martes, febrero 28, 2006

TAZAS AMARILLAS A LAS 10
Hoy se juntaron alrededor de mi escritorio y de la computadora tres tazas amarillas. Cuando las vi, ya era tarde, me habían sorprendido. Fui a la cocina para ver, averiguar si alguien había dado la orden de pintar de amarillo la mañana. También fui con el secreto deseo e interés de saber si quedaba otra taza del mismo color. Si tal vez un azar superior las ponía en mis manos. Miré por una de las ventanas de la cocina y las hojas amarillas venían del bosque sobrevolando en su propio aire. ¿Un anuncio? Cerré los ojos y cayó un otoño lejano, una estación que no veía hace años. Estaba frente a una estación ferroviaria y era el último pasajero. El viento arrastraba las hojas y el tiempo. Tú no existías y quizás nunca existirías. La imagen permanece, pero decidí mirar la pared de la cocina donde se cuelgan en un mueble de madera la tazas. No noté nada extraordinario. Recorrí unos pasos con la vista la pieza del lavadero y el orden me asombro, el olor a una fragancia de detergente de manzana. Me aseguré en otros cajones y recovecos de la cocina antes de pensar que ocurría con estas trillizas yellow.

Separé la primera taza y descubrí los bordes negros que deja el café, los que los sorbos y los labios no alcanzan a borra. Al menos supe que había hecho con esa taza en algún momento de la mañana. La segunda, aún conservaba los restos de huevos, y hacían más intenso el amarillo, denso diría dentro de la propia taza. Una manera distinta de habitarla. Destinarle un uso real, no tan líquido. Especulo nada más. Resuelto el segundo caso. La tercera taza, que posiblemente se sentía algo abandonada ante mi inspección rigurosa, presentaba las claras pruebas del Quaquer Otmail en su versión apple. ¿Me estaría volviendo niño o anciano, me pregunté? Fue una manera de cercarme al tiempo real. Mi cumpleaños había transcurrido hace sólo seis días y febrero 28 se sopla a una nueva hoja llamada marzo. ¿Qué color tiene marzo?(En Chile es color de hormiga: todos los impuestos, colegios, los gastos caen como una lluvia negra que después pasa una aplanadora de calles sobre el pobre contribuyente doliente estrujado definitivamente.) Es un paréntesis. Como Que me conformé en parte porque había llegado a algún lugar, el origen aparente de este despiste donde aparecieron las tres tazas piolas. Recuero a mi severo padre: quién rompió el jarrón, preguntó. No era amarillo, pero era frágil ante el desorden de la infancia. Y él mismo se respondía: Nadie. Ahí no quedaba su respuesta, y decidía resolverla con una paliza de padre y señor nuestro trasero ardiendo bajo su cinturón endemoniado, como esas fustas de huaso de campo que azotan a los caballos. El aire caía a pedazos enrojecido, mudo, ardiente.
Esta vez el ejercicio con las tazas amarillas fue otro. Dejé que el primer aroma y sabor de la mañana se instalara como una simple taza de café negro, sin azúcar, como me enseñaran un marzo de intensos colores. Cae el primer sorbo que enjuaga los labios y combina el sabor con un queso holandés. Ya la mañana va tomando una presencia real. La brisa sobre la ventana es presencia de verano. Martes de Carnaval. No hay otra razón de vivir en el aquí y ahora en el trópico. Mixtura de lo inefable, el café, de lo líquido a lo sólido, con el queso, sigue su curso esta mañana a las 10. El día se reconoce asimismo en el pequeño placer del café. La escena de la mano sobre la primera taza se vuelve a mi memoria. La primera taza amarilla se va disolviendo entre sorbos y el teclado, todo en automático aparentemente. El algún lugar del cuarto queda camuflada entre carpetas, libros, objetos, el olvido.
Esta vez el ejercicio con las tazas amarillas fue otro. Dejé que el primer aroma y sabor de la mañana se instalara como una simple taza de café negro, sin azúcar, como me enseñaran un marzo de intensos colores. Cae el primer sorbo que enjuaga los labios y combina el sabor con un queso holandés. Ya la mañana va tomando una presencia real. La brisa sobre la ventana es presencia de verano. Martes de Carnaval. No hay otra razón de vivir en el aquí y ahora en el trópico. Mixtura de lo inefable, el café, de lo líquido a lo sólido, con el queso, sigue su curso esta mañana a las 10. El día se reconoce asimismo en el pequeño placer del café. La escena de la mano sobre la primera taza se vuelve a mi memoria. La primera taza amarilla se va disolviendo entre sorbos y el teclado, todo en automático aparentemente. El algún lugar del cuarto queda camuflada entre carpetas, libros, objetos, el olvido.
Unos huevos a la copa a media mañana, pan, otro sabor, textura, la cuchara, el metal, esa vieja imagen de la infancia de tras de los propios ojos y el silencio inmenso. Amarillo en lo amarillo. Se van yendo las horas en el teclado. Queda la taza amarilla en su segunda versión, estacionada en algún punto invisible de la habitación. Prácticamente borrada. No sé a qué sentido corresponde esconder un objeto, hacerlo invisible, sacarlo de la vista. Simplemente la taza A y B no existen para la C, y para ninguna combinación posible entre el terreno “no me di cuenta que estaban aquí”.
La tercera o C, amarilla, llegó para lo salado. El sabor espeso, dulzón del Quaker de manzana, el toque preciso para terminar la mañana inadvertida, ligera. El tiempo nos ha vuelto a ganar la mañana. Llega la hora del almuerzo sobre el mediodía tropical. Las palabras se diluyen en el ordenador, volátiles, van desapareciendo de la pantalla. El trópico es caliente en todo momento. (Cálido es un eufemismo de infierno). En verano la brisa es notoria y hace la diferencia. Vuela el retrato de Kafka de mi repisa. El praguense inmortal, como la muralla china, cae de pie y ya no es un desconocido, ni un kafkiano simplemente. Ni para los alemanes, judíos o checos. Hora de levantarse, dice mi espalda. La luz baña el cuarto. El terracota que rodea la ventana contrasta con el blanco hueso. El abanico en el cielo raso gira sin razón o con ella, más bien con aburrimiento y la temperatura tibia, caliente, hornea el día. Me impresiona Kafka vestido a su manera, tan impecable, peinado. Era insobornable el Dr. K con la limpieza y la escritura. La mañana sigue maquillando a su manera el día. Es hora, es hora, siento que la espalda le hace un hueco a mis dedos sobre el hombro en señal de alto. Comienzo a levantarme y a poner en orden el mismo orden. Es cuando en verdad veo las tazas, se han ido sumando, con mis palabras, en esta historia o la memoria no sé. Las recojo y veo en verdad por primera vez y constato que son amarillas ¿Cómo se unieron esta mañana las tres? No responden. Voy a al cocina, pienso en el camino si me traerán suerte en algún momento. No lo sé. Las dejo en el lavaplatos como si fueran santas baronesas surgidas a la luz oscura de algún bosque encantado a la hora del té conversando sobre un mantel rojo, cubiertas de sol.
El misterio seguía, ¿cómo hicieron para convocarse las tres amarillas en un mismo instante? Revisé bien el mueble si solo tenía tazas amarillas. No, todo lo contrario, los colores y dibujos sobraban. ¿Una reunión de tres o conspiración? ¿Qué estaban tramando estas tres mujeres?. Rolando Gabrielli©2006




lunes, febrero 27, 2006

Mujer

Así te plantas, mujer,
bestia adorada,
como un muro ciego,
frontera invisible deseada.
Mi verso inútil,
horada tus costillas,
pero no eres Eva.
Me iré a pecar.
a otro paraíso.
Rolando Gabrielli©2006
¿EL PLAGIO DE UN CÓDIGO SECRETO?


