataque  de un  virus muy virulento, además invisible, un verdadero transformista, al parecer, que ha logrado paralizar, amedrentar, acorralar a los habitantes de la tierra. En las guerras se suele identificar a los enemigos, existen frentes, territorio, personas, ejércitos, pero esta vez se trata de un microbio, que en un corto tiempo ha logrado una mala reputación pocas veces vista en la historia de la humanidad.

Han transcurrido 33 años de la edición de este poemario de un autor chileno de una notable y original, creativa producción poética.  El poeta, la palabra, la escritura están contaminados, y aún así la obsesión pareciera persistir y no le es posible al escritor abandonar el acto de la escritura, como una manera de enfrentar sus demonios. Tal vez este ejercicio  no  permita ser abandonado, aunque el poeta diga: En realidad ya  no escribo/inoculo vocales, consonantes/de un alfabeto de microbios./Vacuno con el virus/ de la verborragia, el silencio.

El poeta contamina, pero cura con el silencio.  Virus es un desafío constante a la escritura, al acto mismo de hacer poesía, enfrentarse a la página en blanco, y como  una mirada actual, ya han pasado más de tres décadas, dice en el poema Letra muerta: Un virus en acción/es casi invisible. Y señala más adelante al describirlo: Se lo puede observar/bien con el microscopio/electrónico, únicamente/después de muerto.

Bueno, Gonzalo Millán, autor de Relación Personal, La ciudad, Claroscuro, Vida, Seudónimos de muerte, entre otros, nos da una pista muy clara de qué es para él la palabra, sabemos  que es una adcicciòn, pero también un “pharmacon, un humor venenoso y a la vez vacuna, enfermedad y salud”. Justamente de esto y más nos habla Virus.

En su poema Practicante, hace un juego revelador  entre la escritura y un practicante (enfermero), cuando dice: Te ejercitas con el bolígrafo/de punta retráctil/como con la hipodérmica/el aprendiz de practicante: inyectando glóbulos de aire/y extrayendo jugo/de la porosa palabra naranja.

Millán se sumerge en el oficio, en el poema Lectura, lo hace magistralmente en el proceso de lectura: Humedeces la yema. Doblas la hoja/y un tizne de pestañas quemadas/el de una mariposa tipográfica/con alas de borrosas escamas/se queda en la piel de tus dedos. Más adelante  señala en la oscuridad son abiertas nuestras manos como libros, hojeadas como páginas sus palmas. El proceso de la intimidad de la lectura, que solo es posible ante  un impreso, un libro, y  con una gran dosis de imaginación en el acto mismo.

Hay humor, juegos de palabras, muerte, ironía, una mirada de sí mismo. Veamos: Combatiente: Queriendo/luchar/con la pluma/escribes/dinamita/mojada/con tinta. Millán está dentro del libro, se recrea, no sólo lo hace con sus temas favoritos. Caricatura, es un ejemplo: Mi llaman Me plan. Te remeda/El Peter Sellers Chileno, y nadie duda de ese  aire del artista británico que  inmortalizó nuestra juventud, época, con La Fiesta interminable. Hay otros juegos con su apellido, en el arte de la introspección y el humor.

Es curioso el título del libro, cuya portada recoge en rojo la palabra Virus, que contrasta con el blanco de las letras del autor y un fondo negro donde se viraliza una suerte de abecedario que recrea el idioma imaginario de toda tipografía.

Gonzalo, quien ocupa un lugar destacado en la poesía chilena y del habla castellana, por su originalidad, intensidad idiomática, vuelve sobre su propia escritura en el poema: El viejo poney: El poema breve ha sido nuestro/caballito de batalla. El viejo/poney hoy yace reventado/por el uso y el abuso/de sus obsesos y obesos jinetes. Él es uno de esos obsesos jinetes y le cae encima a Pound, Brecht y en versos de humor y sátira, pareciera querer despedirse de Pony de su poesía.

Esta nota, revisitando al poeta chileno, el 2006, coincide con  una época  de virus viral, un microbio que no tiene nada de poético y se pasea a paso mortal por Nueva York, Madrid, Barcelona, París, Milán,  Rio de Janeiro, Guayaquil, entre otras ciudades y regiones del mundo.

El lenguaje de la pandemia: Escribimos desde el confinamiento/este es el lenguaje de la pandemia/somos pacientes sospechosos/arrinconados en nuestras casas/en distanciamiento disciplinado/por nuestras ventanas/vemos el cielo y las calles vacías/nos imaginamos la ciudad/es memoria nuestro pasado reciente. (RG).

Gonzalo no alcanzó a conocer los fakes news, seguramente habría descubierto y escrito sobre  esa  suerte de epidemia bíblica de la nueva  Babel y también de los periódicos que han abandonado sus principios éticos y su compromiso con la comunidad. Y en estas coincidencias que van desde el título de la obra a algunos poemas, curiosamente  aparece un poema en el centro del libro titulado: Murciélagos. No puede ser más alusivo, ya que  los científicos y servicios de inteligencia  señalan que el coronavirus que jaquea al mundo, surgió de los murciélagos, vectores del brote de coronavirus. El cambio climático remueve virus, huracanes, tsunamis, terremotos, incendios y el hombre está en el centro de su propia autodestrucción.