Pareciera que los secretos del Código Da Vinci estuvieran apunto de ser develados, y al mismo tiempo, podría caer el telón para la versión cinematográfica del best seller de Dan Brown. El famoso superventas con 40 millones de ejemplares de la editorial Random House, ha sido denunciado de plagio, por unos historiadores que editaron el libro de investigación Holy Blood and Holy Grail, (La sangre santa y el santo grial), que hace más de dos décadas revelaba que Jesucristo se casó con María Magdalena y tuvieron un hijo, cuya dinastía protegerían Los Caballeros de la Orden de Los Templarios. El juicio en contra de Randon House ya se inició en Londres y se reiniciará el próximo lunes “con la presentación de pruebas”, basadas en una demanda del neozelandés Michael Baigent y el estadounidense Richard Leigh, que acusan violación de sus derechos de autor. Brown es solo un testigo. En opinión de los autores del exitoso El Enigma Sagrado, el Código Da Vinci basa su historia, estructura arquitectónica en las investigaciones editadas en su libro. Por ello exigen 10 millones de libras esterlinas, unos 15 millones de euros, unos cuantos millones más de dólares, para desistir de la acusación. De no ceder a sus peticiones, solicitarán la suspensión de la novela y de la película, cuyo protagonista es Tom Hanks, filmación que se desarrolla en Inglaterra.
El Enigma Sagrado sostiene que Jesucristo sobrevivió a la crucifixión y huyó con María Magdalena a Francia y sus descendientes se unieron a la realeza. Si, fundan los merovingios en Francia, sostiene el Código Da Vinci, y el Opus Dei intenta impedir que se conozca el secreto que el Grial (Santo Grial, sangre de rey) son los hijos de Jesús y Maria Magdalena. Brown sostiene en su libro, que todo lo escrito allí es fidedigno. Ha dicho el autor que es una vieja idea este tema del dios femenino. Son millones las mujeres muertas, sostienen algunos, por la Iglesia católica a lo largo de la accidentada historia religiosa de los últimos tres siglos. El Código habla de anillos secretos como los de la Olimpiada, sostiene que María Magdalena es el Grial en la última cena de Leonardo Da Vinci y además establece una condena clara al “machismo de la iglesia”.
El tema tiene más detalles y muchas otras connotaciones. (“Jesús y María Magdalena representaban la dualidad masculina-femenina (como Marte y Atenea, Isis y Osiris); los primeros seguidores de Jesús adoraban "el sagrado femenino"; esta adoración a lo femenino está oculta en las catedrales construidas por los Templarios, en la secreta Orden del Priorato de Sión -a la que pertenecía Leonardo Da Vinci- y en mil códigos culturales secretos más”).
Lo cierto es que el autor de este super best seller viaja en su jet privado porque no puede seguir firmando los libros en los aviones y aeropuertos, ya que tiene que enfrentar este juicio. Seguramente se han incrementado las ventas del libro al igual que las de El Enigma Sagrado, y las expectativas para la cinta que se exhibirá en Cannes a mediados de mayo próximo. La literatura vive hoy uno de sus mejores shows y tendrá una duración de aproximadamente 15 sesiones en las cortes británicas. No será fácil probar una acusación de la naturaleza presentada por los demandantes. No porque no les asista alguna razón, sino porque, “expertos en leyes de protección de la propiedad intelectual consultados por la agencia de noticias Bloomberg sostienen que es muy difícil probar que una obra de ficción plagia de forma ilegal un libro académico. “Si pueden demostrar que El Código Da Vinci cuenta los mismos eventos históricos y en el mismo orden, y se basa en el mismo esquema narrativo que su obra, pueden sacarlo adelante”, sostuvo Lorna Brazell, una abogada especializada en la materia. Un juez de Nueva York rechazó en agosto pasado una demanda parecida. El escritor Lewis Perdue pedía una compensación de 150 millones de dólares y que se bloqueara la distribución de la obra de Brown, porque, según él, plagiaba elementos de sus obras: Daughter of God y The Da Vinci Legacy.”El juez determinó que, aunque los tres libros narran acontecimientos históricos y religiosos parecidos, los detalles y el carácter de la narración diferían”. Dijo además, que “los derechos de reproducción no protegen una idea, sino la expresión de esa idea”. Según el derecho británico no se puede juzgar por plagio a una persona, por ello Brwn es sólo testigo y Random House la editora acusada. En el marco de los argumento de los demandantes, éstos se sienten aludidos en la novela. Sostienen que el personaje de Leigh Teabing es una alusió. Leigh corresponde a Richard Leigh, Teabing es uno de los anagramas utilizados por Brown y responde a Baigent.¿El Código Da Vinci se convertirá en el más formidable plagio de los últimos tiempos o la historia ficcional está para ser plagiada por cualquier autor?
Rolando Gabrielli©2006

NUNCA

NUNCA

Nunca,
sabe que Nadie
existe
y le abraza
con una frase
encantadora,
déjate ver.
Rolando Gabrielli©2006

BROKEBACK MOUNTAIN



TIEMPOS DE CARNAVAL EN CIUDAD GÓTICA
(Terreno Vedado)
Dejé el Sótano vacío de luces, saturado con las últimas emociones de quienes cargaban sus mochilas rumbo al carnaval. Yo había terminado un escrito titulado con el olor del futuro y del vértigo de lo probable: Panamá: 2076. Algo más que una cifra, la interpretación del país que se construirá y no veremos. Monorrieles entre grandes edificios sobre la costa cruzando islas y rellenos, la ciudad del futuro. Apreté en cadena un grupo de interruptores a la salida de la mampara de vidrio y el Sótano se sumió en una tenaz permanencia de su ausencia. El país ya estaba entregado al dios Momo, la música en las calles, los rostros afiebrados en la emoción: 4 días de frenesí respaldados por la autoridad inapelable del gozo de la carne.
Yo prefiero las máscaras, pero no estoy en Venecia. Fui a mi automóvil y me dirigí a la principal avenida a un cine a ver Brokeback Mountain, cuya traducción comercial Secreto en la montaña, me gusta menos que Terreno vedado. Prohibición de los sexos iguales, más allá del terreno donde se pisa, dos jóvenes pastores descarriados de sus propias ovejas, algo había leído de la crítica. Motes de los vaqueros gay, éxitos en premios europeos, de la crítica, nominaciones al Oscar. Crucé por la vía Argentina llena de tambores amarillos vacíos para la basura que surge en el carnaval y llegué a la vía España, repleta, cortada, a ritmo del ritmo, ya no era posible ir al cine Alhambra. Di la vuelta, enrumbé hacia el océano Pacífico, en dirección a Cinépolis, las mejores butacas y pantalla de la capital. El carnaval ya había arrancado y nada será igual hasta el miércoles de cenizas, cuando se entierra la sardina y la carne real da paso a la cuaresma.
Encendí el pionner con desgano, flote en una música estridente y pasé a las noticias. Las filas de vehículo hacia el interior sobre el Puente de las Américas y la gente en los buses de la terminal, cubrían de festejo el Istmo de punta a punta. Había policías de verde en cada esquina, algo insólito en la ciudad, pero el carnaval amerita vigilancia. Aceleré después que dieron la verde y volé. Llegué bajo un cielo despejado, lleno de estrellas, febrero en el aire. Entré al gran y moderno mall, estacioné, casi vacío todo, pasé por las puertas de cristal. Miré y busqué la escalera en medio de las luces, altos cielorrasos, gente que caminaba. Y en mis manos la entrada. Fui a la cafetería a esperar unos minutos. Un capuchino y pronto frente al breve relato de 30 páginas de Annie Proulx, una exitosa escritora norteamericana, que aventura en una “relación prohibida” en el duro, viejo y asfixiante medio este americano, de los años sesenta y tres. Más que en otros sitios, por el machismo, religiosidad, la aspereza de la tierra, de los oficios, el rigor de la vida, no siempre exitosa, la profunda soledad del escenario interior que engrandece la montaña en los taciturnos personajes que la habitan y viven. Los vaqueros gay, dice la publicidad, y es más que eso sin duda. Porque ambos vaqueros se casan y tienen sus vidas, familias, hijos, que son lo que alcanza a ser en esa atmósfera enrarecida, y arrastran esa realidad como la vieja y destartalada camioneta GMC, Jack Twist, la pareja de Ennis del Mar.
La critica dice que se trata de una historia de amor. Habla de lo no convencional. Lo que yo vi, es un pequeño universo de sumas asfixiantes, desde que estalla el encuentro amoroso entre Jack y Ennis, y la montaña pone mucho más de lo imaginable en el escenario de estos amantes que no logran estabilizar nunca la relación, que viven del pasado, de lo que no se puede, de una frustración tras otra. Wyoming es el lugar, un verano idílico entre estos pastores, la montaña cerrada, un coto pasional que estalla en una pequeña carpa en una noche veraniega. Una relación hosca, “varonil”, espesa, delatora de confusiones, que se mantendrá después en el fantasmal recuerdo de la desaparición de Jack. Ennis dice, no soy homosexual. Y de ahí no le abandonará más esa militancia entre lo oscuro prohibido y el placer cumplido, el amor irrefrenable que siente por Jack. Las dos mujeres, esposas, tienen un papel vital dentro del relato. La mujer de Jack, que los descubre besándose, se aguanta esa relación, llora, y sufre esa inexplicable realidad que para ella es algo más que chocante, incomprensible y no lo más natural, sin duda. La esposa de Jack es hija de un acaudalado y pelmazo empresario de maquinarias agrícolas, y contrasta con la de Ennis, porque es más permisiva, notablemente pueril, ocupada de los negocios y refleja la sordidez de ese sitio. Aparece mucho más enfatizado lo que no siempre se dice, esos estados agónicos de silencios, de frases cortas, titubeantes, y la ruralidad de la zona, otorgan esa atmósfera que se restablece en si misma paras seguir permaneciendo como una gran incógnita. Los vaqueros se enlazan, juegan, se entregan entre golpes y manejos juveniles, de niños abiertos al juego, en la caza del amor físico. Las esposas son un decorado en medio de la otra pasión subterránea. Cuelgan como cortinas al viento de la vida. Las vidas continúan al ritmo de sus propias eventualidades. El libreto de seguir. (¿Cuántos matrimonios viven actualmente dentro de un closet encapsulados y no tanto? ¿Cuántas parejas hombre-mujer, no son nada más que un filamento de realidad?)
Es Ennis el que lleva el relato sobre sus espaldas. El menos comunicativo. Todo el peso de la vida propia y alrededores, aunque quiera desligarse en ocasiones. El fantasma de Jack, quien muere ahogado por su propia sangre al estallarle una llanta, se le hace fetiche. Recoge su última ropa, la del viejo deseo, y su madre se la empaca en una bolsa de supermercado. Siempre habitaba en Jack el sueño de vivir juntos. El verano en esa tierra vedada, jamás lo olvidaría. Era su punto de referencia de antes y después. 20 años en ese filo irrefrenable, que se hacía sal y agua. Los secretos de la montaña no son tales porque los descubre quien les daría el trabajo para cuidar las ovejas. Y el secreto sería descubierto además por la mujer de Ennis. Prefiero Terreno Vedado. Una historia singular de hace cuarenta años. Época vedada y cómo ha cambiado la sociedad en estas cuatro décadas. Impensable para muchos. Siento que Hollywood, por algunas buenas razones, le colgará algunas estatuillas a Brokeback Mountain, este 5 de marzo próximo.
Abandoné la sala, finalmente. Y crucé por un sitio que no había visto de noche. Punta Pacífica, un relleno junto al mar. Los rascacielos me recordaron ciudad Gótica. Sus calles cerradas además. Por unos minutos detuve el carro y sentí que venían Batman y Robin. Decidí dejar el lugar. En carnaval todo es posible. Annie Proulx, también nos reserva una sorpresa inexplicable dentro de su relato. Surge la voz en castellano de un pastor chileno. No habla inglés y enreda aún más la escena de las ovejas entremezcladas. Sorprende el detalle. Habría que preguntárselo a la autora, esta licencia más allá del idioma, más próximo al azar, a lo que cada autor determina sobre que va o no en su obra. Un chileno pastoreando ovejas en las montañas de Wyoming.
Rolando Gabrielli©2006

domingo, febrero 26, 2006

Tu tiempo

Tu tiempo,
parcialmente,
sumamente
sobre todo,
nublado.
Punto de condensación,
alto,
frialdad del viento,
total.
Tú, mi adorable espanto.
Rolando Gabrielli©2006