Vayamos a Murciélagos, considerado un animal fascinante, el único mamífero que vuela, cuyo origen data de hace más de 50 millones de años, vive 20 años y mide tan solo entre 3.5 y 6 centímetros. Son grandes polinizadores y dispersores de semillas.

Millán, en su Murciélagos, nos dice: Apartas las sábanas/de papel, es inútil/levantarse hoy día/las palabras ciegas/y seguras cual murciélagos/duermen en tu caverna/garganta, cabeza abajo.

Los poetas son observadores, curiosos, descubridores, y suelen decirnos cosas que a simple vista no vemos, ni imaginamos.
Rolando Gabrielli©202

domingo, mayo 03, 2020

La soledad

Hombre,
la soledad,
es una estatua.
Sigilosa,
avanza,
se perpetùa.
Rolando Gabrielli©2020

sábado, mayo 02, 2020

Tù eres la dueña

Tú eres la dueña del sacrificio
que nos enseña a crecer
y en ti la sombra,
que la cruz imita y vuela.
Rolando Gabrielli©2020

miércoles, abril 29, 2020

De tierras tan lejanas


De tierras tan lejanas,
antárticas, famosas,
de abismos iluminados
por lunas y nieves,
blancas, pétreas, desoladas.
Tierras donde el tiempo
no reconoce huellas
y las estrellas corrigen
el oculto curso de la oscuridad
y crecen libres los frondosos bosques
de la araucanía.
II
Noche de Chile,
la historia mapuche
es sangre derramada
de tierra tan brava,
sus heroicos toquis,
(Caupolicán, Laturaro, Galvarino),
jamás vencidos,
gente tan gallarda,
valiente y heroica.
III
Allí, en el fin del mundo,
donde la noche ve unirse
los mares y es más oscura
que toda la oscuridad,
las voces ocultas de los ríos
protegen aún secretos ancestrales
IV
El fuego es la luz en las aldeas,
refleja rostros y los multiplica,
misterio de  la mirada limpia del cielo
de la araucanía,
libres ven viajar las estrellas,
cuando los leños agonizan
en las cenizas y cicatrizan
la fértil tierra.
V
El canelo es un dios tutelar,
vigía de tierras y caminos,
echa raíces y preside ceremonias,
frente a los grandes volcanes.
Allí, el espíritu mapuche
cruza la historia,
como flecha veloz,
Lautaro, invencible.
Rolando Gabrielli©2020
 
Nota: Con este texto participè en el Certamen Internacional Shincal de Poesía de Catamarca, Argentina. Todo concurso es una azar, una posibilidad, pero queda la palabra. Un homenaje al pueblo Mapuche de Chile, en la foto superior, un paisaje de la Araucanìa, al sur del  sur, y en la gràgica que cierra este post, Los castillos de Catamarca. Tanta belleza en nuestra Amèrica!!!!!!!!!!!!!!!!!

lunes, abril 27, 2020

Oh, Dios

Oh, Dios,
tanta perfección
en el bien y en el mal,
libre albedrìo de las olas,
va y viene la historia
del hombre en este mundo.
¿Què dicen en verdad
las palabras aùn no dichas?
¿El silencio nunca fue
màs elocuente,  me dices?
Habla tú.
Rolando Gabrielli2020©

domingo, abril 26, 2020

Los domingos son

 
 
 
 
 
Domingo de misa,
domingo de aperitivos,
domingo de hipódromo,
domingo de ocio,
domingo de lotería,
domingo de matineè,
domingo de visitas,
domingo de fútbol,
domingo de siesta,
domingo frente al portal,
domingo familiar,
domingo aburrido,
domingo de naipes,
domingo de cervezas,
domingo de dominò,
domingo adolescente,
mirar llover, nevar
por la eterna ventana,
domingo de castigo en el cuarto,
domingo de confinamiento.
Rolando Gabrielli©2020

sábado, abril 25, 2020

Leème,
lector,
soy un libro
abierto.
Rolando Gabrielli©2020

viernes, abril 24, 2020

Cumpleaños poco feliz


A punto de estallar,
el globo de la  aldea global,
se hincha en sus polos,
la nieve se derrite y los bosques
arden como las velitas
de un pastel,
los océanos crecen
màs allà de altamar
y las islas se sumergen
en silencio esperando,
que amaine el temporal.
La cordillera impertérrita
mira en lontananza
las nubes pasar.
A puerto hemos de llegar
en esta única  nave,
enfrentar la tempestad,
hasta que el sol
vuelva a brillar.
Rolando Gabrielli©2020

jueves, abril 23, 2020

El libro me escribe

El libro me escribe,
lee mi pensamiento,
da vuelta la página,
me dice.
esto es una aventura,
te dejo mi   palabra,
desvelo y  placer,
el goce  de la  soledad,
una historia para vivirla.
Rolando Gabrielli©2020