sábado, febrero 25, 2006

Viaja detrás del Sol

PIEDRA

CAPOTE, PORSUPUESTO


Periodismo a sangre fría
La desinformación tiene escuela. En la falsedad de su espíritu, cohabita con los hechos y la verdad. Es una gran simuladora. Tiene pasta de la triunfadora, mueve su abanico como si el aire le perteneciera sólo a ella. Es una gran recicladora de hechos. Situaciones, información pasajera, y goza inaugurando escenarios que superan la imaginación y la ficción. Es la nueva realidad, la voz de los incautos, la patrona del deseo de muchos, administradora de causas perdidas, dueña viciosa de la ignorancia. Goebbels, voz, imagen, propaganda del nazismo, fue un maestro, padre de la desinformación: mentir, mentir, que algo queda. No el único, ni el último, sus discípulos informales y profesionales existen en todas partes del mundo. Desde seudorrepúblicas afiebradas en las sábanas de la corrupción hasta grandes voceros de los países más poderosos de la tierra. La mentira, la desinformación, es un capital, rinde tributos, afianza por un tiempo el poder y permite cumplir objetivos oscuros, fuera de la ley internacional o del propio país infractor. Es un respaldo al demonio del verbo que impulsa esos actos.
Requiere de un preparativo especial, único, y su condición es que se parezca lo más posible a la realidad. La desinformación es materia primera, no sólo un subproducto de los hechos, tiene fábrica propia, es más que la realidad, a veces, la realidad misma. Es una mecha que, una vez encendida, ya no se puede apagar. Se incuba en cuatro paredes, amasa en unas pocas mentes, adquiere forma, poder físico, verbo, potencialidad y se dispara en la confidencialidad del mediodía, y a esperar. Ya está en carrera. El receptor es el primero en creer en ella. La asimila y va regándose como el fuego en la yerba. Es la nueva realidad. Flamante, encapsulada, hecha a imagen y semejanza del deseo, de una política de Estado, una visión de conquista de lo real. La imagen digital con su eficaz repicar de campana global desde la sacristía a las catedrales, alcanzará el eco deseado del fabricante de la mentira. Y el mundo seguirá consumiendo esta sustancia pegajosa, maléfica, verdosa, biliar, pequeño engendro de un millón de cabezas, se anida como un chicle en la mente humana, en las instituciones que aprueban la verdad, en el gran carrusel de la palabra golondrina digital que no siempre hace verano.
La verdad, por humilde, acomplejada, falta de glamour, apoyo institucional, por ser tan incómodamente verdadera para los poderes fácticos, tarde o temprano termina por imponerse. Sale a la superficie como el iceberg, y van desenmascarándose las falsas sonrisas de las propias máscaras. Cae el telón, el viejo disfraz de la mentira, se descubre el uso artificioso de la gran utilería de la mentira. Los ejemplos son tan abundantes, que resultan ser una realidad paralela. La realidad tragada por la sombra, su verdadera esponja. Es una vitrina en cristal blindado la realidad, porque siempre se impone ante el dardo venenoso o la bala de plata que impulsa la mentira, el fraude, la trampa, el cuento. En algún minuto del día se deshace la nieve, el blanco se hace invisible, recobra todo el espacio natural sin tiempo, o quizás la realidad bajo la súbita nieve aparece y desaparece sin intermediarios.
Es una carrera de largo aliento, en el maratón mundial en que el mundo se mueve de Norte a Sur, Este a Oeste, sin brújula, sin un Norte definido ni un Sur satisfecho. Oriente y Occidente en una misma mecha y caldero. Mundo bizantino en estos tiempos. Tierra de nadie o de unos pocos. Se acuñan las frases, en el sentido de demolición, un pequeño dominó de fichas que caen y se superponen, sin ganadores. La mentira mediática sigue reinando desde la pantalla. Moldea a los jóvenes, a los sectores menos ilustrados e informados, a quienes no hacen un esfuerzo por traducir la realidad. Sin duda, el bombardeo y el tiempo dedicado al trabajo, para quienes lo tienen, no les permite, muchas veces, aproximarse a los problemas desde el fondo, viendo sus causas y consecuencias. Se está creando una deliciosa clase idiota, no pensante, monosilábica y tiernamente estúpida. No son palabras groseras, sino rigurosamente ciertas, ajustadas a una atmósfera de bobería en muchos hogares. La hipnosis del agujero negro iluminado que no deja ver el bosque, las candilejas permanecen en off, Carlitos bailando con su nostálgico paraguas, y un gran horizonte enfrente, como si un desierto se agrandara en el mediodía y nos comenzara a devorar como una aspiradora.
Los medios son también ese gran vacío, lo que se ignora, no se dice, calla, olvida a propósito. Se miente sobre la realidad y no precisamente en detalles, porque los asuntos de la guerra no son pecata minuta, y en esto, los más influyentes diarios de Estados Unidos, han cometido errores imperdonables por la gravedad de sus faltas. Inventar historias es uno de los actos más deleznables en la profesión de un periodista. No son los únicos, ni los primeros, ni los últimos, en hacerlo. Ganar lectores, influir, más bien torcer los acontecimientos, para ganar lectores, sintonía, audiencia y guiar el curso de la historia, de las batallas, las luchas políticas, la opinión pública nacional y mundial.La objetividad per se, inmaculada, no existe en periodismo. Pero la verdad, aunque deban usarse varios espejos, debe reflejarse en todo texto, nota, historia.

Truman Capote nos enseñó algo fundamental en A sangre fría: una buena nota requiere de investigación, paciencia, trabajo prolijo, de confrontación de datos, conocimiento a cabalidad de la historia basada en hechos reales, comprobados, inclusive las circunstancias, el perfil psicológico de sus protagonistas. Cinco años demoró en escribir ese reportaje literario escalofriante e inaugurar un nuevo periodismo. No se equivocó Capote, trazó un largo y seguro camino al periodismo moderno. Algunos medios reputados, muy influyentes en Estados Unidos y otros lugares del mundo, han olvidado las sabias enseñanzas de Capote. El periodismo trascendente, que rescata la historia y conmueve al lector, requiere de una sagrada dosis de poesía, lenguaje, toda la veracidad, como si quien leyera la nota estuviera frente a un espejo. Rolando Gabrielli©

viernes, febrero 24, 2006

OH, DÍAS

Cielos de sal y agua,
nadie los bendice,
oh estos malditos tiempos,
cuerpos que deambulan idiotas,
bajo un sol anestesiado,
rajan los vivos y descuajan a los muertos.
¿Cómo pueden morir frente a dos ríos
y en la cara del desierto?
Zumban las moscas,
cuervos de un mismo espejo,
merodean la pequeña gloria
en los dientes de la noche,
donde las puertas niegan
el paso a otras puertas.
Sangran las viejas cúpulas,
las encías del desierto.
Cordero borra la luz,
bala, bala desierto,
Dios está herido de muerte.
Rolando Gabrielli©2006

Yo no subo,
desciendo ciego,
iluminado,
en el crepuscular abismo,
de tu abismo.
Rolando Gbarielli©2006

jueves, febrero 23, 2006

FIONA

Fiona, querido, acústico, digital,
ya no serán mis manos,
te dejo por una buena causa,
red piano, rojo inmortal,
te recordaré en el desierto
de Nevada, no olvido
tus teclas, Fiona,
Londres, Las Vegas , Los Ángeles
o New York, quién, quién,
te llevará como una roja flor,
de la mano del ojal
al corazón, Fiona, Fiona,
no dejes de tocar,
no digas no,
no digas sí,
no digas nada,
sólo ve a tocar.
Rolando Gabrielli©2006

La ciudad te espera

La ciudad te espera
detenida en tu memoria,
viajera, la ciudad permanece,
todo lo demás es futuro.
Rolando Gabrielli©2006

miércoles, febrero 22, 2006

Gracias amigas, amigos

.
Queridas amigas, amigos: En esta fecha de natales deseo agradecer a quienes han enviado saludos a mí correo personal, y son más de los esperados. Dudé mucho en referirme a ello públicamente, porque se trata de una fecha íntima, solitaria, tan íntima, solitaria, repetida, que ella misma suele pasar desapercibida. Me encuentra una vez más el día de mis días, en Panamá, en pleno verano tropical ardiente de brisas y cielos despejados y de mar abierto en las pupilas. Escribiendo me llega el día, con un crucero de palabras y velas hacia el horizonte. Gracias queridos, que los dioses le multipliquen a ustedes tantos buenos y sinceros deseos. Siempre en dirección al Sur y a mi permítanme, mirar y sentir El Norte con sus nieves y silencios. Hondo pozo de pétalos, febrero y marzo/rojos
cálidos alumbrantes soles/Sur de un mismo Sur, viájame
lucero. De Buenos Aires, Santa Fe, Banfield, La Plata, Santiago, Osorno, Curinape, Curitiva, Brasil, La Patagonia, Panamá. Este texto de mi amiga Marcela que llegó antes de la fecha, resume vuestras palabras. RG
Mañana es tu cumpleaños Padre. Sì, una luna indica que ese dìa las coordenadas trazaron un cìrculo de materia y alma, la fàbrica de producir caìdas y alturas, el gran financiamiento de energìa psìquica a desplegarse en no sabemos que mapa. Apareciste tù, para añadir algo al mundo seguramente, para integrarte o desintegrarte en alas que ensayan tantas palabras. En la explosiòn de tanta gama salpican innumerables tonos en consonancia con un nombre que alguien eligiò para vos, te habràn soñado?, te habràn pensado màs allà de lo que pudiste ser?. Mañana es tu cumpleaños amigo, y sabemos que el universo no se detiene en estos festejos, sigue estrepitosamente recavando geològicas transformaciones donde el tiempo es el tirano y el hombre su esclavo, pero el semejante sì para, da un alerta, vibra con otra resonancia, necesita no pasar por alto esta alternancia, decide abrazar la calidad de este instante poniendo en juego las ilusiones de las que somos capaces. Y vos, pequeño olfateador de edenes arrasados fuiste quièn te diste el otro nombre, no aquèl que con amor recibiste sino el propio, aquèl sonido que te representa, el objeto que mejor se te compadece, el agua, la arena, las violetas chilenas de nubes y muertes, de revoluciones y amores, exilios y renaceres. Rolando Gabrielli, hacedor de las palabras, constructor de seres que hablan otras lenguas, insolente narrador de aguas abiertas. Mañana es tu cumpleños poeta, y te saludo desde mi orgullo argentino que amo y padezco. Marce

22 de febrero

Nace un día, un hombre,
puente de dos esquinas,
Norte y Sur, mis dos orillas,
febrero del 22,

la ciudad del río en el poema,
Santiago, perro de viento helado,
soldado del nuevo extremo,
ilumíname, como si hoy naciera.

Rolando Gabrielli©2006

lunes, febrero 20, 2006

Las fechas

CUMPLEAÑOS
El mejor de los días,
me dice tu ardiente boca,
ombligo de su loco río,
luna roja,
desayuno la noche.
El beso,
el cuerpo cae
en tu sombra,
húmeda, húmeda
. (R.G.)


Hay fechas que alguien inventó. El tiempo no podía irse con las manos vacías. Recoge horas, días, segundos, meses, años, la eternidad. El tiempo es nuestra primera y última, definitiva fecha.
Las fechas son exactas, irrepetibles, personales y también involucran a millones de personas. Todos llevamos un secreto calendario, ni una fecha más, incluida la nuestra.
Surgen de improviso y fundan un día, lo hacen historia, pasado perpetuo y lo proyectan. Nos convierten en un número y en otros que se van combinando casi por azar y en cada uno de esos días, convocan a los escogidos. Rito de los números, ceremonia de las fechas. La solemnidad secreta de la promesa en alguna fecha, derriba los grandes anuncios de los ceremoniales públicos, las fechas de los grandes escenarios que conmueven a las masas y a quienes las convocan. La fragilidad en la repetición de las fechas, es otra historia, un fragmento ruidoso de un porvenir no siempre compartido. De tanto ir la fecha, al fin es agua de algún cántaro.
Emperadores, dictadores, demócratas, personas humildes, gente simple de este mundo, adoran las fechas, se remiten a ellas, las conmemoran. Los calendarios son viejos indicios del tiempo, huellas solares de una luz misteriosa, vital y reverenciada.
Se nace con una fecha y se muere con otra. La última le queda a los vivos flotando en la memoria hasta que se transforman en la misma memoria de una nueva fecha. Las fechas heredan otras fechas, se cruzan, siempre encontrará un camino, un recodo, la ruta de su próxima conmemoración.
Son la insuperable alegría y tristeza del tiempo. Van y vienen. Arrastran nombres, sueños, pasado, inauguran tiempos, se abrazan a épocas muertas, a fracasos y éxitos. No son las mismas fechas para el triunfo que la derrota. Son la euforia de pequeños y grandes acontecimientos, y la lápida, la última fecha de cualquiera de nosotros. Dos fechas seguras, sólo dos, las mismas que pidió Jorge Luis Borges: nacimiento y muerte
.
Rolando Gabrielli©2006

Niños del añil

Niños cristalinos, dotados de una sensibilidad especial, con capacidades de curar enfermedades...Niños del añil son psíquicos. Los niños que encabezan el recuadro, se llaman Indigo, por sus aureola azul. Ambos viven en Estados Unidos, Lisa y Daniel, de 9 y 12 años de edad.

domingo, febrero 19, 2006

Domingo


DOMINGO



La soledad es una palabra muy mal administrada. No son mis palabras. Funciona como un saco con sus extremos libres, abiertos, descosidos, sin ataduras. Para probar su eficacia, la consistencia que es real, tú echas unas migajas de pan en la boca de un saco colgado en el balcón de tu apartamento y la tela continuará en su ambiguo vacío. No se inmutará. Tragará en silencio infinito. Se siente el sorbo de la seca garganta. Esa es su condición natural, como la soledad. Estas palabras las leí en algún lado. No son mías. Transcribo. Sigo. Sólo queda aire en cada una de sus puntas, ni una sola conversación, algo más vacío, menos que un paréntesis, una pared blanca, pero pintada en el aire. Bueno, digamos, esa rara sensación que detrás del espejo están todas las imágenes y rostros posibles. Lo no visto, me asombra. Esta frase debió ser pensada por mí. Me fijaré en mí cuaderno de notas. Bueno, también esa es una sensación que detrás del espejo no hay nada. La imagen tal vez pasó desapercibida, sin ser vista. No todos los espejos tienen una buena retentiva. Hay espejos distraídos además. Espejos que se miran así mismo. Otros fisgonean que hay detrás de los rostros. Algunos no quieren ver más como se envejecen los otros. ”La bella se deja mirar, mientras mira la nada que pasa por la ventanilla, distante horizonte de cristal de roca, ajena y silente, flor de mi derrota”, dice Serrat. Sí, estas palabras no son mías tampoco. Buscar de alguna manera qué hay debajo del agua, no en el fondo, sino en esa pared intocable, intermedia que deja el líquido sólo a la imaginación.
Un domingo de verano para mí siempre fue un ejercicio de soledad. Me gustaba levantarme tarde para que el día no terminara de empezar o no sucediera. Ignorar un día no es lo mismo que botar un calendario. No soy el único que saco las cuentas de esta manera. Algo bien tonto, porque quedaba todo el día por delante. El domingo parecía taimarse con el tiempo. Lo detenía a su antojo. Si se viera al espejo, pensaba. Yo comenzaba por sacar las manos y ponerlas sobre las sábanas. No abría los ojos, porque era como saludar y reconocer el día. La mañana tibia, me ponía a pensar en otra cosa.
El día aún no se abría para mí. Cuando el día aparece en esas condiciones, es como guardar un bostezo. Una cuchara de silencio al mediodía al tragar la sopa, es parecida a un domingo. Comenzaba por reconocer que existía. La mano sobre la frente: era yo. El domingo podía esperar. Y qué paciencia tenía. Miraba alrededor y estaban los mismos objetos con lo que había dormido más de mil y una noches anteriores. Los volvía a reconocer en la pesadilla del domingo. Inmóviles, pero me pertenecían. Éramos dueños de nuestro propio y único espacio. Habitábamos el mismo cuarto. Ninguno de los dos habíamos elegido el lugar. El día está hirviendo. Y todo se pone más lento aún. Sientes que hay ojos por todos partes. Lenguas gritando: ¡levántate!. Son unas córneas mucho más viejas que las tuyas las que te acechan. Esas cortinas pesadas de telas gruesas, que filtran la luz que no quieres ver y la voz retrocede, se apaga. Uno siente el silencio de la afonía como cruza la sala y recorre la casa. Es un aullido lento que sólo tu oyes. Estas si son mis palabras. Las estoy reconociendo. Once, doce, una, la hora del almuerzo en el Sur. Tres horas como en una cámara lenta. ¿Qué hago? Báñate. Pon la mesa. Ordena tu cuarto. Se me cae el amor familiar al piso. No mojes el piso recién encerado cuando salgas del baño. Horas de interregno, espacio de la nada, uno desearía en ese instante que llegara una visita y uno no fuera más el centro de atención de nadie. Todo se ha puesto lento. El domingo cumple con eficacia. Miro el patio y no se mueve. La parra. Las paredes sobre las paredes. No hay un lugar más exacto que el no estar. Pienso en un mar negro que se traga todos los domingos.
Rolando Gabrielli©2003-2006

SI ME PERTENECE


Y me fundo en la ciudad
que ya no me pertenece,
piedra sin mano hacia el abismo,
río de aguas de un pasado detenido,
no hay un puerto fijo en la memoria,
la rosa ha roto sus espinas al alba,
la mano que sangra, sí me pertenece.
Rolando Gabrielli©2006

sábado, febrero 18, 2006

Mujeres de Ciudad Juárez


A quién sirve el diablo
en Ciudad Juárez,
la muerte es hembra,

frontera desnuda,
presa de pies a cabeza,
hueco atroz el cuerpo roto,
las cabezas hunden la noche

de las almohadas muertas,
ciegas niñas bautismales
de ataúdes inocentes,
mi oscuro olvido sin puertas,

galopa desnudo de tórax,
cerdo de patas negras,
sin pudor ni talento,
bestias anónimas,

raza de escombros.
Rolando Gabrielli©2006

viernes, febrero 17, 2006

San Francisco, hacia dónde

¿Hacia dónde se dirige el puente
sin pasos?
¿Atraviesa el tiempo
otro puente intacto?
No sabemos a quien debe
sus nuevos pasos.
¿San Francisco, hacia dónde,
deja el hilo hilar
en tu memoria?.
Alguien caminará por nosotros
sobre un mismo puente
en otro lugar
y serán otros pasos.
Rolando Gabrielli©2006

LA MARIPOSA


La mariposa rosa,

vuela, se esfuma,

es poema y no prosa

¿Y tu hermosa

eres mariposa?

Revoloteas y si vuelas,

siento que me rosas.

Rolando Gabrielli►©2006

jueves, febrero 16, 2006


SÓLO PREGUNTAS

¿A quién favorece la muerte con sus dados?
¿Quién pierde primero la confianza en sí mismo:
la escopeta o el pájaro?
¿Quién inventó las preguntas?
¿Quién escribió el primer signo de interrogación?
¿Por qué el beso es el comienzo
de un silencio más profundo?
¿Si toda pregunta busca una respuesta,
dejaría de ser pregunta?
¿La pregunta,
pregunta por preguntar
o no conoce sinceramente la respuesta?
¿El error existe
porque ama la derrota?
¿Si el amor es ciego,
por qué tú usas lentes?
¿O por qué té ciegas ante el amor que ves?
¿Por qué el poema nunca es el mismo
para el lector?
¿Por qué el poema sólo es una rama
del abecedario?
¿Un poema es un árbol, una hoja o el bosque?
¿Quién no deja ver el poema?
¿Por qué la noche acepta la luz artificial?
¿Por qué todo artificio carece de luz?
¿Por qué siempre un por qué?
Pregunto: ¿quién vive de quién? ¿las preguntas
de las respuestas o viceversa?.
Amigo Lector/a, si usted tiene una respuesta a estas preguntas,
envíelas por favor, se lo agradezco
. No me preguntes por qué...

Rolando Gabrielli©2006

Un Blog...



Rolando Gabrielli©2006


Noche de lápices
Porfirio Esperanza Pérez era un animal de provincia. Su refugio espiritual, radicaba habitar sin ruido sus lugares conocidos. Pudo filmar, sin libreto, el Hombre Rutina, y obtener algún galardón. Escribía una modesta columna en el diario de su provincia, intitulada: Lugar Común. Usaba frases cortas, como ramas arrancadas de los árboles de navidad. Y se refería a la comunidad con el respeto de la pertenencia. Palabras casi de culto, desde un púlpito de papel. El tema de los bomberos, la Cruz Roja, del Correo y de la obsesión estatal de los inspectores de impuestos internos. Un día se lo dedicaba al amor, privado, comunitario, a la naturaleza, Dios, la patria, a las madres solteras. Un repertorio variado y sabía matizar los temas con las preferencias del público. Un día arrasó con un titular: Yo soy el público, pero también hablo en privado. La ambigüedad le gusta a la gente, solía comentar. Salía de su casa a la hora acostumbrada a dejar su nota. Internet le parecía impersonal, una máquina diabólica de absorber y prestar ideas ajenas. Un escalofriante embudo de palabras sin jerarquía. Una máquina de moler el abecedario y compararlo con millones de personas. Partículas de palabras volando por las pantallas. Parecen plumas de pájaros desautorizados para seguir volando de cuerpo entero. Su vida la ha dedicado a este misterio: ¿Para qué sirven las palabras? Se desayunaba pensando en cómo usarlas. En provincia es distinto, pensaba. Hay un código más simple, local, arbitrario. El menú es más largo y complicado. Lo que se puede decir y lo que no. Las palabras tácitas, las que no necesitan mucho, y otras dichas a medias. Hay un juego entre las palabras no dichas y lo que se dice a medias. Ese vacío con palabras pensadas, por decir, entre paréntesis todo, es el mensaje íntimo de la provincia. Desde el desayuno, titulares de hechos mínimos y otros porsiacaso. Ese vacío de los contenidos reales, murmuraba entre dientes. Un paso adelante, dos al lado, y viendo hacia atrás el mismo punto de partida. Con Dios, el diablo y lo que venga, y como sea, entre la cola y las patas, la sonrisa de frágil carey. Días para mostrar las encías y pasar de largo. La provincia húmeda, cargada de sopor, la somnolencia de la calle, el ataúd del conocido. La calle no va a cambiar de mirada, ni la plaza, o la iglesia, la fachada de los diarios será igual. Todos moriremos con esa misma cara. No puedo hacer estos comentarios en el diario, me linchan. Como si me refiriera al vestido repetido de la vecina en su estampado horroroso, desteñido, floreado. No importan como te entierren, después de ahí se acabó la fiesta. Algunos van a pasear a los entierros. Se lucen ante el muerto, como si los viera. Los vivos se miran de reojo. Están en la superficie, aún, fuera del hoyo. Seguirán saltando como sapitos fuera de la charca. Algún día caerán. Croaccccccccccccc. Dejan el ataúd lleno de rosas y lágrimas, tan pesado de remordimientos, deudas, olvidos, rencores, pasiones, humillaciones, calumnias, mentiras. Sólo los gusanos recibirán a satisfacción el cuerpo cargado de despedidas y adioses. La última palada es tierra en los ojos. Ya no verá ni el cielo, que es tan grande y ancho. Afuera está la bulla. El río no deja de pasar por su mismo lugar. El reloj de la plaza sigue preciso, como un reloj. El almacén abre y cierra a la misma hora cada día. Los feriados son en rojo. La profesora dicta sus clases en los mismos horarios. Cierra su libro de clases. Comienza la clase. 45 minutos. Hasta que suena la campana o el timbre. La bulla. La vida en los gritos. La muerte se espanta. Todo parece circular, respirar, oler. Y llueve. La tierra devuelve los sentidos. Algo del paraíso perdido entre las hojas. El tiempo ahí se detiene. La vida comparte sus secretos misterios. Tierra para seguir viviendo sobre la superficie con los pies en ella y caminando en dos pies hacia adelante. Miro la línea del ferrocarril. Inmutable paisaje. Silencioso hasta sentir el pitazo. Gente en el andén sentada leyendo. ¿Hacia el Norte o el Sur? Son pasajeros, esperan. Tránsito. Un boleto. Un pasaje. Otro asiento y una nueva dirección. Un paradero en movimiento. La estación en otro lugar y tiempo. La ventana es la sensación del viento, lo que queda atrás y lo que viene. Un extraño movimiento en dos vías contrarias. Queda todo suspendido en el viaje. El traslado. Los movimientos, las risas, todo es nuevo. Yo atravieso la calle. La misma. Cemento. Mis zapatos. Soy yo. Disco Alto rojo. Semáforo. Los automóviles pasan en las mismas direcciones de siempre. Llegaré a casa por la misma calle y doblaré la esquina de siempre. Una casa amarilla y estoy en casa. La puerta de madera. Dos llaves. Las cerraduras se abren. El escenario se repite. La luz no varía. La cortina es una muralla silenciosa, algo pálida. La tarde ya en oscuro parece afeitada. Está limpia y absoluta. En la certeza de la definición del día. Sólo le falta abrir la puerta y sentarte al sillón. Como diciéndote, deja el día atrás. Mañana es mañana. Pienso en la próxima crónica. El ordenador duerme. Está frío. Mis dedos también. Pulso con los ojos el cielorraso. Los cierro. Imagino el día. Abro la persiana. Entra la luz. El día se viene. Van los pies bajando una escalera. El día comienza en automático. 33 escalones en la memoria. El caracol cae a mis pies y sigo en dirección a la cocina. Café, lo primero. Gas suave y al baño, y otra vez la escalera. El baño está frío, impersonal. Los azulejos en las paredes se ven indiferentes. Las baldosas del piso, mudas. Me miro al espejo, en el clásico vidrio de baño. La noche está detrás del rostro. El día adoptará otra mirada en media hora. El agua de la ducha lo va definiendo lentamente. Despertando, quizás. La mañana viene en borrador. Un cuaderno donde todo está por hacer con las mismas faltas de ortografía. El viento se colará por la rendija de una sandía recién partida. La señorita S pasará tan hermosa como un mantel tendido en la primavera. Su camisa alba de mangas largas y el cuerpo terciado en un bluejeans. Supera la calle suspendida S, lleva aire propio. Va a enseñar su clase de español. Quisiera sentarme en la última fila para contemplar su marcado acento argentino. Esos movimientos de diosa de espalda al pizarrón, donde todos los ojos son ventanas. Soy uno más en un su salón, profesora. El día se lo gana usted, levantada en su humanidad, erigida en la rosa. Lo que el silencio deja en sus movimientos, es casi el vacío. Cruzo la calle conmigo mismo. Voy repasando la crónica de mañana. Usted es un pretexto. Invento títulos: La profesora ama a su alumno favorito. S, usted es mi primer día de clases. Profesora, mi página en limpio. Profesora la siento como el tañido de sus campanas. Los titulares se me encendían en la cabeza. Yo la dibujaba de memoria. La veía leer mi columna. El diario se le caía metros antes de entrar a su salón. La profesora S, disfrutaba de la pasión dormida de mi crónica. La veía abrazar el periódico contra su pecho y respirar hondo. Volvíamos juntos al primer día de clases. Tomados de las manos, en un marzo profundo, atmósfera ligera, la cordillera exultante, el tiempo no pasa, no sucede, no avanza, no existe, es tan casual como el aire que se respira. Podrían chocar dos océanos como el Estrecho de Magallanes y el silencio sería el mismo. El portugués debió sentir el silencio de la muerte tantas veces iluminada negra frente al mar que caía al Sur y daba la vuelta al mundo de campana. El mundo abrió una nueva puerta, de la mano del portugués. Así camina con la profesora en su primer día de clases, abriendo puertas, mundos, sueños, la redonda primavera del día siguiente. Escribí de otra cosa. “La mujer es un poema, en nuestra provincia”. No podía ser tan directo, personal, íntimo. En provincia todos nos conocemos. Las profesoras tienen un corazón de fresa. Sí, ese era un mejor título, pero también, alguien podría identificarse. La misma gente se encarga de decir: es para ti. La provincia es la provincia. Ahí no existe la aguja en el pajar. Todo se encuentra a la vuelta de la esquina. Sopla fuerte y botarás la casa del vecino. Estas crónicas las converso con la almohada y la doy vuelta varias veces por si alguien pudiera escucharme. Uso de borrador la almohada. Y vuelvo a pensar en otras notas inconclusas. Son excepcionalmente pecaminosos los altos impuestos que paga el único prostíbulo de la pequeña ciudad, frente a la de los grandes terratenientes. Un titular a todo techo de la primera plana. Porque de seguro ahí dejan parte de los impuestos. La pobreza es nuestro mayor vicio. Los titulares luchan con mi almohada. Los siento salir. Se desarrollan autónomamente. Quieren ser libres. Buscan lápiz y papel. Quieren escribir su propia historia. La corrupción viaja en el coche de Carolin cacao. Me en sueñan sus ojos grandes y se agrandan la boca para decir: leo, lao. Los lápices se manejan en una extraña danza. Sus cabezas son de chocolates. Y las puntas de un acero blando que cambia de colores y se transforma en plasticina. Van dibujando y armando los muñequitos de las autoridades de la ciudad. El Alcalde con un puro que hiede a cadáver.- Dice: la ciudad va a crecer en un 10 por ciento de aquí a la eternidad. Grandes aplausos y risas. El puro estalla. Vuela en mil pedazos y se convierte en ratón. Cae un aviso del edificio de la alcaldía: cerrado por duelo, el presupuesto se gastará en el entierro del Alcalde. Hasta el próximo año. Los lápices viajan por la ciudad, recorren las calles. Se sientan en un parque a ver caer las hojas. Una estrella queda fija en el firmamento. El río de la ciudad se oye claro, como si estuviera pensando. El asfalto está húmedo, respira por cuenta propia. La panadería y la farmacia estarán llenas mañana de clientes. El olor del pan, como un cuerpo abierto al alba, y esa horrible farmacopea que se hace polvo en las pesadillas de la noche. Los colegios se dejan llenar de un murmullo informal, risas, y después en las tardes se vacían frente a los frondosos robles. Y se apagan las voces. Soy un lápiz y me gustaría escribir las historias de mi pueblo. Por ejemplo, les llamaría: Borrador de calles dormidas. El día aparece encendido con los ojos de un bombero. Revolotea la abeja y pica la avispa. Alguien dice: no visite el panal, se acostumbrará. La miel chorrea por las piernas del pueblo. Pienso en la profesora, un artículo prohibido para el diario. El reloj apura las manecillas cuando la veo cruzar la calle. Va seria, deprisa, sin risa, casi saltando la rayuela. Sabe que le dirán: Buenos días, señorita. Yo soy un lápiz y recorro la hoja en blanco del pueblo. La anatomía de sus rosadas, albas nalgas. Tienen razón, sus vidas están por escribirse. El crimen de la Tía del Toto, quedó impune. La horcaron silenciosamente. Encontraron su cuerpo en el río, descompuesto y tenía puesto en sus manos unos guantes de plástico finos. Los mismos que se utilizaron para el crimen. El titular fue seco, inesperado, un martes 13: Caso cerrado el de la Tía de Toto. Después se inundó la provincia de rumores. Nadie se tragó el mensaje. Impunidad fue la palabra que más se escuchó en los bares, gasolineras, supermercados, iglesias, paseos públicos, y nadie hizo nada. Estaba vestida, restos su sus ropas íntimas, en verdad fue lo único que se encontró ese día en el río. Una lencería francesa, muy ajustada al cuerpo, hizo pensar que a sus 35 años, la Tía tenía algo más que unos hábitos especiales. La sortija estaba incrustada en su mano derecha, una plata fina, con un valor moderado en el mercado. Restos morados, pesados, una masa de agua putrefacta, es lo que quedó de la Tía del Toto. No faltó quien dijo: fue más puta que su madre. La provincia tiene una lengua implacable, es depositaria de serpientes de un potente, letal veneno. Es lija fina y áspera. Pasa y repasa las palabras. La artesanía feroz del lenguaje popular chismoso, un subproducto que juega con la cizaña, sin pelos en la lengua, ni pudor. En una ferretería se pule el metal de la palabra. Hay cierras, hachas, machetes, serruchos, exactos, lo necesario para destripar un vecino, sin que el crimen se note, para evitar el castigo. Cero gota de sangre. Verbo aséptico, corto punzante sin rastros. Un lápiz toma nota. Apunta. Registra. Palabras y números. Nombres. Descripciones. Escribe las vocales. Taquigrafía un juicio. Dibuja un plano, un rostro, un vestido. Un lápiz no sabe su nombre, pero sí el de los demás. En el tacto de los dedos siente el peso de las palabras. Sólo las deja correr. Armar su juego. Ellas conducen. Él las fija en el papel. Son hormigas obreras, arañas constructoras. Escaleritas de Babel. Van nombrando cosas, personas, puentes, lugares comunes, marcas de automóviles, de ropa, de celulares. Entro a un banco, firmo un cheque, cobro. Salgo. Rayo, rayo unas hojas mientras espero. Un boceto de la ciudad. Hago un barquito de papel y lo lanzo al río. Rolando Gabrielli©2006

miércoles, febrero 15, 2006

La Cabeza del Zar


LA CABEZA DEL ZAR

Stalin mandó a buscar
la cabeza del Zar,
mucho antes que él
perdiera la suya.
Uno de su misma condición
la lleva al Kremlin de visita
y sabe que puede ser

la que él ha olvidado
en manos de Stalin
.
Rolando Gabrielli©2006

DE UNA BOCA SAN FRANCISCO


El puente es rojo el aire que lo borra,
la memoria de los pasos en el sueño,
que no llega a cruzar San Francisco,
en la bruma de su pasado suspendido.
¿Quién, quién atraviesa,
de un lado a otro la cabeza del amanecer,
de una boca a otra boca,
sin luz la llama roja del puente
y alguien desconoce la otra orilla?
Rolando Gabrielli©2006

JUANA DE ARCO

La doncella de Orleans prefirió la hoguera
a casarse con un dios falso, su verdugo,
y dijo a la luz de las últimas llamas,
no son mis sábanas las que tienen fiebre,
sino el cuerpo de mis inquisidores,
de toda Francia.
1431, y aún mis cenizas
siguen siendo cremadas,
por mis fieles inquisidores.
Rolando Gabrielli©2006

martes, febrero 14, 2006

No hay Corazón frío